Eien no Hanami C12

Modo nocturno

Capítulo 12: Compasión de guerrero.

–Esta… está bien si no me acompañas más que esto, Imura–kun. –

Nagasami estaba increíblemente avergonzada, sin embargo, no podía ocultar que estaba feliz. Girando la cara para que no la viera, lo único que yo alcanzaba a ver en su rostro era una sonrisa pequeña de satisfacción. Estábamos apenas a dos calles de mi casa. Y ella se detuvo bajo una lámpara para decirme eso. No había dicho nada desde que salimos de mi casa.

Recapitulando lo que pasó, después de aquel beso, que duró bastante, Nagasami se puso de pie apresuradamente. Yo estaba tratando de recuperar la respiración, y el control sobre mis emociones, cuando ella me anunció que se iba. Cogió su bolso y sus zapatos rápidamente y salió de mi casa.

Escuché una puerta cerrarse mientras iba tras Nagasami para decirle que no tenía por qué irse sola. Onee–chan no salió ¿Había estado observándome? Me preguntaba. Comencé a sentir un malestar en el estómago a medida que seguía a Nagasami por la calle, tengo que admitirlo, lo primero que se me vino a la mente, fue que Kotori se enfadaría por lo que había pasado, aunque ella dijera que estaba bien. Sin embargo, lo único que hice fue alcanzar a Nagasami y disculparme con ella.

–Lo lamento mucho, no sé qué fue lo que me ocurrió. –

Le dije, apenas nos habíamos alejado algunos pasos de mi casa, ella se volvió hacia mí de pronto. Pero no estaba para nada enfadada.

–No es verdad, fui yo quien… ni siquiera somos novios… perdona Imura–kun. –

Aún respiraba con dificultad mientras trataba de disculparse, manteniendo su bolsa frente a ella, y el rostro mirando al suelo, renuente. Después de eso, ella se dio la vuelta y siguió caminando. ¿Onee–chan tenía razón? Me preguntaba mientras volvía a colocarme delante de ella, Nagasami estaba feliz.

–Está bien ¿De acuerdo? No estoy enfadado, y espero que tú tampoco lo estés. –

Nagasami soltó una risita nerviosa.

– ¿Enfadada? ¿Por qué? Eso ha sido lo mejor que he sentido en toda mi vida y… –

Ella estaba eufórica, tanto que no pensó en lo que estaba diciendo. Soltó todo eso así sin más, luego se arrepintió.

–Disculpa, yo… no sé lo que estoy diciendo… estoy hablando como una cualquiera ¿No es cierto? –

Me dijo, yo negué con la cabeza.

–Estas alterada, yo también lo estoy… no hay nada de qué avergonzarse… ¿Estas bien? –

Fue lo que le dije, ella asintió varias veces con la cabeza, luego se negó a mirarme, yo me limité a caminar junto a ella, hasta que llegamos a una esquina, donde ella me dijo que estaba bien que la dejara allí. Iba a insistir, pero sinceramente, sentí que era momento de dejar las cosas hasta allí por ahora. Estaba seguro de que ella necesitaría tiempo para calmarse y eso no iba a ocurrir mientras yo estuviera cerca.

–Te veré mañana entonces ¿estaría eso bien? –

Le pregunté, Nagasami volteó a verme, por fin.

–Podemos desayunar juntos… o algo. –

Dijo, yo asentí con la cabeza, y la dejé ir. Siendo sinceros, tenía miedo de la reacción de Onee–chan. Así que volví a mi casa a toda prisa.

–––––––––––

“Imura… Imura”

Escuche la voz de Kotori Onee–chan repetir mi nombre mientras cerraba la puerta de mi casa. No era demasiado fuerte, pero fue extraño. Entonces subí las escaleras hasta la habitación de ella. La puerta estaba cerrada. Seguía escuchando mi nombre, una y otra vez.

