Jimen no Hoshi C17

Modo nocturno

Capítulo 17: Detrás de los Rumores.

Estábamos en el centro comercial, y una vez que estuvimos allí, decidí que era una buena idea llevarla de compras. Hice esto porque mi padre me había enviado algo de dinero (a escondidas de mi madre) y quería que lo gastara con mi novia. Yo le obedecí como el buen hijo que soy.

De todos modos, se sintió raro gastar un dinero que no era mío en estas cosas, pero pensé que algún día conseguiría un trabajo y gastaría aún más dinero en esto. Estaba bien si mi padre podía prestarme algo hasta entonces.

Y como era de esperarse de una chica, fuimos a las tiendas de ropa.

Antes de llegar a las tiendas departamentales, pasamos por una zona a la que yo me rehusé a entrar.

–No voy a entrar allí, es vergonzoso. –

Era una tienda de ropa interior.

–Las chicas necesitamos ropa interior ¿Sabes? No todo pueden ser abrigos y faldas. –

–Ya sé que las chicas compran ropa interior también, y no me molestaría pagar por ello, pero no voy a entrar contigo, eso ni hablar. –

– ¡Entrarás conmigo y es todo! –

Sentenció ella, pero yo seguí negando con la cabeza, no era precisamente el sitio al que quería entrar con Himiko, por demás que, cabía la posibilidad de que hubiera más clientes dentro, que me mirarían raro.

–Los hombres no entramos a las tiendas de ropa de chicas. –

Repliqué. Ella señaló a un hombre que entraba con una mujer, a la tienda de ropa.

–Puede que estén casados o que se yo, pero yo no voy a entrar allí. –

–De acuerdo, entonces puedes estar seguro de que nunca sabrás qué fue lo que compré allí, vivirás con la duda el resto de tus días. –

Se quejó ella y entró, yo suspiré, ella no solía ser así de insistente en algo… quizá quería comprar ropa interior sexy… la idea me hacía ilusión, pero aun así no entré junto con ella. Permanecí esperando en una de las bancas que había afuera de las tiendas, imagino que con el propósito de que los chicos se sentaran mientras las chicas hacían esta clase de compras.

En ese momento vi salir a alguien a quien no esperaba ver: Yuutsumi Haruna. Salió con una bolsa de otra de las tiendas de ropa interior para chica, yo fingí que no la había visto, había que recordar que no nos hablábamos, por cuestiones de lo que había ocurrido con Satou, pero ella se acercó a mí.

– ¡Tento–kun! –

Me dijo, me sorprendió a decir verdad, pensé que seguiría de largo, pero se acercó a donde yo estaba y se sentó a mi lado.

–Sempai… ¿Qué pasa? –

Pregunté, aunque lo que realmente quería preguntar era ¿Por qué está hablándome? ¿Y porque ahora? Mi novia seguía dentro de la tienda, saldría en cualquier momento.

– ¡Moo! Creo que te pedí que me llamaras por mi nombre. –

–También me pediste que dejara de hablarte. –

Yuutsumi Sempai sonrió, y se acomodó el cabello detrás de la oreja.

–Eso es mientras estamos en la escuela, todo ese asunto de Yamaki–kun puso mis pensamientos de cabeza. La policía fue varias veces a mi casa después de eso, fue un caos… lamento haberme portado así. –

Explicó ella.

–Si bueno, la verdad es que tampoco me gustaría verme envuelto en esa clase de situaciones. –

Admití, siendo sinceros, en todo momento entendí la grave encrucijada en la que estaba la reputación de Yuutsumi–Sempai, por ello fue que acepté su decisión con tanta facilidad. Lo que no evitaba que quisiera hablarle en realidad, aunque últimamente, todos los asuntos que habían pasado alrededor de Himiko no me habían dejado pensar en nada más.

– ¿Qué le ocurrió a tu cabeza? –

Dijo, extendiendo una mano, quité mi frente por puro reflejo.

–Ah… tuve una pelea la noche anterior, no es nada grave. –

–Eso estuvo mal, no deberías estar peleando, no debes ser un hombre malo. –

Supongo que ella relacionaba “pelea” con “maldad” inmediatamente, pero a decir verdad no tenía el tiempo, ni las ganas, de explicarle a ella la razón de que mi frente terminara con una bandita.

–Y bueno… –

Yuutsumi–Sempai miró alrededor, creo que me vi como el cuerpo del delito por ello, se separó un poco de mí.

