Eien no Hanami C24

Modo nocturno

Capítulo 24: Hasta el último de mis días.

La impresión tiene que haber sido brutal. Después de todo, no todos los días ves a tus hijos teniendo esa clase de cosas, mucho menos entre ellos. Lo único que hizo fue salir de la casa corriendo. Kotori me arrebató sus pantis de la mano, y se las puso, respiraba con dificultad.

–No sirve de nada ocultarlo, Kotori, nos ha visto muy bien. –

Le dije, ella enrojeció, pero asintió con la cabeza.

–¿Crees que lo aceptaría? –

Preguntó ella, yo la miré por un momento, arqueando una ceja, ella soltó la risa.

–No tienes que verme así, Imura tonto, tengo miedo. –

–¿Qué vas a hacer? –

Pregunté, un poco atemorizado de escuchar la respuesta, ella asintió con la cabeza y se puso de pie.

–Voy a comer… –

Dijo, y comenzó a servir la comida en platos para ella y para mí, yo me quedé callado mientras ella iba y venía, la emoción de haber sido vistos me había acelerado tanto el corazón que con trabajos pude contenerme las ganas de ponerme de pie y darle un beso, tal vez más que eso…Pero ella sólo suspiró y se sentó tranquilamente, apoyando su mejilla en su mano, mientras apoyaba el codo en la mesa, se quedó mirándome.

–Sé lo que no voy a hacer, y eso es negar mis sentimientos. –

Dijo ella de pronto, yo tenía los palillos dentro de la boca, por poco me atraganto con ellos.

–¿Estas segura? Es decir, no sólo mi vida estará arruinada. –

Le recordé, es cierto que mi vida se iría a la ruina ahora, pero aquello no me preocupaba tanto como la de Onee–chan, que estaba en el instituto, aquello debería ser más importante.

–Eso no es importante. –

Respondió ella, con una sonrisa de satisfacción en la cara.

–Claro que es importante Kotori, ¿Qué pasa contigo? –

Pregunté, quizá era porque también estaba asustado, ella se acercó a mí, me dio un beso fugaz en la mejilla y luego se hizo Hizamakura sola, acostándose sobre mis piernas.

–No es importante… tú eres importante. –

Respondió ella, incluso con cinismo en la voz, yo acaricie su cabello, desde donde estaba, pensativo.

–Y ahora ¿Qué? –

Me preguntó, yo volteé a verla a los ojos.

–¿Qué? No lo sé Kotori ¿Por qué me preguntas eso a mí? –

Reclamé, pero ella se acomodó el cabello y sonrió con tranquilidad.

–Me he confesado justo ayer, tú aceptaste que estarías conmigo siempre, y que siempre me protegerías, así que quiero saber cómo vas a hacerlo… yo no te voy a dejar de amar, eso te lo aseguro. –

Entendí lo que quiso decirme, pero la verdad es que yo no tenía idea de que hacer… ¿Cuánto podía tardar mamá en regresar? ¿Veinte minutos? ¿Una hora? Ni siquiera teníamos tiempo, ni recursos pasa salir de aquí antes de que volviera. Ella podía regresar con policías, incluso.

–No podemos quedarnos más tiempo en este sitio, Kotori, ya no es seguro para nosotros. –

Kotori asintió.

–En tal caso, te seguiré a donde quiera que me lleves. –

Sonaba fácil de decir, y fácil de hacer para ella, pero me lo estaba poniendo difícil. ¿Iba a huir con Kotori? ¿Solo así? ¿En qué cabeza cabía? Eso no era razonar. Era pensar como un idiota y todas las veces que lo hice, salió terrible.

Pero no había opción, el problema es que no teníamos un plan, ni tiempo para hacer uno. Kotori no parecía querer tomar responsabilidad en estos momentos y siendo sinceros, eso me irritaba, pero lo entendí.

––––––––––

Cuando éramos pequeños, Kotori Onee–chan tenía el control de todo. Ella sabía a qué hora lavaba, a qué hora hacía la comida, a qué hora comíamos y cuál era la hora de dormir. Recuerdo más de una ocasión en que ella tuvo que llevarme arrastrando hasta mi recamara porque yo no quería dormir. Aun así, ella nunca se quejó.

Siempre pensé que mandar sería genial, que Kotori podía hacer lo que quisiera y yo estaba obligado a obedecer todo por ser menor. En algunas ocasiones, le causé problemas sólo por venganza de esta afirmación, la cual sin duda, ahora entiendo que era bastante falsa. Recuerdo una vez que dejé entrar al perro de uno de los vecinos a la casa.

A mí ni siquiera me gustaba el perro, pero a Kotori le daba miedo. Estaba enojado con Kotori porque me había hecho comer vegetales, y yo los odiaba. Aun con lágrimas en los ojos, Kotori cogió una escoba y sacó al perro a palos. No tuvo que darle ninguno, el pobre perrito salió huyendo en cuanto vio que Kotori Onee–chan estaba enojada, eso es algo muy valiente, tomando en cuenta que ella tenía ocho años.

A pesar de que fui un niño malcriado, Onee–chan cuidó de mí, me procuró, me amó y me protegió de todo y de todos. Onee–chan era la clase de hermana mayor que me vigilaba desde atrás para que yo hiciera mis deberes, con un pedazo de papel en las manos para golpearme la cabeza si me distraía (el sonido asustaba, aunque no dolía) pero también fue la clase de chica que me ayudó a esconder la cristalería de papá el día en que la rompí por jugar a la pelota dentro de la casa.

Ahora, yo sabía perfectamente que de “Onee–chan” no quedaba nada, que siempre fue una fachada para ocultar sus sentimientos y que ella estaba cansada de ocultarlos, estaba cansada de decidir qué hacer, estaba cansada de mandar. Por eso es que entendí todo. No iba a escapar. No ahora que era yo quien tenía que ser fuerte, y eso era lo que yo quería demostrarle a Kotori.

Pero si quería salir bien librado de esto, tenía que tener un plan, como nunca antes he tenido uno, pensar por encima de mi mala suerte para averiguar qué podía salir mal y anteponerme, eso no iba a ser fácil, pero pienso mejor bajo presión… o eso creo.  De todos modos, no importaba como lo miraras, alguien tenía que salir mal parado aquí. Ese tuve que ser yo.

––––––––––

Después de pensarlo mucho, había llegado a la conclusión de que no había muchas opciones. La primera era separarnos, pero eso, aparte de doloroso, no desaparecía el problema, al cabo de un tiempo, negar lo que sentimos terminaría siendo un desastre mucho mayor que la última vez, además de que, luego de lo que Kotori había pasado con aquellos sujetos, se negaría rotundamente, eso era seguro. No podía decirle tampoco a Kotori “separémonos” le partiría el corazón, porque yo acababa de jurarle que siempre estaría allí para ella, y no importaba como lo vieras “separarse” era romper ese juramento. La segunda opción era huir, pero tampoco teníamos muchas posibilidades de que aquello saliera demasiado bien. Aceptémoslo, ni ella ni yo éramos otra cosa que estudiantes, por mucho que pudiéramos trabajar, no podríamos hacernos cargo de pagar alquiler, servicios, impuestos, comida y muchas otras cosas que pudieran caernos encima si íbamos por nuestra cuenta. Siempre habíamos dependido del salario de nuestros padres. La tercera opción era quedarnos, hacer que fuera mi madre quien saliera de aquí, pero aquello tampoco era fácil de hacer. Siendo francos, mi madre estaba viendo en nosotros algo que no era verdad, ella creyó que encontraría a sus hijos justo como los dejó, la última vez que la habíamos visto fue hace seis meses, las cosas habían cambiado desde entonces.

Quizá podíamos convencerla de que no había marcha atrás, en cuyo caso solo tendría que aceptarlo, o huir. Según sé, no hablaba con mi padre desde su divorcio. La casa era de papá, no de ella. La idea era demostrarle que lo que ella conocía como “familia” ya no existía. Si la casa no era suya y sus hijos ya no eran sus hijos, no tendría a que quedarse.

