Eien no Hanami C18

Modo nocturno

Capítulo 18: Por malo que pueda ser.

Salimos de la casa después de vestirnos, ella se acomodó el cabello con más detenimiento esta vez, a pesar de que le dije que no hacía falta porque ella de cualquier modo se veía hermosa. Ahora caminábamos tomados de la mano. No sé si fue por la hora del día, o por lo que había pasado, pero lo único que podía sentir ahora al tomar su mano, era una felicidad que rayaba en la locura. Estábamos locos. Y creo que eso estaba bien.

– ¿Quieres ir a algún sitio? –

Preguntó ella casualmente, mientras caminábamos, buscando algún sitio que estuviera abierto.

–Ahora mismo no creo que haya muchos lugares a donde ir Onee–chan, todo está cerrado, me gustaría encontrar algún sitio donde vendan ramen, o soba, o algo. –

Le dije, ella me miró y sonrió.

–Tú siempre pensando en comer ¿Es que no hay otra cosa en tu cabeza? –

Preguntó.

–Mi cabeza está dividida en tres partes, la primera y la más grande es para la comida de Kotori Onee–chan, la segunda es para las golosinas, y la tercera para lo que puedo comprar en la combini. –

Kotori Onee–chan se ruborizó un momento, luego me miró con coraje.

–Hey, eso es sólo pensar en comida de cualquier modo. –

Yo apreté su mano con delicadeza, luego le sonreí.

–A decir verdad, las tres partes piensan en ti siempre. –

–Oh, Imura, tu siempre encuentras el momento preciso para hacer eso. –

Dijo ella, girando la cara, su coraje, muy artificial por cierto, se evaporó, seguimos caminando, ella miraba a todos lados, como si no conociera el lugar, a pesar de que no habíamos avanzado más que unas cuantas casas.

– ¿Pasa algo, Onee–chan? –

Pregunté, ella me miró, luego asintió.

– ¿Sabes? No me gusta mucho estar en la calle por la noche… la oscuridad me da algo de miedo. –

– ¿Por qué? –

Ella se giró la cara con pena y comenzó a juntar sus dedos, haciendo movimientos nerviosos con las manos.

–Podría salir algo feo… sé que es una niñería, pero no puedo evitarlo. –

¡Rawr!

No lo hice con esa intención, no pensé que sucedería así. Ella gritó y salió corriendo, escondiéndose detrás de un poste de luz. Tenía lágrimas en los ojos.

– ¡Moo! Imura ¡No vuelvas a hacer eso! No es gracioso. –

–Lo siento, no pensé que realmente te asustarías, eres una chica mayor, Onee–chan. –

Me quejé, más que nada porque, a decir verdad, también pensaba que era una niñería. Pero ella negó con la cabeza.

–Aun así me da miedo, no deberías asustarme, ¡Se supone que cuides de mí! –

Kotori dijo eso a punto de estallar en llanto, realmente no pensaba que fuera para tanto, pero tengo que decir que esas palabras dieron un golpe muy duro a mi corazón, tragué saliva antes de acercarme más a ella.

–Lo siento, no sé en qué estaba pensando, lamento haberte asustado, Kotori. –

Le dije, dándole la mano, ella la tomó lentamente, como si no estuviera segura de creerme, o como si pensara que la asustaría de nuevo en cuanto ella se descuidara. Pero eso no ocurrió y una vez que ella volvió a sentirse segura, seguimos caminando.

–Hablaba de que, quizá te gustaría ir a algún sitio, antes de volver a la escuela. –

Explicó ella, mirando hacia otro lado. La verdad es que no sabía si teníamos recursos para algo así. Decidí que no me correspondía indagar sobre eso.

–Tal vez, pero ahora mismo lo único que quiero es recuperar todo, y que termines esa caja de chocolates lo antes posible. –

Se me salió, no iba a mencionar nada. Supuse que era algo muy propio de ella, así que no dije nada, ella me miró perpleja.

– ¿Cómo sabes eso? –

–La encontré mientras limpiaba tu alcoba. –

Confesé, bajando la cabeza, la verdad es que no quería arruinar este momento, y esas cosas seguramente traerían recuerdos acerca de lo ocurrido, pero Kotori sonrió, apretó mi mano con fuerza.