–Es una sorpresa encontrarte… aquí… Tento–kun. –

–No es lo que piensas, estoy esperando a mi novia, he venido con ella y ella ha dicho que quería entrar, así que espero a que salga. –

El rostro de Haruna se ensombreció, bajó la cabeza.

– ¿Kamakura está aquí? –

Preguntó a media voz.

–Aquí estoy. –

––––––––––

Sentí un vuelco en el estómago cuando me di la vuelta. La tienda específica a la que ella entró quedaba de espaldas y por ello no la vi cuando se acercó.

– ¿Daitako? ¿Quién es esta chica? –

Preguntó, haciendo ruido con uno de sus pies, esperando una explicación, yo me puse de pie en ese momento, ella tenía cara de peligro y los brazos cruzados. Yuutsumi Haruna permaneció sentada.

–Es… una compañera de clase… ella estaba pasando por aquí mientras yo esperaba por ti, es todo. –

Explique, esperando que aquello bastara, Himiko volteó a ver a Yuutsumi, quien no osaba levantar la cabeza, voltear o ponerse de pie.

– ¿No te he visto en algún sitio? –

Finalmente, y sabiendo que se estaban refiriendo a ella, Yuutsumi se puso de pie.

–Kamakura–sama. –

¿Escuché bien? ¿Dijo “sama”?

–Así que si eres tú, tenías que ser tú… Dime Haruna–chan ¿Qué diablos te sucede? ¿Intentas ahora quitarme a mi novio? –

–Por… por supuesto que no, yo… me haré a un lado, lamento haberle interrumpido. –

– ¿Se conocen? –

Pregunté, pues en realidad, con la historia de Yuutsumi no me bastaba para entender ahora porque parecían ser cercanas. Bueno, lo eran, o lo fueron en algún momento.

–La conozco, era una niña tímida que me seguía a todas partes siempre, al menos mientras mi abuelo estaba bien, luego de que abandoné a mi padre, ella repentinamente perdió interés en mí. –

Voltee a ver a Yuutsumi, quien mantenía la cabeza gacha. Estaba siendo acusada de ser interesada, si cualquiera se lo pregunta. Yo quería saber que tenía que decir Haruna al respecto, pues hasta donde tenía entendido, su familia también tenía algo de dinero, por algo estaba en aquel colegio en primer lugar.

–No es verdad. –

Dijo ella con una vocecita.

–Fuiste tú quien nunca nos tomó en cuenta, no éramos más que adornos en tu mesa de centro a la hora del descanso, pero… ni siquiera éramos tus amigas. –

Himiko montó en cólera, fue un poco extraño que yo no estuviera involucrado.

–Lo era, todo lo que una chica puede ser amiga de otra, no me vengas con tonterías Haruna, nunca te desprecié, ni siquiera cuando las otras te llamaron advenediza, ni cuando llamaron a tus padres reclamando que no habían hecho el pago, y todo el mundo dijo que no tenías dinero para pagar… Nunca te traté mal. –

–No fuiste a mi fiesta de cumpleaños. –

Se quejó Yuutsumi.

–Oh por todos los cielos ¿Eso fue? ¿Fue porque no asistí a una estúpida fiesta? ¿Por eso fue que un día dejaste de hablarme sin más y comenzaste a inventar cosas sobre mí? –

–Si de verdad hubieras sido mi amiga, habrías ido. –

– ¡Estaba encerrada! Te lo dije, mi padre me encerró en la habitación porque no quise ir a su estúpida cena de negocios, y ya no eran buenos momentos para mi ¿Sabes? Tampoco tenía dinero para ir, ni siquiera para el autobús, me confiscaron mis tarjetas… No falte porque no quisiera ir… –

–Es fácil decirlo ahora. –

Me quedé callado. ¿Qué podía decir? Era una pelea de chicas, incluso comencé a sentirme incómodo.

–Sigues siendo igual de necia que de costumbre, no necesito tu perdón de todos modos, pero que quede claro, no falté a esa fiesta porque quisiera, y es todo. –

–Lo único que te importa es tener la razón ¿No es cierto? Todo tiene que ser como tú dices que es, nunca piensas en los sentimientos de los demás. –

Esto estaba saliéndose de control, las personas comenzaban a quedársenos viendo.

– ¿Y qué es lo que quieres que haga ahora? ¿Qué puedo hacer a estas alturas? Después de todo lo que dijiste de mí, de todas las mentiras que inventaste y que todos en la academia creyeron ¿Esperas que simplemente diga “Lo siento”? eso jamás va a pasar. –

Tomé a Himiko del brazo.

