Haru no Yurei C22

Modo nocturno

Capítulo 22: Se recomienda discreción

Volví a bajar al pequeño comedor y me di cuenta de que los platos estaban servidos, pero ella no había puesto una silla para ella, eso me dio una pista. Al menos ella todavía entendía que yo no estaba muy seguro de cómo debería tratar con una chica como ella.

Era tan amable, era una lástima tener que tratarla mal ahora.

Me senté y comencé a comer, ella permaneció mirándome. Suspiré por un momento, no era fácil de hacer, de todos modos.

-Al menos puedes hacer esto bien, no eres una completa inútil, después de todo. –

(Perdóname Mizore, tu comida es excelente.)

-Gracias. –

Respondió ella, con una vocecita.

-Ah, pero que descuidado soy, me he olvidado de que también tienes que comer. –

Le dije y me puse de pie, coloqué un plato en el suelo y volví a sentarme.

-Ahora si… come. –

Mizore sonrió.

-¿Qué te hace gracia? –

-No es nada. –

Respondió ella apresurada y se sentó en el suelo. Iba a comenzar a comer cuando volví a mirarla.

-¿Quién dijo que usaras las manos? –

Pregunté, ella tuvo un sobresalto, y poniendo su manos en el suelo, comenzó a comer, como un perrito. Yo, que nunca había pensado en hacer algo así a una chica, tenía problemas para controlarme y no decirle que comiera en la mesa como una persona normal.

Mizore estaba comiendo arroz blanco del plato que puse en el suelo, puede que sean ideas mías, pero ella dejó caer un poco en el piso, quizá lo hizo aposta.

-¿Por qué salió del plato? ¿Es que no sabes comer sin hacer un desastre? –

-Lo siento… –

Respondió ella, mirándome.

-¿Lo sientes? Eres una chica estúpida ¿No es cierto? No me importa si lo sientes, levántalo. –

Mizore comencé a recoger la comida del suelo, con la boca. Me alegré mucho de que el piso estuviera limpio. No me gusta dejar desastre en mi casa, sobre todo porque casi nunca estoy. No tiene sentido que haya desastre.

-Gracias por la comida. –

Dijo ella, yo aún no había terminado de comer. La miré, ella había terminado su plato de arroz, yo me preguntaba si había practicado algo así antes. Suspiré.

La diversión no podía terminar tan pronto, lo admito, empezaba a disfrutarlo, aunque en todo momento mantuve en mi mente que esto tenía que ser una ocasión excepcional.

-¿Es todo? No puedes ir por allí comiendo solo lo que te gusta, tienes que comer de todo, toma. –

Mojé una de las croquetas en salsa y la arrojé al suelo. Mizore me miró, no pudo ocultar su sonrisa frente a lo que estaba pasando.

-No me mires, estúpida, ve por ella. –

Antes de que se levantara para ir a donde la croqueta, la empujé con el pie, ella cayó de cruces en el suelo.

-Nadie dijo que te levantaras, ve a gatas, así como estás. –

-Sí, perdón… –

Y así, arrastrándose, se acercó a la croqueta y comenzó a comerla. Yo comenzaba a sentir algo en mi entrepierna, sobre todo porque su trasero quedó expuesto y ella llevaba falda, podía ver su ropa interior y podía ver que ella estaba ya mojada.

-No dejes nada en el suelo ¿Entiendes? –

Y seguí comiendo. Creo que esto no era tan malo después de todo, yo, quiero decir, en realidad solo tenía que seguir las pistas. Ver a Mizore completamente sometida lamer el suelo, luego de haber visto lo enojada que estaba el día de ayer, me produjo una sensación de triunfo que quizá no debería estar teniendo.

-Bien terminé. –

Dije, y me acerqué a ella, le di una nalgada con fuerza.

-¡Kya! –

Mizore hizo ese sonido cuando la sorprendí golpeando su trasero con la mayor de las naturalidades.

-¿Eh? ¿Qué es ese sonido? –

Pregunté, ella negó con la cabeza, sin levantarse. Bueno, supongo que podía empezar a aumentar la intensidad de esto un poco. La tomé por el cabello y la hice levantarse, ella giró la cara.