– ¿Es que una ya no tiene derecho a guardar en secreto lo feliz que es? –

–Lo lamento. –

Esas palabras se estaban volviendo mi muletilla, creo que comenzaba a dar pena, pero ella negó con la cabeza y sonrió.

–Todas las mañanas, al primer momento que me quedaba sola y tú ibas a tu escuela, yo comía uno de esos chocolates, recordando lo feliz que me hizo el recibirlos, a pesar de que me moría de miedo y de vergüenza, estaba tan feliz aquel día que sentí que explotaría, y no pude agradecerlos como era debido. Por eso, al comer ese chocolate, pensaba en ello y en que debía agradecer, por un día más de esa felicidad tan dulce. –

No dije nada, aquello seguía dejándome sin palabras, y cada cosa que ella decía, la colocaba aún más arriba en ese pedestal en que ya la tenía. No supe que decir.

– ¿Lo he hecho bien? –

Preguntó ella de pronto, era obvio que ella quería saber lo que yo pensaba de eso, pude haberle dicho que era rara, seguir con la broma y despejar el asunto, pero no me pareció que habría otra oportunidad de hablarlo si lo hacía.

–Has sido la mejor Onee–chan y la mejor esposa del mundo, la mejor amante también, nunca has fallado en nada, excepto en enojarte conmigo a veces, no sé cómo podría ser mejor que eso. –

Ella sonrió satisfecha y la vanidad se apoderó de ella sin que yo lo esperara.

–¿En qué más soy buena? –

Preguntó Kotori Onee–chan, llevándose las manos a la espalda e inflando el pecho con orgullo, al tiempo que la luz de una de las lámparas iluminaba una hermosa y brillante sonrisa.

–Bueno, cocinando es una cosa, aunque ahora sea demasiado tarde para ir en busca de ingredientes, y también conversando, y besando y… –

Me detuve, voltee a verla a pesar de que me ardía la cara, ella me miró por un momento, luego bajó la mirada, ruborizada.

–Si… bien, no tienes que decirlo si no quieres, ya entendí… me da gusto que pienses eso de mí. –

Explicó, apenas podía hablar. Yo no dije nada más por un momento.

–Entonces ¿Soy mejor que… ella? –

Preguntó después, no debió hacer esa pregunta, y se dio cuenta momentos después, cuando la miré con semblante serio. De todos modos, tenía que explicarlo en algún momento, y supuse que había llegado la hora de resolver todo este asunto.

–Sobre eso Onee–chan, veras…

––––––––––

Para nuestra suerte, encontramos un puesto de ramen en una de las esquinas de la gran avenida, que de hecho se hallaba bastante lejos de nuestra casa, quiero decir que no era un lugar al que viniéramos comúnmente. Pero aún estaban sirviendo, creo que era de esos lugares que no descansan nunca.

Una vez que hicimos nuestro pedido, nos sentamos. Entonces miré a Kotori a los ojos.

Le conté a Onee–chan, con detenimiento, todo lo que había ocurrido entre Hakua, Waraki, Minami, Nagasami y yo, a cada cosa, ella asentía y escuchaba. Sé que muchas de las cosas que dije le dolieron, e incluso estuvo a punto de llorar en varias ocasiones. Pero quería que estuviera enterada de todo. Ella no reclamó más. Poco a poco, Kotori fue recuperando su semblante a medida que entendía cómo habían sucedido las cosas.

Onee–chan recordaba a Hakua, en alguna ocasión, mientras yo estaba enfermo, Hakua trató de visitarme, Onee–chan creyó que Hakua estaba buscando un evento de visita al enfermo y se negó. Sin embargo, esa negación despertó una sospecha en aquella chica que se había convertido en un serio problema, y ahora era algo que no podía quedarse así, ante todo, teníamos que resolverlo, juntos, y yo lo sabía. Onee–chan sin embargo, tomó mi mano cuando terminé de explicar, como si estuviera recordándome que, uno de mis grandes errores, era haber tratado de hacer las cosas solo.

–Primero debes disculparte con Nagasami, sé que ella ha sido en parte causante de todo esto, pero tenemos que admitir, que, nosotros la metimos en esto, yo también quiero disculparme con ella, pero ahora mismo, sin duda eso haría el problema más grande. –

Ella no decía todo eso por conveniencia, para que Kotori se disculpara con Nagasami apropiadamente, ambos sabíamos que Nagasami debería enterarse de lo ocurrido. Cosa que en nuestra situación, era extremadamente inconveniente.