–Muy bien, es suficiente, no puedes armar una escena en pleno centro comercial, menos por algo que ya no tiene remedio. –

Le dije, jalándola suavemente, me sentí más como un guardia que como su novio, pero alguien tenía que detener esta tontería.

–Yuutsumi–Sempai, lamento no poder dejarlas seguir con su hermosa charla acerca de los bellos recuerdos del colegio, pero tenemos que irnos, si nos disculpa. –

Himiko no forcejeó. Parecía que estaba acostumbrada a que le dijeran esa clase de cosas. Hay que ver que podía ser pendenciera si se le daba la oportunidad. Como quiera que fuera, lo único que hice fue tomarla del brazo un momento, mientras comenzamos a caminar a través de los pasillos, luego, cuando cambiamos de piso, tomarla del brazo se volvió vergonzoso y la solté.

––––––––––

Al estar en el segundo piso del centro comercial, fuimos por helado y nos sentamos en una de las mesas.

– ¿Fue ella quien te habló de mí? –

Preguntó Himiko, parecía que deseaba desquitar el coraje que le había quedado

–Sí, aunque hay que descifrar todo lo que dijo, porque parece que estaba cargado de mentiras. –

– ¿Sabías que eran mentiras? –

Preguntó ella, interesada.

–Bueno, la verdad es que después de que te conocí, fui entendiendo que las opiniones de la gente influyen mucho en las cosas que le dicen a uno como “ciertas” es verdad que ella me contó quien eres, pero… bueno, hay que quitar las opiniones que ella tiene de eso para sacar algo en limpio. –

Expliqué. Ella se sonrojó y se rio levemente, llevándose la mano a la boca.

–Tú sí que eres una caja de sorpresas, nadie iba a tomarse la molestia de hacer eso excepto tú. –

Me dijo, estaba halagada, pero yo negué con la cabeza.

–Por otro lado, me parece un poco triste que ella se haya resentido por esa razón, es decir, ni siquiera fue tu culpa, pero su coraje no le permitió aceptar la verdad. –

–Admito que en algún momento pensé “ya se le pasará” pero luego entré al instituto y dejó de importar, ella no hizo ningún intento de hablar conmigo después de eso, y empezó a esparcir rumores. –

–Que aún se refiera a ti como “sama” tiene que significar algo. –

–Te lo dije, esa chica sentía una especie de atracción hacia mí, de una forma un tanto extraña, en más de una ocasión tuve que enfadarme porque ella insistía en tomar mi mano mientras comíamos, cosas así… pero pensé que era su forma se ser, yo nunca esparciría rumores como ella lo hizo conmigo, pero dicen que aquellos que aplauden en tu coronación, también aplauden en tu ejecución.  –

–Será que… –

En aquella época, el tema era tabú, y hubiera resultado enormemente ofensivo (y ruidoso) que yo me atreviera a decirle a Himiko esa palabra en voz alta.

–Supongo que sí, o algo más aún, no lo sé… el caso es que yo no le hice nada. –

Sentenció ella. Yo asentí. Hay que recordar que tenía que estar de su lado.

–Lo que hizo no tuvo justificación, es cierto, pero estaba pensando ¿Sería imposible que hicieran las paces? –

Ella me miró con cara de pocos amigos.

– ¿Ehh? ¿Por qué? No la necesito para nada ¿Por qué iba a ir y hacer las paces con esa niña boba? –

–No se trata de eso, tengo la impresión de que ella quedó muy resentida por lo que pasó, tal vez no sería tan mala idea hacerle entender que no fue culpa tuya, y que no querías hacerle mal. –

Ella me miró por un momento, luego se recostó sobre la mesa, usando sus brazos como almohada, y evadiendo mi mirada, suspiró.

–No es justo… Yo no hice nada. –

–Nadie está tratando de culparte, Himiko. –

Ella volteó a verme, sus ojos estaban nublados, yo sonreí. Sabía que era ella amable en realidad.

– ¿Cómo es que siempre sabes lo que hay que decir? –

–Creo que es porque te conozco. –

Le dije. Ella permaneció acostada un momento, volviendo a girar la cara, yo puse una mano sobre su codo, como para recordarle que estaba de su lado. Himiko volvió a suspirar, derrotada.

–Si esto sale mal, tendrás la culpa ¿Comprendes? Y no voy a pasar una vergüenza en vano. –

Sonreí. Himiko tomó su teléfono celular y buscó un número, marcó y esperó un momento.

