Haru no Yurei C18

Modo nocturno

Capítulo 18: Máscaras.

Al día siguiente, mientras estábamos en el descanso, me acerqué a Sushake para comer el almuerzo. Él llevaba un obento hecho seguramente por su novia. Hay que decir que era grande.

-Comienzo a sentir algo de envidia de esos desayunos. –

Comenté.

-Deberías pedirle a esa Kamine que te prepare algo entonces. –

Comentó él.

-A no ser que no sea buena en la cocina. –

Agregó después, mordiendo un trozo de algo.

-Ella no es mi novia. –

Respondí. Él me miró extrañado.

-¿En serio? Entonces porqué… –

Y miró a Kamine, quien estaba en otra mesa, con alguna de sus amigas.

-No lo sé… solo me dijo que quería, ella es así. –

Expliqué, Kamine se dio cuenta de que la miraban, volteó, y le guiño el ojo a Sushake seductoramente. Sushake tosió un poco para recuperar la compostura.

-Diablos, y yo que quería un poco más. –

Comentó.

-Ya que tocamos el tema… ¿sabes? –

Comenté, él me miró, interesado.

-¿Te ha dicho algo? –

Preguntó él.

-No es eso… es que… bueno, tu novia…. –

Comenté. Todavía inseguro de querer decirle.

-Ah, eso… no deja de molestarme a mí tampoco. ¿Cuándo me dejarás verlo? ¿Cuándo podré? Etcétera… debiste apresurarte aquel día. –

Explicó.

-¿No te molesta? –

Pregunté. Él negó con la cabeza.

-No mucho… ella dice que solo se quedó con ganas, y si comienzo a reclamar ella empieza con aquello de “no es justo, tú lo hiciste completo” y demás basura. –

Explicó, parecía problemático.

-Pero… eres su novio. ¿No haces esas cosas? –

Pregunté, él asintió con la cabeza.

-Bastante… muy seguido… pero… a ella le gusta probar cosas nuevas, no es como que ella no disfrute ni nada por el estilo… pero me lo recuerda a veces. –

-¿Incluso en esos momentos? –

Pregunté, un tanto asombrado.

-A veces… le he prometido que te lo comentaría, pero le advertí que puede que tu no tuvieras interés en ella, es decir, a ti no te gusta, ni nada ¿O sí? –

Preguntó, aquello me recordó a Akane, y con ello, lo que Kamine me había dicho.

-Más que nada pienso en ello como una práctica. –

Expliqué. Él asintió.

-Lo mismo pensé. –

Dijo y suspiró.

-En fin, se supone que trataría de saber si estabas o no interesado, pero pienso que es mejor que no le diga nada de esto, seguro que encuentra la forma de usarlo en mi contra. –

Explicó él. Yo asentí, sonriendo. Y no hablamos más de aquello en ese momento. Luego de las clases, me despedí de él casualmente y me dirigí a mi trabajo. Incluso llegó un nuevo mensaje de Sakyomi.

“En vista de que no has respondido, supongo que puedo considerar que estoy siendo una molestia, no iba a enviar nada pero quería disculparme. Llámame si un día tienes tiempo”

Suspiré. No podía dejar las cosas así. No es que tuviera un especial interés en contestar o no hacerlo, pero ahora que sabía que a Sushake no le molestaba… más o menos, creo que podía simplemente responder amablemente.

“No es que no quiera responder o que seas una molestia. Pero tengo un trabajo después de la escuela, y por otro lado, bueno, pensé que ahora que Sushake no obtendría nada, no querría compartirte, es tu novio después de todo.”

Eso fue lo que le contesté.

No llegó un mensaje de vuelta. Espero no estar metiendo a Sushake en más problemas, según me explicó, ella había estado insistiendo. No quería que pensara que mi negativa se debía a Sushake. La realidad es que también había tenido otras cosas que hacer.

Entré a la panadería donde estaba mi jefe, sonriendo como siempre. Pero había alguien más allí. Minase estaba con su padre, y estaba viendo algo en su cuaderno.

-Es un gusto verte. –

Comenté, ella me miró y me ignoró después de aquello. Seguro que estaba enfadada, es decir, había dejado de verla por completo y ella nunca entendió por qué. No es como que pudiera explicárselo, de todos modos.

Su padre me habló luego de eso.

-Bueno, no me sorprende que no se comporte, le he reñido esta tarde porque sus notas bajaron. Ella insiste en que no entiende a los maestros en clase. –

Explicó el hombre. Otra persona que tampoco sabía lo que había pasado.

Minase se puso de pie de pronto.

-Quiero un jugo. –

Dijo ella y salió de ña panadería, acomodándose el pequeño y ajustado short sin prestar demasiada atención.

-Sé que he estado tomando mucho más del tiempo que debería, pero ¿En verdad no se puede? Solo un poco más, si ella pasa los exámenes estaré más que feliz, luego te dejaré volver a tu vida normal. –

¿Qué era lo que le había dicho Sanae acerca de todo esto? Es decir, por algo pareció olvidar aquello de las lecciones, pero lo cierto es que yo no entendí por qué.

