Haru no Yurei C5

Modo nocturno

Capítulo 5: Lo que uno no se espera.

Habiendo vuelto a la realidad, o lo que era más correcto, habiendo sido lanzado a ella, me encontré con que estaba en problemas y tenía que salir rápidamente.

La señora se puso de pie, cubriéndose instintivamente con la sabana, yo retrocedí sin saber qué hacer, me recargué contra la pared, respirando con violencia, miré hacia la puerta, estaba cerrada. Si la abría rápidamente, podía conseguir escapar.

-¿Quién anda allí? Llamaré a la policía, lo juro. –

Iba a implorar por su perdón, cuando me di cuenta de que ella todavía no sabía que se trataba de mí, no podía ver con la misma claridad con la que yo la veía.

No hablé, si ella reconocía mi tono de voz ahora, era hombre muerto.

Ni siquiera parecía estar mirando en la dirección correcta, un rayo nos iluminó a ella y a mí, pero por la posición en la que estábamos, con la ventana a mis espaldas, ella no pudo ver mi rostro y no me reconoció.

-¿Qué tienes en las manos? –

La señora se sentó sobre la cama, no escuchó respuesta y eso parecía que la estaba poniendo nerviosa, quiso encender la lámpara que estaba en la mesa de noche, pero la falta de luz lo impidió, lo cual celebro porque de otro modo allí hubiera terminado todo.

Encendí el aparato, que hizo un sonido característico, que ella reconoció muy bien… incluso tuvo un sobresalto.

-Eso es… –

Sonreí… podía manejarlo, si actuaba con cuidado y me cuidaba de no hablar.

-¿Qué quieres de mí? –

Preguntó la señora, avancé un paso y ella retrocedió.

-No me hagas daño… –

Gimió la señora, aterrada porque no obtenía respuesta, el sonido del aparato se detuvo, yo lo apagué.

-Lo usé antes de dormir… soy una mujer sola… tengo necesidades, no hice nada malo. –

Ella entendió ese gesto sin necesidad de palabras. Más aun, parece que el sonido del vibrador despertó un poco de interés en ella. Me arriesgué a algo más, me acerqué, lentamente, y extendí la mano para quitar la sabana de enfrente.

La señora Kaoru giró la cara y apretó los ojos, pienso que creyó que iba a lastimarla.

Cuando se dio cuenta, me miró perpleja. ¿Me había reconocido?

-Tu… estabas tocándome… ¿No es cierto? –

Preguntó, por toda respuesta, extendí mi mano y alcancé uno de sus pechos., sus pezones estaban duros. Ella no hizo ningún movimiento, no opuso resistencia, parecía que me aceptaba.

-No sé quién eres… Ni como entraste hasta aquí… ¿Por qué iba alguien a venir y…? –

Me detuvo la mano con la suya, todavía llena de dudas, pero ya no parecía completamente en contra de lo que estaba pasando.

-¿Estoy soñando? No entiendo nada… ¿Por qué no te muestras? –

Se quejó, conteniendo el llanto, yo me solté de su mano y volví a tomar uno de sus senos, esta vez usé más fuerza al apretarlo, ella dejó escapar un gemido, sin oponerse.

– ¿Estás aquí porque estoy sola? ¿Sabías que me siento así?¿Por qué no dices nada? –

Tomó mi cara con sus manos. Podía verla que comenzaba a respirar pesadamente, creo que había aceptado el juego. No tenía que saber de quien se trataba, solo dejarse llevar.

-¿Me viste hacer cosas sucias? –

Preguntó finalmente, con la respiración entrecortada porque yo no había dejado de tocarla. Estaba acariciando esos grandiosos pechos, se sentían mucho mejor de lo que yo pensaba, y ella ya lo había aceptado.

-Está bien si es un sueño… sólo dime tu nombre… por favor… –

Me dijo ella.

Estuve a punto de abrir la boca. Pero pensé que  aquello podía tener muchas consecuencias, podía arruinar el momento, romper la magia. O podía ser que ella nunca me recibiera en su casa normalmente.

Lo sentí de verdad por ella, pero aquello no me lo podía permitir.

Negué con la cabeza.

-¿Eres humano? –

Preguntó finalmente.

La señora creía en los fantasmas, estaría bien si le hago creer que soy un fantasma… quiero decir… ¿Sería creíble para ella? Que un fantasma venga en medio de la noche a su casa a acostarse con ella… bueno… ya no tenía nada que perder y por otro lado, seguro que iba con el ambiente.