…Moshi–Moshi.

Yo me recargue sobre la silla, esperando a que ella terminara su llamada.

…Escucha, si quieres una oportunidad de que te disculpe por todas las cosas horribles que dijiste de mí, más te vale que vengas ahora mismo al piso de la comida… si, ahora mismo.

Eso no era lo que yo tenía planeado. Pero tengo que admitir que fue eficaz, lo siguiente que noté, fue a una chica que había subido a toda prisa las escaleras y que volteaba ahora a todos lados del comedor, buscado a Kamakura. Tenía una caja pequeña en las manos.

Cuando se dio cuenta donde estábamos, vino corriendo a toda prisa a encontrarse con Himiko. Casi me sentí fuera de lugar.

– ¿Kamakura–sama? Vine como usted me lo pidió… ¿Es verdad que ya no está enfadada conmigo? –

–Aún estoy enfadada. –

Respondió Himiko, recargada sobre la silla también, mirando a Yuutsumi temblar, no sé si de alegría o de miedo, ella colocó la caja frente a ella.

–Es pastel, lo compre apenas colgué el teléfono… es para usted… yo no he olvidado cuál es su favorito… –

–Siéntate. –

Ordenó Kamakura, Haruna se sentó a su izquierda, es decir, frente a mí. Me miró por unos breves momentos antes de volver su vista de nuevo a Himiko.

–No me des esto a mí, dáselo a él, después de todo, es gracias a él que decidí que valía la pena hablar contigo. –

Yuutsumi me miró con los ojos brillantes por unos momentos. Me sentí algo incómodo, luego su vista se volvió de nuevo a Himiko.

–Ahora ¿Qué tienes que decir? –

Preguntó Himiko.

–Yo… lamento todos los problemas…  Kamakura–sama, por favor, acépteme de nuevo, yo haría lo que fuera por estar dentro de su gracia otra vez, sé que dije muchas cosas malas, pero… –

Respondió Yuutsumi Sempai, era difícil ver en lo que se había convertido en tan poco tiempo, lo digo porque parecía querer llorar.

–Quería ir a esa fiesta… me habría gustado, pero las cosas me salieron de otro modo, es todo. –

Confesó Himiko, sin perder ese aire de dignidad, no la miraba a ella, ni a mí, permaneció mirando a la nada mientras decía esas cosas.

–Yo lo malinterpreté todo, lo siento muchísimo, por favor, acepte mis disculpas, entiendo que es algo tarde y que… –

–Basta, escúchame, nunca volverás a hablar mal de mí otra vez ¿De acuerdo? –

Yuutsumi asintió, sin decir ya nada y limpiando sus lágrimas, supongo que era un evento demasiado feliz para ella. Parecía que Himiko no tenía ninguna gana de ver a Haruna humillarse, contrario a lo que Haruna pensaba, yo sonreí, aun en su papel de princesa, era amable. Lo que todavía no me quedaba claro, es por qué Yuutsumi se humillaba de esa forma. Se lo preguntaría después a Himiko.

–Ahora, estoy en medio de una cita con mi novio ¿comprendes? A quien casualmente le debes esta segunda oportunidad, y no me agrada esta interrupción, él es importante, mucho más que cualquier otra persona. –

Yuutsumi Sempai asintió y me miró. La cara me ardía por escuchar tan llanamente esas palabras de Himiko. Tengo que haberme puesto rojo como un tomate.

–Entiendo. –

Asintió Yuutsumi, la forma en la que me veía cambió completamente al escuchar esa declaración por parte de Himiko, a quien volvió a mirar, y bajó la cabeza.

–Quiero que nos dejes a solas, volveré a llamarte luego, y quizá pueda permitir que me acompañes a algún sitio ¿Esta bien? –

–Gracias, Kamakura–sama, mucha suerte con su cita. –

Dijo Yuutsumi. En verdad, ya no sabía en donde tenía que meter mi cabeza. Himiko no tenía que haberlo llevado tan lejos. Luego Yuutsumi se fue corriendo. Parecía feliz.

––––––––––

Muy por aparte de todo lo que Himiko había dicho sobre mí, yo estaba orgulloso de ella, orgulloso de que, de todas formas, olvidar una ofensa como la que había recibido de los cotilleos por parte de Yuutsumi era algo que sin duda era muy difícil. Pero si eso iba a hacer que Himiko recuperara a una amistad, entonces pienso que el esfuerzo valía la pena. Otra cosa es que pienso que no era simplemente su amiga.

