Jimen no Hoshi C19

Modo nocturno

Capítulo 19: Falsos mensajes.

Antes de entrar a la casa, ella se detuvo por un momento, no me había mirado en todo el rato, y no lo hizo. Pero preguntó, lo suficientemente alto para que sólo yo la escuchara.

–Si te pidiera que me tomaras de la mano… ¿Lo harías? –

–Claro que sí, nos hemos tomado de la mano antes. –

Le dije mientras entrabamos a la casa, ella me tomó de la mano tras cerrar la puerta tras de ella, eran aproximadamente las seis de la tarde y no faltaba mucho tiempo para la puesta de sol.

Comenzamos a subir las escaleras, ella no me soltó.

– ¿Sólo las cosas que hemos hecho antes? –

Preguntó Himiko nuevamente, abriendo la puerta mientras volteaba a verme. Sus ojos brillaron al tiempo que yo comenzaba a entender por dónde iba la película.

–Bueno, yo haría cualquier cosa que tú me dijeras que hiciera. –

Dije, tragando saliva y mirándola pasearse por su alcoba, se veía nerviosa.

– ¿Por eso mirabas mi trasero en la mañana? –

Preguntó ella, eso me cayó como balde de agua fría. No dije nada, ya era suficiente con haber sido descubierto, ella volteó a verme y me indicó con el dedo que me acercara.

–Esto es muy vergonzoso. –

Me quejé, pero me puse de pie. Y entonces ella dijo justo las palabras exactas para mandar todo al diablo, y no de la forma bonita.

–También es vergonzoso para mí, deja de quejarte ¿Eres una chica? –

Preguntó, visiblemente perturbada. Yo me detuve, aquel comentario no me gustó para nada. Y como me detuve fue ella quien se acercó a mí, puso una mano sobre mi hombro. Yo pasé de ella.

–No tienes que actuar de esa forma. –

Le dije, y seguí caminando. Ella se quedó parada en donde estaba, creo que el haber soportado todo el día ese comportamiento me había hostigado un poco. De otro modo no me explico cómo es que me atreví a rechazarla de esa forma. Otra cosa es que ella no tenía que actuar de esa forma para conseguir que hiciera lo que ella quería, y estaba muy interesado en que lo entendiera.

Aquella fue la única ocasión en la que yo recuerdo haberme enfadado con ella en serio. No sé cuándo me volví tan exigente. Algunos podrían incluso afirmar que estaba siendo tonto, y egoísta. Tendrían razón si lo piensan.

Ella permaneció allí parada mientras yo salía de su alcoba. Como no podía ser de otra forma, momentos después ella estaba llorando y yo que estaba a una pared de distancia podía escucharlo perfectamente. Fueron varias las ocasiones en que pensé en ir allá y decir “lo siento” pero seguro que ella no me dejaría entrar así como así.

Estaría empecinada en que lo que hice fue una autentica grosería. Creo que lo que más me molestó de todo, fue lo que se arruinó con la pelea.

–––––––––

Al día siguiente, ella ya se había marchado para cuando me puse de pie, y como todos los días, fui a la escuela. Intenté telefonear a Himiko un par de veces, pero ella no respondió. Ni que hacerle, me disculparía ahora, al menos en cuanto la viera, era estúpido permanecer enojado con ella, sobre todo porque la razón de mi coraje era una verdadera tontería.

Durante el primer descanso pude notar que había algo de revuelo en el segundo piso, pero no le presté mucha atención, por otro lado, Yamaki me reprehendía.

–No puedes faltar a la escuela así como así, yo tomaré tus apuntes sin ningún problema, pero por otro lado, te atrasarás, y los exámenes recomenzarán pronto ¿Qué harás entonces? –

Agradecí silenciosamente que ella se ofreciera a tomar apuntes por mí, aunque muy por dentro de mí, sabía por qué lo hacía. Es sólo que en ese momento no quise pensarlo.

–Está bien, sé que no debería faltar tan seguido, pero hay muchas cosas que pasan y que no dependen de mí. –

Expliqué.

