Jimen no Hoshi C2

Modo nocturno

Capítulo 2: Un ángel con mal carácter.

Hice mi viaje a casa durante el fin de semana. Mi madre estaba especialmente contenta de verme y de comprobar por si misma que no me había ocurrido nada. Mi padre también parecía bastante feliz de verme. Aunque ahora que le iba mejor a toda su empresa, el trabajo se le acumulaba en ocasiones. Le di la caja a mi madre, cenamos como familia, y me fui a dormir.

Por la mañana, tuve que subir al tren para volver a la ciudad, y estar listo para el ingreso a clases del día siguiente. No tuve tiempo de ver a Ibiki, aunque por ser de la misma edad que yo, probablemente estaba también preparando sus cosas para el ingreso al instituto. Es algo que no puede evitarse.

Y regresando a mi cuarto, lo único que hice fue dejar mis cosas listas, poner mi alarma para el día siguiente, y me dormí. No me culpen, estaba algo cansado por el viaje.

Pero como me dormí al menos dos horas antes de mi hora habitual, volví a despertar de madrugada. Miré mi reloj, las dos de la mañana. Hubiera dado lo que fuera por darme la vuelta y volver a dormir, pero no pude hacerlo. Convencido de que necesitaba un poco de aire, me puse de pie y abrí la ventana.

Mientras pensaba en el tipo de cosas que encontraría el día de mañana en el instituto y otras cosas sin ningún sentido por el momento, escuché una puerta que se abría. Así que no era el único despierto a estas horas del día. Sin pensarlo demasiado, salí del cuarto para averiguar de quien se trataba. La luz que daba al pequeño patio de la casa estaba encendida.

Bueno, quizá salir al patio sería la mejor opción. Eso pensé, o eso quería pensar, el corazón comenzó a latirme muy fuerte, la verdad es que tenía la impresión de que era Kamakura quien se hallaba despierta. Si era así, quizá por fin podría conocerla. La idea me hacía ilusión. ¿Qué estaba haciendo una chica en el patio a esta hora? Me preguntaba mientras bajaba las escaleras lo más silenciosamente que podía.

Cuál no sería mi sorpresa, al encontrarme con la misma chica hermosa a la que había visto en aquel callejón, cabello castaño y largo, ojos color miel en una mirada que no expresaba absolutamente nada, y con un cigarrillo en la boca. En cuanto me vio, lo único que hizo fue ponerse de pie, tirar el cigarrillo lejos de ella, y entrar a la casa, sin decir siquiera una palabra.

Me quedé allí parado por la impresión, un montón de preguntas se me vinieron a la mente. ¿Era ella Kamakura–san? ¿Estaba fumando? Si, por supuesto que estaba fumando. Una chica que fuma a esa edad no es para nada agradable. ¿Qué pasó en aquel callejón? ¿Qué contenía el sobre que ella entregó a ese sujeto sospechoso?

Me llevé, al menos en ese momento, una grave desilusión. Lo único que uno no se espera cuando hablamos de una chica escolar, es que tenga tratos con gente sospechosa, Era una verdadera pena. Supongo que lo que ella pensó es que la delataría. Algo así bien podría hacer que la casera la echara de aquí. Pero la verdad es que, como no era mi asunto, no estaba del todo dispuesto a denunciar algo así, yo nunca he sido la clase de persona que se mete en los asuntos de los demás, por buenos o malos que sean.

Reaccioné después de un momento y entrando a la casa, subí las escaleras justo a tiempo para escuchar como ella cerraba la puerta de su alcoba. Ni que hacerle, la presentación, si es que iba a haber tal, tendría que esperar. Pensaba en eso mientras entraba a mi propio cuarto, donde me encontré con que en el suelo, había ahora un sobre amarillo, con dinero.

Espera ¿Me estaba sobornando?

––––––––––

Tener el sobre en mis manos no me permitió conciliar el sueño. Simplemente no hacía más que pensar en lo que había visto, y mirar el sobre. Era bastante dinero, más de lo que gasté cuando compre los útiles, más de lo que gasté en las cajas de música, para dejarlo en claro, había suficiente dinero en el sobre para comprar una computadora. Por lo visto valoraba mucho su estancia en este sitio.

