Eien no Hanami C21

Modo nocturno

Capítulo 21: Antes de que te vayas.

Los días que siguieron a aquello, se volvieron difíciles. Al menos en lo que a la convivencia con Onee–chan respectaba. Por el momento no éramos una pareja, por desgracia, nuestros cuerpos y nuestros corazones no lo aceptaron con tanta facilidad. Algo que había que tomar en cuenta es que básicamente nos confesamos esa noche. No éramos pareja, pero tampoco éramos hermanos normales.

Ir a la escuela fue sencillo. Sobre todo porque Hakua aún no estaba allí. Por lo que no tuve que preocuparme por ese asunto. Tampoco le dije nada a Onee–chan sobre el “acuerdo” que había hecho con la señora. Consideré que el asunto debería solucionarse antes de que ella entendiera qué era lo que había pasado.

Hakua no asistió a la escuela en días. Y cada día, las cosas se volvieron más borrosas que el día anterior. No hablo sólo de la escuela, Onee–chan comenzó a llegar más y más tarde. De lo único que me enteré, es que ahora formaba parte del comité disciplinario, y que había alguien, una pareja en su escuela, que estaba dando problemas.

Cada día, se fue haciendo más difícil hablar con ella, no sólo por ella, si no por mí. Parecía que estaba acostumbrándome a mi situación actual a pesar de que la odiara. Y cada vez que intenté hablar de ello con Kotori, ella evadió el tema. Tenía un cierto miedo de hacerle llorar. Y tenía también miedo de que, si la presionaba, ella decidiera que no habría más. Y sabiendo lo patética que era mi resolución, porque de todos modos me sentía lejos de ella, lo permití.

Lo permití porque no sabía con exactitud qué era lo que tenía que decirle para que ese miedo desapareciera. Lo permití porque sabía que su miedo no estaba infundado, y cada día, la idea de que mi madre abriera la puerta de la casa de pronto estaba más y más cerca. Y lo permití también, porque soy un idiota y quería conservar, al menos, a esa chica preciosa que se acostaba por las noches a mi lado, me abrazaba dulcemente, y me decía que me quería.

Por el momento, aquella era la única muestra de afecto que tenía.

Derrotado sin saber por qué, o por quien. Hakua ya no estaba, Nagasami tampoco. Onee–chan dijo que no había nadie más, y yo le creía. Y ahora su tarea en el comité disciplinario le exigía muchísimo de tiempo. Ella estaba feliz cuando le dieron su banda verde y azul. Pero no paso mucho tiempo antes de que yo comenzara a odiar esa banda. Porque ahora veía a Onee–chan una hora al día, cuando más. Y a pesar de que dormía con ella, porque eso nunca dejó de pasar, no la tocaba. Ella despertaba antes que yo, preparaba el desayuno y se iba a la escuela. Casi siempre mientras yo aún estaba vistiéndome.

Creo que ella entró al comité, precisamente por la apariencia que esto pudiera dar. Es decir, mi madre no sospecharía de una chica que está en el comité disciplinario de la escuela. Sus anteojos la hacían parecer muy seria. Le quedaba, pero dentro de mí, yo sabía que todo eso era un teatro orquestado para engañar a alguien. No podía decir si ella intentaba engañarme a mí, engañar a mi madre, o engañarse a sí misma. No pasó mucho tiempo antes de que yo comenzara también a buscar un refugio. Lo encontré en la consola, al menos momentáneamente, y mientras me engañaba a mí mismo diciéndome que esto estaba bien así, sabía también que pronto, esto explotaría de nuevo.

Los días comenzaron a pasar, en medio de esta relación que ya había caído en lo mediocre. Hasta que un día, sin saber cómo ni porque, todo comenzó a moverse. Un lunes por la mañana, recuerdo bien, apenas había llegado a la casa, cuando Kotori Onee–chan salió del baño.

–Onee–chan, has llegado temprano. –

Ella se rascó la cabeza y puso sus manos atrás.

–Si… he recibido un mensaje, verás, el jefe del comité tuvo unos pequeños inconvenientes, y nos pidió que nos fuéramos temprano, es eso. –

Yo sonreí. Últimamente no tenía muchas oportunidades para esto.