-Si bien… yo… –

No estaba seguro de lo que él sabía, así que no podía tener una respuesta segura, pero él extendió un sobre, diferente de los que usaba para pagarme.

-Escucha, tómate el día libre, piénsalo… son entradas de cine… sé que estoy siendo muy poco profesional aquí, pero no sé qué haré si ella reprueba este curso… iba a dárselas a Minase para que fuera con sus amigas, pero no puedo premiarle por sus malas notas ¿No es cierto? Otra cosa es que yo sabía que esto pasaría y no conseguí a alguien, es mi error. –

El señor daba pena. Y daba más pena saber que estaba preocupándose por nada, y aún más porque él no sabía lo que realmente pasaba… creo. Supongo que lo imaginaba. ¿Qué adulto deja a un chico y a una chica solos sin… imaginar lo que puede pasar?

Su padre no la veía como a una niña pequeña, él sabía que estaba creciendo. Su edad rebelde lo comprobaba.

Tal vez pensaba que era una buena idea. Algo como “Los dejo solos y ellos terminan saliendo y yo consigo un tutor seguro y casi gratuito”

-Pero… no iba a tomar el día libre. –

Comenté.

-Vencen hoy. –

Respondió él. Y suspiró.

-Mi esposa las ganó en un concurso de la radio, como dije, iba a dárselas a Minase. Sanae no iba a aceptarlas y se desperdiciarán… –

Yo suspiré. No podía negarme después de que estaba siendo tan insistente, además había que recordar que yo básicamente me mantenía de este trabajo. En cierto modo, sentí que se lo debía.

-De acuerdo, sólo una cosa… sobre lo que le mencioné a Sanae, era temporal, no quise en ningún momento rechazar sus ofertas. –

Mi jefe sonrió luego de eso.

-Entiendo. –

Mientras salía, regresó minase, me miró con mala cara.

-¿A dónde vas? –

Preguntó ella, molesta.

-Tengo el día libre. –

Y encogí de hombros.

-Bien por ti. –

Respondió ella, con tedio.

-Tienes que mejorar esas notas. –

-No puedes decirme qué hacer. –

Replicó ella. Yo encogí de hombros. Iban a ser lecciones difíciles, según parecía.

De camino a casa, sin nada que hacer, me dediqué a pasear un poco por la plaza, antes de preguntarme lo que debería hacer con las entradas.

En ese momento, sin saber cómo ni porque, me detuve frente a una tienda de artículos… religiosos. Eran cosas para celebraciones. Yukatas, kimonos, algunos cascabeles y estatuas de buda. Inciensos. Cosa como esas. Pero lo que me llamó la atención, fueron las máscaras de Onis que vendían, imagino que para representaciones.

Si yo usara una de esas cosas, no podrían tomarme por un ladrón, pienso yo. Por otro lado, eso evitaría que vieran mi rostro. Era perfecta. No sé porque no se me ocurrió antes.

No pude evitarlo, simplemente entré, tomé la que me pareció menos agresiva (porque algunas eran incluso rojas y con cuernos) y la compré. Era hora de darle un rostro a este fantasma. La guardé lo mejor que pude para que nadie viera que la había comprado y salí de la tienda.

Fui directo a mi casa, emocionado porque por fin tenía algo con que ocultarme. Esta mascara sería mi segunda identidad, el saber que si me la ponía no sería reconocido me hizo sentir hormigueo en las manos. Por fin iba a volver a estar en la habitación de la señora Kaoru.

Bueno… para eso, primero había que ir tras la señora Fumishi. Pero luego de eso todo estaría bien. Sin pensar mucho en lo que tenía que hacer antes, comencé a fantasear con la idea de hallarme de nuevo en la habitación de la señora Kaoru, y por fin ver en vivo y a todo color esas suaves y regordetas tetas que tanto me gustaban.

No había tocado otras iguales. Para qué mentir, ella seguía estando en el top diez, sólo por esas tetas enormes y pesadas.

Ah, rayos, estaba babeando de solo pensar en chupar eso pezones. En ese momento llegó un mensaje a mi celular.

“No deberías preocuparte por él, sé lo que hay que hacer para que esté feliz aun con todo, es relativamente fácil, tanto como lo fue para ti hacerme feliz a mí. Y ¿Vives solo? Vaya, eso no me lo esperaba, no preguntaré detalles pero, avísame si un día estas libre, si tienes algo de tiempo para mí y para este enorme trasero que se muere por una sesión de lamidas de lujo.”

Lo pensé por un momento. Tenía el día libre, entradas para el cine… la casa sola.

No había que decir más. El destino me sonreía un poco. Luego me la cobraría, estoy seguro, pero por ahora, a disfrutar.

“Sucede que hoy es un día libre, y ¿Sabes algo? Estaba pensando que justo podía pasarlo divirtiéndome un poco, incluso tengo entradas para el cine, si no tienes nada que hacer…”

Y esperé, mientras tanto, tomé otro Onigiri del refrigerador, y me senté en la sala.

Después de un rato, llegaron dos mensajes a mi celular. El primero de ellos, de Sakyomi.

