Haru no Yurei C23

Modo nocturno

Capítulo 23: Un plan mal planeado.

A la mañana siguiente, lo primero que sentí al despertarme fue la mirada de Mizore, estaba feliz, o al menos eso parecía. Tanto que resultaba un tanto difícil mirar su cuerpo lleno ahora de cicatrices por lo mal que la había tratado durante la noche anterior.

-Buenos días. –

Dijo ella, no sabía qué hora era, ella estaba recargada sobre mi cama, mirándome.

-¿Hace mucho que despertaste? –

Pregunté, ella negó con la cabeza, sonreía.

-¿Hace cuánto que estas esperando?. –

Pregunté, algo alarmado, Mizore negó con la cabeza, y extendió su mano para tocar la mía.

-No hace mucho, yo creo. Fue agradable mirarte dormir. –

Respondió. Yo bajé la cabeza.

-¿Por qué la toalla? ¿Tomaste un baño? –

Pregunté, ella negó con la cabeza.

-No podría hacerlo si tu no me das permiso… –

Respondió. Ella encogió los hombros, como si aquello fuera solo natural, yo los miré por unos momentos, tenía algunas pequeñas marcas en ellos.

No estaba seguro de qué debería hablar en este momento, nos sentamos en la cama un momento, quizá tratando de procesar un poco lo que había ocurrido la noche anterior.

-Pero… –

Iba a decirle que no había ningún problema si ella se hubiera metido a bañar, pero Mizore me interrumpió, sentada a un lado de mí, dándome la espalda.

-Me hiciste mojar mi uniforme. –

Me dijo ella, explicando la verdadera razón de porque seguía desnuda, no hacía falta que me lo recordara, aunque no parecía enfadada por ello.

-Si bien… yo… –

Mizore me interrumpió, volteando a verme, con lágrimas en los ojos.

-Fue bellísimo. –

Se arrepintió momentos después.

-Yo no debería decir esas cosas. –

Evadió mi mirada al decir eso.

-No… no te preocupes… sé lo que hice y… yo quería saber… el golpe… ¿dolió? –

Ella entendió perfectamente de qué golpe estaba yo hablándole, el único que pienso yo que no debí haberle dado. Asintió con la cabeza.

-Mucho. –

Agregó después. Y suspiré, estaba ahora con su espalda, ella se dio la vuelta.

-En realidad yo estaba pensando en lo que pasó y… bueno… esas cosas que dijiste de mi… las que me hiciste decir… ¿Las piensas de verdad? –

Preguntó Mizore, yo mostré una sonrisa amarga.

-¿De que estas hablando? Claro que no. –

Sus ojos se iluminaron, y ella se juntó a mí.

-Eran parte de lo que estábamos haciendo, yo no pienso que seas desagradable, ni ninguna otra cosa. –

Expliqué, Mizore asintió con la cabeza.

-Es decir, se siente bien que me lo digas en esa situación pero… no quisiera que realmente pensaras eso de mí, y bueno… –

-Como dije antes, es parte del juego, es todo. –

Insistí.

-Entonces ¿Qué piensas de mí? Porque… de todas formas, no importa como lo veas… me gustó, mucho. ¿No piensas que eso es desagradable? –

Me acomodé detrás de ella, mirando sus heridas con algo de… culpa, a decir verdad, otra cosa es que quería evitar mirarla a la cara, porque lo que iba a decirle era de todas formas vergonzoso.

-Pienso que eres maravillosa. ¿No se nota? –

Respondí, acariciando sus hombros.

-Bueno, es que te veías tan serio ayer… tan enojado y tan malo… y cruel. –

No estaba diciéndolo con rencor ni con miedo… estaba excitándose al recordarlo. Yo acaricie su espalda, teniendo cuidado de no lastimarla otra vez.

