Haru no Yurei C11

Modo nocturno

Capítulo 11: Yo amo a todo el mundo

Sonó la alarma del descanso luego de las primeras tres clases. Lo primero que hice fue juntarme con Sushake para ir a la cafetería. No recuerdo exactamente de que veníamos hablando, pero tiene que haber sido alguna tontería.

Nos sentamos en una de las mesas.

-Hombre, ese examen sorpresa estuvo fatal. –

Comentó él, cambiando el tema, iba a responderle cuando Sakyomi apareció de la nada.

-Ogou-kun. –

Llamó, poniendo la mejor de las sonrisas.

– Sakyomi-chan… etto… –

Parece que Sushake todavía no estaba acostumbrado a que le llamaran por su nombre, no en plena clase, aal menos, ella estaba yendo demasiado rápido, yo pienso. No dije nada, de todos modos.

-Te hice el almuerzo… espero que no te moleste… –

Le dijo ella, poniendo un dedo en uno de sus labios, con expresión dubitativa. Me miró a mi por unos momentos, y luego me ignoró.

-No, al contrario… es un placer. –

-Entonces, ya me voy… te veo al rato. –

Dijo Sakyomi y se fue corriendo.

Yo voltee a verlo, receloso.

-¿Ahora te preparan el almuerzo? –

Pregunté, con intenciones de molestarlo.

-Ya lo había hecho antes, y te lo dije. –

Se quejó él. Es cierto, lo recordaba.

-Si pero ahora lo trajo hasta aquí… me preguntó que pasó. –

Comenté, tratando de contener la risa.

-No te burles. –

Él abrió la tapa del obento al tiempo que me miraba con algo de coraje. Yo miré lo que había dentro. Era simplemente soberbio. Huevos fritos, pescado, arroz, fruta… lo entendí con claridad. Ella quería lucirse, quería que Sushake dijera “Mi novia lo preparó”

Parecía bastante interesada en que él la reconociera.

-Puedo ver que se ha esforzado mucho. –

Comenté.

-ella está especialmente acomedida luego de lo de ayer… también especialmente valiente. –

Respondió él, luego bajó la cabeza.

-Me pregunto si eso es una buena señal. –

Aquello parecía seguir molestándolo.

-Puede ser una muy buena señal, o una muy mala… puedes creer que es cualquiera de las dos. –

Le dije, mordiendo mi pan. A mí no me preparaban el almuerzo, este chico podía sufrir un poco por ello. Eso es, estaba celoso, no de él o de que tuviera novia, la chica ni siquiera me gustaba, personalmente hablando… pero estaba celoso de su almuerzo.

Él comía de una caja enorme mientras yo comía pan.

No importaba como lo vieras, no era justo.

-No tienes que ser tan calculador, me hee dado cuenta de que ella es especial a su manera. –

-¿Estás seguro de que no estas encantado con su cuerpo? –

Por supuesto que no, hasta yo podía ver que este chico estaba enamorado, pero, como dije, quería molestarlo.

-No se trata solo de eso, es decir, es grandiosa, pero no es solo eso… es ella… –

-Sí, sí, me alegro mucho. –

Di otra mordida a mi pan.

-No sé porque me complico con esas cosas, solo debería comer ¿No es verdad? –

Preguntó.

-Necesitas distraerte de todos esos asuntos, te propongo algo, vamos al árcade que está en el centro comercial… a no ser que tengas otros planes. –

Le dije, para mi sorpresa, Sushake asintió.

-De acuerdo, creo que Sakyomi-chan tiene algo que hacer esta tarde, su madre va a venir por ella o algo así… creo haber escuchado que irán al salón de belleza… como sea… no tengo nada que hacer. –

-De acuerdo, es un trato entonces. –

Le dije. Y luego de que terminamos de comer, fuimos por una soda cuando sonó la alarma de fin de descanso.

Volvimos al salón después de eso.

———-

Era pasada media tarde cuando salimos de la escuela. Aprovechando que no tenía nada que hacer el día de hoy es que ofrecí a Sushake que fuéramos al árcade un rato, y quizá a comer una pizza o algo así después de ello.

Antes de salir de la escuela, pude ver que, efectivamente, Sakyomi abordó un automóvil conducido por una mujer, me llamó la atención porque la mujer que conducía era hermosa.

De esas que sabes que están fuera del alcance de cualquier estudiante con sólo mirarlas.

Cabello largo y rubio, ojos grises, y por lo poco que se notaba a través de la ventanilla, pechos enormes.

Señalé al auto mientras Sushake me preguntaba que ocurría.