Me acerqué lentamente, y toqué la puerta, pero nadie respondió. Volví a tocar, pero nuevamente no hubo respuesta. De pronto algo extraño vino a mi mente y mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Abrí la puerta sin hacer ruido. No sé por qué fue tan impactante lo que vi, pero lo fue. Onee–chan estaba sobre la cama, enredada entre las sabanas y con la mano escondida entre sus piernas. Ella tenía los ojos cerrados, la cara enrojecida y seguía repitiendo mi nombre. Cerré la puerta, y corrí hacia la planta baja. Temblando.

¿Por qué estaba haciendo eso?

Era la pregunta que no salía de mi cabeza mientras caminaba una y otra vez alrededor de la sala. Pero la voz de Onee–chan se detuvo. Yo tenía un problema bastante grande entre las piernas, así que tuve que sentarme. De pronto escuché la voz de Kotori detrás de mí.

– ¿Me viste?

Ella estaba parada en las escaleras, con su blusa a medio abotonar y la ropa interior a la mitad de sus rodillas. Su cara estaba roja y ella respiraba con dificultad.

Yo asentí con la cabeza.

––––––––––

No sé qué fue más vergonzoso. Que ella me viera besando a Nagasami, o haberla visto haciendo lo que estaba haciendo. O quizá saber que ambos nos habíamos visto mutuamente. Como quiera que fuera, estábamos cenando, y ninguno de los dos nos atrevíamos siquiera a levantar la mirada.

–Etto… –

Dijimos los dos al unísono. Luego volvió el silencio.

–Puedes decir lo que quieras, Onee–chan. –

Me adelanté, ella negó con la cabeza.

– ¿Qué ibas a decir? –

Preguntó ella, y por tercera vez, el silencio. Esto era completamente estúpido. No estoy seguro de por qué aquella situación había resultado tan vergonzosa, pero suspiré, dispuesto a comenzar.

–Onee–chan, justo hace un momento… tú… –

Ella asintió con la cabeza. Pero yo no tenía el valor para terminar esa frase.

– ¿Estas decepcionado Imura? –

Preguntó ella después de que el silencio siguiera tratando de imponerse. Yo negué con la cabeza.

–Estoy confundido. –

Respondí, ella por fin alzó la mirada, nos mirábamos a los ojos ahora. Ella tenía lágrimas en los ojos.

– ¿Confundido? ¿Estás seguro de que lo que sientes no es repulsión? –

Preguntó ella, sus labios temblaban.

–No siento repulsión… fue… –

No sé qué palabra se usa para describir lo que pensaba de ella. La verdad es que no me había disgustado haberla visto en aquella situación. Así que no pude terminar la frase, en lugar de eso, pregunté.

– ¿Por qué? –

Le dije, ella bajó la cabeza de nuevo.

–Ese beso… fue hermoso. –

Confesó ella, sin mirarme. Yo tuve que batir la cabeza para que lo que dijo tuviera sentido para mí.

– ¿Hermoso? –

Pregunté, aún no del todo convencido de que aquello fuera lo que ella quería decir. La verdad es que todavía pensaba que ella debería estar enojada conmigo.

–Fue… bello, y lindo… pero a la vez apasionado e indecente, fue todo lo que un beso debe ser.  –

Ella parecía tener trabajos para decirlo. Yo lo malinterpreté enseguida.

–Te he dado besos mejores a ti, más indecentes también. –

Respondí, temeroso de que ella fuera a estallar de celos en ese momento, pero ella suspiró.

–Lo sé, pero nunca lo había visto, es diferente de recibirlos, fue como ver un drama, con mi propio hermano menor en la pantalla, mi cuerpo… se incendió. –

Me quedé perplejo ante esa explicación. Ella batió la cabeza, como si supiera que debía explicarse mejor, o como si ella misma no estuviera contenta con lo que me había dicho. Tosió un par de veces.

–Quiero decir, claro que sentí celos, al menos al principio… pero… aparte de eso… me sentí muy bien, no estoy muy segura de porqué, pero fue encantador… ¿Es eso normal? –

– ¿Cómo voy a saberlo? Nunca había besado a otra chica que no fueras tú… tampoco entiendo por qué te pareció hermoso. –

Le dije, pero no estaba reclamándole. Más aún, la imagen de Kotori, medio desvestida y parada en las escaleras, estaba carcomiéndome los sesos y levantando una tienda de campaña en mi pantalón. Pero estaba seguro de que era un mal momento para atacarla.

