Haru no Yurei C17

Modo nocturno

Capítulo 17: Tu culpa.

Seguíamos dentro de la panadería, me refiero a Sanae y yo, y todavía no era momento de que aparecieran los clientes, quiero decir, los habituales.

-Pienso que el problema fue el lugar, no lo que hiciste. –

Le dije, a pesar de que, en teoría, ella no había hecho nada. Sólo se dejó querer.

-No te creo ¿vez? Es tarde para mí, mi vida se arruinó después de eso, pero… no quiero que mi hermana me odie también… –

-Pero tú te odias a ti misma. –

Me quejé. Si se odiaba a si misma ¿Cómo esperaba que los demás le aceptaran? Eso no tenía sentido para mí.

-Es eso, es que ¿Por qué tuve que ser tan tonta? ¿Por qué no pude decirle que no quería eso? Fue solo mi estupidez la que me provoco ese problema, en realidad ni siquiera él tiene la culpa, sólo yo. –

-Pero ¿Por qué afirmas que esas cosas están simplemente mal? Eso no tiene sentido, todos lo hacen, como te digo, el problema fue el lugar. Hemos hecho cosas pervertidas y nada ocurrió. –

-Tuvimos suerte. –

Dijo ella, cruzando los brazos y negándose a mirarme. Estaba recargada en la pared, sin voltear.

-Eso no es suerte, estábamos solos que es diferente. –

Ella no respondió, continuó parada allí, sin mirarme, con los brazos cruzados como una señorita enfadada.

-Te preguntaré esto de nuevo… ¿Te desagradó? Aquella vez.–

Hice esa pregunta con el corazón en la mano, es que yo no me podía hacer a la idea de que simplemente no le gustara, cuando su cuerpo respondió muy bien. Quizá si ella hubiera tenido problemas para humedecerse lo pensaría, pero su cuerpo fue honesto.

-Como dije, solo causa problemas. –

Dijo finalmente.

-No estás diciendo que no. –

-Cállate. –

Dijo ella, yo sonreí. Y me acerqué a ella, lo suficientemente cerca para escuchar su respiración acelerarse.

-Cierra los ojos. –

-¿Cómo? –

Preguntó ella, con cara de no entender.

-Ciérralos. –

Sanae obedeció. Lo sabía, ella guardaba ese recuerdo como algo importante, tal vez vergonzoso, pero no del todo desagradable. La prueba estaba en que, desde que se lo recordé, ella había estado pensando en tener más de ello. Quizá antes, desde que su hermana menor le mencionó esas cosas.

Ella dijo que no podía soportarlo. ¿Qué era lo que no podía soportar?

Pasé una mano por su muslo, ella tenía los brazos cruzados, así que no opuso nada de resistencia. Su voz se endulzó en seguida, hablaba como si tuviera doce años ahora. Era tierna.

-¿Qué estás haciendo? –

Preguntó ella, sin abrir los ojos.

-Si me dices que me detenga, me detendré, solo quiero… probar suerte de nuevo. –

Le dije, susurrándole al oído. Esto la hizo cerrar más los ojos y enrojecer, pero no me detuvo.

-Pienso que lo único que realmente necesitas, Sanae….

Pasé una mano por en medio de sus piernas, acariciando levemente su entrepierna con los dedos, todavía por encima de una ropa interior que yo sentía de encajes.

Ella dio un saltito, seguido de un pequeño “Oh” de satisfacción, tímido, e incluso un poco inocente. Creo que su mente estaba regresando a ese día en el colegio, aunque su cuerpo ya no fuera el de una chica de colegio. Había crecido, mayormente para bien.

-Es alguien que te entienda un poco ¿No crees? –

Pregunté, tomé su oreja con mis labios después de ello, hizo “Kya” y apretó sus piernas, pero no me detuvo.

-Nos van a ver. –

Se quejó ella, había lagrimas en sus ojos.

-Nadie nos va a ver, estamos solos… Sanae. –

Ella se relajó un poco y separó finalmente sus piernas, con un suspiro, yo puse mi mano justo en medio de todo y presioné ligeramente hacia arriba. Pude sentir sus pantis mojarse mientras ella alzaba la cara sin abrir los ojos.

-¿Lo ves? Se siente bien después de todo ¿No es cierto? –

-Si pero… –

-¿Pero? –

Pasé mis dedos poniendo un poco más de presión, sus rodillas se contrajeron.

