Jimen no Hoshi C11

Modo nocturno

Capítulo 11: Lo que importa.

–Fue una completa estupidez. –

Pasadas algunas horas, hablábamos en su alcoba. Era ya noche y Kamakura me había ordenado que me fuera como unas veinte veces, pero me negué. De alguna forma, sentí que tenía derecho de enojarme, es decir, lo que había hecho era algo bastante preocupante. Sólo estaba preocupado por ella, era lo normal, pero ella se negaba a verlo así, de hecho, se negaba a ver cualquier cosa.

–¡Me abandonaste! –

Replicó ella, sin mirarme, cruzada de brazos y mirando a la ventana.

–Eso no justifica lo que pasó. –

Repuse yo, era la verdad, pero lo cierto es que a ella no parecía importarle, su rostro seguía pálido, a pesar de que la herida no fue letal, había sangrado mucho. Y yo aún sentía un nudo en la garganta.

– ¿Quién te dijo que estoy justificándome? ¿Por qué debería darte alguna justificación? Déjame sola. –

–Me preocupo por ti, es todo. –

Le dije. Yo quería decir: tuve miedo, pero si lo decía en este momento, seguro que sería juzgado por alguien débil, y en mi situación, no podía darme el lujo de ser débil.

–Ajá… No tienes que preocuparte por mí, no es importante, después de todo. –

Respondió ella, haciendo un gesto de tedio.

–¡Claro que es importante! Soy tu novio ¿Cómo es que no va a importarme? –

– ¿Novio? Ah, claro, el hombre que se fue a flirtear con otra chica mientras yo esperaba, ese es mi novio. –

Himiko respondió con la lengua afilada. Lo malo es que tenía razón, y lo peor es que eso no resolvía el problema principal, ella era buena evitándolo… así que entonces no tenía derecho a reclamar nada ¿No es verdad?

–Sabes perfectamente que me importas. Fuiste a pedirme ayuda después de todo. –

Me quejé. Ella se enfadó todavía más.

–La siguiente vez me dejaré morir entonces ¿Estaría eso bien para ti? Así podrías ir a buscar a otras mujeres, sin la necesidad de lidiar con problemas que no son tuyos, todo estaría resuelto. –

No es fácil describir el nudo helado que sentía en la garganta con la clase de discusión que estábamos teniendo, menos aún con lo que ella dijo después.

–No solamente es mi problema. –

Respondí como un cobarde, arrojando la responsabilidad a “los demás” y como tal, fui silenciado cuando ella me dejó en claro que no había un “los demás.”

–Si es solamente tu problema, al menos eres el único hipócrita que todavía quiere fingir que le importo. –

Batí la cabeza desesperado. Lo que ella había hecho era peligroso, pero mientras tuviera ese punto a su favor, no iba a entender ni a escuchar nada. Es cierto, yo había cometido un error, pero todavía estaba convencido de que aquello y esto eran cosas completamente diferentes. Bueno, la sinceridad siempre me había ayudado, esperaba que hiciera lo suyo en un momento en que era realmente importante que ella me escuchara.

–Lo lamento Himiko, no debí haberte dejado sola, mucho menos sin avisar. –

–Es tarde para disculparse. –

Me respondió, pero su tono de hostilidad había descendido.

–Me he disculpado apenas llegué, pero estabas tan enojada que no quisiste escuchar. –

Argumenté, ella me miró por un momento, luego volvió a girar su rostro con un gesto de desprecio.

–En tal caso, me he disculpado hace un rato también, estamos iguales, vete. –

–Estabas conmocionada, y yo también, de nada sirve que te disculpes así. –

–Lo mismo digo. –

– ¿Crees que no estoy siendo sincero? –

Ella se enfadó de nuevo, volteó a verme, con lágrimas en los ojos.