Volví a hacer una señal negativa con la cabeza, y antes de que ella pudiera preguntar otra cosa, le di un beso, usando mi lengua.

Si quería que esto funcionara, tenía que hacer que ella dejara de pensar. Para cuando ella pudiera preguntarse acerca de la coherencia de todo esto, no debería quedar nada para incriminarme. Sólo así cabía la posibilidad de que la señora realmente terminara creyendo que esto era un sueño, o que yo era un fantasma.

Por ello, me di a la tarea de satisfacer la necesidad de la señora.

Cuando besas a alguien, cierras los ojos.

Continúe besando a la señora Kaoru para que mantuviera los ojos cerrados, mientras mis manos se movían buscando sus pechos y sus piernas. Lentamente, la fui recostando sobre la cama.

-Espera… tiene mucho que… yo… no hago esto con nadie… –

Interrumpió ella, empujándome lentamente con ambas manos, recordaba a una muchachita de colegio más que a una mujer que ya tenía una hija.

-Desde que mi marido falleció yo… –

Espera. ¿El padre de Kamine estaba muerto? Era la primera vez que escuchaba algo así. Me detuve por un momento, para darle a entender que estaba escuchando, ella se retrajo sobre las sabanas hasta quedar recargada en la cabecera.

-Por favor… sé que me entiendes, sé amable… trátame bien. –

Me aproximé a ella gateando sobre la cama, y sin tocarla le di un beso en los labios, pude sentir como su cuerpo se relajó cuando ella comprendió que había sido escuchada.

Era difícil darse a entender sin decirle nada, pero por otro lado, pienso que con lo excitada que ya estaba, no había la necesidad de palabras. Comencé de nuevo a besarla mientras mis manos se movían alrededor de sus hombros y comenzaban a tocar los pechos.

Eran justo como los había imaginado, grandes, pesados y suaves como si fueran malvaviscos. Los estrujé y los levanté suavemente mientras abandonaba la cara de la señora y comenzaba a besar su cuello, ella colocó un brazo por encima de mí y comenzó a bajar mi cabeza hacia sus pechos.

-Adelante… puedo ver que te gustan… si los tratas bien, puedes hacer lo que quieras con ellos. –

Ella comenzó a reprimir sus ruidos mientras bajaba mis labios hasta alcanzar sus pezones. Estos se pusieron duros como si fueran de piedra a pesar de su edad. Las manos de la señora se movieron hacia abajo y comenzaron a buscar mi pantalón.

Abrieron la cremallera y sacaron mi pene, que agradeció mucho ser liberado de aquella prisión.

-Está bien si también te toco yo ¿No es cierto? Mira lo grande que está… tienes un buen instrumento aquí. –

¿Qué debería hacer ahora.?

Ella estaba comenzando a acariciar mi pene de arriba abajo con ambas manos, dejé de lamer sus pechos y me erguí frente a ella.

-¡Se ha puesto más grande! Y más duro también Fufufu. –

Acerqué mi cadera a su rostro para indicarle que quería que lo metiera en su boca, se resistió un momento, pero luego me tomó desde atrás y lo metió todo en su boca, hasta su garganta, succionó dos veces, y me soltó.

-Puedes venirte cuando quieras… a mí no me molesta en absoluto. –

Aseguró, y luego volvió a meterlo dentro de su boca, haciendo el mismo movimiento, una y otra vez. Tengo que admitir que lo hacía muy bien, no pasó mucho tiempo antes de que me viniera, la señora se echó instintivamente hacia atrás y mi semen cayó sobre su cara y sus pechos.

-Ah… eso ha sido muy rápido, pero si se sintió bien para ti entonces estoy contenta. –

Tomé un poco de aire. Durante unos instantes, me preguntaba si para este tiempo la señora era capaz de distinguir mi rostro, pero decidí no prestar atención a eso y continuar en lo que estaba. Acto seguido, separé sus piernas y acerqué mi cara. Ella pareció sorprenderse.

-¿Tu a mí? Pero eso no hace falta…. Oh. –

La chica que he mencionado antes, era fanática de esto y me había enseñado a hacerlo decentemente. No puedo decir que fuera un experto, pero me esforzaba.