“Estoy con Sushake ahora mismo, le he preguntado y él ha dicho que “lo que sea para terminar con esto de una vez” así que yo no creo que haya problema. Lo contentaré y entonces iré contigo ¿De acuerdo? No tendrás que esperar mucho”

Eso fue lo que dijo. Diablos. No pensé en eso. “lo contentaré” ¿Qué quería decir con eso? ¿Estaban haciéndolo justo ahora? Leí el segundo mensaje.

“Eres un salvavidas, hermano. Me ha dado el mejor oral de mi vida sólo porque le he dicho que estaba bien. Disfrútala. Te debía una, así que te la pagaré con esto.”

Y una fotografía. Era de Sakyomi, estaba mostrando su lengua, desnuda e hincada. La foto la habían tomado desde arriba, creo que ella estaba mostrando que no había quedado nada en su boca.

Vaya una pareja de swingers, estos dos. Nunca me imaginé que sería tan fácil para Sushake…. Aunque bien pensado, creo que por ahora, estaba bajo el hechizo de esa zorra de Kamine. Esa chica no será muy bonita, pero tengo que admitir que es buena en la cama.

No estaba prestando mucha atención a Sakyomi. Espero que no se arrepienta mucho después. Aunque a juzgar por la reacción de Kamine, no creo que le importe mucho a estas alturas.

Hay que ver que todo lo que se necesita para encantar o desencantar a un chico es un empujón… de entrañas… las entrañas de una buena y linda chica, y él dar el empujón.

Quedamos después de eso para vernos, Sakyomi y yo. Ella llegó vestida con un vestido azul muy lindo, y el cabello peinado con una diadema y un prendedor. Hay que decir que se veía bastante linda. Me sentí un poco mal porque me di cuenta de que los había interrumpido durante una cita.

O quizá la cita estaba a punto de terminar cuando llegó mi mensaje.

Lo primero que me dijo, en lugar de saludar, fue:

-Ya me lavé los dientes, así que estoy limpia. –

Yo me reí un poco.

-Comencemos con el pie derecho ¿De acuerdo? –

Pregunté.

-Ah, lo siento, no estoy pensando con claridad, he venido esperando por esto todo el camino. –

Dijo ella y comenzamos a caminar. ¿Esperando por qué? Me preguntaba. Pero me deshice de esos pensamientos porque comenzaba a tener un problema en el pantalón. Y estábamos en la calle.

-¿Te parece si primero vamos al cine? Es decir, no es que tenga ganas de ir ni mucho menos, pero tengo entradas, pensé que se desperdiciarían. –

Comenté.

-Ah, ya entiendo… quieres hacerme esperar ¿No es cierto? Bien… por mí no hay problema, no tengo prisa. –

Comentó ella, sonriendo, yo batí la cabeza y entramos al centro comercial.

Mientras subíamos las escaleras eléctricas, por poco se detiene mi corazón. Fumishi Akane, estaba justo enfrente de nosotros, hablando con no sé quien, una chica, supongo que amiga suya.

-¿Pasa algo? –

Preguntó

-Vamos… por otro lado. –

Respondí, girando la cara.

-¿Por qué? –

Preguntó ella, en voz alta y sin entender lo que pasaba. No la culpo, de todos modos.

-Shhh, no quiero pasar cerca de esa chica, no quiero que me vea. –

Expliqué.

-¿Te hizo algo? –

Preguntó ella, y volteé a verla… fue raro, ella parecía seriamente preocupada, aunque el asunto no le concernía en absoluto.

-Me rechazó… –

Respondí, halándola para no cruzarme con Akane.

-Ahh, es eso…. Entonces vamos. –

-¿Qué? No… espera… no quiero que me vea. –

Sakyomi suspiró. Y eso, fue lo que cambió por completo la visión que yo tenía de ella.

Sakyomi era una chica preciosa, a quien yo juzgué sin mucho cerebro, hablaba fuerte, no sabía leer el ambiente, era inoportuna, pervertida y con pocos escrúpulos. La clase de chica que se acostaría contigo por cualquier estupidez. Esa era la clase de chica que yo pensé que era.

No diré que me equivoqué, porque bueno, en estos momentos, ella estaba aquí porque iba a acostarse conmigo. Tenía novio y eso no le importó en absoluto (al novio tampoco) pero la juzgue mal. Porque ella era una chica, y muy linda, con una figura envidiable y con un trasero tan grande que a veces la acomplejaba. Sus pechos eran grandes también, diría que copa C o más.

Y siendo una chica, sabía perfectamente el efecto que su figura tenía en los chicos, y lo más importante, en las otras chicas. Ese día, Sakyomi me demostró que sabía lo que hacía. Que fingiera estupidez era otra cosa.

-Pero vienes conmigo, una chica linda. –

Me dijo ella, jalándome, y antes de que pudiera decirle cualquier cosa se paró justo enfrente de Akane, y me abrazó con fuerza apretándome contra su pecho. Todo el mundo nos miró.

Incluso Akane.

No pudo ignorarlo.

-¿¡Disculpa!? –

Preguntó Akane, dándose cuenta de que me conocía. Yo voltee a verla, todavía asustado.

