Eien no Hanami C1

Modo nocturno

“Si en este mundo nunca hubieran existido las flores de cerezo,
la primavera me traería sólo sentimientos de tranquilidad.”

Ariwara no Narihira.

Capítulo 1: Tú y Yo.

¿Alguna vez se han enamorado?

Supongo que sí. Aunque tal vez no muchos de nosotros podamos definirlo con palabras, es por ello que esto comienza con una pregunta. Bueno, estoy seguro de que hoy en día es bastante usual, comenzar preguntándose las cosas, es así como entramos de lleno en aquello en lo que deseamos decir. Pero las preguntas directas son algo todavía muy duro de asimilar para mí.

Sin embargo, esto ha estado allí, dándole vueltas a mi cabeza, los últimos quince años, y aquellos que puedan entenderlo, entenderán sin duda que escribiendo es la única forma de explicar algo como esto. Pero es que todavía no explico lo que he venido a decir. Bueno, esto va a ser largo, así que les aconsejo que se relajen, y si pueden y la tienen a la mano, tomen una copa, de lo que más gusten.

¿Empezamos?

Hay quienes dicen que la adolescencia es la mejor etapa de la vida de un hombre pero a decir verdad, creo que, en mi caso, es una afirmación muy pretenciosa, después de todo, para mí, fue una etapa muy diferente a como la viven las demás personas, fueron tiempos de dudas, de emociones muy fuertes, de esconderme de todo y de todos, y al mismo tiempo, de sincerarme conmigo mismo y con los demás, fueron tiempos extraños… ¿He dicho que escribiendo es como puedo sacarlo? ¡Gomen! La verdad es que no es como que quiera sacarlo de mi alma, a veces uno necesita ser escuchado, es todo.

Lo pregunto de nuevo. ¿Se han enamorado alguna vez? ¿Cómo es esa persona? ¿Cómo era? Seguro que era alguien maravilloso ¿Verdad? Espero que recuerden bien lo que se siente, espero que puedan seguir sintiéndolo, y de corazón, espero que haya sido más fácil para ustedes, de lo que lo fue para mí. No, claro que no, no intento sonar pesimista, es que uno no escoge de quien enamorarse ¿verdad?…

Pero… no estoy aquí para hacerlos recordar, cosas que quizá resulten vergonzosas para ustedes, de lo que quiero hablarles, es de esa persona tan especial para mí. Perdonen si llevo un buen rato hablando sin sentidos, diciendo cosas al azar, es sólo que es difícil ordenar mis emociones y mis pensamientos, para poder contarlo como se debe, porque esto es algo que se supone que nadie más debería saber. Mi nombre es Imura, Akai Imura, y ésta es la historia de un amor, que fue todo lo que no debería ser, y una de esas cosas que no debía ser, es maravilloso… y lo fue, sin duda alguna. Y aquí está entonces el meollo del asunto, todo comenzó cuando yo tenía trece años…

Recuerdo que todo era muy silencioso, siempre. En aquellos tiempos, mis padres casi nunca estaban en casa, así que yo iba y venía de la escuela sólo. Mi escuela no se encontraba precisamente cerca de mi casa, por lo que, a decir verdad, era un viaje algo tedioso. Mi tiempo de trayecto, sin detenerme, era de más o menos una hora. De todos modos, no es como que hubiera alguna razón en específico para llegar a mi casa inmediatamente, al menos, no la había en un principio.

De cuando en cuando, me gustaba pasar tiempo con mis amigos, en uno de los árcades cercanos a la escuela, sin embargo, por cuestiones de distancia, nunca podía permanecer más que unas cuantas horas, antes de que oscureciera. Otras veces simplemente me dirigía a casa, como ya había dicho, mis padres nunca estaban en casa, a veces estábamos solos por semanas, Onee–chan y yo. Supongo que esos días no fueron solitarios solamente para mí. Normalmente el televisor estaba encendido sin que nadie lo viera. A decir verdad, yo siempre sentí que algo nos faltaba, pensaba mucho en ello durante las noches, pero tardé muchos años en descubrir qué era, ahora pienso que nos hizo falta una figura materna, y una paterna. Aun así, sé que Onee–chan hizo su mejor esfuerzo.