El problema era mucho más complicado de lo que podría parecer, porque dicho esto, mi madre se sentía culpable por lo que había ocurrido conmigo en el hospital y sentía que volver arreglaría su error. Bueno, aquí había dos errores que se habían encontrado, y uno de ellos tendría que ser sin arreglo, si así era, entonces estaba decidido a defender mi derecho a equivocarme.

Sólo tenía que cometer un error mucho más grande que el que cualquiera pudiera cometer, y pronto, yo supe cuál era ese, se lo expliqué a Kotori.

–De acuerdo, esto es lo que vamos a hacer… –

Le susurré a Kotori una pequeña parte de un plan a medio armar. Aún tenía que perfeccionarlo, pero más vale un plan mal pensado ejecutado con violencia ahora, que un plan perfecto para la semana que viene. Había llegado la hora de joder todo como nunca se ha jodido nada en la vida.

Kotori me miró después de eso con los ojos bien abiertos, incrédula y evidentemente inconforme.

–¿Estás seguro? –

Preguntó, con lágrimas en los ojos, era evidente que no estaba para nada de acuerdo con el plan, pero había una razón muy fuerte para hacerlo así.

–Lo estoy, pero tenemos que hacerlo juntos, ahora, que los dioses me perdonen, pero hay que tirar el curry. –

Tiramos el curry por el lavabo, casi lloro, desperdiciar la comida era algo que no me agradaba para nada, y menos aun tratándose de la comida de Kotori, pero de acuerdo con el plan, era lo que se tenía que hacer, y mi madre debía saber que aprovechamos que no estaba, para tirarlo, así que intencionalmente, dejamos caer un poco fuera del lavabo. Después de eso, Kotori me miró desesperada.

–Podemos hacerlo de otra forma, no quiero esto. –

Suplicó, yo le puse un dedo en la boca.

–Ya no eres Onee–chan, eres mi novia, ahora haz lo que te digo, y recuerda que lo hago porque te amo, Kotori, ve a tu cuarto. –

Kotori retrocedió, y asintió levemente, yo la tomé de la mano y ella la presionó levemente, luego asintió. Y subió las escaleras.

Yo me senté en el sofá. A esperar a que mamá llegara.

––––––––––

Mi madre llegó a la casa poco tiempo después, en realidad no tardó más de media hora. Me encontró sentado en el sillón con las manos en la cara, la miraba por el rabillo del ojo cuando ella me llamó.

–¿Imura? ¿Dónde ha ido Kotori? –

–La he subido a su cuarto. –

Respondí, sin mirarla, tratando de parecer mucho más nervioso de lo que ya estaba, mi madre miró hacia todos lados, paranoica.

–¿Cómo que la has subido? Dile que baje inmediatamente, tengo que hablar seriamente con ella. –

–No vas a poder, está inconsciente, ha estado inconsciente desde hace un buen rato… mamá. –

Mi madre me miró, yo me negué a mirarla mientras ella atravesaba la sala y se paraba frente a mí.

–¿Se desmayó? –

Preguntó, podría parecer lógico, en realidad, teniendo en cuenta que había sido sorprendida junto conmigo, pero yo negué con la cabeza.

–Yo hice algo horrible ¿No es verdad? –

Respondí. Ella me miró extrañada, inmediatamente su miedo y su coraje regresaron.

–Claro que es algo horrible, es decir, es antinatural y… tengo que hablar con tu hermana sobre esto, esto no va a quedarse así, ella no puede seguir viviendo aquí… –

–Puse drogas en el curry… ella ni siquiera lo recordaría. –

“Confesé” nuevamente evadiendo su mirada… ella se quedó completamente perpleja, aquello debe haber sido un impacto muy duro.

–Perdona, creo que no te escuché bien. –

Dijo mi madre, tartamudeando.

–Yo abusé de ella. –

–¿Dónde está el curry? –

Preguntó mi madre en ese momento, resuelta a desmentirme.

–Lo he tirado por el lavabo… no soy tan tonto para dejarlo en la mesa con lo que ha pasado. –

Respondí, tornándome agresivo.

–No te lo puedo creer, simplemente no te lo puedo creer ¿Por qué ibas a hacer algo como eso? –

–No lo sé. –

Fue mi respuesta, y bajé la cabeza. Mi madre se dio la vuelta, y fue a tocar a la habitación de Kotori, pero ella no respondió. Incluso gritó un par de veces, pero le había dicho que, sucediera lo que sucediera, no abriera la puerta, no respondiera, nada. Después de unos momentos, mi madre bajó, más desesperada que antes.

–Pero… tu hermana… ¿Te insinuó algo? ¿Te hizo algo? –

Preguntó, con angustia, negué con la cabeza.

–Seguramente ella me va a odiar por esto. –

Mi madre negó con la cabeza, como si aquello no fuera lo importante del asunto, y tenía razón, en teoría no lo era.

–No debes mentirme de esa forma, la he visto cómo te ha abrazado justo antes de salir, ella… te abrazó. –

Por supuesto que con toda aquella confusión, ella ni siquiera sabía si lo que había visto era verdad. Mi trabajo consistía en sostener que lo que vio, no fue más que un producto de su angustiada mente.

–Tú no puedes permanecer más tiempo cerca de ella, esto es… –

Mi madre se puso a llorar, sin poder creer la mentira que yo estaba contándole, la dejé llorar un rato, dando tiempo a que a Kotori “se le terminara el efecto de la droga” después de esperar un tiempo razonable, para que no pareciera coincidencia, mientras tanto, tenía que distraer su mente de esa idea, así que comencé mi drama, últimamente me salían bastante bien.

–¡Sé que soy horrible! ¿De acuerdo? Abusé de mi hermana mayor, puse drogas en la comida para que ella no pudiera responder, y luego le hice esas cosas horribles, no tienes que recordármelo, ya sé lo mal hijo que soy, pero tengo necesidades ¿sabes? ¡Soy un hombre ahora! –

Grite esas cosas a todo pulmón, mi madre se quedó perpleja, pero mi intención no era que mi madre escuchara, sino Kotori, quien seguía en su cuarto. Se escuchó que abrían la puerta y lo siguiente que mi madre vio, fue a Kotori bajando las escaleras envuelta en rabia. Era una buena actriz.

–¿Qué hiciste qué? –

Preguntó, rabiando, mi madre lloraba, trató de detener a Kotori, quien me dio un bofetón con todas las fuerzas que tenía. Dolió, como nunca me había dolido una. Ella estaba en un nuevo nivel. Mi nariz comenzó a sangrar y yo manché la alfombra y la mesa mientras me echaba al suelo. (De acuerdo, la bofetada dolió, pero lo del piso fue actuación mía)

En los ojos de Kotori se reflejaba el arrepentimiento por lo que acababa de hacer, pero le hice una leve señal con la mano, aprovechando que mi madre miraba atónita la cara de Kotori.

Inmediatamente después Kotori se echó sobre mí, de una forma un tanto diferente a la usual, de verdad parecía fuera de sí, me tomó por el cuello de la camisa y comenzó a jalarla y azotar mi espalda contra el suelo.

–Eres un enfermo, eres un maldito enfermo, yo soy virgen entiendes ¿Qué vas a hacer? ¿Qué vas a hacer si algo me pasa? ¿Entiendes lo que me has hecho? –

Ella preguntó todas esas cosas mientras lloraba, yo le di un empujón.

–Es tu culpa por actuar como una zorra todo el tiempo, es tu culpa por tener ese cuerpo tan lascivo ¿Qué querías que hiciera? Ninguna chica en la escuela me hace caso nunca. –

Le dije eso mientras me ponía de pie, siguiendo con la escena, mi madre se puso de pie también, ya que se había hincado a llorar. Yo no sé quién se veía más dramático, si Kotori, mi madre o yo.

–Basta los dos, ambos han hecho cosas horribles, ustedes par de…. –

Fue lo que dijo mi madre. Kotori la miró con los ojos encendidos. Nuevamente, una actuación.