–Excusas. –

–No son excusas, es que… –

– ¿Qué es? Puedes decírmelo, aunque tu sientas lo contrario yo todavía te considero mi amigo, Tento–kun. –

Eso fue lo que Yamaki dijo. Yo suspiré, llevándome las manos a la cabeza.

Lo que le dije a Yamaki, es que mi novia tenía unos días actuando muy raro, y esto ya se estaba saliendo de control. A pesar de que normalmente era impulsiva y se enfadaba con facilidad, la verdad es que estos últimos días los cambios eran duros de seguir. Pasábamos de estar felices a enojados, y luego a tristes y felices de nuevo en menos tiempo de lo que tardábamos en decidir qué hacer con esas emociones. Y por supuesto esto se había vuelto… poco manejable.

Sé que había dicho que la escucharía, pero la verdad ella no me había dicho nada claro, desde el día en que le quitaron su bolsa. Ese día comenzó todo a ponerse muy raro, en un plano más emocional del que yo era capaz de manejar. Y eso me irritaba.

– ¿Has peleado con ella todo este tiempo? –

–Bueno, es que ella siempre se ha enfadado conmigo, pero cuando se enfadaba al menos había una razón, ahora no la hay, sólo se enfada, y se pone feliz antes de que yo sepa que ocurrió. –

–Parece una chica problemática. –

Se quejó Yamaki, mirando hacia arriba.

–No digas eso de ella. –

Me enfadé, si algo me podía, es que la criticaran, el mundo no era quien para decir nada sobre ella, ya le habían hecho mucho daño…

–Ahora el problemático pareces tu… ¿No será que hay algo que quieren decirse y no pueden? –

– ¿Algo que decir? –

–Así como te comportas, a mí me parece que más bien hay algo que les da miedo decir, y lo evaden con peleas para no tener que hablar del tema… justo como tú lo haces ahora. –

–Perdón. –

–Soy tu amiga, no tienes que disculparte… pero si tienes algo que decirle… quizá sea mejor que se lo digas. –

–Ni siquiera sé que es eso. –

Expliqué, ella asintió levemente.

–Iré por una bebida a la máquina, mientras tanto piénsalo ¿Hay algo que quieras decirle? No tardaré. –

Yamaki salió del salón saltando alegremente, yo me quedé allí, quizá debí haberle acompañado, tenía algo de sed. En ese momento, Yuutsumi–Sempai apareció en la puerta del salón, llamándome discretamente con la mano.

No entendí muy bien porque, quizá algo había cambiado para ella desde su reencuentro con Kamakura. Aunque después de eso ella me había visto muchas veces y no me había hablado sino hasta hoy.

– ¿Qué sucede? Yuutsumi–Sempai ¿No se suponía que? –

–Shhh, no quiero que nadie se entere de que nosotros hablamos… vengo a traer un recado. –

– ¿Un recado? –

Pregunté, solo podía ser de una persona.

–Kamakura–sama quiere disculparse con… Tento–sama… –

–“Kun” está bien, Yuutsumi–Sempai. –

Le dije, avergonzado, no quería verme envuelto en sus costumbres de chicas ricas.

–No, ella me dijo así, tengo que decirle “Sama” –

–Pero es mi Sempai. –

–Eso no es importante. –

No entendí porque un término era más importante que el otro, pero la dejé seguir.

–Lo importante es que Kamakura–sama quiere hacer las paces, y me manda a disculparme por ofenderlo. –

Dijo ella, e hizo una reverencia, con evidente placer al hacer bien ese encargo ¿Cómo es que ella disfrutaba servirla? Bueno… no soy quien para hablar de eso, yo también lo disfrutaba, al menos cuando sabía lo que ella quería.

Tampoco soy quien para hablar de eso.

– ¿Te dijo lo que pasó? –

Pregunté avergonzado. Yuutsumi negó con la cabeza.

–No, sólo me dijo que estaban… en asuntos de pareja, y ella dijo algo que no quería decir. –

Entonces se lo dijo. Yuutsumi no era una niña, por supuesto que ella sabía de lo que estaba hablando, pero ella parecía con ganas de ignorar ese detalle.