Mi hogar era tan increíblemente silencioso, que a veces, podíamos escuchar las conversaciones de los vecinos. Recuerdo haber escuchado que unas personas de la casa de en frente hablaban acerca del precio de un automóvil. Mi niñez transcurrió de esa manera, sin cambios, y mi pubertad estuvo a punto de hacer lo mismo.

Un día, sin embargo, mi vida comenzó a tomar un rumbo… extraño. Todo comenzó un nueve de abril, un sábado por la tarde.

–Ahhh, Moo, ¿Imura? ¿Estás allí? –

Dijo Onee–chan, harta de todo, supongo yo. Yo creí que me regañaría, así que me escondí, después de eso, escuché la puerta de la casa cerrarse, cuando salí de mi habitación, Onee–chan ya no estaba en la casa. Ese día, de súbito, las cosas comenzaron a cambiar.

Onee–chan regresó media hora después, con un bote de helado y algunos dulces, yo me había quedado mirando las escaleras desde que se fue… preguntándome exactamente, ¿Para qué me quería Onee–chan?

–Ah, aquí estas Imura, ven, comamos esto juntos, es tu cumpleaños ¿no? –

Ahora que lo recordaba, sí, era mi cumpleaños, mi cumpleaños número trece ¿Por qué lo olvidé? No podría decirlo, aquí todos los días parecían iguales. No se engañe nadie, siempre fui muy descuidado, y mis padres, a pesar de que no fueron tan buenos como cualquiera quisiera, los amaba, eran mis padres, y al menos económicamente, nunca nos hizo falta nada, cada cierto tiempo, mis padres depositaban en una tarjeta una cantidad de dinero muy grande, para todo lo que pudiéramos necesitar. Creo que dejamos de tener niñeras una vez que Onee–chan se hizo suficientemente mayor.

–¿Por qué sonabas enfadada hace unos momentos? –

Le pregunté, porque estaba convencido de que se había enfadado justo antes de salir.

–Verás, habíamos acordado, la última vez que estuvieron aquí, que iríamos al cine, como familia, por tu cumpleaños, pero ahora he recibido un mail de Okaa–san, no podrá venir, Otou–san tampoco estuvo muy seguro desde un principio… así que… sólo estamos tú y yo. –

–Eso no es nuevo, Onee–chan, siempre estamos tú y yo, y me encanta el helado, no creo que algo pudiera ser mejor. –

Yo no tenía ninguna intención de salir, de todos modos, y no deseaba que Onee–chan estuviera deprimida por algo que nunca dependió de ella realmente.

–Aun así, creo que un cumpleaños debería ser especial. –

–Te preocupas demasiado, Onee–chan. –

Pienso que ella se lo estaba tomando muy personal. De todos modos, no era más que un día normal en mi vida. Sin embargo, ella no lo pensaba así. Pasamos un buen rato, comiendo dulces y mirando algunas cosas sin sentido en televisión, aunque más que poner atención, conversábamos. Nosotros no lo sabíamos, pero ese día fue el día que cambio todo.

–Tienes trece años, Imura, ¿No esta edad para que tengas algo interesante que contarle a tu Onee–chan? –

Yo me ruboricé enseguida, por supuesto que me pasaban algunas “cosas” en la escuela, pero me resultaba demasiado vergonzoso para contarlo en aquellos días. Por otro lado, Onee–chan era de las personas que una vez que han abierto una brecha, no pueden parar… así es ella. Después de eso, sonrió y dijo:

–Vamos a jugar a algo. –

Entonces ella se levantó de la mesa, se dirigió a la nevera, y sacó unas latas de allí, las colocó sobre la mesa.

–Onee–chan, eso… eso es alcohol. –

–Por supuesto. –

Me dijo ella, y sonrió ladina.

–Pero… nosotros no podemos, le pertenecen a Otou–san… se enojará. –

–Todo lo que tenemos que hacer es volver a comprarlas mañana por la mañana, además, se lo merece por dejarnos solos en tu cumpleaños. –

Pienso que Kotori (tal es el nombre de mi Onee–chan) deseaba, en el fondo, castigar de alguna forma a mis padres. No creo que ella los odiara, simplemente, pienso que estaba enfadada por abandonarme en lo que ella decía, era una ocasión importante. No puedo decir que no comprendiera sus sentimientos.