-Si eres tu… ¿Qué estás haciendo aquí? –

Preguntó ella.

-Vengo al cine. –

Respondí, todavía aturdido, Sakyomi preguntó:

-¿Se conocen? –

Estaba fingiendo demencia, Akane se llevó un dedo a la frente.

-Si… es un amigo del instituto… yo… ¿Ya se dieron cuenta de que están en público? –

Preguntó ella. Aquello no tenía nada que ver con estar en público. Ella fue la única que reclamó. Los demás nos ignoraron en cuanto ella me soltó, incluso la chica que venía con ella, quien no parecía siquiera entender por qué Fumishi se había acercado a nosotros.

-Si bueno… –

Comencé a decir.

-¿Una amiga del instituto? ¿Por qué no me hablaste sobre ella? Es adorable. –

Preguntó Sakyomi, fingiendo que me reclamaba, yo la miré sin saber qué decir exactamente, luego miré a Akane.

Otro golpe, básicamente lo que le dijo fue “Eres tan insignificante que él nunca me habló de ti” y Akane trató de reconfigurar su posición luego de eso.

-Y tú eres… –

-Sakyomi, puedes decirme chan si quieres, soy su novia. –

Y otro más. Me quedé perplejo. Ese muro impenetrable que yo había tratado de derribar durante años, esa estúpida cara sonriente que ella siempre tenía cuando hablaba contigo, esa fortaleza de la que ningún chico pudo sacarla, cayó en unos minutos frente a una chica con toneladas de confianza en sí misma.

Eso es. Eso fue lo que la derribó. Sakyomi rebosaba de confianza cuando respondió.

-Si bueno… –

Me quedé callado. Esa fue la primera vez que la vi enfadarse, en toda mi vida. No importaba lo que hicieras, no importaba lo que le dijeras, ella siempre respondía con esa sonrisa distante y era amable mientras te hacía pedazos.

-No deberían hacer esas cosas en público. Tengan algo de consideración. –

Me dijo Akane, dirigiéndose exclusivamente a mí, con la sonrisa quebrada de lo que quedaba de su orgullo, lo supe en el momento en que ella se despidió.

-Gusto en verte, desconocido-kun. –

Y haciendo un desplante, se marchó. Sakyomi se quedó allí parada, con la cara de alguien que no entiende, hasta que estuvimos seguros de que ella se había ido, entonces me sonrió.

-Listo, estas vengado. –

Dijo ella. Yo voltee a verla, sonreír satisfecha mientras miraba en la dirección en la que Akane había estado parada hacía unos momentos.

-Acabas de ganarte el mejor sexo que pueda darte el día de hoy. –

Le dije, ella aplaudió y saltó levemente.

Comencé allí mismo, en el cine, durante la película. En cuando apagaron la luz de la sala, que estaba vacía aparte de nosotros y otra pareja, me fui sobre de ella levantando su vestido y quitándole las pantis. Ella tuvo que trabajar mucho para no gritar con lo tumultuoso de mi ataque, dos dedos en la entrepierna y dos en la boca para mantenerla callada.

-Si… así… que bien lo haces… –

Eso fue todo lo que la dejé decir durante la película. Ni siquiera recuerdo como se llamaba y me aseguré de que ella tampoco recordara.

Cuando terminó la película, parecía que habían vaciado un café en el asiento, ella estaba acostada en el piso, con el vestido alrededor de su cintura y sus pantis dentro de su boca.

Encendieron la luz y ella se apresuró a vestirse y a peinarse mientras pasaban los créditos de la película.

-Eso fue genial. –

Dijo levantándose.

-No ha terminado. –

Le aseguré, con una sonrisa.

-Yay. –

Respondió Sakyomi, dando un pequeño salto.

Me guardé sus pantis en el bolsillo. Ella iba a decir algo, pero lo ignoré, tomándola de la mano la saqué a tirones del cine. No lo sé, el ver la cara de Akane sin esa sonrisa me hizo sentir muy bien. Y todo se lo debía a esta zorra tonta. Quería pagarle. Quería darle la misma felicidad idiota que yo sentía en este momento.

La llevé al estacionamiento.

-Siento el aire allí abajo… –

Dijo ella, en voz baja.

-Ahora si bajas la voz ¿No es verdad? Pero te lo mereces, vas a estar sin pantis el resto del día porque no te las voy a devolver. –

Le dije, arrinconándola en una esquina, lejos de las miradas de las personas, en la parte donde estaba el extinguidor. Estaba relativamente fuera de la vista de cualquier persona.

-¿Y si hay viento? –

Preguntó ella, con voz juguetona.

-Pues entonces todo el mundo podrá ver lo mojada que estas. –

Le dije, hincándome frente a ella y levantando su vestido.

-No estoy mojada. –

Susurró ella.

-Ah… lo estarás. –

Y comencé a lamer como si no hubiera un mañana, sus piernas, sus muslos, y su vagina por supuesto, incluso succioné su clítoris un poco.

-Tu lengua… que rico… –

-¿Quieres bajar la voz? Nos van a encontrar. ¿Eso es lo que quieres? –

Pregunté, ella no respondió, colocándose un brazo en la boca para tratar de calmarse, yo continué con lo que estaba haciendo.

