Haru no Yurei C27

Modo nocturno

Capítulo 27: Conexiones.

Cuando llegamos al cine, Sanae dijo que la esperásemos a que pudiera estacionar el auto, nosotros bajamos y mientras tanto escogimos la película. Lo cierto es que no pudimos ponernos de acuerdo. Minase y Sanae me miraban a mi como si fuera yo el que tuviera la última palabra, a pesar de que no era más que un invitado.

Sorprendentemente para todos, Hatami mantuvo su idea de entrar a ver la película de horror. Yo no pensé que a ella le gustarían estas cosas, pero sus gustos eran sus gustos. “Una noche en el kilómetro 25” se llamaba la película. Ni Minase ni Sanae querían entrar a esa película. De eso hablábamos.

–No, tu solo tienes gustos extraños ¿Por qué tenemos que ver esas cosas? –

Preguntó Minase a Hatami, ella negó con la cabeza, ignorándome por un momento.

–No son gustos raros, mucha gente disfruta de esas películas, sobre todo las personas grandes. –

Respondió Hatami–chan. Parecía que podía afilar su lengua si era necesario, lo digo porque hablaba del complejo de “niña pequeña” que Minase tenía. Pero Sanae negó con la cabeza.

–Yo me considero una persona adulta, pero no podré dormir por la noche si veo algo así. –

Comentó ella. Hatami–chan me miró con los ojos llorosos.

–Bueno, en realidad yo no tengo problema… –

Iba a decir que ninguna de las dos películas me causaba malestar, porque Minase quería entrar a ver una película romántica. Pero era evidente que Hatami–chan no querría entrar a ver esa clase de película ahora.

–Ah, pero tienes que defenderla… –

Se quejó Minase. Kurimo volvió a bajar la cabeza. Sanae propuso lo que todos sabíamos que era la solución, pero en realidad nadie quería decir.

–¿Por qué no entran ustedes dos a ver esa película? Minase y yo podemos ir a ver la otra. –

Comentó. Minase volteó a ver a Hatami, ella negó con la cabeza muchas veces, alzando las manos.

–¿Qué pasa? ¿Te da más miedo él que la película?–

Preguntó, evidentemente tratando de molestarla.

–No es miedo… –

Respondió Hatami–chan, bajando la cabeza.

–Genial, entonces hagamos eso. –

Respondió Sanae, Minase asintió con la cabeza y ellas dos fueron a comprar los boletos.

–Yo… –

–¿De verdad estas bien con esa película? –

Preguntó ella.

–¿Qué? Sí, claro que sí, es solo que… –

Me interrumpí, porque cuando lo afirmé tan claramente, Hatami volteó a verme y me regaló su sonrisa. Era pequeña, y bastante avergonzada, pero era bella.

Cuando me quedé mirándola ella volvió a bajar la cabeza.

–Si me miras tanto… yo… –

–Lo siento, todo esto es incómodo para ti ¿No es cierto? –

–No, para nada, tu no debes pensar eso, es agradable pero… –

Se excusó ella. La maraña de pensamientos que ella tenía era casi visible al tiempo que ella se esforzaba por ponerlos en orden, o por atreverse a decirlos.

–Sobre tu poema… fue lindo. –

Le dije, ella volteó a verme y enrojeció.

–Gracias. –

Fue lo único que dijo y volvió a bajar la cara. Creo que pasaría un buen tiempo antes de que yo pudiera llegar a entenderla lo suficiente. Sanae y Minase llegaron en ese momento, y como faltaba poco para que comenzaran ambas películas, entramos a las salas que nos correspondían. Antes de que nos separásemos, Minase jaló a Hatami–chan y le dijo algo en secreto. Hatami por supuesto enrojeció y batió la cabeza negando algo, y luego nos separamos.

Entramos a la sala, pasamos unos momento sin saber que decir, ahora estábamos sentados el uno al lado del otro y como éramos los únicos en la fila, estaba tan silencioso que podía escuchar las palomitas crujir en mi boca, o el sonido de nuestras bebidas cuando sorbíamos… o su respiración… estaba muy nerviosa.

