Jimen no Hoshi C13

Modo nocturno

Capítulo 13: Una noche especial.

Tener esa idea en la cabeza hizo que la melancolía me dominara. Empezaba a pensar que mi trabajo como novio estaba a medias, ella podía terminar pensando que yo no era para nada confiable luego de todo lo que había pasado. Si quería que esto funcionara era absolutamente necesario que me esforzara todavía más.

En esas cosas pensaba mientras estaba solo en mi alcoba, preparándome para irme a dormir cuando escuché un grito frenético en la habitación de Kamakura. Sin pensarlo ni un segundo salí corriendo en dirección a su alcoba y abrí la puerta con violencia. Encontré a Himiko gritando todavía, arriba de la cama, absolutamente aterrorizada y con los ojos cerrados, negando con la cabeza.

–Himiko ¿Qué pasó? ¿Por qué los gritos? –

Ella no me escuchó, siguió gritando sin que yo comprendiera nada. Comencé a mirar a todos lados en busca de una pista para lo que fuera que la tuviera en ese estado, pero no encontré nada, así que me acerqué a Himiko, quien me manoteó mientras lloraba.

– ¡Aléjala de mí! ¡Aléjala! –

Me chilló mientras negaba con la cabeza y seguía gritando, quizá

– ¿Qué? ¿Qué es lo que se supone que debo alejar? No entiendo. –

Le dije, tomándola de las manos para que no me siguiera golpeando.

–Allí está… allí. –

Explicó ella, tratando de recuperar el control y apuntando debajo de la mesa, así que fui a buscar: Era una araña.

– ¿Tienes miedo a las arañas? –

– ¡No las soporto! –

Gritó Himiko, pegándose a la pared para estar lo más lejos que podía de la mesa. Lo único que hice fue pisar la araña para acabar con todo pronto. En cuanto ella se dio cuenta de que la araña estaba bajo mi zapato y que no se movería más, se desplomó sobre su cama.

– ¿Ya está? Está muerta ¿Cierto? –

Mustió, cubriéndose todavía la cara con las manos.

–Lo está, no hay de qué preocuparse, iré por la escoba para limpiar lo que queda… espera un poco. –

– ¿Qué si se levanta? –

Chilló, parecía seriamente preocupada.

–No va a levantarse, es un cadáver ahora, voy a limpiarlo y todo estará bien. –

Expliqué al abrir la puerta, tengo que admitir, de alguna forma, su comportamiento me pareció infantil, ahora que también sé que hay algunas personas que incluso siendo adultos pueden llegar a desmayarse por ver una araña. Por otro lado, se sintió bien “salvarla” del apuro, eso también es cierto.

Fui abajo por la escoba lo más rápido que pude, volví a la alcoba de Himiko, barrí lo que quedaba del bicho, y volví a bajar a poner la escoba en su lugar. Cuando volví de nuevo a la alcoba de ella, me encontré con que ella estaba parada afuera de la puerta, con su almohada en las manos.

–No quiero dormir allí. –

Aclaró, aún tenía lágrimas en los ojos y parecía respirar con dificultad, creo que en su caso específico, lo de las arañas si era un problema serio.

–Pero… –

No me dejo terminar nada, hizo una pataleta.

– ¡No quiero! Saldrá otra araña de algún lado, no quiero ir allí. –

–De acuerdo, de acuerdo, no hay por qué alarmarse, puedes dormir en mi cuarto… está hecho un desastre, de cualquier modo. –

– ¿Hay arañas? –

Preguntó, recelosa, negué con la cabeza.

–Por supuesto que no, no he visto una en todo el tiempo que llevo aquí, puedes estar tranquila. –

Aseguré, luego ella me tomó de la mano. La verdad es que pienso que en caso de haber visto alguna, ni siquiera lo recordaría, pero lo que yo quería es que ella estuviera tranquila.

–Está bien entonces. –

Caminamos unos cuantos pasos hasta la entrada de mi alcoba. Pude notar que ella caminaba con nervios, como dije, se trataba de un problema un tanto serio, estaba tan preocupado por pensar en que ella se tranquilizara, que momentáneamente, me olvidé de todas las cosas en las que había estado pensando.

Entramos a mi alcoba y ella se apresuró a subir a mi cama, una vez allí ella colocó su almohada en la cabecera y se sentó.