-Hiciste un sonido. –

Le repetí, tratando de sonar lo más hostil posible, en realidad tenía ganas de hacérselo allí mismo, pero me dije a mi mismo que parte de esto es hacerla esperar. Primero el látigo, luego la zanahoria.

-Lo siento… yo no quería… –

Tomé uno de sus pechos en ese momento, y comencé a masajearlo con fuerza, la cara de Mizore se puso roja, y ella comenzó a acelerar el sonido de su respiración.

Me detuve y Mizore me miró con los ojos llorosos.

-Ve a lavar los platos. –

Y entonces la solté del cabello, ella se apresuró a ir y comenzó a recoger la mesa.

-Y apresúrate. Inútil. –

Le dije mientras me daba la vuelta y sabía las escaleras. Eso debería bastar por ahora. Bien entonces ¿Qué trajo? Cuerdas, esposas, velas… mmm tenía algunas ideas de cómo usar estas cosas, acomodé un par de cuerdas en las patas de la mesa, para sus pies, otra en la cabecera, para las manos o el cuello, las esposas deberían ayudarme un poco con esto… prendí las velas, y solo por si acaso, amarré otra cuerda a la manija de la mesa y le puse las esposas en el otro extremo.

Eso debería terminar los preparativos. Necesitaba algo para golpearla, como la última vez… ¿Qué tal si bajaba por una de mis propias espátulas? Tengo que tener algo así en la cocina.

La encontré apresurada lavando los platos, se me ocurrió algo bueno, así que fui hasta el lavabo y apreté el grifo con mi mano, el agua salió más a presión de lo que se esperaba, mojándola. Mizore s quedó perpleja. Ah vamos ¿No sabes de que va?

-Tienes que hacer un desastre de cada sitio al que vas ¿No es cierto? –

Pregunté, ella negó con la cabeza.

-Pero yo no… –

-Olvida eso ¿Qué estas esperando? ¡Quítate la ropa! ¿Quieres enfermarte acaso? No haces otra cosa que dar problemas, es para lo único que existes… –

Todo ese discurso para que ella se desnudara y mientras lo hacía no se diera cuenta de que yo había tomado una espátula. Es que era sorpresa. Mizore dejó su ropa en el suelo, se quedó totalmente desnuda, cubriéndose el pecho y la entrepierna con las manos.

-¿Y bien? –

Pregunté.

-Lamento causar problemas, Onii-chan. –

-Lo lamentas, es lo único que sabes decir… no sé por qué me esfuerzo… ¿Qué es lo que estas cubriendo? Eres una mujer desagradable y fea. –

Respondí, dándome la vuelta para evitar atacarla. Es que se veía tan indefensa. Tomé su ropa y salí de la cocina, haciéndome el enojado.

No iba a soportar estas ganas mucho tiempo, a estas alturas, ella debería haber notado también que tenía una tienda de campaña en el pantalón. Arrojé su ropa en un rincón dentro de mi cuarto y dejé la espátula de madera allí, luego volví a la cocina, Mizore temblaba.

-¿Que ocurre ahora? –

Pregunté, Mizore saltó cuando me vio entrar a la cocina.

-Tengo frio… –

Dijo.

-¿Tienes frio? Oh vaya ¡Pues termina de lavar los platos! Estúpida. –

Respondí, ella comenzó a lavar de nuevo, ahora estaba desnuda, su trasero temblaba ligeramente mientras ella trataba de sobreponerse al frio, y por cómo veía el escurrimiento en sus piernas, a la excitación también.

-¿Qué estás haciendo? ¿Intentas provocarme? ¿Eso es? –

-No… no sé de qué hablas… –

Le di una nalgada con todas las fuerzas que tenía, ella gritó.

-Hablo de esto… estas moviéndolo lascivamente, lo único que faltaba, aparte de estúpida también eres una puta. –

Yo nunca había insultado a una mujer de esa forma, esperaba no estar llevándolo demasiado lejos, pero ahora mismo no parecía haber forma de averiguarlo.

Mizore retrocedió.

-No es mi intención, lo juro… yo solo… –

Tomé la esponja con jabón y la restregué sobre su trasero.

-Esta fría… –

-¿Fría? Tiene que estar fría, tal vez así se te quite un poco lo caliente y pienses en como lavarte bien antes de intentar seducir a un hombre. Apestas. –

-Perdón. –

-¿Perdón? ¿Es eso lo único que puedes decir por ser lo que eres? –

Pregunté, ella negó con la cabeza.