Apagaron la luz. Traté de concentrarme en mirar la película, de cuando en cuando la miraba a ella y ella parecía feliz, poco a poco nos fuimos relajando y en la primera escena de miedo, casi inconscientemente ella me tomó de la mano. Nos miramos y reímos un poco después de eso, pero ya no de la forma cortante y distante que hacía un momento tenía ella conmigo. Creo que esto le ayudó a relajarse.

Poco antes de que terminara la película, ella soltó mi mano, supuse que era reacción así que no voltee, fingí que no me daba cuenta. Admito que estaba un poco distraído, pero luego de unos momentos, cuando volteé a verla, ella tenía los ojos cerrados y estaba a punto de darme un beso en la mejilla.

Hatami se dio cuenta de que había volteado y volvió a su asiento, con la cara abajo. ¿Era esto lo que había estado esperando? Me preguntaba. Era ahora o nunca.

–Yo… lo siento… –

Comenzó a decir ella. Sin darle tiempo a pensar, la tomé de la mano y acercándola a mi le di un beso en los labios, que ella respondió al momento. Comenzamos a besarnos y Hatami comenzó a abrazarme con fuerza al tiempo que ambos comenzábamos a usar nuestras lenguas. Ese beso duró un rato, pero no la toqué, ni pasamos a más.

Cuando terminamos, ella no quería separarse de mí, así que permaneció abrazada a mi durante un momento.

–Perdón… estoy loca por ti. –

Me dijo al oído, antes de separarse y bajar la cara. Yo la tome de la mano. No quise decir nada en ese momento, porque sabía que las palabras de algún modo sobraban, y porque además, decir algo hubiera sido apresurar cosas que yo no quería apresurar.

Sería malo para ambos.

En lugar de decir cualquier cosa, solo la tomé de la mano, y cuando volteó a verme, yo sonreí. Ya no nos soltamos de la mano, ni cuando salimos del cine, ni cuando Minase y Sanae salieron, manteníamos nuestras manos escondidas detrás de nosotros en la banca para permanecer tomados de las manos.

–Vaya, no pensé que terminarían tan pronto… ¿Están bien? –

Preguntó Minase, pensando que quizá algo malo había ocurrido.

–Fue una buena película. –

Comenté, Hatami asintió y sonrió.

–Tu… no te portaste mal con Hatami–chan ¿Cierto? –

Preguntó Sanae, iba a responder cuando Hatami–chan me defendió.

–Claro que no… él… es un hombre decente. –

Respondió ella, yo bajé la cabeza, que una chica de colegio te defienda de esa forma tiene que significar algo. Después de eso nos fuimos, algo apresurados, porque mi horario de trabajo estaba a punto de terminar. Estaba oscureciendo cuando salimos del cine.

–Primero pasaremos a dejar a Hatami–chan a casa ¿De acuerdo? –

Preguntó Sanae. Todos dijimos que sí.

Y fuimos y el auto se detuvo a, donde según me dijeron, faltaban unos pasos para su casa. Minase bajó con Hatami después de eso, mientras Sanae me interrogaba.

–¿En verdad vieron la película? –

Preguntó ella, parecía molesta, quizá creyendo que le habíamos mentido.

–Claro que sí, sé cómo tratar a una chica de colegio. –

Expliqué, algo ofendido. Estaba tomando nota de esto.

–No lo digo por eso, es que esa niña tiene sentimientos por ti… sentimientos serios. –

Explicó Sanae, batiendo la cabeza.

–¿Serios? –

Pregunté, aunque yo sabía a lo que se refería.

–Es algo que yo no siento por nadie, y Minase tampoco… por eso es que decidimos hacer esto. –

Explicó Sanae.

–Dijiste que conociste a alguien… –

–Si… lo conocí… pero ni aun así… –

Sanae negó con la cabeza.

–No estoy lista para entregarle mi vida a alguien… ella sí lo está, y pretende que tú seas ese alguien. –

–Quizá me está sobreestimando. –

Respondí, recargándome en el asiento.

–¿Tú crees? Si estuviera sobreestimándote, te habrías aprovechado de ella, no lo hiciste porque consideras que es especial ¿No es cierto? –

–Si entiendes todo esto ¿Por qué quieres que…? –

–No lo entiendo, al menos no entiendo porque alguien querría abrir así su corazón a otra persona, pero eso no evita que me dé cuenta. –

Explicó. Yo suspiré, no era un tema del que quisiera hablar, mucho menos con Sanae.