-No habían hecho eso conmigo desde que estaba en el instituto. –

Dijo ella a media voz, luego no pudo decir nada, comenzó a hacer ruidos, que pronto se transformaron en chillidos, mientras extendía sus piernas y me sostenía la cabeza con las manos, atrayéndome hacia ella.

Me detuve después de unos momentos, ella jadeaba todavía cuando acerqué mi cadera, ella comprendió que era el momento de pasar a la verdadera acción.

-Separaré mis piernas entonces. –

Anunció, moviendo sus muslos a los lados para exponer su vagina. Cálida y húmeda. No perdí ni un momento, al igual que lo había hecho con su boca, hundí mi pene entre sus piernas hasta el fondo.

-Oh… está tan duro. –

Fue lo que dijo, me detuve un momento dejando sentir lo húmedo de sus paredes interiores en mi pene, tomé sus pechos con ambas manos. Su respiración comenzó a cortarse.

-Así… que bien se siente… –

Y a moverse se ha dicho. Sé que la señora había dicho que fuera amable, pero con lo bien que se sentía estar dentro de ella, no quise pensarlo demasiado, simplemente comencé a moverme. Tampoco diré que la embestí furiosamente, simplemente un movimiento suave, pero rápido, y constante.

La suavidad de su cuerpo se hizo evidente cuando toda ella comenzó a estremecerse a medida que iba penetrándola, separó sus piernas y sus muslos temblaron levemente, como si fueran flanes muy duros, y no quise pensarlo mucho, pero apenas podía creerme que me estaba follando a esta mujer.

Era completamente diferente a cualquier cosa que hubiera sentido antes. Sus pechos, sus caderas, su trasero y su vagina, todo parecía hecho expresamente para dar el máximo placer posible al acostarse con ella. Su voz comenzó a ser más y más alta, hasta el punto en que no me di cuenta cuando había dejado de llover.

– Esto es… maravilloso… por favor… no te detengas. –

Suplicó la señora, jadeante y estrujando las sabanas con ambas manos. Saqué mi pene de allí justo antes de terminar adentro. No estaba usando un condón, así que venirme dentro de ella podría ser peligroso.

-Caliente… –

Dijo la señora, jadeante y tratando de recuperar el aliento, mientras arrojaba mi semen sobre ella. La cara, los pechos, el estómago, todo quedó cubierto de mi liquido caliente que salió disparado a escasos veinte centímetros de su cuerpo.

-he quedado toda cubierta… iré a limpiarme antes de tener que tomar un baño de nuevo… por favor, espera aquí… –

Me indicó ella, luego se puso de pie así sin más, y salió de la habitación.

¿Esperar? Ni loco, me acomodé la ropa como pude, y salí de la casa en el más completo de los silencios, antes de entrar en mi casa, fui hasta la instalación de luz y volví a conectarla. No sentí que hubiera hecho nada malo, es la verdad, pero no podía arriesgarme más, suficiente era que hubiera logrado acostarme con la señora, quien al parecer no me había reconocido.

Volví a mi casa después de aquello, y cerré la puerta con llave. Hombre, aquello fue extremo, pero no me molestaría volver a intentarlo… alguna vez.

———–

Me encontré con Kamine al día siguiente, por razones obvias no quise pasar a la casa de la señora, eso no impidió que fuéramos juntos a la escuela.

Durante el camino, ella bostezaba una y otra vez. Después de un rato le pregunté qué estaba ocurriendo.

-No es nada… yo… no pude dormir bien anoche. –

Me explicó ella, bajando la cabeza.

-¿Alguna razón en especial? –

Pregunté, casualmente.

-Mi madre… pero hablemos de otra cosa. –

Creo que la señora no fue precisamente silenciosa la noche anterior. Al parecer Kamine había escuchado lo que ocurrió, por la forma en que hablaba, fue muy obvio que no supo que yo estaba involucrado.

-De acuerdo. –

Le dije, encogiendo los hombros.

-Kamine… tu… tienes un padre ¿No es cierto? ¿Por qué no lo conozco? He estado muchas veces en tu casa. –

Comenté, había algo allí que quería averiguar, o más bien confirmar.

-No… ya que lo mencionas, creo que falleció cuando yo era muy pequeña, la verdad es que no lo recuerdo. –

-Entiendo… perdona por preguntar. –

-No te preocupes, de hecho, me parecía extraño que en todo este tiempo no hubieras preguntado, sea como sea, mi madre me ha contado algunas cosas de él, creo que era un hombre amable. –

Me explicó ella con una sonrisa, bueno, al menos lo poco que sabía de él eran cosas buenas. Kamine cambió el tema luego de eso.