-Ahora no te vas a mover de aquí a no ser que admitas que eres una perra. –

Le aseguré.

-Soy… una perra. –

Dijo, en voz muy baja y bajando la cabeza.

-Más fuerte. –

-Soy una perra. –

Repitió, ahora más fuerte.

-¿Y? –

-Perdón por ser una perra. –

-Olvídate de perdones y sube al cuarto, antes de que pierda la paciencia contigo. –

No puedo más… lo siento Mizore, soy primerizo, se nota a leguas que estás disfrutando esto, a pesar de que me estoy propasando con los insultos, pero yo necesito tenerte ahora mismo.

Mizore se dio la vuelta.

-Oye… –

Volteó a verme, con los ojos llorosos y la cara roja.

-Eres una perra, ve a gatas. –

-si… –

Y comenzó a gatear, mostrándome intencionalmente su trasero y su vagina al caminar, yo me quedé allí un momento, y me lavé la cara para despejarme un poco, luego subí tras de ella.

Cuando llegué arriba ella estaba sentada en mi cama, mirando alrededor con evidente placer al notar que varias de las cosas que ella había traído estaban ya dispuestas.

-¿Qué rayos haces allí sentada? Tu lugar es acá. –

Le dije, jalándola del brazo y arrojándola contra la puerta, una vez allí, le amarré las manos detrás de ella con las esposas, y la soga de la manija la até a su cuello, le dejé cierta movilidad, pero no podía subirse a la cama, ni mover las manos. Su respiración se hizo pesada.

Me senté en un punto que estaba fuera de su alcance y me quité el pantalón.

-Mira lo que has hecho ¿Te parece que esto puede quedarse así? Es tu culpa que esté así, así que ahora vas a arreglarlo. –

Mizore se aproximó a mi mirando mi pene erecto con expectación.

-¿Que debería hacer? –

Preguntó ella.

-¿Por qué me preguntas? Usa tu boca, ya que tantas ganas tienes. –

Y ahí comenzó la trampa, porque cuando ella intentó llegar hasta donde yo estaba, no alcanzó, se quedó a unos cuantos centímetros, detenida por la soga en el cuello.

-¿Qué ocurre? Creo que te dije que lo arreglaras ¿Qué esperas? –

Me acerqué un poco a Mizore, si sacaba la lengua podía tocarlo.

-No alcanzo… –

Se quejó ella, a punto del llanto. Le di una ligera bofetada, tampoco quería marcar su cara.

-No me interesa, hazlo. Si no sirves para esto entonces te echaré fuera ahora mismo, así desnuda, con un letrero atado al cuello que le diga a todo el mundo la perra inútil que eres. –

Y ahí comenzó la faena, porque si ella quería alcanzar aunque fuera la punta de mi pene, tenía que ahorcarse sola, y lo hizo un par de veces, sacando la lengua para poder acariciar mi pene, antes de que la soga la obligara a retroceder de nuevo.

Se sentó en el suelo frustrada luego de eso, y comenzó a llorar.

-No puedo… –

Chilló.

-Genial, así que si eres una perra inútil. –

-No me eches fuera, por favor… –

Dijo ella, con lágrimas en los ojos.

-No lo haré, si admites que eres una perra inútil. –

Mizore me miró.

-Soy una perra inútil. –

Dijo ella, lloriqueando.

-No te escuché. –

-¡Soy una perra inútil! –

Gimió de nuevo, en medio del llanto. Le di una bofetada.

-No grites, despertarás a los vecinos, no quiero que se enteren de que estas aquí. –

-Lo siento. –

-¿Y? ¿Qué más? –

-Perdón por ser una perra inútil. –

-Muy bien, todavía estoy muy enfadado contigo, pero ya que estas tan desesperada, quizá pueda acercarme un poco a ti para que puedas saciar tu sed. –

-Por favor… –

Suplicó ella.

-Muy bien, eres una perra inútil, pero al menos eres mi perra inútil, y tengo que hacer estas cosas de cuando en cuando. –

Dije, acercándome un poco, ella se apresuró a acercarse, yo la aparté con un pie.

-Hey, espera… todavía no me has dicho qué quieres. Por favor ¿qué? –

Pregunté, ella asintió.