–Sí, eso creo, creo que estas engañándome, creo que no te importa cómo me sentí, sigues entregando a otras lo que es mío, sigues rompiendo la única promesa que me hiciste, eso es lo que creo. –

Suspiré y salí de la habitación después de eso, mientras ella me preguntaba “¿A dónde vas?” con un chillido, no respondí, no había forma de hablar con ella en ese estado, quizá por la mañana ella estaría más dispuesta a resolver toda esta tontería. Pensaba en eso mientras salía de su alcoba, por supuesto que no se iba a librar de mi tan fácilmente.

––––––––––

Tomé mi almohada y regresé a la alcoba de Himiko.

– ¿Qué estás haciendo? –

Preguntó mientras yo colocaba mi almohada en el piso.

–Voy a dormir aquí. –

Respondí, acostándome sobre el suelo.

–Ni loca. –

Replicó ella, poniéndose de pie y arrebatándome la almohada, mi cabeza se golpeó con el suelo.

– ¿Quién te crees que eres? Largo de aquí, enfermo. –

Me dijo.

–Llevas todo el día insultándome ¿Y ahora esperas terminar nuestra pelea con insultos? –

–No sé qué rayos estás pensando, pero tienes que salir de aquí ¡Ahora! –

Me gritó, yo negué con la cabeza. Soy sorprendentemente necio cuando me lo propongo.

–No, me hiciste un drama por la tarde porque te dejo sola, y ya que quieres que sea sincero, lo que pasó me dio mucho miedo, así que de ahora en adelante, no te perderé de vista. –

–No te creo.  –

Rebatió Himiko, yo me reí, con algo de histeria, a decir verdad.

–No me importa si no me crees, igual me dio miedo, esto no se trata de que me creas, se trata de que me importas. –

Repliqué, acostado sobre el suelo, cerré los ojos, tratando de no pensar en nada. Ella se puso a llorar a lagrima viva, pero ni así dejó de replicar.

–No puedes quedarte allí ¿Me escuchas? Esto es estúpido ¿Por qué te importa de todos modos? Ya está demostrado que sólo sé dar problemas, no tienes que fingir nada, si tanto miedo te da ¿Por qué no te vas y me dejas en paz? –

Me di la vuelta y esperé a que ella se quitara las manos de la cara.

Es ahora o nunca.

–Te amo. –

Ella permaneció en silencio por un largo rato, sólo mirándome, trató de recuperar la compostura después.

– ¿Lo que hice te hizo pensar eso? –

Preguntó ella con un sollozo, yo negué con la cabeza.

–Ir a casa de otra chica me hizo pensar en que te amo, lo que hiciste me dio miedo, sólo me dio miedo. –

– ¿Qué hiciste con ella? –

Preguntó ella de nuevo, renuente, como negándose a creerme, a pesar de que ella sabía que estaba siendo sincero con ella. Uno no dice esas cosas a no ser que sean verdad, es demasiado vergonzoso para soportarlo por una mentira.

–Nada, ni siquiera la besé, es cierto que lo intentó, pero yo no podría hacerlo, y no hubo un sólo momento, en que no pensara que ese no era el sitio donde debería haber estado. –

–Ahora tengo miedo de creerte. –

Replicó, yo me di la vuelta de nuevo, sin levantarme del suelo.

–Bien, los dos estamos asustados entonces. –

Reconocí yo, igual de renuente que ella, sin mirarla ahora.

–Pero creo que si algo hubiera pasado entre ella y yo, yo no estaría aquí hablando contigo. –

Le dije después de un momento, ella había dejado de llorar, pero no puedo decir que estuviera tranquila, aún sollozaba.

– ¿Por qué fuiste con ella entonces? –

Preguntó Himiko, yo suspiré, miraba al techo, sonreí al darme cuenta de lo patética que era mi razón.

–Por amable supongo, o por tonto, la verdad es que no tuve el valor de rechazar sus avances, y todo comenzó a ir más y más a fondo, probablemente ella no entendió por qué la rechacé en el último segundo, supongo que le hice daño, y lo que es más importante ahora, te hice daño a ti… lo siento. –

La miré a los ojos al momento que me disculpaba. Me sentí más mal todavía. Supongo que el mundo está pensado para que no puedas complacer a todos. Siendo así, mi devoción y mi responsabilidad estaban con Himiko, no podía dejar que mi amabilidad, por no llamarlo cobardía, siguieran interfiriendo. Me recuperé al tiempo que recordaba lo que había pasado después, y pensaba que aquello nada tenía que ver con lo que me estaba disculpando, pero al parecer ella lo había pensado también.

