Haru no Yurei V2 C1

Modo nocturno

Capítulo 1: Empezando una nueva vida.

Una cena casera. ¿Cuantos había pasado desde que alguien había cocinado realmente aquí? Desde que Mizore vino aquí pidiendo perdón por algo que yo había hecho. Lo cierto es que esta vez era una ocasión más feliz, Ahora mismo había vuelto del supermercado, aprovechando que falté a clases y Akane cocinaba. Yo esperaba en la mesa, impaciente, golpeando los palillos en la mesa para que me sirvieran pronto.

-¿Qué eres? ¿Un niño pequeño? –

Preguntó Akane, saliendo de la cocina con una mano en la cintura.

-No… –

Respondí, bajando la cabeza.

-Pues entonces compórtate, solo tienes que esperar un momento. –

Eso fue extraño, pero me agradó. Quizá fue el hecho de que ella decidiera consentir mis pequeños caprichos, quizá era el hecho de que ella había vuelto a sonreír, o tal vez que simplemente me agradaba la idea de que cocinara.

Recapitulando lo que pasó. Luego de la confesión y todo eso, terminamos besándonos sobre el piso, en la alfombra. Las cosas comenzaron a subir de intensidad y yo estaba comenzando a tocarla cuando ella se detuvo de pronto, y me empujó lejos de ella. Aquello me confundió e incluso me hizo enojar.

La miré desconcertado y ella me devolvió una mirada igual de desconcertada, que pronto se cubrió de lágrimas de nuevo.

-Perdón… no quise hacer eso… yo… Ese ha sido mi primer beso y… –

-¿Quieres parar? –

Pregunté, con naturalidad, después de todo, no era la primera vez que algo interrumpía esa clase de cosas, podía estar pasando cualquier cosa, pero ella no lo entendió así, y se puso nerviosa de la nada.

-No… es solo que… no puedo hacerlo así… –

-¿Es porque estamos en el suelo? –

Pregunté, incorporándome. Ella me miró con coraje, se sintió incomprendida, pero es que yo no lo entendía. Akane negó con la cabeza y suspiró.

-Creo que… vas a tener que hacerlo por la fuerza… como antes… –

Dijo ella, resignándose. Bueno, es que esa era la única forma que ella conocía, pero… digamos que yo no quería verla llorar otra vez, así que negué con la cabeza.

-No quiero hacerlo por la fuerza otra vez… quiero que sea normal. –

Expliqué, Akane me miró extrañada.

-No, no… tengo que hacerlo, tengo que poder con esto y si me resisto tienes que obligarme, de otro modo no podré satisfacerte. –

Por unos momentos me pregunté si se trataba de una fantasía, o si realmente había un problema.

-¿No lograrás satisfacerme? Está bien si no lo hacemos ahora… –

Admití, encogiendo de hombros. Es decir, por supuesto que quería hacerlo. Pero ella iba a quedarse, teníamos mucho tiempo.

-¿No quieres? –

Preguntó ella.

-Claro que si… –

Respondí.

-Entonces hazlo… tómame aunque yo no quiera. –

Suspiré. Ya no sentía deseos de lastimarla, así que me opuse.

-Puedo hacer eso si quieres, pero si no quieres hacerlo, creo que es mejor si esperamos. –

-Pero tú quieres hacerlo ahora… –

Respondió ella.

-Esto no se trata de satisfacerme… se trata de que te sientas bien con ello, si tú te sientes bien por la fuerza entonces que así sea… pero, tengo la impresión de que no quieres hacerlo. –

-¿Y cómo hago para sentirme bien con ello? ¿No es más fácil si solo lo acepto y lo soporto? No tienes que pensar en mí. –

Suspiré, ella tenía todas esas cosas mezcladas en su cabeza. El caso es que Akane no quería hacerlo. No sé porque, pero no quería, y eso fue suficiente para que yo me detuviera.

-Esto no funciona así. –

Le dije, sonriéndole y dándole la mano.

-¡¿Entonces cómo?! –

Preguntó ella, sentada en el suelo, desesperándose como una niña pequeña.

-Pues… tiene que ser voluntario, no puedo forzarte cada vez, eso no está bien… es decir, está bien si es un poco forzado de vez en cuando, pero tienes que darte el tiempo de quererlo también. –

Expliqué.

