Haru no Yurei C20

Modo nocturno

Capítulo 20: Accidentes.

Hatami intervino.

-Ser pequeña es lindo, Minase-chan. –

-Sí, es lindo, pero no ayuda a hacer cosas pervertidas. –

Minase dijo eso suspirando, tomó su ropa interior que estaba en el suelo, desanimada.

-Esas cosas no son importantes, Minase-chan. –

Respondió ella, tratando genuinamente de animarla.

-Es fácil hablar así cuando vas todo el día “boing-boing” con ESTAS cosas de aquí. –

Y al decir “estas”, Minase apretó los pechos de su amiga, quien se hincó, llevándose las manos al pecho.

-No los aprietes. –

Se quejó Hatami-san, con una vocecita chillona.

-¿Qué ocurre? Tú ya me has visto completa ¿no es cierto? ¿Te da pena que te toque tus ubres? –

Minase comenzó a molestar a su amiga de una forma un tanto infantil, persiguiéndola y apretando sus pechos cuando la arrinconaba, diciendo “boing-boing” por toda la habitación.

-No las llames así… Minase-chan, detente por favor. –

-No es nada de qué avergonzarse ¿Por qué no los muestras? –

Preguntó ella, y desabrochó su blusa por la fuerza. Dos botones cayeron al suelo. Aquello fue ir demasiado lejos, para ser un simple juego, tomando en cuenta que yo aún estaba aquí.

-Vamos ya, es hora de salir de aquí. –

Les dije. Minase me miró con cara de no entender.

-Vamos ¿Por qué no dejas que él los vea? Tú te pusiste a observar su cosa muy detenidamente ¿no es cierto? Así qué… déjalo ver… –

Y después de mucho forcejear, Minase sacó el sostén de Hatami, quien quedó al descubierto, rebelando sus pechos, que si bien es cierto que eran grandes, seguían siendo los de una chica escolar. Hatami se quedó sin habla por unos momentos.

-Mira ven, puedes tocarlos. –

-Minase-chan… yo… –

-No te quejes, habíamos acordado algo antes de venir ¿No es cierto? –

-Si pero… no dijiste que estaría desnuda. –

Hatami se cubría los pechos como podía, Minase volteó a verme.

-¿No quieres tocar? –

Preguntó. Yo suspiré.

-No, gracias. –

Hatami me miró por unos momentos, pude ver un rastro de vergüenza en su cara antes de que volviera a bajar.

-Está bien… él no quiere, de todos modos. –

Hatami se deprimió inmediatamente. ¿Ella estaba esperando que fuera yo quien empezara?

-No te sientas mal, Hatami-chan. –

-No… estoy bien. –

-No voy a tocar a una chica en contra de su voluntad, de eso ni hablar. –

Minase se puso frente a mí, agitando las manos.

.-No es en contra de su voluntad. Ella quería eso, pero no sabe decirlo. –

-Eso no lo hace más fácil. Tampoco debiste desnudarla por la fuerza. –

Repliqué, un poco enfadado con ella porque lo había llevado demasiado lejos.

-Vamos, dile que si quieres. –

Insistió Minase, Hatami estaba parada cerca de la puerta ahora, pero no dijo ni una palabra.

-No puedo convencerlo yo sola. –

Insistió Minase.

-Dijiste que querías que hiciera lo mismo que a mí. –

Volvió a insistir, yo volteé a ver a Hatami, quien permaneció callada, Minase se acercó a ella. Hatami estaba llorando.

-Son feos de todos modos, todos se burlan de ellos. –

Gimoteó ella, con una voz que yo apenas pude escuchar.

-Eso no es verdad, te lo dije desde antes, los chicos de la escuela son idiotas, él no es como ellos. –

Explicó Minase, consolándola.

-¿Te parece que son feos? Dile la verdad. –

-No… no lo son. –

Admití, encogiendo de hombros.

-Entonces tócalos… la traje porque se burlan de ella porque son grandes, le dije que lo chicos allí eran tontos y que si venía aprendería y se sentiría mejor… y no se está sintiendo mejor. –

Me reclamó Minase. Así que de eso se trataba todo esto. Minase cruzó los brazos.