–¿Ambos?  –

Preguntó Kotori, ultrajada.

–Él es quien me ha drogado, yo ni siquiera sabía lo que estaba pasando, se ofreció a cocinar un día de pronto y yo pensé, vaya, está madurando, y lo único que quería era hacer esas porquerías a su hermana ¡A su hermana! … voy a llamar a la policía, voy a llamar a la policía ahora mismo. –

Dijo, comenzó a marcar un numero en su celular, yo voltee a la ventana y alcé los brazos al cielo.

Cuando hablas de padres, en especial unos padres irresponsables, hay una palabra mágica que puedes usar, eso lo aprendí en este tiempo.

–Ah, ya puedo imaginar el ESCANDALO que se va a armar aquí. –

Mi madre se puso sería un momento.

…Bienvenido al número de….

…Moshi–Moshi, mi nombre es Akai Kotori…

La voz de Kotori sonaba acelerada.

–Baja el teléfono, Kotori. –

Ordenó mi madre.

Kotori bajó el teléfono, mientras miraba a mi madre con rencor.

–Me vas a … ¿Me vas a dejar sola en esto? –

Preguntó ella, con lágrimas en los ojos. No sé qué tenía, pero el verla llorar así por algo que ambos sabíamos que era mentira era completamente diferente a verla llorar en la realidad. Yo por lo menos, tuve problemas para mantenerme concentrado en el acto, y no reír. Por fortuna, mi madre no tenía forma de diferenciar unas lágrimas falsas de unas reales.

–Baja el teléfono ahora. –

–¡Yo me largo de aquí! –

Gritó Onee–chan. Y salió por la puerta. Me dieron ganas de aplaudirle, en verdad, yo miré a mi madre con coraje.

–¿Lo ves? Nadie va a querer a un chico como yo. –

Le dije y subí corriendo las escaleras a mi cuarto. Era una perfecta tontería, pero… ya que lo pensabas, para un chico mimado y que no reconoce que lo que hizo estuvo mal, sonaba bastante acertado, era creíble quiero decir.

––––––––––

Lo primero que hice fue coger mi celular, y enviarle un mensaje a Kotori.

“Kotori, lo has hecho de maravilla, hemos acabado con todas sus opciones… eso ha sido genial ¿A dónde has ido ahora? Loca por los dramas.

–Besos, Imura”

Me recosté en la cama un momento, a esperar a que respondiera, después de un rato llegó su mensaje.

“¿Verdad que si? soy la mejor, estoy en el parque, pero quizá deberías encontrar la forma de venir e ir a algún sitio, solo para celebrar.

–Muchos besos y abrazos, Kotori”

Incluso mando caritas felices y corazones y esas cosas, yo me sonrojé un poco, hacía tiempo que no se la veía tan feliz por algo, tan… victoriosa. El impacto había sido brutal, pero no era suficiente, tarde o temprano, mamá descubriría el engaño si lo dejábamos así.

Si a algo le teme la gente en este país, es al escándalo público, no pueden soportarlo, fue eso lo que hizo que la madre de Hakua me ayudara, y era eso lo que hacía el asunto de Kotori y yo tan delicado, y lo que hizo que mi madre “abandonara a Kotori” me daba escalofríos pensar, hasta donde era capaz de llegar la gente con tal de evitarlo.

Después de un rato, mi madre tocó la puerta de mi alcoba, yo la dejé pasar.

–Imura ¿Estas allí? –

Preguntó mi madre, ya sonaba más tranquila.

–Sí, lo estoy. –

Dije, ella abrió la puerta y se sentó al lado de mi cama, yo estaba acostado mirando hacia arriba.

–Por supuesto que eres un chico maravilloso, no tienes que ponerte así sólo porque no has conseguido una chica, ya verás que es solo cuestión de tiempo. –

Yo voltee a ver a mi madre, ella sonreía de forma que pareciera tranquilizante.

–Imposible, en la escuela se han enterado de ello. –

Le dije, luego, sin que mi madre se diera cuenta, marqué el número de Hakua, se había quedado guardado después de lo de la última conversación. Mi madre tartamudeó.

–Espera Imura ¿Cuánta gente lo sabe? –

El celular estaba marcando, colgué la llamada. Y esperé.

–Una chica en mi escuela se enteró, y le dijo a todos los de mi clase, el rumor corrió como el fuego. –

Expliqué, “quejándome” mi madre palideció, pero intentó sonreír.

–Bueno… no… no es tan malo… yo creo…. Todo lo que hay que hacer es transferirte… –

Me dijo mi madre.

En ese momento entró la llamada de Hakua, sabía que no podría resistirse a descargar su frustración con el chico que más odiaba en el mundo, frustración por estar inválida, supongo, porque aunque no fuera de por vida, todavía le quedaba mucho tiempo para rehabilitarse.

…Moshi–Moshi.

…¿Se puede saber que quieres ahora?

…Sólo quería saludar.

Le dije, puse el altavoz para que mi madre pudiera escuchar lo que ella me decía.

…¿Saludar? Quieres dejar esas cosas, yo no quiero que vuelvas a hablarme, es desagradable hablar contigo, así que te suplico que me dejes de molestar.

….¿En verdad piensas que soy desagradable, Hakua–chan?

… Olvida esa tontería de “chan” ¿puedes? Maldito folla–hermanas asqueroso, ya te he dicho que no quiero saber nada de ti, pervertido, bestia, me das asco.

Colgué, con eso estaba bien. Suspiré como si no supiera porque ella me odiaba tanto. Mi madre cerró los ojos un momento, y luego los volvió a abrir. Mi madre sin duda sabría que un rumor como ese correría como fuego en circunstancias normales, sólo que no sabía lo que había pasado entre Hakua y yo, y por tanto, su juicio estaba incompleto.

–Y por eso nadie quiere salir conmigo… sólo espero que Kotori no le cuente todo a sus amigas en la escuela. –

Dije, tratando de sonar desanimado, por dentro, era difícil resistir el ataque de risa al ver como el corazón de mi madre se quebraba poco a poco.

“Bien, bien, vamos a ver cuánto puedes soportar, maldita vieja, si esto fuera real habrías abandonado a la mujer que amo, no la quieres un carajo, aquí te va la grande, no sabes la que te espera.”

Pensaba mientras derramaba lagrimas para hacerlo más creíble.

–¿Tu hermana tiene amigas en quienes confíe lo suficiente? –

Preguntó mi madre, como si tratara de encontrar en ello una alternativa.

–Un montón, se la pasa con ellas todo el tiempo, casi no la veo… estoy tan solo. –

Me quejé.

Mi madre suspiró. Luego se puso de pie, parecía decidida, aunque podía verse el miedo que la atacaba con fuerza mientras ella intentaba mantenerse en pie y poner cara feliz.

–Hablaré más tarde con tu hermana, esto no puede irse más allá, tiene que guardar silencio por el bien de la familia. –

Dijo mi madre, luego se dio la vuelta y se fue. Yo le mandé un mensaje a Kotori, diciéndole que iría a encontrarme con ella ahora, era media tarde y el sol estaba alto, y no sé si ella tiene dinero para comprar jugo o algo, así que tomé algo de dinero de donde yo sabía que Kotori lo guardaba. Y salí de la casa. Escuché, en la alcoba de mi madre, el llanto desesperado de una mujer que no sabe que carajos está pasando.

“No puede ser peor que esto”

Escuché desde detrás de la puerta… Oh si, si puede.

––––––––––

Ya no voy a escapar. Enfrentaré las cosas, no voy a decepcionar a Kotori, no voy a decepcionarme a mí, es cierto que mi madre pudo haber llamado a la policía ella misma, pero el juicio que caería sobre ella sería brutal, internamente, todo aquel que se enterase la culparía por lo que ha ocurrido, de una forma tan parcial como mi madre culpaba a Kotori. Una probada de su propia medicina.