– ¿Por qué tenías que decirle todo eso? –

Pregunté, una vez que nos quedamos ella y yo. Ella giró la cabeza con un ¡Hmph!

–Te dije que no iba a pasar esa vergüenza en vano, tenías que compartirla conmigo. –

–Ha sido increíblemente vergonzoso, por cierto, pero… estoy feliz. –

–Hice lo que tú querías, me debes una. –

–Antes que nada… ¿Qué es lo que ella quiso decir con “en su gracia de nuevo”? –

Pregunté, el modo de llevar las cosas entre ellas, aun no me quedaba del todo claro.

–En esa academia hay dos tipos de chicas, las llaman Nyen y las Osu. Las Nyen están para ser admiradas y servidas por las Osu. Ella es una Osu. –

– ¿Por qué? ¿No es un poco cruel que las clasifiquen de esa forma? –

Pregunté, ella negó con la cabeza.

–Para empezar, una Osu es ella misma quien se da ese lugar, nadie la pone allí, y ser una Nyen es problemático porque todas las otras Nyen te ven como enemiga. Tú tienes que haberte dado cuenta el día que fuiste a la obra, alrededor de cada una de las chicas que actuaban, siempre había dos o tres chicas adorándola… –

Recordaba ahora a una chica de cabellos blancos, quien, cuando le dije que buscaba a Kamakura, sólo se dio la vuelta y se fue.

–Tú eres una Nyen ¿Cierto? –

Pregunté, ella asintió.

–Para ser una Nyen tienes que tener un cierto desempeño escolar, extracurricular, dinero, estatus y muchas otras cosas, no todo el mundo lo consigue, y vas a estar en tela de juicio siempre. Es como ser el macho alfa de una manada de lobos, siempre habrá quien quiera quitarte tu lugar… y tu manada. –

Explicó, añadiendo lo de la manada con una sonrisa rara.

–Una manada de Osu. –

Agregué, Himiko se rio refinadamente, llevándose una mano a la boca.

–Las “Nyen” son entonces, aquellas que son siempre el centro del grupo de chicas… –

–Después de un tiempo, se vuelve tedioso, pero por más que lo quieras, Una Nyen no puede ser una Osu, así que nunca vas a estar del todo a salvo… esto es así, supongo que muy dentro de mí juzgo ese comportamiento algo tonto. –

Creo que lo que Himiko estaba tratando de decirme, es que no había ninguna chica en su manada ahora. Sonaba gracioso si lo pensabas de esa forma. En ese momento, recordé algo que me había dicho Yuutsumi acerca de Himiko.

– ¿Es cierto que una vez hiciste que tus guardaespaldas golpearan a un profesor? –

Pregunté, no sé porque se me vino a la mente, ella asintió con la cabeza.

–Lo hice. –

– ¿Por qué? –

Pregunté alarmado, ella me miró como si fuera algo que no tuviera que explicarme.

–El profesor pretendía que me acostara con él a cambio de mi nota escolar… fue muy ofensivo. –

De las cosas que se entera uno.

––––––––––

Era ya de noche mientras paseábamos por el centro comercial. Aún faltaba bastante tiempo para que los negocios comenzaran a cerrar, pero estaba oscuro afuera. Uno por uno, subimos todos y cada uno de los cuatro pisos de la plaza y llegamos hasta el sitio donde la gente deja su auto: el estacionamiento, que estaba en la parte más alta. Hacía frio afuera, pero Himiko quiso ir, aunque no teníamos un auto.

Se recargó con el codo en la barda que limitaba el estacionamiento, que era alta, y una vez allí, contempló por un momento el horizonte, el viento agitó su cabello y el listón de su moño, mientras ella usaba su mano para quitarlo de su cara.

–Sobre lo que dije antes. –

Comentó ella, sin mirarme, yo permanecí un paso detrás de ella, mirándola, pero cuando noté que hablaba, me acerqué y me recargué en la misma barda.

–Yo no mentía. –

Dijo, el sonido de los autos se escuchaba allá lejos, en el suelo, pero aun así podía escuchar claramente sus palabras, ella permaneció mirando al horizonte. La ciudad de Nagoya se extendía a todo nuestro alrededor. No podía verse la luna ni las estrellas, Himiko era la única estrella que yo podía ver.

–No sé cómo fue que lo hiciste… –

Admitió con una sonrisa rara, como si sintiera lastima por sí misma, pero como yo todavía no sabía de qué iban sus palabras, permanecí en silencio.