Podía aceptar el dinero y fingir que nada de esto había pasado. Podía comprarme algunas cosas con esto. Podía optar por hacer lo correcto y decirle a Oshizu–san lo que había visto, aunque tuviera que regresarle el dinero a esa tal Kamakura. O podía hacer lo que realmente quería hacer, devolver el dinero, y no decir nada. No sentía que ninguna de las tres estuviera bien en absoluto, así que no llegué a ninguna conclusión en toda la noche.

Cuando a amaneció, yo ya estaba listo para ir a la escuela, aunque para la hora de entrada faltaban todavía cuatro horas. Así que lo único que hice fue salir del cuarto y buscar a Oshizu–san para avisarle que desayunaría fuera. Lo único que quería era matar algo de tiempo. Mientras hablaba con la casera acerca de esto (le dije que tenía que hacer unas compras y que no tendría tiempo si esperaba al desayuno) la chica del día de ayer salió de su alcoba y de la casa, sin decir ninguna otra cosa que “Ya me voy.”

Me despedí de Oshizu–san lo más pronto que pude, y tomando también mis cosas (Ella salió con mochila en el hombro) salí corriendo a alcanzar a Kamakura, al menos con la intención de devolverle el dinero. Ella no fue muy amable que digamos. Me paré enfrente de ella cuando por fin la alcancé.

– ¿Qué quieres? –

Me preguntó ella. Anoche no pude prestar atención, y el día en que la había visto entregar ese sobre tampoco pude verla bien. Pero era la chica más hermosa que yo hubiese visto en toda mi vida, sin duda alguna. Su cabello, sus ojos, su piel, sus labios, todo era perfecto. Parecía un ángel. Lo único que no estaba muy bien, era su lengua. Me refiero al tono que usaba.

–Yo sólo… –

Ella me interrumpió, cruzando los brazos con un gesto de tedio.

–Si no tienes nada que decir entonces vete, llevo prisa. –

–Puedo acompañarte, si quieres. –

Esperaba que se sonrojara y dijera algo como “No es necesario” es decir, es lo que cualquier chica haría, pero estaba claro para mí, que ella no era cualquier chica, y ella se encargó de despedazar esa idea todavía más.

– ¿Por qué? Van a empezar a murmurar si nos ven juntos, no quiero eso, vete ahora. –

No supe si ella estaba siendo engreída, Tsundere, o si de verdad me odiaba, para cualquiera de los tres, lo mejor era quizá que obedeciera.

–De acuerdo, lamento la molestia. –

–Sí, lo que digas, me voy. –

Vaya, que chica con tan malos modales. Cuesta trabajo creer lo bella que era. Sin duda sería mejor si mantengo mi distancia de ella de ahora en adelante, esperaba poder devolverle el sobre, pero supongo que podía dejarlo debajo de su puerta al volver de la escuela.

––––––––––

Hice tal como había dicho a Oshizu–san, desayuné fuera, hice algunas compras, entre ellas una caja de obento nueva, porque mi padre me había dado algo de dinero extra para esta clase de cosas, una pluma que a mí me pareció elegante, y un par de calcomanías para ponerle nombre a los cuadernos. A las once de la mañana, yo estaba presenciando la ceremonia de ingreso de mi nuevo instituto.

Tengo que decir que era refrescante, había en mi salón algunas personas que ya se conocían, así que pronto se formaron los grupos de amigos, antes de que comenzara la primera clase, ya podías distinguir a quienes iban a almorzar juntos durante el resto del año escolar.

A mi pupitre se acercó una chica con el cabello rosa.

–Tu. –

Dijo ella, yo volteé a verla. Era la chica de la tienda.

–Sólo para que estés enterado, mi madre es una mujer casada, y aunque no lo fuera, eres muy joven para ella, búscate a alguien de tu misma edad. –

Dijo ella, en medio de toda la clase. Yo me puse rojo como un tomate. Algunas personas que estaban cerca comenzaron a reír.

–Harusaki–chan, no le digas esas cosas al chico, es nuevo, y es evidente que no tiene amigos aquí. –

Alguien desconocido me defendió desde detrás de esta chica celosa de cabellos rosados. Un sujeto con apariencia de buena gente salió de alguna parte y puso su mano en la cabeza de la chica, a quien yo acababa de conocer como “Harusaki”

–Mejor preséntate, y vamos a llevarnos bien todos. –

Aconsejó el chico.