No voy a decir que era un gran plan. No lo era, estaba saliéndome bien, porque lo único que había usado eran todos esos miedos que nosotros teníamos al principio, que las amigas de Kotori se enterasen, que mis compañeros se enterasen, que los vecinos nos juzgaran… etc… estaba seguro de que la gente diría algo como “Los tres son asquerosos” pero también estaba seguro de que dirían “pero la culpa es de la madre” y ese era mi punto. Mi madre (y nosotros) era mala manejando la culpa, de hecho, era la culpa lo que la había hecho volver.

En estas cosas pensaba cuando llegué al parque donde debería de estar Kotori, miré hacia todos lados pero no la vi, estaba a punto de llamar al celular cuando vi a dos chicas agitando la mano y diciendo “por aquí” Kotori, y… Misaki.

Me arrepentí de haberme preocupado, ellas estaban tranquilamente conversando y bebiendo agua de frutas, así que me dije a mi mismo que estaba bien si sacaba algo de la máquina para mí y luego me unía a su diversión. Eso hice.

–Sensei, es un gusto verla de nuevo. –

Le dije, saludando, luego me volví hacia Kotori, quien tenía la palma extendida, chocamos los cinco mientras Misaki negaba con la cabeza.

–Nada de Sensei, deja eso de una vez, es vergonzoso, aun así, estoy muy feliz de poder verte y saber que todo ha ido mejor. –

Mejor no es lo que yo diría, la mala suerte seguía golpeándome sin importar lo que hiciera bien o mal, pero asentí.

–Ese fue el plan más grandioso que jamás he visto, Imura ¿Cómo se te ocurrió? –

Preguntó Kotori, sonriendo.

–La verdad es que no se me ocurrió, solo hemos usado el mismo miedo que nosotros teníamos al principio, Kotori, y todo está saliendo de maravilla, he dado un par de golpes más antes de salir. –

Después de eso, Misaki se acomodó el cabello detrás de la oreja, y Kotori continuó contándole a Misaki todo lo que había ocurrido desde que mamá regresó, Misaki se ruborizó cuando Kotori le dijo lo que nos había visto haciendo, pero Kotori no parecía sentir pena alguna. (¿No podía guardarse los detalles?) Así que no se reservó nada, y por la forma en que lo contaba, a Misaki incluso le pareció gracioso. Después de un rato todos estábamos riendo.

–Todavía me estoy preguntando ¿A dónde llamaste? –

Pregunté, era algo que no me dejaba en paz.

–A las pizzas. –

Nos reímos de nuevo.

Misaki se ofreció a ayudarnos, le dije que ya había hecho bastante, y que no me sentía bien pidiéndole ayuda después de que no pude ni siquiera hablar con ella, incluso luego de todo lo que hizo por mí.

–Tú no has podido hablar con ella, yo he hablado con ella durante todo este tiempo. –

Reclamó Kotori, algo enfadada, y por qué no decirlo, algo celosa también, pero Misaki volteó a verla, entrecerrando los ojos con sospecha.

–Qué raro, juraría que la última vez que hablaste conmigo fue hace una semana. –

Reclamó Misaki, Kotori bajó la cabeza.

–Había mucho en que pensar. –

Dijo en voz baja. Yo sabía por qué no había hablado con Misaki, ella estaba pasando por todo lo que sucedió luego de que acabé en el hospital. No dije nada al respecto, si Kotori prefería mantenerlo en secreto, lo mejor era que así fuera.

–¿Ahora qué haremos? –

Preguntó Kotori, sonreía, siento que ella disfrutaba la situación, disfrutaba saber que a pesar de todo, yo estaba a su lado y que no la iba a abandonar. No dejaría que se sintiera abandonada de nuevo.

–Por lo pronto, no puedes volver a casa, necesitamos que pasen algunos días, luego de eso, seguiremos con todo esto. –

Le dije. Mi mejor idea era que pasara un par de días en casa de Misaki, pero podría no ser posible en esta ocasión, eso también había que tomarlo en cuenta. La verdad es que por ahora no tenía nada en mente. Había quedado agotado después de todo lo que había pensado, mi cabeza estaba seca.

–Como he dicho, puedo ayudar. –

Repitió Misaki, yo la miré, no estaba seguro de querer que nos ayudara, no por otra cosa, sino porque nunca le pagué por la ayuda que recibimos la última vez. Sin embargo, tenía que admitir que mientras más enredado y más jodido se viera esto, era mejor, y siendo así, entre más personas, era mucho más fácil. Para eso, lo único que se me ocurrió fue que fuera a molestar a la casa, sé que suena mediocre, pero era lo único que tenía, por otro lado, eso evitaría que se involucrara directamente con mamá.

–Es decir, que tengo que ir a gritarte todo lo que esas personas piensan de ti… no soy buena mintiendo, la verdad es que, no estoy convencida de que esté mal, por eso quiero ayudar. –

–Con la mala suerte que tengo, mi madre descubrirá que es un engaño si no lo hacemos de esta forma, todo lo que tiene que ver es que todo el mundo lo sabe ahora… entre más personas mejor. –

–De acuerdo, no sé cómo me salga, pero lo intentaré. –

Al final decidí que era una mala idea pedirle a Misaki que acogiera a Kotori, no sólo porque aquello pondría en problemas a la propia Misaki, sino porque Kotori estaba teniendo problemas para dormir, y yo sabía que aquello no iba a desaparecer de la noche a la mañana. Lo que hicimos fue buscar una habitación desocupada en algún hotel de amor de los que había por el lugar. Esos hoteles son caros, nos gastamos el presupuesto de un mes en alquilar la habitación por seis días. Yo tendría que volver a casa todos los días, esperar a que mamá durmiera, y luego salir sin que nadie lo notara e irme a donde Kotori para poder dormir junto a ella. Despertar muy temprano y volver a casa antes de que mi madre supiera que no había dormido allí. Y como no estábamos, ni ella ni yo, yendo a la escuela, teníamos plenitud de tiempo libre, pero todo esto tenía que ser tan rápido que mi madre no tuviera idea de que hacer o cómo reaccionar. Decidí que no era buena idea esperar, ni siquiera una semana.

Encontré con que mi madre había dejado de llorar y estaba en la mesa comiendo. Yo no dije nada más que “Volví” al regresar y subí las escaleras, mi madre sabía que yo estaba allí, pero imagino que no tendría ni idea de que decir. Después de eso, entré a mi cuarto y comencé a idear una forma de salir por la ventana, no había barrotes, pero era una caída peligrosa. Llegué a la conclusión de que sería demasiado riesgoso estar haciéndolo una y otra vez. Eso puso un grave problema en el plan. Uno que tenía que resolver:

Mi madre podría olvidarse de que no había estado allí esa noche, pero después de un par de días ella de todos modos comenzaría a preguntarse a donde me iba todas las noches, necesitaba algo que la mantuviera en su habitación y que no abriera por nada del mundo, y que además, no llamara la atención de nadie. Tenía que ser silencioso.

Me dolía la cabeza como nunca después de aquel tren de pensamiento. Estaba mentalmente agotado y no había dormido bien, aparte de todo, tenía que llegar con Kotori pronto, pues ella estaba sola y estaba esperando por mí. Tenía que ser fuerte, tenía que protegerla, y todo esto, al menos por el momento, sin levantar más sospechas. Todo tenía que verse natural.

Dejé pasar el rato mientras conversaba con Kotori por mensajería en el celular y pensaba mientras tanto, en lo que teníamos que hacer.

Mi madre entró a la habitación momentos después.

–He tomado una decisión, enviaré a Kotori a Hokkaido. –

Dijo. Rayos, esta mujer era rápida. Mi abuelo, de parte de mi padre, vivía en ese sitio. Tenía varias conexiones y podía hacer algo para mantener a Kotori callada, y ocupada. Es decir trabajando… claro, mi abuelo podía darnos trabajo a ella y a mí, incluso sin salir de este lugar, sólo tendríamos que hablar con él, pero para eso, primero tenía que deshacerme de mi madre.

