Haru no Yurei V2 C7

Modo nocturno

Capítulo 7: Declaración de guerra.

Lo único que quería hacer al llegar a casa era dormir.

Creo que es comprensible si tomamos en cuenta que había estado dedicándome a mujeres todos los días anteriores desde… yo no sé cuánto tiempo hace. ¿Tres días? ¿Cinco?

Pensé por unos momentos en la madre de Mizore, se veía bien, y a pesar de su edad, la que sea que tuviera, su cuerpo era bueno.

Algo muy notorio si tomamos en cuenta que ya tuvo dos hijos.

-Ya volví. –

Comenté al entrar, y digo que miré que la máscara aún estaba en la mesa.

Akane no contestó.

-¿Estás aquí? –

Pero nadie respondió. Ni que hacerle, fui hasta el refrigerador por puro instinto, aunque quizá sería mejor si solo me iba a dormir, mañana tenía escuela.

En ese momento, Akane bajó las escaleras.

-Eres injusto. –

Se quejó ella, nada más al verme.

Iba a preguntar qué había hecho esta vez, y admito que estaba empezando a enfadarme cuando ella se explicó.

-Llevo media hora esperando a que llegues para recibirte y justo cuando necesito cinco minutos en el tocador se te ocurre abrir la puerta. –

Ella bajó secándose las manos en el delantal. Aun así, y a pesar de que fue obvio que ella trató de ocultarlo, me di cuenta de que ella había llorado.

-¿Cómo estás? –

Preguntó ella.

-Tengo hambre. –

Respondí, sentándome en el sillón. Si tenía hambre, pero no la suficiente como para levantarme de nuevo e ir a la combini.

Ella se paró frente a mi luciéndose y asegurándome de que la notara.

-La cena está lista. –

Dijo ella con una sonrisa.

Y yo poco a poco había aprendido a distinguir cuales eran las sonrisas reales y cuales no lo eran.

-Estuviste llorando. –

Akane se dio la vuelta convenientemente cuando dije eso, yendo hacia la cocina.

-Puede ser… –

Respondió ella.

-¿Qué ocurrió? –

Pregunté, supuse que era lo normal ¿No? Hablar de esas cosas, pero no pensé en que ella quizá no querría hablar de eso, lo malo es que ella si estaba pensando en mí. No mencionó la máscara, por ejemplo. Y yo sabía que si la tocaba ella sacaría el tema en ese momento, solo para que no le preguntara.

-No quiero decirte… puede que golpees a mi padre de nuevo si te lo digo. –

Así que eso era, fue una discusión con su padre.

-¿Qué fue lo que dijo? –

Volví a preguntar.

-No te diré. –

-Ya quiero golpearlo ahora y todavía no me dices. –

Akane me miró como si sintiera lastima por mí. Sonrió y se acercó a mí y me tomó por la cara.

-No tienes que fingir nada, si sientes curiosidad está bien, solo… quisiera hablar de otra cosa ahora. En realidad hay algo que quiero saber. –

-¿Qué es? –

Pregunté.

“Que no sea la máscara, que no sea la máscara, que no sea… ah… ya recuerdo. Los dioses me han enviado al infierno antes…”

Ella volteó a ver a la mesa.

Maldita sea.

-Cuando… entraste a la tienda, ese día que fingiste no darte cuenta de era hora de cerrar ¿Qué estabas buscando allí? –

Preguntó ella.

-Bueno… es un poco difícil de explicar. –

Akane se rio levemente, como si se estuviera riendo de mi excusa patética.

-Cuando mi madre mencionó el tema, yo no entendí lo que dijo, ella dijo que había visto a alguien con una máscara… creo que solo creí que deliraba… –

Explicó Akane.

-No es algo que quieras saber, Akane. –

Respondí, dándome la vuelta. Ella se puso delante de mi otra vez y m puso la mano en el hombro.

-¿No tengo derecho a saberlo? –

Preguntó ella, sonriendo con pena. No respondí, no podía hacerlo de todos modos. Ella retrocedió un paso.