–¿Qué vamos a hacer con esto? –

Le pregunté, yo no estaba del todo convencido de querer hacer esto, pero ya que Onee–chan estaba siendo tan amable, pensé que podía ser grosero de mi parte, tampoco voy a hacerme el inocente, por supuesto que tenía curiosidad por el alcohol, nunca lo había bebido, y no creo que Onee–chan lo hubiera hecho antes de ese día tampoco.

–Te diré lo que vamos a jugar, haremos preguntas, de cualquier cosa, si no puedes responder, entonces tienes que tomar, lo mismo para mí. –

Resultó bastante obvio que lo que ella deseaba averiguar era sobre mi vida privada, casi lamenté que, para su desgracia, yo no tuviera una.

–No estoy seguro de querer participar en esto… –

Comencé a objetar, pero ella me interrumpió. En casa, teníamos una regla, aún no sé (ni puedo recordar) cuándo comenzó a ser una regla, pero lo era. Ella estaba a punto de recordármelo.

–¿Eh? No te escuché ¿Quién es la Onee–chan? –

–Tú lo eres. –

–¿Y quién manda? –

–Tú mandas. –

–¿Y qué haces tú entonces? –

–Obedecer. –

Respondí a cada pregunta de forma monótona, después de todo, esa serie de preguntas y respuestas la habíamos repetido no sé cuántas veces. De hecho, creo que fue esa serie de preguntas y respuestas lo que hizo a Onee–chan quedarse con el completo control de la casa.

Pero las preguntas que seguirían a estas, no serían tan fáciles de responder, naturalmente, creo que el hecho de estar pasando el tiempo con Onee–chan me hizo reconsiderarlo… realmente no era tan malo.

–De todos modos, creo que está bien que sea yo quien te dé a probar alcohol, es parte de tu camino hacia ser adulto, es mejor que estés cerca de mí en estos momentos. –

–Ahí vas de nuevo, intentas justificar tus travesuras con el hecho de que eres mayor, lo mismo con lo del árbol, los perros, la ventana… y no recuerdo cuantas otras. –

–Ni falta que hace que las recuerdes, me acuerdo de todas también, pero esto es diferente, es parte de tu crecimiento. –

Comenzamos entonces con el juego, al principio, sus preguntas eran sencillas y fáciles de responder, por lo que no tuve problemas, ella no parecía querer poner las cosas difíciles para mí en ese momento, así que en realidad parecía más una charla que una entrevista. Luego ella hizo la pregunta… tenía miedo de beber, pero parece que no sería tan difícil después de todo.

–¿Qué pasó con…–san… creo que se llama? –

No pude escuchar a quien se refería, pero era bastante evidente lo que deseaba saber, después de todo, me decidí a contarle toda la verdad, no era algo importante ahora, ya no al menos.

Hacía algunos días, me decidí a declararle amor a una chica de mi escuela, su nombre era Hoshika Nagasami.  Hoshika–san en todo caso, dijo que lo pensaría. Al día siguiente, ella dio su respuesta, ella dijo que no.

Pienso que si hubo algo que me impidió ir a divertirme con mis amigos durante toda aquella semana, fue el hecho de que ella estuviera allí, no… de hecho, no había ido a los árcades ni a ningún otro sitio desde que ella me rechazó, era algo lamentable, lo sé, pero estaba muy deprimido.

Antes de que hiciera mi declaración, un día, en mi casa, Onee–chan llegó de la escuela, (ella es un año mayo que yo, y entrará al instituto el año que viene, como sea, aún estamos en el colegio, sólo que ella va a en una escuela distinta, que es sólo para mujeres) y vio mi teléfono en la mesa, yo tenía una fotografía de Hoshika Nagasami como fondo, que conseguí de alguna de sus amigas, ella la vio, me miró a mí, y se marchó. Le conté a Onee–chan quien era, y lo que planeaba hacer (confesarme) pero ella sólo dijo “baka” en aquella ocasión.

–Ah verás… ella… dijo que no. –

Fue lo que le dije a Onee–chan, ella frunció el ceño y bebió un trago de cerveza.

–¿Ehh? Bueno, debo decir que me alegro mucho. –

Sentenció, yo abrí los ojos, no esperaba una contestación como aquella.