–No te metas en esto Nii–san. –

Le respondió la chica, luego volteo a verme con abierta desconfianza.

– ¿Nii–san? –

Pregunté, ladeando la cabeza, sin comprender, no se parecían mucho que digamos.

–Somos primos, de parte de nuestros padres, pero ella siempre me dice así a pesar de que somos casi de la misma edad. Me llamo Yamaki, Satou Yamaki, puedes llamarme por mi primer nombre si quieres. –

–Yo soy Yamaki Harusaki, si me llamas por mi primer nombre llamaré a la policía. –

Se presentó la chica. Yo me llevé las manos a la cabeza. ¿Es que aquí nadie se llevaba bien con los desconocidos?

–Mi nombre es Tento Daitako, es un placer, aunque Yamaki–san no pueda decir lo mismo, lamento si les causé alguna molestia a tu madre y a ti en aquella ocasión. –

Una presentación que lleva una disculpa no es precisamente el mejor modo de iniciar una amistad, pero puede ser también que mi mirada haya incomodado a la señora en aquella ocasión, como dije antes, no fui demasiado discreto.

Harusaki bajó la cara un momento, como meditando algo, luego levantó la cara.

–Si bien, pareces una buena persona, así que te perdono, es un gusto de cualquier manera. –

Dijo ella, mientras su primo se llevaba la palma a la cara. En ese momento sonó la alarma que anunciaba el comienzo de la clase, y el profesor de física entró mientras todos ocupaban sus lugares.

Las clases en el instituto fueron duras, para ser de nuevo ingreso, quiero decir, las clases avanzaban de una forma mucho más voraz cuando estabas en el colegio. Me refiero a la rapidez con la que te mostraban un concepto y pasaban a otro. Tuve que tomar muchos apuntes para no perderme en las clases. A pesar de todo, fue un excelente primer día. Como no había dormido nada bien la noche anterior, tuve que usar los pocos descansos que hubo para dormir un poco. Quizá es algo desconsiderado de mi parte ya que es nuestro primer día, pero por otro lado, la verdad es que necesitaba dormir.

Cuando las clases terminaron, mis dos nuevos amigos me miraban como si quisieran decirme algo, pero como no hablaron, no pasó nada más que eso. Me despedí de ellos y abandoné el salón.

––––––––––

Con todo lo que había pasado en las clases y esas cosas, olvidé que yo aún llevaba el sobre con dinero en la bolsa. Lo recordé mientras entraba a la casa. ¿Cómo rayos iba a devolver ese sobre? Me preguntaba ahora. Quizá la mejor opción era la que había pensado en la mañana. Oshizu–san preparó la cena. Como de costumbre, la susodicha Kamakura no parecía que fuera a bajar a cenar, tal vez ella ni siquiera había llegado aún.

Después de eso, hablé por teléfono a casa. Pensaba en contar a mi madre que mi primer día de escuela había ido bastante bien, pero de algún modo acabé abordando el tema del dinero.

Claro que no lo dije directamente.

…Madre, si en una situación hipotética yo recibidera dinero por haber visto algo que no debería ver ¿Debería devolver el sobre?

…¿Qué fue lo que viste?

Mi madre se alarmó.

…Yo sólo hablaba de forma hipotética ¿sabes?

…Tu tono no suena a que sea algo hipotético ¿Qué ha pasado?

Insistió ella.

…La verdad es que un compañero en clase… me preguntó, yo le dije que debería hablar sobre lo que vio, pero él no parecía demasiado convencido, y me estaba preguntando, si le había dado… un buen consejo. –

Expliqué, tratando de sonar convincente. Mi madre pareció pensarlo por un momento.

…No quiero que te entrometas en asuntos que no son tuyos, pienso que si esa persona vio lo que sea que haya visto debe hablar de ello, pero si vas a herir a alguien por lo que vas a decir, entonces tal vez lo mejor sea mantener la boca cerrada. ¿Es un asunto que amerite llamar a la policía? –

…Bueno… no realmente, era más bien de poca importancia. –

Le dije. Bueno, si lo comparábamos con muchas otras cosas que realmente eran un crimen, lo que yo había visto carecía de importancia.