Después de unos momentos me detuve porque escuché voces cerca. Sakyomi se acomodó el vestido acalorada.

-Vámonos ya. –

Dijo ella, su voz temblaba y sus piernas también.

-Pienso que puedo hacértelo aquí mismo. –

Le dije… Sakyomi se llevó una mano a la boca, sorprendida, pero no asustada. Sonreía de todos modos.

-¿En público? –

Preguntó ella.

-Estabas en público cuando te conocí. –

-Y me interrumpiste… –

Se quejó ella.

Unas personas pasaron cerca de nosotros. No nos vieron, es cierto, pero me hicieron pensar que no estábamos tan en privado como parecía.

-Considéralo como el pago de mi deuda por haber interrumpido aquella vez. –

Salimos de allí después de eso y también de la plaza, ella me tomaba la mano por la calle, empezaba a oscurecer.

-Nunca había ido por la calle sin pantsus… eres más pervertido de lo que pensé. –

Me dijo ella.

-Tu también. –

Repliqué, riéndome un poco.

-¿Tratas así a todas las chicas? –

Preguntó ella, cubriéndose porque estaba haciendo aire.

-No… lo tuyo es especial. –

Respondí. Ella se rio.

-No pensé que tuvieras esos sentimientos. –

Me dijo, malinterpretando mis palabras.

-Te lo explicaré cuando haya terminado contigo, pero déjame decirte algo, lo único que siento por ti son ganas de arrancarte la ropa, no te hagas ideas raras. –

Le aseguré, tocándole el trasero. Ella saltó y gritó.

-Kya. –

Me reí cuando ella hizo ese sonido. Luego suspiró.

-Oh bien, así es mejor, tengo novio después de todo. –

Dijo ella, acomodándose el cabello detrás de la oreja. Llegamos a mi casa luego de eso.

-Así que aquí vives… ahora sé a dónde venir cuando me sienta necesitada. –

Comentó ella, yo abrí la puerta.

-No creo que funcione, no estoy casi nunca, a decir verdad, es mi casa, pero lo único que hago aquí es dormir. Siempre estoy fuera. –

Expliqué. Y ella entró.

-Perdón por la intromisión. –

Dijo, la costumbre, supongo. Yo cerré la puerta tras de mí.

-Itadakimasu. –

Sakyomi volteó inmediatamente, con una sonrisa en la boca, y retrocedió dos pasos.

-Escucha… estoy muy mojada, y muy excitada, y tu estas actuando como un loco y eso me está prendiendo fuego por dentro… puedo decir muchas cosas raras cuando me lo hagas, no vayas a pensar mal ¿De acuerdo? –

No le respondí, solo avancé hacia ella.

-Puedes hacerme lo que quieras, no me importa, sólo… asegúrate de que se sienta bien. –

Agregó ella. No sé para qué me estaba dando indicaciones, en realidad no la estaba escuchando.

-Responde algo… –

Pidió ella. Por toda respuesta, me acerqué y la besé en los labios, ella se resistió.

-Espera… un beso es… –

-Dijiste “lo que quieras” –

Respondí, y volví a besarla, usando mi lengua para abrirme paso hasta la suya. Continué besándola hasta que la llevé a la sala, comencé a presionar sus pechos a medida que ella se iba abandonando para lo que quisiera hacerle.

-¿Te gustan mis pechos? Dime lo que piensas. –

Pidió, a media voz y con la respiración entrecortada, yo paré de besarla para responderle.

-Son deliciosos. –

-Bueno… es que no les prestaste mucha atención la última vez. –

Respondió ella.

-Estaba un tanto insegura por si no te gustaban. –

-Me encantan. –

Mordí su cuello levemente a medida que comenzaba a besarla en otras partes de su cuerpo, Sakyomi se colocó de espaldas para pegar su trasero a cierto bulto que ya estaba comenzando a ser doloroso.

-Me encanta como los oprimes, hazlo más… –

Agregó, moviendo sus caderas de un lado a otro para rozar mi pene que yo no podía sacar porque mis manos estaban ocupadas. Lo cierto es que ella no tenía ropa interior, por lo que el contacto era incluso más sensible. Yo quité una mano de su pecho, pero no para desabrocharme el pantalón, sino para levantar su vestido que ya estaba a medio levantar.

Su hermoso trasero blanco quedó al descubierto, visto desde arriba, era una sensación extraña, pero placentera, Sakyomi separó sus piernas un poco, estaba de espaldas a mí.

-Puedes verlo bien desde allí ¿No es cierto? Mi entrada trasera… puedes intentarlo por allí si quieres… –

Me relamí los labios mientras llevaba una mano a sus nalgas, separándolas un poco para ´poder mirar bien.

-Se ve pequeño. Pero espero en verdad que puedas entrar… –

-Te vas a romper. –

Le dije, fanfarroneando un poco.

-Está bien si se rompe, no quiero salir de aquí como una niña buena, de cualquier modo. –

Me hinqué luego de eso para poder lamer su trasero como había prometido, ella seguía haciendo ruidos mientras yo lamía y daba pequeñas mordidas a su piel.