–Rompiste tu promesa. –

Me dijo ella con tedio, yo asentí, ya que estaba siendo sincero con ella, quizá era un buen momento para decir esto también.

–Prometer es fácil… –

Confesé. Era la verdad, ni siquiera yo sabía lo que estaba diciéndole cuando me confesé, no es que no quisiera hacerlo, es que siempre salían cosas que yo no había tenido en cuenta. Y claro, cuando era el momento de cumplir, yo ni enterado. Si yo hubiera sabido que Kamakura estaba esperando por mí, ni siquiera hubiera pensado en acompañar a Yamaki.

– ¿Cómo? –

Preguntó Himiko, no le gustó para nada como había comenzado a responder, pero terminaría antes de que ella se enfadara.

–Yo no sabía que estabas esperando por mí, es una excusa muy idiota, pero en ningún momento me pasó por la cabeza que estuvieras esperando. Tampoco estaba seguro de a qué te referías con “Todo” y no lo pensé demasiado, hice esa promesa porque me habías dicho que sí, y yo estaba tan feliz en ese momento, que estaba seguro de que lo que sea que tu quisieras, te lo daría… pero nunca pregunté qué era eso que tu querías. No estoy diciendo que no quiera cumplir, es sólo que no sé cómo. –

– ¿Eres un idiota? ¿Cuántas veces tiene una que repetir lo que dice? Te lo dije, lo quiero todo, es simple, ¿Qué quieres decir con que no sabes cómo? –

Me dijo, recuperando un poco su aire de realeza mientras cruzaba las piernas, ahora parecía una princesa molesta con un sirviente (Y después de escuchar a Oshizu–san aquel día, hasta a mí me chocaba la comparación.) pero ya no parecía desesperada.

–Lo que dije, soy un idiota, no sé qué es “todo” así que, te agradecería que pudieras decirme las cosas que quieres, sería más fácil para mí. –

– ¿Tengo que decirte cada cosa? –

Preguntó ella, asombrada, con una cara que incluso daba risa, como si pensara que aquello sería inconcebible.

–Me gustaría, sí. –

Respondí, tratando de ser lo más sincero posible. Soy bueno leyendo el ambiente, pero no tanto como para asegurar que puedo comprender lo que ella está pensando a cada momento.

–Así que eres un idiota, eso es todo… –

Respondió ella, suspirando, luego me miró a los ojos, y sonrió levemente.

–Y yo tengo que perdonar que seas un idiota porque no puedes hacerlo mejor… vaya un hombre más inútil… Ahora me queda claro que no puedes hacer nada sin mí. –

Dijo, y a pesar de que trataba de aparentar coraje, en su rostro apareció una sonrisa de satisfacción que ella no podía ocultar, luego colocó mi almohada, que ella todavía tenía en la mano, sobre su cama.

–Aun pienso que no deberías dormir en el suelo. –

Dijo ella, haciendo una seña para que me acercara a ella. Admito que por un momento lo malinterpreté.

–Si haces algo sucio te echaré fuera. –

Advirtió inmediatamente, supongo que no fui el único que lo interpretó así, yo sólo sonreí. No tenía ninguna experiencia con chicas, incluso pensé en negarme, pero ya que ella estaba siendo tan considerada como para expresar lo que quería, sería una descortesía si me negara, sin mencionar que eso volvería a abrir el problema que acabábamos de dar por cerrado.

––––––––––

Nos sentamos en la cama por unos momentos, de alguna forma, luego de todas aquellas emociones, estaba cansado, y debido a lo cerca que estábamos el uno del otro, estaba avergonzado y no quería mirarla.

– ¿No vas a besarme? –

Peguntó ella, yo negué con la cabeza, más que nada por la vergüenza que sentía, ya la había besado una vez, pero ahora mismo me faltaba el valor de volver a hacerlo.