-Malo si son pequeños, malo si son grandes… ¿Qué tienen en la cabeza? –

-La verdad es que pienso que todas las chicas son lindas a su manera, esto no es sobre el tamaño. –

Hatami me miró fugazmente y se descubrió, pero volvió a bajar la mirada. El mundo de las chicas era complicado, mucho más en ese aspecto supongo.

Los hombres no preocupamos tanto por esa clase de cosas sobre nosotros mismos. Es decir, sé que hay quienes se acomplejan por su tamaño, pero no era para nada tan común como en el caso de las chicas.

Extendí mi mano para tocar uno de sus senos, ella no hizo absolutamente nada, solo se quedó con la manos atrás. Supuse que eso significaba que me estaba dando permiso. Suspiré, no quería que pareciera que lo hacía por obligación, así que la acerqué hacia mí y comencé a acariciar ambos pechos.

-A eso me estaba refiriendo. –

Comentó Minase, con una sonrisa satisfecha.

-Una vez uno de los chicos en la escuela levantó su falda y todos se burlaron porque sus pantis tenían una imagen de un oso. –

Comentó después, yo la miré enfadado. ¿Es que no podía dejar de avergonzarla? Me preguntaba. A Hatami tampoco le gustó ese comentario.

-No le cuentes eso. –

-¿Tienes puestas esa pantis? –

Preguntó ella. Entendí que estaba tratando de que Hatami se relajara, fue solo que su método no era el más indicado.

-No… son de rallas. –

Respondió ella, todavía tenía mucha vergüenza.

-Muéstralas. –

Sugirió Minase, yo decidí que lo mejor era que me concentrara en lo que estaba haciendo.

-Claro que no… –

-Muéstraselas. –

Ordenó Minase de nuevo, levantando la falda de Hatami frente a mí, yo todavía estaba acariciando sus pechos.

-Me voy a morir de vergüenza… –

Gimoteó Hatami. La verdad es que eran unas pantis muy simples, del tipo que usan las chicas cuando están conscientes de que no va a ocurrir nada esa noche, aunque… muy probablemente para Hatami, todavía fuera muy pronto para saber eso.

No diré que me quitaron la pasión pero, las pantis de Minase eran mucho más lindas, es cierto, y ella se las había quitado como si nada.

Pero algo más pude notar cuando vi sus pantis, y es que ella estaba mojada. Hatami no hizo ningún movimiento para volver acomodar su falda, solo permaneció con las manos atrás.

-Vaya… no me pasó por la cabeza que estarías mojada, Hatami-chan. –

-Mis pantis están sucias… y un hombre las está mirando… –

Chilló Hatami.

-Soy una desgracia. –

Agregó después, Minase intervino.

-No, no eres una desgracia ¿Verdad que no lo es? –

-No tiene nada que ver, creo que, debido a lo que viste, es la reacción natural. –

Expliqué. Hatami negó con la cabeza.

-Mojé mi ropa interior… –

Ella siguió estando avergonzada, yo suspiré, no parecía cosa fácil arrancarle la idea de la cabeza, otra cosa es que eso no la hacía detenerse.

-Vaya… se están mojando aún más… ¿Eso se siente bien? –

Preguntó Minase, hincándose incluso ´para observarlas de cerca.

-Yo no sé qué pasa… no lo digas en voz alta… por favor, Minase-chan. –

La respiración de Hatami comenzó a acelerarse, y su cara seguía roja, ahora ya no sabía si era por la vergüenza o por la excitación, posiblemente fueran ambos. Minase se acercó a mi luego de eso.

-Oye… tengo una pregunta ¿Es normal sentir ganas de… tocarla? –

Susurró Minase, asegurándose de que Hatami no la escuchara, aunque yo no creo que ella pudiera escuchar nada a este punto,

-Es normal, pero yo te aconsejaría que no lo hicieras, se asustará si lo haces. –

-Que aburrido, no quiero ser dejada fuera. –

Se quejó Minase, cruzando los brazos.

-Eso hubieras dicho antes. –

Repliqué, metiendo mi mano entre sus piernas. El repentino cambio obligó a Hatami a abrir los ojos.

-¿Minase-chan? Creí que tu… –

Preguntó, Minase se disculpó.

-Lo siento, no pude evitarlo, verte a ti me hicieron quererlo de nuevo… ¿Lo compartimos? –

-De acuerdo. –

Respondió Hatami. Bastante audaz para una chica tan tímida, pero creo que para ella no tenía el mismo significado, quizá solo estaba siendo inocente.

