Haru no Yurei C6

Modo nocturno

Capítulo 6: Con y sin lógica.

Por la noche ella me mandó un mensaje de texto.

“Le he hecho un breve comentario a mi madre acerca del tema… creo que ella se imaginaba algo así, ella no sabe que la he escuchado antes, así que todo debería ir bien. Estoy nerviosa.”

Era lo que decía, lo leí después de bañarme, a decir verdad la idea de tener sexo con Kamine no me atraía tanto como la idea de tener sexo con la señora Kaoru, pero si quería que esto funcionara, a veces había que hacer cosas que a uno no le agradaban.

No respondí el mensaje, en lugar de eso, esperé a que las luces de la casa de Kamine estuvieran apagadas, y luego de cenar, me dirigí allí.

Llegó otro mensaje a mi celular.

“Mi madre acaba de subir a su cuarto, puedes pasar cuando quieras”

Otra cosa es que era un tanto más temprano que la vez anterior, y no estaba lloviendo.

Aun así me decidí a desconectar la luz. Después de hacer mi travesura con la instalación eléctrica, entré a la casa de Kamine. No fue tan emocionante como la vez anterior, quizá porque sabía que ahora tenía el permiso de alguien para entrar, que incluso me estaban esperando.

En el peor de los casos, si la señora se diera cuenta de todo, solo tenía que fingir que me gustaba Kamine y que me ganó la calentura… eso le restaba emoción a esto.

De todos modos lo consideré una especie de práctica, así que igual entré sin hacer ruido y abrí la puerta del cuarto de la señora, pero no entré, lo dejé entreabierto para asegurarme de que el ruido que pudiera hacer se escuchara.

Luego me dirigí a la alcoba de Kamine, ella estaba sentada en la cama con la cortina abierta, podía verla perfectamente, estaba desnuda, a excepción de su ropa interior.

-¿Y bien? ¿Te aseguraste de que nos escuche? –

Preguntó ella en voz baja. Yo asentí con la cabeza.

-¿Y qué harás ahora? ¿Cómo lo vas a hacer? –

Volvió a preguntar Kamine, fue cuando me di cuenta de que ella estaba nerviosa.

-Shhh, no hables, tenemos que empezar desde el principio. –

Le dije, y la tomé del brazo.

-Mi pecho no es tan grande como el de mi madre, te advierto. –

Tenía razón, no era algo que necesitara decir en realidad, podía verlo.

-No tienes que estar tan nerviosa, sólo haz lo que haces antes y todo irá bien. –

Respondí. Una parte de mi aún se oponía a hacer esto.

-Dime ¿Has pensado en mi antes? algo como “su cuerpo se ve bien” o… “me gustaría hacerlo con ella” o algo así… –

Preguntó Kamine, yo suspiré.

-Alguna vez… lo pensé. –

Respondí. En parte era verdad, no es como que nunca me hubiera fijado en ella en este sentido.

Ella estaba de espaldas a mí, nos subimos a la cama y, comencé a tocarla lentamente, por la espalda, ella se sobresaltó, a pesar de que lo estaba haciendo con suavidad.

-Yo he pensado en ti… –

Respondió ella.

-No tienes que ser amable conmigo. –

Agregó después, comencé a tocar su trasero, cada vez con más firmeza, Kamine comenzó a restregar su trasero contra mi mano, moviéndolo hacia un lado y hacia otro.

-Tienes las manos más grandes de lo que pensé. –

¿Es acaso que no podía quedarse callada?

-¿Quieres que me quite la ropa? –

Comencé a besar su piel por la espala, y llevé una mano hasta su pecho, por debajo del sostén, comencé a juguetear con su pezón.

-¿Para qué? –

Pregunté, ella se rio levemente.

-Hace cosquillas. –

Me dijo.

-Quédate quieta. –

Susurré, en su oído, metí mi mano en medio de sus nalgas, ella saltó.

-Hey… pervertido. –

No hice caso, continúe acariciando en ese sitio, primero por encima de la ropa, mientras comenzábamos a besarnos, mis manos se calentaron con el contacto con su piel.