– ¿Estas bien? –

Pregunté, cerrando la puerta, ella asintió con la cabeza, sin decir nada. Ahora evadía mi mirada, tal vez estaba avergonzada por haber armado una escena.

–De cualquier modo, es preocupante que una simple araña te de tanto miedo ¿Qué pasa si aparece una mientras te bañas? ¿O mientras te cambias? –

Pregunté.

–Igual grito, y grito, hasta que alguien aparezca. –

Me respondió ella, obstinada.

–Bueno, me alegra que no haya sido así… al menos fue mientras estabas en tu cuarto y no en la bañera…–

Le dije, suspirando, y como no estaba seguro de qué decir o cómo actuar, guardé silencio y me senté al lado de ella.

–Pervertido. –

Me respondió Himiko, girando la mirada.

– ¿Eh? ¿Por qué? –

–No te hagas el tonto conmigo… esperarías que algo así sucediera ¿No es verdad? ¿Por qué eres así? –

Comenzó a quejarse. Siendo sinceros, admito que lo pensé durante unos breves segundos antes de entrar a su alcoba ¿Qué si ella estaba cambiándose? Y admito que igual abrí esa puerta. En cierto modo, mi subconsciente me traicionó.

–No lo sé, no sé por qué pienso en esas cosas, sólo es así y ya. –

Dado que no había necesidad de seguir mintiendo, me puse en ese plan para ocultar, en la medida de lo posible, lo mucho que anhelaba algo más de adultos en esta relación, aunque ahora que lo pienso mejor, puede que, en aquellos días, lo que quisiera era alguna prueba de que ella se sentía sexualmente atraída hacia mí.

También es cierto que ella parecía entender lo que yo sentía mucho mejor de lo que yo mismo lo entendía, y eso me molestaba. Recordaba ahora aquella escena en el bote y el cómo me había hecho feliz el que ella decidiera “ignorar” que la miraba de forma pervertida ¿No podía hacer lo mismo en esta ocasión?

Fuera como fuere, en aquel momento y después de lo que había estado pensando, aquello pintaba para una discusión que volaba.

– ¿Siempre piensas en cosas sucias? –

Preguntó ella, sin mirarme, aunque al menos eso parecía una pregunta real y no un reclamo.

–No siempre, es sólo que en ocasiones se me viene a la mente, no puedo evitarlo. –

–Y piensas en mí de esa forma. –

Finalmente ella me miró. Pude sentir como mi corazón se detuvo por unos instantes mientras su mirada me arrebataba el aliento. Asentí con la cabeza, ella giró la mirada de nuevo.

–Aprecio la sinceridad y lo sabes, pero eso es sólo desagradable. –

Traté de no hacerla enfadar con lo que le respondí:

–Eres mi novia, se supone que me gustes, eso incluye ese sentido. Por eso es que nunca digo nada. –

Ella se negó a mirarme, sólo estaba allí sentada con su aire de niña rica encaprichada, cruzando las piernas y con el cabello castaño cayéndole pesadamente por la espalda. Me quedé perplejo mirándola, era totalmente inevitable, pero más que a una chica, parecía que estaba mirando una pintura, una pintura acerca de una reina de algún país lejano. Orgullosa y pendenciera, irritable y hermosa, siempre consciente de su majestad y del efecto que tenía en los hombres tontos como yo.

– ¿Vas a mirarme así toda la noche? –

Preguntó ella, molesta, yo asentí.

–Al menos hasta que haya que apagar la luz. –

–Pues apágala de una vez, aunque no sé si podré dormir si pienso que hay un pervertido mirándome. –

Apagué la luz.

–––––––––

Lo único que escuché fue como ella se acomodaba para dormir, ya habíamos dormido juntos una vez, por aquella conmoción, pero yo no podía acostumbrarme y estaba nervioso, respiraba por ello con dificultad. Me acosté intentando lo más posible no tocarla para que no fuera a pensar más mal de mí.

– ¿Quieres respirar normal? Estás comenzando a darme miedo. –

Me regañó. Yo suspiré, pero ya no dije nada.

–Si no fueras tan pervertido, no estaría tan molesta contigo. –

Me dijo, yo trataba de cerrar los ojos, era tarde, y había escuela al día siguiente. Los días con ella eran largos, y cortos a la vez.