–En tal caso ¿No quieres comer conmigo? –

Pregunté, mostrándole la mejor de mis sonrisas.

–Sí, me encantaría. –

Respondió ella, sonriendo. Supongo que parecíamos la típica pareja de las comedias románticas, que han terminado y quiere volver, pero no sabe cómo hacerlo.

–No has vuelto a tener problemas, por lo que veo. –

Comentó Kotori mientras comíamos, estaba temblando.

–Te dije que todo se solucionaría. –

Respondí mientras engullía un plato de arroz frito. Seguía amando la cocina de Kotori Onee–chan después de todo.

–Yo… tengo mucho trabajo últimamente… pero mamá volverá pronto… ya no estarás tan solo. –

Aseguró Kotori Onee–chan, visiblemente perturbada. Quizá era el hecho de que estábamos comiendo juntos después de mucho tiempo de no hacerlo.

–No tengo ningún problema. –

Respondí, negando con la cabeza, tratando de no mirarla, porque mirarla me haría querer besarla.

–Hace mucho que no comíamos juntos… lo siento, todo este problema en que el jefe se metió me trae un poco tensa. –

¡Al demonio con su jefe! Pensé mientras mordía un trozo de pescado. El palillo se rompió, ella volteó a verme, a punto de las lágrimas. Yo me quedé mirándola.

–Perdona Imura… yo… creo que no te importa… perdón por fastidiarte. –

Dijo ella, su voz era apagada y sus palillos sonaban porque ella estaba temblando, sus manos se movían nerviosamente.

–A veces siento que te importa más tu jefe que yo ahora. –

Confesé. Se me salió, ella puso sus lentes sobre la mesa, y tomó mi mano.

–Eso no es verdad… tu no debes pensar eso, Imura, eres lo más importante para mí, tienes que creerme. –

–Te creo… Yo te creo, pero tú no te lo crees. –

Le dije, negándome a mirarla. Nuestra relación cada vez iba de mal en peor, y me había estado callando muchas cosas. Por eso, en estos momentos poco podía hacer para detener a mis palabras.

–Quería decirte que, tal vez, debería dormir sola a partir de ahora. –

Eso me dio un golpe al pecho difícil de soportar.

–De eso nada. –

Respondí, con coraje, soltándome de la mano. Ella asintió con la cabeza.

–Está bien si me odias, me lo merezco. –

–¿Por qué me haces esto? –

Pregunté finalmente, tuve que verla a los ojos para poder preguntar eso.

–Si mamá llega y nos ve… yo ya te hice daño suficiente, y aunque tú digas que no es mi culpa, sé que no es verdad, sé que lo dices por cariño, sé que en el fondo no querías salir lastimado, y sé que es por mí por quien has acabado en el hospital, no quiero que eso vuelva a ocurrir. –

Yo negué con la cabeza.

–¿Dónde está tu determinación? ¿Qué hiciste con mi Onee–chan? –

Pregunté, estaba de pie, y ella seguía sentada, estaba a punto de llorar, decidí no presionar más, aquello estaba tomando un rumbo peligroso.

–No sé de qué estás hablando. –

Respondió ella, y así cerramos el tema nuevamente. Cuando menos no insistió en dormir sola, aunque algo dentro de mí me decía que, si las cosas no mejoraban, pronto, de nuestra relación no quedaría sino el recuerdo. Ella comenzó a lavar los platos, yo subí a mi alcoba a hacer algo de limpieza, el lugar era un desastre de todos modos. Tan ocupado estaba en mi limpieza que no me di cuenta de que el celular estaba sonando.

Para cuando lo note, tenía tres llamadas perdidas. No tenían nombre, pero yo reconocía el numero: Hakua.

El teléfono volvió a sonar. Dudé por un momento en contestar. Entonces recordé que tenía un trato pendiente.

…Moshi–Moshi.

…Akai–kun, es Hakua, ¿Tienen un momento?

…Hakua–chan, que sorpresa, no has ido a la escuela. ¿Pasa algo?

Trataba de sonar igual de amable de lo que ella sonaba.

…Me van a transferir pronto, pero eso no es importante, hay algo que quiero decirte.

…De acuerdo, dime donde podemos vernos, y allí estaré, sin trucos esta vez.