-Pero me gustaría saber, si en verdad piensas que soy inútil… y mentirosa, y todas esas cosas. –

Agregó después, poniéndose seria por un momento. Bueno, es que ella era primeriza, y quizá el juego de anoche fue demasiado lejos para tan poca experiencia que ambos tenemos, si yo tuve problema diferenciándolo, seguro que ella también.

-Bueno, ya que tocamos el tema, déjame empezar por el principio. –

Le dije, acariciando su espalda, ella se estremeció. No sé si fue el dolor o el placer, o ambos.

-No me pareces desagradable. –

Le dije, ella volteó a verme, moviendo su espalda al ritmo de mis manos, que ya no estaban cuidándose para nada.

-¿Ah no? –

Preguntó ella, con toda la intención de ser halagada.

-No… eres muy atractiva. –

Le quité la toalla del cuerpo, ella se puso de pie y dejó caer la toalla, luego la senté en mis piernas, de espaldas y comencé a acariciar sus pechos con suavidad.

-No hace falta que me sobres, allí no me pegaste… –

Me dijo Mizore, endulzando la voz.

-¿En serio? –

-Bueno… solo un poco… para estar segura… –

Dijo ella, sosteniéndose del borde de la cama mientras recargaba su espalda sobre mí, y moviendo su trasero hacia un lado y hacia el otro, yo metí mi cara en su cuello y comencé a olerlo. Nada huele mejor que el cuello de una chica por la mañana.

-Yo… me dormí en tu cama, estaba llena de mis jugos de amor… apesto ¿No es cierto? –

Preguntó ella.

-No, para nada. –

No es como que el olor de eso se hubiera quedado en ella, o quizá me había acostumbrado, no me molestaba, de todos modos.

-Ayer dijiste que si… moví mi trasero un poquito, y lo lavaste diciendo que apestaba… yo solo quería un poco de amor… –

Me dijo, restregando su trasero con más fuerza sobre mí. Tomé una de sus nalgas y comencé a acariciarla.

-¿Amor así? –

Pregunté mientras le acariciaba y volvía lamer su cuello.

-“Shi” –

Respondió ella, infantilizando su voz, eso aumentó bastante mis expectativas y por supuesto que ahora tenía una erección, comencé a acariciar uno de sus muslos, separando sus piernas un poco.

-¿No huelo mal entonces? –

Preguntó ella, creo que quería escucharme retractándome. Sople su oreja antes de responder.

-No, a mí me gusta. –

-Dijiste que era fea. –

¿Me iba a hacer pagar por cada cosa que le había dicho? Me preguntaba en ese momento, mis brazos estaban rodeándola por completo.

-No eres fea, eres muy linda… me encantas. –

Respondí, ella suspiró y se dejó caer de espaldas sobre mí, exponiendo su cuello para que lo besara mientras que sus piernas comenzaban a relajarse y separarse lentamente.

-Entonces ¿Si te gusto? ¿Mucho? –

-Sí. –

No quedaba más que decirle lo que ella quería escuchar.

-¿Aunque sea llorona? –

-Era mentira, todo era mentira. –

Le aseguré.

-Me hiciste llorar mucho, y dijiste que era mentirosa… yo no estaba mintiendo… si te amo. –

Escucharla decir todas esas cosas con una voz tan infantil comenzó a meter ideas en mi cabeza, ideas que no estaba dispuesto a comentar del todo, pero es cierto que le añadió un cierto fuego a la situación que yo no pensé que pudiera sentir ahora mismo.

-También cuando dije que aprendí la lección… –

-Lo sé. –

Introduce un dedo dentro de ella, era increíble que incluso después de todo el esfuerzo de anoche, estuviera lista para más ahora. Solo que ahora quería ser cuidadoso, no quería lastimarla más de lo que ya lo había hecho.

-¿Soy una niña buena? –

Mizore, por primera vez, tomó mi pene con sus manos y comenzó a moverlo, al mismo ritmo que yo usaba para acariciar sus paredes interiores.

-Lo eres. –

Respondí, y nos besamos.