–No pensaba en nada pervertido, sólo estaba mirándote hace un momento porque te veías linda. –

Me quejé, ella se enojó.  Tomó mi hombro entre sus dedos y apretó con fuerza.

– ¿Quieres decir que ya no me veo linda? –

¡Agghh!

–Quiero decir que si pudiera verte, te verías linda. –

–Pues prende la luz, igual no voy a poder dormir así. –

Contestó con obstinación, me levanté, con toda la paciencia del mundo y fui a prender la luz. Ella se cubrió hasta la nariz con la cobija.

– ¿Y bien? –

–Bueno, estas toda cubierta. –

–Pervertido. –

Dijo ella con obstinación.

– ¿Quieres dejar de llamarme pervertido? –

–No, no quiero, estoy enfadada contigo. –

–Pero si no he hecho nada. –

–Por eso. –

– ¿Qué se supone que debería hacer? –

–Tratar de que me sienta mejor, decirme que me veo hermosa y que vas a cuidar de mí. –

–Pero si siempre te lo digo. –

– ¡Otra vez! –

Gritó ella encaprichándose, y se cubrió completamente con las cobijas ahora. Yo me llevé la mano a la frente. ¿Lo único que ella quería era ser halagada? Podía haberlo dicho desde el principio.

–De acuerdo, no te enfades, ya sabes que pienso que eres linda. –

Fue algo vergonzoso admitirlo, pero lo que fuera por evitar más problemas. Ella se descubrió la cara un poco.

– ¿Linda? –

Estaba visto que estas discusiones serían el pan de cada día, o de cada noche. Negué con la cabeza mientras me acercaba a la cama.

–Bueno… muy linda ¿Por qué me haces decirlo? ¿Sabes que es vergonzoso? –

Me quejé, ella se dio la vuelta, evitando mirarme de nuevo.

–A mí me gusta escucharlo, no solamente cuando piensas cosas pervertidas. –

Suspiré, no iba a sacarle esa idea de la cabeza, creo yo, ni que hacerle, me acosté a un lado de ella.

–Me asusté mucho hace un rato. –

Me comentó, estaba seguro de que había un mensaje oculto en sus palabras, pero por más que lo intenté, no logré descubrirlo. Estaba preparándome mentalmente para el siguiente reproche cuando ella tomó mi mano.

–Ahora estoy mejor. –

Me dijo, yo presioné su mano con algo de fuerza, y miraba al techo.

– ¿Qué piensas del sexo? –

Preguntó ella, mirándome con seriedad. Parecía más una pregunta medica que una conversación de enamorados.

– ¿Qué pienso? –

–Bueno, me miras a menudo de forma pervertida, me percato de cuando en cuando de que fijas tu vista en mis pechos, o en mi trasero, pero nunca intentas nada ¿Qué piensas de ello? –

Miré al techo para evitar que la vergüenza me impidiera responder. La verdad es que nunca creí que tendría esta clase de conversación con nadie, mucho menos con una chica y menos aún si hablamos de mi novia.

–He pensado en ello a menudo… pero nunca dejas de enfadarte conmigo… no he tenido forma de intentarlo. –

–Me enfado porque no haces lo que debes hacer. –

Me reprochó. En cierto modo tenía razón, no se lo iba a negar ahora, y lo que más importaba, no quería pelear.

–Soy un pésimo novio, puedes botarme en el momento en que desees. –

Le dije, mitad en broma, pero ella se lo tomó muy seriamente.

–No quiero botarte, me gusta que seas mi novio, es cierto que eres un poco tonto, y también es cierto que me irrita en ocasiones, pero… bueno, me gusta que seas como eres, me siento bien cuando me miras así. –

Explicó ella, yo la miré incrédulo.

–Si te sientes bien ¿Por qué te enfadas? No lo entiendo, por más que lo intento, no lo comprendo. –

–Me da vergüenza. –

Admitió ella, bajando la cara. ¿Qué podía decir? Si no sintiera vergüenza sería algo para pensar menos de ella, ahora que lo pensaba, era la reacción que uno esperaría de una chica. ¿No era normal que se enfadara? Y yo me había estado mortificando todo el rato por algo que era más que lógico.