-Tienes que dejarte tocar en tu parte especial… créeme, se siente muy bien. –

Comentó Minase. Puede haber sido mi imaginación, pero tuve la impresión de que Hatami separó sus piernas un poco, como sea, ella aún tenía sus manos atrás.

Los sonidos de placer de ambas chicas comenzaron a llenar la habitación, pronto, se volvieron indistinguibles el uno del otro, a pesar de que Hatami trataba de permanecer en silencio. Poco a poco, Hatami se fue acercando más a mí, y cuando estuvo segura de que estaría bien, o más bien dudando dejó de pensar en si lo que hacía ería aceptable, me abrazó levemente.

-Mi pecho… se siente caliente… –

Explicó ella, supongo que tenía la necesidad de decirlo.

De pronto tuve una idea. Puede que no pudiera hacerlo realmente con ninguna de ellas por el momento, pero ya que estábamos alcanzando este nivel, supuse que estaba bien si las hacía sentir bien con lo mejor que sabía hacer. Además era obvio que si Minase se animaba, Hatami también se animaría.

-Muy bien, basta las dos, con esto termina el calentamiento. –

Minase me miró con desconcierto, Hatami me odió en ese momento, pude verlo bien, aunque no dijera nada.

-Si de verdad quieren saber lo que es bueno, suban a la cama, ambas. –

Hatami dudó en ese momento, iba a reclamar cuando Minase la tomó del brazo y la jaló. Creo que ella se sintió estafada, hablo de que ella estaba segura de que no dejaría de acariciarla hasta que dejé de hacerlo de pronto.

-Ven conmigo. –

Dijo Minase, y jaló a su amiga con ella, Hatami no tuvo tiempo de pensar en lo que estaba pasando, de lo cual me alegro. Yo suspiré y ambas se subieron a la cama.

-Acuéstense la una al lado de la otra. –

Le quité las pantis a Minase y metí mi cara en su entrepierna, Minase comenzó a gemir inmediatamente y su vagina comenzó a mojarse.

-En verdad te está lamiendo… sorprendente… ¿No te da vergüenza? –

Preguntó Hatami, con la respiración acelerada, pero todavía tranquila, a ella no le estaba haciendo todavía nada.

-No… se siente bien… a mí me gusta… –

Minase comenzó a retorcerse sobre la cama, aferrando sus manos a las sabanas, yo aceleré el ritmo y sus movimientos se pusieron frenéticos, movía la cabeza de un lado a otro sin dejar de jadear. Luego de eso sentí como Hatami me puso una mano en la cabeza.

-Yo… yo también, quiero probar…. Eso…. –

Minase se quejó con un jadeo.

-Espera tu turno… –

Le dijo, Hatami volvió a mirar al techo, y se colocó una mano en la cara, sentí que eso le había hecho sentir mal, es decir, atreverse no debe haber sido fácil para ella. Me puse de pie.

-Puedo hacerlo con las dos… me esforzaré. –

Ofrecí, tomando el elástico de las pantis de Hatami. Minase reaccionó en ese momento y tomó la mano de su amiga.

-Verás que se va a poner bueno… –

Le dijo. Quité las pantis de Hatami al tiempo que ella recogía su falda, luego se llevó una mano a la cara.

-Nunca me habían mirado allí. –

Se quejó, una vez que quité sus pantis del camino. Apenas tenía unos cuantos vellos muy delgados, algo muy extraño, si tomamos en cuenta que el resto de su cuerpo estaba mucho más desarrollado. Sus caderas eran más pronunciadas que las de Minase y sus muslos más robustos también.

-Sopórtalo, valdrá la pena. –

Aseguró Minase, sin dejar de tomarla de la mano.

Comencé a lamer lentamente, al tiempo que usaba una mano para seguir sirviendo a Minase.

-Se siente un poco… raro… –

Respondió Hatami, a pesar de que estaba bastante mojada.

-Si no puedes con la vergüenza puedes cerrar los ojos. –

Ofrecí. Minase asintió a esto. A diferencia de ella, Hatami era mucho más silenciosa, apenas se escuchaban sus jadeos. Una niña dócil y callada en toda la extensión, destacaba mucho cuando su compañera era tan demandante y ruidosa en comparación.