–Tampoco se declaró ¿cierto? –

Insistió ella.

–Más o menos… no es tan simple cuando hay tanto en juego, ella no está poniendo su cuerpo en esto, está poniendo todo su ser… no es tan fácil. –

A decir verdad, a mí también me asustaba un poco, en el pensamiento de Hatami, era obvio que aquello planteaba una conexión mucho más profunda que la que yo hubiera tenido antes con cualquier persona, Mizore incluida.

Aun con todo, nunca, y me refiero a nunca, me he retractado de nada. Nunca he huido de una situación. Bueno, solo de una persona, y Hatami no era esa persona. Todos los días me arrepentía de haber sido cobarde con ella.

–Lo harás bien, el hecho de que, a diferencia de mí, no abusaste de ella en cuanto tuviste la oportunidad, prueba que te importa. –

–Puede ser que no eres una chica de colegio. –

Respondí. Minase regresó en ese momento, me dio un papel mientras se sentaba a mi lado.

–¿Y bien? Como estuvieron las cosas, Romeo–san. –

Preguntó Minase en cuanto entró.

–¿Qué hay con ese extraño apodo? –

Pregunté, algo avergonzado, lo admito.

–Oh nada, es solo que hablé un poco con Hatami–chan… ella esta tan ilusionada… pensaba que algo tenía que ver que ella dice que te portaste como un perfecto caballero. ¿Quién iba a decirlo? –

Preguntó Minase, sabiendo perfectamente que su hermana estaba escuchando y que sabía de lo que estaba hablando.

–Yo pensé que abusaría. –

Intervino Sanae, entrando en la conversación.

–Por enésima vez ¡No! –

Respondí. Esa maldita Sanae, me estaba llenando el hígado de piedritas.

–¿Cómo iba yo a saber? –

Preguntó Minase. Encogiendo de hombros.

–Sea como sea, eso la tiene ilusionada, tendrás que hacerte cargo de sus sentimientos ¿No lo crees? –

Agregó después, mirándome recelosa.

–Todo tiene un orden. –

Dije, cruzando los brazos y recargándome en el asiento.

Luego de eso llegamos a la casa de Minase, bajamos del auto los tres.

–Muy bien, hagamos esto, dejamos a Minase y luego voy y te dejo cerca de tu casa. –

Sugirió Sanae.

–¿Eh? ¿Por qué? –

Preguntó Minase, quejándose.

–Porque si Otou–san pregunta ¿Dónde estás? Se dará cuenta de que estás conmigo. Y se supone que estuvimos aquí. –

Respondió Sanae, Luego permaneció mirando a Minase durante un momento. Creo que me di cuenta de que había palabras implícitas en esa declaración, pero no dije nada, solo aproveché para estirarme.

–De acuerdo… no tardes mucho… –

Dijo ella y entró a su casa. Sanae volteó a verme.

–Voy al baño… espera aquí… –

Genial, me iba a dar la oportunidad de desquitarme por todos los insultos que me había dicho hoy. Me senté en el asiento del copiloto una vez que Sanae regresó, subió al carro en silencio, y arrancamos.

–La foto… –

Comentó ella cuando subió al auto. Yo volteé a verla, ella miraba al frente.

–Puedes quedártela… si la quieres claro… –

Me ofreció. Luego cambió el tema. Yo sonreí.

–¿Por dónde? –

Preguntó ella.

–Cruza esta calle y das la vuelta a la derecha. –

Seguimos durante un rato, yo me limité a darle indicaciones hasta que le pedí que se detuviera junto a un parque.

–¿Es aquí? –

Preguntó ella, mirando a todos lados.

–¿Mi casa? No… –

Respondí.

–Entonces…  –

Yo voltee a verla, ella bajó la cabeza y se retiró un poco.

–Esta oscuro afuera… y solitario… –

Apuntó ella, era una cabeza hueca.

–Bueno, a decir verdad, a mí no me molesta quedarme a solas contigo. –

Sanae me miró, con la cara roja. Ah vamos, estaba completamente seguro de que esta era su intención desde el principio. Quizá ella no podía admitirlo pero eso no lo sacaba de su mente ¿O sí?