–No tiene que ser propio para que sea bello, veo besos todos los días en los dramas, los hombres, también ven esas cosas, o incluso más impresionantes ¿no es verdad? –

Ella sí pensó que yo estaba reclamándole, yo me acerqué a ella, lo que menos deseaba en ese momento, era que se alterase, aunque debo admitir que mi deseo era una de las razones de por qué no quería que se alterase.

–Bueno si… en ocasiones. –

–Y tú no estás allí ¿Verdad? Pero igual sientes algo cuando lo ves ¿O no? –

– ¿Estás diciéndome que te gustó porque yo parecía el protagonista de alguna de tus dramas? –

–No lo sé, verlo en vivo fue mucho más emocionante. –

Ella comenzaba a respirar con dificultad. La tienda de campaña comenzó a volverse dolorosa. Recordar los sonidos que hacía cuando entré a la casa, no me permitió pensar en nada más.

–Aun así, me siento terrible de que me hayas encontrado haciendo algo tan vergonzoso, sin duda piensas mal de mí por ello, pero sólo puedo decir que no pude controlarme. –

Explicó ella. Yo negué con la cabeza mientras me ponía de pie. Sus ojos se dirigieron a mi entrepierna, los míos, a sus pechos.

–No tienes que controlarte, Kotori Onee–chan está bien así como es. –

– ¿Estoy bien siendo una Onee–chan indecente? –

Me preguntó, dejando sus lentes en la mesa, con la plena seguridad de lo que iba a pasar ahora, yo caminé hacia donde estaba ella, quien permaneció hincada frente a la mesa.

–Más que bien, eres perfecta. –

– ¿No te molesta que sea pervertida? –

Me preguntó, por supuesto que no me molestaba. No lo entendía para nada, pero ¿Quién soy yo para juzgar? Mucho menos cuando ella estaba siendo tan amable conmigo como para desabrochar mi pantalón, sin ponerse de pie.

––––––––––

Ese día, descubrí que a ella le gustaban esa clase de cosas. Sé que hay una palabra para definirlo, pero no estoy seguro de cuál es, ni la necesitaba. Creo que tenía razón, es algo parecido a ver una película para adultos. Así que, en cierto modo, creo que todos los hombres somos eso que Onee–chan era, en cierta medida. Ahora que bien podía estar buscando excusas para justificar los extraños gustos de Kotori. No importaba en realidad, ni a ella ni a mi nos importó en absoluto, pero tengo que admitir que, esas cosas, le dieron un impulso a esto difícil de creer, aunque también puede que cada vez, ella y yo nos hacíamos más pervertidos, y nuestros cuerpos se acoplaban mejor.

Era pasada la media noche y estábamos agotados, desnudos, y acostados simplemente sobre el suelo de la sala, sin ganas de movernos. Aún tenía mis manos sobre su pecho, y quizá de haber tenido las fuerzas, los habría apretado, pero estaba demasiado agotado y siendo sinceros, también estaba satisfecho. Estábamos sudados y tratando de recuperar el aliento, y permanecimos en silencio durante un largo rato.

–Dime Imura… ¿En verdad estás bien conmigo? ¿Estás bien así como soy? Por lo visto soy bastante rara… –

Me dijo ella, quizá aún sentía un poco de culpa por lo que había pasado, o por las causas, lo que sería más exacto. Lo entendía, a medias. Aquello le gustaba, y se culpaba por no poder evitar que le gustara, cuando ella lo consideraba como algo raro.

–No me importa lo rara que seas, no voy a dejar de amarte. –

Le respondí, ya con más sinceridad, hay que decirlo, porque no puedes ser sincero con Kotori Onee–chan cuando, lo único que quieres en ese momento, es tenerla para ti. No digo que mintiera, simplemente podía decirlo con más tranquilidad ya que no había nada más en mi mente ahora.

–¿Lo repetirías para mí? Otro día… –

Preguntó ella. La habitación estaba completamente oscura, sin embargo, yo me giré para verle el rostro, cubierto por su cabello enmarañado.