-Oye… a ti… ¿Te gusta alguna chica? –

Preguntó ella, yo voltee a verla, no era precisamente la clase de preguntas que le harías a un amigo, o al menos, así me lo parecía.

-Pues… si… y no… no lo sé… –

-Siempre eres tan ambiguo… responde sí o no. –

-Pues… no, al menos no una chica a quien yo pueda considerar especial, eso es algo que se siente ¿No? Siendo así, no es como que sienta nada en especial por ninguna chica. –

Kamine suspiró.

-escucha… sucede que… conozco a una chica. –

Explicó ella, luego se corrigió.

-Bueno… no es “sólo” una chica… es mi prima. –

Dijo después.

-¿Qué hay con ella? –

-Bueno… resulta que casualmente vino hace un par de semanas… y te vio cuando nos saludamos y eso… y… bueno, ella dice que le gustas. –

Explicó Kamine, parecía que hablar del tema le daba problemas.

-¿En verdad? –

Recordaba haberla visto un par de veces, Kamine y ella fueron inseparables durante el fin de semana, por cierto, y nos saludamos un par de veces.

-Me hizo prometer que no te diría nada porque… ella es muy tímida pero… ¿Sabes? De verdad creo que ella necesita a alguien que haga… no sé, que su mundo vibre… alguien que la haga feliz… alguien en quien pensar al acostarse por las noches y sobre todo, alguien a quien le importe. –

-Bueno… es que eso no es algo que se decida de un día para otro. –

Respondí, Kamine asintió.

-Lo sé… lo sé y lo lamento, si ella sabe que he hablado contigo sobre esto seguro que deja de hablarme, pero como están las cosas ahora, su oportunidad es de cero si alguien no interviene, pensé que yo podía ser ese alguien, ella es linda ¿No lo crees? –

-Si… lo creo, es linda. –

Era la verdad, tenía ojos bonitos y resultaba agradable, siempre metiendo la cara entre sus manos. Al menos eso fue lo que a mí me pareció  las veces que la vi.

-Lo mismo le dije, pero ella no tiene nada de confianza en sí misma, le he dicho que tiene una sonrisa encantadora… si tan solo se atreviera a sonreír frente a los chicos… –

-Entonces tú quieres que… –

-Por favor, sal con ella un par de veces, si decides que no es lo que quieres entonces no volveré a molestarte, pero hazlo por mí. –

Ella se inclinó para pedirme eso.

-De acuerdo… no necesitas ir tan lejos, no es como que me desagrade la chica ni nada. –

-Gracias, en serio muchas gracias… solo que… bueno, tengo que decirle que has sido tu quien ha pedido que te deje salir con ella, es decir, odio las mentiras y demás, y no me gusta la idea de mentirle a ella, pero… no tengo muchas opciones. –

Explicó Kamine, yo encogí los hombros, una mentirita blanca no hacía daño a nadie.

Luego de aquella platica, llegamos a la escuela y cada quien se fue a su salón.

———–

Las clases transcurrieron normalmente, y cuando salí de la escuela, estaba esperando a Kamine junto a la entrada de la escuela para ir a casa, pero ella no apareció.  Vi irse a su novio momentos después, pero ella seguía sin aparecer… ¿En que estaría pensando?

Me debatí yo solo por unos momentos entre ir a buscarla o simplemente marcharme solo, pero la verdad es que estaba tan acostumbrado a hacer el camino a casa con ella que simplemente me di la vuelta y volví al pasillo de los primeros.

Llegué hasta su salón, la puerta estaba cerrada y no parecía haber nadie.

Aun así… escuché ruidos raros en el salón… ya saben… esa clase de ruidos.

Se oyó un empujón.

-¡Sensei! –

Alguien estaba teniendo acción dentro ahora mismo. Pensé que sería bueno echar un vistazo.

Corrí la puerta un poco. Era el maestro de química, un profesor algo grande, como de cuarenta años, y una de las alumnas, lo supe porque vi una falda escolar alzarse. La chica estaba de espaldas a mí, colocada sobre el escritorio boca-abajo.

Estaba siendo violentamente atacada desde atrás.

La chica alzó la cara para voltear a ver al maestro, tenía lágrimas en los ojos.

Era Kamine.

-¡Demasiado rudo! –

Se quejó, el maestro no le hizo caso.