-Esto empieza a sentirse mejor… dime si quieres que haga algo para ti… –

-¿Quieres hacerlo? –

Pregunté, sonriendo, ella se separó de mí y comenzó a gatear en la cama, dándose la vuelta para mirarme, desabrochó mi cinturón.

-Si… quiero probarlo… creo que me gusta hacerlo… –

Desabrochó mi cierre y mi pene salió como si fuera un resorte. Se siente bien liberarlo, es la verdad.

-Vaya… es bastante grande… creo que voy a disfrutar mucho esta noche. –

Dijo con una sonrisa ladina y luego se lo metió a la boca. ¿Era normal que la hija fuera mejor que su madre para esto? Lo digo porque parecía saber muy bien lo que hacía, comenzó a hacer movimientos circulares con su lengua mientras se movía arriba y abajo, succionando.

-¿Efto fe siefte biemf? –

Preguntó ella, sin sacarlo de su boca.

Tengo que admitir que nunca se había sentido tan bien.

Asentí con la cabeza, y como ya no podía más, arrojé todo el semen que tenía dentro de su garganta. Supongo que por un reflejo, usé mis manos para apretar su cabeza contra mi entrepierna. Ella no se quejó, solo me miró con una sonrisa, expectante.

-Eso fue genial, eres muy buena. –

-Es una de mis cosas favoritas. –

Respondió ella.

Era una chica completamente diferente a la que yo conocía… me agradaba esta nueva Kamine, es la verdad, aunque supuse que era solamente el modo en que ella era cuando hacía esta clase de cosas.

-Supongo que ahora me toca. –

Le dije, ella se levantó sobre sus rodillas, y se contorneó con gracia.

-¿Alguna posición en especial? –

Preguntó ella con una sonrisa.

-Voltéate y muéstrame el trasero. –

Ella abrió la boca y se llevó una mano a los labios, mirándome con excitación.

-Pervertido. –

Dijo, pero hizo lo que le pedí, colocó sus brazos sobre la cama y levantó su trasero hacia donde estaba, incluso separó sus nalgas usando una mano.

-¿Puedes verlo todo? –

-Es una maravillosa vista. –

Le dije, acercando mi cara a su vagina, metí mi lengua. Ella ahogó un grito y comenzó a mover su trasero de un lado a otro.

-¿Te gusta? Puedes hacerle lo que quieras… te la presto para que juegues. –

Me dijo ella.

-Está palpitando… y está tan mojado aquí dentro. –

Metí un par de mis dedos allí, ella tuvo un respingo.

-Pues entonces úsala, es para eso. –

Me dijo ella. Era una actitud muy incitante, a decir verdad, ella no se reservaba nada, también me parecía un poco raro viniendo de una chica escolar.

-¿Siempre eres así? –

Pregunté, acariciando su trasero con las manos, tratando de calcular para que entrara de un sólo golpe. Ella pareció darse cuenta y comenzó a incitarme moviéndose hacia los lados.

-Sólo cuando algo me gusta mucho… puedo ser más vulgar si quieres. –

-¿Más vulgar? –

Pregunté, aquello era una idea interesante.

-Oh… apresúrate. –

Hizo una pataleta. No tenía una razón para negarme, así que simplemente me acomodé y la penetré de un solo golpe. Kamine ahogó un grito.

-Esto es… –

-Aún no termina. –

La interrumpí y di un segundo empujón, Kamine se estremeció.

-No me dijiste que había más… –

Tomé un poco el control al sostenerla de la cadera, y comencé a empujar, Kamine comenzó a gritar, ¡diablos! Ahora no sólo la escucharía la señora, sino todo el vecindario, poco a poco, fue perdiendo la fuerza con la que sostenía su trasero en alto, a medida que iba abriendo las piernas.

-Se siente bien. –

Anunció, tomando las sabanas con fuerza, comencé a entrar en ella lentamente, pero asegurándome de llegar hasta el fondo de ella. Su cuerpo comenzó a responder, lentamente sus paredes comenzaron a amoldarse a mí y a tratar de succionar.

Me detuve por un momento, para saborear el calor de su vagina, que escurría néctar que comenzaba a resbalar por sus piernas.