–¿Vas a… violarme? –

Ella usó el término “violación” a pesar de todo. De igual forma no creí que estuviera tan lejos de la realidad.

–No es eso… bueno, no solo eso… es solo que, creo que últimamente no te he puesto la suficiente atención. –

Expliqué, colocando una mano en su rodilla, ella se sobresaltó y movió su pierna.

–¿De que estas hablando? No hay razón para que me pongas atención a mi… estabas totalmente pendiente de Hatami. –

Se quejó Sanae.

–¿Y eso te hizo enojar? –

–Claro que no. –

Respondí ella, era muy obvio que estaba mintiendo, quise poner una mano en su cara, ella quitó la cara con violencia. Estaba enfadada. Aun así, si Sanae realmente quería evitarlo, solo tenía que encender el auto. No lo hizo.

–Por poco me haces quedar mal con ella. –

Le recordé, ahora metiendo mi mano dentro de su blusa, ella se resistió solo un poco.

–¿Por qué no mejor admites que estabas celosa? –

–¡No! –

–No puedes quejarte por ello, tendrás un novio pronto ¿No es cierto? –

Pregunté, masajeando uno de sus senos.

–Si… lo tendré… –

Respondió ella a regañadientes.

–Ah… ahora siento tanta envidia… podrá jugar con este lindo cuerpo tuyo… cada vez que quiera… –

–Si pero… –

Se quejó, recargándose en el asiento del auto.

–¿Pero? –

Mi mano se movió hacia adentro de su sostén, acariciando su piel, sentí como se erizó al contacto con mis dedos.

–¿Qué si no le gusto? –

Preguntó ella, girando la cara.

–¿De qué estás hablando? Eso no tiene sentido… si fuera cinco años mayor, me casaría contigo sin pensarlo… solo para tener esto sólo para mí. –

Y mientras decía esas cosas, mi otra mano se volvió hacia sus piernas, y en medio de ellas, tocando su vagina por encima de la ropa, ella junto su piernas, no sé si trataba de impedirlo o eso hacía el contacto más placentero.

–Eso… lo que dices… no tiene sentido… yo no te gusto… solo te aprovechas de mí. –

–Bueno, es cierto que me aprovecho de ti… –

Le dije, masajeando su entrepierna, su ropa interior estaba muy mojada ahora.

–¿Lo ves? Solo quieres aprovecharte… de que estoy solita. –

Al igual que la última vez, ella estaba usando una voz infantil, como si tuviera la edad de Minase o algo así.

–Pero eso no evita que me gustes… –

–Sin sentido… lo que dices… no tiene… sentido… –

Comenzó a dificultársele hablar a medida que comenzaba a llorar y a respirar con dificultad.

–Puedes fingir todo lo que quieras que no te agrada, igual me trajiste aquí, solos y en la noche… –

Respondí, ahora metiendo mi mano por debajo de su ropa interior, estaba muy mojada.

–¿Lo ves? Tienes una inundación aquí abajo… –

Le dije, ella apretó sus piernas.

–No es cierto… eres mentiroso… yo no estoy… –

Moví la palanca del asiento y este se fue hacia atrás, reclinándose todo lo que se podía, hasta quedar recargado en el asiento trasero del auto. Ahora éramos menos visibles, y ella estaba casi totalmente acostada.

–Voy a gozar de tu cuerpo todo lo que quiera… –

Aseguré, ella negó con la cabeza, y yo abrí su blusa para poder mirar su sostén, ella trató de cubrirse como pudo, pero la situación en la que estaba no le permitió reaccionar, así que sus movimientos eran vacilantes, solté su sostén, que tenía un moño n medio, y sus pechos quedaron al descubierto.

–No me veas… no me veas… –

Eran bastante grandes, yo diría que un poco más que la palma de mi mano, rebotaron al momento que solté su sostén, temblando ligeramente como dos malvaviscos. Los lamí, ella comenzó a gemir y a negar con la cabeza, yo no le presté mucha atención, no hacía más que sostenerlos y masajearlos, incluso me pasé a su asiento, sobre de ella para poder tener más control, asegurándome claro, de no poner mi cuerpo sobre ella para no incomodarla en realidad.