-Pero nunca voy a querer… –

Respondió ella. Yo no estaba tan seguro de eso.

-¿Qué tal si ahora mismo solo vamos por algo de comer? –

Pregunté, con intenciones de despejar un poco el ambiente. Akane me miró con los ojos llenos de lágrimas por un momento. Yo le sonreí.

-Perdón. –

Dijo ella, finalmente poniéndose de pie. Solo espero que no se sienta rechazada.

-No tengo que disculparte, estas cosas son así. –

Respondí, encogiendo de hombros.

En ese momento tocaron la puerta, ambos nos sobresaltamos, miré a todos lados sin saber qué hacer, luego sentí que era estúpido y fui a abrir. Era Kamine, ella entró con aires de huracán con falda, sin pedir permiso ni mirarme.

-Bien, ahora que lo has liado todo, Mizore no responde el teléfono. Estoy segura de que… –

-No tiene teléfono. –

Respondí.

-¿Qué? –

Preguntó ella.

-No tiene teléfono, he ido a verla hace poco porque tampoco me respondía, resulta que rompió su teléfono. –

Expliqué, Kamine me miró enfadada.

-¿Has ido a verla? ¿Cuánto tiempo hace? –

-Bueno… el día que me arrollaron con un auto… –

Akane se acercó a nosotros, Kamine la miró con desdén.

-¿Por eso es que estabas allí? –

Preguntó Akane, quizá entendiendo un poco de cómo habían pasado las cosas, aunque… también daba la impresión de que ella solo estaba haciéndose notar

-Si… yo… fui a ver a Mizore, y la vi antes de ir a la escuela, venía de regreso cuando, bueno, tu padre me golpeó con el auto. –

Kamine encogió de hombros.

-Es una lástima que eso no te matara. –

Dijo ella. Akane la miró ahora de mala manera. Podía sentir la tensión creciendo entre esas dos como la espuma de una soda agitada.

-Veo que no te has deshecho de tu problema. –

Comentó Kamine, mirando a Akane. Akane puso su sonrisa defensiva al tiempo que asentía.

-Muchas cosas pasaron, Kamine, no voy a deshacerme de ella solo así, básicamente ahora estoy casado con ella. –

Respondí, Kamine se rio estrepitosamente. Le costó un poco recuperar el aliento.

-Ya entiendo… ya entiendo, quieres jugar a la casita. Los hombres son estúpidos. –

Dijo finalmente, ya no sabía si estaba enojada o no lo estaba.

-Puede que tengas razón en lo segundo, no lo voy a negar. –

Respondí, tratando de bajar un poco el mal ambiente.

-Tu… de entre todos los chicos tu… jugando a la casita… oh, esto debería ser una noticia enorme. –

No supe que decirle a eso.

-Disculpa… –

Comenzó a decir Akane, sonriendo. Kamine la miró.

-Déjame adivinar, Fumishi Akane no ¿Es cierto? He escuchado a este idiota hablar tanto de ti, que creo que voy a vomitar. –

Akane asintió con la cabeza, sin perder la compostura. Dios… en verdad que sabía cómo manejar esta situación. Cualquier otra chica estaría llorando o gritando a estas alturas.

-Sabes quién soy, y lo agradezco, pero no te has presentado, y aunque es la segunda vez que vienes, todavía no se quien eres. –

Kamine la miró enfadada, era difícil discernir la cantidad de insultos que había en esa frase y que yo no alcance a captar pero Kamine sí. Lo digo porque eran casi las mismas palabras que Sakyomi le dijo a ella antes.

-Soy Kamine, Kaoru Kamine, y… hasta que apareciste, era quizá la mejor amiga de este idiota, y claro que no habías oído de mí, si tú nunca te acercaste a él para nada, si quieres saberlo solía quejarse de ello todo el tiempo… ¿No es cierto? –

Kamine se volvió hacia mí. ¿Qué era lo que quería? ¿Que Akane se sintiera mal por ello?

-No todo el tiempo. –

Respondí.

-En fin, no estoy aquí para interrumpir el juego de mamá y papá que parecen estar llevando, lo único que quiero saber es lo que va a pasar en la realidad con este pervertido. –

Le dijo a Akane, ella negó con la cabeza.