Kamine se quejó, volteó a verme con la cara roja y abrió sus piernas incitándome.

-No te de detengas… estoy a punto de… –

Y la interrumpí, y ella se interrumpió sola, quiero decir que se vino, fue fácil darse cuenta porque el líquido salió como si ella estuviera orinando, mojando las cobijas. Kamine se puso una mano en la boca, sus nalgas y sus piernas temblaban.

-Terminar sola es vergonzoso… pero no pude hacer nada… –

Esto le estaba gustando bastante, a decir verdad.

-¿Alguna razón en especial? –

Pregunté.

-Creo que… es porque pasé todo este tiempo esperando… –

Respondió ella, con una risita y tratando de recuperar el aliento.

-Bueno espero que estés lista, porque no voy a parar ahora. –

Kamine se rio.

-¿Por quién me tomas? Claro que no, continúe, señor desconocido. –

Respondió, volviendo a levantar sus caderas, yo volví a empujar dentro de ella.

Kamine era una chica que era segura de sí misma, a pesar de que como dije, su figura no era especialmente excitante, su actitud si lo era. Bueno, supongo que algo tenía que tener.

Después de unos momentos, me dolía el abdomen de tanto empujar. Perdí la cuenta de cuantas veces se había venido, pero yo no me había venido ninguna. A decir verdad quería venirme, pero por alguna razón no lo lograba y ella terminaba primero y yo me quedaba con las ganas.

Kamine se levantó jadeando.

-Creo que voy a tener que ayudarte. –

Dijo ella, tomando mi pene entre sus manos, se irguió por encima de mí.

-Por favor. –

Le dije en voz baja, recostándome sobre la cama. Como he dicho, estaba adolorido, no sé cuánto tiempo estuve empujando, pero fue más del que normalmente era.

Kamine colocó mi pene en la entrada de su vagina, de modo que esta vez yo estaba acostado debajo de ella.

-Y estos son los beneficios de ser una zorra. –

Me anunció, y diciendo eso, se montó sobre mi pene y comenzó a mover las caderas en forma circular, primero de un lado y luego del otro.

Se llevó luego un dedo a la boca mientras usaba la otra mano para sostenerse de mí.

Aquello era nuevo para mí, y se sentía asombrosamente bien. Acabó con el bloqueo que creo que tenía en menos de cinco minutos, mientras comenzaba a hacer ruidos.

-¿Se siente bien? ¿Te gusta esto? –

Preguntó ella, mimosa, comenzando a moverse más rápidamente, asentí con la cabeza mientras la tomaba de los pechos y jugaba un poco con sus pezones.

-Me voy a venir. –

Anuncié con un susurro. Ella asintió y sonrió.

-También yo… hagámoslo juntos ¿de acuerdo? . –

Nadie tiene una idea de lo difícil que es hacer eso en realidad, las pocas veces que lo había intentado nunca me salió. Kamine aceleró la marcha.

-Hazlo dentro de mi… no importa… –

Gimió, mi entrepierna estaba bañada con su néctar y ella seguía arrojando su cuerpo contra el mío una y otra vez, se pasó la mano por el cabello.

-Me voy a venir… me vengo…. –

Fue lo último que dijo. De la misma forma que la vez anterior, un líquido cálido salió de su vagina, mojándome por completo, mientras ella se retorcía encima mío. No pude soportarlo más y arrojé mi carga dentro de ella, semen que su vulva pareció succionar al tiempo que ella caía sobre mí.

-Está caliente… –

Susurró Kamine, sin moverse.

Nos quedamos así unos momentos, después de aquello ella se levantó, volteó hacia la puerta, yo también.

-¿Qué pasa? –

Pregunté en voz baja.

-Mi madre nos miraba. –

-¿Crees que sepa que he sido yo? –

Pregunté, bajando aún más la voz.

-No lo sé… por ahora eso no importa… seguro se tocaba mientras me miraba hacer cosas sucias, creo que lo sucia lo saqué de mi madre… –

Explicó Kamine, todavía ebria de placer.

