Kitsune no Kekkon C4

Modo nocturno

Capitulo IV: Una Muerte Planeada.

Una tarde, me encontraba en el salón de clases, al momento que todos comenzaban a salir, yo me hallaba sentado en mi banca, esperando a que todos se fueran, la razón de eso es que es día de hacer la limpieza, así que supongo que no puede hacerse nada, ya lo había evadido una vez, no me pareció justo para mis compañeros, evadirlo de nuevo.

Mientras menos llame la atención de la gente, mejor, si el consejo estudiantil se enterase de eso, me pondrían en detención, lo cual podría conducir a un escenario que realmente no pueda manejar.

Ya para este tiempo, había desarrollado una especie de comunicación con mi perseguidora, así que podía ponerla alerta si algo sucedía… le debía la vida, por lo menos podía devolverle un poco de ese favor. Hubo una ocasión en la que mi madre se percató de que estaba siendo seguida, pues venía junto conmigo, y se puso algo nerviosa, por suerte, yo sabía cómo manejar la situación, envié a mi madre a casa, luego de convencerla de que era problema de su presión arterial.

“Tienes que tener más cuidado, si esto se sale de control, la cosa podría acabar mal”

Escribí esas palabras en un papel y las tiré al suelo sin que nadie lo notara, nadie excepto ella, claro, quien lo recogió tiempo después. Pude ver como los recogía con un espejo que llevaba siempre conmigo, el celular era útil, pero no podía usarlo siempre.

Como puede verse, ella se ha acostumbrado a que yo sé de su existencia, y las cosas prosiguen entre nosotros con la mayor de las calmas, no he sabido que haya hecho algo más que seguirme, pero esto quizá se debe a que tomo mis precauciones con este asunto. No permito que nadie me vea hablando con alguien, no toco a nadie, ni me acerco a nadie. No hablo con nadie.

En todas estas cosas estaba pensando mientras guardaba mis cosas en la mochila, cuidando de que nadie pudiera ver el interior de ella. Itami me dirigió una mirada de entender la situación, y se fue. Nos quedamos únicamente tres personas, por supuesto que mi pequeña “fantasma de la guarda”, estaría advertida sobre el cambio de mi horario. Eso era inevitable.

Pero también había la posibilidad de que ella estuviera vigilándome desde afuera, esperando a que saliera, o en el peor de los casos, ella podía entrar y ser descubierta por alguien más. Todas esas cosas eran peligrosas. Ella dijo que me protegería, pero ahora parece que los papeles se han invertido.

Probablemente esto vaya a ser así por un tiempo. De eso se trata el estar juntos ¿No? De cuidarse mutuamente y eso… me pregunto si hay quien en estos tiempos lo tome tan literal como ella, o como yo.

Mis compañeros de limpieza de hoy, Gaito Ibiki, hombre de mi edad, sin novia, pocos amigos, cabellos castaños y mirada perdida, él parece estar siempre somnoliento, a pesar de ello, obtuvo los mejores resultados de la clase en las clases de educación física. Sawara Amatsune, una chica bonita y callada, de cabello largo y piel blanca. A pesar de su belleza, no tiene demasiados amigos, no sé si tiene alguna relación con alguien, es callada y casi nunca se nota que está allí.

Atardecía ya cuando terminamos, y finalmente pudimos irnos, había sido un día algo cansado, pero al menos no hubo sobresaltos. De todas formas, había estado ideando una manera de hacer que mi perseguidora saliese de su escondite, pero realmente no parecía algo fácil de lograr. No tenía ni la más mínima idea de cómo llegar hasta ese punto, porque tenía la impresión de que entre ella y yo había todavía un abismo muy grande. Seguro que ella se sentía igual.

Nuevamente, ante la imposibilidad de resolverlo solo, decidí telefonear a alguien, llamando a Yaru–chan.

Busque un teléfono de tarjeta y marque su número a la salida de la escuela, cuidándome de que el número que marcaba no fuera divisado. Sabía que esto alertaría a mi pequeña amiga, pero por otro lado lo juzgue necesario. Podía haber hablado de mi casa, pero había una gran posibilidad de que ella pudiera averiguar el número después de que lo hiciera, porque todo lo que tenía que hacer era entrar a mi casa cuando todos estuvieran dormidos, estaba seguro de que, a estas alturas ella tenía la forma de hacerlo, aunque no lo hiciera. La razón por la que use un número callejero era ese, no había forma de rastrearlo después, a no ser que obtuvieras el dato de la propia Yaru–chan.