–Yo lamento todo el daño que hice, y ahora sé, que mi silencio, sólo causó más daño a las personas que quiero, principalmente a ti, Onee–chan. –

–Eres un buen chico, Imura, y pienso que es bueno que te sientas de esa forma, yo también estoy un poco arrepentida por algunas cosas, pero… podemos arreglarlo ¿de acuerdo? –

–De acuerdo. –

Respondí, ella sonrió, y comimos como unos locos, la verdad es que la comida era buena, y después de todo este tiempo, estábamos verdaderamente hambrientos. El hombre del puesto nos sirvió una segunda ración mientras hablaba por teléfono, al parecer con su esposa. Hay que ver lo hábil que era.

–––––––––

Después de comer, en lo único que podía pensar, es en volver a casa, ella lo había prometido, y aunque no dije nada, y ella tampoco, era obvio que lo único que queríamos era regresar y cerrar la puerta.

Sin embargo, mientras caminábamos de vuelta, mucho más apresurados que de costumbre, algo llamó la atención de Kotori Onee–chan, escuchamos un chillido en una de las calles. Lo primero que pensé es que alguien se había lastimado o algo, pero como eso no era relevante para mí, seguí caminando, Onee–chan se detuvo. Algo llamó su atención al otro lado de la esquina, por un momento, verla fue como ver a un gatito callejero que ha escuchado que algo se cayó.

Luego ella hizo una seña para que me acercara. Como recordé que no le gusta estar a solas y a oscuras en la calle, me acerqué, fue entonces cuando empecé a sentir que algo no estaba bien, o más bien, que algo no era normal. Nos metimos por aquella calle a la que le faltaba bastante la iluminación, fue así como fuimos a parar a uno de esos pequeños jardines con arbustos que decoran la calle. Ella se agazapó de pronto y me hizo agacharme a mí también.

– ¡Shhh! No hagas ruido. –

Dijo, mientras se levantaba lentamente para observar por encima de los arbustos. La oscuridad debe haberle servido para ocultarse. Escuché más ruidos. Y la sorpresa me hizo alzar la cara demasiado rápido.

–Imura, no hagas eso, no quiero que nos descubran. –

– ¿Que nos descubra quién? –

Pregunté. Mas ruidos y entendí quién. Asomarme lentamente desde debajo de los arbustos, me permitió entender por qué Onee–chan estaba tan interesada, y porque no quería que nos descubrieran. Había una pareja en la calle.

–Onee–chan, vámonos de aquí, no deberíamos incomodarlos. –

Le dije, más que nada por la pena de verlos… en esa situación, pero Onee–chan no se movió, me sostuvo de la mano, y llevándose un dedo a la boca, me ordenó guardar silencio.

–No deberían incomodarse si no saben que estamos aquí, además, quiero ver. –

Refunfuñando, regresé a mi sitio en los arbustos. Se escuchaba perfectamente todo lo que estaba pasando, a pesar de que era obvio que la chica luchaba por mantenerse silenciosa. Onee–chan comenzó a respirar con dificultad. Yo sólo miraba. El sujeto comenzó a golpear a la chica en el trasero y la cara, pero la chica no parecía enfadarse por ello, al contrario.

Yo no quise mirar, me sentía extraño mirando a dos personas, quizá era porque no estaba de humor para ver pornografía, quería estar con Kotori, que era completamente diferente para mí. Pero cuando volteé a ver a Kotori Onee–chan, ella tenía una expresión tan emocionada, que tuve que hacer maravillas para no reírme.

– ¿Has visto eso, Imura? Mira… mira allí. –

Me susurró ella. Yo volteé a ver… más vergonzoso aun. La chica tenía todas sus prendas a medio vestir y el joven tenía los pantalones abajo. No se percataron de que estábamos allí.

–Estoy mirando, estoy mirando. –

Le dije a Kotori, ella volvió a preguntar.

– ¿Me veo igual que ella cuando me lo haces? ¿Hago esa cara vergonzosa también? –

–A veces. –

Contesté con bochorno. Kotori se llevó una mano a la boca, asombrada por lo que estaba viendo. No sé en qué estaba pensando ella, pero era evidente que le parecía excitante, o por lo menos emocionante. Admito que espiar tenía su parte emocionante, pero en estos momentos, yo sólo quería llegar a casa, y estar con Onee–chan.