-Es indecente. –

Dijo ella, tratando de controlar su voz.

-Está bien ser indecente a veces. –

Moví sus pantis a un lado para poder tocarla directamente, ella se llevó una mano a la boca. Sanae enrojeció, y como era extremadamente blanca, se notaba mucho.

Era una cara linda de ver, y excitante además.

Era atractiva a su manera.

-Es injusto que lo digas así. –

-Lo que es injusto es que seas así de linda, y no dejes que nadie lo disfrute. –

Respondí, Sanae comenzó a mover sus caderas hacia adelante y hacia atrás, presionando ligeramente hacia abajo para no perder el contacto con mis dedos. Poco a poco, mis dedos fueron separando sus paredes y entraron en su vagina, sin que yo hiciera realmente nada.

-Pero… has abusado de mi antes… –

Se quejó ella, con los ojos llorosos y la voz chillona que ponía cuando se excitaba.

-Pero no quiero abusar, quiero que me dejes hacerlo. –

Le dije. Ella negó con la cabeza.

-Estas manipulándome… sólo lo dices para acostarte conmigo. –

-Es cierto, quiero acostarme contigo ¿Eso es algo malo? Eres muy linda, después de todo. –

Como he dicho, ella estaba moviéndose sola. Yo ya no estaba haciendo otra cosa más que mantener mi mano allí. Poco a poco, la dejé que ella fuera colocando el ritmo, mientras la besaba en el cuello y pasaba mis labios por los oídos para decirle lo que estaba diciéndole.

-Eres un hombre malo… no debería hacer esto contigo… Sólo te estas aprovechando de que estamos solos, como antes… eres peligroso. –

Sonreí y quité sus manos de enfrente con delicadeza, para poder acariciar sus pechos, metí mi mano por debajo de la blusa, ella no detuvo su movimiento, es más, puedo decir que estaba acelerándolo un poco.

-Entonces no debiste quedarte a solas conmigo. –

Respondí, ella se sobresaltó cuando metí mi mano incluso por debajo de su sostén y presioné su pezón, que estaba duro.

-¿Yo cómo iba a saber? Es tu culpa, todo es tu culpa… yo no he hecho nada. –

-Es mi culpa… –

Admití. Creo que de lo que se trataba era precisamente de no sentirse culpable por lo que estaba sintiendo. No entiendo muy bien esa reacción en ella, ya que ella estaba siendo muy activa en realidad, pero… en favor de su salud mental, decidí que seguiría con esto de esa forma.

-¿Lo ves? Yo tenía… razón… –

Pero no dejó de hacerlo. No me empujó, no dejó de moverse, ni siquiera intentó sacar mi mano de dentro de su sostén, yo tome su pezón con los dedos y comencé a moverlo hacia abajo y hacia arriba, con algo de fuerza.

Sanae perdió la fuerza de sus piernas y recargada como estaba en la pared, se dejó caer, con las piernas abiertas, me miró, expectante. Como no quería perder el momento, me hinqué frente a ella y la besé contra la pared, sin dejarla reaccionar. Mis manos desabotonaron su blusa.

Ella opuso algo de resistencia, cubriéndose con una mano y sosteniéndose en el suelo con la otra.

-Mis… pechos… no… –

Dijo ella, yo le di un beso en los labios, mi lengua separó sus labios y comenzó a juguetear con la suya.

-¿Hay alguna razón? –

Pregunté, sin quitar mis manos, pero tampoco intenté nada.

-Son… desagradables. –

Dijo ella, bajando la cabeza, la obligué a volver a levantarla con un beso.

-¿No puedo verlos? –

Pregunté, ella negó con la cabeza, yo continué acariciándola entonces, sin abrir su blusa, solo metiendo mis manos. No sentí nada desagradable, eran grandes, y sus pezones se sentían duros incluso por encima del sostén.

-Tus manos… están calientes… está… ¿Está bien si te abrazo? –

Preguntó ella, yo asentí, y volví a besarla. Ella me puso los brazos en el cuello y comenzó a besarme con fuerza.

Un cliente entró en la tienda, yo me puse de pie de inmediato con el sonido de la campana, y Sanae se cubrió cerrando su blusa y bajando la cabeza. No le di importancia mientras salía a atender afuera.