-Puede que lo parezca, pero no estamos jugando, lamento si lo mucho que nos divertíamos te ha dado esa impresión. –

Respondió ella. Serena, segura de sí misma, sonriendo. Era muy obvio que por dentro estaba que estallaba, pero bueno, es que Akane siempre había sido así.

Kamine la miró con odio.

-No, no, tú te divertías, pero dudo que a este sujeto le sirvas más que para un ligero bocadillo en la mañana, estoy más que segura de que tarde o temprano terminará comiendo fuera. Porque bueno, es lo que hace. –

-Bueno ¡basta ya! Si hay algo que detesto es escuchar a dos mujeres discutir, porque ninguna tiene el valor de decir claramente lo que realmente quiere decir, es estúpido. –

-Sabes que no puede satisfacerte. Te ha hechizado o algo pero esa clase de cosas acaban pronto… –

Replicó Kamine.

-Ese es asunto mío. –

Respondí.

-Ya te he dicho lo último que sé sobre Mizore, quien en este momento debería estar por llegar a su casa, y si ya terminaste de joderme la vida, déjame decirte algo, ni ella ni yo queríamos que esto saliera así, sólo pasó. –

-¿Y qué pasa con Mizore? –

Preguntó ella, ahora enfadándose conmigo.

-Yo hablaré con Mizore, eso no es asunto tuyo. –

Kamine me miró con odio.

-¿Y lo que teníamos tu y yo? ¿Qué hay de eso? ¿Lo vas a abandonar solo así? –

Akane batió la cabeza con pena y subió las escaleras.

-No lo sé, tengo que pensarlo. –

Respondí. Una lagrima se mostró en el rostro de Kamine.

-¿Y yo? ¿Ya no puedo estar contigo tampoco? –

Esta vez sí preguntó en voz baja.

-No lo sé… –

-¡Estas echando tu vida a la basura! –

Aquí estaba, el berrinche de Kamine.

-¿Has pensado que no todo se trata de mí? –

Pregunté, ella negó con la cabeza.

-¡Para mí sí! –

Se quejó ella, y dándose la vuelta, salió corriendo, azotando la puerta al salir. Vaya una manera de confundir a alguien. Aunque tenía mucho sentido si lo pensabas desde su punto de vista… Podía mantener bajo control todo desde la posición que tenía. Mizore no sospecharía de ella y ella podía seguirlo haciendo conmigo cuando quisiera… relativamente.

El caso era completamente diferente ahora que Akane estaba involucrada. Eso fue lo que no le gustó. Era una hipótesis.

Sin pensar más en ello fue a buscar a Akane luego para continuar con el tema de la cena. Ella aceptó cocinar para mi si era yo quien compraba todo afuera, así que eso fue lo que hice. Volví, y ella se puso a cocinar.

Luego de regañarme por estar haciendo ruido en la mesa, Akane puso los platos y se sentó junto a mí.

-¿Puedo preguntar algo?-

Akane me miró con los ojos llorosos. Oh, no, no de nuevo.

-¿Qué pasa? –

-¿En verdad le hablaste de mí? –

Preguntó ella. Yo bajé la cabeza, tratando de recordar en realidad que tanto le había dicho de Akane a Kamine. Para mi alivio, o decepción, no mucho, en realidad.

-No tanto como tú crees, pero si… –

-Y… ¿Le hablaste de mi mala que fui? –

-Bueno… en realidad no es que hayas sido mala. –

Ella se limpió las lágrimas con una servilleta. Oh diablos… aquí vamos de nuevo.

-Pero… –

-Ya está… –

Interrumpí, tomando la servilleta y secando sus lágrimas de la cara. Eso la hizo dejar de llorar al menos.

-Lo que sea que haya pasado, ya no importa… –

Agregué, ella negó con la cabeza.

-Pero esa chica tiene razón, yo no… puedo… hacerte feliz, ya sabes… con esas cosas. –

Se quejó.

-No todo se trata de eso, soy feliz ahora mismo, si es lo que te estas preguntando. –

-Sí, pero eso no basta… –

-Estás estresándote demasiado. –

Respondí.