–¿Qué? No te entiendo para nada ¿Por qué ibas a querer eso? –

Pregunté, la verdad es que, aún con todo lo que había pasado, también me sentía culpable, no podía evitarlo.

–No sé… no sé qué me pasa… sólo sé que me gustó… no voy a forzarte de todos modos. –

Me dijo, no sonaba muy animada, probablemente ella también estaba empezando a pensar las cosas mejor en este momento.

–Supongo que tenías razón, tengo pasión por lo prohibido, aunque sea yo misma quien lo ha prohibido ¿Eso es muy raro no? –

–Si me habías prohibido que lo hiciera ¿Por qué me dijiste que estaba bien? –

–No sabía que esas cosas me pondrían así… yo sinceramente pensé que….ella lo necesitaba. –

Respondió Kotori Onee–chan simplemente, yo me arrastré para acercarme a ella un poco más. Mi visión estaba acostumbrándose a la oscuridad, así que podía distinguir su silueta sobre la alfombra de la sala. Tomé su mano con delicadeza.

–Hace un rato, cuando fui a preguntarte, lo único que dijiste fue… “Compasión de guerrero” pero no entiendo que querías decir ¿Por qué dijiste eso? ¿Por qué te compadeciste de ella en primer lugar? –

Le pregunté, todo esto había pasado porque Onee–chan decidió que besar a Hoshika estaba bien. Pero ni siquiera sabía qué la había llevado a esa conclusión. ¿Su historia? Estoy consciente de que era algo triste, pero ¿Aquello bastó para que Kotori Onee–chan decidiera que estaba bien que yo besara a Nagasami?

–¿Recuerdas… aquel día, en que me encontraste llorando? –

Preguntó Onee–chan, con evidente dificultad para hablar, yo no supe de qué día me estaba hablando. Hasta que se me vino a la mente el día en que todo esto comenzó.

–Sí. –

Ese día, Onee–chan lloraba. Dijo que era porque le habían hecho burla de sus anteojos.

–Te mentí. –

Respondió Onee–chan, yo no comprendí de lo que me hablaba.

–Bueno, a medias, es cierto que me hicieron burla de mis anteojos, pero también es cierto que aquello no me importó demasiado. Un amigo de una de mis compañeras de clase había venido a ver a su amiga, fuimos al karaoke, él era un sujeto bastante tonto y poco agradable. Ese día, sin que yo entienda muy bien cómo pasó, nos quedamos solos por unos segundos y el chico hurtó mi primer beso, lo siguiente que supe es que yo estaba gritando y él se fue corriendo. –

Una ráfaga de aire helado pasó sobre mi cuerpo en ese momento, apreté ligeramente la mano de Onee–chan. Hay que admitirlo, me enfadé, pero no con ella, sino con el sujeto, al que yo no conocía.

–No te enfades, por favor. –

Suplicó ella, yo volteé a verla, moviendo su cabello para poder verla a los ojos.

–No estoy enfadado contigo, Onee–chan. –

–No te lo dije porque estaba terriblemente avergonzada de mi misma, me habían robado algo que yo no quería entregar, lo único en lo que pensaba, era que quería un beso y suplantar esa horrible experiencia, y cuando el chico que me gustaba me dijo todas esas cosas, yo sentí que era el momento correcto, fue por ello que… –

–El chico que te gustaba. ¿Yo? –

Ella asintió con la cabeza.

–Yo pensé que si no lo hacía pronto, no habría oportunidad después, y quería hacerlo, pero estaba aterrada de lo que estaba haciendo, me daba mucho miedo que me rechazaras, si algo me dio el valor para ir hasta tu alcoba esa noche, fue lo que había pasado, con ese sujeto, al que nunca volví a ver. –

Me confesó. Yo estaba suspenso, por la forma en cómo se había acomodado el destino para que aquellas cosas ocurrieran de esa forma. Aun odiaba a “ese” sujeto, de cualquier forma.