–Como dije antes, son lindos… y saben bien… –

–Pervertido… ¿Cómo… como van a saber bien? Eso no tiene sentido. –

Separé sus piernas con mis rodillas, ella ahogó un grito, al momento que se dio cuenta de lo que iba a pasar, me miró con los ojos llorosos.

–¿De verdad te gusto? ¿No soy desagradable? –

Preguntó ella, y como parecía una pregunta sería le respondí sinceramente.

–Eres hermosa. –

Ella ahogó un grito de vergüenza y enrojeció.

–Bueno… entonces… puedes abusar de mí. –

Dijo ella, separando sus piernas y colocando sus pies en el volante del auto, su falda se restiro, pero aún había que mover las pantis del camino, las aparté un poco y coloqué mi pene en la entrada, ella se estremeció. Se llevó su dedo índice a la boca, mordiéndolo ligeramente.

–Tu querías esto, no puedes culparme… –

Le dije, ella asintió con la cabeza.

–Es cierto… yo quería esto… soy una niña sucia… –

–¿Lo ves? Está bien, no es algo malo… –

Le dije, al tiempo que comenzaba a empujar dentro de ella, su vagina era estrecha, y sus paredes comenzaron a reaccionar, amoldándose y succionando todo lo que podían. La sensación era grandiosa.

–Pero… es tu culpa… si soy así… –

Replicó ella, aferrándose con fuerza al asiento mientras entraba a través de sus paredes. Sus ojos brillaban cuando me miró.

–Tan… grande… –

Me sostuve de sus hombros para empujar más adentro, mientras lamía su cuello y sus pechos como podía.

–Está dentro… no puede estar más adentro… está besando mi interior… –

Comencé a empujar con fuerza, aunque muy lentamente, lo que quería es darme tiempo de sentir sus paredes en mí. Como dije antes, era el cuerpo de una mujer, en la mentalidad de una niña. Pero al menos su cuerpo era sincero.

–No puedo más… mi cabeza… esta todo en blanco… –

Sanae levantó aún más sus piernas, facilitándome el trabajo, yo trataba por todos los medios de no terminar por el momento, mientras ella comenzaba a perder todo el control sobre si misma que le quedaba. No pasó mucho tiempo antes de que ella terminara.

–Se siente bien… se siente bien… –

Sanae comenzó a gritar mientras presionaba mi cintura con sus muslos, tratando de oprimir sus paredes para sentirlo con más intensidad. Una reacción bastante curiosa, diría yo. El carro estaba temblando con mis movimientos que ya no eran lentos ni amables.

–Así es como debe sentirse… –

Respondí, sosteniéndome de sus hombros ahora para asegurarme de batir bien todo su interior. Su cara estaba roja y ella tenía problemas para respirar.

–¿Te gusta? –

Pregunté, una pregunta estúpida de mi parte, pero yo solo quería escucharla decirlo.

–Si… si me gusta… si me gusta… más… –

–Eres una niña consentida. –

Sanae cerró los ojos frente a esa afirmación, pero asintió muchas veces con la cabeza.

–Si… consiénteme… soy tuya… toda tuya… –

Eso era nuevo.

–¿Qué hay de tu novio?–

Pregunté, ella negó con la cabeza.

–No tengo… y lo engañaré cuando lo tenga… me dejaré violar siempre que quieras… siempre… ¡Siempre! –

Ella gritó cuando di el último empujón y comencé a venirme dentro de ella.

–Adentro… se siente caliente… está… –

Acaricié su clítoris para asegurarme de que ella también terminara, solo hizo falta un pequeño toque y sus jugos de amor salieron de ella como si hubiera estado conteniéndolos. Sus contracciones ayudaron a que nada de mi semen saliera de ella cuando saqué mi pene, el asiento quedó manchado solo por sus jugos. Yo suspiré.

–Bueno, eso es a lo que yo llamo un buen relleno. –

Dije, mitad en broma, ella me miró, extasiada y asintió.

–Soy… un pan ahora… –

Dijo ella, ladeando su cabeza para poder respirar, abrí un poco la ventana para que entrara un poco de aire. Después de un tiempo, ella se puso de pie.

–Hacía mucho que no abusabas así de mi… –

Me dijo ella, sin mirarme, con la cabeza gacha.