El cliente compró su pan, le cobre, puse el dinero en la caja y volví adentro. El mueble donde estaba la caja impidió que yo hiciera el ridículo frente al cliente, pero cuando volví a donde Sanae, el bulto en mi pantalón se notaba demasiado.

-¿No se dio cuenta de nada? –

Preguntó ella, supongo que un poco insegura. Yo negué con la cabeza, estaba un tanto inseguro acerca de si debería continuar. Después de todo, a su hermana pequeña le habían interrumpido de la misma forma y eso arruinó todo.

Ella no se había movido, levantó la vista para preguntar si ya se fue, y entonces vio el bulto en mi pantalón, que llamó su atención inmediatamente. Lo miró por un largo tiempo, como hipnotizada, incluso hizo que me diera un poco de vergüenza.

-¿Pasa algo? –

Pregunté, ella me miró, con la cara roja.

-Está muy grande… y muy duro… –

Dijo ella, mirándolo con atención. Yo traté de no avergonzarme, lo conseguí a medias, y asentí con la cabeza.

-Eso… estuvo dentro de mi ¿No es verdad? –

-Pues si… –

Respondí, avancé un paso, estaba a escasos centímetros de su nariz ahora, provocándola, ella lo miró aún más detenidamente.

-Y… ¿vas a ponerlo allí otra vez?-

Preguntó de nuevo.

-Bueno ¿eso es lo que quieres? –

Pregunté, ella negó con la cabeza.

-No me hagas decir esas cosas. –

Finalmente se animó, quiero decir, a actuar, extendió su mano y la puso sobre el pantalón, sintiéndolo.

-Puedes bajar la cremallera si quieres. –

Ella abrió los ojos todo lo que pudo y me miró.

-Yo… no podría… –

Respondió, yo suspiré, pero decidí que lo mejor es que ella fuera quien dirigiera esto, incluso si no quería hacerlo, o le daba pena.

-De acuerdo, entonces… quita la cremallera. –

Ella me miró, un poco enfadada.

-He dicho que… –

-Quítala. –

Repetí, Sanae bajó la cabeza.

-Entiendo… es solo porque tu mee lo estás ordenando… no es que quiera verlo ni nada por el estilo. –

¿Tsundere? Me preguntaba, aunque nunca había sentido que esta fuera ocasión para actuar así. Como quiera que fuera, después de unos momentos, mi pene se liberó de su prisión y se extendió directamente hacia su nariz. Ella tragó saliva.

-Está muy grande… –

Dijo ella.

-Tal vez, pero entró muy bien la última vez ¿Recuerdas? Lo metí todo. –

Ella asintió, sin dejar de tocarlo, sus manos se llenaron de líquido pre-seminal, pero eso a ella no pareció importarle.

-Se sintió bien aquella vez… me gustaría… sentirlo otra vez… –

-Lo haré si haces algo por mí. –

Respondí, sonriendo. Como he dicho, no la estaba tocando para nada, dejé que ella llevara esto de la forma que ella quisiera, aunque ahora estuviera tan asombrada que no podía despegar la vista. Tiene sentido si tomamos en cuenta que ella no pudo ver nada la última vez.

-¿Eh? ¿Qué tengo que hacer? ¿Por qué tengo que hacer algo? –

-Bueno, si recuerdas bien, recordarás que estuve lamiéndote allí antes de meter esto… quiero que hagas lo mismo por mí. –

-¿Tengo que lamerlo? –

Preguntó ella asombrada.

-¿No quieres? –

-Bien yo… es un poco repentino… no sé cómo se hace. –

Se quejó ella. Yo me cansé de sus quejas y lo metí por sorpresa. Ella ya no lo soltó, lo sostuvo con la mano y comenzó a lamerlo, tímidamente primero, mirando hacia arriba para ver si yo no llegaba a encontrar desagradable algo de ella. Pero yo solo sonreí.

No diré que era buena, pero… se estaba esforzando. Después de un rato, ella lo lamía con mucho interés, aunque no lo metí dentro de su boca. Esto estaba lo suficientemente bien por ahora.

-Sabe bien… es salado pero… me gusta… un poco. –

Dijo ella, entre lamidas.