–Eso nunca se me había ocurrido, ella lo hace muy bien ¿no? –

Preguntó, yo ya no quise mirar, se escuchaban sus voces, y yo comenzaba a avergonzarme. Entonces se me ocurrió una idea.

–Vamos a casa, Onee–chan. –

–Espera… –

Dijo, casi sin prestar atención. Yo metí una mano bajo su blusa y comencé a masajear uno de sus pechos.

–Imura… yo…. Aquí es…. –

Su voz se volvió temblorosa. Pero yo continué masajeándola, incluso por debajo de su sostén.

–Quiero hacerte un montón de cosas ahora mismo, si no nos vamos a casa, te lo haré aquí. –

Amenacé, ella volteó a verme con los ojos llorosos.

–No Imura, por favor, no sé cómo ser silenciosa, nos encontrarán. –

Suplicó, su voz era temblorosa también, algo que hay que notar, es que ella no hizo nada por detenerme.

–Entonces vámonos… no quiero esperar… quiero que sea ahora. –

Salimos corriendo después de eso, espero que la pareja no haya notado nuestra presencia, pero a decir verdad, creo que estaban tan concentrados que no se darían cuenta incluso si alguien pasara por allí cantando. Onee–chan y yo corrimos un poco para alejarnos de allí, la tomé de la mano mientras corríamos y pronto nos alejamos lo suficiente del lugar como para gritar sin ser escuchados. Una vez allí, Onee–chan se detuvo.

– ¡Moo! Imura yo quería ver el final. –

–Ya sabes en que acaba, la chica se corre, el chico también, gritan, lloran, se visten y se van. –

Le dije, estaba algo alterado, tal vez por la carrera, mi corazón palpitaba con fuerza, además de que, por fin iba a acostarme con ella. Ella se cubrió el pecho con las manos, y sonrió. Al parecer, también estaba de humor, y si no lo estaba, su espionaje la había puesto de humor.

– ¡Moo! Si tenías tantas ganas de mi cuerpo, sólo tenías que decirlo. –

La miré acusadoramente mientras ella soltaba una risita nerviosa, risita que apagué con un beso cuando cerramos la puerta tras de nosotros.

–Tenía ganas de ti. –

Le dije, ella se quedó perpleja antes de que volviera a besarla.

–Imura yo… –

Intentó decir algo mientras besaba su cuello, pero mi boca volvió a callarla, mientras desabotonaba su blusa. Ella comenzó a quitarme el cinturón.

–Yo… –

Tomé sus pechos con ambas manos, mientras ella tomaba lo que ella quería de mí. Comenzó a hacer ruiditos mientras yo arrojaba su falda al suelo.

–Imura… –

Me detuve, la miré por un momento, ella se quitó los lentes y los dejó donde pudo.

–Kotori. –

Respondí, mirándola a los ojos, no quité mis manos ni de su pecho ni de su entrepierna, pero me detuve para que ella pudiera hablar.

–Te amo. –

Afirmó Kotori, y luego se lanzó sobre mí, besándome de la forma más indecente que fuera posible, al menos hasta ahora.

–––––––––

Me aseguré de que ella hiciera esa cara vergonzosa que tanto le gustaba varias veces, e incluso me aseguré de que hubiera un espejo cerca en un par de ocasiones, para que ella pudiera comprobar que si, efectivamente ella hacía esa expresión a veces.

Y si, ya sabíamos el final de esas cosas, aunque nos tomamos la molestia de comprobarlo varias veces, sólo en caso de que pudiera variar, y a pesar de que siempre era un poco diferente, el final de la película era siempre el mismo, que era lo que más nos contentaba a los dos.

Nos detuvimos porque me dolía el abdomen, y ella tenía ya las rodillas y los codos enrojecidos. Y nos acostamos, así como estábamos, en mi cama. Cuando menos hasta recuperar el aliento.

–Creo que he bajado como unos tres kilos esta noche. –

Fue lo primero que ella comentó. Y pienso que tenía razón, en la medida de lo posible, es decir, estas cosas te hacían sudar como nunca nada en la vida. Estaba cansado, tenía sed, y no quería despegarme ni un milímetro del cuerpo de Kotori, hundí mi cara en sus senos para continuar ebrio de ella, y Onee–chan me abrazó y me apretó contra su pecho, supongo que se sentía igual. Aun así, su sonrisa demostraba que ella estaba feliz.