–Yo… Ni siquiera sé cómo llegamos a esto, es decir, teníamos una cita, acabábamos de tener una cita. –

–A veces ella es así. –

Respondió Yuutsumi. Eso me dio bastante curiosidad ¿Qué pensaba en realidad Yuutsumi de Kamakura? ¿Por qué la seguía tan… abyectamente? Tenía que haber una buena razón, ya que por lo visto, conocía sus defectos, quizá más de lo que yo los conocía.

– ¿Y tú qué piensas de ello? –

–Lo que yo piense no es importante, ella estaba muy deprimida. –

Respondió. Y luego se puso detrás de mí y me empujó levemente.

–Kamakura–sama parecía seriamente arrepentida. –

Agregó ella, haciendo una reverencia. Y entonces sentí un golpe en el estómago. ¿Cómo que seriamente arrepentida? ¿Cómo era parecer seriamente arrepentida? Si hablamos de Himiko.

–Ella ha venido hasta aquí, se supone que debo llevar su respuesta… no sé si sea lo más indicado. –

Agregó luego, balanceándose y llevándose un dedo a la barbilla dubitativamente.

– ¿Cómo que ha venido hasta aquí? –

Pregunté. Himiko a veces actuaba de un modo completamente irracional.

–Bueno… me preguntó si Tento–sama estaba aquí, y luego… la llevé a la azotea y ella dijo que esperaría allí por mi regreso. –

Permanecí en silencio un buen rato. Es decir… ¿Qué?

–Pero ¿Por qué haría eso? Tiene clases… –

Pregunté desesperándome, era frustrante para mí porque era mi novia y no entendía un carajo sobre lo que hacía. Si tanto quería arreglar las cosas, sólo tenía que llamarme y asunto arreglado.

–Aquí estabas Tento–kun. –

Dijo una voz detrás de mí, Yamaki estaba parada allí con dos bebidas en las manos, no parecía feliz.

–Te compre una bebida y me abandonaste. –

Se quejó ella, luego miró a Yuutsumi–Sempai, ella también se quedó mirándola.

–Ah genial… tienen que hacer las paces. –

Les dije. Si me estaban pidiendo todas esas cosas a mí, supongo que ellas podrían terminar con ese pequeño asunto que las incomodaba.

– ¿Por qué? Ella hizo que… –

Se quejó Yamaki, no fue necesario que terminara, los tres sabíamos lo que ella quería decir.

–No creo que me corresponda, es decir, ella ocultó que… –

– ¿Ambas se dan cuenta de que están hablando de algo que no tiene nada que ver con ustedes? –

Pregunté. Ambas me miraron fijamente.

–Yamaki… Harusaki–chan, eres una amiga valiosa, sé que esto te incomoda, pero si no lo hablas, no va a terminar. –

Le dije, apresuradamente.

–Y Yuutsumi, por favor, ella no tuvo en realidad nada que ver, no puedes seguir culpando a la gente por cosas que no hace… eso hizo que cierta persona se enfadara contigo en primer lugar. –

Le recordé, ella asintió.

– ¿Y tú que harás? –

Preguntó Yamaki. Yuutsumi me miró atentamente.

–Resolver esto. –

Dije, no muy seguro de que tan optimista podía ser con lo que le estaba diciendo. Después de lo que Yuutsumi me había dicho (sin decirlo) empezaba a tener un mal presentimiento.

Suspiré.

–Solucionar las cosas que debo solucionar. –

Dije luego, ambas encogieron de hombros y se miraron. Yo supe que mi trabajo estaba hecho cuando las dos sonrieron amigablemente. Así que después de eso me fui de allí, y subí las escaleras.

Dicen que no es bueno que terceras personas intervengan en los problemas que tiene la gente… en especial con respecto a las relaciones personales, pero creo que a veces hacen falta juicios externos que nos ayuden a entendernos mejor.

–––––––––

Abrir la puerta de la azotea fue como transportarme a un mundo nuevo para mí. La puerta no estaba abierta normalmente, así que yo nunca había venido aquí. Por otro lado, creo que Yuutsumi tenía la llave, aunque no se supone que la usara para estas cosas.