-Bueno… hay algo que dijiste… que es cierto… –

Dijo, se detuvo mientras comenzaba a acariciar sus pezones, oprimiéndolos muy ligeramente, para hacer que se pusieran más duros, si es que eso era posible.

-¿Qué es eso? –

Pregunté, dejando de acariciar su entrepierna para acercar su cara y poder besarla, Mizore se levantó un poco, y colocó ella misma mi pene en la entrada de su vagina.

-Dijiste que no puedo mantener las piernas cerradas… eso es verdad, siempre lo será.-

Respondió ella, moviendo mi pene para acariciar sus labios con él, yo la tomé por el trasero y uno de sus pechos, mientras continuaba besando su espalda y su cuello.

-¿Sientes esto? ¿Te parece que es desagradable? –

Preguntó ella.

-Me gusta mucho en realidad. –

Se dejó caer lentamente sobre mí, introduciendo mi pene desde detrás, y como estaba aferrándome a ella para continuar sintiendo su piel, pude sentir como u respiración se aceleraba.

-Es tu culpa que yo sea así ahora… no puedo mantener las piernas cerradas… ¿Aun me quieres así? –

Mira que preguntar esas cosas cuando su interior se sentía tan bien. Creo que algo de S tenía ella también, solo que no lo había explorado en realidad y yo no estaba seguro de querer ayudarle con eso.

-Claro que te quiero, eres mía. –

-¿Aunque sea una perra? –

Preguntó ella, moviendo sus caderas en círculos. Si esto seguía así seguro que hacía el ridículo, hablo de que estaba a punto de venirme. Esto no tenía sentido, si ella era tan buena seduciendo ¿Por qué tenía que ser malo con ella entonces? Era muy obvio que esto era otra de sus fantasías, es decir, estaba actuando como una niña pequeña, de algún modo, este era otro de sus juegos. ¿No podía conformarse con este juego?

La verdad es que todavía me sentía un poco culpable.

-No eres una perra ahora, eres mi dulce y linda hermanita. –

Sentí una contracción en su vagina cuando ella escuchó esas palabras, comenzó a hacerlo más a conciencia, tratando de que mi pene llegara más profundo dentro de ella.

-¿Y te gusta? ¿Te gusta que sea tu hermanita? ¿Hacer cosas sucias conmigo? –

Preguntó ella de nuevo. Era un poco vergonzoso de decir pero creo que ella necesitaba sentirse halagada en ese momento. No importaba si era parte de su fantasía, una de tantas que tenía.

-Sí, me gusta mucho… no puedo evitarlo. –

Qué bueno que ella estaba de espaldas, me estaba haciendo decir cada cosa… no la culpaba, yo le hice hacer cosas mucho más vergonzosas anoche.

-Onii-chan es el mejor. –

Dijo ella, acelerando el ritmo, en mal momento porque yo tuve que hacer maravillas para no terminar allí. Mizore no se contuvo de todos modos, comenzó a venirse en ese mismo instante. Y continuó después del primer orgasmo, iba a sacar mi pene para venirme afuera, pero ella no me lo permitió.

-No… no… quédate conmigo… no te separes de mi… –

-Mizore… yo… –

-Hazlo dentro… como antes… quiero que sea adentro… –

Y me vine, y ella también, se dejó caer sobre la alfombra después de eso, apenas podía respirar.

-Creo que tenemos un problema. –

Comenté, recostándome en la cama.

-No es justo… yo quería ser seria contigo… ¿Por qué empezaste a tocarme? Sabes que no resistiré. –

Se quejó ella, mirándome e inflando sus mejillas. La verdad es que no pensé que ella estuviera de humor. Su espalda y sus piernas estaban llenas de pequeñas heridas.

Se lo dije.

-Siendo sinceros, pensé que podríamos contenernos, luego de todo lo de ayer. Pensé que no querrías hacerlo, la verdad. –

Expliqué, ella se dio la vuelta, todavía acostada en la alfombra.