Minase tomó uno de los pechos de Hatami y comenzó a acariciarlo.

-Mis pechos también… –

Yo miré a Minase, pero ella solo encogió de hombros, tenía los ojos cerrados, y no podría haber sabido que no era yo quien estaba tocándola.

-Mi cuerpo… está en posesión de un hombre… –

Agregó Hatami con un ligero susurro, respirando con dificultad, sin dejar de acariciar a Minase, usé la mano que tenía para acariciar un poco su trasero y separar ligeramente sus piernas, como a todo lo anterior, ella no dijo nada, solo lo permitió.

También me di cuenta de que esto no estaba dando el mismo resultado que yo esperaba. Hatami estaba pensando demasiado en su vergüenza.

-Aquí viene de nuevo… yo… no puedo más… –

Se quejó Minase, yo me detuve momentos antes de que se viniera.

-¿Por qué? –

Se quejó inmediatamente. Yo le hice una seña para que guardara silencio.

-Colócate encima de ella. –

Eso se lo dije en voz alta.

-¿Minase-chan? ¿Sobre mí? Pero eso es… –

Comenzó a quejarse Hatami, me había detenido, su vulva palpitaba, pero ella no hacía ningún sonido como no fueran esos pequeños jadeos y sus comentarios susurrantes.

-Es por comodidad. –

Aseguré.

Y se colocaron una encima de la otra, justo como en las películas. Dos traseros en el mismo sitio, ahora las tenía donde las quería. Dos chica escolares, una encima de la otra, con sus vaginas expuestas y húmedas. Si existe alguien en el mundo que no haya fantaseado con esta situación, que levante la mano.

Por la forma en que quedaron, Hatami pudo entrelazar sus muslos alrededor de los de Minase, y una vez que ella estaba asegurada, me bajé el cierre de nuevo.

Una vez más.

-¿Qué estás haciendo? –

Preguntó Minase con sorpresa cuando coloqué una mano en la espalda para que no fuera a moverse. Por toda respuesta, empujé con fuerza en medio de sus paredes, hasta que alcancé una profundidad razonable, Minase ahogó un grito y su cuerpo se estremeció. Y como estaba sobre Hatami, ella abrió los ojos.

-¿Qué paso? –

Preguntó Hatami, sin entender.

-Me… me lo metió… está dentro… –

Explicó.

-¿Estas bien? –

Preguntó Hatami.

-Duele mucho. –

Respondió Minase, todavía sin voltear a verme.

-Está goteando algo… está cayendo sobre mi cosita… –

Comencé a moverme hacia adentro y hacia afuera, con mucha delicadeza, sin prestar mucha atención a su conversación. Tenía que concentrarme en hacer esto de la forma las delicada posible, o Minase no lograría disfrutarlo y Hatami se traumaría.

-No lo hagas, a Minase-chan le duele… la estas lastimando. –

Se quejó Hatami inmediatamente.

-Sobre eso ¿Me harías un favor? Abrázala por mí. –

-Eso es… –

A Hatami le daba pena el contacto físico, pero supuse que ya que eran tan amigas no habría problema.

-Es un momento especial para ella… se sentirá bien si le abrazas. –

Hatami obedeció.

-Eres un mal hombre. –

Se quejó de todos modos, Minase negó con la cabeza.

-No… Yo… quería hacer esto… sé que duele… pero… también se siente bien, y estaba celosa… –

Vaya un momento para ponerse sentimentales… despacio, despacio, hay que sacarla con suavidad, permitir que su cuerpo se acostumbre a esto.

-A mi… me gustaría tener los pechos como los tuyos… son lindos… –

Comentó Minase, quizá empezando a entender porque las quería en esa posición.

-Te… ¿gustan? De… ¿De Gustar? ¿Ese gustar? –

Preguntó Hatami, algo aturdida por la declaración.

-Los acaricié… hace un momento… son suaves. –

Confesó Minase, pero para Hatami, quien en este momento se sentía la amiga más íntima de Minase, no importó tanto como pensé que importaría. De acuerdo, aquí vamos de nuevo, hacia adentro.

-Está entrando otra vez… lo siento dentro… moviéndose dentro de mi… –

Hatami abrazó a su amiga con algo más de fuerza.