El día era ventoso y podía ver a una chica hermosa recargada contra la pared que limitaba la azotea, que era bastante alta. El viento jugaba con su cabello. Miró hacia todos lados cuando me vio entrar. Supongo yo que no se suponía que subiera. Al menos no en este momento.

Creo que la intención de todo era asegurarse de que yo estaba dispuesto a perdonarla y de esa forma no pasar una vergüenza. Si no lo estaba, si la respuesta de Yuutsumi era negativa, ella podía irse y yo jamás me hubiera enterado que estuvo aquí. Ella tenía colgado el pase de visitante, aunque el área no estaba abierta a visitantes.

– ¿Sabías que estaba aquí? –

Preguntó en cuanto me acerqué, yo asentí con la cabeza.

–Maldita… –

Se quejó, evidentemente hablando de Yuutsumi.

– ¿Qué ocurre Himiko? –

Pregunté, de la forma más tranquila posible. Quizá Yamaki tenía su parte de razón, quizá había cosas de las que no queríamos hablar.

–No sé de qué estás hablando… Yuutsumi te dijo lo que le ordené ¿o no? –

No estaba precisamente arreglada, es más, puedo decir que apenas se tomó el tiempo de vestirse y sostener su cabello. Tenía puesto un suéter bastante más grande del de su talla, y una falda un tanto arriba de las rodillas.

– ¿Quieres sentarte? –

Pregunté, ella se enfadó.

– ¡Dime que respondes! –

–Que no quiero estar enojado contigo. –

Ella bajó la cabeza, luego suspiró y se sentó en el suelo. Yo hice lo mismo, sentándome a su lado, sin decir nada más, ella se acomodó el suéter sobre sus rodillas, mirando hacia el frente.

–Muéstrame tus muñecas. –

Ella escondió los brazos detrás de ella, al tiempo que volteaba en la dirección opuesta a donde estaba. Lo sabía. Lo había hecho de nuevo.

–No me culpes, estaba muy triste… lloré mucho anoche ¿Sabías? –

Se quejó.

–Lo escuché. –

Respondí simplemente.

–Nunca me habían rechazado ¡Sentí horrible! –

–Estás… ¿excusándote? –

Pregunté, ella permaneció en silencio, renuente, puso sus manos sobre el suelo, pero no dijo nada.

–No necesitas excusarte conmigo. –

Añadí, y luego de eso tomé su mano, sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no movió su mano, me permitió tomarla.

–Himiko… has estado extraña desde hace ya bastante tiempo. Dime la verdad ¿Te hace feliz salir conmigo? –

Ella se enfadó un poco, en su rostro hubo un asomo de coraje, luego se pasó. Ella enjugó las lágrimas.

– ¿Tu qué crees? Yo no pude soportar que no me vieras, así que vine. –

Me dijo, mirando al frente.

–Yo estaba allí para ti ¿Por qué no me veías? ¿Por qué no me dijiste que soy hermosa? ¿Por qué no te diste cuenta de que te necesito? –

Comenzó a quejarse, y a derramar más lágrimas. Yo la miré perplejo.

–Ah, no te lo había dicho ¿Verdad? ¿Te parece una sorpresa? Pues así es como son las cosas. –

Yo asentí, sin apartar mis ojos de ella porque no estaba seguro de que hacer para que ella dejara de llorar.

– ¿Y porque siempre debo llorar para tener tu atención? –

Se quejó luego, pero recargó su cabeza en mi hombro. Yo suspiré.

–No es que tengas que llorar para tener mi atención, yo estoy siempre pendiente de ti, no creí que tuvieras dudas sobre eso. –

–Pero te fuiste… –

Volvió a quejarse.

– ¿Por eso fue que hiciste esto? –

Levanté su manga para recordarle cual era mi problema principal. Ella me miró con amargura.

– ¿Por qué has estado comportándote así? ¿Hice algo mal de nuevo? –

Insistí, por fin ella me miró. Al parecer había pasado la noche sin dormir. Lo digo porque con el tono de su piel, cualquier cosa como esa se notaba demasiado, y ella no llevaba maquillaje.