…Entonces pienso que no hay para que alarmarse, como sea, no me gustaría que te vieras envuelto ¿Entiendes? Tienes que mantener tu buen nombre.

…Lo entiendo madre, no voy a defraudar tu confianza.

Aseguré, escuché un suspiro al teléfono.

…¿Vendrás a casa el fin de semana que viene?

Preguntó ella, yo no había planeado todavía nada para ese día, pero por otro lado, mis clases acababan de comenzar, y si todo iba a ser tan duro como lo había sido el día de hoy, yo tendría que esforzarme mucho. Le dije la verdad a mi madre.

…A decir verdad, todavía no lo sé, depende de muchas cosas, las clases especialmente, son duras.

…De acuerdo, entonces esfuérzate mucho ¿De acuerdo?

…De acuerdo, me esforzaré, lo prometo.

Colgué después de aquello, y subiendo las escaleras, me dirigí a mi habitación.

––––––––––

Antes de entrar a mi alcoba, me pareció que era una buena idea acabar con lo del asunto del soborno de una buena vez. Había decido que no diría nada, y si así era, entonces yo no tenía nada que hacer con este dinero que, en teoría, no era mío. Incluso si no se podía hablar con ella para nada, al menos le devolvería su dinero. Yo no soy un extorsionista.

Así que simplemente deslicé el sobre por debajo de su puerta. Sabía que ella estaba allí, porque la había visto entrar, pero por otro lado, yo no tenía la confianza para entrar y hablar con ella, mucho menos con la forma en que me había tratado esta mañana. No era para nada amigable, y parecía problemática.

No hubo respuesta, quizá aún estaba enfadada, o ella era malhumorada de nacimiento. Sin tomarle más atención en ese momento, volví a mi habitación y me dispuse a repasar un poco las lecciones del día.

Al parecer Kamakura no entendió el mensaje, porque después de veinte minutos, el sobre volvió a entrar a mi habitación, de la misma forma, por debajo de la puerta.

Para cuando cogí el sobre y abrí la puerta de mi habitación, ella ya había cerrado la de la suya, miré dentro del sobre, ella había puesto más dinero en esta ocasión. ¿Qué se creía que era yo? Suspiré. Así que tenía que decirlo ¿no? bien. Que así sea. Me preparé mentalmente para una escena similar a la de la mañana, mientras me dirigía a su cuarto y toqué la puerta.

No hubo respuesta. Toqué con más fuerza esta vez. Sólo esperaba no molestar a Oshizu–san con esto. Pero la casera no apareció, quizá no estaba en la casa. Volví a tocar y esperé, iba a deslizar el sobre por debajo de su puerta y volver a mis cosas cuando la puerta se abrió violentamente.

–¡¿Qué es lo que quieres?! No tengo más ¿sabes? ¡Nada! Es todo lo que tengo, no puedes hacerme esto. –

Me chilló. Incluso tenía lágrimas en los ojos. Me sorprendí tanto que no pude decir nada, ella me miraba con coraje.

–No quiero… tu dinero. –

Fue lo que le dije. Ella dio un paso atrás, y mostró un rostro incluso más hostil. Me tomó por el cuello de la camisa, y me metió a su alcoba, cerrando la puerta con violencia, fue más como si me arrojara al suelo de su habitación. Caí de bruces con un golpe sordo.

Ella se puso a caminar nerviosa de un lado a otro de la habitación, como si estuviera pensando en algo. Así que si esperaba que ella se disculpara, estaba esperando en vano, me puse de pie como pude mientras la miraba caminar. Sus piernas brillaban con la luz de la tarde.

Solo entonces me percaté de algo. Ella no estaba bien vestida. Llevaba una sudadera holgada de color negro, y calcetines, pero fuera de eso, ella estaba en ropa interior. Y a pesar de que la sudadera cubría completamente sus pantis, de todos modos era una forma de vestir bastante… reveladora, al menos para mí.

Finalmente ella volteó a verme. Daría lo que fuera por ver algo que no fuera coraje en ese rostro tan bello.

– ¿Vas a decirle a la anciana? –

Preguntó ella, incluso se refirió a la casera como “anciana” no pude evitar sentirme molesto al respecto, sobre todo porque Oshizu–san siempre ha sido amable conmigo.