-Vaya… no pensé que su madre fuera así. –

Le comenté.

-¿Quieres que le pregunte si es soltera? –

Preguntó él, mitad en broma.

-No, no lo creo. –

Respondí, y después de eso nos fuimos de allí. Uno de los camiones que pasaban cerca de la escuela terminaba su recorrido justo frente al centro comercial, de modo que no tardamos más de diez minutos en llegar. Yo había recibido mi paga hacía poco por todo mi arduo trabajo con el panadero (y sus hijas) y podía dispensar un poco para gastar el día de hoy.

Entramos a los juegos y estuvimos allí más o menos media hora.

Luego de eso se nos terminaron las monedas y Sushake se ofreció a ir por más. Fue entonces que reconocí enteré las personas a alguien a quien no creí que vería.

Fumishi Akane.

Iba a esconderme para que no me viera cuando ella volteó, supongo que sintió que alguien la miraba, y sonriendo se acercó.

-Otagane-kun, es una sorpresa encontrarnos de nuevo. –

Dijo ella, siempre tan educada y amable.

-No… no pensé que fueras tu… es una sorpresa en verdad. –

Akane era la única chica de todas las que conocía, que podía hacerme tartamudear de esa forma.

-¿Qué estás… haciendo por aquí…? –

Pregunté, tratando de tranquilizarme, no importaba como lo miraras, era una chica de toda formas ¿O no? Una chica normal.

-Bueno… mi padre ha venido a comprar ropa para su nuevo puesto, y están en el piso de arriba porque mi madre ha rechazado cada prenda que mi padre quiere… eso puede tomar un rato… así que bajé con mi hermana pequeña para poder comprarle un jugo… –

-¿Tu hermana? ¿Dónde está? –

-Tomándose fotos con mi hermano y el señor oso. –

La plaza tenía una mascota, Kuma-san, y tenían una figura de ésta puesta en la entrada del árcade, que daba al centro de la plaza.

Akane tenía tres hermanos, uno de ellos mayor que ella, los otros dos más jóvenes, la escala era, su hermano mayor, ella, su hermano menor, y su pequeña hermana. Esa fue una de las cosas que averigüe de ella desde el principio.

-Y tu… ¿No eres muy mayor para estar en un árcade? –

Preguntó ella, ladeando la cabeza y sonriendo.

Aquello me golpeó por dentro, como nunca me había golpeado nada, tuve que endurecer el estómago para evitar que ella se diera cuenta.

-La verdad es que… solo estaba pasando el rato. –

Respondí.

-Oh, ya veo, a decir verdad pensé que no me hablarías, luego de que… –

¿Por qué quería retomar ese tema?

-No, descuida, entiendo que simplemente no era posible. –

Respondí, evitando lanzar cualquier acusación, porque, ahora que lo pensaba, no se había cambiado de casa, su transferencia podía haberse debido a algo diferente pero… no era la razón por la que me rechazó.

-Me alegro… ha sido en verdad un gusto verte. –

Se estaba despidiendo. ¿Trataba de dejar algo en claro? No lo sabía, no podía leerla.

En ese momento, llegó corriendo su hermana pequeña, debería tener unos cinco o seis años, gritando con todo lo que tenía.

-Onee-chan, Onii-san está diciendo cosas malas de Kuma-san. –

Se quejó. Su hermano pequeño llegó poco después. Un chico de unos once o doce años.

-No es verdad, sólo le he dicho que es de plástico. –

-¿Verdad que no? Onee-chan. –

La niña tenía lágrimas en los ojos, por unos momentos me olvidé de todo mientras trataba de contener la risa.

-Bueno, es necesario que sea de plástico, de otro modo no podrían ponerlo allí, él no es el Kuma-san real, es una estatua de Kuma-san, como la que hay afuera de la plaza. –

Si, también había una afuera del centro comercial.

-¿Estatua? –

Preguntó ella, limpiándose las lágrimas. El chico inmediatamente se dio cuenta de que yo estaba allí parado.

-¿Quién es, Onee-san? ¿Tu novio? –

Preguntó. Yo me ruboricé, lo admito, pero no ella. Sonrió como siempre sonreía, y habló como siempre hablaba, con una voz dulce y armoniosa.

-Claro que no, es un amigo de mi antiguo instituto. –

Respondió.

La verdad pura y dura.

Me quedé congelado cuando me di cuenta de ello. No pude decir nada, no había nada que decir, era la verdad, pero ¡Cómo dolía!

Traté de sonreír con todas mis fuerzas cuando Akane volvió a mirarme.