–Moshi–Moshi. –

–Moshi–Moshi. Es Shin, Yaru–chan, perdona por llamar tan de improviso. –

–Shin ¿Quién es Shin? Yo no conozco a ningún Shin. –

Fue su respuesta, vaya momento para esas bromas, pero de cualquier forma lo entendía.

–Escucha, Yaru–chan, entiendo que estés enojada, pero esto es serio ¿de acuerdo? Necesito que nos encontremos, por favor. –

Eso le respondí, ella pareció tomarse su tiempo para responder, pero por su respuesta pude ver que no estaba enojada, o que al menos comprendía que mi situación no era la mejor en estos momentos.

–De acuerdo, creo que me interesa encontrarme contigo, después de todo para un viejo amigo que desaparece por un mes le está bien una segunda oportunidad, pero… ¿Confiaras en mí de ahora en adelante? –

–Idiota, no me alejé porque desconfíe de ti, pero encontrémonos y te contare lo que quieras saber, a cambio, quiero pedirte un consejo. –

La hora acordada fue a las diez y media de la noche, cerca de la estación del autobús, no podía darme el lujo de despreocuparme sólo porque se trata de Yaru–chan. Pude haber telefoneado a Itami, eso significaría menos peligro, pero, por otro lado, deseaba la opinión de una mujer.

Esto de estar siendo vigilado era agotador de vez en cuando, pero siempre pensaba que era mucho más agotador por ella, y a veces, en secreto la admiraba por el sólo hecho de poder llevar a cabo un acoso tan perfecto, era tan bien planeado, que a veces yo no podía seguirlo, o entenderlo.

De todos modos ¿Cómo es que puede mantenerse en pie después de algo tan exhaustivo?

Hay cosas en este mundo que soy incapaz de comprender, la primera de ellas es que tanto puede resistir por su “Sempai” como ella me llama. No tiene ningún sentido preguntárselo y ponerlo a prueba es peligroso. Pero no niego que quiero volver a ver esa parte de ella, aunque sea una vez.

Camino a casa mientras pienso más y más en estas cosas.

––––––––––

La estación del autobús era increíblemente solitaria en esta hora del día, tanto que por mucho que uno lo intentara, no verías pasar más que algunos gatos por la calle, los autobuses pasaban regularmente, pero nadie los abordaba. Escogí este lugar porque por estar cerca de un supermercado, no está a la vista. Hay una estación de policía cercana, es cierto, pero, el lugar no resulta del todo vigilado por ser una estación de autobús.

Me senté en una banca, apartada de las lámparas, no había nadie más aquí, y aunque lo hubiera, de seguro nadie me habría notado.

Llegué con un sombrero, cosa que nunca uso, y con un abrigo enorme, que me hacía parecer un mafioso americano de los años sesenta, pero aquí no había mafiosos, así que sólo parecía un sujeto algo sospechoso, pero no lo suficiente para que la policía se acercara.

Yaru–chan llegó poco después, ella parecía despreocupada, en realidad, tenía toda la razón, ni siquiera me reconoció cuando me vio. Yo mire por el espejo, tratando de asegurar que no había sido seguido hasta aquí, si mi pequeña amiga se enteraba que me veía con una mujer a estas horas, habría problemas, eso es algo que se entiende cuando usas el adjetivo “Yandere” para definir a alguien, sobre todo cuando hablas de alguien que ya ha matado con anterioridad.

No se engañe el lector, yo no me estaba protegiendo a mí mismo, ya que hasta donde yo sé, ella no me haría daño, a no ser que la hiera de una forma que ella no logre soportarlo, esto es, rechazarla o engañarla.

Al parecer, no fui seguido hasta aquí, es una ruta que nunca uso, así que incluso si ella me ha visto salir de mi casa, le tomara bastante tiempo encontrarme aquí. Además… ella debe dormir ¿o no?

–Yaru–chan. –

La llamé, quitándome el sombrero, ella volteó, parece que la sorprendí, ella sonrió amablemente, no me acerqué.