–¿Has hablado con ella? Necesito saber dónde está, necesito saber si alguien más lo sabe. –

Explicó después.

–No sé dónde está Okaa–san, y no creo que responda mi teléfono siquiera ¿Por qué no duermes ahora? Mañana será otro día. –

–Estoy segura de que ella de algún modo te ha metido en esto, Imura, y no lo puedo permitir, esa niña no ha traído más que problemas desde que nació. –

Dijo y se dio la vuelta. Sentí un nudo helado en la garganta en ese momento. Tuve ganas de estrangularla, pero aquello era ir demasiado lejos. Yo no era ese sujeto… no recuerdo como se llamaba, pero recuerdo su cara. Yo no podía matar sin sentir nada, mucho menos hacerle daño a mi madre. No la odiaba, mucho… sólo que sus intereses chocaban con los míos, su culpa chocaba con la mía, y su amor chocaba con el mío, le había prometido a Kotori que la haría feliz y lo iba a cumplir, costara lo que costara. Pero ¿Qué hacer? Si mi madre encontraba a Kotori antes de huir, muy probablemente las cosas se complicarían demasiado, pasarían meses antes de que pudiera verla de nuevo. Mi excusa no habría servido para nada. ¿Qué podía hacer entonces?

Solo había una respuesta a esa interrogante, y es que el asunto aún no estaba lo suficientemente mal. No sé hasta donde era capaz de llegar con eso, lo único que tenía a mi favor era que era un niño mimado, un inútil, y que estaba enamorado… y que era un pervertido, pero eso no cuenta. De todos modos, aun no iba a retroceder. Aun si ella se diera cuenta ahora mismo de la verdad de las cosas, no iba a abandonar a Kotori. Había que joder las cosas mucho más todavía.

––––––––––

Me reuní con Kotori durante la noche, ella estaba asustada. Fuimos a la habitación donde ella se hospedaba e hicimos cosas pervertidas para aliviar la tensión. Ella parecía bastante asustada. Aun después de hacer esas cosas, yo no podía dejar de pensar, lo cierto es que aún no tenía nada bueno. Kotori se sentía insegura con todo esto, era más que lógico.

–¿No me vas a dejar sola Imura? ¿Estas planeando en serio esto? Tu no me engañarías ¿Verdad? –

Preguntó. Parece que el tiempo sola le había afectado demasiado. Estábamos desnudos y acostados sobre la cama.

–Kotori, si todo se va al diablo, aun así estaré contigo, sé que esto es extraño para ti, y que has salido de casa sin siquiera saber que pasa, pero si no puedo arreglarlo, entonces buscaremos que hacer después, juntos. –

–¿Me amas? ¿Cómo es que acabé metida aquí? Quiero estar en mi cama, quiero mis sabanas y mi ropa. –

Me chilló, yo acaricié su cabeza, se había portado muy valiente el día de hoy. Pero la verdad es que después de pasar todo este rato sola, seguro que las peores cosas se le vinieron a la mente.

–Imura… incluso si yo estuviera embarazada tu no me abandonarías ¿o sí? –

Preguntó ella, abrazándome y escondiendo su cara en mis hombros, temblaba. Pero no tuve tiempo de pensar en una respuesta adecuada. De pronto, todo se iluminó para mí. Salté de la cama con alegría.

–¡Eso es! ¡Eso es! ¡Sí! –

Comencé a gritar, sin importar mucho la hora que fuera, quizá las otras personas en este sitio, habrán pensado raro acerca de mi por esa razón. Pero eso no era importante.

–Imura… solo para que lo sepas, no estoy embarazada. –

Dijo ella con voz apagada, como si mi emoción fuera porque creyera que seré padre, pero la verdad es que por todo lo que estaba pensando, no me pasó por la cabeza en realidad, quiero decir que no estaba para nada pensando seriamente en esa posibilidad.

–¿Te has hecho prueba? –

Pregunté, ella asintió, mirándome con consternación. Yo sonreí.

–Hazla de nuevo, mañana. –

Le dije, ella se ruborizó.

–Imura ¿sabes que es vergonzoso hablar de esto contigo? Además, he sido regular, tomo píldoras, saldrá negativa. –

Aseguró Kotori, negándose a mirarme, yo la obligué a que me mirara y le di un beso en los labios, muy lascivo, ella se echó a la cama con los brazos abiertos, sin resistirse, mientras la besaba.

–Pero Okaa–san no lo sabe. –

–¿Qué quieres decir? –

Preguntó Kotori, parecía más animada, como si el hecho de que yo tuviera una idea y la compartiera, le asegurara a ella que no la traicionaría. Se lo expliqué, más o menos, la verdad es que todavía debería pensarlo.

Después de eso, pudimos dormir en relativa paz. Con sus constantes y tristes interrupciones. Porque ella continuó despertando, con lágrimas en los ojos, y yo continué consolándola.

–Si no estuvieras aquí… –

Dijo ella en uno de esos episodios, yo asentí con la cabeza, besé su frente y le respondí.

–Eso no va a pasar. –

Le prometí. Y ella cerró los ojos de nuevo.

––––––––––

Recé a los dioses porque todo esto saliera mejor que las últimas veces, he sido un buen chico, he cumplido mis promesas, tienen que ayudarme, dije, pero ellos parecían con ganas de seguirse riendo de mí. Lo digo porque, a pesar de la hora que era encontré a mi madre, ya despierta, y acomodando algunas cosas en el jardín. Seguro que mi suerte seguía siendo negra.

–¿A qué hora has salido Imura? –

–Todos los días salgo a caminar temprano. –

Le dije, una mentira pésima, pero no había preparado nada, ella no me creyó, evidentemente. Descansó una maleta muy grande que venía cargando, colocándola a un lado del vidrio de la ventana.

–Si ibas a irte temprano, pudiste despertarme antes, para comenzar a preparar el desayuno. –

Me reclamó, yo asentí.

–¿Qué hay en la maleta Okaa–san? –

Pregunté, ella me miró por un momento, como si dudara sobre la conveniencia de decirme o no lo que había allí, después de unos breves momentos de silencio, ella encogió de hombros.

–Ropa de tu hermana, ya que no planea regresar… –

Dijo con desinterés y volvió a entrar. “Oh no, no harás esto. Esto se va al diablo hoy mismo” pensé mientras entraba a la casa también. En ese momento envié un mensaje a Misaki.

“Es hora, asegúrate de hacer un escándalo, hazlo por ella.

–Imura”

No recibí otra respuesta que una carita feliz. Y esperé. Mamá comenzó a servir el desayuno, yo traté de ocultar mi coraje, pero fue evidente que ella comenzaba a sospechar.

–Dime Imura, lo que hiciste… ¿Lo has hecho antes? –

Preguntó mi madre, su mirada era impasible, eso me dejó claro que ella ya no se estaba tragando todo tan fácilmente, todo este tiempo le había servido para aclarar su mente, y claro que había lagunas muy grandes en la mentira. Con suerte, confiaba en que este nuevo golpe inclinara la balanza a mi favor, al menos por esta noche.

–No quiero hablar de eso, Okaa–san. –

Lo evadí, pero ella no cejó. Yo tenía que actuar arrepentido.

–Ah, pero yo quiero hablar de eso. –

–Un montón, casi diario. –

Le dije, bajando la cabeza, ella me mostró una caja… las pastillas de Kotori. ¡Maldita sea! ¡Jodida suerte de mi…. vida! ¿Hasta cuándo va a mejorar? Sólo un poco es lo que pido.

Comenzaron a sudarme las manos, y comencé a ponerme muy nervioso.

–Encontré esto en la basura del baño, ¿sabes lo que es? –

Preguntó ella, yo negué con la cabeza, estaba aterrado.