-¿Por qué? Tu no entiendes, cada vez que tocas mi cuerpo, se siente caliente de nuevo. En especial si hablamos de las marcas que tú mismo me hiciste- –

-¿Cómo puedes decir eso tan tranquila? A mí me dio miedo, tenía mucho miedo de propasarme y lastimarte de verdad. –

Le dije, suspirando, ella se puso de pie entonces y me abrazó.

-Pero… a mí me gusta salir lastimada… –

Dijo ella, acariciando mi cabello.

-Y no importa en realidad, me gustó tal cual lo hiciste.–

Mizore se puso de pie, exhibiendo sus heridas como si fueran trofeos.

-¿Mas que ahora mismo? –

Pregunté, contemplando su cuerpo desnudo. Era bonita, de eso no hay duda.

-Me gustan ambos. –

Me dijo ella, sonriendo. Luego se acercó a mí, y contorneando su cuerpo, poco a poco se subió sobre mí y me echó los brazos al cuello. No podía estar más ebrio de ella de lo que estaba ahora.

-Me gustas cuando eres dulce y me mimas, pero también cuando eres malo y me dices cosas feas, ya sé que soy rara, ya sé que no debería sentirme así… pero todo lo que hago e pensar en ti todo el tiempo, no puedo evitarlo, me miré en el espejo por la mañana, y me sentí bien luego de ver las marcas en mi espalda y mi trasero… me sentí tuya, de tu propiedad. –

Explicó.

-De… mi propiedad. –

-Y esa idea me vuelve loca. –

La verdad es que, bueno, yo jamás he pensado que una persona pueda ser en verdad propiedad de otra, hay algo dentro de toda esa idea que no me agrada para nada. Por otro lado, a ella al excitaba pensar así, no creo que sea una buena idea contradecirla en eso.

Lo único que su mente entendería, es que intento apartarla de mí.

-Yo creí que querías romper conmigo… necesitaba sentir esto. –

Suspiré.

-No sé de donde sacaste esa idea. –

Mentira, si lo sabía, pero eso no se lo podía decir.

-Pero la verdad es que nunca fue mi intención, Mizore. –

-No lo hagas… yo… lamento haberme portado así el otro día, si lo lamento porque, estaba asustada, y enfadada, y creí que estabas tratando de apartarme de tu vida… eso me dio miedo. –

-No importa lo que hayas pensando a estas alturas, creo que… fui muy claro anoche con ese detalle. –

Mizore asintió con la cabeza, y sonrió.

-Dijiste que soy tuya. –

Después de unos momentos, nos pusimos de pie, a Mizore no parecía importarle pasearse desnuda frente a mí, luciendo su cuerpo (pienso que lo que quería era lucir sus marcas, la verdad) pero a mi si me provocaba problemas, y eso era un problema porque a decir verdad, no me molestaría hacerlo de nuevo con ella y tenía que parar.

-¿Quieres vestirte? –

Pregunté después de unos momentos, ella sonrió.

-Si quieres, aun puedo ponerme el uniforme con el que llegué. –

-¿Qué tal si primero lo lavamos? –

Pregunté, bajando la cabeza, ella se rio levemente.

-Como quieras. –

Respondió ella. Pusimos el uniforme en la lavadora y preparamos un baño. Yo no lo notaba, y seguro que apestábamos, no podíamos salir así.

-Vamos, te ayudaré a bañarte. –

Le dije, Mizore asintió y nos metimos al baño. Lave su cuerpo con mucho cuidado, aunque no sirvió de mucho porque ella casi llora cuando comenzó a salir el agua caliente. La miré con los ojos entrecerrados, ella se rio levemente.

-Perdona, nunca había estado tan golpeada al bañarme. –

Se excusó ella. Salimos del baño luego de eso, no quiso entrar a la tina, por obvias razones y tampoco lo hice yo, así que solo fueron unos momentos, pero para cuando ella terminó de peinarse, su uniforme estaba saliendo de la secadora. Ya ayudé a vestirse también.