–Imura… creo que nos excedimos con esto. –

Dijo ella, a media voz, afuera parecía que era de día. No preste atención a ello mientras hacía todo lo posible por levantar mi rostro para poder verla a los ojos.

–No pude evitarlo. –

Le dije, ella me miró con esa sonrisa que no parecía poder quitar aunque quisiera.

– ¿Te gustó? –

Preguntó después, acariciando mi cabello.

–Mucho. –

Le dije mientras asentía, ella suspiró. Pensé que preguntarle lo mismo sería algo tonto, se notaba bastante, y a mí también, sólo que ella era vanidosa.

–Entonces pienso que está bien, yo también tenía ganas después de todo, aunque ahora no pueda moverme. –

–Está bien si no te mueves. –

Le dije, porque yo no quería que se moviera y perder el contacto que tenía ahora mismo, volví a hundir mi cara en su pecho.

–Eres un niño mimado. –

Se quejó ella, aunque parecía de todo, menos una queja. Permanecimos en silencio otro largo rato. De pronto algo me vino a la cabeza.

–Onee–chan, quiero saber algo. –

Le dije, volviendo a mirarla.

– ¿La tengo muy pequeña? –

Aquella pregunta hizo que Kotori enrojeciera con una risita. Se cubrió la cara con el brazo, luego me contestó entre risas:

– ¿Qué cosas estas preguntando? –

Me reclamó.

De acuerdo, yo sabía que era una pregunta tonta.

– ¿Cómo voy a saber eso? Imura, eres un tonto. –

Continuó, luego se quitó el brazo de la cara y me miró, yo me acomodé sobre ella para poder mirarla mejor, ella me quitó el cabello de la cara con dulzura. Se puso seria, aunque no por eso dejó de haber dulzura en su mirada.

–Imura, todo lo que sé, es que se ajusta perfectamente a mí, nuestros cuerpos encajan bien, como si hubieran sido hechos el uno para el otro, no me interesa si es grande o pequeña o lo que sea, está bien así. –

Le di un beso. La verdad es que la cuestión había estado dándome vueltas en la cabeza como una mosca molesta, pero después de esa respuesta, pude dejar de pensarlo.

––––––––––

Nos bañamos después de aquello. Y aunque estábamos muy cansados, Onee–chan insistió en que quería hacer de cenar. Yo no objeté demasiado tampoco, extrañaba su comida a rabiar. Ella preparó algunas croquetas de pescado, junto con arroz blanco y un poco de miso. Eran aproximadamente las doce de la mañana cuando nos sentamos a comer.

– ¿Qué tal está? –

Preguntó ella mientras se sentaba a comer. Yo sonreí.

–Estoy tan feliz de estar vivo. –

–Moo, Imura, no digas esas cosas así, me avergüenzas. –

Me dijo ella, comenzando a comer. Yo volteé a verla, no se podía hacer nada, la verdad es que tantos días sin la comida de Onee–chan fue algo duro para mí. Todo lo que comía me sabía raro, incluyendo el curry que preparé.

En ese momento tocaron la puerta. ¿Es que no pueden parar de interrumpir?

–Yo iré, sigue comiendo Imura, puedo esperar. –

Aseguró Kotori Onee–chan, poniéndose de pie. Iba a negarme, pero la comida estaba demasiado deliciosa. Tenía que haberme negado, de cualquier forma.

Mi corazón comenzó a palpitar con fuerza y sentí un vuelco en el estómago al escuchar la voz que vino desde fuera.

– ¿Esta Akai–kun dentro? –

Era Hakua…

–Está dentro, pero no puedes pasar. –

Respondió la voz de Kotori Onee–chan.

–Necesito hablar con él. –

Dijo Hakua, todavía estaba fuera. Su voz no sonaba para nada amigable.

–Tendrás que esperar, está comiendo, y no va a ponerse de pie hasta que no haya terminado, he estado fuera algún tiempo, y él no ha comido como debe, ese chico sólo come dulces cuando no estoy. –

No hubo más voces, la puerta se cerró y Kotori Onee–chan volvió a la mesa. Hakua no entró.