–Son pastillas para no tener bebés, se toman regularmente para evitar el embarazo… Esto me hace pensar dos cosas, o que tu hermana tiene a alguien más con quien hace estas cosas o… no estaba tan inconsciente como lo ha hecho parecer. –

Explicó mi madre, e hizo algo que no debió haber hecho. Me refiero pues, a que la suerte me sonrió a mí. Por fin.

Porque ella encendió un cigarrillo.

–Quizá tenga… a alguien… ¿pero eso como soluciona mi problema? –

Pregunté, tratando de desviar el tema, tranquilizándome. Ni siquiera sabía que fumaba, pero cuando ese olor entró por mis fosas nasales, me infundió valor. Solamente lo había conocido una vez, en aquella horrible ocasión. Comparado con eso, esto era juego de niños.

–Escúchame, sé que no eres un mal chico, y sé que si te libras de Kotori, estarás bien, ella por otro lado… –

–Si mi hermana lo hiciera de su voluntad, entonces eso estaría bien. –

Le respondí, sonriendo sórdidamente, mi madre me miró atentamente.

–Escúchate, ese no es el modo correcto de querer a tu hermana, y ella debe haber mezclado ambas cosas en tu cabeza, es comprensible que estés confundido, pero no podemos dejar que este escándalo siga esparciéndose, si tú me prometes ayudarme a encontrar a Kotori, quizá después podamos buscar una solución a tu problema con las chicas, eres un niño muy lindo y muy amable, tiene que haber alguna que pueda quererte. –

Me dijo, y me sonrió, yo sonreí también.

–De acuerdo, voy a ayudarte. –

Le dije, ella asintió.

–En tal caso, sólo resta esperar a que la encontremos, antes de que lo que le hiciste tenga alguna consecuencia, me alegra que haya tomado estas pastillas, sea lo que sea que haya sucedido, no tiene caso preocuparse más ¿De acuerdo? –

–De acuerdo. –

Respondí, y seguí comiendo. En ese momento, tocaron el timbre.

Mi madre se puso de pie elegantemente y fue a abrir la puerta, Misaki entró después de eso, sin preguntar nada, haciendo a un lado a mi madre y caminando violentamente hacia mí.

–¡Kotori me ha dicho lo que le hiciste maldito cerdo! –

Mi madre, que había regresado justo detrás de ella, se quedó parada perpleja detrás de Misaki.

–Esto no es asunto tuyo. –

Le respondí, poniéndome de pie. Mi madre permaneció muda.

–Claro que es asunto mío, es asunto de todas ahora, ya lo hemos hablado entre todo el salón, si algo le pasa a Kotori, llamaremos a la policía para que te arresten, pervertido. –

Mi madre se puso delante de mí, yo sonreí.

–Te voy a suplicar que guardes más respeto cuando estés en la casa de alguien más. –

–¿Respeto? Este cerdo no se merece respeto, se merece ir a prisión, por lo que le ha hecho a mi amiga. –

Respondió Misaki, estaba haciéndolo excelente, de la misma forma que Kotori ¿Será que las chicas tienen aptitud para esta clase de cosas? Me preguntaba. Aquello desviaría la atención de mi madre lo suficiente para que pudiera actuar.

–Veo que tienes la cabeza envenenada con mentiras, y no creo que vayas a cambiar de opinión, siendo así, te pido por favor que te retires. –

Me abracé del pie de mi madre para darle más énfasis a la situación, mientras desde allí, guiñaba un ojo a Misaki y asentía con la cabeza.

–Te vas a arrepentir de esto, Akai–san, volverás a saber de mí. –

Misaki se dio la vuelta, indignada. Después de eso, mi madre se desplomó en un sillón, era evidente que no podría soportar un escándalo mayor a esto, estaba acabando con ella.

–¿Quieres un poco de jugo, Okaa–san? –

Pregunté mientras me acercaba con un vaso, excesivamente lleno. Lo dejé caer haciendo parecer un accidente, sobre su vestido.

–Lo siento mucho. –

Le dije, buscando un trapo, el jugo hizo que su vestido blanco, se transparentara, ella me miró sorprendida y tomó el trapo.

–Está bien… está bien… fue… un accidente. –

Dijo ella levantándose, después de eso, subió las escaleras y pude escuchar como entró al baño entre quejas y maldiciones.

––––––––––

Salí de allí después de aquello. Buscando a Misaki, pero ella ya no estaba allí, envié un mensaje.

“Lo has hecho de maravilla. En verdad, has llegado en el momento justo y todo ha sido perfecto. No sé cómo pagarte.

–Cariños, Imura”

Caminé un poco después de eso, era media mañana todavía, pero se me ocurrió que era un buen momento para vaguear un poco. Por si acaso, llamé a Kotori porque quería que ella comiera. Kotori contestó enseguida.

…Moshi–Moshi ¿Imura? ¿Cómo ha ido todo?

…Por poco me descubren. Pero al final Misaki–chan la ha sabido distraer de todo, ahora mismo, pienso que el mundo se le viene encima, si es así, no hay más que esperar a la noche otra vez.

…¿Dónde estás ahora? Y ¿Te diriges a Misaki con un honorifico eh? Eso no lo sabía.

…¿Kotori–chan debería llamarte entonces?

Kotori se rió.

…Eres un tonto, claro que no, por mi nombre está bien, sólo trataba de sonar un poco celosa, ya sabes, es temprano en la mañana y ella te ha visto primero que yo… no se me hace justo.

Era obvio que bromeaba, porque acababa de dejarla hacía apenas unas horas.

…Pues, eso tiene arreglo, siendo sinceros, te echo de menos ¿Qué tal una cita?

Se hizo el silencio durante un buen rato, supongo que ella no se esperaba una pregunta como esa.

…¿Kotori?

…Si… Si estaría encantada, una cita, una cita de pareja… yo… debería ponerme linda… ¿Me das tiempo?

…¿Te parece si vamos a la plaza Hamaya? Es de mañana y habrá cosas en el centro comercial, tengo la tarjeta de mamá y su combinación, podemos sacar algo de dinero y comprarte algo de ropa.

Supongo que me sentía mal por lo que estaba a punto de pasarle a la ropa de Kotori allí en casa. Aparte de los jardines y esas cosas donde habíamos pasado nuestra primera cita de pareja, la plaza era un enorme centro comercial.

…¿Me vas a llevar de compras? Si, si quiero, acepto… te veo entonces ¿en dos horas?

…En hora y media.

…De acuerdo… yo… debo arreglarme, tengo que bañarme pronto… te veré pronto… te amo Imura.

…También te amo.

Y colgué, después de eso, recibí el mensaje de respuesta de Misaki.

“Ha sido un placer ayudar, en verdad, ya encontraremos después cómo me pagues, por ahora, espero que todo esté mejor.

–Cariños, Misaki”

Algún día tendría que pagar a Misaki por todo lo que había hecho por nosotros, pero por el momento, lo único que podía hacer era seguir con el plan, y mientras llegaba el siguiente momento. Me dirigí a la plaza Hamaya, donde, en el árcade, esperé tranquilamente a que llegara la hora.

No hablamos para nada del plan durante la cita. Ella llegó con un breve adelanto de varios minutos, pero no dijo nada de que yo hubiera estado en el árcade esperando. El verla tan hermosa arreglada y maquillada le hizo bien a mi corazón. Ella seguía siendo la misma chica bonita de siempre, a pesar de todo lo que había pasado. Y yo me paseé por la plaza presumiendo a la hermosa mujer que caminaba a mi lado.

Al final resulto que Kotori no compró demasiada ropa, y por no compró demasiada ropa me refiero a que salimos de allí con nueve bolsas solamente. No me fue tan mal, verla probarse suéteres y vestidos una y otra vez era todo un deleite, que valía siempre las largas esperas a que ella saliera del probador. Kotori enrojeció cada vez que le recordé lo linda que era y me aseguré de decírselo muchas veces ese día. Terminamos nuestra cita a eso de las cinco de la tarde, nos separamos como cualquier pareja, y ella se dirigió al hotel, y yo a nuestra casa.

Camino a casa recibí un mensaje.