-En realidad nunca me habían consentido tanto como tú lo has hecho hoy… ¿Tan bien me he portado? –

Preguntó.

-No comiences con esa retórica por favor. –

Respondí, ella giró la cara.

-¿Lo ves? En eso si tenías razón. –

Respondió ella.

-Basta. –

Le dije, dándome la vuelta y saliendo del cuarto, ella me siguió.

-Oh vamos, ¿Un poco más? ¿Solo un poco? –

-Nada, tendrás que esperar a la siguiente ocasión. –

Por todo eso, puede notarse que Mizore estaba bastante feliz con el resultado de lo que había pasado, yo suspiré aliviado luego de eso, en cierto modo, pienso que esto estaba bien así como estaba. Despues de que nos bañamos, nos vestimos y salimos a pasear.

Durante el camino, se me ocurrió que podíamos pasar a comer algo (de una forma más normal) y fuimos a un restaurante familiar. Mizore tuvo algunos problemas para sentarse y me miró lascivamente un par de veces, pero fingí no darme cuenta. Luego de eso nos despedimos y ella se fue a su casa y yo me fui a la mía.

Prometí enviarle un mensaje luego de que hubiera llegado, pero al parecer ella llegó primero, lo digo porque ella me envió un mensaje primero.

“He llegado a mi casa y mi madre me mira de forma extraña… ¿Se nota mucho que estoy lastimada? Espero que no demasiado. Mañana tenemos escuela ¿Qué le voy a decir a mis amigas cuando vean las cicatrices? Tengo clase de educación física.”

Y una carita preocupada. Suspiré mientras caminaba.

“No les digas nada, solo actúa de la forma más normal posible, y esperemos que nadie se dé cuenta.”

Luego de eso guardé mi teléfono y fui a mi casa, Kamine estaba parada en la entrada de mi casa, me miró y bajó la mirada luego, aquello fue extraño.

-Hola…. –

Saludó ella, evadiendo mi mirada.

-¿Qué ocurre? –

Pregunté, aquello no era para nada como era ella.

-No… no es nada… solo pensaba que quizá no sea una buena idea dejar que entres a mi casa de nuevo… –

-¿Qué quieres decir? –

Pregunté alarmado.

-Bueno… –

Y se rascó la cabeza.

-Quizá no debería hablar de estas cosas, no me concierne después de todo. –

Empezaba a temer lo peor.

-¿Qué ocurre? –

-Bueno… es que… pusiste a Mizore a comer del piso… –

Explicó ella.

-¿Estabas mirando? –

Pregunté, bastante molesto.

-No… bueno, no era esa mi intención. –

Yo suspiré y abrí la puerta de mi casa, Kamine dudó en pasar, y yo la tomé del brazo.

-No… auxilio… –

Comenzó a gritar. Yo la metí a mi casa antes de que hubiera un malentendido. Ella se apartó de mí en cuanto pudo.

-No tenías que saber esas cosas. –

-Si bien… por eso dije que eran asuntos que no me concernían. –

-No es idea mía ¿Entiendes? –

Repliqué, ella evidentemente no me creyó.

-Fuiste muy malo con ella… ¿Qué si heriste sus sentimientos? –

-Herí todo menos sus sentimientos, créeme. –

-¿Que dice ella? –

Preguntó Kamine, mirándome como sospechando de mí.

-Ella salió de aquí encantada. –

Kamine se dio la vuelta, negándose a creerlo.

-Yo solo venía a ver si les estaba viniendo bien, no pensé que comenzarían tan rápido, iba a tocar la puerta cuando me asomé a la ventana… y tú estabas haciéndola comer en el suelo… –

Bueno, al menos no había visto lo que pasó en la habitación.

-Si… fue un poco… intenso. –

Respondí.