Himiko mostró su muñeca, aún tenía la venda que le había puesto, estaba manchada, y siendo sincero, el sólo mirarla era doloroso para mí. Ella malentendió mi negativa.

– ¿Es porque estas enfadado conmigo? –

Preguntó finalmente, su voz era temblorosa, negué con la cabeza, luego la tomé de la mano, con miedo de que ella volviera a llorar,.

– ¿Por qué lo hiciste? ¿Querías vengarte? –

Pregunté, era algo egoísta de mi parte, hacer esa pregunta, pero por otro lado, no tenía idea de cómo o por dónde empezar. Quería decirle que ella era importante para mí y que no quería que hiciera más esas cosas, pero no estaba seguro de que estuviera en posición de decir nada. ¿Cuánta autoridad podía tener yo? Ni siquiera sabía por qué lo había hecho.

–No. –

Dijo ella con una vocecita. Creo que muy dentro de ella, estaba pidiendo ayuda, y había encontrado al peor sujeto imaginable para ayudarla, porque yo no sabía cómo lidiar con algo así. Y ya que no sabía cómo lidiar con ello, decidí entonces empezar diciéndole la verdad.

–Nunca había tenido tanto miedo en mi vida, siempre vas de aquí para allá con ese aire de divinidad, que nunca me pasó por la cabeza que podrías sangrar. –

Sé que lo que estaba diciéndole era una completa estupidez, es decir, ella era una chica, y ser una chica es ser una persona también, pero… ¿Cómo le decía que me dio miedo verle sangrar? ¿Cómo le explicaba el pánico que me dio saber que ella estaba herida? La herida no había sido letal, es cierto, eso no impidió que por unos momentos, pensara que la perdería, eso fue lo que sentí.

–Si lo hiciste para tener mi atención… –

–Puedo tener tu atención en el momento en que yo quiera, tú lo dijiste… no es por eso. –

Respondió ella, parecía arrepentida, luego se recostó sobre la cama, yo permanecí sentado.

No sé qué hora era afuera, pero después de todo este rato, tenía que ser bastante tarde, y luego de aquel vertiginoso torrente de emociones, lo único que realmente deseaba era estar tranquilo. Ella explicó:

–Comencé a hacerlo a los once años… lo vi en una película, ni siquiera recuerdo el nombre de la película, pero la escena me impresionó mucho. Por supuesto que no fue inmediatamente, pero después de ver esa película, la idea se quedó allí, y cada vez que sentía que algo me hacía daño, la idea de hacer eso siempre regresaba a mi mente. Yo… creí que conseguir un cuchillo me ayudaría a calmar la ansiedad, pero sólo lo empeoró. –

Explicó Kamakura, luego se llevó una mano a la cara, como si el detalle le avergonzara.

–Poco a poco la idea se apoderó de mi… Cuando algo me duele, lo único que puedo pensar es en hacer eso. Siento pánico cuando la sangre comienza a salir, pero si no lo hago no puedo pensar en nada más, es como si hubiera una voz en mi cabeza, gritándome que debo hacerlo, ni siquiera hay un motivo real, no es que quisiera matarme, tampoco era venganza o alguna forma retorcida de buscar que me mires… Pero no puedo estar en paz hasta que no lo hago, y siento mucho miedo después. –

Ella volvió a sentarse sobre la cama, incorporándose para poder ponerse seria. Tomé su mano cuando me di cuenta de que ella temblaba. No dije nada, y ella continuó:

–No era mi intención causar un alboroto, ni que tuvieras miedo, no había ninguna intención detrás de ello, sólo un deseo imperioso de hacerlo, y miedo después por que no podía detenerlo. –

Apreté su mano ligeramente, para luego mirarla a los ojos, ella aun parecía querer llorar.

–Entiendo cómo te sientes. –

Palabras vanas, no entendía un carajo. Pero eso no se lo iba a decir. Hoy en día sé que aquello era un trastorno obsesivo compulsivo, pero en aquellos tiempos tenía catorce años, y no había forma de que lo supiera.