-Tu… no eres un criminal ¿o sí? –

Sus ojos se llenaron de lágrimas en ese momento, también había desconfianza en su mirada.

-Puede decirse que sí, o puede decirse que no, depende de cómo lo veas. –

Akane me tomó de la mano.

-¿Para que la usas? Puedes decírmelo, si es algo malo, yo no le diré a nadie, es sólo que… me asusta pensar que… tal vez… me case con alguien malo. –

Akane se estaba tomando esto muy en serio. Demasiado en serio para mi gusto.

-Nunca le he hecho daño a nadie ¿eso te basta? –

Pregunté, ella estaba a punto del llanto, asintió con la cabeza y se quitó las lágrimas de la cara.

-Vamos a comer ¿sí? Ha sido…. Un día largo. –

Respondió ella.

-Y que lo digas. –

Asentí, y tomándola de la mano, la acompañé a la cocina y le ayudé a servir los platos.

-¿Tuviste un día malo? –

Preguntó.

-Pues… el viaje no fue como se esperaría, si es lo que quieres saber. –

Comenté, ella estaba sirviendo el arroz, me miró a los ojos.

-¿Lo hiciste con ella?-

Preguntó, yo suspiré.

-No… –

-Lo siento. –

Respondió ella, e incluso bajó la cabeza. Aquello estaba un poco fuera de mi lógica, aunque por supuesto no se me ocurrió pensar que era el tema que ella había ido a tratar con su padre. Nuestro tema, quiero decir.

-¿Desde cuándo una esposa dice algo así? Una esposa debería ser feliz al saber eso ¿Qué clase de esposa eres tú?–

Pregunté, Akane me miró de nuevo, sonriendo amargamente.

-Una que… obligó al marido a casarse con ella…  –

Respondió ella, yo suspiré. Creo que no había sido una buena idea dejarla ir después de todo. Cenamos arroz blanco con verduras y un trozo de pescado, no había miso así que no pudimos cenar miso, pero estaría bien para la siguiente ocasión. Durante la cena, le conté a Akane los pormenores de lo que había ocurrido en el viaje, exceptuando cosas como el paseo, por ejemplo.

-Yo no quería que esto pasara así. –

-Akane… –

La llamé.

-Nada de lo que suceda, ha sido por obligación, si te traje a vivir aquí, si todo salió de esta manera, fue porque así es como quería que saliera, no tengo que repetirte que me has gustado desde hace mucho tiempo. –

-Pero tú ya tenías una vida. Yo sólo llegué a interrumpir… –

Akane de nuevo quería llorar. Esta chica lloraba muy fácil, no es que me molestara pero, no me gustaba que llorara. Puede ser porque de todas las chicas con las que mantenía alguna conexión, Akane había llegado a ser la relación más seria.

-Pues… que bueno que interrumpiste. –

Respondí, limpiando sus lágrimas con una servilleta, ella intentó sonreír.

-Lo sabía… no eres alguien malo. –

Dijo ella, suspirando y seguimos comiendo.

Respondió Akane, habíamos terminado de comer, le dije que dejáramos el lavado de platos para después.

-Vamos arriba. –

Le dije.

-¿Quieres hacerlo? –

Preguntó ella, estaba de espaldas a mí, temblaba.

-Bien yo… no es que no quiera pero… estoy algo cansado. –

Esa fue la primera vez que yo recuerdo haber rechazado la invitación de una chica.

-Si… yo también… –

Respondió ella. ¿Por qué se ofreció entonces? Como si no lo supiera.

-Pero… quiero mimos. –

Explicó ella, temblando de nuevo, esta vez, de vergüenza. Yo me acerqué por la espalda y le abracé.

-Quiero pedirte una cosa. –

-¿Qué… que pasa? –

Akane temblaba, yo no estaba muy seguro de por qué estaba temblando, pero imagino que querría sentirse… en casa luego de alguna pelea tonta con su padre.