–Lo prometido es deuda, así que he dicho que respondería a tus preguntas. –

Sería mejor si primero le decía todo lo que ella quisiera, aunque todavía tenía la esperanza de omitir los detalles más sangrientos relacionados con el asunto, como lo asesinatos. Pero para mi sorpresa ella negó con la cabeza.

–Creo que tenía muchas dudas, Shin–kun, pero al verte ahora mismo sólo tengo una pregunta ¿estás bien? –

Esa fue su pregunta, le dije que sí, y ella sonrió. Todo quedó en silencio por unos momentos, ella parecía comprender mi situación, o al menos, una parte de ella.

–Has cambiado mucho desde que murió Katabe–san. –

Fue lo que me dijo, ella tenía razón.

–Eras un buen sujeto, no digo que ahora no lo seas, pero te has vuelto distinto, he visto cajas de cigarrillos en tu mochila, solías mirar a las chicas con baba en la cara, ahora hasta eres capaz de invitar a una chica de noche… y sola. –

–No te invite para hacerte nada. –

Respondí, ella se rio levemente. Mitad en broma, me preguntó:

– ¿Estás diciéndome que fue una pérdida de tiempo? –

Hay que admitir que Yaru–chan tenía lo suyo, a pesar de ser de primer año, pero no había venido aquí para cosas como esa, sino, todo lo contrario.

–Sabes que no soy esa clase de sujeto. –

Ella sonrió, me miró y se aceró a mí, con una sonrisa en la cara, me dio una patada, yo me incliné por el dolor, entonces ella se dio la vuelta y se sentó en la banca.

–Eso es por abandonarme durante tanto tiempo. –

Me dijo mientras miraba el cielo, y balanceaba sus pies hacia adelante y hacia atrás, su cabello se movió con el viento.

–Así que has preferido desquitarte con un golpe. –

Le dije, ella dijo que si, luego continuó:

–Has cambiado, pero no te culpo, Shin, sólo deseo que recuerdes que siempre estaré si me necesitas, somos amigos, y eso no va a cambiar. A decir verdad, estaba enojada porque nunca acudiste a mi cuando necesitabas ayuda, siempre esperaba a que lo hicieras, a que confiaras en mí, no importa lo feo que sea, no puede ser lo suficiente como para que no te ayude. –

Eso fue lo que me dijo Yaru–chan, Eso me hizo sonreír, al menos podría contar con ella, mi pregunta, la que no le hice, era ¿Hasta dónde era bueno contar con tus amigos?

–Es por eso, por ayuda, que acudo a ti. –

Fue lo que le dije, ella asintió, parece que deseaba escuchar lo que necesitaba, fui directo al grano:

El problema, así como le dije a Yaru–chan, era que no era capaz de dar el paso con alguien, que deseaba que fuera mi novia, porque no hallaba el modo de demostrarle que no había nada que temer de mi (así como yo lo entiendo, ella aún tiene miedo de ser rechazada) La comunicación nunca había sido muy buena, y no estaba seguro de como demostrarle que aceptaría lo que fuera por ella.

–Sólo puedes decírselo justo como acabas de decírmelo a mí… ¿Sabes cuánto tiempo he esperado por escuchar palabras como esas de cierta persona? –

Me dijo Yaru–chan cuando acabé de explicar todo, por supuesto que la información que le di estaba muy incompleta, y ella sabía que no iba a darle más detalles, de verdad que soy un mal amigo, pero no puedo darte más detalles, lo siento, Yaru–chan.

–Ni siquiera creo que me daría el tiempo de decirle todo eso, además, no soy bueno hablando con ella…. –

Le respondí. Bueno, tenía muchos sentidos, desde donde quiera que lo miraras, pero ella se enfadó.

“Ah Moo! ¿Qué demonios tienen los hombres en la cabeza? ¿Por qué son tan idiotas?”

Exclamó. Yo me quedé perplejo.

– ¡Deja de darle vueltas a todo esto! Cualesquiera que sean las circunstancias, la respuesta es simple ¿Qué es lo que quieres, Shin? ¿Quieres que sepa que le amas? Demuéstraselo. –

–Creo que entiendo. –

Le dije, aunque en realidad no entendía nada y ella lo sabía, se enfadó y me tomó por el cuello, yo no moví un musculo, ella me miraba amenazadoramente.