-Me alegra que así sea. ¿Crees que podría hacerte lo mismo a ti? –

Eso la detuvo. Lo sabía, era un punto peligroso, ella me miró sin decir nada por unos momentos, juntando sus dedos.

-Todavía… es vergonzoso… yo…. –

-Está bien si no quieres, no voy a obligarte de todos modos, pero a mí me gustaría. –

Expliqué, ella se puso de pie, y bajó un poco sus pantis, que estaban demasiado mojadas para ser útiles.

-No le vas a decir a nadie ¿Cierto? Guardarás esto como un secreto. –

Preguntó, yo la tomé de la mano y la ayudé a sentarse sobre una de las mesas. Una vez que la tenía donde la quería, separé sus piernas con las manos y metí mi cara.

-Toshikane… eso es… muy agresivo… espera. –

Dijo, tratando de interponer sus manos en medio de mi lengua y su entrepierna, pero las aparté con un gesto y continué.

-Me llamaste por mi nombre… –

Le dije, sin dejar de hacer lo que estaba haciendo. Sanae se sostuvo de la mesa.

-Lo siento… yo… no puedo… no estoy…  pensando con claridad. –

Dijo, ahora se sostenía de la mesa para no caer. Sus ruidos comenzaron a ser más fuertes.

-Tienes que bajar la voz, o nos van a escuchar afuera. No quieres eso ¿Cierto? –

Pregunté.

-No… pero… no puedo evitarlo… esto es…–

La mesa comenzó a chirriar con el sonido de su cuerpo yendo y viniendo al compás de mis lamidas, sonido que pronto se unió al sonido lascivo que ella dejaba salir de su garganta. Decidí que era hora de aumentar la intensidad y separando sus paredes, introduje toda mi lengua dentro de ella.

-La metiste… está dentro de… mi parte especial. –

“Mi parte especial” era la primera vez que escuchaba a una mujer de más de veinte años decirle así, en este contexto al menos. Tuve que hacer un esfuerzo para no reírme. Lo cierto es que aunque su mentalidad era todavía infantil, su cuerpo respondió como el de una mujer hecha y derecha, de eso no me puedo quejar.

-Esto es… tan sucio… yo… está dentro… –

Pude sentir como su vagina comenzó a contraerse y ella comenzó a llorar, sosteniendo sus rodillas con fuerza al tiempo que un chorro de jugos vaginales saltó y cayó justo sobre el pan que había sacado a enfriar.

Al igual que la última vez, ella terminó luchando por respirar, con algo intermedio entre risa y llanto.

-Parece que le has tomado gusto a estas cosas… –

Comenté.

Ella alzó la vista para mirarme.

-No es mi culpa. –

Se quejó ella, todavía con lágrimas en los ojos.

-No es culpa de nadie, pero lo disfruté. –

Respondí, estirándome un poco. Había que ponerse a trabajar, sobre todo para recuperar la os charolas de pan que se arruinaron.

-¿En verdad? ¿Sabe bien? –

Preguntó ella, insegura. Por toda respuesta, tomé una pieza de pan, de esas, y la mordí, ella enrojeció y giró la cara.

-Pervertido. –

Se quejó ella.

-No suenas muy convincente cuando tienes las pantis en las rodillas, ahora acomódate la ropa o te atacaré de nuevo . –

Le dije, ella se apresuró a bajar de la mesa, todavía respiraba con dificultad.

-¿Más? Eres un monstruo. –

Se quejó, yo me acerqué a ella y metí mi mano en su entrepierna, más que nada para mostrarle que estaba decidido.

-Lo soy… –

Le susurré, ella se sobresaltó.

-Kya. –

Dijo ella y se apartó de mí.

-De ahora en adelante me mantendré todo lo alejada de ti que pueda. –

Aseguró ella, yo asentí mientras ella se acomodaba las pantaletas.

-Aunque… a decir verdad… no parece que sea muy buena escapando de ti… siempre me acorralas. –

Dijo y sin decir más, salió de la panadería, mientras yo comenzaba a meter más pan en el horno. Era incorregible, pensaba, pero creo que estaba bien así.

Cuando iba camino a mi casa, me encontré con Kamine en la puerta de su casa, ella parecía pensativa, tenía un cuaderno y un lápiz en las manos. No me acerqué, pero ella se acercó cuando me vio abrir la puerta.

-Hola. –

Comentó, no parecía molesta ni nada por el estilo, a diferencia de la última vez.