-¿Puedo dormir en tu cama? –

Pregunté. Ella volteó sin separarse.

-De acuerdo. –

Respondió, titubeando un poco, nos acostamos luego de eso, ella aun parecía tener ganas de hablar de algo así que la dejé ser, pero no dijo gran cosa, todo lo que dijo fue:

-Ahora estoy mejor. –

De espaldas a mí, podía sentir su trasero pegar con mi entrepierna, incluso pensé en tocarla, pero algo me dijo que era una mala idea, no tanto por ella, si no por mí. Había estado arriesgándome demasiado últimamente. Creo que una de las grandes razones por las que no lo hice con Mizore fue que, en realidad no tenía ganas de sexo.

Sin ganas de pensar en ello por el momento, solo me quedé dormido.

A la mañana siguiente despertamos con la alarma, ella se puso de pie, sin decir nada, y fue al baño, yo me tallé los ojos, en realidad no quería despertar ahora, no había dormido muy bien las últimas noches. Fue hasta que salí de la habitación de ella que Akane gritó.

-¿Qué ocurre? –

Pregunté, alarmándome.

-He… dormido con un hombre… –

Reclamó ella, mirándome con la cara roja.

-Si bueno… –

Akane se cubrió la cara con las manos.

-Hemos hecho cosas mucho más impresionantes antes… –

Respondí, a decir verdad me pareció un poco fuera de lugar.

-¿Hicimos algo anoche? –

Preguntó ella, todavía sonrojada.

-No, te quedaste dormida casi al instante, y a decir verdad yo también. –

Respondí, encogiendo de hombros y entrando al baño, dejé la puerta abierta mientras me cepillaba los dientes, ella entró con vergüenza con su propio cepillo de dientes.

-Perdona hace un momento. –

Comentó cuando terminamos.

-No tienes que ponerte así. –

Respondí, cambiándome, ella todavía se dio la vuelta cuando me puse la camisa del uniforme. La miré por un momento y suspiré, luego seguí cambiándome.

-Vamos, tenemos escuela. –

Le dije, para que ella se apresurara también.

-¿No te molesta que te vea? –

Preguntó ella.

-No, y no tengo mucho tiempo de pensar en eso, se nos hará tarde. –

Repliqué. Akane salió del cuarto y cerró la puerta tras de sí, yo estaba peinándome cuando ella volvió a entrar, todavía sin el uniforme.

-¿Puedo cambiarme aquí? –

Preguntó ella.

-¿Por qué? –

Pregunté.

-Para estar a mano. –

-Eres completamente incomprensible. –

Respondí, batiendo la cabeza.

-¿Eso es un no? –

-De acuerdo, de acuerdo, solo… no tardes. –

Le dije, e iba a salirme cuando ella me detuvo del suéter.

-No te vallas. –

Yo suspiré y asentí.

Soportando visiblemente la vergüenza y haciendo su mejor esfuerzo, Akane se cambió frente a mí, por supuesto que ella no se quitó la ropa interior en ese momento, imagino que no pudo desnudarse completamente, pero aquello ya era un gran cambio.

No entendí mucho en ese momento, lo único que me quedó claro fue el hecho de, a Akane le molestaba actuar avergonzada conmigo y quizá pensó que el cambiarse frente a mi le ayudaría a no cometer esos errores de nuevo, después de eso bajamos a desayunar.

-Nos veíamos como recién casados… –

Comentó ella, mientras comíamos.

-¿Ya no nos vemos así? –

Pregunté, extrañado.

-Me refiero a que, ahora somos estudiantes, pero antes… en el espejo… dos personas cepillando sus dientes. –

Explicó, juntando sus dedos, yo asentí. Supongo que su pudor no va a desparecer de la noche a la mañana, después de haber vivido tantos años con él.

Salí de mi casa antes que ella. Me dio un beso cuando salí de allí y le aseguré que vendría directo a casa al salir.