…Tonto, no tienes idea de lo que estás diciéndome.

Salí de la casa después de eso sin que Onee–chan siquiera lo notara, ya lo hemos dicho, nuestra relación atravesaba por un puente difícil. Pero trataba, sin mucho éxito, de no pensar en eso.

El lugar en el que quedé de verme con Hakua era un pequeño parque estaba en las cercanías de la estación donde ella vivía. Estaba haciéndose de noche cuando llegué, y hacía algo de frio.

Me preguntaba ahora si Hakua mantendría la promesa que su madre me hizo. Tenía algo de miedo, por eso tenía mi celular a la mano con el número de la policía ya marcado. Estaba pensando en lo mucho que la odiaba cuando vi que ella se acercaba, su madre empujaba la silla de ruedas.

––––––––––

–Una promesa es una promesa, jovencito, ella dice que tiene algo que decirte, por ello es que le he permitido que te llame, pero por favor, no te demores demasiado, debemos volver a casa pronto. –

Me dijo la señora, yo miré a Hakua, que miraba simplemente al horizonte, sin mirar a nada. Luego de eso, la señora hizo una reverencia y se fue.

–Tú te llevaste todo lo que yo amaba en el mundo. –

Me dijo cuando su madre se alejó, sin mirarme, yo me senté en la banca que había a un lado de ella. Hakua continuó, su voz era áspera, pero no era hostil.

–Y sin embargo, te atreviste a salvarme el cuello, como si necesitara alguna otra razón para odiarme a mí misma, ahora me odio más, odio estar viva, porque sé que lo debo al hombre que más odio en el mundo. –

¿Estaba reconociendo su derrota? Me preguntaba yo, mientras le daba un trago a mi jugo.

–Tu madre lloraba como una niña pequeña cuando llegué, no tuve opción, al menos yo sí sé lo que es la compasión de guerrero. –

Le respondí para darle a entender, que en ningún momento se trató de ella, Hakua derramó una lagrima, sin embargo, su rostro seguía marcado con coraje.

–¿Estás diciendo que eres mejor que yo? –

–¿Qué paso con esa voz amistosa con la que me hablaste por teléfono? –

Hakua volteó a verme, como si supiera que me estaba burlando de ella.

–Tú me lo arrebataste todo, no tengo porque seguir fingiendo, sabes bien que te odio. –

–Si me odias, porque me has llamado aquí ¿Quieres continuar con esto? –

Pregunté, temiendo realmente por mi seguridad, ella volvió a mirarme con esa expresión sarcástica en su cara.

–¿Continuar? ¿Te parece que estoy en condiciones de continuar? No es más que compasión de guerrero, como tú le dices. –

Explicó Hakua ¿Es que ella también era capaz de sentirla? El mundo era muy extraño, según me daba cuenta. Pero ella seguía mirando al horizonte. Poco a poco, las lágrimas empezaron a resbalar por sus mejillas, se notaba demasiado en su rostro blanco, iluminado tristemente por la luz de una lámpara, Hakua se puso a llorar. Yo no dije nada, no sabía que decir de todos modos.

Después de unos momentos, ella sacó un pañuelo y se limpió las lágrimas elegantemente.

–Recibí una herida de bala en la cadera, los médicos dicen que no saben si pueda volver a caminar, y en caso de que pueda, la rehabilitación tardaría unos ocho meses… no puedo volver a la escuela así, y Nagasami vio lo que sucedió entre nosotros en ese puente, no puedo mirarla a la cara ahora. –

Explicó, yo asentí. No había gran cosa que pudiera decir de todas formas ¿Una herida de bala? Aquello era bastante extraño para mí.

–Creyeron que moriría, me abandonaron en una nevera sucia y maloliente, y se olvidaron de mí, de no ser por tu estúpida visita, estaría tres metros bajo tierra… supongo que a eso se le llama deberte la vida. –

–Me gustaría que me pagaras y murieras ahora mismo, Hakua. –

Le dije, estaba enfadado con ella, pero también es cierto que estaba asustado. ¿Quién diablos haría daño a alguien como Hakua, sólo porque si?