-Y… ¿Cómo les fue? –

Pregunté, ella negó con la cabeza.

-No quiso contarme, le di varias pistas acerca de que intentaba saber sobre ello, pero ella las ignoró todas. –

Explicó. Luego encogió de hombros. No era eso lo que había venido a decirme.

-Por otro lado, la señora Fushima ha hablado con mi madre esta mañana, no sé exactamente de qué, pero luego de lo que les hiciste a ambas, no es difícil imaginarlo. –

Explicó. Así que la leyenda estaba creciendo.

-Pienso que lo estamos haciendo bien. –

Dijo.

-Yo también, aunque dos personas me parece demasiado poco. –

-Lo mismo pensé, por eso estoy buscando prospectos, pero tiene que haber reglas en esto si queremos que la gente lo crea, tiene que haber un método. –

Dijo ella.

-¿Cómo una señal? –

-Sí, pero más que eso, algo que desencadene el asalto, he pensado que tiene que ser una mujer que haya pasado mucho tiempo sin su marido. De otro modo se entenderá como una violación. –

-Bueno, ese era el plan inicial. –

Asentí con la cabeza.

-Y ahí es donde todo se tuerce, porque todas las señoras del vecindario están casadas, y no hay más que hayan estado sin su marido. –

Explicó, yo asentí, entendía el problema.

-Pero luego lo pensé… no tiene que vivir en nuestro vecindario ¿No es cierto? Basta con que trabaje aquí. –

Comentó ella, mirándome peligrosamente.

-Tienes que estar bromeando. –

Respondí, intuyendo a quien se refería. Kamine me ignoró, colocándose el lápiz en la bolsa.

-Nuestra siguiente víctima. –

-No te escucho. –

Le dije, pasando de ella. Kamine me siguió.

-La señora Fumishi. –

La señora Fumishi ya no vivía en nuestro barrio, pero era la dueña de un pequeño local que funcionaba como supermercado. Claro que no venía siempre, tenía empleados y todo, pero… en teoría, no estaba fuera del rango.

-No puedes pedirme eso. –

Respondí.

-Tienes que hacerlo. –

-No lo entiendes… yo no puedo ir allí. –

-¿Por qué no? Es perfecta, y es bonita además. –

Preguntó. Claro que era una señora bonita, era la madre de Akane. Su marido viajaba mucho, lo sabía, porque… era el padre de Akane.

-Por qué no se puede. –

Respondí.

-Es por la hija ¿No es cierto? –

Preguntó ella, entrecerrando los ojos, yo no respondí.

-Escucha, no tienes que ir hasta su casa, puede ser aquí mismo, de hecho, creo que es mejor si es aquí. –

Insistió.

-Aun así. –

Repliqué. Kamine suspiró, dándose cuenta de que no me iba a convencer, al menos no de momento.

-Escucha, investigaré todo lo que pueda para darte un acceso seguro cuando ella se pasee por aquí… mientras tanto, piénsalo ¿De acuerdo? –

-¿Qué tal si paramos ya? –

Pregunté.

-¿Ehh? Justo cuando se acercaba otra buena oportunidad con mi madre… ella va a extrañarte tanto… –

Se quejó.

-Si pero… –

Ella tomó mi entrepierna con su mano, sonriendo y apretó un poco.

-Esto, es todo lo que importa. –

Dijo ella, y sonriendo, salió saltando de mi casa.

Después de eso, lo único que hice fue enviar un mensaje a Mizore.

“He salido ya del trabajo ¿Ha tenido un buen día? Espero no estar interrumpiendo ni nada por el estilo”

Fue lo que le envié y me acosté, mirando la televisión.

“He tenido un buen día, mi madre está de mejor humor y hemos salido a comer. Debería decirle que te invite la próxima ves ¿No crees? Te extraño.”

Eso fue lo que ella envió de regreso.

Revisé mi buzón mientras tanto, había otro mensaje.

“Ahora que has dejado de responder ¿Debería pensar que estas ocupado? No es que estés perdiendo el interés ¿Cierto? Ah vamos, solo un poco más…”

Era de Sakyomi, la novia de Sushake. A todo esto, me preguntaba lo que pensaba él de todo esto. ¿Lo sabía siquiera? Le preguntaría mañana en la escuela.