En algún momento sentí que llegaría tarde a la escuela, pero eso al menos no ocurrió. No vi a Kamine para nada, a pesar de que normalmente la veía antes de clases. Ayer había sido un día de locos. Todos los días anteriores a ese, en realidad.

Por eso, ya en la escuela, a lo único que me dediqué fue a prestar atención en clases, por cierto, Ayasara Sensei lucía aún más deprimida que la última vez que la vi, sentí algo de lastima a decir verdad.

No es su culpa no tener compañía, quiero decir. Trabaja demasiado y los profesores aquí están mucho más interesados en las alumnas que en las dos profesoras que hay. Es bastante obvio. Tampoco parecía la clase de persona que deja escapar asuntos de su vida personal en medio de una conversación.

Creo que en lo que a relaciones se refiere, su seriedad juega en su contra.

Pensando en esas cosas mientras la maestra daba su clase, Kamine llegó hasta nuestro salón a entregar no sé qué cosas a la maestra, mientras ella las recibía, Kamine dejó caer casualmente una nota hasta mi pupitre. Yo la levanté.

“Apuesto a que quieres aliviar a la maestra”

La maestra recibió los documentos con la cabeza baja mientras continuaba dando su clase. Era muy obvio que Kamine se había ofrecido a llevar esos documentos sabiendo que to estaba allí, yo solo me guardé la nota en el bolsillo.

Durante la clase llegó un mensaje a mi celular.

“No tuve tiempo de decírtelo antes, pero ya no tenemos algas y ya no tenemos sal. ¿Te importaría pasar al supermercado por ellas? Sé que no estoy siendo la más oportuna, pero seguro que no te enfadas por ello ¿cierto? Prometo preparar algo delicioso para la cena.”

Al menos no firmó el mensaje, por si acaso miré mi billetera, no estaba tan mal, tenía suficiente para sobrevivir, y mientras pensaba eso, también pensaba que el día de mañana me tocaría trabajar.

Luego llegó el descanso. Saqué mi caja de obento y me dispuse a comer rápidamente, en eso estaba cuando Sushake llegó y se sentó a mi lado.

-Vaya, es la primera vez que traes uno de esos. ¿Algo de lo que no esté enterado? –

Preguntó él con curiosidad, sacó su caja también.

-No… no mucho en realidad, todo está tan normal como siempre. –

-Vi que Kaoru-chan te entregó una nota. ¿Qué decía? –

Preguntó él de nuevo, yo voltee a verlo, él sonrió.

-Nada sobre ti, si es lo que quieres saber. –

Le dije, dándole un ligero golpe en la cabeza.

-Ah, es una pena. –

Respondí Sushake desanimándose.

-Tienes una novia. –

Repliqué, bajando la voz un poco.

-Si pero ella… –

-¿Tan pronto hablando de cosas así? Y en pleno desayuno… no me sorprende de todos modos. –

Comentó alguien llegando recién. Nadie menos que Kamine.

-Hablábamos de ti. –

Respondí, mordiendo un trozo de calamar que Akane había freído para mí.

-¿De mí? ¿Qué tenían que hablar de mi? –

Preguntó ella, casualmente dejando que su falda se levantara “accidentalmente” frente a nosotros. Luego se acomodó y se sentó frente a nosotros.

-No es verdad… –

Replicó Sushake, ella lo miró, no supe si enfadada o avergonzada, yo no estaba mirando, miraba a Ayasara-Sensei ir y venir por la sala de maestros.

-Ah, pero si ambos traen obento… yo solo venía a saber si leíste mi nota. –

Comentó Kamine, haciendo notar que era muy obvio que ambos teníamos novia… más o menos.

-Claro que la leí, pero no podemos hablar de eso aquí. –

Respondí, mirando a Sushake de reojo. Parecía un perro esperando por un trozo de carne, Kamine se dio cuenta y comenzó a balancearse. Le gustaba ser deseada, era muy obvia.

Kamine se volvió a Sushake después de eso.