-Por favor… dame tu leche. –

-Todo completo. –

-Por favor, dale tu leche a tu perra inútil. –

Vamos a seguir añadiéndole palabras a eso. Mizore se acercó de nuevo a mí y comenzó a meter mi pene en su boca con desesperación, lamiendo y succionando con fuerza y vigor, no tuve que hacer nada, solo quedarme allí parado mientras ella hacía todo el trabajo, no pasó mucho tiempo antes de que yo comenzara a sentir que iba a venirme.

No le dije nada, pero esta vez, en lugar de sacarlo, me vine completamente dentro de su boca, Mizore se atragantó cuando mi semen comenzó a salir, la sostuve de la cabeza para no dejar que ella derramara nada.

-Pensé que eso era lo que querías… ¿Qué ocurre? –

Pregunté, burlándome del hecho de que ella parecía tener problemas para tragarlo.

-No derrames nada ¿entiendes? –

Pregunté, ella asintió y siguió esforzándose por tragar. Cuando terminó, la tomé por el cabello y la arrojé contra la puerta, ella cayó con un gemido.

-¿Quién iba a pensar que estabas tan desesperada por esas cosas? Ahora que tuviste tu recompensa puedo volver a castigarte ¿No te parece? –

Pregunté, sin esperar respuesta en realidad, Mizore no dijo nada, se reacomodó como pudo, porque estaba atada de las manos y me miró.

-¿Castigarme? –

Preguntó ella.

-Pero claro, no iba a dejar a una perra inútil y desesperada sin castigo. ¿Por quién me tomas? –

Y fue entonces cuando mostré la espátula.

-Perdóname por favor. –

-Cállate y date la vuelta. –

Le ordené, acercándome a ella. Mizore se dio la vuelta, permaneciendo hincada mirando hacia la puerta, todo lo lejos de ella que la soga al cuello se lo permitía.

Iba a comenzar por su trasero, pero recordaba que esta vez tenía que ser más doloroso que la vez anterior, así que como sus manos estaban atadas detrás de ella, comencé por allí, golpeándola en los brazos. Traté medirme un poco, de todos modos, eso no evitó que ella llorara.

-Por favor… por favor, perdóname… –

Gimoteó.

-Deja de llorar. –

Siguiente golpe, a sus piernas, en la parte lateral de sus muslos se hizo una marca roja. Mizore se retorció.

-Eso duele… mucho… –

-¡Por última vez! Cierra la boca. –

Ahora más fuerte, pero en su trasero, Mizore saltó, hizo un esfuerzo por mantenerse callada, pero no lo consiguió. Varios más siguieron a esos, en los brazos, los hombros, la espalda, las piernas. Yo conté veinticinco antes de que ella acabara en el suelo llorando.

-No más, por favor… te lo imploro… duele mucho. –

-Ahora estas llorando, pero ¿No estabas hace un rato tratando de seducirme? Conoce tu lugar. –

Le di una patada, bastante ligera, tengo que decir, en la espalda. Suspiré, estaba a punto de terminar con esto cuando ella se hincó de nuevo, tratando de controlarse.

-¿Qué ocurre? –

Pregunté. Pensé que me había propasado, siendo sinceros, la mirada de ella tenía un poco de miedo en sus ojos, pero ella dijo algo completamente diferente.

-Tengo que ir al baño. –

Dijo ella, bajando la voz.

-Tienes ¿Qué? –

Pregunté, incrédulo.

-Que ir al baño… –

Mizore bajó la cabeza al decir eso, yo trataba de discernir si esto era parte del juego, o si quería que la desatara, necesitábamos una palabra para parar en cuanto hubiera una emergencia, lo hablaría con ella después. Me llevé un dedo a la barbilla, pensativo.

El problema es que si era parte de su juego y yo la desataba, habría perdido completamente el foco de lo que estábamos haciendo, por supuesto que aquello no me preocupaba tanto como el caso contrario. Pero ya que estoy siendo sincero, creo que una parte de mi quería demostrarle a Mizore que podía ser tan brutal como ella quería que fuera, y aun así le querría.

Sí, creo que por eso estaba haciendo todo esto en realidad. Era mi forma de decirle “me gustas tal y como eres”… una forma muy dura, yo pienso, pero a mi parecer, la única que realmente le convencería.