–Lo sé, pero no voy a concederte eso, y eso es sólo porque sé, que el hecho de que yo siga respirando te insulta, por otro lado… esas personas. –

–¿Sabes quiénes son? ¿Qué paso con los demás? –

–Onii–san no corrió con tanta suerte, ni los demás tampoco, les dispararon a todos, sin piedad, luego tomaron mi celular y lo revisaron, mientras me arrastraban a ese sucio callejón, yo estaba sangrando mucho, por lo que no recuerdo mucho más que el dolor, pero sé que tomaron algo del celular. –

–¿Buscaban algo de ti? –

Pregunté, sin comprender, ella tomó su celular y lo encendió.

–Por eso te he llamado, porque buscaban algo, y lo encontraron. –

Ella me extendió el celular. Yo lo tomé, pensando que habría una de las fotos que ella tenía de aquella ocasión. Sentí el corazón acelerarse en ese momento.

Era una foto. Pero no era Nagasami quien me besaba, era Kotori.

–De haber sabido que esa foto me dejaría en este estado, nunca me hubiera atrevido a tomarla. –

Era del día en que Kotori Onee–chan y yo fuimos a la plaza Hamaya. La lámpara nos iluminaba débilmente, pero allí estábamos, éramos Kotori y yo, besándonos.

–La tenía para chantajearte, pero… parece que fue peor para mí, una vez que pudieron tomarla de mi celular, lo arrojaron al suelo, y allí permaneció hasta que me encontraron. –

Explicó Hakua, mis manos temblaban. Yo todavía no podía asimilar que Hakua tuviera esta fotografía.

–No comprendo nada, si tenías esto, ¿Por qué no se lo mostraste a Nagasami en primer lugar? –

Pregunté, desconcertado, ella suspiró.

–¿Crees que no lo pensé? En realidad intenté mostrársela una vez… Pero tengo que admitir que muy en el fondo de mí no quería hacerlo, es decir, ¿Qué motivos tendría ella para salir conmigo si te odiaba de todos modos? Además, ella sabía que te perdería, pero eso no la detuvo, a nadie nos detuvo, ni a ti, ni a mí, ni a ella, tengo que reconocerlo, eres valiente, más de lo que yo creí. –

A la única persona que detenía esto era a Kotori, creo que ese comentario dolió por esa razón, porque yo sabía que Kotori Onee–chan estaba siendo cobarde cuando yo más la necesitaba. También tuve que admirar un poco a Nagasami, pero lo hecho, hecho estaba. Actué según mis convicciones, y esto fue lo que obtuve.

–Sólo para que te quede claro, no me arrepiento de nada. –

Aseguró Hakua. A pesar de cómo había terminado, ella sí que era necia.

–Tampoco yo. –

Respondí. Es cierto, lo entendía ahora, ambos éramos monstruos, sólo que teníamos gustos diferentes. Hakua sonrió amargamente.

–Ahora ha quedado fuera de mi alcance, he luchado con todo lo que tuve, pero algo me sacó de la jugada, y si no tienen nada que ver contigo, lo tendrán, he venido a advertirte, que son peligrosos. –

–Estas diciéndome de pronto que hay un asesino suelto en la ciudad… ¿Recuerdas algo más? –

Pregunté, con algo de sarcasmo a decir verdad. Ahora había alguien en alguna parte que tenía una foto bastante problemática, y que además, era peligroso, y eso era todo lo que sabía.

–Por las voces, puedo decir que eran un chico y una chica, pero lo único que puedo recordar son los ojos de la chica, azules… recordarlos me da escalofríos. –

Me explicó, sin mirarme, yo devolví su celular, y ella frente a mí, borró la fotografía. Supongo que, después de todo, la señora había cumplido su promesa, esperaba poder explicárselo a Kotori.

–Tú siempre mirando sólo lo que te importa ¿no es verdad? –

Pregunté, haciendo alusión a que ella sólo recordaba los ojos de la chica. Ella sonrió de manera extraña.

–Dime algo Imura… el cuerpo de Nagasami–chan ¿era suave? –

Preguntó ella, supuse que era más una pregunta sarcástica, que un verdadero cuestionamiento. Le contesté de todos modos.

–Era suave, y muy cálido. –

Le dije, poniéndome de pie. Ella me miró con ojos asesinos, pero había un poco de rubor en sus mejillas. Seguramente se estaba imaginando cosas, o recordando, no lo sé.