“Me molesta separarme de ti, pero en esta ocasión no ha estado tan mal ¿Vendrás a dormir conmigo esta noche? ¿Debería esperarte desnuda bajo las sabanas?

–Besos, Kotori.”

Me molestó responder como lo hice, pero había llegado el momento.

“No Kotori, llegó el momento, a media noche, cuando veas la luz de su cuarto encendida, entras, y comienza nuestro acto final.

–Besos, Imura”

El mensaje no tardó en tener respuesta. Se notaban sus nervios al escribirlo.

“Ya entiendo… volveré a casa hoy ¿no es cierto? ¿Todo volverá a la normalidad?

–Kotori”

Así sin más, di comienzo a la fase final del plan.

––––––––––

Estaba seguro que lo que iba a hacer, era una sentencia de muerte en cualquier otra situación, pero específicamente en la mía, había grandes posibilidades de que funcionara. Una vez en mi cuarto, le envié un mensaje a Kotori pidiéndole que me enviara la foto más indecente y obscena que tuviera porque la iba a necesitar. Ella en un principio pensó que planeaba mostrarla o algo así, pero no era para eso. También por ello era importante no acostarme con ella antes del plan. Había recordado que era un monstruo, y planeaba usarlo también en mi beneficio. Aquello sería lo más brutal que había hecho hasta el momento, pero a diferencia de todas las otras veces, había una buena razón para ello.

Finalmente, llegó la media noche. Mi madre había tomado un baño como todas las personas. Con algo de asco, hay que decirlo, hurté sus bragas mientras ella se bañaba, y las escondí, luego me encerré en mi cuarto. Ella no dijo nada, pero yo sabía que se había dado cuenta.

Así que mientras ella dormía, me metí a su alcoba, y lentamente la destapé, sin despertarla, había aprendido como ser cuidadoso, así que incluso desabotoné su blusa, sus pechos eran grandes, más grandes que los de Kotori, pero eran evidentemente más flácidos, le faltaba la firmeza y belleza de los pechos de ella, y es allí donde los hombres decimos que no todo se trata del tamaño.

Y entonces dio comienzo la faena, saqué el celular, y bajando la cremallera de mi pantalón, y usando la linterna para alumbrar levemente el cuerpo de mamá, comencé… bueno, a hacerlo con mis manos, mientras miraba la foto de Kotori en el celular para darme valor de hacerlo, más que para inspirarme (aunque también sirvió para eso) comencé a hacer ruido intencionalmente, para que mi madre se despertara, pero como no se despertaba comencé a acercar mi… ya saben que… a su cara.

Sucedió lo que tenía que suceder, ella despertó, sin saber qué rayos estaba ocurriendo, y lo primero que sintió, fue cuando yo terminé, arrojando todo sobre su cara.

Eso la hizo reaccionar y entonces gritó.

Estoy seguro de que ese grito resonó en cada rincón del vecindario. Todavía a medio dormir, ella se puso de pie, y llorando, y gimoteando, encendió la luz.

–¿Qué demonios? ¿Qué te crees que estás haciendo? –

Preguntó mi madre sorprendida, enojada, asustada y todavía medio dormida, yo me tiré al suelo y trate de cubrirme sin responder nada, ella se limpió la cara con la sabana llorando, y allí fue cuando entró Kotori.

Mi madre abrió la puerta del cuarto, todavía tambaleándose por la sorpresa y el miedo y por haber sido despertada de esa manera, y lo primero que vio fue a Kotori subir con lágrimas en los ojos, yo me había puesto de pie y había dejado el celular en el suelo. Kotori se sorprendió al ver lo que mi madre tenía en la cara, pero reaccionó con rapidez.

Se me acercó, y sacó una prueba de embarazo que me mostró con coraje.

–¿Puedes ver esto? ¡Estoy embarazada! ¡Embarazada! –

Me gritó Kotori, mi madre permaneció en silencio, incapaz de reponerse del primer golpe cuando estábamos asestando el segundo.

–¿Qué va a pasarme ahora eh? ¿Qué va a pasar conmigo? ¿Qué voy a hacer con un bebé en mi vientre? Dímelo. –

–Yo… no se… ¡No sé nada! –

Grité, y corrí a mi cuarto, cerré la puerta, Kotori me siguió y mi madre también.

–Oye ¡Kotori! Ven acá inmediatamente, nadie debe enterarse de esto ¿comprendes? –

–Ah claro que van a enterarse, lo voy a decir a todo el mundo, este chico va a tomar responsabilidad porque la va a tomar, no importa lo que suceda ¿Entiendes Imura? –

Contestó Kotori, haciendo a un lado a mi madre y acercándose a mí. Pero yo era un pequeño inútil que no podía hacerme cargo de nada, o al menos, eso era lo que mi madre creía, que no podía hacerme cargo ni de mis propios impulsos, eso era peligroso, incluso para ella. Ella ya no estaba segura en esta casa, le habíamos arrebatado esa seguridad ahora, justo como ella a nosotros.

–Y si te interpones, entonces quizá deba dejar que la policía lo resuelva ahora mismo. –

Dijo, sacando su teléfono. La situación había cambiado por completo, no parecía haber forma de evitar que esto se convirtiera en un escándalo.

Para poner las cosas en claro. En caso de que hubiera un bebé, la decisión, por ley, correspondería a Kotori, incluso la policía no podría negarse a pedirme una manutención para el niño. El escándalo sería tan inmenso que si mi madre llevaba esto demasiado lejos y Kotori también, la noticia aparecería incluso en los periódicos. Era algo que mi madre pretendía evitar a toda costa. Si Kotori hubiera sido atrapada antes de que eso sucediera, iría a parar a Hokkaido, donde el abuelo se encargaría de que incluso se le practicara un aborto de ser necesario y de que ella mantuviera la boca cerrada, pero ahora ella no estaba en Hokkaido, y no parecía haber forma de silenciarla por la fuerza.

–¡Váyanse todos, váyanse todos! –

Comencé a gritar, sólo para poner más tensión en el ambiente.

–¿Has hecho cosas sucias a Okaa–san? Me has embarazado a mí ¿Has hecho cosas sucias a Okaa–san? Eres un maldito cerdo. –

Gritó Kotori, luego se dio la vuelta y se metió al baño.

–No quise hacerlo… no quise hacerlo. –

Dije mientras mi madre buscaba no sé qué cosa en un abrigo que ella tenía en las manos. Kotori hizo como que vomitaba y regresó.

–Eres un criminal… no tienes remedio. –

Dijo mi madre, luego salió de la habitación temblando, y llorando. Tan grande fue la impresión que ella incluso se olvidó de las pastillas. Se encontró con Kotori fuera de mi alcoba y comenzaron a discutir, yo sonreía.

“No tienes derecho a decirme lo que puedo y no puedo hacer con el bebé, si tanto te molesta que se haga un escándalo debiste haberme creído cuando te lo dije”

“No puedes hacerme esto, la reputación de la familia se arruinará, todo el mundo creerá que ha sido culpa mía”

“Ha sido culpa tuya, pero eso no me interesa en lo más mínimo, me interesa que Imura se haga responsable, y si quieres protegerlo, entonces llevaré el caso a los tribunales”

“No… está solo… ambos lo están”

Fue lo último que escuché de la conversación.

––––––––––

Esa misma noche, mi madre hizo sus maletas, y se marchó. Nunca volvimos a verla. Dejó una nota en la mesa. Ninguno de los dos salimos del cuarto en lo que quedaba de la noche, aunque estuvimos hablando por mensajes, donde nos felicitamos mutuamente por lo genial que lo habíamos hecho. Cuando amaneció, mi madre y sus cosas ya no estaban allí. La nota decía:

“Lamento que haya tenido que llegar a esto, sé que he sido una pésima madre y espero que algún día puedan perdonarme por eso, pero lo que ustedes han hecho no tiene nombre, y no puedo permitir que arruinen mi reputación junto con la suya, es hora de que ambos hagan frente a las consecuencias de sus actos, y no quiero verme envuelta en esas cosas, entenderán que no quiero volver a saber nada de ustedes, y aunque lo lamento, es algo que debo hacer.”