-Me alegra mucho que sigas bien, tengo que irme ahora, mis padres están esperando… espero que volvamos a encontrarnos. –

Dijo, y tomando a su hermana pequeña de la mano, se dio la vuelta y se fue.

Me quedé allí parado hasta que ella desapareció tras las escaleras eléctricas que iban al segundo piso de la plaza.

-¡Maldita sea! –

Esperé a que se fuera para lanzar una maldición al aire.

-Vaya… es la primera vez que te veo de tan mal humor… ¿Qué pasó? –

Sushake me sorprendió por la espalda.

-¿Cuánto tiempo tiene que estas allí? –

-Desde que llegó la pequeña llorando. –

Respondió él, encogiendo los hombros, yo resoplé.

-Pudiste haberme dicho. –

-No pensé que hiciera falta, pensé que simplemente irías tras ella… ¿te gusta? –

Hay veces en que la confianza de un amigo puede herirte en lo más profundo. Yo negué con la cabeza.

-No, ya no en todo caso.–

Respondí.

-¿Eso te puso de mal humor? No veo porque, es una chica linda, y parecía amable, además te habló muy bien, no vi nada malo en ello. –

Comentó mientras me daba la vuelta.

-Lo es… pero… es una maldita. –

Respondí, caminando de regreso a las máquinas de grúas.

-Vaya… no lo parecía. –

Sushake parecía asombrado.

-No lo entiendes… esa chica siempre ha sido así, es amable y nunca diría nada extraño o grosero, y aun así es capaz de aplastar toda tu autoestima en una conversación. –

Respondí.

-Se oye problemático. –

Respondió él. Por supuesto que no lo entendía, estaba acostumbrado a las chicas normales, con cerebros de un solo circuito. La clase de chicas que yo podía leer con facilidad. La mayoría en realidad. Pero Akane no era como ellas, para nada.

Por eso me gustó en primer lugar.

Hasta donde yo sabía, ella nunca había aceptado una cita ni nada que se le pareciera… no porque no hubiera quien lo intentara, sino porque ella siempre estaba en la zona segura, no importaba lo que hicieras, no podías conseguir nada.

Supongo que la razón de que yo me volviera tan calculador y tan interesado en entender el pensamiento y leer el ambiente, fue para sacarla  de esa maldita amabilidad distante que parecía más que nada, una fortaleza impenetrable.

Nunca lo conseguí.

Una vez incluso la puse contra la pared, en esa escena clásica que todos conocen, ella ni siquiera se inmutó. Me miró a los ojos, sonrió amablemente y me dijo “No deberías hacer eso, si alguien te ve te castigarán.”

Siempre se retiró con intacta, inalterable, yo era el único que gastaba sus esfuerzos persiguiéndola. Si me volví, como decían, un monstruo sin corazón, fue por ella, un monstruo mucho más horrible, que no solo no tenía corazón, sino que ni siquiera sabía que cosa era eso.

“Yo amo a todo el mundo.”

Dijo una vez. No puede haber nada más horrible que esa frase.

Esa clase de chicas, son las más peligrosas que puedan existir.

Tratando de no pensar en eso, volví a los juegos de árcade con Sushake, pero con sinceridad, ya no fue lo mismo. Después de un par de horas de estar jugando sin jugar realmente, comenzó a oscurecer.

Y como ambos teníamos escuela mañana, decidimos que lo mejor era que nos fuéramos cuanto antes. Es decir, yo aún tenía algunas cosas que hacer en casa, y seguro que él también.

¿Y ahora qué?

Me preguntaba.

Bueno, lo cierto es que me agradó ver que Akane estaba bien, siempre le queda a uno la idea de que algo andaba mal. Pero por otro lado, ahora la odiaba más. Ni que hacerle, lo único que hice luego de llegar a mi casa fue bañarme y acostarme a dormir.

———

Mi día de escuela al día siguiente hubiera pasado sin tener nada que decir de no ser por lo que ocurrió a la salida. Pero primero, algo de contexto.

Por azares del destino, me enteré que Kamine no regresaría a casa temprano, creo que tenía algunas cosas que hacer, si saben a qué me refiero. Y como no tenía nada que hacer después de la escuela, simplemente me fui  a casa. Ahora, yo no sabía lo que Kamine había dicho a su madre, así que si me veía llegar solo, probablemente se preocuparía porque Kamine no venía conmigo.

Así que tampoco podía pasar a cenar a la casa de la señora. Y quizá sin pensarlo demasiado, le envié un mensaje a Mizore. Decía así.