–¿Te hace feliz? –

Le pregunté, yo estaba dispuesto a enojarme con ella en ese momento.

–Es que, ella… ella no es suficiente para ti, tu eres genial ¿sabes? Tú te mereces mucho más que una niña estúpida como esa. –

Estaba enfadada, esa fue la primera explicación que se me vino a la mente, después de todo, ella no podía afirmar todo aquello sin conocerla, nunca se me ocurrió, que hubiera un significado mucho más profundo en aquellas palabras. Pero me alegré en ese momento, después de todo, ella era mi Onee–chan, y si ella decía que yo era genial, entonces nada podía hacerme cambiar de parecer. Era cierto, la admiraba, o eso quise creer en ese momento, sonreí mientras comenzaba a beber.

Hablamos de muchas más cosas después de ello, después de un rato, nos habíamos bebido casi todas las latas, y ni siquiera estábamos preguntándonos cosas. Fue evidente lo que paso después, ambos estábamos en muy mal estado para poder ponernos de pie y regresar a nuestras habitaciones.

–Imura… no puedo levantarme, ayúdame a llegar a mi alcoba. –

Me pidió ella, con la cara roja por el alcohol. Yo debo de haberme visto igual en aquel momento, y haciendo un esfuerzo para no caer, me puse de pie, y la tomé del brazo, a tientas y tropezones, la ayudé a volver a su alcoba y cerré la puerta tras de mí.

–Imura… tú eres genial, no necesitas a una gata como esa, yo… siempre estaré cerca de ti… de verdad… –

Ella me dijo mientras la llevaba a su alcoba, recordándome el tema, que en medio de la conversación casi había olvidado, pero me invadió una especie de seguridad extraña, debido a sus palabras y al alcohol, ella tenía toda la razón, yo no la necesito a ella, si tengo a mi Onee–chan, además de todo, yo era genial.

Onee–chan me dejó el brazo rojo por lo fuerte que se aferró a mí para no caer, también dejó unas latas de cerveza que yo continúe tomando, y dejó además, una seguridad en mi corazón, que me permitió por fin, volver a mostrar mi rostro con confianza en la escuela, cosa que hasta ese momento no había vuelto a hacer… porque me había estado molestando dentro de mí. Ese fue, hasta ese momento, el mejor cumpleaños de mi vida.

Ir a la escuela después de eso fue difícil de todos modos. Me dolía la cabeza, y me sentía un tanto culpable por lo que habíamos hecho con las latas de Otou–san, aparte de todo, me lastimaba el sol. Los maestros debieron haber notado que no todo andaba bien conmigo, pero no dijeron nada. Normalmente no me molestaba el ruido que hay en clase, pero ahora, los gritos y risas de mis compañeros me parecían insoportables.

Estaba lavándome la cara en el baño de hombres cuando uno de mis compañeros me llamó.

–Akai–kun, acabo de enterarme, ayer fue tu cumpleaños ¿Por qué no dijiste nada? –

Cuando me di la vuelta, me di cuenta de que se trataba de Waraki–san, un amigo mío, a veces es melancólico, y no parece irle muy bien con las lecciones, sin embargo, es bastante confiable, si cualquiera me lo preguntaba.

–Bueno, verás, no quería que lo supieran, no soy especialmente bueno con esas cosas, sabes que no deseo que todo el mundo me ponga atención, y tu cumpleaños es una forma magnifica de decirle a todo el mundo ¡Hey, mírenme, cumplí años! –

–Dices que no te gusta llamar la atención, pero… tu confesión… ah, lo lamento, sé que no debí mencionar el tema –

Normalmente, eso me hubiera puesto de mal humor, pero ahora solo sonreí, es cierto, yo era genial de todos modos, o eso decía Onee–chan, y entonces, dije algo que supongo que Waraki–san no esperó.

–Ya no es importante, ya no me molesta en absoluto, lo hecho, hecho está. –

–¿Quieres decir que volverás al árcade con nosotros? Sabes que ella irá también, sin embargo. –

–Por supuesto, sabes que tampoco me gustaría que la excluyeran, después de todo, ella no tuvo ninguna culpa, además, es amiga de Hakua, que es mi amiga, así que, sin resentimientos. –

–Vaya, Akai–kun, pienso que es genial poder pensar así. –

Waraki–san era un chico compañero de clases, de cabellos negros y cortos y mirada de sueño casi todo el tiempo, también tenía una voz algo monótona, puede decirse que, estando al lado de un sujeto como él, cualquiera resaltaba, quizá fue esa la razón por la que Hakua escogió hacerse su amiga.