-Yo quiero que seas feliz. –

Apuntó ella.

-Sí pero… –

-¡Para eso estoy aquí! –

Repuso Akane, desesperándose, alzando la voz y poniéndose de pie. ¿Estaba enojada?

-Akane… cálmate. –

-No puedo, no puedo seguir sintiéndome bien yo sola, sintiéndome orgullosa de mi misma, como si hubiera hecho algo que lo mereciera, yo estoy increíblemente feliz aquí ahora y no es justo. –

-Akane… –

Pero ella ya no estaba escuchándome. Seguro que ella tenía muchas expectativas sobre todo esto, expectativas que ella misma se había puesto, yo creo, y como no salían las cosas como ella esperaba se angustió. Pero nadie dijo que el cambio fuera a darse de la noche a la mañana.

Akane tenía que aprender.

-Yo, quiero ser capaz de quererte, de recibirte con un beso cuando llegues a casa, de ser una esposa de verdad, no jugar a la casita. –

Maldita Kamine. Ahora que lo pensaba, las mujeres, todas, sabían que decir para golpear duro y por debajo. Envidiaba un poco eso de ellas.

-Bien, esto es lo que haremos, te enseñaré ¿De acuerdo? Pero tiene que ser poco a poco, no puedes esperar ser una buena esposa solo así, tienes que tomarte el tiempo de aprender. –

-¿En verdad? Es decir… yo sé que no tienes que hacerlo, y que puede resultar una molestia para ti, tener que educar a una chica estúpida desde el principio. –

Dijo, suspirando.

-Claro que no… será divertido. –

Yo tampoco nací sabiendo. Hubo alguien que me enseñó. Y tengo que decir que me tuvo mucha paciencia porque si, era un idiota.

-¿En verdad? ¿Qué debería hacer? –

Los ojos de Akane brillaban ahora. Lo cierto es que yo nunca hablé de esto con ella antes, dijimos que lo haríamos, pero es que ella no tenía idea de cómo. Creo que ella pensó que fueron solo palabras y que en realidad nada cambiaría. Y eso no le gustó.

-Por ahora, termina de comer. –

Respondí, y ella volvió a sentarse, ya mas tranquila, tengo que decir. Luego de eso ella tomó un baño, y yo miraba el televisor, el día de hoy se me había hecho largo.

Escuché como Akane salió del baño luego de un rato, y me apresuré a tomar uno yo. Necesitaba relajarme. De pronto se me ocurrió algo… algo que… no tenía mucho sentido, pero en vista de que era una buena oportunidad, no quise desperdiciarla.

Fui hasta el cesto de la ropa sucia y una vez allí, aprovechando que ella no podría entrar porque yo estaba tomando un baño, busque su ropa interior. Esto me trajo recuerdos, sobre todo cuando, bien escondida dentro de la canasta, di con unas pantis de encajes blancos, que ella debería haber tenido puestas hasta hace un momento.

Si para algo sirvió eso, es para que después de toda esa maraña de malos entendidos, corajes, llanto y problemas, finalmente comencé a desearla un poco. Cuando salí del baño, Akane tenía puesta ya una pijama con dibujos de pollos, increíblemente infantil. Tuve que contenerme para no reír cuando la vi.

Ella sin embrago, al ver que no llevaba nada puesto más que los calzoncillos, se tapó los ojos y se dio la vuelta. Esto iba a ser difícil.

-¿De qué sirve que te des la vuelta? –

-¡No debo mirar! –

Gritó ella.

-Pero está bien si miras un poco… –

Respondí. Aquí estaba, este era el principio de todo.

-No, no debo, yo… esperaré a que te vistas. –

Respondió Akane.

-No voy a vestirme ahora, vamos, voltea. –

Ella se incorporó, todavía de espaldas, y sin voltear, preguntó.

-¿Estás seguro de que quieres que mire?-

-Si… –

Respondí, lentamente, con la cara roja como un tomate, ella se dio la vuelta, cerró los ojos y batió la cabeza, luego me miró, directamente a los ojos.

-Esto es muy difícil. –

-¿Mirar? –

-Mi cabeza no deja de repetir que esto no debe hacerse… que está mal… que lo que hay que hacer, es darse la vuelta… –

Explicó ella. Creo que esto pasaba de ser solamente una regla, creo que ella estaba traumada con el tema.