–Quería hacerlo contigo. –

¿Eh? No pude procesar lo que ella estaba diciéndome.

– ¿Qué quieres decir? –

–Quiero decir, que quería tener sexo contigo, tengo muchos días así, pero… luego me da miedo y no puedo hacerlo, y me avergüenza sentirme de esta forma… y tú nunca tomas la iniciativa para nada. –

Se quejó, yo batí la cabeza. Es decir ¿Cómo esperaba que hiciera tal cosa si ella me había dicho que esperara? No comprendí.

–Quería hacerlo después del día del centro comercial… no quería cerrar la puerta, pero me avergoncé y la cerré… y el día después de ese, y después de ese… no dejo de pensar en eso… –

Ella se había despedido con un “hasta mañana” el día del centro comercial, yo me quedé parado en ese momento, no pensé que ella esperara otra cosa.

–Cuando te dejé tocarme aquella vez, fuiste bastante atrevido… incluso tocabas mis piernas, no creas que no me di cuenta, pero luego de eso… nada. Y cada vez que intento ser yo la que tome la iniciativa, digo algo estúpido, y me odio por ello. –

Si, lo admito, pasé una mano sobre sus piernas un par de veces en aquella ocasión, pero estaba concentrado en otra cosa, y no le di mucha importancia.

–Lo lamento. –

No estaba muy seguro de qué decir, así que comencé por disculparme. Ella negó con la cabeza.

–No lo lamentes, soy yo quien no se entiende a sí misma, no entiendo por qué, si eso fue lo que me gustó de ti, por qué ahora me molesta tanto… –

Volvió a mirar al vacío. Yo apreté su mano con fuerza.

–Te fallé además. –

Agregó, mostrando las marcas en sus muñecas.

–Anoche comencé a pensar que, yo ya no te gusto, y eso me dio mucho miedo… ¿Quién iba a querer a una mujer problemática que aparte de todo no puede tener sexo? –

–No entiendo como llegaste a esa conclusión, es cierto que te avergüenzas y eso no ayuda, pero tampoco es como que no puedas, dejando eso de lado, nadie dijo que no me gustaras. –

–No me has hecho cumplidos, así que pensé que… –

–Sabes lo que pienso de ti. –

Repliqué, sonriéndole, ella negó con la cabeza.

– ¡No me basta con saberlo, quiero escucharte diciéndolo! –

–Eres la mujer más linda que hay sobre la tierra. –

Ella enrojeció cuando le dije eso, y bajó la cabeza, yo sonreí. Al parecer todo este comportamiento tan raro tenía algo muy simple por detrás.

–No hace falta ir tan lejos. –

–Pero es la verdad. –

–Cállate. –

Era una faceta que no podía ver a menudo, es decir, estando tan roja que uno podría freír un atún sobre su cabeza. Pude haber continuado alabándola, pero sentí que no era necesario.

–Entonces ¿Lo haremos? –

Preguntó ella, mirándome con expectación. Fue un poco duro para mí sostener esa mirada.

–De acuerdo. –

Su orgullo era tan grande que yo en ocasiones olvidaba que ella era una chica. Quizá el hecho de llevar siempre las cosas a como ella dijera me había acostumbrado a conformarme, y por supuesto, eso trajo estos problemas de los que tampoco estaba muy dispuesta a hablar. Creo que esa frustración le metió la idea en la cabeza de que molestándome conseguiría lo que ella quisiera.

Quiero decir que ella hizo aquel comentario con la intención de provocarme, y por el contrario, me ofendí. En mi defensa solo puedo decir que resultaba bastante ofensivo para la época y la edad que ambos teníamos.

–––––––––

Después de que arreglamos las cosas, ella parecía renuente a mirarme. No la culpaba si le había resultado demasiado vergonzoso hablar de ello. Y aunque en cierta forma, con la edad que tenía todavía juzgaba un tanto mal hablar de esas cosas en voz alta, también entendí que si ella se quedaba callada al respecto de esto, sería un problema de nunca acabar.

–Supongo que debería irme. –

Me dijo ella, no parecía querer hacerlo de todas formas.