-Si no se ha dado cuenta entonces quiere decir que todo salió bien… –

Comenté, ella restregó su cuerpo sudoroso con el mío.

-Le comentaré mañana, si no sabe que has sido tú, le diré que ha sido el fantasma… eso debería bastar… –

Se dejó caer sobre la cama.

-Por cierto… eres bueno… –

Comentó con una risa extraña. Yo no supe a qué se refería, ni quería saberlo. Me fui de allí luego de vestirme de nuevo y justo como había dicho, fue eso, solo sexo.

Al día siguiente en la escuela, estaba tomando mi almuerzo junto con otro sujeto que ha sido amigo mío durante algún tiempo, su nombre es Sushake. Hablábamos sobre videojuegos y esa clase de cosas y le comenté que había comprado uno nuevo hacía apenas unos días.

En ese momento vimos a una de las chicas fanáticas del club de baloncesto.

Era bonita, la verdad es que nos llamaba la atención. Parecía estar buscando a alguien, nosotros la miramos ir de aquí para allá moviendo su trasero. Sushake y yo nos miramos el uno al otro.

-¿Por qué no le hablas? –

Preguntó él.

-¿Por qué no le hablas tú? –

Pregunté yo.

Nos miramos por un momento, y luego volteamos a verla de nuevo.

Ella encontró a quien estaba buscando, como era de esperarse, un sujeto del equipo de baloncesto.

-Creo que tiene novio. –

Comentó Sushake.

-No parece ser el caso. –

Respondí. El sujeto con el que aquella chica se encontró le hizo una seña a escondidas mientras e daba la vuelta.

-¿Cómo sabes eso? –

-Eres malo leyendo el ambiente ¿Por qué harías una seña para encontrarte a escondidas? –

Respondí. Sushake me miró con cara de pocos amigos.

-¿Quién sabe? Tal vez es sólo tímida. –

-¿Te parece? No parece una chica tímida en realidad, sólo mírala un momento. –

-No puedes juzgar a las personas por cómo se ven… –

Respondió Sushake, parecía ofendido aunque yo no sabía bien por qué. Solo estaba dado la opinión más objetiva que me era posible.

-No es cómo se ve, es cómo actúa… sus movimientos son agraciados y elegantes, y por como miró al sujeto, está perfectamente consciente de que él está prendido de ella. Muestra su escote y va dos veces que se toma el cabello y lo levanta para darle a notar que lleva un peinado especial en esta ocasión… está coqueteando, y lo sabe… él… también lo sabe, sólo que no puede decirlo de la misma manera… algo se está cocinando allí. –

Sushake me miró asombrado.

-Eso es extraño, pasas mucho tiempo mirando a la gente ¿No es cierto? –

Ignoré su comentario estúpido para continuar mi análisis. La chica y el chico de baloncesto seguían hablando.

-Eso no es importante… ¿Por qué coqueteas en secreto si es una chica linda quien te está hablando, el chico pareciera que desearía no estar allí ahora. –

-Ahora que lo miro… sí parece que ella no está siendo discreta. Quizá él es el tímido. –

-Lo dudo… es decir, es un tipo del equipo de baloncesto… están acostumbrados a los coqueteos de las chicas, eso no debería incomodarlo solo así… las chicas que no saben cómo coquetear suelen ser mucho más agresivas que eso… –

Respondí. Una luz se iluminó en mi cabeza.

-El tipo tiene novia… y no es ella. –

-¿Lo conoces? –

-No necesito conocerlo… el tipo está mirando a todos lados, deseando no estar allí en ese momento… ¿A dónde mirarías tú, si una chica como ella estuviera coqueteando contigo? –

Pregunté, Sushake bajó la cabeza un poco, algo avergonzado.

-Su escote… yo creo. –

Me dijo, parecía que le molestaba no ser el tipo de baloncesto, pero lo cierto es que yo no lo envidiaba, aunque la chica era linda. No debe ser agradable estar en su situación, si la novia se daba cuenta, seguro que no iba a tener nada con ella en un buen tiempo. No te arriesgarías a no tener sexo esta noche por nada.