Después de las palabras de Kotori Onee–chan, sin que yo así mismo lo deseara, tuve un cambio en mi comportamiento, a quien no pareció agradarle mucho, fue a la propia Hoshika Nagasami, quien estuvo de mal humor durante la clase sólo porque le dije “buenos días” al entrar al salón, pero por alguna razón, eso ya no fue importante para mí.

Ese día, tomé mis notas con toda la atención que mi estado de salud me lo permitió, debido a lo que estaba sucediéndome. Y durante el primer descanso, Hakua se acercó a mí.

–Akai–kun, Nagasami–chan me ha dicho que estás extraño el día de hoy, ¿Sucede algo? –

–¿Hoshika–san dijo eso? Bueno, no es como que me sienta extraño el día de hoy, sólo que… aquel día, hice pasar una vergüenza muy grande a Hoshika, sólo consideré mis propias emociones, si puedes, dile que lamento haberla avergonzado frente a toda la clase, es todo. –

Es cierto, le dije eso a Hakua–chan, ahora que lo recuerdo, mi confesión no fue precisamente discreta, creo que esa fue una de las grandes razones por las que termine siendo rechazado, fue un error, no debí haberle pedido que saliera conmigo frente a toda la clase.

Hakua es una chica a quien conozco desde primer año de la Junior High, tiene los ojos grandes, o la cabeza pequeña, alguna de las dos cosas. Su cabello café cae hasta donde están sus hombros. Es bonita, pienso yo, aunque algo presumida, de todos modos tiene un buen corazón y va de un sitio a otro, metiéndose en los problemas de todo el mundo, con las mejores intenciones, eso sí, aunque no todo salga de la mejor manera a veces.

–Si tú lo dices, te ves bien hoy, Akai–kun, parece que estas de buen humor, ¿Es por tu cumpleaños? –

–Mi cumpleaños ha sido ayer, Hakua–san, hoy únicamente estoy de buen humor, a pesar de que me duele la cabeza. –

Salí a mi descanso después de ello, comí el desayuno con mi amigo Waraki–san, me supo de lo mejor, a pesar de que lo había preparado con prisas, tal vez porque pensé que en ese momento, quizá Onee–chan estaría comiendo el suyo, que también lo había preparado yo.

Después de la escuela, iba a ir al árcade con mis amigos, pero algo me dijo que tal vez hoy estaba bien pasar, al menos ese día, no era que estuviera de mal humor, deprimido tampoco, más bien pienso que me encontraba algo ansioso. Y tuve razón. Cuando llegué a casa, Onee–chan lloraba.

Ella no notó que yo había entrado a su habitación, no hacía más que cubrirse la cara y llorar, estaba sentada en su cama, ignoraba en ese momento la razón por la que estaba en ese estado, pero lo único que pensé es que debía consolarla. Tampoco notó que me acerque a ella, así que le puse la mano en el hombro, en espera de que ella se diera cuenta de que estaba allí. Alzó su vista y me miró a través de sus ojos hinchados y los lentes empañados. Creo que para ese momento, llevaba un largo tiempo llorando, quizá desde que ella salió de la escuela.

–Onee–chan… ¿estás bien?  –

Yo hice esa estúpida pregunta, ella negó con la cabeza, sollozando. Entonces le sonreí y me hinque frente a ella.

–¿Qué pasó? ¿Por qué estás tan triste? Puedes decírmelo. –

Aquello era casi como lo que ella me había hecho a mí justo el día anterior, pero no lo hice porque pensara que le debía algo, lo hice porque ella debía estar feliz. Onee–chan dijo que había unas chicas en su salón que habían estado molestándola. Parecía bastante simple, en incluso me molestó un poco que ella estuviera llorando por causa de algo como aquello, pero creo que fue precisamente en ese momento, que recordé algo importante, algo que cambió por completo mi percepción de ella, puede que fuera mi Onee–chan, puede que fuera mayor que yo, y que yo siempre la hubiera admirado como a una persona madura e inteligente, pero a final de cuentas, ella era una chica.