Quizá el hecho de que ella no se sonrojaba ayudaba a que yo no entendiera nada. ¿Por qué seguía forzando mis ideas en ella?

–Lo lamento. –

Fue mi respuesta, ella se levantó un poco, mirándome con coraje. A Himiko no le gusta que me disculpe.

–Sé que no te gusta escuchar esas palabras, pero en verdad lo siento, sigo sin comprender nada, sigo tratando de que todo sea diferente, cuando en realidad, me agrada cómo es. –

–Hoy pareces diferente ¿Qué ha pasado? Ni aun ahora me lo has dicho. –

– ¿Lo puedes decir sólo con verme? –

Ella se rió levemente, como si resultara ser una pregunta absurda.

–Claro que no, no estoy en el punto en que puedo notar cada cambio de tu estado de ánimo sólo con mirar, pero has estado raro todo el día, y no es un cambio pequeño, parecías forzado cuando fuiste a rescatarme de la araña… te veías… cansado. –

–Cansado puede ser, pero forzado… –

Himiko negó con la cabeza, luego suspiró, como si le costara trabajo admitir lo que seguía.

–Cansado de mí. –

Sus ojos se cubrieron de lágrimas mientras ella decía eso, sin que por eso dejara de mirarme. Era una imagen difícil de soportar, porque yo sabía que ella tenía razón, pero no podía admitirlo, de ninguna manera.

–Eso no es verdad. –

Le expliqué, pero obviamente ella no me creyó.

–Pensé que podía recompensarte de alguna forma por haber ido allí a matar a esa asesina, pero luego empezaste a mirarme de forma pervertida y me avergoncé. –

Me hizo un poco de gracia que ella llamara “asesina” a una araña, pero entendía su punto. Y también entendía que aquello no era nada fácil de explicar. No me dio tiempo de nada más, juntó sus labios a los míos y comenzamos a besarnos, era la primera vez que la besaba de aquella forma, es decir, estando los dos acostados en la cama el beso pronto se convirtió en algo  bastante indecente, hasta que ella se detuvo.

–Aún no me has respondido nada, ¿Qué piensas del sexo? ¿Por qué estás tan distinto hoy? ¿Te has cansado de mí? –

Yo acaricié su rostro, la verdad es que estaba aterrado, y pensé que era una buena idea hablar de cualquier cosa, con tal de no tener que seguir. Ahora que lo pensaba seriamente, tenía miedo del sexo. Se lo dije.

–A decir verdad siento algo de miedo, es decir, no sé qué hacer ni cómo hacerlo ¿Qué si te lastimo? ¿Qué si no sirvo? Esas preguntas vienen a mi cabeza en este momento, quizá es por eso que nunca intento nada. –

–Cualquier chico estaría tocando mi pecho justo ahora. –

Se quejó.

–Quiero hacerlo… pero ¿Qué si no sé cómo se hace? ¿Qué si te hago daño? Ya sé que sueno como una chica, pero se supone que el hombre quien guíe la situación, y ya me ves, estoy aquí acostado, en una cama, con la mujer más hermosa del mundo, y tengo tanto miedo que quisiera morir. –

–No sabía que los chicos tenían miedo de esto también. –

–No lo tienen… sólo yo. –

Me sentí patético al admitir eso, porque me di cuenta de que todo el problema que traía, se debía a mi inseguridad, incluyendo el hecho de que estuviera enfadado con ella por no hacer esta clase de cosas antes. No estaba enfadado con Himiko, estaba enfadado conmigo mismo. Por eso es que había estado actuando extraño.

–No estoy hecha de azúcar. –

Dijo Himiko, sonriendo pícaramente y recargando su cuerpo sobre el mío.

– ¿Es eso lo que te tiene de un humor raro? –

Preguntó después, metiendo su cara en mi cuello, eso hizo levantarse una tienda de campaña en ya–saben–donde y admito que me dio un poco de vergüenza.

–Creo que si… en cuanto a tu tercera pregunta… bueno, no me he cansado de ti, ni lo voy a hacer nunca, estoy cansado de mi cobardía, porque tal como dijiste, si fuera otro chico, ya estaría tocando tu pecho. –

–Y si así fuera te habría dado una bofetada y te habría dejado. –

Me dijo ella, girando la cara.