Otra cosa de la que me di cuenta cuando empecé a lamer a Hatami es que ella tenía el mismo problema que Minase, el sexo oral no le agradó mucho, pero no se lo atribuyo a mi falta de habilidad. Sintió vergüenza porque no estábamos en privado.

Y ésta fue la única forma que se me ocurrió, de que estuviéramos en privado, los tres.

-Está tan adentro… –

Gimoteó Minase, todavía no estaba sintiendo nada de placer en esto, solo estaba soportando el dolor.

-Minase-chan… ¿estás bien? ¿No quieres parar? –

Preguntó Hatami, notoriamente preocupada. Pero Minase ya no la escuchó.

-Tu… eres muy linda… –

Comentó ella.

-No digas esas cosas… –

Lentamente, mientras empujaba nuevamente hacia dentro de minase, su vagina comenzó a palpitar, fue como si hubiera recobrado la vida, podría sentir si interior contrayéndose para tener más contacto con mi pene a medida que este hacia su camino hacia su útero.

-Pero lo eres… ¿Te puedo tocar? –

-Ya estas tocándome… estás toda sobre mí. –

-No… así no… así… –

Minase se irguió ligeramente, sin voltear, sin quitar su trasero, solo levantándose con el brazo para poder poner el otro encima de los pechos de Hatami.

-No lo sé… que una chica toque a otra es… –

Hatami la soltó de su abrazo, yo empujé con un poco más de fuerza, un poco más al fondo, Minase gimoteó.

-Por favor… seré dulce… –

Hatami ya no pudo negarse, imagino que Minase tenía en ese momento los ojos llenos de lágrimas.

-De acuerdo… –

Minase comenzó a acariciar sus pechos. Empujé con un poco más de fuerza.

-¡No tan brusco! –

Gritó Minase. Hatami intervino.

-No la lastimes… –

Pidió.

-Lo siento, no puedo evitarlo, se siente muy bien. –

Me disculpé, no era para Hatami, era para Minase, sentí como su cuerpo comenzó a suavizarse cuando ella escuchó esas palabras, sus muslos se relajaron también.

-Yo… también me estoy sintiendo bien… –

Respondió Minase.

-¿Ya no duele? –

Preguntó Hatami.

-Si duele, pero… se siente bien… –

Respondió Minase, con la respiración entrecortada de nuevo. Su vagina comenzó a hacerse más suave a medida que se iba acostumbrando.

-Me alegro… –

Respondió Hatami, ahora también excitada porque no habían dejado de masajearle los pechos y de cuando en cuando, yo le acariciaba las piernas y el trasero, solo para no perder el contacto. No es como que ella pudiera ponerme mucha atención de todos modos.

-Tus manos también se sienten bien, es decir, no es que tenga preferencia por las chicas pero…  –

-¿Puedo… besarte? –

Minase interrumpió.

-Be… ¿Besarme? –

Aquello tomó a Hatami por sorpresa.

-Pero eso sería… –

-¿No quieres? –

-Si pero… es decir… ambas somos chicas y… –

-Anda, saca tu lengua… sólo un poco. –

Hatami obedeció, como a todo lo que le dijeran. Empezaba a preocuparme por esta chica en serio.

Comenzaron a besarse, sin dejar de moverme, comencé a acariciar a Hatami mas conscientemente, pasando mis dedos por su vagina desnuda, que de inmediato comenzó a responder, su vagina comenzó a contraerse, expulsando su néctar que se mezclaba con el que caía sobre ella cada vez que empujaba en el cuerpo de Minase.

-Minase, voy a aumentar el ritmo… con lo mojada que ya estas no debería ser problema ¿De acuerdo? De todos modos, avísame si no lo soportas. –

Le dije, Minase dejó de besar a Hatami, quien estaba luchando por tomar un poco de aire, y volteó a verme, al menos ya no había lágrimas en sus ojos.

-Así… está bien… puedo soportarlo… se siente bien…  –

-Encárgate de los pechos de Hatami-chan… yo te ayudaré un poco de este lado. –

Agregué, colocando una mano en su trasero mientras introducía un dedo en la vagina de Hatami, quien se estremeció.

-Ahí no… eso es…  –

-Has sido de mucha ayuda, Hatami-chan, es justo que también tengas un poco de diversión. –

Le dije, ella levantó su cara para mirarme.