– ¿Te sucede con regularidad? Quiero decir ¿Sientes la necesidad de hacer eso todo el tiempo? –

–Sólo cuando estoy demasiado triste, o demasiado enfadada… o ambos. –

Me respondió. Es decir, cuando sus emociones escapaban de su control, no era tan difícil de entender. Himiko encendió un cigarrillo, cosa sin importancia porque no había nadie más en la casa aparte de nosotros.

–Te mantendré feliz entonces. –

Ella me ofreció el cigarro. No sé qué tuvo en ese momento el cigarrillo, quizá fue que quería empatizar con Kamakura de alguna forma, quería que ella se sintiera comprendida y aceptada. Creo que por eso comencé a fumar. Quiero decir que tomé el cigarrillo.

– ¿Lo dices en serio? –

Preguntó ella, supongo que intuyó que lo que estaba diciéndole era en serio, que estaba siendo sincero, eso no lo volvía más fácil de lograr, ella debe haber sabido eso también.

–Lo prometo. –

Le dije, ella tomó su almohada y la colocó contra su pecho, mirándome tiernamente mientras su nariz estaba debajo de la almohada. Se veía tierna. Yo intenté fumar y tosí un poco, pero lo soporté para no quedar como un idiota.

–No estoy segura de creer en tus promesas ahora. –

Replicó, fue doloroso escucharlo, yo la miré acusadoramente al mismo tiempo en que le devolvía el cigarrillo.

–Que sea un idiota no hace mi palabra menos valedera, dije que te lo daría todo y lo haré, sólo tienes que decirme cómo, puedes hacer eso por mi ¿No es cierto? –

Le dije, ella tomó el cigarrillo.

– ¿Por qué me estás diciendo eso? –

Preguntó, sus ojos llenos de lágrimas se clavaron en mi pecho.

–Cosas como esta pasan porque estás triste, yo no quiero que nada te pase, por eso es que te digo esto, tendrás que disculparme por ser tonto, no tengo experiencia con las chicas, no sé cómo hacerlas felices, pero si me dices lo que hay que hacer, entonces todo estará bien, te mantendré feliz. –

Sonreí mientras le decía eso, y finalmente Himiko sonrió, y rodeando mi cuello con sus brazos me haló hacia ella.

–Te creo. –

Susurró, estábamos acostados el uno al lado del otro, y estaba tan cerca de ella que podía sentir su respiración, eso me paralizó. Lo siguiente que supe es que estábamos besándonos. Nos detuvimos después de un momento, ahora Himiko me miraba con la cara roja por la vergüenza y con una sonrisa en el rostro.

– ¿Duermes conmigo esta noche? –

Preguntó, usando una voz mucho más dulce de lo que yo le había oído nunca. No podría decirle que no a esa chica, así que asentí con la cabeza. Ella me abrazó y ya no me soltó, y a pesar de que sus pechos estaban pegados al mío, y de que estábamos acostados en su cama, algo dentro de mí me dijo que sería una pésima idea tocarla. Así que no lo hice.

No sabía qué hacer, de cualquier modo.

Acaricié su cabello, eso sí, y mucho tiempo, por el momento esto era más que suficiente para mí. Ella se quedó dormida después de eso, y yo me dormí escuchando el sonido de su respiración.

Así fue como le vendí mi alma al diablo.

––––––––––

Bueno, era la primera vez que yo dormía lejos de mi cama, y lejos también de mi celular. No escuché la alarma y Himiko hizo como que no escuchó la suya. Eran las nueve de la mañana cuando desperté. Kamakura seguía dormida, y por su expresión, nadie hubiera podido imaginar lo increíblemente irascible y caprichosa que era.

¿De verdad merecía estar en este sitio? Aquí, junto a ella. Probablemente no, pero a estas alturas, probablemente yo no era nadie para decidir lo que merecía y lo que no. me refiero pues, a que ella me sostuvo del brazo, todavía semiconsciente.

–No te vayas. –

–Estaremos en problemas si Oshizu–san nos encuentra así… –

Me quejé, en voz baja, ella negó con la cabeza.