-¿Me juras que no le obligaste? –

Preguntó ella. Creo que pensó que yo estaba aprovechando la situación para obligar a Mizore a hacer cosas que ella no deseaba hacer.

-No la obligué… no contra su voluntad, al menos. –

Kamine lo pensó un poco.

-Le preguntaré de todos modos. –

Agregó ella, yo suspiré.

-Haz lo que quieras, pero estoy seguro de que no viniste a eso. –

-Vine a lo mismo que siempre vengo… el tiempo se nos está terminando. –

-De acuerdo, lo haré… solo para que te des cuenta de que tengo palabra, y de que esto me importa… solo… no comentes lo que viste aquí, con nadie más que Mizore… promételo. –

-No iba a avergonzar a mi prima, de ninguna forma ¿Por qué es que nadie confía en mí? –

Se quejó ella, creo que había tratado de preguntar a Mizore antes.

-Tengo las pantis abajo todo el tiempo,  pero es todo, soy zorra, no malvada. –

Se quejó.

-Vienes a la casa de un chico solo a decirle esas cosas. –

Me quejé, no es como que quisiera hacerlo con ella en ese momento, ella se quejó de vuelta.

-Pues no creo que quieras hacer algo conmigo de todos modos, yo no voy a humillarme de esa forma. –

Estábamos iguales.

-¿Y bien? ¿Qué es lo que haremos? –

Pregunté, volviendo al tema que nos importaba.

-Tu y yo, nada. –

Respondió ella, cruzando los brazos.

-Con respecto a la señora Fumishi. –

Repliqué, Kamine asintió.

-Hoy estará en su trabajo hasta tarde, casi siempre se va a las seis, excepto los fines de semana, que se queda a hacer las cuentas. –

Explicó.

-¿Tiene que ser hoy? –

Pregunté, algo alarmado, la verdad es que no estaba listo.

-Por supuesto que si… ya sabes que estas cosas tienen que ser así, de otro modo la gente comenzara a olvidarse del asunto… ¿Quieres tener a mi madre o no quieres? –

Preguntó.

-Claro que quiero, solo quisiera evitar a la señora en particular. –

-¿Tienes un mejor candidato? –

-¿Puedo volver con la señora Fushima? –

Pregunté, bajando la cabeza, Kamine hizo un gesto de desaprobación.

-Primero el deber, luego el placer. –

Respondió ella.

-Pero voy tras la madre de Akane. –

Repliqué.

-¿Y? –

Preguntó Kamine, encogiendo de hombros.

-No lo entiendes, Akane es… –

-Es la chica que te gustaba ¿No es cierto? ¿Qué con eso? –

Preguntó Kamine, acelerando el paso. Yo comencé a sentir que se me aceleraba el corazón también.

-No se trata de eso, se trata de que me conocerá. –

Expliqué.

-¿No puedes evitarlo? Dijiste que podías. –

Suspiré, ella estaba tapando todas mis salidas, lo mejor era que hiciera esto pronto.

-¿A qué hora se va la señora? –

-A las once… a esa hora ya no debería quedar nadie en los cuartos del personal, el problema, es que es un edificio comercial, no se puede entrar después de que cierran, tienes que quedarte allí mientras cierran y evitar que te vean. –

Explicó Kamine. Algún mal presentimiento tuve, pero lo ignoré.

-Muy bien, hagamos esto. –

Suspiré de nuevo, encogiendo de hombros, solo tenía que hacer esto rápido. Salimos de mi casa después de eso, yo llevaba una pequeña mochila para llevar mi mascara y alguna otra cosa.

Kamine me acompañó luego a la tienda que era propiedad de la familia de Akane. No estaba tan lejos de mi casa, tardamos alrededor de quince minutos, quizá menos. Era un lugar grande, parecía un supermercado de alguna forma, solo que era una sola caja. En realidad pienso que lo que la familia de Akane estaba tratando de evitar con el nombre eran los impuestos.