-Pero… me da vergüenza… –

-No tiene porque… nadie va a verte, y Minase-chan dice que eres linda, yo también lo pienso. –

Hatami no pudo soportar eso y se dejó caer sobre la cama de nuevo,

-Se amable… yo… nunca había hecho nada como esto… no me vayas a lastimar… –

Y después de decir esto, separó sus piernas todo lo que pudo, sosteniendo sus rodillas con sus manos, y como ella separó sus piernas, Minase tuvo que separarlas más también, sus clítoris quedaron el uno sobre del otro. Si tomamos en cuenta que aún estaba empujando en el cuerpo de minase, El estimulo se volvió demasiado para que dos chicas primerizas lo soportaran.

-Ya viene… es grande… –

Anunció Minase, ya no estaba acariciando a Hatami, se limitó a abrazarla con todo lo que tenía. Hatami, yo creo que sin saber qué debería hacer, cerró los ojos y sacó su lengua. Volvieron a besarse mientras comencé a aumentar la profundidad de mi embates, teniendo cuidado de no perder el ritmo, y de no dejar fuera a Hatami, quien comenzó a hacer ligero ruidos faltos de respiración.

-Minase-chan…. Tienes una cara… muy obscena ahora… –

-No puedo evitarlo… esto es mejor que cualquier cosa… siento que estoy flotando… me volveré loca… –

Los susurros de una y gritos de la otra, al lado de Hatami, cualquier persona se vería como una depredadora sexual, quizá eso influyó en que la escena tuviera ese toque, porque a medida que la empujaba, Minase comenzó a arquear su espalda para rozar aún más sus partes privadas con las de Hatami, quien ya comenzaba a dejar una mancha en la cama.

-Me voy a venir… –

Gritó Minase.

-¿Cómo es? –

Preguntó Hatami, apenas pudiendo hilar palabra, pero la curiosidad le alcanzó para hacer esa pregunta justo antes de que Minase explotara sobre ella. Hablo de que, sus fluidos bañaron por completo a Hatami, mientras sus paredes se contraían con fuerza, quizá tratando de retener un semen que yo no había expulsado todavía.

-Flotaré… –

Dijo Minase, quedándose sin fuerzas y cayendo sobre Hatami, quien todavía no comprendía qué era lo que había pasado.

-¿Estás bien? –

Preguntó ella, algo preocupada por el casi desmayo de la chica que estaba tan animada hacía un momento.

-Mejor que nunca… –

Respondió Minase, resoplando para poder recuperar el aliento.

-Minase-chan… pesas… –

Minase se arrastró a un lado de la cama y una vez allí, se dejó caer, sin importarle mucho nada de lo que ocurriera en ese momento. Hatami me miró luego de eso, seguía sosteniendo sus rodillas con las manos y sus partes privadas estaban totalmente expuestas, pero en vista de que Minase terminó, yo había dejado de tocarla.

Me miró insistentemente por unos segundos, luego giró la mirada.

-No se siente para nada bien quedarse a medias ¿No es cierto? –

Hatami no dijo nada, permaneció en esa posición que imagino encontraba vergonzosa, mirando hacia un lado para evitar el contacto visual.

-De acuerdo, lo intentaré. –

Eso hizo que Hatami me mirara asustada.

-Sé amable. –

-Lo prometo. –

Coloqué las manos en sus rodillas, para separarlas lo más que se pudiera, si actuaba ahora, con lo mojada que todavía estaba, quizá tenía la posibilidad de que no le resultara tan doloroso, su posición no ayudaba mucho, de todos modos. Hubiera preferido hacerlo por detrás, como a Minase hace un momento, pero sin duda eso era pedir imposibles en el caso de Hatami.

-No me veas. –

Se quejó ella.

-Lo siento. –

Aparté la mirada de ella.

-No haría esto con cualquiera… –

Me estaba demorando demasiado, su pensamiento lógico estaba regresando, y si era así, no tardaría mucho en que se fuera la inspiración, me acerqué a ella y puse mi cara sobre sus pechos.

-Lo demás no importa ahora. Ahora solo estamos tu y yo. –

Coloqué la punta en su entrada, que inmediatamente comenzó a responder, a diferencia de Minase (cuyo cuerpo fue el problema en la primera ocasión) el problema de esta chica era que no estaba siendo sincera, era más como que no podía ser sincera, pero su cuerpo si lo era.