Una de las cosas que conversaron Oshizu–san y mis padres cuando me rentaron la habitación, es acerca de la existencia de Kamakura. Algo en lo que tanto mis padres como Oshizu–san coincidieron fue que, si sucedía algo que pudiera impedir que yo terminara mi educación entre ella y yo, (es decir, cosas pervertidas) me echarían, y posiblemente a ella también.

En el momento en que lo acordaron, no parecía tan importante, y tengo que admitir que me pareció excesivo. Ahora me parecía cruel de parte de la casera. Quizá ella intuía que esto sucedería.

–No me importa la anciana… estoy cálida así, ella entenderá. –

Murmuró, sin siquiera abrir los ojos. Lo pensé unos segundos, ella definitivamente se saltaba todas las reglas que podía. ¿Por qué nadie parecía darse cuenta? Fue muy obvio que ella y la casera tenían una especie de lazo, mucho más grande que el de un arrendamiento.

– ¿Cómo es que confías tanto en que Oshizu–san no se enfadará? –

Pregunté. A decir verdad, yo sí estaba asustado.

–La anciana ha sido mi nana desde siempre, siempre entiende, ella es así. –

Ronroneó Himiko, luego volvió a dormir. Pero yo ya no pude dormir. Creo que eso explicaba muchas cosas, aunque, como siempre, hubiera aún más cosas que quisiera preguntarle. Fue entonces que me di cuenta de que habíamos faltado a clases, ambos. Ni siquiera le di importancia mientras me movía un poco con la intención de separarme de ella (y con ello, evitar que ella se diera cuenta de que tenía un problema debido a lo cerca que estaba y que acababa de despertar) pero ella me sostuvo del brazo.

–No te vayas. –

Repitió, al tiempo que se aferraba aún más a mí. Hay que admitir que ella nunca pedía nada, y cuando lo hizo no pude evitar acceder. Otra cosa es que estaba terriblemente avergonzado y tenía miedo ¿De qué? No lo sé, solo tenía miedo, parecido a cuando ves a una chica bonita y no quieres hablar con ella… pero como cien mil veces más aterrador.

–De acuerdo. –

Asentí en voz baja.

–No me moveré entonces. –

Miraba al techo, sentí sus pechos presionarse contra mi hombro, pero ni aun así me atreví a moverme. Permanecí petrificado durante al menos treinta minutos, hasta que ella abrió los ojos, y se levantó.

––––––––––

Habíamos dormido con la misma ropa que teníamos mientras discutíamos, por lo que ambos necesitábamos cambiarnos, lo primero que ella hizo cuando se levantó fue ir al baño, yo me puse de pie también, y suspiré, habían sido momentos de mucha tensión, en muchas maneras, y el problema en mi entrepierna era ahora doloroso. Me acomodé discretamente aprovechando que ella no estaba. Cualquiera que haya tenido ese problema en clase o frente a algún familiar, sabrá de lo que estoy hablando. Kamakura regresó después.

– ¿Te sientes mejor? –

Pregunté, ella miró su muñeca fugazmente, luego asintió, en silencio.

– ¿Quieres bajar a desayunar? –

–Tengo que cambiarme primero, y tú también deberías, o comenzarás a oler mal. –

Como si no lo supiera. Encogí de hombros y me di la vuelta después de eso, pero antes de abrir la puerta, ella sostuvo mi manga. Voltee a verla, ella miraba al suelo.

–Sobre lo de ayer… te preocupaste por mi… gracias. –

Fue tan sorpresivo que no supe qué era lo que debería responder. Ella parecía tener ganas de llorar, yo la tomé de la mano por unos momentos.

–Soy tu novio. –

Respondí, acariciando su mano tranquilamente. Ella asintió sin decir nada. Después de todos esos problemas, puedo decir que había terminado por valorar lo que tenía con ella de un modo más personal, más serio.

–Eso tiene que significar algo. –

Le dije después, y soltando su mano, me di la vuelta para que no se diera cuenta de lo avergonzado que estaba.