– ¿Cómo fue que conseguiste que te dejaran entrar? –

–Le pedí un favor a Yuutsumi. –

Respondió ella, bajando la cabeza. Yo sonreí y la tomé de la mano.

–He dejado de preguntarme cómo es que haces que la gente haga lo que tú dices, supongo que está en tus venas. –

Respondí, batiendo la cabeza, sin pensarlo demasiado, pero ese comentario la hizo feliz.

–Por supuesto que sí. –

Me dijo, inflando su pecho con orgullo.

–Hablando de ella. ¿Dónde está? –

Preguntó, más para sí misma que para mí. De todos modos le contesté.

–Ha ido a buscarme durante el descanso, luego la he dejado con Yamaki–san, ellas tenían un problema que resolver. –

– ¿Yamaki–san? –

Preguntó ella, el nombre le sonaba conocido, en ese momento me puse de pie, y le extendí mi mano para que ella se levantara.

–No es importante a estas alturas. –

Le dije, temiendo una pelea. En ese momento, la alarma sonó. El descanso había terminado. Yuutsumi apareció subiendo las escaleras mientras nosotros íbamos bajando.

–Venía a buscar a Tento–kun. –

Dijo ella, parecía apresurada.

– ¡Sama! –

Gritó Himiko. No tuve tiempo de decirle que aquello iba a desatar un montón de problemas si alguien escuchaba que me llamaba así. Yuutsumi bajó la cabeza.

–No quiero que tengas ninguna confianza con él ¿Comprendes? Te dirigirás con el mismo respeto que a mí, ya te lo había dicho. –

Himiko estaba enfadada. Tengo la impresión de que ella estaba celosa de Yuutsumi. Es decir, era linda, y sus pechos eran bastante grandes, creo que eran más grandes que los de Himiko. Pero en términos generales su belleza no era nada comparada con la de Kamakura.

Y yo había entendido, por las buenas, que el tamaño de los pechos no lo era todo en una chica, quizá ni siquiera era lo más importante.

–Lo siento mucho, no volverá a suceder. –

Yuutsumi juntó sus manos e inclinó su cabeza en señal de respeto. Luego se volvió hacia mí.

–Tento–sama debe volver a sus clases, los maestros comenzarán a preguntarse en donde está si no lo hace… y no saben que he abierto este sitio. –

Dijo. Yo asentí, y volteando a ver a Himiko, sostuve su mano suavemente.

–Te veré en un rato. –

Le dije, ella me sonrió y asintió. No había nada mejor que verla sonreír, eso era seguro.

Luego bajé las escaleras corriendo, dejando a Himiko junto a Yuutsumi. Entré al salón corriendo.

– ¿A dónde has ido? Tento… sama. –

Se burló Yamaki en cuanto entró, los dos compañeros que teníamos comenzamos a hacer burla del modo en que se refirió a mí.

–No digas esas cosas. –

Le respondí a Yamaki, un tanto de mal humor. Pero ella simplemente comenzó a reír.

–Fue muy gracioso escucharla decir eso ¿Por qué te llama de ese modo en primer lugar? –

Preguntó Yamaki, una vez que su risa tonta se lo permitió.

–Es un poco complicado de explicar. –

Respondí yo. Sacando mi cuaderno, la clase recomenzó.

––––––––––

Durante el segundo descanso, pude por fin tomar mi desayuno con Yamaki, quien parecía contenta de que por fin podía comer algo. Todo el asunto de Yuutsumi no la dejó desayunar. Debí ser más considerado con eso, de todos modos.

–Siempre tomas el desayuno conmigo. –

Me dijo Yamaki casualmente, yo voltee a verla.

– ¿Eso te molesta? –

Pregunté, algo contrariado, ella negó con la cabeza.

–No, pero me parece difícil pensar que no tengas más amigos, no es normal. –

–Puede ser porque no conoces a mucha gente que venga de fuera. –

Le respondí, mordiendo mi trozo de sándwich. Ella miró hacia arriba.

– ¿Desde cuando eres amigo de Yuutsumi–Sempai? –

Preguntó luego de una pausa.

– ¿Qué es lo que quieres saber? –

Pregunté finalmente.