-Así que no hablaban de mi… es una pena… –

Comentó ella, mirando fijamente a Sushake.

-Bueno… no es como… que no estuviéramos consientes… –

Sushake dijo ese montón de sinsentidos mientras comía y se atragantó. Yo suspiré. Ah vamos, si querían estar juntos no tenían más que dar el paso, me decidí a darle un pequeño empujón.

-No… Sushake preguntaba si te acordabas de él. –

Expliqué, el me miró, parecía enojado, luego volteó a todos lados. Kamine sonrió y se llevó un dedo a la barbilla.

-Bueno… puede que sí, o puede que no… tal vez… un recordatorio de eso que tengo que recordar no estaría mal… si tienes tiempo claro. –

Comentó Kamine y se puso de pie, se dio la vuelta y empezó a caminar.

-Síguela. –

Le aconsejé a Sushake, en voz baja, él tomó un poco de té, y luego se puso de pie, siguiendo a Kamine silenciosamente lejos de la multitud. No había señales de su novia, así que supuse que no habría ningún problema.

Mientras estaba en clases, Kamine me mandó un mensaje.

“Bueno, como estoy muy feliz, te voy a confesar algo, hablé con Mizore anoche, ella dice que quiere hacer las paces contigo, pero no sabe cómo hacerlo.”

Era lo que decía el mensaje, lo leí sin que el maestro se diera cuenta, pero no respondí en ese momento, no estaba seguro de qué debería responder de todos modos.

Llegó la hora de salida.

Envié un mensaje a Akane diciéndole que pasaría al supermercado por las cosas que me había pedido, y luego subí al tren, mientras iba en el tren iba preguntándole en otro mensaje, a Kamine, qué era eso que Mizore le había dicho.

Por supuesto que no tenía tiempo de resolverlo ahora mismo, pero a decir verdad, no quería romper con Mizore, era linda. Kamine respondió pronto.

“Sabía que te interesaría, eres tú de quien estamos hablando ¿Tu princesita no te satisface? Sólo porque has sido bueno conmigo te lo diré, pero tienes que prometer que la harás feliz. De alguna forma, Mizore e contó lo que pasó en su extraño viaje así que más o menos estoy enterada de la situación, si quieres saber qué es lo que ella pretende, te sugiero que nos veamos mañana y te contaré todo. Tendremos una reunión familiar, veré que puedo hacer por ti mientras tanto. Por supuesto que eso te costará.”

Eso decía el mensaje.

Conociendo cómo era Kamine, no dudaba realmente de sus palabras. Compre lo que tenía que comprar en el supermercado y volví a subir al tren para mi casa. Estaba mucho más lleno que cuando me subí la primera vez. Durante el camino, noté a una chica. No es que fuera muy linda, pero llevaba el uniforme de la escuela de Akane.

Por eso fue que me llamó la atención. Una chica de cabellos rojos acomodados en dos trenzas, parada frente a los asientos. Fue entonces que noté que algo era extraño. El hombre que estaba junto a mí, tenía una mano metida bajo su falda, la chica no decía nada.

No parecía que fueran algo, es decir, ella no volteaba para nada, daba la impresión de que no quería llamar la atención, pero ¿Por qué querría permanecer callada cuando el hombre estaba tocándole el trasero? Tampoco parecía un hombre muy atractivo, es decir, era un asalariado más. La chica volteó a verme con la cara roja y en cuanto se dio cuenta de que la miraba, se giró. Las otras personas o bien no se habían dado cuenta o bien lo ignoraban.

El tren se llenó aún más, este sujeto estaba arriesgándose a que ella gritara y lo atraparan, pero nada de eso pasó, es más, cuando quise buscarlo de nuevo, el sujeto ya no estaba, se había bajado del tren. En aquel momento, sinceramente pensé que era una acontecimiento muy extraño, y lo dejé pasar.

Después de eso llegué a mi casa. Eran más o menos las siete de la noche cuanto abrí la puerta. No parecía haber nadie.