-¡Oye! Eres un salvaje. –

Me dijo cuándo aumenté un poco más la fuerza de una de mis mordidas.

-Lo siento, se ve delicioso y no pude evitarlo. –

Respondí.

-Pensé que te enfadarías si me mostraba como realmente soy… pero… lo estás disfrutando ¿No es cierto? ¿No te molesta que sea tan sucia? –

Iba a decirle que he vivido cosas más difíciles de aceptar que esta, pero sentí que no era una buena idea. Quizá era mejor si solo la halagaba por ser tan abierta. A mí no me molestaba, no era mi novia después de todo, y aunque lo fuera, seguiría pensando que es algo bueno.

-Es cierto, lo disfruto, tienes derecho a ser así, eres una chica muy sexy después de todo. –

Sakyomi se rio.

-No tienes que ser amable conmigo, no hay necesidad de manipularme, como dije antes, me voy a dejar hacer todo lo que tú quieras… al menos por esta noche, soy toda para ti. –

Aseguró ella, inclinándose para que yo tuviera una mejor vista de su trasero y lo que había en medio de él. Su vagina emergió también con esto, palpitante desde debajo de su trasero.

-Esas palabras me gustan. –

Respondí, y sintiendo que si seguía soportándolo estallaría, simplemente me quité el pantalón, poniéndome de pie.

-Vaya… creo que tenías razón, me vas a romper. –

Dijo ella, yo no pude evitar sonrojarme un poco, coloqué mi pene en medio de su trasero. ¿Cuál de las dos entradas debería usar primero? Me preguntaba.

-¿Y bien? ¿Dónde debería ir primero? –

-Cualquiera está bien, sólo hazlo ya, puedo sentirlo palpitar sobre mi entrada. –

Me reclamó. Creo que iré por su vagina primero. Pero no le dije nada, simplemente retrocedí un paso y luego entré con todas las fuerzas que tenía. Mi pene se abrió paso como si se tratase de una barra de mantequilla caliente.

-Está dentro. –

Gimoteó ella.

-Está besando mi útero, puedo sentirlo adentro de mí. –

Sentí sus paredes acoplarse a la forma del nuevo huésped mientras ella tomaba aliento, su espalda dio un respingo.

-Muy bien, prepárate, voy a moverme ahora. –

-Si… estoy lista… estoy lista. –

No estaba lista. En cuanto di el primer empujón sus piernas comenzaron a perder fuerza. Ella gritó.

-Dentro de mi… tan duro… –

Volví a empujar, asegurándome de acariciar por dentro las paredes que quedaban hacia arriba, jalando todo su cuerpo con mi pene al final del embate, como si intentara enderezarla sólo con lo duro de mi pene dentro de ella.

-Qué bueno es… que bueno es… me alegro de estar viva. –

Gimoteó.

Un nuevo embate, su vagina comenzó a lanzar jugo hacia mí y hacia el suelo, a medida que trataba de lubricar el camino.

-Acabo de venirme, justo ahora… –

-Se siente bien dentro de ti. –

-¿De verdad? ¿Soy sabrosa? –

-Si… mucho. –

Y comencé a empujar de nuevo, pero en lugar de tomarla de la cintura, como lo haría normalmente, separé su trasero con las manos y sosteniéndome de sus nalgas comencé a jalarla hacia mí.

-Es la primera vez, que alguien usa mi trasero de esa forma, se siente bien… se siente muy bien… –

-Solo puedo hacerlo porque tu trasero es grande. –

Respondí, sabiendo que eso le acomplejaba.

-¿Te gusta así? –

Preguntó ella.

-Si… sirve para llegar más adentro de ti… –

Empujé de nuevo.

-Está cerca, me voy a venir otra vez… –

Anunció. Para evitar que cayera al suelo, pasé mi brazo por en medio de su cintura y la levanté un poco, sosteniéndola y de paso, presionando uno de sus pezones, ella recargó su cabeza sobre mi hombro.

-No te detengas, por favor, esto se siente muy bien… –

Mi otra mano siguió acariciando su trasero, ella pasó sus manos atrás y comenzó a acariciar mi trasero, lo cual fue un poco raro, porque las chicas rara vez se preocupaban por esas cosas.

-Está bien… si me… sostengo de ti ¿No? –

Preguntó ella, con la respiración entrecortada.

-Está bien… haz como quieras. –

Respondí, haciendo un esfuerzo para llegar más y más profundo dentro de ella.

-No puede ir más… lejos que eso… está besando mi interior… no puede entrar más adentro… –

Se quejó, chillando eso casi en el oído.

-Pues lo voy a seguir intentando. –

Repliqué, en ese momento ella comenzó a salpicar sus jugos en todo el suelo.

-Aquí… aquí está… mi cabeza está en blanco… –

Y su cuerpo se contrajo varias veces, pude sentir la tensión en los ligamentos de su cintura al tiempo que ella luchaba por mantenerse en la misma posición en la que estaba, porque el orgasmo la había dejado sin fuerza en las piernas.

La solté y ella se dejó caer de rodillas al suelo, jadeando y sosteniéndose con los codos, yo me tumbé también, detrás de ella, sentándome en la alfombra.