–No, no has entendido nada, Quieres que sepa que la amas, pero no sabes cómo demostrarlo, tú la conoces ¿No? Debes saber lo suficiente para hacer que tus sentimientos le lleguen, es muy simple. –

–No es tan simple como crees. –

Yaru–chan me miró con lástima.

–Desconozco las circunstancias de tu asunto, Shin, pero si quieres transmitirle tus sentimientos, sólo hay una forma de hacerlo, y esa es transmitirle tus sentimientos, hasta que no te decidas a hacer eso, no darás el paso que quieres dar. –

Esa fue la sentencia de Yaru–chan, después de eso me soltó, y me miró con sus ojos extraños, como cuando quiere que le compres algo, pero no se trataba de eso.

–Eres un buen tipo, Shin, desconozco porqué te complicas tanto, pero uno no toma tantos problemas, por alguien a quien no ama, todo lo que necesitas es que ella lo entienda, y puedo apostar mi cabeza a que encontraras la forma… asegúrate de hacerla feliz ¿vale? –

Ella se dio la vuelta después de ello, y se alejó con dirección a la estación de policía, por donde había llegado, yo me di la vuelta, entendiendo todo lo que aquello iba a significar, en mi situación sólo había una forma de hacerlo.

––––––––––

Después de todo aquello, llegué a una conclusión, sólo había una forma de que me creyera, necesitaba sacar esa parte de ella de nuevo, tal vez, si ella se daba cuenta de que podía aceptarla en ese estado, entendería que no tiene nada que temer.

Pero el plan, como era más que evidente, era muy riesgoso, si cualquiera de todas mis teorías estaba mal, fallaría y la cosa se pondría increíblemente mal. De todos modos, lo iba a intentar.

Baje con mi mochila al pasillo de la escuela, al día siguiente de la plática con Yaru–chan porque había decidido poner manos a la obra inmediatamente. Estaba bastante nervioso y fue un milagro poder controlar el temblor en mis piernas.

– Sawara–san. –

Ella volteo a verme, había estado aguardando a que ella estuviera completamente sola, o más bien a que nadie me viera acercarme a ella, y entonces, cuando fue momento seguro, me acerqué a hablarle.

–Ataka–kun. –

Saludó ella con una vocecita, mirándome con los ojos muy abiertos. Habíamos estado en el mismo salón durante un buen tiempo, pero nunca cruzamos palabra. Yo simplemente aproveché el último momento de limpieza, pues habíamos sido compañeros.

–No pude evitar notarte el día de ayer. –

Le dije yo, ella debe haber comprendido de lo que hablaba, y enrojeció. Pero asintió con la cabeza.

–Fuiste muy amable al ayudarme con las cosas pesadas, te lo agradezco mucho. –

Yo negué con la cabeza, mientras extendía mi mano hacia ella, negando de alguna forma el agradecimiento, luego me armé de valor e hice una amplia reverencia.

–Por favor, sal conmigo. –

––––––––––

– ¿Estas pidiéndome que salga contigo? ¿Por qué? –

Sawara Amatsune, una chica de primer año de preparatoria, una chica de la que podríamos decir realmente poco, era tímida y algo retraída, aunque era bonita. Siempre trataba de no llamar mucho la atención. No parece del tipo que salga con amigos, es más bien la clase de chica que al parecer sale con su familia los domingos, o se queda en casa. Club de cocina, estatura, 1,61 mts, peso, 55 kgs. Justo del tipo que necesitaba para el plan. Así fue como puse manos a la obra.

Me acomodé los lentes, e hice señas de querer hincarme frente a ella. Ella debería reaccionar asustada y pedirme que me levante.

–Por favor, levántate, no hagas algo tan vergonzoso. –

Como lo suponía ella estaba alarmada, estaba increíblemente roja de la cara y parecía que en cualquier momento su cabeza comenzaría a humear, me levanté cuando unas personas pasaron cerca de donde estábamos.

–Si no sales conmigo me volveré a hincar. –

Amenacé, calculando mi tono de voz para que parezca más una súplica que una amenaza.