Fui a mi habitación a buscar algo de ropa, había aun manchas de sangre en el suelo del pasillo y en el suelo de mi alcoba. Pude escuchar a Oshizu–san que preparaba la comida en la parte de abajo. Eso me recordó lo que Himiko había dicho mientras estaba medio dormida. Su nana. Eso quiere decir que Oshizu–san había estado con ella desde mucho antes de que llegaran aquí. Seguro que la quería mucho para seguirla hasta este punto. No me extrañaba entonces que Oshizu–san supiera tantas cosas acerca de Kamakura, y seguro que ella podría responder a muchas dudas que yo tenía en mi cabeza acerca del pasado de Himiko, pero la verdad, comenzaba a pensar que preguntar no era más una buena idea.

Recordaba ahora los consejos que la propia Oshizu–san me había dado. “tú sólo debes preocuparte por ser amable con ella, y conseguir un buen empleo para que un día puedas mantenerla” y comenzaba a creer que esa era la mejor manera de hacer las cosas.

Oshizu–san observó extrañada mientras bajaba por las escaleras, y se consternó aún más cuando vio a Kamakura bajar también, pero sin pensarlo mucho, nos sirvió de desayunar.

–No sabía que los chicos tenían el día de hoy libre, las escuelas de hoy en día se están suavizando mucho. ¿Cómo esperan que tengan buenos resultados? –

Comentó ella mientras colocaba los platos en la mesa.

–No teníamos el día libre. –

Respondí yo, algo avergonzado, a decir verdad, Kamakura sólo me miró culposamente, mientras jugaba con sus palillos.

– ¿Qué quieres decir jovencito? –

Preguntó Oshizu–san, hablándome a mí, pero mirando a Himiko. Ella hizo como si no se diera cuenta de nada, fue en ese momento que Oshizu–san notó lo que ella traía en la muñeca.

–Hemos saltado clases. –

Respondí. Esta vez, Oshizu–san se dirigió únicamente a Kamakura.

– ¿También has saltado clases niña? Sabes que podrían llamar a tu padre, se pondrá furioso. –

Kamakura miró a Oshizu–san con recelo.

–Que se vaya al infierno. –

La voz gélida de Kamakura sentó el ambiente de un modo pesado. Pude sentir el odio profundo en sus palabras, era un tono que ella nunca había usado conmigo, ni siquiera en el más fuerte de sus corajes. No sabría qué hacer si ella me hablara de ese modo, podía sentirse el resentimiento, como un siseo en su tono de voz.

–No sé qué ganas tú con provocarlo. –

Se quejó Oshizu–san, Kamakura me tomó de la mano por debajo de la mesa, como para dejarme en claro a quien debía yo mi lealtad.

– ¿Vas a ponerte de su lado? –

Preguntó Himiko a la casera, había un cierto tono de peligro en su voz, uno que tampoco había escuchado nunca.

–Por supuesto que no, sabes bien que no lo soporto. –

–Entonces sólo tienes que decir que he estado enferma, es todo. –

Respondió Himiko, volviendo a su comida, Oshizu–san hizo un gesto de tedio, luego se fue. Yo suspiré aliviado, no estaba acostumbrado a una conversación tan… difícil, Himiko volteó a verme después, como esperando mi aprobación por lo que había hecho, pero yo no podía aprobar o desaprobar nada, porque no sabía nada, fue aquella la primera vez que me pregunté ¿Necesitaba saber?

Como vacilé, ella insistió:

–A veces ella no entiende que hay cosas más importantes que la escuela. –

Se excusó ella, en realidad tenía su parte de razón, la escuela no era tan importante para ella como lo era para mí, por poner un ejemplo, pero más que eso, me respondí la pregunta. Y entonces encontré las palabras adecuadas, aunque fuera vergonzoso.

–Lo único que es importante, es que tú estés feliz. –

Le dije.

Era en verdad lo que pensaba, su felicidad era primordial, lo demás no era de mi incumbencia, si ella decía que esto estaba bien, entonces lo estaba.

Eso era lo único que yo necesitaba saber.