–Onee–chan, no debes llorar por algo así, sé que esas chicas dijeron cosas tontas, pero… eran mentiras, tú eres muy linda como eres, así que no debes creer lo que esas personas hayan dicho. –

Al parecer, algunas personas habían estado molestando a Onee–chan por lo de sus anteojos, al principio parece que no le importó mucho, pero a decir verdad, este tipo de cosas suelen empeorar cuando se continua. Además, Onee–chan nunca fue buena soportando críticas y esas cosas… como sea, fue tanta la insistencia de estas chicas, que Onee–chan terminó llorando a la salida de la escuela. Esa es la historia, la mayoría de sus compañeras tienen dinero, por lo que no es muy común ver a chicas con anteojos en su escuela, incluso si alguna de ellas tuviera fallas en su visión, usarían lentes de contacto. Además, que yo sepa, Onee–chan nunca tuvo demasiadas amistades, pues era muy estricta en cuanto a su propio desempeño escolar.

Cuando me pongo a pensar en ese estúpido detalle hoy en día, pienso que ella estaba en un sitio donde todo el mundo necesita reafirmar quien es y cuál es su lugar en el mundo. Así que molestar a los demás por cualquier cosa es una práctica común. En fin.

–Imura… lo dices por hacerme sentir bien, pero pienso que ellas tienen razón, me veo terrible… tienes que decirme la verdad, Imura, no es justo que me mientas así. –

–Lo digo en serio, Onee–chan es la chica más bonita que existe… en verdad lo digo. –

Ella se puso de pie, y me miró como si hubiera hecho algo realmente malo.

–No tienes nada de vergüenza, mira que decirme esas cosas justo ahora… Imura idiota. –

No pensé en lo que estaba diciendo, y por eso mismo, creo que era la verdad, pero nunca fue mi intención hablarse así a Kotori Onee–chan, quien se enojó bastante conmigo y me echó de su alcoba. Al menos ya no lloraba, y eso me hizo sentir bien, ya luego me disculparía con Onee–chan por avergonzarla, tengo el defecto de decir las cosas como las pienso, no sería la primera vez que me llevan por lugares donde realmente no quiero ir.

Después de eso, me di un baño, y me metí a mi cuarto para poder ver televisión aunque fuera un poco. Recibí entonces una llamada. No pude creerlo.

Era de Hoshika Nagasami.

…Moshi, Moshi… Akai–kun.

…Moshi, Moshi, Hoshika–san, es toda una… sorpresa ¿Pasa algo?

…¿Sorpresa? No entiendo de que me estás hablando, siempre dices cosas raras, si soy una molestia puedo colgar ahora mismo.

(Si ella estaba tan enfadada conmigo ¿Por qué se tomaba la molestia de hablarme por teléfono? No comprendo a las chicas).

…Nadie dijo eso, me refiero pues… a que no esperaba que quisieras hablarme después de lo ocurrido.

…Si, bien, no quería hacerlo, pero Hakua–chan dijo que tenías algo importante que decirme, y pensé que tal vez debería escucharlo, si no te importa, me gustaría que me dijeras que era eso tan importante.

…¿Algo importante? Pues no es algo tan importante para que pensaras en llamarme, sólo quería disculparme correctamente contigo, es todo, yo no debí hacerte pasar esa vergüenza en clase. Eso es.

…Idiota ¿sabes lo terrible que fue? ¿Por qué lo hiciste de todos modos? No creo que pensaras en serio que iba a decirte que si en semejantes circunstancias, ¿Apostaste con alguien? ¿Tienes algo contra mí?

…Por supuesto que no, ¿Cómo es que iba a tener algo contra alguien como tú? Acabo de decirte que lo lamento, y es la verdad, no quise hacerte sentir mal.

…Es fácil decirlo cuando ya lo has hecho, y ¿sabes? Yo ni siquiera sé porque estoy llamándote por teléfono y ni siquiera quiero hablar de esto, así que te diré de una vez que no quiero que sigas insistiendo.

…No pienso insistir en nada, sólo dejaré las cosas como están, así que no tienes que preocuparte, no volveré a molestarte.