–No es necesario, de verdad que no es necesario, saldré contigo… pero… no soy la gran cosa. –

Eso me dio un golpe en el corazón, sus ojos estaban llorosos por la vergüenza que le había hecho pasar, y aunque no deseara admitirlo, su cara era linda en ese momento. Pero tenía que enfocarme en el plan. Al parecer ella no se daba cuenta de lo encantadora que resultaba en ese momento.

–No sé a qué te refieras con “no soy la gran cosa,” pero si aceptas salir conmigo, entonces es una cita. –

Eso fue lo que le dije, la palabra la confundía, era más que lógico, era bastante inocente, incluso para su edad, parece que podrían haberle dicho que es de noche a la mitad del día y esta chica lo creería. Conseguí su número y que aceptara salir conmigo, fue más fácil de lo que esperaba.

––––––––––

La cita quedó programada para dos días después de la invitación, tenía el día libre en el trabajo, y ella no pareció tener planes para ese día. Así fue como quedó concertada la cita.

Era una mañana brillante y había pocas nubes en el cielo, tampoco era un día especialmente caluroso, por lo que pienso que estaba bastante bien. Eran aproximadamente las doce, es decir medio día, cuando ella llegó al lugar al que habíamos acordado, frente al cine que estaba en su vecindario. Amatsune vestía una falda, ni muy larga ni muy corta. Se había peinado con una diadema bastante discreta, y tenía una blusa color blanco que hacía juego con su bolsa, zapatos negros y calcetas blancas. Estaba maquillada, pero no se notaba demasiado, seguro utilizo una gran parte de su día decidiendo qué era lo que iba a ponerse, pensar en ese detalle me hizo sentir extraño.

Bueno, ya que había llegado hasta aquí, podríamos decir que sólo quedaba continuar con el plan. Me aseguré de que el sitio de la cita fuera un lugar visible desde muy, pero muy lejos. Esperé dos minutos para aparecer. Ella no dio muestras de molestarse, e incluso dijo “acabo de llegar” cuando le pregunté.

– ¿Qué es lo que haremos hoy? –

Preguntó ella, se veía entusiasmada, sonreía. Yo tenía planes para llevarla al cine, pero aún faltaba confirmar a una tercera persona. Ella tenía que aparecer o nada de esto tendría sentido.

– ¿Tienes tiempo Sawara–san? –

–Por favor, llámame “Sawara–chan” después de todo, esto es una cita. –

Fue su respuesta, la miré por un momento, ella sonreía, se veía… feliz. Amatsune no tenía la belleza de Takeshi–chan, pero tenía una gracia especial y podía verse muy bonita si lo intentaba. Este momento era la prueba de lo que estoy diciendo. Otra de las razones por las que la cite aquí, es porque no deseo que nadie se entere de esto, ni mis compañeros de clase, ni maestros, ni sus padres o los míos. Nadie debe saber que he salido con ella el día de hoy.

–Y bueno, tengo algo de tiempo, mi padre no está en casa, y mi madre no es especialmente estricta, con tal de que llegue a una hora razonable. –

–Entonces vamos a divertirnos. –

Fue lo que le dije, ella asintió animada. Deseché la idea de entrar al cine por considerarla demasiado riesgosa, y como he dicho, necesitaba mantenerme en el exterior hasta que cierta pequeña acosadora hiciera su aparición. Tardó aproximadamente una hora. Llevé a Amatsune a comer helado en una tienda que estaba cerca de allí, pues según tenía entendido, le gustaba el helado, y ella estuvo sonriendo todo el tiempo que lo comimos.

–Bueno, Ataka–kun, aun no me dices por qué decidiste invitarme a salir. –

Me dijo ella, mientras comíamos helado, me volteo a ver y yo me moví hacia un lado para que no viera si me sonrojaba o no, ella reía.

–No tienes que decirme si no quieres. –

Me reclamó después de eso. Yo me excusé diciendo que el helado no me había dejado hablar.

–Bueno, la verdad es que me parece que eres linda. –

Eso respondí, su cara se puso roja inmediatamente, y se concentró en comer su helado. Después de un momento, escuché un “arigato” que podría haber pasado por sonido del viento.