–Después de eso pasaron tantas cosas, que no volví a pensar en ello, estaba demasiado ocupada siendo feliz contigo, o estando enojada y celosa, o recibiendo toneladas de amor de ti, como para pensar en eso… hasta el día de hoy. –

–Ella te hizo recordarlo. –

–Supongo que eso es a lo que llaman compasión de guerrero, no pude evitar sentirme un poco mal por ella, y aunque estaba celosa, te dije que estaba bien, porque yo sabía cómo debía estarse sintiendo. –

–Ahora entiendo mejor. –

Onee–chan se llevó una mano a la cara después de eso, al parecer estaba sonrojada, aunque no pudiera verlo.

–Y bueno… yo no esperaba que verte besándola se sintiera tan bien… –

–Esa es la parte más extraña de todo esto, Kotori. –

Ella soltó una risita.

–Me llamaste Kotori. –

Dijo ella, yo no pude evitar reírme, eso la hacía tan feliz que era difícil de creer.

–Lo hice. –

Respondí. Luego la besé suavemente, y juntamos nuestra nariz con alegría.

–Amo que me beses así, amo sentirte cerca, amo cada cosa que haces… Imura. –

Yo no respondí, solo volví a besarla, de una forma muy diferente a como la besaba cuando deseaba estar con ella. No sé hasta qué punto su… gusto era normal, pero no me importaba mucho que digamos. Hay personas con gustos mucho más extraños allá afuera.

–¿Deberíamos ir a dormir ahora? –

Preguntó ella de pronto, con una voz dulce, que solamente usaba cuando estaba extremadamente feliz.

–No lo sé, no me importa mucho que digamos. –

Respondí.

–Tenemos escuela mañana. –

Me advirtió ella, haciéndose sonar como Onee–chan por un momento, yo asentí y ella me ayudó a ponerme de pie, nuestra ropa estaba tirada por toda la habitación, su sostén estaba roto, mi camisa también. No le prestamos atención a nada de eso, sólo nos tomamos de las manos. Y caminamos desnudos, hasta la habitación de ella, supuse que allí dormiríamos el día de hoy. Yo no tenía problemas con eso. Encendimos la luz.

–Tengo que ir al baño. –

Dijo Kotori en ese momento. Yo asentí, y me quedé allí parado, mirando como movía su cuerpo al caminar antes de desaparecer tras la pared. Y esperé allí hasta que volvió, haciendo una muy buena imitación de una estatua. Ella regresó cubriéndose el pecho y la entrepierna con las manos.

No había mucho que cubrir a estas alturas, pensaba yo, pero eso no pareció importarle, también es cierto que se veía linda así. Se había puesto sus lentes de nuevo. Se recostó sobre su cama, bocabajo y juntando sus manos la una con la otra, recargó su mejilla en ellas para mirarme. Y permaneció así durante un largo rato, sonriendo, como si nada en el mundo importara en ese momento.

El aliento había escapado de mi pecho desde que la había visto entrar. Así que no dije absolutamente nada. Sólo nos miramos, hasta que reaccioné.

–Lo siento, pensé que te saldrían alas en algún momento. –

Le dije. Ella se rió con pena, ruborizándose.

–Imura ¿Qué estás diciendo? Eres un tonto. –

Me acerqué y me hinqué frente a la cama. Ella me besó fugazmente en los labios.

–Tienes razón, Onee–chan, estoy totalmente de acuerdo contigo. –

Yo comencé a acariciar su cuerpo lentamente.

–¿Es en serio? –

Preguntó ella, riéndose.

–No me malinterpretes, estaba admirándote, es todo. –

Ella escondió su cara en las cobijas por unos momentos, luego se giró para mirarme de nuevo.

–Deja de decir cosas vergonzosas y métete en la cama. –

Me ordenó Kotori Onee–chan, sin embargo, no podía parar de reír. Yo obedecí, porque siempre obedezco a todo lo que ella me dice, dentro de la cama nos abrazamos el uno al otro, dejando que el contacto de nuestra piel nos tranquilizara.

–Imura… –

Dijo ella, ya con los ojos cerrados.

–¿Qué pasa? –

Pregunté, ella no abrió los ojos, sus lentes descansaban ahora sobre la mesita que estaba al lado de su cama.

–Hoy me has hecho la chica más feliz del mundo. –

Confesó, no estoy seguro de que fuera una confesión, parecía más un halago.