–Malnacido. –

Respondió ella, y me alejé caminando de allí.

Nunca volví a ver a Hakua después de eso, y nunca supe siquiera si ella había logrado volver a caminar. No era importante de cualquier modo. Ahora lo único que quería era ver a Kotori, quería decirle que la amaba, quería decirle que haría lo que fuera por ella, no importaba, y que mamá, en este momento, era el menor de nuestros problemas.

––––––––––

La casualidad, si es que se le puede llamar casualidad, que yo llegara a la casa, justo en el momento en que ella colgaba el teléfono. Como he dicho, solo había una persona que hacía llamadas a la casa.

–He vuelto. –

Dije mecánicamente mientras me quitaba los zapatos.

–Bienvenido. –

Respondió Kotori amablemente pero no sonaba a que quisiera ser amable en absoluto. Más bien pienso, que estaba tratando de controlarse, por lo que dijo después.

–Mamá llegará mañana. –

Dijo, yo me acerqué a ella, con mi corazón latiendo con fuerza.

–Mamá me tiene sin cuidado. –

Le dije y la besé, en los labios, tomándola por sorpresa, ella no opuso ninguna resistencia, al menos momentáneamente.

–Imura… detente. –

Dijo, pero me echó los brazos al cuello, tomé eso como una aceptación de lo que estaba haciendo, y continué. La verdad es que lo único que quería es que continuara besándome, no me importaba nada más. Debí haber tocado sus pechos o algo, porque en cuanto ella recupero el control de sí misma, que yo le había arrebatado con mi sorpresivo ataque, ella retrocedió. Nuestros labios se separaron. Maldición.

–Yo… no sé si algún día podré hacer esto de nuevo… por favor, no me tortures. –

Pidió, con lágrimas en los ojos. Pero si ni siquiera era mi intención hacerla llorar. Sólo quería recuperarla, solo eso, quería besarla, quería estar con ella, quería recargar mi cabeza sobre sus senos y que me dijera que todo estaba bien. Ella estaba más fría conmigo de lo que nunca lo había estado, y lo entendía. Entendía su miedo, su malestar, su negativa pero… eso no evitaba que doliera. Quería que ella fuera mía como de costumbre ¿Era eso mucho pedir?

Al parecer si, en mi lugar al menos, quería recuperarla pero no tenía ni idea de qué hacer.

–Perdona Kotori Onee–chan. –

Ella se limpió las lágrimas inmediatamente después de eso.

–No… discúlpame a mí, yo no quiero hacerte esto, te lo juro… –

Explicó ella, yo me di la vuelta, caminé unos cuantos pasos a las escaleras, y me giré de nuevo, mirándola.

–¿Y si es sólo un beso? –

Pregunté, Kotori Onee–chan se quedó en silencio.

Oh, vamos, sólo tenía que decir que si, y todo habría terminado. Si era lo que deseaba sólo tenía que hacerlo… solo tenía que besarme, y lo nuestro se habría acabado. Lo admito. Me rendí.

Me arrepentí tres segundos después de lo que había dicho, ahora que era consciente de lo difícil que fue para Nagasami hacer esa pregunta, pero sí. Perdí la esperanza, mamá llegaría mañana, y en el estado en el que estaban las cosas, ella no tendría las fuerzas para continuar. Sería cruel de mi parte exigirle algo así.

Además de que, sinceramente, yo también quería que terminara, estaba agotado, ya había hecho todo lo que estaba a mi alcance, y hasta ese momento nada había cambiado.

Tal vez era simplemente que nuestro tiempo juntos había terminado, en cuyo caso yo estaba solo siendo un necio estúpido. Tal vez si era pedir imposibles desde un principio, o tal vez simplemente las cosas habían cambiado para ella.

Creo que lo único que deseaba en ese momento era una maldita respuesta concreta. Saber sobre qué estaba parado. Juro que el regreso de mamá, las palabras de Hakua, y todas las estupideces similares me importaban un bledo. Sólo quería una respuesta, fuera si, o no. Sólo eso.