Fue extraño, pero ahora entendía porque ella no había salido a sus horas. Estaba en otros asuntos con el profesor de química. Aquello no tenía mucho sentido para mí, siendo sinceros, no pensaba que, si querías acostarte con un profesor, el profesor de química fuera la mejor opción.

Quizá estaba chantajeándola.

Corrí la puerta de golpe y ambos voltearon a la puerta para mirarme.

-Perdón por interrumpir. –

Dije y cerré la puerta.

Lo admito, mi sentido de justicia pudo más en ese momento, si ella estaba siendo chantajeada, podía detenerse con el pretexto de que los había visto… si no… ya encontrarían la forma de seguir en sus cosas.

Salí del edificio escolar después, dispuesto a ir a casa… siendo sinceros no sentí que Kamine estuviera haciendo algo malo, si no estaba siendo chantajeada entonces en realidad yo no tenía problema con ello. Solo lo dejaría así.

Ni siquiera pensaba en decirle a nadie sobre lo que había visto.

Kamine no pensaba lo mismo de todos modos.

-No es como lo estás pensando. –

Ella me alcanzó a la mitad del patio de la escuela.

-Yo no quería interrumpir, simplemente pensé que te estabas tardando en salir, lamento haber interrumpido. –

Al parecer Kamine si pensaba que había hecho algo malo, porque replicó:

-No es eso… por favor, olvida lo que has visto… yo, llevo una pésima calificación en la materia, no lo hice porque fuera una cualquiera… él me dijo que me subiría la nota si lo hacía… fue solo esta vez. –

Explicó ella, sin necesidad.

-Está bien, por mí no hay ningún problema… no es la primera vez que me encuentro con una situación así. –

-Por favor… no le digas a mi novio lo que viste, me dejaría… hazlo por mí. –

Me suplicó ella. La molesté un poco con eso.

-¿Eh? Pero eres su novia, y estabas con el maestro de química… –

-Lo sé… pero por favor, haré lo que sea. –

¿Lo que sea?

Bien, podía haberme acostado con Kamine en ese momento, pero en lugar de eso, le pedí algo mucho más interesante. Algo en lo que una chica tendría que ser especialmente buena.

-Quiero que esparzas un rumor. –

Le dije. Kamine me miró con cara de no entender, y creo que no lo entendía, de hecho.

-¿Un rumor? –

-te lo explicaré todo cuando lleguemos, pero ¿Puedo contar contigo? –

Pregunté, Kamine asintió, no muy convencida, de todos modos.

-Si me prometes que no le dirás a él… por mi todo bien. –

Dijo. Kamine era mi amiga, no quería chantajearla por algo que, al menos para mí, no valía la pena. Creo que aun consideraba que ella no era demasiado atractiva.

Después de que llegamos la dejé entrar a su casa mientras yo me dirigí a la mía., una vez allí, esperé.

Le había dicho a Kamine que tenía que venir, antes de que oscureciera, ella tocó el timbre de la casa y yo fui a abrir.

-Ya estoy aquí ¿Que es tan importante? ¿Y porque parece que es un secreto? –

Preguntó ella, con su curiosidad habitual.

-Porque lo es… –

Respondí. Luego de eso, saqué las pantis de la señora y se las mostré a Kamine.

-¿Qué es esto? –

Preguntó Kamine, confundida y retrocedió un paso.

-Son de tu madre. –

Respondí, Kamine me miró con los ojos abiertos.

-¿Robaste ropa interior de mi madre? ¡Enfermo! –

-No la robe… digamos que fue mi… recompensa. –

-¿Recompensa? Y ¿Por qué habría de recompensarte con esto? –

Me preguntó Kamine, poniéndose violenta y alzando la voz.

-Shhh, escucha… anoche, fui yo quien entró a la alcoba de tu madre, hicimos un montón de cosas sucias y… –

Kamine retrocedió, sin poder creerlo del todo, no la culpaba.

-¿Tu? ¿Eras tú? –

-Sé que me escuchaste, el problema es que tu madre no sabe que he sido yo… y no quiero que lo sepa… no quiero que piense que ha hecho esas cosas conmigo. –

Expliqué, Kamine no comprendió, negó con la cabeza.