–Espero que siga siendo así. –

Le respondí, sin prestar demasiada atención. Ella me abrazó con cariño, metiendo mi cara entre sus pechos… casi me ahogo.

–Claro que seguirá siendo así… porque eres tú. –

Mis ojos se cerraron después de eso, mientras escuchaba la respiración de Onee–chan al dormir. Podrían pasar muchas cosas después de esto, puede que incluso pudiera ponerse peor de lo que había sido, por todo lo que había pasado, pero en ese momento, estaba durmiendo junto a la mujer que amaba, y ese día entendí, lo que significaba ser feliz.

––––––––––

Desperté demasiado tarde. Onee–chan también. Nos bañamos juntos… no hubo nada de pervertido en ello, solo una prisa culposa por salir del baño, medio desayunar e ir a la escuela. Sin embargo, si algo me gustó de todo ello, es que Kotori Onee–chan, por más desesperada que estuviera, no podía borrar esa sonrisa de su cara.

–¡Te amo! –

Se despidió Onee–chan cuando abrí la puerta, de la casa, pues yo siempre salía primero, porque mi escuela estaba más lejos. Ella básicamente gritó eso. Yo me detuve. Me acerqué a ella y la besé en los labios, ella me mordió levemente, y nos separamos. Salí agitando la mano de la casa, y Kotori seguía sonriendo.

Antes de que pudiera salir de mi casa, con un pan en la boca como esa típica escena que ya todos conocen, (No… no choqué con nadie) recibí un mensaje. Era Nagasami. Era más que obvio porque ella era la única que me enviaría un mensaje en estos momentos.

“He traído obento para ambos, pero no has llegado, No puedes dejarme sola con esto ¿Comprendes?

–Cariños, Hoshika”

Fue entonces que me acordé de lo que había pasado con ella y lo que habíamos dicho antes de que ella se fuera, respondí inmediatamente mientras me subía apresuradamente al tren.

“Claro que no voy a dejarte sola con ello, el tren se ha retrasado, pero no tardaré en llegar, supongo que perderé la primera clase de todos modos. y puedes volver a firmar los mensajes con tu nombre, no hay ningún problema

–Imura.”

Salí del tren a toda prisa antes de pasarme de estación.

“Tonto, ¿tanta ilusión te hace la comida? Esta es la primera vez que me respondes un mensaje en cuanto lo envío, no digo que me moleste, de todos modos, ven con cuidado ¿Quieres?

–Cariños, Nagasami.

PS: todavía me siento rara firmando de esta manera ¿debería dejar de hacerlo? ¿No te incomoda?”

Recibí ese mensaje mientras entraba a la escuela, no había nadie en los pasillos a estas alturas, pero me estaba preguntando si aún podía entrar a la primera clase. Realmente no tenía muchas ganas de perder clases. Estaba muy feliz como para empezar mal mi día escolar.

Estaba prohibido correr en los pasillos, pero esto era una emergencia. Corrí como un loco con mi mochila básicamente volando detrás de mí. Vi al maestro justo al otro lado del pasillo. ¡Oh no, no lo harás! Si el maestro entraba primero que yo, estaba perdido. Él estaba más cerca de la entrada del salón. Corrí con todas las fuerzas que me quedaban para evitar eso.

Llegué a la puerta de entrada del salón cuando ya todos estaban allí. El maestro venía justo detrás de mí, pero lo conseguí. Waraki hizo una expresión de “Ah, tenías que llegar” y volteó la cara. Hakua me evitó con un “Jum” y también volteó la cara. Yo los ignoré. Y llegué a mi pupitre mientras el maestro entraba al salón. Antes de eso, volteé a ver a Nagasami, quien tenía iluminados los ojos porque al menos no había comprado dos almuerzos en vano y una sonrisa misteriosa en el rostro, tal vez recordando lo que había pasado la noche anterior. Le sonreí y ella se ruborizó y bajó la cara. Hakua y Waraki me miraron, luego a Nagasami, con cara de no entender, volví a ignorarlos y me volví hacia el pizarrón.

La vida es bella.