–Eres tan incomprensible. –

Le dije, con una sonrisa en la cara, ella asintió.

–Lo sé. –

Y volvió a hundir su rostro en mi cuello, pude sentir como respiraba, lo cual sólo sirvió para añadir más dolor a mi entrepierna, pero lo soporté, el contacto con su cuerpo era la cosa más placentera que alguien podría desear. Lo único que quería, es que pudiéramos permanecer así por siempre.

–Me gusta que seas tímido para esto, porque yo también lo soy, si fueras como los demás, probablemente me sentiría agredida, no voy a decirte que no siento… deseo, pero quiero que cuando suceda, sea un momento especial… al menos quisiera que esa parte de mi vida fuera especial… –

No puedo decir que no tuviera razón. ¡Era su derecho! Y eso me molestaba porque entonces yo estaba molesto por nada. Debería dejar de escuchar a otras personas. De ahora en adelante, pondré más atención a Himiko.

–Y eso ha sido increíblemente vergonzoso de admitir, así que no voy a levantar la cara por nada del mundo. –

Me dijo, rodeándome con sus brazos, yo no me moví, estaba rígido como una tabla, en más de un sentido, y me daba algo de miedo que ella se diera cuenta. Por otro lado, así como estaba, yo podía ver la curva de sus caderas, que no era nada mezquina. De hecho era bastante pronunciada, era algo que yo nunca había tenido el tiempo de valorar, aparte de pensar en sus pechos o en su trasero, (O sus muslos, pero en aquella ocasión lo importante era lo que no vi… no lo que vi) no había reparado en apreciar ninguna otra parte de su cuerpo, su cara es la excepción, pero era todo, supongo que el cuerpo femenino es mucho más que sólo un par de tetas enormes y un trasero firme.

Pero ahora que tenía la curiosa bendición de poder mirar la curva que formaba su cintura y su cadera, bueno, tengo que admitir que resultaba bastante… erótica, por decirlo de alguna forma, hablo de que se notaba que allí iban las manos cuando… bueno…

Kami–sama pensó en todo cuando hizo el cuerpo de las mujeres, es todo lo que puedo decir.

Himiko interrumpió mis cavilaciones.

–Ya sé que estás mirando… puedes… tocar si quieres. –

Me dijo, sin levantar la cara.

– ¿Estas segura? –

–Lo permitiré si me aseguras que no harás nada más. –

–Lo prometo. –

–Entonces está bien… debemos acostumbrarnos de cualquier modo… –

Puse mi mano en la curva que acabo de mencionar. Ella se sobresaltó, pero no dijo nada. Yo no quité mi mano de allí, aunque la movía un poco hacia arriba y hacia abajo.

–No estamos bailando ¿Sabes? –

Me dijo, supongo que creyó que tocaría su trasero, en mi posición, era la opción más pervertida, porque sus pechos estaban pegados al mío. Pero nuevamente, no era eso lo único que importaba, a mí me gustaba así.

–Pero esta parte me gusta, es bella. –

Pensé que se decepcionaría, es decir, herbívoro y aparte con fetiches raros, pero ella levantó la cara, mirándome a los ojos. Había una lagrima en su cara, no sé si era de vergüenza o de qué era. No pregunté.

–Te amo. –

Me dijo ella. Era algo que nunca había dicho, usó incluso términos de pareja, de esos que hoy en día sólo se escuchan en los dramas y nadie sabe para que existen si no se usan. Pero en aquellos momentos no me dio tiempo de pensar en ello, lo digo porque inmediatamente después me besó.

Era un beso diferente, no había erotismo en él, no era un beso obsceno como el que nos habíamos dado hace un momento, era más bien uno simple, emotivo, de esos que das cuando has pasado mucho tiempo sin ver a tu novio o novia, de esos que dicen “No te alejes de mi” o “Te eché de menos”

Yo usé la mano que tenía libre para tocar su cara y quitar su cabello de en medio. Nos separamos unos instantes, la atraje hacia mi desde la cintura, ella sonrió complacida.

–También yo. –

Fue mi respuesta, luego nos besamos de nuevo.

––––––––––

Por obscena que pudiera verse la escena en la mañana, juro que en ningún momento toqué otra parte de ella que no fuera la que había mencionado. Al menos conscientemente, quizá dormido aplasté su pecho con el brazo o algo así, pero eso ni siquiera es importante.