…¿Eh? ¿Cómo puedes pensar siquiera en dejar las cosas como están? ¿Es que no te importa el cómo me sentí? Ni siquiera te has dignado a pararte con nosotros en el árcade de nuevo ¿Quién te crees? Si de verdad estás arrepentido, deberías intentar compensarme de alguna manera.

…De verdad que no entiendo lo que tratas de decirme, pero si piensas que puedo compensarte de alguna forma, puedes decirlo.

…Y tú puedes sólo morir si piensas que voy a decirte algo así, ¿Cómo te atreves a hacer decir esas cosas a una chica? Idiota, muérete.

Y colgó.

Yo ni siquiera quise pensar más en ese asunto, así que guarde mi celular. Para cuando miré afuera ya era de noche, no había escuchado a Onee–chan desde en la tarde, pero como aquello no era extraño, no hice nada más que seguir viendo la televisión. Después de un rato sentí hambre y salí de mi habitación, estaba lloviendo afuera.

Fue en ese momento que me encontré cara a cara con Onee–chan, ella tenía puesta su pijama y no tenía sus lentes puestos, sus ojos parecían un poco hinchados por el llanto, pero al parecer ya no estaba enfadada conmigo. Era cierto, debía disculparme con ella por lo que le había dicho, pero ya que pensaba con detenimiento sobre eso, era vergonzoso.

–Etto. –

–Etto. –

Los dos dijimos eso al mismo tiempo, al parecer ambos teníamos algo que decirnos, así que la dejé comenzar, preferí que fuera así.

–Imura… gracias por tratar de animarme, en verdad eres el mejor hermano menor del mundo. –

–Yo dije cosas muy vergonzosas, Onee–chan, disculpa, a pesar de que es lo que realmente creo, no pienso que deba ser yo quien las diga. –

Ella se ruborizó, esa fue la primera vez que la vi de aquella manera, algo no andaba bien, algo comenzó a asustarme en ese momento, y es que mientras más la miraba, más adorable me parecía.

–No es eso, sólo estamos tú y yo, así que está bien…Yo sólo… quiero saber si lo decías en serio. –

Kotori Onee–chan hizo esa pregunta, era un mal momento para hacer esa pregunta, maldición… yo sé que no tengo mucho sentido común, pero Onee–chan realmente cruzó la raya. Estaba tan avergonzado que quería morir. No pude articular ninguna palabra que no fueran balbuceos.

–Yo… Onee–chan… creo… –

Ni siquiera sé porque permanecí en ese sitio, algo me dijo que tenía que decirlo, quizá fue algún demonio tratando de jugarnos una mala pasada. Pero me armé de valor y…

–Yo pienso que Kotori Onee–chan es la mujer más bonita que existe. –

Yo siempre me refería a ella como “Onee–chan” lo de Kotori era sólo su nombre mental, por decirlo de alguna manera, nunca se lo había dicho, pero esa no fue la parte que importó de aquellas palabras.

–Vaya… Imura, yo pienso… que es bueno que seas sincero… en verdad. –

¿Qué demonios pasaba con esta escena? El corazón me latía furiosamente dentro del pecho. No se supone que latiera así en esta situación. El día en que me confesé a Hoshika–chan estaba nervioso, pero esto era demente, quise darme la vuelta e irme, pero mis piernas no se movieron en la dirección correcta, comencé a caminar, como hipnotizado, hacia donde estaba Kotori Onee–chan. ¿Ella se sentía igual? Estaba roja de la cara, pero no dijo nada, tampoco se fue, en lugar de eso, me miró a los ojos.

–Imura… te importaría… ¿demostrarlo? –

Mi mente quedó en blanco después de escuchar algo como eso.

–¿Onee–chan? ¿De… que estás hablando? –

–No importaría ¿sabes? Porque… ahora sólo estamos tu… y yo. –

Me dijo en voz baja, sus ojos y los míos parecían atados con cadenas a la vista del otro, y esa pregunta me hizo sudar, porque no sabía por qué me estaba pidiendo algo así… y tampoco sabía por qué yo estaba tan feliz de que ella me hiciera una petición como aquella. Quería gritar, quería llorar, quería reír y quería salir corriendo, en lugar de eso hice lo único que no debería haber hecho. Besé los labios de Onee–chan.