Pero ella simplemente se puso a llorar y corrió, huyó de la misma forma que en nuestro primer beso. Era irónico que huyera también, después de este, que hasta donde yo lograba ver, era el último.

––––––––––

Me quedé en la sala de la casa, sentado por un largo rato, llevándome las manos a la cara para evitar llorar cuando menos unas cuatro veces. Creo que echaba de menos a Misaki. Al menos ella podría decirme qué podía hacer, pero ni siquiera había hablado con ella después de lo que ocurrió, no sabía en qué preparatoria estaba, y el tiempo se me había terminado antes de que yo supiera por qué.

Encendí el televisor para evitar escuchar el llanto de Kotori que de hecho me rompía el corazón. ¿Por qué ella estaba actuando de esa forma? Si le molestaba tanto, si le cansaba tanto, si le dolía tanto, sólo tenía que regresar y abrazarme, y todo estaría bien. Pero aquello no ocurrió.

Me puse de pie, ella se había dormido, supuse, porque ya no se escuchaba nada. Quizá necesitaba un paseo. No me importó mucho que fuera media noche cuando tomé de nuevo mi chaqueta, sin recordar para nada las palabras de Hakua, y sin que importaran mucho que digamos.

Caminé por la calle sin pensar realmente hacia donde iba, un par de veces me dio la impresión de que era seguido, pero en cuanto volteaba, la sensación desaparecía. Y aunque recordé las palabras de Hakua, al no prestarles demasiada atención, no importaron mucho y continué mi paseo. Mi teléfono sonó luego de un rato de caminar a la luz de la luna. Evidentemente solo podía ser una persona, así que no contesté.

No contesté porque en realidad me tomó por sorpresa en un tren de pensamiento bastante irritable, no quería decir alguna estupidez. No contesté porque en realidad no tenía nada que decir que fuera importante. En lugar de eso, le envié un mail, solo en caso de que pudiera preocuparse.

“Salí a dar un paseo, pero voy camino a la casa ¿Pasa algo?

–Imura.”

Ese era hasta el momento, el mensaje más frio que yo le había enviado jamás. Por supuesto que la última parte era mentira, pero ella respondió inmediatamente.

“No estabas, me asusté mucho, hay un apagón y tengo miedo, vuelve pronto.

–Cariños, Kotori”

Onee–chan era tan infantil a veces, supongo que era porque ella era una chica. No tengo remedio, yo creo, lo único que hice fue darme la vuelta y acelerar el paso. No quería que ella estuviera asustada… traté de decirme a mí mismo que era porque es mi hermana mayor, pero la mentira me pareció ridícula hasta a mí. Por supuesto que no, era porque la amaba, y aprovechaba cualquier oportunidad de estar aunque fuera un poco cerca de ella.

Cuando regresé a la casa me encontré con que el apagón había terminado. Vaya suerte la mía, pero Kotori corrió hasta donde yo estaba en cuanto abrí la puerta. Tenía puesta su pijama, y los ojos hinchados por el llanto.

–No me dejes sola. –

Dijo en cuanto me vio, yo dejé mi chaqueta en el perchero.

–Lo siento Onee–chan, tenía que pensar algunas cosas, vamos a dormir ¿de acuerdo? –

Le pregunte mientras entraba a la casa. Kotori asintió.

–¿Estas bien durmiendo conmigo? ¿Aun con todo? –

–Ahora mismo no puedo hacer nada más, al menos evitaré que tengas miedo. –

Le contesté mientras ella comenzaba a subir las escaleras, yo miraba su trasero moverse justo frente a mi mientras la seguía. Batí la cabeza para dejar de pensar en tonterías mientras ella abría la puerta de su alcoba. Si esto no mejoraba, creo que quien tendría que irse sería yo. ¿Cómo iba a decirle eso a Kotori? Le partiría el corazón. Pero si me quedaba, seguro que moriría. Con mamá aquí y todo, el horizonte no pintaba demasiado bien para mí.

Sin embargo, aquel día lo único que hice fue acostarme al lado de ella. Kotori se quedó dormida casi de inmediato, supongo que ella se había despertado durante el apagón ¿De verdad hubo tal? ¿O fue un pretexto para hacerme regresar? Imposible saberlo y también imposible enfadarme por ello aunque lo supiera.