Esa reacción es también la prueba misma de mi teoría. Si la chica fuera tu novia, o si no tuvieras una novia, no habría necesidad de coquetear aquí… podrías esperar pacientemente a que no hubiera nadie… a menos que alguien se interpusiera, alguien como tu novia que te acompaña a casa.

-Algo se agita dentro de la caja. –

Le dije cuando miré a la chica subir las escaleras. La historia estuvo tan clara a mis ojos, que no pude creer que alguien no pudiera verlo con la misma claridad.

-¿Qué? –

Preguntó Sushake, confundido.

-Esa chica va a divertirse con él… ahora mismo. –

Le dije, mirando mi reloj, faltaba al menos media hora para que sonara la alarma cuando vi que el tipo de baloncesto subió por las escaleras, en la misma dirección que la chica, momentos antes.

No había ninguna razón para subir pero media hora era más que suficiente para hacer un desastre de esa chica linda sin que la novia supiera qué pasó.

De todos modos tenía que admitir que era una chica valiente, si había venido hasta él justamente para pedirle cosas sucias. Ahora bien, ello dirá.

Me puse de pie.

-¿A dónde vas? –

Preguntó Sushake, avergonzado como yo nunca pensé que vería a un chico.

-Cómo te dije, algo se agita en la caja, y yo quiero ver qué es. ¿No vendrás? –

Le dije, él me miró desde su silla.

-No asumas que todos tienen la misma mente sucia que tienes tu… puede que no hagan nada ¿Lo habías pensado? –

-No asumas que las chicas son tan inocentes como en la televisión… son más sucias de lo que imaginas, Sushake. –

Respondí en voz baja, porque había más gente en el comedor. Y comencé a caminar,  finalmente, y con un suspiro, Sushake se puso de pie.

-Estoy seguro de que te equivocas, pero por verte equivocarte… estoy dispuesto a seguirte. –

Me dijo, yo me reí.

-Si tengo razón, me deberás una. –

Le dije, y subimos las escaleras.

———

El primer piso, no había nadie porque es la hora del descanso, miré a todos lados, hay un montón de sitios donde esconderse en cada uno de los pisos, este en especial, es conocido por tener al club de música, donde nadie va a menos que haya una práctica.

Que los estudiantes lo hayan malentendido y vengan cuando quieren practicar conocimientos sobre la anatomía del sexo opuesto es otra cosa.

De todos modos pasamos por los salones, no encontramos nada.

-Sigamos. –

-No vamos a encontrar nada. –

Respondió Sushake desanimado.

-De todos modos los vimos subir, hagan o no algo, tienen que estar arriba… ahora piénsalo por un momento, están solos, un chico atractivo y una chica linda… ¿Qué crees que esté pasando? –

Pregunté, Sushake batió la cabeza.

-No puedo creer que empiezo a pensar que es cierto. –

-Es una chica linda, no un ángel, tiene necesidades como nosotros. –

Respondí. Subimos al segundo piso.

En el segundo piso es donde están la mayoría de los clubes, pero algunos de ellos suelen estar cerrados con seguro. No entiendo la necesidad de cerrar un cuarto lleno de mesas y sillas con un seguro como lo es el club de literatura, pero así son las reglas aquí.

Nada todavía.

Subimos al tercero y comenzamos a revisar los salones, agachándonos para que en caso de que estuvieran dentro no pudieran vernos. Después de unos momentos, Sushake me hizo una seña con la mano.

-Los encontré. –

Dijo en voz baja.

Y bueno, tenía razón.

En el salón 3-3, donde me imagino, pensaron que nadie los buscaría a la hora del descanso, aquellos dos estaban… esforzándose mucho en mantener una buena relación.

-Tenías razón… de verdad lo están haciendo. –

Susurró Sushake.

-Te lo dije… la lógica es tu amiga, Sushake, esa no falla. –

Desearía haber tenido esa lógica de mi lado cuando quería salir con Akane.

-Ah viejo… que envidia… mira la cara que pone… –

Comentó Sushake, mirando la escena.