–Es esa chica, viene con Nagasami, pero ella se ha quedado atrás. –

Comentó Kotori, mientras se sentaba.

–Es hora de arreglar esto, Onee–chan. –

Le advertí. Ella asintió, pero no dijo nada. Me di cuenta de que estaba temblando cuando ella dejó caer el pescado sobre el plato por segunda vez. Así que tomé su mano.

–Esto tomará solo un momento. –

Le dije, Kotori asintió, volteando a verme, estaba muy nerviosa, lo sé porque su mano estaba sudando, parecía querer llorar.

–No va a pasar nada, pero es algo que tengo que hacer, tarde o temprano. –

Pregunté, la verdad es que todo el odio que sentía por Hakua estaba ayudándome a no derrumbarme por los nervios que sentía.  Kotori me miró con sus ojos llenos de lágrimas.

–Lo siento, lamento haberte metido en esto, yo no quería que esto pasara así, yo… –

–Sé fuerte, Onee–chan, soy yo mismo quien se ha metido en esto, y todo va a estar bien ahora, lo prometo, suceda lo que suceda, siempre te voy a amar. –

Le dije, ella asintió, a pesar de sus lágrimas, y la dejé atrás. Era mi momento, no puedo decir que estaba orgulloso de lo que había pasado, pero tenía que enfrentarlo, o esta estupidez nunca terminaría. Ya no tenía miedo.

Me apresuré a cerrar la puerta tras de mí, para que ninguna de ellas fuera a escuchar, ni por error, el llanto de Onee–chan. No iba a concederle a Hakua ni siquiera esa victoria.

–Eres un desvergonzado Akai–kun ¿Cómo te has atrevido a apagar el teléfono? ¿Sabes lo mucho que nos hemos preocupado por ti? –

Preguntó Hakua, reclamando apenas salí de la casa. Nagasami esperaba tras la cerca, en la calle. No se veía particularmente bien. No le dirigí la palabra a Hakua. No había nada que tuviera que decirle, y tampoco tenía ganas de explicar lo que ocurrió con el celular. Además de que la mitad de todas esas cosas, eran mentiras.

Sin embargo, me acerqué a Nagasami. Ella se dio cuenta y se giró para verme mientras Hakua venía detrás de mí, reclamando.

–Oye, no me ignores, idiota, ¿Quién te piensas que eres? –

Preguntó Hakua. Nagasami se veía peor de lo que nunca la había visto. Sentí lastima por ella… No, la lastima no me sirve ahora. Esto no es sobre sentirme mal por su estado actual, esto es por Onee–chan. Ahora era mucho más fácil porque sabía que Onee–chan esperaba por mi dentro de la casa.

–Nagasami–chan. –

Saludé, ella alzó levemente su mano, luego la volvió a esconder tras de ella, apenada.

–No… No respondiste mis mensajes… creí que… –

Comenzó a decir ella, con lágrimas en los ojos. Y suspiré, contuve el aliento y cerré los ojos un momento, tratando de visualizar la sonrisa de Onee–chan para que me diera valor.

–Mi teléfono se rompió, como sea, lo que pensado bastante últimamente, yo… no puedo volver contigo…Estoy enamorado de alguien más. –

Los ojos de Nagasami se abrieron con consternación, coraje, y dolor.

– ¿Qué quieres decir? –

Preguntó ella, incrédula y Hakua se puso frente a mí.

– ¿Estás seguro de lo que estás diciendo? ¿No te estas confundiendo? –

Preguntó ella, amenazante, puedo decir que ella no se esperaba esto por la cara que puso, tan llena de rabia, y de sorpresa, como un perro que, cuando se ha lanzado sobre una persona, recibe un garrotazo en el hocico.

–No, es la verdad, lo siento Nagasami–chan. –

Ella no pudo sufrirlo, estaba más enfadada de lo que yo nunca la había visto. Y respondió como todos esperábamos que respondiera. Eso dolió.

Me quedé callado cuando ella desquitó su coraje y su frustración por no comprender qué era lo que ocurría, de la mejor forma que ella sabía, dándome una bofetada.