Mizore volteó a verme, se dio cuenta de que dudaba, hay que ver que ella comprendía que yo todavía no sabía diferenciar bien una cosa de la otra.

-Si Onii-chan no me desata, aunque yo no quiera… me haré aquí. –

Eso me dio la respuesta que yo necesitaba, al menos ahora sabía que esto también entraba en el juego. Bien, eso lo hizo más fácil. Arrojé su ropa aun lado de ella.

-Las personas van al baño, las perras no. –

Respondí.

-Pero ¿Qué hago entonces? –

Gimoteó ella, mirándome con los ojos llorosos y la cara roja de vergüenza.

-Ahí está tu ropa, haz sobre ella. –

-Pero… –

-¡Hazlo! –

Ordené, ella asintió y se paró sobre su ropa, abriendo las piernas para poder hacer.  Cuando comenzó a orinar sobre su ropa ella volteó a verme, expectante acerca de lo que yo pudiera decir, yo podía ver perfectamente como lo hacía, incluso su clítoris estaba expuesto, como un punto rojo por encima del delgado hilo que su orina formaba.

-Si manchas el suelo, te haré usar ese uniforme toda la noche ¿Comprendes? –

Le advertí, acercándome, ella asintió con la cabeza baja. Comencé a desatar su cuello, eso la distrajo y me miró.

-Te dije que no mancharas nada. –

Lee regañé, no fue mucho lo que salió del uniforme, apenas un par de gotas por el movimiento que la distrajo, pero fue suficiente para darme la excusa que yo necesitaba para enfadarme con ella. Incluso me daba a pensar que tal vez lo hizo aposta. Podía ser.

-Lo siento mucho, de verdad yo… –

Con la espátula de madera, golpeé su entrepierna de modo que su clítoris fue repentinamente aplastado. Fue un accidente, no medí bien el golpe, solo lo hice, eso la hizo gritar y retorcerse en el suelo de dolor, llorando a lagrima viva. Supongo que tiene que ser igual de doloroso que una patada en la entrepierna para nosotros o algo así.

Lo digo porque después de un rato estaba llorando y tratando de conseguir algo de aire.

Iba a pedirle perdón, la verdad, pero no sabía cómo hacerlo.

-¿Eso dolió? –

Pregunté, tratando de usar el mismo tono que había usado antes con ella.

-Duele… duele… no más por favor… no más… duele mucho… perdóname, Onii-chan. –

-Pues cállate de una vez o te abriré las piernas y te daré cien iguales a ese. –

Por supuesto que no iba a hacerlo, no iba a volver a golpearla allí nunca, fue horrible de mi parte, y de mal gusto además.

-No por favor, lo que sea menos eso… eso no… seré buena, lo prometo. –

Suplicó llorando y pataleando por el dolor, necesitaba un poco de recompensa para que esto no se fuera por la borda.

-¿Serás buena dices? Abre las piernas ¡Ahora! –

Quizá en ese momento ella creyó que volvería a golpearla en ese lugar, porque me miró llorando y negó con la cabeza.

-¿Te niegas a obedecer? ¡Abre las piernas! –

Si se hubiera negado una segunda vez, allí habría terminado, me habría hincado y pedido perdón, pero Mizore cerró los ojos y separó su piernas lentamente, yo acerqué mi cara a su entrepierna, no había sangre, ni marca, parece que no había sido nada –demasiado-grave- para la situación.

-Bien, eres una perra inútil y además sucia, pero supongo que si lo admites ahora, puedes tener algo de cariño en esta desagradable parte de aquí. –

-Si… eso por favor… –

Introduje un dedo en su vagina, estaba inundada todavía, eso regresó a Mizore a la parte placentera de todo este juego, porque sus piernas se relajaron y ella abrió los ojos, ya sin miedo de que la lastimara en ese sitio.

-No te escucho… –

-Por favor, dale cariño a tu perra inútil…

-Sucia perra inútil. –

Corregí, sacando el dedo de su interior, su vagina palpitó.

-Sucia perra inútil… –

Repitió Mizore, la parte de sucia le causaba problemas, supongo que eso era lo más vergonzoso de la frase por ahora, porque se lo puse luego de que la observé orinar.