Comencé a lamer sus pezones, se endurecieron al instante y ella se estremeció, pero no dijo nada, no hizo ni un ruido.

-Voy a meterlo. –

Avisé, ella se quejó.

-No me lo digas, es vergonzoso… –

-Necesito que me digas si no puedes continuar. –

Respondí, necesitaba que ella hablara, estaba bien si no quería decir cosas vergonzosas o indecentes, pero eso era algo que yo necesitaba saber.

-No… voy a entregar mi cuerpo hoy… voy a ser una mujer… si duele, lo soportaré… sé bueno conmigo por favor. –

De acuerdo, así que es así como quiere que sea, podríamos decir que dentro de su timidez estaba siendo valiente, o quizá solo no sabía de lo que hablaba, como fuera, lo único que hice fue entrar, de la misma forma que con Minase, lentamente.

La miré para ver si notaba alguna reacción, pero ella permaneció mirándome a los ojos, sin decir palabra, solo una ligera sonrisa y su cara roja por la excitación. Su vagina se sentía bastante húmeda, por lo que no tuve problemas el principio, luego llegué a la resistencia y me detuve, la miré.

Hatami cerró los ojos, y me tomó por lo hombros, supongo que preparándose para lo peor. Y empujé. Y al momento que empujé, sentí como su flor se rompió. Hatami se aferró a mi cuello con fuerza luego de eso, casi colgándose, pude escuchar llanto, pero pegó mi cara a su pecho así que no podía verla.

-¿Estas bien? –

Pregunté, ella asintió con la cabeza varias veces. Durante unos momentos, no estuve seguro de que debería hacer, ella estaba llorando en silencio y mantenía mi cara pegada a sus pechos para evitar que me fuera o que la viera. Mis manos estaban libres, así que los usé para acariciar su cabello, tratando de demostrarle que al menos estaba allí para ella, y que no se trataba de mi satisfacción.

Siendo sinceros, yo no estaba excitado por esto, estaba nervioso por lastimarlas o traumarlas. En especial si hablamos de esta chica. No es que fuera especial para mí, pero era bastante obvio que con ella había qué estar muy atentos a las señales corporales, porque no te va a decir nada.

Yo no soy un experto, pero concentré todos mis sentidos en entender lo que ella estaba pasando. No era algo que un chico de colegio pudiera manejar, definitivamente. Sobre todo porque a esa edad la chica te importa un carajo, lo que quieres es sentirte bien tú.

Maldita Minase, esta era quizá la chica más difícil que yo hubiera tenido hasta ahora.

Poco a poco me fue dejando separarme de ella, tenía aun lágrimas en los ojos. Yo acaricié su cara.

-Eres una mujer muy linda, Kurimo. –

Ella se cubrió la cara con un brazo.

-No digas… esas cosas… –

-Te lo demostraré entonces. –

Le dije, y como su boca estaba descubierta, me acerqué un poco y la besé, ella hizo lo único que sabía hacer, sacó la lengua y yo comencé a jugar con ella de una forma bastante obscena. Pensé que sería demasiado, porque era obvio que la forma de besar de Minase en nada se parecería a esto, pero ella se adaptó con rapidez.

Y mientras eso pasaba, comencé a empujar hacia adentro y hacia afuera, sus besos comenzaron a volverse más obscenos y más atrevidos, ella incluso tomaba la iniciativa un poco, yo fingí que no me daba cuenta y continué besándola.

Su respiración comenzó a acelerarse de nuevo, volteé a ver a Minase ligeramente, cuidando de que Hatami no se diera cuenta, Minase estaba mirándonos, pero no dijo nada, ni se movió, supongo que entendió que si decía cualquier cosa, iba a arruinar el momento a su amiga.

Y entonces, Hatami, dándose cuenta de que había perdido mi atención, tomó mi cara con sus manos y me hizo mirarla. Me quedé perplejo un momento, sin estar del todo seguro de lo que ese gesto significaba, no supe cómo reaccionar. Una ligera sonrisa se dibujó en su rostro y ella envolvió mi cintura con sus piernas, me atrajo hacia ella.

Creo que la había liado completa.