-Por acá. –

Respondí, ignorando su comentario. Me acerqué a la puerta del salón y lentamente corrí el bastidor para poder mirar mejor. Él estaba siendo duro con ella

Sushake se acercó y miró.

-Oye… lo está haciendo por atrás. –

Comentó Sushake ahora sí completamente sorprendido. ¿Quién lo diría? Quizá era por eso que el tipo se arriesgaba, no es que no quisiera estar con su novia o que prefiriera a esta chica, era que esta chica era más permisiva con ciertos… gustos de él.

Como quiera que fuera, el tipo estaba tratándola mal, no creo que fuera contra la voluntad de ella, pero para mi gusto, estaba propasándose. Halando su cabello, dándole golpes en el trasero, no eran gemidos placenteros, ella estaba berreando y jadeando por aire. Él la llamaba perra, y cosas por el estilo.

También entiendo que la novia no estuviera del todo de acuerdo con esa clase de cosas.

No es que sea yo alguien para juzgar los gustos de cada quien, si a ella le gusta así, pues bien por ella.

Sushake apretó los puños, yo puse una mano en su hombro… no es que hubiéramos venido para molestarnos.

-Para… detendré por favor… por favor. –

Yo no iba a moverme, sé muy bien que en esos casos a veces dices cosas que no quieres decir, pero Sushake no pudo soportarlo, me refiero a que el muy estúpido corrió la puerta, poniéndose de pie con una erección en el pantalón.

Nunca vi nada más ridículo.

Sushake estaba enojado y feliz.

Ante la reacción inesperada, el sujeto de baloncesto se puso los pantalones inmediatamente.

-No es lo que parece… yo… ella… por favor, no digan nada. –

Tuve que salir por él, me refiero a salvar a Sushake, si no lo manejaba bien, incluso podía llevarse una paliza.

-Amigo… estabas propasándote y mi compañero aquí es mirón primerizo, no sabe mantenerse quieto en una situación así… lamento interrumpir tu momento, de todos modos. –

Le dije, él me miró con cara de no entender, luego extendió las manos.

-Sólo hice lo que me pidió… por favor… –

Respondió él… bastante nervioso, más que enfadado. La chica permaneció en silencio, creo que todavía tratando de recuperar el aliento.

-¿Ella te lo pidió? –

Pregunté, dándole un codazo a Sushake, quien miró a la chica. La chica, con lágrimas en los ojos, se puso de pie.

-No sabía que era tan doloroso. –

Se quejó ella. Yo me di cuenta de que aquello era chantaje para no salir tan mal parada de esto, de todos, era ella quien estaba en la peor situación, o eso pensé. De todos modos, seguí hablando con el sujeto, quien, como dije, parecía demasiado nervioso.

-Tranquilo, no le diremos nada a tu novia, en realidad lamento haberme metido en esto… no era el plan,  es solo que los populares hacen cosas sucias, los mirones los miramos, ya sabes cómo es esto. –

Dije, encogiendo de hombros, el sujeto se llevó las manos a la cara.

-Oh, qué demonios, mi novia sabe de esto ¿Ya? Sabía que nada bueno iba a salir de esto, Sakyomi. –

Arquee una ceja.

-¿Tu novia lo sabe? –

-Sakyomi-san, aquí presente, le pago a mi novia para que le permitiera hacer esto… yo les dije que no era una buena idea… por favor, no digan nada. –

El sujeto se sentó, llevándose las manos a la cara. Yo entendí entonces por qué estaba nervioso, si alguien se daba cuenta de la realidad de esto, el problema sería gordo, no sólo lo iban a expulsar.

-Amigo, no tengo intención de decir nada, todo esto ha sido un malentendido. –

-Ella amenazó con dejarme si no lo hacía. –

Replicó él. ¿Por qué estaba excusándose?

Quizá todo esto se descosió en el momento menos indicado para él. No importaba como lo miraras, aquello era prostitución con todas las de la ley, y al menos aquí, eso es un crimen.

-Escucha… nosotros, nos vamos de aquí vale, haremos como que no hemos visto nada y tu… sólo deberías dejar esto. –

Le dije, dándome la vuelta, él se puso de pie y miró a la chica, que ahora sabía que se llamaba Sakyomi.