-Estoy de vuelta ¿Akane? –

Llamé, pero no hubo respuesta. Lo que era más, en la cocina la cena aún estaba cocinándose, y había un par de zapatos de tacón que yo no reconocí en la entrada. ¿Alguna de sus amigas?  Me pregunté, subí las escaleras luego para darme cuenta de que la puerta del cuarto de ella estaba abierta.

Me asomé sintiéndome algo mal por hacer eso. Akane se dio cuenta de que allí estaba y se puso de pie de inmediato. Su madre estaba con ella.

-Hay algo… en la estufa. –

Comenté, ella asintió.

-Lo siento, bienvenido, estaba… conversando y se me pasó el tiempo… no te escuché. –

Respondió Akane, nerviosa.

-Sí, no importa. –

Respondí, su madre aún me miraba con cara de pocos amigos. Akane bajó corriendo y yo entré a mi cuarto por no interrumpir.

Escuché de todos modos una parte de la conversación. Hablaban sobre su familia.

…¿Has peleado con Otou-san antes de venir aquí?

…¿Desde cuánto te refieres a él de esa forma?

La madre de ella parecía sorprendida.

…Eso no es importante.

…Como sea, tus hermanos pequeños te echan de menos.

…También los echo de menos, pero bueno, la verdad es que, mi vida es muy ocupada ahora, como puedes ver.

…Dijiste que querías volver

Comentó su madre. Espera, esto era muy serio.

Sinceramente sentí que algo no andaba bien aquí. Al parecer, la madre de Akane estaba recibiendo realmente esa proposición. Tuve una mezcla de sensaciones encontradas en el estómago cuando escuché eso.

…No es precisamente un momento muy bueno para ello, por lo que me cuentas,

…No se trata de eso, en estos momentos tu padre ni siquiera esta en casa, es un viaje de negocios, como él les dice, aunque ahora sé de qué se tratan sus negocios.

Explicó la madre de ella.

…No es por él, es por mí, he cambiado mucho.

…¿De qué hablas? Tu siempre serás mi hija, y como dije antes, tu lugar está en tu casa.

Después de aquello, no me quedó ninguna duda. Aquel comentario, sin embargo, no le gustó a Akane, y tengo que decir que la entendía.

…Ya no soy la misma, madre. Creo que… deberíamos bajar a cenar.

…Al menos promete que lo considerarás.

…Lo haré.

Esa fue la conversación. Yo estaba cambiándome de ropa cuando Akane tocó la puerta.

-La cena está lista. –

Dijo ella desde detrás de la puerta.

Y bajamos a cenar, fue una cena difícil. Sobre todo porque ahora sabía que yo no le agradaba a su madre para nada, y ahora a mí no me agradaba ella tampoco.  Después de cenar, la madre de Akane se despidió de su hija, pero no de mí.

Salió luego de eso, yo suspiré en la mesa mientras ella la acompañaba afuera.

Akane suspiró cuando volvió a entrar a la casa. Sonrió amablemente y me preguntó.

-¿Estás cansado? –

Preguntó ella, yo negué con la cabeza, la conversación que se suponía que yo no escucharía me tenía pensativo.

-De acuerdo, perdona la intromisión, mi madre fue un poco inoportuna… yo… –

Y se quedó sin habla, bajó la cabeza. Ella realmente lo estaba considerando.

-Tengo ropa que lavar. –

Dijo ella y se dio la vuelta. Iba a decirle que esperara, pero no sabía que decirle para que ella no supiera que había escuchado, al menos una parte.

Me quedé solo en la sala por unos momentos, mientras escuchaba la lavadora funcionar y me puse a estudiar después de ello porque tendríamos exámenes pronto. En esas estaba cuando llegó un mensaje a mi celular. Era de Kamine. Al parecer, su reunión familiar había terminado.

“¿Puedes salir? o ¿Te regañarán si hablas conmigo?”