Reaccionando un poco reanudé mi movimiento mientras ella comenzaba a seguirme con sus caderas, usando sus piernas para empujarme más hacia adentro de ella. Su respiración se aceleró, y a pesar de que no dijo una sola palabra, fue muy obvio que ella estaba disfrutando mucho de esto ahora. Comenzó a aspirar, luchando por conseguir un poco de aire, mientras su entrepierna comenzaba a bañar mi cintura con sus jugos de amor..

Suspiró después, exhausta, y soltó mi cintura, dejándose caer sobre la cama.

-Vaya, eso fue completamente diferente de cuando lo hiciste conmigo… muy apasionado, diría yo. –

Comentó Minase a todo esto, Hatami se cubrió la cara.

-No digas esas cosas… –

-Será que… –

Iba a decirlo, así que la interrumpí.

-Cada quien tiene su forma de hacerlo, el secreto de esto es descubrirlo. –

Le dije. Minase me miró sospechosamente, luego volvió a ocuparse de su amiga.

-¿Lo ves? Te dije que se sentiría bien… ¿Qué tal fue? –

Preguntó, minase se giró para quedar bocabajo y cubrir su rostro.

-Ya, no deberían molestarse la una a la otra con eso. –

Intervine, Hatami asintió con la cabeza, luego volteó a ver a Minase y respondió en voz baja:

-Se sintió maravilloso. –

Y volvió a esconder su cara. Yo suspiré, al menos no había causado un trauma en su primera experiencia, aunque… bueno, sin duda lidiaría con esas cosas más tarde. Ahora mismo tenía que encontrar la forma de irme. Estaba haciéndose muy tarde y ya no era hora de que estuviera yo aquí.

Mi jefe no tardaría en llegar, por cierto.

Hatami se puso de pie con un salto, se acomodó como pudo la ropa y anunció.

-Es muy tarde, tengo que irme. –

Minase miró el reloj, eran diez para las nueve.

-Tardamos demasiado. –

Dijo ella, acomodándose también la ropa.

-Mis padres me matarán. –

Se quejó Hatami, angustiada, bastante, diría yo.

-Nada de eso, les diremos que te quedaste a cenar. –

Explicó, Hatami suspiró.

-No está bien mentir, Minase-chan. –

-Pero no queremos que se enfaden, además, no es como que podamos decirles lo que realmente ocurrió ¿cierto? –

Hatami volteó a verme inmediatamente, y apartó su mirada con vergüenza.

-¿Lo ves? Mejor les decirnos que estabas cenando en mi casa, mi padre fue muy insistente, eso servirá. –

-Tengo que ir al baño. –

Dijo ella, saliendo del cuarto, acomodándose con prisa el pelo.

-Ahora tu… si mis hermanos te ven salir de aquí a esta hora, seguro que “tendrás problemas” como dices tu… aunque no se bien por qué, también es seguro que Onee-chan me cuestionará toda la noche, pero no importa… ¿Quieres irte de ese lado? –

Preguntó, señalando la ventana. Espera ¿Había cambiado el modo en que se refería Sanae? Decidí que preguntaría por ello luego.

-Supuse que dirías eso. –

Respondí, sonriendo.

Antes de abrir la ventana, Minase me detuvo, volteó a ver a la puerta, a ver si Hatami había vuelto, luego me miró a mí con seriedad.

-Sabes lo que está ocurriendo ¿cierto? –

Como dije, la había liado completa.

-Creo que sí. –

Respondí, Minase bajó la cabeza un momento.

-No era mi intención. –

Dijo ella.

-No, tampoco la mía, pero así es como son estas cosas. –

Le dije, suspirando. Ya no dijimos nada más, ella abrió la ventana y yo salí justo como la última vez, pude escuchar como Hatami regresaba a la habitación mientras yo estaba un colgado justo detrás de la ventana.

-¿Y Toshikane-kun? –

Preguntó Hatami, me detuve un momento.

-Se ha ido, no esperará que salga directamente por la puerta ahora ¿verdad? –

Preguntó Minase, quizá fingiendo que no sabía.

-Yo quería despedirme. –

Se lamentó Hatami.

-¿Por qué ibas a despedirte? Lo volverás a ver pronto. –

Maldita Minase. En fin, ellas no tenían forma de entender mi situación. Suspiré, pensando en que dejaría estas cosas para luego, ahora mismo, tenía otras cosas importantes que atender. Y salí corriendo de allí, para alcanzar el autobús que me llevaría a casa de mi novia.

Quien por cierto no estaba muy contenta.