-¿Y que sientes tú? –

Pregunté.

-Quiero correr… pero… también tengo curiosidad… quiero saber en qué es diferente el cuerpo de los hombres… –

-Bueno, como puedes ver… es más ancho… –

Expliqué, ella sonrió.

-Y grande.-

Apuntó ella.

-Ahora muéstrame el tuyo. –

Respondí, Akane se paralizó y abrió los ojos todo lo que pudo, incrédula.

-¿Yo? Pero… ¿aquí? –

-Sí, ahora mismo… quítate la pijama. –

-¡Imposible! –

Chilló ella y se dio la vuelta, yo suspiré y me acerqué a ella, por la espalda. Akane se sobresaltó cuando la tomé por los hombros.

-¿Está bien si lo hago yo? –

Pregunté, ella se apartó de mí, respirando pesadamente.

-Perdón… –

Dijo ella, cuando se dio cuenta de que lo había hecho inconscientemente. Quizá si presionaba un poco. Me acerqué a Akane de nuevo y volví a colocar mis manos en sus hombros.

-No tienes que ponerte nerviosa. –

Le dije, ella volteó, algo molesta.

-No estoy nerviosa porque quiera. –

Reclamó. Luego bajó la cabeza y volvió a girarse, pero esta vez ya no se apartó, pasé mi mano por sus hombros y su espalda, Akane temblaba.

-Va… Vamos… al cuarto… por favor… –

-¿Por qué? –

Pregunté, es decir, estábamos solos en casa, Akane asintió con la cabeza.

-Si estamos en el cuarto no podré escapar… ahora mismo quiero correr… no me dejes correr… no me dejes huir, por favor… –

Explicó. Y con toda la paciencia del mundo, la tomé del brazo y la llevé al cuarto que antes había preparado para ella, puse el seguro incluso, ella tragó saliva cuando escuchó el seguro cerrarse.

-¿Vas a… tomarme? –

Preguntó.

-No creo… recuerda, empezar por el principio. –

Le expliqué, eso alivió un poco su angustia.

-No deberías pasar por esto… ¿Por qué tomarse la molestia? –

Me dijo ella, batiendo la cabeza con vergüenza, pero ya no parecía querer llorar.

-Como dije antes, es divertido… ahora voy a quitarte la blusa ¿Esta eso bien?-

Pregunté, ella se llevó las manos a la boca, pero asintió. Sin embargo, me acerqué a ella y Akane retrocedió, luego batió la cabeza y volvió a acercarse a mí.

-Por favor… –

Dijo ella, extendiendo sus brazos para dejarme el camino libre. Y comencé lentamente a quitar los botones. El mirar su sostén me dio la impresión de que ella lo había escogido con intenciones de mostrarlo, no hablo de que fuera indecente, era bastante cubierto, quiero decir, con adornos y encajes e incluso moños en él.

-Nunca nadie había me había visto… –

Aseguró, cosa innecesaria porque su reacción lo demostraba perfectamente. Me puse detrás de ella y terminé de quitar su blusa, su espalda blanca se estremeció cuando acaricié su cintura.

-Es una lástima, porque tu cuerpo es bello. –

-No… no digas esas cosas… –

-Pero es cierto, es muy incitante… dan ganas de lamer cada parte de él. –

Akane tragó saliva cuando tomé el elástico de la parte baja de su pijama.

-Ta… Tanto… ¿Tanto así? –

-Sí. –

Respondí alegremente mientras metía mis manos dentro de su pijama y acariciaba sus piernas.

-Inaceptable… –

Mustió Akane, juntando sus manos.

-Vas a tener que quitártela tú. –

Le dije.

-No creo… que pueda… –

Respondió ella, pero aparte de estar terriblemente avergonzada, ella había comenzado a respirar pesadamente. La solté y ella se dio la vuelta contrariada.

-Inténtalo. –

Ella tomó su pijama y comenzó a bajarla lentamente, por unos momentos, me olvidé de que estaba tratando de enseñar a la chica y me concentré en el lento descubrir de la prenda. Sus pantsus eran blancas y al igual que su sostén, estaban llenas de adornos. Akane era muy femenina.