Después de aquello, comenzamos a hablar, la conversación era acerca de su familia, y a mí me pareció buena idea comentarle acerca de las travesuras que, hacia mi hermana de pequeña, Amatsune–san se reía, fue entonces cuando llegó nuestra pequeña invitada. Yo tomé a Amatsune de la mano, ella se ruborizó, pero no dijo nada, seguimos caminando, sin dirección. Sabiendo que el cine podría ser un mal lugar, en muchos aspectos. Nos pasamos de tienda en tienda paseando por el centro comercial. Traté de parecer especialmente feliz, cosa con la que Amatsune parecía bastante contenta.

¿Un beso? Ni pensarlo, no debo excederme con esto, tiene que ser sutil. Caminar tomados de la mano era más que suficiente para que el plan saliera bien. Si me excedía con esto, seguramente no podría manejarlo después, fue por ello que terminé la cita a las seis de la tarde.

–Entiendo que aún tenemos bastante tiempo, pero no quiero que llegues tarde a tu casa, además, tendremos más oportunidades de salir juntos, no hay necesidad de hacer todo hoy. –

Le expliqué, ella pareció comprender. Antes de que se pusiera el sol, Amatsune se despidió alegremente, luego se fue, la mire irse por un momento, antes de pasarme del lado contrario del centro comercial, donde nadie me vería, y encender un cigarrillo.

Estaba claro que el día de hoy, mi pequeña acosadora no me seguiría a mí, a casa.

––––––––––

Caminé por la ciudad después de eso, comenzaba a oscurecer, me aseguré de caminar por calles transitadas e iluminadas, y miraba constantemente hacia atrás. Pero ella no apareció, había cambiado su ruta el día de hoy, era obvio que tuvo algo más importante que hacer, y yo sabía bien qué era ese algo, bueno, mi plan estaba resultando, así que suspire aliviado en cuanto entré a mi casa. Tenía sólo unos momentos.

–Onii–san ¿llegas tan tarde de tu cita? –

Me preguntó Kirara en cuanto entré, pero ni siquiera le respondí, cada segundo era valioso, en ese momento, telefoneé a Itami, pero no me contestó.

Maldición, y salir en este momento podría ser una perfecta idiotez. Se me ocurrió llamar a Yaru–chan y preguntarse si podría venir. Marque su número desde mi casa. Tenía que hacer todo esto más rápido…. Contesta… maldición, Yaruhime, ¡coge el teléfono!

Después de unos momentos de desesperación, alguien cogió el auricular del otro lado, era Itami

– ¿Moshi–Mosh? –

–Moshi–Moshi, Itami ¿Eres tú? ¿Qué demonios haces allí? –

–Bueno, veras, los exámenes de recuperación empezaran dentro de dos semanas, y he vuelto a pedirle ayuda a Yaru–chan para estudiar, ella me ha dicho que me ayudara si soy yo quien viene a su casa, porque en la mía siempre hay un desastre, al menos en mi habitación. –

–Era de suponerse, escucha, ¿están libres? Voy para allá, tengo apenas unos momentos ¿Interrumpo algo? –

–Suenas desesperado… espera… ¡¿Ehhhhh?! ¿Qué se supone que podrías interrumpir idiota? –

Me preguntó Itami, no le respondí, colgué inmediatamente, no tenía tiempo de explicarle que debería fijarse más en lo que pasa a su alrededor, cogí mis cosas, mi hermana parecía enfadada de que abandonara la casa de nuevo, incluso mi madre se extrañó por lo repentino, yo sólo le dije que le explicaría cuando regresara y salí de allí, a toda prisa.

––––––––––

La casa de Yaru–chan es una acogedora casa donde vive el señor Okaname junto con su esposa y sus dos hijas, Yaruhime y Hyoka.

La mayor de las hermanas, Yaruhime, es mi amiga, y mi compañera de clase. La menor, Hyoka, es una pequeña de cinco años que apenas va en preescolar, pero por lo que he escuchado, es una niña muy lista y muy educada, lo cual es mucho más de lo que se puede decir de Yaru–chan.