Es cierto que estaba más consiente de mí mismo y de la relación que tenía con Himiko por la mañana cuando me levanté, pero no lo atribuyo a otra cosa sino a que al menos tuve tiempo y supe escuchar lo que ella tenía que decir. Por otro lado, yo todavía tenía muchas preguntas acerca de ella y de la vida que estábamos llevando. No me había olvidado de ese sobre, por ejemplo.

Kamakura bajó primero, mientras yo acomodaba algunas cosas antes de salir de mi alcoba, ella dijo que bajaría a desayunar, y que me esperaba. Luego se fue de allí. Tengo que admitir que se veía especialmente feliz, aunque no fui yo el único que lo notó.

Cuando bajé a desayunar, Himiko y Oshizu–san discutían.

–Tienes que reconsiderar lo que ha pasado, responde con sinceridad ¿Pasó algo entre el chico y tú? –

Preguntó Oshizu–san, yo iba bajando apenas cuando escuché preguntar eso, ambas voltearon a verme mientras me sentaba en la mesa, mirando a Kamakura, luego a Oshizu–san, luego a Himiko de nuevo.

–Lo que yo haga o deje de hacer es problema mío, nadie tiene qué decirme qué puedo hacer con mi vida. –

Respondió Himiko, renuente, sosteniendo su cuchara con tedio, Oshizu–san alzó un poco la voz.

–Aun así debes considerar que tu padre sigue siendo responsable, y yo soy la responsable de que nada te suceda, responde de una vez ¿Hiciste algo con el chico? –

Himiko tomó aire antes de responder.

–Tuvimos sexo. –

Respondió, en voz alta y con el rostro lleno de orgullo. Oshizu–san se llevó una palma a la frente. ¿Por qué había dicho eso? Ni siquiera era verdad, pero estaba tan conmocionado que no pude responder. De pronto la cara me ardía.

–Niña ¿Cómo pudiste? Sabes que… –

–Mi cuerpo es mío, el decidir a quién se lo doy es cosa mía, sólo mía. –

Replicó Himiko, Oshizu–san no pudo argumentar nada, y salió de la habitación, con la palma aún en la frente.

–––––––––––

Después de unos momentos, en los que esperé que Himiko se tranquilizara, me atreví a preguntar:

– ¿Por qué le has dicho eso? –

Ella me miró sonriendo, parecía tener problemas para detener la risa.

–Porque de esa forma habrá menos problemas cuando sea real. –

Respondió ella, yo batí penosamente la cabeza. Por lo menos ella había hablado con Oshizu–san y no con mi madre, de ser así, quizá sería yo quien tendría problemas después.

–Además no me gusta que me digan lo que puedo y no puedo hacer. –

Después de unos momentos de silencio, ella dejó escapar la verdadera razón, en cierto modo pienso que ella siempre había sido así, le gusta que las cosas se hagan como ella dice, sobre todo si hablamos de ella misma. Suspiré resignado.

–Eres una chica problemática. –

Le dije, ella asintió.

–Lo sé, y también sé que aunque así sea, no puedes vivir sin mí. –

El que ella lo afirmara con tanta facilidad me produjo una mezcla de sensaciones en el corazón. Por un lado, me sentía algo ofendido y bastante acomplejado, no es la clase de cosas que quieres que la otra persona sepa, por otro lado, entendía que ella necesitaba sentirse segura. Entonces tenía que estar consciente de ello.

–Saldré primero a la escuela. –

Me anunció, dejando sus platos allí donde estaban y poniéndose de pie. Yo me puse de pie sin saber por qué, asintiendo con la cabeza.

–Te esperaré a la salida de la escuela ¿Entiendes? Tienes que estar allí. –

Anunció después de unos momentos. No podría estar más feliz.

–Allí estaré. –

Le dije,  ella sonrió complacida y acercándose fugazmente, me dio un beso en la mejilla. Luego tomó sus cosas y se fue. Yo me quedé mirándola mientras se iba. ¿Cómo es que una chica podía hacerme tan feliz? No podía entenderla ni un poco y peleábamos a cada momento, o mejor dicho, era regañado a cada momento, pero tenía razón, ahora mismo incluso, no podía pensar en otra cosa que no fuera ella.