–Solo para que quede claro, nada de lo que dije es cierto… –

Se quejó después, tomando conciencia de que algunas de las cosas que dijo en ese momento no eran del todo convenientes.

–Bueno… es una pena… –

Respondí, ella me miró enfadada y comenzó a vestirse.

–Hice un desastre en mi auto… no debimos hacerlo aquí… –

–Bueno, no me sentiría que estoy abusando si simplemente entras a mi casa ¿No crees? Nadie podría decir que no es tu culpa entonces. –

–¡Pues no es mi culpa! –

Se quejó ella, luego bajó la cabeza.

–Tu hiciste que me gustara esto… tú te aprovechaste de mí, es toda tu culpa. –

–Sí, sí, lo sé. –

Respondí, acomodándome la ropa. Después de unos momentos de silencio, ella encendió el auto de nuevo. Esta vez le indiqué el camino correctamente. Sanae se limitó a conducir en silencio después de eso. Nos detuvimos frente a mi casa, era algo tarde ya. Iba a abrir la puerta cuando ella me sostuvo ligeramente de la manga.

–Sobre lo que dije antes… –

Volvió a comentar Sanae.

–Eran mentiras… –

Respondí, ella negó con la cabeza.

–No me molestaría… si un día decidieras aprovecharte de mí de nuevo, incluso si tengo novio… yo me quedaría callada. –

–Lo pensaré. –

Respondí, y cerré la puerta del auto tras de mí, luego de eso Sanae se fue y yo entré a mi casa. Hay que decir que fue algo cansado todo lo que había pasado, pero no pienso que el día estuviera mal empleado. Kamine salió de su casa y se acercó apenas me vio llegar.

–Vaya, parece que ahora eres importante, si pueden traerte en auto hasta aquí… –

Comentó ella, evidentemente dándose cuenta de que mi ropa estaba desarreglada y yo estaba despeinado.

–Y ahora me pregunto ¿En que trabajas? –

Agregó después.

–Nada importante. –

Respondí para zanjar el tema. Ella negó con la cabeza y levantó una mano.

–Solo… cuida que mi prima no se entere. –

Dijo ella, luego suspiró.

–En fin, solo quería decir que ha sido un gran éxito, Ayasara–Sensei estará en mi casa mañana para hablar de mi desempeño escolar. –

Dijo ella, sonriendo.

–¿Has pensado que podrían realmente hablar de tu desempeño? –

Pregunté, mirándola de reojo mientras me acercaba a mi casa.

–¿Eh? Voy bien en clase de algebra ¿sabías? –

–¿En verdad? –

Pregunté, es decir, yo ya lo sabía, sus notas en algebra no eran malas.

–De nuevo con los prejuicios, le diré a Mizore que me has molestado, se enfadará contigo y no querrá hacerlo después. –

Encogí de hombros.

–Siempre puedo atarla y hacerlo con ella aunque ella no quiera. –

Respondí, ella batió la cabeza riendo.

–Eres excepcional… –

Dijo ella, pero no parecía enfadada. Luego se puso frente a mí, bailando tontamente.

–¿Y bien? ¿Cuándo debería poner el listón rojo en mi puerta? –

Preguntó ella.

–No lo sé… éste fin de semana tengo una cita con Mizore, supongo que estaría bien después de eso. Además, recuerda que el fantasma tiene un asunto pendiente. –

–Lo sé, No creo que Ayasara–Sensei invoque al fantasma ahora mismo, pero por si acaso, una de mis amigas vive cerca de la maestra, todos los días le pediré que tome una foto de su casa y me la mande, si vemos el listón rojo, te avisaré. –

Me dijo ella, y luego de eso nos separamos y yo me fui a dormir. Al entrar a mi casa me encontré con que tenía un mensaje de Mizore. Uno que simplemente decía

“Quiero verte”

Sin caritas, ni nada. Aquello fue algo extraño, incluso parecía incompleto, pero decidí que no eran horas de ir a buscarla, así que intenté llamarla, pero cuando traté de hablarle, el teléfono sonó fuera de línea. Quizá se quedó sin batería. Quería convencerme de eso, pero no pude.

¿Estaba triste? ¿Estaba feliz? Nada podía interpretarse del mensaje, incluso una emergencia podía estar pasando.

Incluso traté de marcar varias veces. Pero al parecer, estaba apagado.