No estaba firmada. Cuando supimos que se había ido, ambos salimos de la habitación y nos tomamos de las manos, bajamos las escaleras juntos y nos encontramos con la nota. Kotori la leyó en voz alta. Luego la dejó en donde la había puesto mamá.

–¿Significa eso que somos libres? –

Preguntó ella, después de unos momentos de silencio.

–Significa que ahora tenemos que hacernos cargo de nosotros mismos, aun contamos con la parte de papá supongo, hasta que él se dé cuenta. –

–¿Que haremos entonces? –

–Dudo que eso vaya a ser pronto, para entonces quizá ambos estemos más grandes, y podamos hacernos cargo de nosotros mismos del todo, en fin, no quiero pensar en eso ahora. –

Le dije, dejamos la nota allí y subimos las escaleras de nuevo. Nos quedaba algún dinero pero tendríamos que conseguir un trabajo de todos modos, y esperar el siguiente año para ir a la escuela de nuevo. Entré a la recamara de mis padres, el celular seguía tirado en un rincón.

–Hiciste cosas pervertidas a Okaa–san. –

Reclamó Kotori.

–No habría sido capaz de hacerlo si no hubiese tenido tu foto. –

Le dije, mostrándole la fotografía que ni siquiera había cerrado en el celular.

–No me muestres eso, es vergonzoso. –

Me dijo, empujándome. Yo me reí levemente. Estaba amaneciendo.

–¿Quieres ir al hotel de amor? –

Pregunté, ella me miró por un momento, hizo como que se enfadaba.

–¿Solo eso puedes pensar de mí? –

–Quiero decir por tus cosas. –

Nos reímos, bajamos las escaleras en medio de un ataque de risa, por poco me caigo. Porque a decir verdad, ni ella ni yo nos podíamos creer que todo había terminado.

Aún no habíamos dormido nada y la verdad es que después de tantos días, me costaba mantenerme en pie. Salimos incluso de la casa tomados de la mano. Por supuesto que podían habernos visto, pero mientras esto no fuera cotidiano, muy probablemente las personas de afuera lo olvidarían.

–¿Sabes? En cierto modo, creo que estoy un poco triste de que fuera una mentira… quiero decir… yo… no sé qué estoy diciendo, olvídalo. –

Comentó ella en el camino. La luz del sol pasó a través de los arboles e iluminó su rostro.

–Bueno, no voy a dejarte sola, así que… pienso que podría pasar, quisiera que sucediera en algún momento, siendo sinceros. –

Kotori me miró con lágrimas en los ojos, aquello era algo con lo que no se jugaba y yo lo sabía. Eran palabras muy serias, aunque no fuera a suceder en este preciso momento. El viento que pasó contra nosotros revolvió los pétalos de cerezo que estaban cayendo de los árboles. Era esa época del año.

–Hanami. –

Comentó ella, enjugando sus lágrimas y tratando de salir del tema, quizá ella entendió que era pronto para hablar de ello, era pronto para hacerse ilusiones con eso. Los pétalos rosados caían a nuestro alrededor cuando pasamos por un parque lleno de estos árboles, que ahora deshojaban sin descanso sus florecillas.

–Me gusta ver el mundo color rosa. –

Dijo ella. Algo que hay que decir, es que de hecho el rosado era su color favorito, aunque en realidad no tenía nada que ver con los cerezos.

–¿Te gusta ver caer así los pétalos de las flores? Siempre he pensado que es triste, que abran solo para deshojarse. –

Conversábamos casualmente mientras llegábamos al hotel, había que sacar algunas cosas que quedaban en la habitación, así como la ropa que habíamos comprado en la última cita.

–Bueno, es como si cada uno de esos pétalos fuera un beso. –

Respondió ella, yo voltee a verla, cerrando la puerta de la habitación, esa era una forma muy extraña de verlo.

–¿Besos? –

–Es como si los arboles besaran el suelo una y otra vez… así como tu… conmigo, besos cayendo en todos los sitios. –

Kotori comenzó a juntar las bolsas que había en la habitación. Luego de eso arrojó las bolsas al suelo y se tumbó en la cama boca abajo. Estaba cansada.

–¿Quieres quedarte? –

Pregunté, ella asintió con la cabeza como pudo. Yo me tumbé en la cama con ella, la ventana estaba un poco abierta, y aunque estábamos en un segundo piso, todavía algunas florecillas alcanzaban a meterse con el viento que hacía.

Comencé a desvestirla, más que para hacerle algo, para que ella pudiera dormir bien. A pesar de que la deseaba, sabía que ella no había dormido bien y que necesitaba descansar, y siendo sinceros, lo más probable era que si lo intentaba, terminaría haciendo el ridículo.

Teníamos cuatro días más todavía para estar en este sitio… y muchos más en casa aparte de estos.

Pero al tenerla allí con la espalda descubierta, no pude evitar besar su piel, no sé si había deseo en ello o no. No lo estaba pensando.

–¿Mas Hanami? –

Preguntó ella, sin mover un musculo.

–Sólo que esto no va a durar unos días, podría hacerlo por siempre. –

Respondí. Me parecía triste que, siendo una época tan bonita, durase tan poco. Volví a besarle el cuello. Ella se acomodó para que pudiera quitarle la falda, mientras arrojaba su sostén al suelo. La miré a los ojos.

–Un Hanami que dure para siempre, eso me encantaría. –

Respondió ella sonriendo.

–No tenemos que irnos ahora, podemos quedarnos los días que restan, y descansar… necesitas dormir. –

Le dije. Ella asintió con la cabeza, se quitó la falda y se acomodó, luego me hizo acostarme junto a ella.

–¿Luna de miel? –

Preguntó, sus ojos se iluminaron, yo asentí con la cabeza, y la besé en los labios.

–¿Qué pasará cuando alguien intente separarnos de nuevo? –

Preguntó ella después.

–Si eso sucede, nos desharemos de él, no voy a separarme de ti, no importa lo que pase. –

Respondí. Y después de eso ella se quedó dormida, tan plácidamente como no había dormido en semanas, con una sonrisa en el rostro. Yo cerré los ojos también.

No existe ninguna persona en este mundo, que tenga derecho a decirnos a quien podemos amar. No he escogido enamorarme de ella, pero creo que si me dieran a escoger, igual lo haría. Espero que ella piense lo mismo de mí. No estoy muy seguro de que nos pueda deparar el destino, y tampoco de si existe realmente un lugar para nosotros. Pero no voy a rendirme, me esforzaré hasta el último de mis días, por hacerla feliz, incluso si nadie más está de acuerdo con mi forma de hacer las cosas, nos mantendremos juntos.

Kotori despertó en ese momento, me llamó con los ojos entrecerrados.

–¿Imura? –

–¿Qué pasa?

–No me dejes, yo te amo. –

Pidió, yo la abracé con fuerza y le di un beso en la frente.

–No voy a dejarte nunca…

Los dioses me habían bendecido entregándome a la chica más perfecta que pudiera existir. Si existía el cielo ese tenía que ser éste, sin duda. Estaba acostado junto a la mujer más hermosa del mundo, que por cierto estaba desnuda y dormía como un ángel, en un hotel de amor, y con muchos días por delante para seguir disfrutando de ella.

Acaricié su cara, e incluso pasé un dedo por sus labios. Se quedó dormida con los lentes puestos. Se los quité con delicadeza mientras me reía interiormente. Ella se movió un poco y me abrazó, metiendo mi cabeza en mi sitio favorito, es decir, en medio de sus pechos, volvió a decirme que me amaba y volvió a quedarse dormida. Yo suspiré, dejando que su aroma entrara por mi nariz, y cerré los ojos.

Olviden lo que dije de mi suerte, seguro que soy el hombre más afortunado que pueda haber sobre la tierra.

La vida es bella.

FIN