Era todo lo que decía, yo me asomé a la ventana, Kamine estaba parada afuera

-¿Qué paso? Pensé que tenías una reunión, eso dijiste en tu mensaje. –

Saludé, era mi modo de iniciar conversación con ella, Kamine sonrió.

-Sí, bueno ha terminado hace un rato. –

Explicó ella.

-Te vi mientras llegabas a casa, pero supuse que estarías ocupado, además, mi madre estaba pidiéndome un encargo. –

Explicó, no era para nada el tono hostil que tenía su mensaje.

-¿Quieres acompañarme? –

Preguntó ella después. Yo suspiré, no me había sentido nada bien desde que había roto con Mizore. No diré que era insufrible, mi situación no es así, pero… si me sentí algo mal por como acabaron las cosas.

Encogí de hombros, y asentí luego de eso.

-Hable con Mizore un poco… –

Comentó ella, balanceando sus pies mientras caminaba, como una niña pequeña. Asentí en señal de que estaba escuchándola.

-Bueno, ella sabe lo de tu asunto con esa… chica de allá. –

Asentí con la cabeza, eso ya lo sabía yo también.

-Y ella pensó en que si estabas enamorado de ella, podía darle un buen final a la relación. –

Explicó Kamine.

¿Qué?

-¿Y qué fue lo que hablaste con ella? –

Pregunté.

-Eso fue lo que me dijo. –

Respondí Kamine, encogiendo de hombros.

-¿Y qué le dijiste? –

Insistí, Kamine sonrió ligeramente.

-.Que hace o correcto. –

Me dijo, luego se dio la vuelta y entró a la combini. Yo me quedé allí afuera esperando, suspiré.

Es decir, en cierto modo, Kamine tenía razón, y era lo mejor. Pero… bueno, es que Mizore era mi novia. O yo ya no sabía.

Luego Kamine salió con una bolsa en las manos.

-Entiendo. –

E dije cuando salió, en el rostro de Kamine se asomó el coraje.

-También me contó que te portaste como un idiota. –

Comentó Kamine, nada más al salir.

-¿eh? Bueno, eso es cierto pero… –

-Ni unas palabras bonitas ¿Nada? en verdad que superaste mis expectativas. –

Se quejó ella.

-No es eso, es que… –

-Ella creyó que tú estabas esperando por ello, realmente lo pensó, ahora sabemos que la única que lo pensó ha sido ella. –

Se quejó Kamine.

-No tienes que reclamarme, tenía la cabeza en otro lado. –

Respondí.

-¿En casa? ¿Tal vez? –

Preguntó ella, eso me golpeó un poco.

-Si… algo así… –

Kamine dio un desplante.

-Entonces si hace lo correcto. –

Dijo ella y comenzó a caminar más rápido. Yo la seguí como pude.

-Espera, no tienes que enfadarte. –

-No estoy enfadada. –

Respondió Kamine, con la cara que ponen las chicas cuando se enfadan y dicen que no están enfadadas, yo casi me rio, pero asentí con la cabeza.

-El caso es que… si quiero disculparme. –

Respondí, ella se llevó un dedo a la barbilla.

-No creo que unas disculpas sean precisamente lo que Mizore está esperando. –

Comentó Kamine.

-¿Qué quieres decir? –

Pregunté, ella giró la cara.

-Bueno, le he dicho que hablaría contigo, Mizore aún está esperando por una respuesta, aunque aún estoy tentada a decirle que hace lo correcto, así que si no puedes ir, bueno… supongo que lo entiendo, te pueden castigar… –

Comentó Kamine, incluso usó un tono de burla.

-¿Qué es lo que quieres que diga?-

Pregunté, suspirando.

-No quiero que digas nada, solo respóndete a ti mismo… y si no quieres a Mizore, entonces no vengas. –

-Pero… –

Kamine alzó una mano, dándose la vuelta y entrando a su casa luego de eso. Cerró la puerta tras de sí. Yo tuve miedo de ir por unos momentos, en parte porque podía abrir la madre de Mizore, en parte porque Akane podía estar mirando.