Me esforcé. Hay que admitirlo.

Fue en ese momento quizá que entendí la reacción de Akane. Esta chica era muy linda, y tenía una figura excepcionalmente buena. Joven, linda, con el vientre plano, las piernas firmes, un trasero muy bueno y los pechos medianamente grandes y muy suaves.

Yo tenía bastante suerte de estar haciendo esto con ella. No digo que me considere un mal partido pero, soy más del tipo que se siente… normal. Sakyomi era una belleza, resaltaba mucho ahora que la veía desnuda.

-Nunca me había venido tantas veces en tan poco tiempo. –

Comentó ella.

-Mi vagina está muy feliz ahora. –

Aun respiraba con dificultad. Yo me puse de pie, tratando de recuperar el aliento.

-Bien, sucede que yo no me he venido, así que supongo que puedo continuar. –

Comenté. Ella me miró con los ojos iluminados.

-¿Quieres más? Yay… Sí por favor. –

Coloqué la punta esta vez en su entrada trasera y sosteniéndola de la cintura empujé lentamente. Según sé, esto es bastante doloroso, no sabía que tan lista estaba para ello, así que no podía ser demasiado brusco.

Ella ahogó un grito y cerró los puños.

-Está entrando… es… muy grande… –

-Voy a continuar, si te duele demasiado puedo parar. –

Ofrecí. Ella negó con la cabeza.

-No te preocupes por mi… yo voy a estar bien… de hecho, nunca había… estado mejor… –

Continué empujando mientras ella iba ahogando su gritos, sentí que su cuerpo se contrajo cuando iba por la mitad.

-Ah, sí, que grande… me está… rompiendo… yo… estoy en el cielo. –

-No tienes que exagerar. –

Respondí. Hay que decir que el entrar así también resultó un poco… doloroso para mí, esa es una de las razones por las que estaba haciendo esto con cuidado. Lo admito.

-Esa era una salida… pero también es entrada ahora… mi cabeza está flotando… yo… –

Y llegué por fin hasta adentro, se sentía caliente, y estaba claro que ella estaba disfrutándolo porque su cuerpo no dejaba de contraerse y de temblar.

-Voy a comenzar a moverme ahora. –

Le anuncié, haciéndolo lentamente a medida que dejaba que su cuerpo lo recibiera. En cierto modo fue mucho más difícil que entrar en su vagina, puede ser porque no era para esto, o puede ser porque no estaba acostumbrada, a pesar de que sabía que Sakyomi tenía experiencia en ello.

-Puedo sentirlo… está dentro de mi… tocando mi interior… –

-De verdad te gusta esto ¿No es cierto? –

Pregunté, empujando levemente.

-Si… ¡Me encanta!… es lo mejor… y el tuyo es el mejor de todos… –

Gritó, separando sus manos y sosteniendo la alfombra con las uñas.

-Entonces voy a aumentar el ritmo de esto… –

Y empujé, ella comenzó a mover sus caderas hacia atrás, succionando cada vez con más fuerzas.

-Si… muévete, todo lo que quieras… se siente bien, se siente genial… –

Saqué mi pene lentamente hasta que se detuvo con el borde del glande, y luego volví a empujar con todas las fuerzas que tenía, asegurándome de separar su trasero con las manos para llegar más profundo.

Sakyomi ahogó un grito.

-Eres el mejor… eres el mejor… me voy a venir… me vengo… hnngg. –

No pudo decir nada más, su vagina estalló lanzando néctar a pesar de que no la había tocado para nada. Me quedé estático por unos momentos, Sakyomi trataba de recuperar el aliento.

-Me hiciste venirme… dándome por atrás… estoy flotando. –

Pero yo todavía no me venía, es más, apenas empujé un par de veces y ella perdió el control.

-Pues aun no estoy satisfecho. –

-Sigue… no te preocupes… no te preocupes por mi… puedes usar mi ano para ello… –

Ella lo dijo, no yo. Volteó a verme, estaba roja de la cara y jadeaba.

-De acuerdo, si a ti no te molesta, entonces voy a seguir, lo haré más fuerte esta vez, prepárate. –

-Más fuerte… más fuerte… rómpeme… como a un animal… –

Aquí vamos, volví a empujar y ella volvió a gritar, y continuó gritando mientras yo comenzaba a acostumbrarme. Después de unos momentos ella volvió a venirse, esta vez no me detuve.

-Me estoy viniendo, y aun así… aun así… ¿Tanto te gusta mi trasero? –

-No pienso detenerme hasta que me sienta satisfecho. –

Aseguré, empujando con más fuerza.

-Se siente bien… se siente bien… me volveré loca… quiero que te vengas con mi trasero… –

No estaba acostumbrado a esto. Y tampoco es como que tuviera un fetiche por ello, pero tengo que admitir que se sintió bien, después de unos momentos, terminé por venirme también, arrojando todo sobre su espalda. No sé porque lo saqué si lo que estaba haciendo no era peligroso.

-Está caliente… caliente. –

Comentó, jadeando y recostada sobre la alfombra. Yo había perdido toda la fuerza que me quedaba y me recosté en la alfombra.