–Oh, nada, es solo que siempre tomas el desayuno conmigo y no con ella… pensé que había algún motivo detrás de ello. –

Comentó ella, y lo pensé por un momento. Ella estaba tratando de buscar cualquier posibilidad de bueno… tener una oportunidad. Me decidí a terminar con su esperanza, era por su bien.

–Lo hay, eres mi amiga, y fuiste la primera persona que conocí en la escuela, es todo. –

–Buuu, que aburrido. –

Respondió, con cara de tedio.

–Te recuerdo que tengo una novia. –

Le repliqué. ¿Qué otro motivo podía haber?

–Mi madre ha preguntado por ti. –

Me dijo ella, mirándome atentamente. Yo recordaba a la señora, es cierto que era atractiva, pero yo tenía una promesa que quería mantener. Admito que por unos momentos me pasó por la cabeza, es decir, nadie tenía que enterarse, pero aquello sin duda era meterse en problemas.

–Puedes decirle que estoy bien. –

– ¿Qué tengo que hacer para que nos hagas caso? –

Preguntó ella, molestándose.

–No hay nada que puedas hacer, como dije, tengo una novia. –

El concepto de infidelidad no era ajeno a mí, pero no me satisfacía, a pesar de que sabía que lo que ella estaba proponiéndome no era nada nuevo… espera. ¿Ella dijo “nos”?

Decidí que no pensaría más en el asunto al tiempo que ella guardaba sus cosas y se iba. Si tan molesta estaba de que yo tuviera una novia ¿Por qué me daba consejos entonces? No logré comprenderlo.

––––––––––

Antes de salir de la escuela, llegó un SMS a mi celular. Lo revisé mientras sonaba la alarma que indicaba la salida de clases.

“Estaré afuera esperando de tu instituto. No me hagas esperar demasiado, tienes que salir pronto ¿Entiendes? Hace calor.

–Himiko. ”

Seguro que ella no estaba contenta de estar allí afuera. Pero el hecho sólo de haber recibido un mensaje de Himiko me hizo bastante feliz, además de todo, ella estaría esperando por mí. Salí de mis clases apresurado. Yamaki volteó a verme significativamente mientras yo caminaba por el pasillo y llegaba al casillero.

Cuando salí de la escuela, fue fácil ver donde estaba Himiko. Solo tenía que seguir las miradas de todas las personas a mi alrededor. Fue un poco difícil avanzar entre la gente que comenzaba a arremolinarse como las moscas alrededor de la miel. Y claro, en el centro del tumulto, estaba Himiko, sentada, junto con Yuutsumi–Sempai.

Había mucha gente, la mayoría eran chicas, porque los hombres no se atrevían a acercarse. Comentarios como “Que bonito cabello” “¿Dónde compras tu ropa?” “¿En qué escuela vas?” y “Seamos amigas” podían escucharse una y otra vez, haciendo eco en la multitud. Himiko sin embargo, permaneció impasible, con los ojos cerrados y posición de aristócrata mientras se dejaba admirar por las chicas (y, lo admito, algunos hombres, los más valientes) que estaban a su alrededor. Era Yuutsumi–Sempai quien respondía a todas las preguntas.

Aunque casi siempre lo que decía era: “Kamakura–sama está aquí sólo porque viene a ver a alguien, no la molesten.” Tiene que haber dicho eso como unas veinte veces en el tiempo en que tarde en acercarme. Un sujeto llegó antes que yo hasta ella.

– ¿Me podrías dar tu teléfono? –

Preguntó. Himiko volteó hacia arriba, lo miró por unos momentos, y lo ignoró por completo después. Yuutsumi–Sempai se disculpaba cuando yo llegué hasta ella.

–Te tardaste. –

Se quejó ella, poniéndose de pie. No se parecía en nada a la Himiko que yo había encontrado en la azotea. Sin embargo, era mucho más como la Himiko que yo conocía, y a la que yo sabía cómo hacer feliz.