Su piel blanca no contrastaba mucho con la línea de su prenda interior, ella e agachó temblando para continuar, y como se agachó, comenzó a exponer más su trasero. Tragué saliva eso hizo ruido. El ruido devolvió a Akane a la realidad.

Se detuvo.

-¡No puedo! –

Gritó ella, asustada y avergonzada.

-Vamos… solo un poco más… –

Ella volteó a verme con lágrimas en los ojos, pareció que lo iba a intentar, pero volvió a ponerse de pie, negando con la cabeza.

-No puedo…. En verdad es muy difícil… –

Yo suspiré. Creo que estaba bien para empezar. Me incorporé acercándome a ella.

-Bien… creo que hasta aquí está bien por hoy. –

Si no podía quitarse la ropa era porque evidentemente no estaba lista para nada más. Un gesto de alivio se dibujó en su rostro cuando ella se dio cuenta de que podía parar con las cosas vergonzosas.

-¿Estas… seguro? Todavía pienso que puedes forzarme… incluso me estaba mirando muy fijamente… estoy al tanto de que quieres hacerlo… –

Pero pienso que si ella estuviera lista, no sería tan difícil que ella se quitara la ropa. Y como dije antes, podía esperar. Yo tal vez tendría que hacerlo en el baño, pero eso estaba bien por ahora.

También pensé en la posibilidad de exponer a Akane a eso para que fuera acostumbrándose, pero ahora mismo posiblemente no lo soportaría y lo arruinaría. Ah cielos, educar a una chica en estas cosas es difícil.

-No más sexo forzoso. –

Respondí, golpeando levemente su cabeza, ella hizo un sonido de ¡Kya! Cuando hice eso, pero luego bajó la cabeza.

-No hasta que tengas algo de experiencia en esto. –

-Tú tienes demasiada experiencia. –

Se quejó ella. Pero si todavía no habíamos hecho nada. Ni siquiera había mostrado un poco de esa experiencia.

-Puede ser, pero aun así. Con esto está bien por ahora. –

Le respondí, acercándole su pijama. Akane bajó la cabeza.

-No siento que haya hecho nada. –

Se quejó.

-No importa, estoy seguro de que mejorará con el tiempo, incluso puede que al final, una noche sin dormir cambie por completo su significado. –

Agregué, ella terminó de vestirse.

-Te prometo que pagaré por tu paciencia y por todos estos problemas. –

-No tienes que preocuparte por nada. –

Respondí, iba a salir. Por supuesto que no me preocupaba. Es decir ¿Cuánta gente tiene en realidad la posibilidad de “educar” a una chica en estas cosas? No estaba siendo simplemente amable, lo admito, en cierto modo, también estaba pensando en mí. Podía amoldar a esta chica a como yo quería que fuera, exactamente del modo en que yo quisiera, con la cantidad de perversión justa para convertirla en la chica perfecta. Solo había que ser pacientes.

-Espera … –

Me dijo Akane, algo inesperado, a decir verdad. Voltee a mirarla, y nuestros ojos se cruzaron.

-¿Puedo pedirte algo? –

Preguntó. Yo asentí.

-Puedes… ¿darme un beso? –

Preguntó ella, juntando sus manos.

-Está bien. –

Me acerqué a ella y junté mis labios a los suyos, eran cálidos, y lindos. Akane cerró los ojos y se dejó besar, incluso tengo la impresión de que ella devolvió el beso un poco. Después de eso nos separamos. Y sin que yo hiciera nada, Akane se recargó en mí

.-De algún modo, eso no me molesta para nada. –

Explicó, recargando su cara sobre mis hombros, tocándome apenas lo suficiente para sentirse en contacto conmigo. Yo acaricié su cabeza ligeramente.

-Me gustaría que así fuera con todo lo demás. –

Agregó ella, de nuevo con esos pensamientos.

-Está bien del modo que es… –

-Quédate hasta que me duerma. –

Me dijo, y eso hice, ella se acostó en la cama y yo me senté a un lado, acariciando su cabeza, ella no se quejó a eso, solo cerró los ojos. Salí del cuarto una vez que me aseguré que estaba dormida y me fui a dormir yo.