-¿En dónde? –

Pregunté, sonriendo, ella intentó jalar mi mano con sus rodillas.

-En mi… desagradable… vagina. –

-Si lo dices completo lo pensaré. –

Mizore estaba al borde de la histeria ahora.

-Por favor, dale cariño a tu… sucia perra inútil… en su desagradable vagina. –

-Bien… si no queda otro remedio… –

Suspiré mientras introducía dos dedos en ella y comenzaba a moverlos violentamente, Mizore perdió el control de sí misma cuando comenzó a gritar, el estímulo tiene que haber sido demasiado súbito y demasiado violento, tanto que ella comenzó a luchar por mantener mis dedos dentro de ella, hasta terminar, supongo.

Y digo supongo porque no la dejé terminar. Los saqué mientras ella todavía estaba a medias.

-Muy bien, suficiente. –

Le dije, Mizore me miró con horror y desconcierto, y comenzó a llorar al instante.

-Pero… –

-¿Qué? Mi mano se cansa ¿sabías? No puedo usar todas mis fuerzas solo para complacer a una sucia y desagradable perra inútil. –

Mizore se hincó, tratando de alcanzarme, pero me puse fuera de su alcance y la cuerda que le ataba al cuello no la dejó seguirme, ella comenzó a llorar aún más.

-No termine… no terminé… –

-No es mi problema. –

Respondí, encogiendo de hombros y preparando las cuerdas en la cabecera de la cama.

Mizore gritó lanzando un chillido y se puso a llorar y a patalear, pegándose en la frente con el suelo.

-Por favor… déjame terminar… me volveré loca… por favor… –

Fui hasta donde estaba ella y la desate del cuello, luego la levanté del cabello, mientras ella trataba de aferrarse a mí.

-Por favor… solo un poco más. –

-¿No te parece que estas siendo engreída? Estas haciendo un gran berrinche por esto ¿Quién iba a pensar que además de todas las cosas que eres también estas desesperada por sexo? –

Le dije, y tomándola del cabello, la arrojé a la cama con fuerza.

-Ya tienes todo de mi… ya te lo he dado todo… te daré lo que tú quieras, solo… déjame acabar… –

Antes de quitarle las esposas de las manos, primero até sus muñecas a la cabecera, y sus pies al barandal, para cuando le quite las esposas, ella estaba atada boca abajo e inmovilizada, con su trasero apuntándome a mí y su vagina palpitando y escurriendo, llorando por terminar, al igual que ella.

Una obra de arte.

Tomé una de las velas que estaban encendidas, y arrojé la cera caliente a su trasero.

-Ese es castigo por ser indecente. –

Le dije, ella arqueó su espalda, pero como estaba atada de pies y manos, no pudo moverse, solo gritó por el contacto de la cera caliente sobre su piel.

-Quema… quema… –

Ahora la espalda. Me coloqué justo detrás de ella, con su trasero tocando mi pene, ella lo sintió y trató de alcanzarlo para que su vagina pudiera succionarlo dentro. Derrame el contenido de la segunda vela sobre su espalda. Mizore chilló.

-Como si fuera a meter mi pene en ese agujero desagradable que tienes allí. –

-Ya no… no más por favor… seré buena… seré buena. –

-¿Buena? Yo solo veo a una sucia perra inútil indecente y ahora mentirosa. Eso no es ser buena. –

La tercera vela, sobre su brazo derecho, y mientras lloraba, derramé la cuarta sobre su otro brazo, ahora que estaban extendidos a los lados.

-Ya no lo seré, lo prometo… me portaré bien… solo no me lastimes… –

-Eso es lo que dices ahora, pero si lo meto dentro de ti, seguro que acabas pidiendo más leche. ¿Es que no puedes mantener las piernas cerradas? –

Y la quinta y sexta vela, sobre sus piernas, tomé la espátula de nuevo. Mizore sollozaba.

-Ya aprendí la lección… no haré nada malo otra vez… por favor… Onii-chan… –

-Tengo que quitarte la cera del cuerpo. –

Respondí, y di el primer golpe.

-¡Duele! –

Gritó ella.

-Si gritas lo haré más fuerte. –

Pro era imposible pedirle que dejara de gritar, comencé a golpearla una y otra vez, asegurándome de grabar en su cuerpo y en su mente el sonido y la sensación de la espátula de madera, mientras tanto, por la posición en la que estábamos, su trasero se iba bañando de liquido pre seminal.