“Termine mis clases y estoy llegando a mi casa, espero que estés bien. ¿Qué cenarás?”

No lo sé… quizá estaba pensando en eso mismo yo. Quizá quería alguna idea, la verdad es que no lo pensé demasiado y se lo envié así como estaba.

Ella respondió después de un par de minutos.

“En vista de que mis papás acaban de pelearse por no sé qué cosa, no planeaba cenar pronto ¿Tu que comerás? No es que quiera cuestionarte ni nada de eso.”

Aquella declaración me desvió por completo de mi tren de pensamiento. Y sinceramente me sentí un poco mal por ella.

“Si quieres te invito a salir, sé que sonará un poco intempestivo y tal vez hasta idiota de mi parte, pero si no tienes nada mejor que hacer puedo invitarte a cenar, como recompensa. Sólo si eso no te causa problemas.”

Respondí. Recordaba a la señora, no parecía de lo más amable, o más bien tranquila. Eso no quiere decir que creyera que peleaba con su marido seguido. Quizá solo estaban teniendo una mala racha.

“A mis padres no les importa lo que haga cuando están peleados, mi madre tomó  Itto y se fue. Mi padre está viendo la televisión y no va a salir de su cuarto por nada del mundo.”

Respondió Mizore.

Y ya estaba, tenía una cita, con una chica. La verdad es que no suelo ser de los que hacen esa clase de invitaciones intempestivamente, pero tengo que admitir que me daba curiosidad lo que estaba pasando. Por otro lado, tenía algo de dinero, podía gastarlo llevando a Mizore a cenar, si eso me iba a hacer olvidar el episodio del día anterior, por mi perfecto.

Quedé de verme con ella a las siete cerca de su casa, en una plaza que había allí con una pequeña fuente. Ella llegó con algunos minutos de anticipación, cosa sin importancia porque yo ya estaba allí, aun llevaba el uniforme escolar, y una bolsa de mano.

Nos sentamos por unos momentos mientras las luces de la calle comenzaban a encenderse.

-¿Estas bien? –

Pregunté, Mizore encogió de hombros.

-Mis padres no pelean mucho, no estoy acostumbrada y estoy algo nerviosa, pero últimamente las cosas entre ellos solo empeoran, creo que es mejor si trato de que no me afecte mucho. –

Explicó. No estaba seguro de querer seguir preguntando, no hizo falta, de todas formas, ella simplemente lo soltó.

-Mi padre ha estado llegando ebrio últimamente, él dice que son cosas del trabajo, pero mi madre no le cree. –

-¿Ha pasado algo malo? –

Pregunté, bajando la cabeza.

-No… no es así, mi padre es un buen hombre, creo… es decir, nunca nos ha hecho daño, ni a mi madre ni a sus hijos, pero… bueno, mi madre insiste en que él lo hace para ignorarla. –

Mizore dijo eso batiendo la cabeza.

-¿Quizá debería hablar de algo más feliz? –

Preguntó ella, tratando de sonreír.

A mí no se me ocurría que podía ser algo feliz en medio de toda esta situación, pero asentí con la cabeza, nos pusimos de pie después de eso, y comenzamos a caminar.

-¿Hay algo que quieras comer? –

Pregunté, ni siquiera estaba seguro de que ella tuviera hambre, no diré que se veía triste o deprimida, pero no estaba feliz.

-En realidad… –

Dijo ella, llevándose un dedo a la barbilla, pensativa.

Fuimos a un puesto de esos que venden soba y ramen por las noches, una vez que nos sentamos ella me dijo que siempre había querido comer esto.

-¿Y nunca habías podido? –

-A mi madre no le agradan estas cosas, dice que son malas para la salud. –

Explicó ella, los ojos brillaron cuando le pusieron su plato enfrente.

-Entiendo. –

Quizá de ello venían algunas de sus malas opiniones en cuanto a la comida chatarra.

-Pero yo digo que de cuando en cuando estaría bien. –

Dijo ella, después de probarlo, aunque era obvio que a ella le gustaría comer estas cosas seguido.

-Entiendo que tu madre no te deje, pero… ¿No podías venir de todos modos? En algún momento, con amigos… –

-No tengo amigos con quienes verme luego de la escuela… no son esa clase de amigos, son amigos cuando estas en la escuela, no más que eso… y bueno… eres el primero que me invita a una cita en toda mi vida… –

Mizore bajó la cabeza luego de eso. Yo la dejé que se concentrara en comer.

-Sería vergonzoso venir a un puesto así, yo sola. –

Añadió. En eso tenía razón.