Encogí de hombros y crucé la cerca. Si algo malo pasaba podía fingir que era cualquier pequeñez por la que estaba aquí. Kamine me abrió la puerta con una sonrisa.

-Vaya… no pensé que tardarían tan poco en decidirte. –

-En realidad estaba buscando a tu madre… –

Respondí, molestándola.

-Muy gracioso, mi madre no está, ha ido con una tía que tengo al supermercado. –

Comentó Kamine, guiándome a través del pasillo, entramos a su cuarto, Mizore parecía sorprendida de verme.

-Hola. –

Comenté, ella se dio la vuelta, cruzando los brazos.

-Mizore… perdón por lo de… –

-No te perdono. –

Respondió Mizore, enfadada.

-Que dura… Menos mal que estás aquí… –

Se burló Kamine. Yo volteé a verla enojado, luego avancé hacia Mizore, quien volteó a verme con lágrimas en los ojos.

-¿Por qué lo hiciste? –

Preguntó, molesta.

-Bueno, la verdad es que… –

-¿Estás enamorado de ella? –

Preguntó Mizore, interrumpiéndome de nuevo. Evidentemente refiriéndose a Akane.

-No se trata de eso, las cosas salieron así. –

-Ni siquiera porque era un paseo especial. –

Me chilló, llorando de nuevo. Kamine se acercó a Mizore, y acarició su cabeza. Me sentí un poco… incómodo de que ella estuviera aquí de todos modos, pero en el estado en que estaban las cosas, no creo que Kamine fuera a dejarnos solos. Es más, tenía la impresión en realidad, de que Mizore le había pedido a Kamine expresamente que no la dejara sola.

-Ya, todo está bien. No tienes porqué enojarte ¿No dijiste que querías hacer las paces? –

Preguntó Kamine.

-Si pero… –

Kamine la interrumpió, haciéndola girarse hacia mí.

-Entonces díselo. –

Le dijo.

Mizore me miró y sus ojos se llenaron de lágrimas.

-¿Ya no me quieres? –

Yo bajé la cabeza, pensándolo un momento, podía haber respondido que sí, inmediatamente, pero ese no era el punto en esto, y estaba especialmente interesado en que ella lo entendiera.

-No se trata de que te quiera o no, Mizore. –

-Pero… yo quiero saber si me quieres. –

Replicó ella, no muy dispuesta a mover el dedo del renglón.

-Si te quiero. –

Respondí, Kamine empujó a Mizore un poco, acercándola a mí, ella caminó lo que restaba y se acercó.

-Yo… no quiero estar así… peleada contigo. –

-Mizore… yo… –

Iba a retroceder cuando ella se acercó y me tomó los hombros. Me miró y se puso sería un momento.

-Ya sé que tienes más novias. –

Confesó.

-¿Qué? –

-Tu… nueva esposa me lo dijo… dijo que eran más que solo nosotras dos. –

Respondió Mizore. Lo sabía, la decisión de Mizore no había estado basada únicamente en la versión de Akane de lo que había pasado. Akane se había deshecho de ella con plena conciencia de lo que estaba haciendo.

Quiero decir, que le dijo cosas que sabía que la alejarían.

La única persona que se dio cuenta de eso, es Kamine. Por eso es que Mizore estaba aquí. La guerra entre esas dos, no había terminado.

-Si bien… verás… –

-No me importa. –

Respondió Mizore, y tomó aire luego de eso, como preparándose mentalmente para lo que iba a decir.

-Yo no voy a perder así. –

¿Akane o Kamine?¿Esto es parte de la guerra entre ellas? ¿Estaban usándola como bala de cañón? O era lo contrario y era la resolución de Mizore de no ser dejada de lado. ¿O es la resolución de Mizore?  Tal vez no estaba listo para saberlo y no importaba, escuché que cerraban la puerta detrás de nosotros y no pude decir nada porque en ese momento, Mizore me besó.