–Lo lamento, no volveré a tardarme tanto, tuve que apresurarme. –

–Entonces te perdono. –

Dijo. Las personas comenzaron a mirarme como si yo hubiera hecho algo malo. A diferencia de ella, yo no estaba para nada acostumbrado a ser el centro de atención. No digo que supiera como pasar desapercibido, pero esto era demasiado.

Muchas chicas se sintieron ultrajadas de que ella me pusiera atención solamente a mí.

–Oye tú, espera tu turno. –

Gritó una de ellas, de las que estaban más cerca, de cabellos anaranjados y apariencia un tanto varonil, eso hizo enfadar a Himiko. La miró por un momento, antes de girarse, despreciándola.

–Yo decido quien merece mi atención y quién no. –

Dijo Himiko, esto dejó helada a la chica, quien no supo cómo responder y bajó la cara. Las demás voltearon a ver a Himiko, preguntándose si tendrían la misma suerte.

– ¿Nos vamos? No me gusta el tumulto de gente. –

Lo cierto es que ahora ella estaba vestida como toda una celebridad, de esas veces que sabía que con solo pararse en un sitio su belleza comenzaría a atraer la atención. Estas personas eran solamente los mosquitos que se ven atraídos por la luz. Y como tal los trató.

Yo no tuve otra opción que marcharme después de eso. Habíamos llamado demasiado la atención y Yuutsumi–Sempai tuvo que quedarse a cargo de dispersar a la gente que no sabía lo que estaban haciendo allí, pero a la que no se podía mantener alejada. Himiko caminó entre la multitud que, sin que ella dijera absolutamente nada, se separó para que ella pudiera pasar.

Hubo algo que en ese momento no tomé demasiado en cuenta. Con el alboroto y todo, no me percaté de que un carro color azul oscuro estaba parado cerca de donde la multitud, y una vez que comenzamos a movernos, arrancó.

–Me alegra ver que estás mejor. –

Le dije, ella volteó a verme inexpresivamente por unos momentos. Pasábamos a orillas de un parque. Ella parecía haber notado el auto también.

– ¿Quieres jugar a algo? –

Preguntó ella. Yo no comprendí, pero asentí con la cabeza.

–Corre. –

Dijo ella, tomándome de la mano, y comenzamos a correr, el auto aceleró. No era paranoia mía, nos estaban siguiendo. Lo único que podía pensar era ¡Oh demonios! Pero Himiko parecía estarse divirtiendo, jalé a Himiko del brazo y nos metimos al parque corriendo y el auto dio la vuelta para seguir por la calle que limitaba el parque, pero como no podía entrar en él sin que hubiera policías de por medio, al poco tiempo, los perdimos.

¿Qué rayos fue eso?

Me preguntaba mientras respiraba agitadamente, Himiko también estaba agitada.

– ¿Qué fue lo que pasó? –

Pregunté, un tanto alterado, a pesar de que ella estaba feliz, incluso se reía.

–Son hombres de mi padre, los manda de cuando en cuando, para saber en dónde estoy y lo que hago. –

Me dijo ella. ¿A su padre le importaba saber acerca de ella? Bueno, supongo que en su posición y con su estatus, el hombre no podía ignorar que tenía una hija de diecisiete años. Aunque quisiera, sus compañeros y sus rivales lo recordarían.

– ¿Los perdimos? –

–Creo que sí… fue divertido. –

Creo que ella disfrutaba haciéndole la vida difícil a su padre. No me parecía del todo correcto, aunque no entendía tampoco su situación, no le dije nada, si ella estaba feliz, por mi perfecto.

–Imagino que la escuela llamó a mi padre para informar que no estaba allí, entonces mi padre los envió. –

Explicó ella, luego se paró frente a mí.

–Pero los perdimos, gracias a ti. –

Me dijo, mirándome con una sonrisa, parecía una niña pequeña ahora, me refiero a su expresión, triunfante, satisfecha.

Nos fuimos a casa después de eso, cuidándonos un poco por si volvían a aparecer.

Si hubiera sabido la importancia que ese acontecimiento iba a tener en mi vida, quizá no hubiera logrado dormir tranquilo después de aquello. Pero Himiko insistió en que no tenía ninguna importancia. Y en aquel momento creo que no la tenía.