Cuarenta y uno conté en esta ocasión. Después de eso, Mizore acabó recostada en la cama, con los brazos levantados y sollozando.

-Ya no me pegues… ya no me pegues… seré buena. –

-Levanta ese horrible trasero tuyo antes de que te vuelva a golpear. –

Mizore hizo un esfuerzo para obedecer, mientras no dejaba de llorar, levanté su cabello para poder ver su cara, estaba llena de lágrimas y mocos

-Ya aprendí… ya aprendí… no volveré a portarme mal… seré buena… –

Suplicó.

-No eres buena. –

Le dije, soltando su cabello y acomodando la punta de mi pene en la entrada.

-Quiero que me digas que eres. –

-Si… –

Estaba completamente a mi merced ahora, nada quedaba en su mente excepto las palabras castigo y recompensa.

-Eres mi una sucia perra inútil, indecente, llorona y mentirosa que no puede mantener las piernas cerradas. –

-Soy tu sucia…

Hasta adentro señores, un solo empujón, entró como cuchillo en mantequilla, Mizore gimió con fuerza y sus piernas se tambalearon frente a la súbita dosis de tan esperado placer. Y lo saqué.

-Continua o te golpearé. –

Amenacé, Mizore volteó a verme y asintió, luego miró al frente y tragó saliva para recomenzar.

-Soy tu sucia… –

De nuevo, hasta adentro.

-…perra…

Otro más. A cada palabra que decía, yo empujaba con todas mis fuerzas dentro de ella, recompensándola por admitir esas cosas, pronto ella lo entendió. Creo que lo usamos incluso, para llevar el ritmo que ella quería que lleváramos.

-Soy tu sucia… perra… inútil… indecente… llorona… y mentirosa… que no puede… mantener… las piernas… cerradas –

Conforme comenzábamos a hacerlo, esas palabras suplantaron a los gemidos, lo hice todo lo violento que pude, realmente tratando de recompensarla por todo lo que había soportado, y ¿Porque no decirlo? Tratando de recompensarme a mí.

Después de todo y aunque con algunas cosas inesperadas, esto había salido mejor de lo que yo esperaba que saliera. Por ello, me ocupé de saborear su interior como nunca había saboreado a una chica, la tomé por los pechos incluso para empujar con las fuerza, y ella se irguió para que su espalda me tocara, al menos todo lo que podía.

Y conforme empujaba más y más dentro de ella, Mizore comenzó a perder el control y la decencia (si es que a ella o a mi nos quedaba algo de eso) y pronto, ella estaba gritando esas palabras a todo pulmón mientras no paraba de venirse una y otra vez.

Orgasmo tras orgasmo, cada uno más intenso que el anterior, mi cama quedó tan mojada que seguro que no podría dormir allí hoy.

Finalmente decidí que estaba bien besarla, por otro lado, necesitaba que dejara de gritar eso o los vecinos realmente se alarmarían, ella comenzó a devolver el beso con lo poco que le quedaba de conciencia, y una de sus muñecas se desató con el movimiento, ella usó el brazo que tenía libre para aferrarse a mi cuello desde su espalda y ayudarse a empujar sus caderas hacia mí.

-Te amo… te amo… –

Comenzó a decir, y ya que estábamos en esa posición, ahora más erguidos que acostados, use una de mis manos para acariciar su clítoris.

-Otra vez… otra vez me voy a venir… –

Y pude sentir como ella se estremeció luego de un orgasmo, bastante más intenso que los anteriores, y como se quedó sin energías, la tomé de la cintura para que no se resbalara mientras yo terminaba dentro de ella, luego me desplomé sobre la cama también, sin aliento.

-Soy tu perra… y tu mi dueño… estoy marcada… –

Dijo ella, cuando se dio cuenta de que podría escuchar incluso si ella susurraba. No quedamos así unos momentos, sin poder movernos.

Incapaz de continuar con todo esto, porque admito que una parte de mí se sintió mal con hacerla llorar así, a pesar de que a ella le gustara, le respondí:

-Eres mía. –

Y así como estaba la cama de mojada, me quedé dormido junto a Mizore.