Nos quedamos así hasta que recuperamos el aliento. Una vez que eso paso, nos pudimos de pie y nos sentamos en la sala un momento.

-He hecho un desastre en tu alfombra. –

Comentó ella, mirando todo lo que había salido de ella, visiblemente avergonzada.

-No importa… en realidad no me importa nada ahora mismo. –

Dije, sonriendo como un tonto. No importaba lo que hiciera, no podía quitarme esa cara enfadada de la cabeza, hablo de lo que me motivo a atacarla con tanto deseo. El rostro derrotado de Fumishi Akane.

-Eres mucho más violento de lo que creí… me gustaría que mi novio fuera así. –

Comentó ella.

-¿Sushake no hace estas cosas? –

Pregunté. Ella suspiró.

-Si las hace, es decir, es un chico, pero… todavía le da vergüenza, no es que lo haga mal pero… tampoco es como que tenga tanta confianza con él, todavía quiero mantener mi imagen de chica normal un poco más. –

-Ya veo. –

Entendía lo que ella quería decirme, su novio era su novio, la opinión que él tuviera de ella importaba mucho más que la opinión que yo tuviera. Sakyomi tenía una imagen que mantener y por eso es que tenía que encontrar la forma de liberarse.

-Personalmente, no creo que le importe que seas así. –

Sakyomi se rio.

-No es cierto… importa mucho en realidad, él no lo hace por atrás, por ejemplo, y no puedo pedírselo. –

-Parece que te gusta más que el sexo normal. –

Comenté con una sonrisa.

-¿Se nota mucho? –

Preguntó ella con una risita culposa.

-La verdad, es que siempre he sido así, desde que era muy niña, ni siquiera me tocaba como las demás, no hacía más que meter mis dedos detrás para darme placer. –

Explicó luego. Un detalle bastante vergonzoso, si cualquiera me lo pregunta.

-Vaya, entonces las chicas pueden tocarse de esa forma también. No lo sabía. –

Comenté.

-Y cosas como esas no puedo decirlas enfrente de mi novio. Tengo una máscara que mantener. –

Agregó ella, bajando la cabeza.

-Y por ello me lo cuentas a mí. –

Repliqué. No sabía qué le había dado la confianza para decirme eso.

-Contigo puedo ser libre. –

Explicó ella.

-Agradezco tu confianza. –

Asentí con la cabeza.

-¿Qué era todo eso de especial? –

Imagino que la pregunta había estado dándole vueltas en la cabeza.

-Verás… esa chica hace un rato… –

Le conté a ella lo que había ocurrido con Akane, si ella había tenido el valor para confesar que se masturbaba metiendo sus dedos detrás en lugar de adelante, yo podía contarle esto. Ella negó con la cabeza.

– Esa es mascara muy estúpida. ¿“Amar a todo el mundo”? ¿Qué tontería es esa? –

Preguntó ella riéndose.

-Pues eso es lo que ella dice. –

Repliqué.

-Ah… apenas la conozco y no me agrada para nada. ¿Por qué te gusta una chica así en realidad? –

Incluso sentí que se estaba burlando un poco, pero siendo sinceros, no me molestaba. No hacía más que repetir la imagen en mi cabeza de Akane perdiendo la compostura.

-No lo sé, supongo que fue su sonrisa… antes de darme cuenta de lo dura que era esa máscara, como le llamas tú. –

Expliqué, batiendo la cabeza porque yo sabía que había sido un poco tonto de mi parte.

-Bueno, todo lo que puedo decir al respecto es que… ella se lo pierde, hablo en serio, eres muy bueno, y si no estuviera tan cansada, te rogaría que lo repitieras, pero… aparte de todo eso, ha sido grandioso poder hablar con alguien de esta forma. –

Dijo ella, sonriendo sinceramente. A decir verdad me sentía igual que ella. No todos los días podías encontrarte con alguien que pudiera ser así de sincero. A veces hacía falta.

Se puso de pie luego de eso.

-¿En verdad vas a enviarme a mi casa sin pantis? –

Lo pensé por un momento, haciendo parecer que lo consideraba, aunque yo ya sabía la respuesta.

-Sí. –

Ella se rio, luego batió la cabeza.

-Eres genial, en verdad… me hace feliz haber conocido a un chico como tú. –

-No tienes que halagarme, tienes novio y yo tengo novia. –

Repliqué, mientras habría la puerta, ella salió y se quedó parada allí, se giró para mirarme.

-No hablaba de sentimentalismos, eres divertido, indecente, bueno en la cama, amable y sincero, no me quejo de los demás pero, no me había divertido tanto en mucho tiempo. –

Explicó.

-Si algún día me necesitas, para cualquier cosa, puedes llamarme… incluso si lo único que quieres es molestar a aquella tonta, o tener algo de acción, o conversar un poco… –

Agregó después. Yo asentí con la cabeza.

-De acuerdo, estaré contando contigo entonces. –

-Me iré a casa ahora, te veré luego. –

Dijo, agitando la mano y se fue. Yo me di la vuelta, y cerrando la puerta, me fui a dormir.