En fin, no son cosas que me conciernan demasiado, simplemente entramos. Kamine comenzó a comprar algunas cosas, imagino que para establecer una fachada.

-Permaneceré afuera en caso de que haya problemas, supongo que no vas a tardar demasiado, avísame si algo se complica, Buena suerte. –

Me dijo ella, cuando salió.

Para poder quedarme dentro de la tienda de abarrotes, tuve que meterme al baño de la tienda y esperar allí. Como entré mientras había mucha gente, no hubo mayor problema. Una vez en el baño, me aseguré de pararme en un punto en que nadie fuera a notarme incluso si entraban a revisar. Llevaba la máscara en la mochila y estaba usando mi ropa de fantasma.

Me refiero pues a que era ropa que solo sacaba en estas ocasiones, nadie nunca me había visto con ella puesta, así que evitaba que dijeran “Yo he visto esos pantalones en alguien” o cosas así. Escuché luego como cerraban, hay que decir que cerraban a las nueve, cuando ya no había nadie, y luego escuché como el vigilante pasaba  a buscar en los baños que no quedara nadie.

Ahora no debería quedar nadie aquí más que la señora. Salí alumbrándome con una lámpara y busque la puerta a las habitaciones que estaban reservadas para los que trabajaban aquí, aunque ya no debería haber nadie.

Me quedé estático cuando me topé con el primer contratiempo: Akane.

Ella estaba sentada con su mochila a un lado en una de las salas para empleados, parecía estar haciendo cosas de la escuela o algo así. ¿Ella esperaba aquí a que su madre terminara?

“Te lo dije, hay alguien más aquí, Akane está esperando pacientemente, teníamos que haberlo planeado mejor”

Envié un mensaje mientras me escondía.

“No creo que ella tenga idea de lo que ocurre, además, solo tienes que asegurarte de que no te vea ¿No es cierto? Si no te ha visto, no sé de qué te quejas, sigue avanzando”

Me preguntaba en ese momento. Afortunadamente no me y pude pasar de ello desapercibido.

Al fondo, había unas escaleras que imagino que llevarían a la oficina central de la tienda, donde seguramente la madre de Akane seguía trabajando.

Comencé a subir la escalera en silencio. Si tan solo fuera tan fácil como apagar la luz, pero aquello sin duda alarmaría a cierta persona, además de que, posiblemente no fuera tan simple como desconectar la energía. Esto era un local comercial después de todo.

Y al subir las escaleras, noté que las tres puertas que allí había estaban cerradas.

“Estoy en las oficinas ¿Cuál de ellas tiene la luz encendida? No puedo revisar ninguna de ellas sin alarmar a nadie, escucharán el sonido de la puerta. Además, sé que hay un guardia por allí”

Eso le envié a Kamine, esperé allí.

“Es la oficina de la esquina, no sé en donde estés, pero debería ser la del medio en cualquier caso”

Explicó Kamine en un mensaje, yo me acerqué a ella, no escuché ningún ruido. Traté de abrir la puerta pero esta no se movió. ¿Estaba encerrada? ¿Por qué iba a encerrarse si…?

-Akane te dije que esperaras a que… –

Abrieron la puerta y la señora a medio vestir me miró como si hubiera visto un fantasma, bueno, eso es lo que era, ahogó un grito, yo escapé de allí mientras ella volvía a cerrar la puerta.

“Tenemos problemas, se me adelantaron, búscame una salida”

Envié eso apresuradamente mientras guardaba mi mascara en la mochila y bajaba las escaleras apresuradamente. Llegué a la sala de empleados, donde Akane estaba parada, mirándome. Era todo, aquí terminaba todo, había sido atrapado por la única persona en todo el mundo que no hubiera querido que me atrapara.

Si averiguaba para qué estaba aquí, seguramente no tendría piedad de mí.

-¿Qué estás haciendo aquí? –

Preguntó ella, confundida y aturdida.