Cuando llegué y toque el timbre, fue el señor Okaname quien abrió, pensando en hacer una presentación adecuada (nunca había visto al señor, pues no suelo estar aquí a estas horas de la noche) le dije:

–Mi nombre es Ataka Yashite, señor Okaname, necesitaba hablar con Yaru–chan y con Itami–kun, ¿Aún se encuentra Itami aquí? –

–Ah, padre, es Shin, de quien te he hablado. –

Yaru–chan salió desde detrás de la puerta y del señor, quien parecía una persona bastante seria, pero al escuchar el apodo su expresión se suavizó y me invito a pasar. Ya dentro de la casa, el señor me dijo:

–Podrías haberte presentado como Shin, Yaruhime habla sobre ti a menudo, pero nunca había tenido el gusto de conocerte, me alegra que hayas venido, aunque… ¿No es algo tarde? –

El señor me miró, de mi respuesta dependía de que este hombre me confiara a Yaruhime para hablar a solas, o de que estuviera vigilado, no podía permitirme ser vigilado, y el tiempo se me estaba agotando. Cuando mi pequeña Yandere volviera a su ruta normal, todo aquel con quien me relacionara estaría en peligro. No habría otra oportunidad.

–La verdad señor, es que he olvidado recoger uno de mis libros que había prestado a Itami–kun, pero al marcar a su casa su madre me ha dicho que estaba aquí, esa es la razón de mi visita. –

Expliqué. De acuerdo, el punto neutro podría ser peligroso, pero, por otro lado, comprometer a Yaru–chan lo menos que se pudiera parecía una buena opción, el señor sonrió.

–Me agradan las personas responsables, por favor, quédate el tiempo que necesites, si necesitas algo más, puedes encontrarnos en el piso de arriba. –

Me dijo finalmente, le di las gracias al señor amablemente. El señor Okaname parecía un bueno hombre, algo preocupado por su familia, pero no hay sujeto que no lo esté, o al menos, eso pensaba.

En la sala de estar, Yaru–chan trataba de explicar a Itami unos problemas de aritmética que a mi realmente no me costaban trabajo, incluso pude haberlos resuelto por él, pero ese no era el motivo de mi llegada tan repentina.

–Itami, Yaru–chan, ¿Tienen un momento? –

Pregunté, parece que ambos se alarmaron por lo que dije, así como por mi desesperación de contactarlos lo más pronto que fuera posible, pero en verdad, no tenía alternativa.

–Puedes decir lo que quieras, tienes todo el tiempo del mundo. –

–Me librare de esta materia infernal todo el tiempo que estés hablando, así que… no te contengas. –

Respuestas de Yaru–chan e Itami, respectivamente.

Tosí para comenzar, Yaru–chan me trajo algo de agua y comencé por explicarles lo que pensé que podría ser importante en ese momento acerca de mi situación actual, ambos parecían atender bien a lo que les estaba diciendo.

–Perdón por haberlo mantenido en secreto, y por dejar de pasear con ustedes tan repentinamente, pero, como sin duda entienden, todo esto tuvo que ser de esta manera. –

Por supuesto que omití los “detalles” más sangrientos del caso. Pero básicamente les repetí lo que ambos sabían, aunque a medias, digamos que completaron la información que tenían acerca de mi situación.

– ¿Y porque estás aquí? –

–Porque si algo llegara a suceder, no quiero que hagan bulla, no llamen a la policía, no comenten lo que saben, y por favor, no metan a nadie más en esto. –

Expliqué, básicamente había venido a decirles que no tenían nada que saber de este asunto, y que, si algo llegaba a pasar, no dijeran nada. Hice esto porque corría el riesgo de morir, y no quería que ellos comenzaran a hablar sobre lo poco que sabían. Era mejor mantenerlos avisados, al menos de la parte que no pudiera ocultar.

Salí de la casa de Yaru–chan después de aquello, y volví a cubrirme con el abrigo gris y el sombrero. Supongo yo que me veía bastante extraño, pero si me cuidaba de evitar a la policía, todo estaría bien, además de todo tenía que cuidarme de no ser seguido, al menos hasta haberme alejado lo suficiente de la casa de Yaru–chan. No quería que se viera envuelta en líos. Lamentaba en cierta forma, el estarlos poniendo en esta situación, pero no podía confiar en nadie más, aparte de mi familia, a quien no planeaba explicar que, según mis cálculos, estaría en peligro de muerte dentro de muy poco.

Supe que mi plan estaba saliendo bien cuando regresé a mi casa, pues no había sido seguido en todo el camino, lo cual era signo inequívoco de que mi perseguidora debería estar ocupada.

“Ahora… ahora esperamos”