-No comprendo… te gusta mi madre, pero no quieres que ella lo sepa, aun así haces cosas sucias con ella… ¿Qué clase de sujeto eres tú? –

-No es que no quiera que sepa, es que… ella nunca sería capaz de verme de la misma forma si se entera de que el tipo con el que sostiene una aventura es el compañero de clase de su hija. –

-¿Quieres que te ayude a encubrirlo? –

-Si… eso quiero. –

-Esto será lo más estúpido que he hecho en mi vida, por mucho… –

Se quejó Kamine.

-Yo te cubro tu secreto, y tú me cubres el mío. ¿No es un trato justo? –

-Claro que es justo pero… bien, admito que mi madre se veía especialmente feliz… supongo que ya no puedo decirle a mi prima nada… ¿Te ha gustado mi madre todo este tiempo? –

-Esto no se trata de que me guste o no me guste… es solo sexo Kamine, como tú y el maestro de química. –

-¿Me estás diciendo que estás jugando con mi madre? ¿Pretendes que te ayude? Eres lo peor. –

-¿Cómo haría entonces que ella aceptara tener una relación seria conmigo? Esto no tiene vueltas, Kamine, es así… no puede ser de otra forma. –

Le dije, desesperándome un poco. Kamine permaneció en silencio

-Si tuviera diez años más la invitaría a salir en serio, créeme. –

Aseguré. Kamine sólo suspiró después de ello.

-¿Qué es lo que quieres que haga? –

Preguntó ella, cruzando los brazos.

-Convencerla… de que fue un fantasma… esparce el rumor en la escuela, entre tus amigas, en todos lados… –

-Ajá… un fantasma que entra a las casas a hacerle cosas sucias a las mujeres. ¿Cómo hago para que me crean? ¿Vas a visitar a otras mujeres en el vecindario? ¿Les dejarás una tarjeta? –

Preguntó ella, sarcásticamente.

-No lo sé… por ahora solo necesito que tu madre crea que es así. –

-¿Quieres dejar de llamarla “tu madre”? es desagradable si lo dices así. –

Se quejó Kamine.

-De acuerdo… solo necesito que Kasumi me crea, eso es todo. –

-Voy a ayudarte… con dos condiciones… número uno… no puedes decirle a nadie que sé lo que está ocurriendo, nadie debe saber que eres ese fantasma o… lo que sea, y nadie debe saber que yo lo sé. –

Me aclaró.

-¿Y la segunda? –

-Tienes que guardar mi secreto… –

-Bueno… ya habíamos dicho que… –

Comencé a decir, pero ella me interrumpió.

-No… no ese… bueno, no sólo ese. –

Explicó Kamine, mirando nerviosamente hacia todos lados.

-¿Hay más? –

-Bueno… acerca de eso… mi novio… es lindo y amable, y me lleva a lugares divertidos, pero… es un asco para “eso” ¿sabes? Y yo… bueno, es que no estoy conforme. –

-Todo se arreglaría si le lo dijeras. –

Respondí, estaba seguro de que el sujeto pondría más empeño, Kamine negó con la cabeza.

-No tengo cara para decirle que no es lo suficientemente… bueno en ese aspecto… pensará que soy una mujerzuela o algo así… –

Se quejó ella.

-pero… –

Lo que ella estaba diciéndome es que seguiría siéndole infiel a su novio. Vaya una chica, pero la verdad es que yo había visto lo que ocurrió… si esas cosas pasaban seguido, era sólo lo normal que ella se sintiera así ¿No es cierto?

-Te diré lo que haremos… esta noche… tú entras y en vez de ir a la alcoba de mi madre… te pierdes, y entras en la mía… –

Kamine evitó mirarme mientras decía eso.

-¿Quieres que yo…? –

-Mi madre parecía pasarlo bien. –

Comentó Kamine, cruzada de brazos.

-Yo le contaré a mi madre que un fantasma entró por la noche y me hizo esas cosas, necesitaré algo como prueba, pero si sale bien, podré decir que a mis amigas les ha pasado, y a las madres de mis amigas también… ¿No es una buena idea? –

-De acuerdo… suena más convincente así. –

Le dije, bajando la cabeza, pensándolo mejor no era tan mala idea.

-Apenas voy a creer que voy a cooperar con esto… pero si te acuestas conmigo a cambio… también es un buen trato. –

-Espera… ¿Querías acostarte conmigo? –

-Siempre quise saber qué se sentía… ahora lo sabré. –

Dijo ella, y sin decir más, salió de mi casa corriendo.

Bueno, a veces ocurren cosas que uno no se espera.