– ¿Cómo puedes decir eso tan tranquilo? ¿Cómo puedes seguirme haciendo daño? ¿Es que no tienes corazón? Después de tantas cosas, ¿Cómo puedes decir simplemente que amas a alguien más? Con… esa cara tan seria… –

Nagasami comenzó a respirar pesadamente mientras las lágrimas salían de su rostro, sin que ella lo notara siquiera, supongo que fue precisamente la seriedad de mi rostro lo que la convenció de que era sincero.

–Lo siento. –

Dije eso haciendo una reverencia, cerrando los ojos. Aun me dolía la cara. Nagasami suspiró pesadamente, para luego llevarse las manos a la cabeza, comenzó a perder el control de sí misma mientras se hincaba en el suelo, sin dejar de llorar.

– ¿Es mi culpa? Prometo que lo arreglaré, pero por favor… te necesito… yo…yo. –

–No es tu culpa, Nagasami, es la mía, estas cosas son así… lo siento mucho. –

Suplicó Nagasami–chan, desesperada. Me levanté para responderle, pero Hakua haló de mi hombro para que la mirara.

–Tú no puedes hacer esto, tú… teníamos un trato. –

Comenzó a decir Hakua, simplemente sin poder creer lo que estaba sucediendo.

–Ya está hecho. –

Respondí, mirando a Hakua por un momento. Si esto iba a suceder, entonces que sucediera.

De todos modos, Hakua seguiría usando esto para amenazarme cuantas veces lo quisiera, mientras yo siguiera teniendo miedo. No podía estar más jodido de todas formas, y tengo que admitir, que me pesó en cierto modo lo que Nagasami había tenido que pasar también.

– ¿Un trato? –

Hakua, en medio de su ira, había hablado de más. Nagasami la miraba ahora como si ella fuera la culpable de que yo estuviera rechazándola.

–Si bueno… yo… Lo hice por amor. –

Explicó Hakua, Nagasami negó con la cabeza.

– ¿Qué ganaste, Akai–kun? ¿Qué fue lo que ella te prometió? –

Preguntó Nagasami, a punto de la locura, yo tenía en las manos el celular de Kotori, y le mostré la fotografía. Nagasami se acercó, mirándola con detenimiento. Ella estaba drogada en ese momento, no recordaba a Hakua para nada, ni supo por qué había una fotografía de ella en ese estado. Miró a Hakua amenazante, quien retrocedió.

–Ella tiene muchas más, no sé lo que planeé hacer con ellas, pero le ha enviado ésta a mi Onee–chan, es por ello que está aquí. –

Expliqué.

–Nagasami–chan, por favor, escúchame. –

Pidió Hakua, en vano.

– ¡No quiero escuchar! ¿Qué fue lo que me hiciste? Yo… hice esas cosas… tú… –

Casi lamenté haber usado a Nagasami de aquella forma, pero pensé que lo mejor era que lo supiera, también sabía que en el estado en el que estaban las cosas, no importaría mucho lo que Hakua pudiera decir. Nagasami ya no quiso saber nada, sólo se dio la vuelta y se fue.

Hakua trató de detenerla, y recibió un empujón que la hizo caer al suelo. Así que lo único que pudo hacer fue mirar a Nagasami desvanecerse en la distancia. Mientras Hakua se ponía de pie con lágrimas en los ojos.

–Espero que sepas lo que haces, Akai–kun. –

Yo me reí.

–Si supiera lo que hago, Hakua, tú no estarías aquí, he cometido muchos errores, no tengo intenciones de negarlo, pero se terminó. –

El rostro de Hakua enrojeció por el coraje.

–Esto no ha hecho más que empezar, en verdad que la has hecho buena. –

Amenazó con rabia.

–Cuando hables con Nagasami, y le digas lo que realmente ocurrió, dile que lamento, yo no debí haber accedido en primer lugar. –

Le dije, mientras me daba la vuelta. Era obvio que Hakua no podía decirle eso a Nagasami, aparte de que, ella no iba a escuchar nada en ese estado, lo más probable era que ella odiara a Hakua ahora.

–Se lo diré a todos. –

Me gritó Hakua, al tiempo que abría la puerta de mi casa.

– ¿También lo que le hicimos a Nagasami, tú y yo? ¿O eso debería confesarlo por mi cuenta? –

Pregunté, Hakua se quedó callada.

Yo entré a mi casa. Faltaban sólo tres días para el inicio de curso, y seguramente entonces la cosa se complicaría.

Esta vez no iba a escapar, enfrentaría las cosas.