-Yo no puedo hacer más esto, por favor, no vuelvas a hablarme. –

Y se fue corriendo. No supimos su nombre, y creo que era mejor así. Una vez que el chico se fue, Sakyomi se quedó allí donde estaba, llorando. Yo me preguntaba ¿Por qué estaba llorando? Pero Sushake no se preguntó nada, solo fue hasta donde ella.

Mentalmente me llevé una palma a la cabeza.

Era un chantaje de primera.

-Ya está… no tienes que llorar más… Era mentira ¿No es cierto? Ya ha pasado. –

Este tipo había leído demasiados mangas en su vida. Sorprendentemente la chica negó con la cabeza.

-No… es cierto… por favor, no le digan a nadie… –

Chilló y miró a Sushake con sus ojos de perro a medio morir.

-Puedes sacar provecho de esto, Sushake. –

Le dije. Ella me miró asombrada, luego lo miró a él.

-Si eso es lo que quieres yo… –

Sushake retrocedió un paso.

-No… para nada… es decir…. –

Comenzó a decir, Sakyomi se miró a si misma después, estaba hecha un desastre, su labial se corrió, su cabello estaba enmarañado y sus ropas estaban desacomodadas.

-No tiene que ser ahora… –

Chilló ella, mirando al suelo.

-No… en verdad… está bien así… –

Yo decidí empujar un poco más.

-Pero abriste la puerta, creí que querías unirte a la diversión. –

Sakyomi se puso de pie sin mirarme y se acercó a Sushake, asegurándose de que sus pechos se pegaran a él. Mi pobre amigo se quedó sin habla.

-Si sientes asco de mi… lo entiendo… pero puedo ayudarte con esto si quieres, sólo tienes que prometerme no decir nada… –

Ofreció, y puso la mano en el pantalón. Sushake volvió a retroceder, y negó con las manos.

-No… en verdad, no es necesario, yo solo… entré porque pensé que estaba en problemas, no es que pensara mal de usted no nada de ello, tampoco pienso mal ahora mismo es solo que… –

-¿Te doy asco? –

Preguntó ella, endulzando su voz.

-Claro que no… es decir, es muy linda y su rostro cuando…. Yo no sé qué estoy diciendo. –

Dijo él, rojo de la cara, por poco me rio.

-Bueno, ya que quedó establecido que nada más va a pasar aquí, yo y mi amigo volvemos a nuestro salón, que tengas buena tarde, Sakyomi-san. –

Le dije, y halé de él.

Salimos del salón 3-3 después de eso. Y para cuando se recuperó, Sushake me miraba con ojos asesinos.

-¿Por qué tenías que presionar tanto? –

-Presionar, pero si pensé que sentías envidia del sujeto ¿Por qué no quisiste hacerlo con ella entonces? Estaba allí para ti. –

-No sentí que fuera correcto, es todo, eso sería chantaje. –

-También ella te chantajeaba, estaban a mano, en todo caso. –

Respondí.

-Eres un ser sin corazón ¿No es cierto? –

Me preguntó, mirándome de reojo.

-Bueno, eso te ha dejado a ti como el amable del cuento… ya me lo agradecerás. –

Repliqué.

-En verdad entré porque quería salvarla… parecía que estaba en problemas. –

Respondió Sushake, veníamos bajando las escaleras.

-Bueno… lo estaba… pero no como los imaginabas. ¿Te dio asco? ¿Te molestó que estuviera con un hombre? –

-No fue eso lo que me molestó. –

Respondió Sushake, estábamos de nuevo en el comedor.

-Me molestó que tuviera que pagar por ello ¿Por qué una chica linda pagaría por esas cosas? –

Preguntó Sushake.

-Bueno… eso tendrás que preguntárselo tu… todo lo que puedo decir es que, así es el mundo. –

Fue mi respuesta.

-¿Dónde está tu lógica cuando se le necesita? –

Preguntó Sushake, receloso y molesto. Aunque no sé porque estaba molesto.

-Se quedó en la caja. –

Le dije, riéndome un poco.

Y sonó la alarma.