No pude cerrar los ojos siquiera, la imagen de Kotori Onee–chan estaba allí, frente a mí, ella dormía plácidamente, incluso me abrazaba, pero yo no pude cerrar los ojos.

Estuve toda la noche pensativo acerca de lo que iba a hacer y de lo que estaba pasando entre nosotros. ¿Podíamos volver a ser hermanos normales? Probablemente no. La verdad es que no sabía si resistiría algo así.

Y si no podíamos, ¿Qué iba a hacer yo con todo esto? ¿Qué iba a hacer Kotori Onee–chan? Ella parecía ya resignada y eso me hacía enojar. ¿Estaba bien enfadarme por ello? Evidentemente no, pero como casi todo lo que sentía, no podía evitarlo.

Acaricie suavemente su rostro y su cabello, en silencio, mientras mis ojos se llenaban de lágrimas y el miedo de no poder hacerlo de nuevo se apoderaba de mí.

–Imura… quédate conmigo. –

Susurró ella entre sueños. Yo sonreí mientras acariciaba su mejilla de forma graciosa con un dedo.

–Seguro. –

Le susurré, tratando de no despertarla. Ella suspiró y siguió durmiendo después de ello.

Me puse de pie después de eso, desobedeciendo la petición de Kotori, aunque yo no pensaba que ella estuviera consciente de eso, ni que lo estuviera diciendo literal. Y aunque tenía ganas de llorar, traté de ponerme feliz mientras preparaba el desayuno, para que Onee–chan pudiera comerlo en la cama.

Y mientras hacía panqueques, pensaba que, ya que quizá sería la última vez que podría hacerlo, debería despertarla con un beso, seguro que no se enfadaría…mucho. Hice panqueques porque sabía que eran los favoritos de Kotori, y pensé que hoy era un buen día para cumplir aquella promesa que le hice y me hice a mí mismo, de dejar de ser un inútil.

Entre a su cuarto con un plato con cinco panqueques, puestos en torre como ella los comía (yo nunca pude comerlos de esa forma) así como un vaso de jugo. Ella estaba aún dormida, así que me debatía entre abrir las persianas primero, o darle un beso. Le di el beso, y Kotori abrió los ojos, se echó atrás inmediatamente, en cuanto tomó conciencia de lo que estaba pasando.

–Lo siento, la costumbre, supongo. –

Me mordí un labio con fuerza para sonreír mientras le decía eso. Ella me miró con un ligero coraje en el rostro, e hizo una mueca de disgusto, entonces le mostré los panqueques.

–Te hice el desayuno. –

Los ojos de Kotori me miraron con desconcierto, poco a poco, su mueca cambió por una leve sonrisa.

–Gracias. –

Dijo ella, esperando pacientemente a que pusiera la tablilla para que ella pudiera comer en la cama. Yo la coloqué, tenía ganas de que mi mano rozara su estómago, pero algo dentro de mí me dijo que aquello era una pésima idea en este momento, así que no la toqué, ni un poco.

–Quería hacer algo bueno, ya sabes… –

“Antes de perderte” eso era lo que quería decir, pero batí la cabeza levemente, de nada iba a servir atormentarla con eso.

–Antes de que te vayas… –

No lo decía literal, pero ella asintió y dijo “Gracias” poniendo una pequeña sonrisa en su cara.

–Bien, yo… creo que me iré al colegio temprano. –

Agregué y me di la vuelta. Salí de allí poniendo una sonrisa en el rostro.

Nadie en el jodido mundo tiene una idea de cuánto valor necesité para poner una sonrisa en mi cara después de eso. Nadie sabe cuánto valor se necesita para continuar sonriendo cuando lo único que quieres es que algo te mate de una buena vez, sólo por no seguir sintiendo esa impotencia, esas ganas de abrazarla y decirle que lo es todo para ti. Al menos, yo no lo sabía. Y por eso en cuanto salí de la casa, mis lágrimas estaban saliendo de mi cara sin que me quedaran muchas fuerzas para detenerlas, así que no lo hice, las deje salir.

Me fui llorando todo el camino a la escuela. Apagué el celular por si acaso.

Me propuse a mí mismo ser fuerte, y aceptar el destino que saliera de todo esto, fuera cual fuera.