–Pero te convertiste en alguien importante para mí, así que…. –

Y al decir esas cosas ella tomó mi mano y la sostuvo con fuerza. Sus manos estaban sudando, yo permanecí atónito, quizá en el fondo yo sabía todas estas cosas, pero nunca creí que Kamakura se pondría a decirlas así sin más. Definitivamente hoy estaba distinta.

–Si hay algo que quieras de mí… lo que sea…  –

Y como me miró, comenzó a titubear, yo sostuve su otra mano también.

–Creo que lo único que puedo decir al respecto, Himiko, es que quiero continuar siendo especial para ti, si puedes darme eso, entonces no necesito nada más. –

Ella se soltó lentamente, y volvió a girar la mirada, imagino que su vergüenza era mucha.

–Sé bien que soy difícil de tratar, no necesitas ser amable conmigo. –

Me dijo, comenzando a caminar de vuelta, de algún modo, tratando de despejar ese humor extraño que ella misma había puesto. La seguí, llevando por supuesto todas las bolsas con todo lo que había comprado.

–No lo digo por amabilidad… yo mejor que nadie sé que eres difícil, pero siendo francos, me gusta que seas así, no creo que me sentiría igual hacia ti si fueras “amable”  –

Expliqué, ella por supuesto no me creyó, pero no dijo nada. Yo continué.

–Me gustas como eres. –

Confesé. Supongo yo que era una confesión fuera de lugar a estas alturas, pero como le dije, me gustaba que fuera así, altiva, orgullosa. Himiko se detuvo en seco al escuchar eso tan claramente.

No lo sé, quizá era que yo también tenía ideas infantiles al respecto, quizá era que era un poco masoquista, pero el hecho de que ella fuera tan difícil de complacer, le entregaba a uno una sensación de victoria cuando ella sonreía. Y tengo que admitir que me gustaba esa sensación. Creo que si algún encanto tenía ella que no fuera suyo, era lo difícil que era hacerla feliz, y lo bien que se sentía lograrlo.

Me volví adicto a eso.

–Eres el único hombre que conozco, que piensa de esa forma. –

Me dijo ella, volviendo a caminar.

Puede que tuviera razón, al menos hasta cierto punto. Como dije, mi madre tampoco parecía la clase de mujer que fuera fácil de complacer, mucho menos en su juventud… y ahora que lo pensaba, por el estatus que tenía, seguro que la abuela de Himiko tampoco era precisamente humilde. Me guardé mis pensamientos mientras la seguía.

Bajamos del centro comercial y volvimos a casa. Como he dicho, era de noche, y tenía cierta… prisa por llegar a casa, por lo que había pasado con anterioridad. Caminábamos por el mismo lugar que la vez anterior, la tomé de la mano, pero ella no dijo nada, sólo seguimos caminando hasta que dejamos aquella calle atrás, llegamos a nuestra casa y la solté.

– ¿Crees que seremos regañados? –

Preguntó Himiko, sonriendo, parecía bastante feliz.

–Posiblemente. –

Le dije, abrimos la puerta y dejamos nuestros zapatos, yo coloqué las bolsas en la sala mientras ella subía, pues dijo que debía ir al baño. “Sólo espero que no encuentre ningún bicho en el baño” pensaba mientras ordenaba las bolsas, luego comencé a subir aquellas que tenían ropa de Himiko. Había allí un par de cosas que habíamos traído para la casera, esas se quedaron abajo. Las demás fueron a parar al cuarto de Kamakura.

Cuando terminé de subir las bolsas, y ella de meterlas en su armario, estábamos parados en la puerta de su alcoba, ni ella ni yo teníamos idea de qué decir, así que nos quedamos callados por unos momentos. Finalmente, ella enrojeció y yo me di la vuelta para irme a mi alcoba.

–Espera. –

Me dijo, sosteniéndome del hombro, así que me giré y la miré a los ojos. Parecía tener problemas para poner en orden sus pensamientos. Cerré los ojos y suspiré. Ella miró a todos lados, luego, y sin darme tiempo a prepararme ni nada por el estilo, me dio un beso fugaz en los labios, yo sonreí como un idiota.

–Hasta mañana. –

Me dijo, usando su voz más dulce y moviendo sus dedos mientras cerraba lentamente la puerta de su habitación, no pude responder nada. Sólo permanecí allí, en silencio, agradecido con mis padres por haberme traído al mundo.