–Si vuelves a llamarla así, entonces se lo diré. –

–No suenas muy convincente al hablar cuando estás mirándome así… pervertido. –

Dijo ella con un dejo de asco.

– ¿Cómo voy a evitarlo? Pudiste ponerte algo antes de abrir la puerta. –

Repliqué, no era mi culpa.

–Bueno, soy de las que se sienten cómodas en su cuarto… disculpa “señor decencia” –

Dijo ella, dándose la vuelta para no mirarme. La sudadera, aunque era obvio que le quedaba muy grande, parecía tenerla bastante difícil cubrir su trasero por completo. Aun así tengo que admitir, que no se podía ver nada, tristemente.

–Bueno, ya que admitiste que no vas a decir nada, entonces márchate. –

Dijo ella, y al instante, dejó de prestarme atención. Se sentó sobre su cama y se puso a leer no sé qué cosa.

Yo arquee una ceja. ¿Solo así? Ni siquiera sabía su nombre. Finalmente me vi forzado a admitirlo. Me molestaba, me irritaba mucho que ella no se hubiera dignado en presentarse. ¿Quién se creía que era? No digo que quería hacer una gran amistad con ella, pero al menos llevarnos bien, era lo menos que uno podía hacer en una situación como la nuestra ¿O no? es decir, siquiera saber su nombre, no estaría tan mal.

Me molestó que me tratara como si fuera yo poca cosa.

Ella era la mujer más bella que yo hubiera visto nunca, vivía en el cuarto de al lado, y no sabía su nombre. No lo pude sufrir.

– ¿Puedes decirme cómo te llamas? –

Ella me miró con cara de fastidio.

–No. –

Dijo ella, sin mirarme, sólo mirando su libro. Yo volteé alrededor. Un montón de cosas pegadas por todos lados, acerca de esos grupos de música estridente que hay en el extranjero. Algunos tenían imágenes de demonios occidentales, aunque no se en que se diferenciaban éstos de los japoneses.

– ¿Cuánto tiempo planeas husmear mi alcoba? ¿Tienes algún problema? ¿Por qué no te vas? –

Preguntó ella, supongo que perdiendo la paciencia, yo me senté tranquilamente en el suelo, como anunciándole que no iba a irme.

– ¿Qué quieres? –

–Ya te lo dije. –

Respondí, renuente.

–¡Aggh Moo! Me llamo Himiko, Kamakura Himiko ¿De acuerdo? ¿Estás feliz ahora?. –

Ella me chilló todo eso al tiempo que arrojaba su libro al suelo. Al parecer no era buena lidiando con la frustración. El nombre también era perfecto para ella.

–Te queda. –

Le dije, poniéndome de pie. ya me había dicho su nombre, no tenía nada más que hacer aquí, y siendo sinceros, sus ropas no eran precisamente las más recatadas, si la casera nos encontraba en esta situación, probablemente estaría en problemas.

Ella se puso de pie y se colocó delante de la puerta, yo contuve el aliento mientras ella señalaba a uno de los muebles, en donde estaba  la caja que yo había dejado hacía varias noches en su puerta.

–Llévatela si quieres. –

Dijo, aquello fue algo… doloroso la verdad, ella escupió la verdadera razón de aquellas palabras después.

–La pusiste afuera para callarme ¿No es cierto? Pudiste haber tocado la puerta y decir que estabas escuchando. –

Ella dijo esas cosas con desprecio, pero según había escuchado a Oshizu–san, ella había puesto la caja a sonar varias veces al día siguiente.

–Es cierto que escuchaba, pero… no lo hice para callarte, pensaba que te haría sentir mejor, como sea, fue un obsequio. –

Le dije y quise irme, ella me dio un leve empujón, y me miró luego como si fuera yo quien le hubiera empujado a ella.

–Te vas sin decirme tu nombre, ya te dije el mío ¿No se supone que eras formal? –

¿Qué de formal tenía esta situación? Me preguntaba en ese momento, pero asentí, y haciendo una reverencia, me presenté formalmente. “Lo que sea que me saque de aquí más rápido” pensaba.

–Tento Daitako, espero llevarme bien con usted. –

Hice mi presentación lo más formal posible. Ella hizo un gesto de desaprobación.

–No nos vamos a llevar bien, eres un imbécil, y un pervertido que no ha parado de mirarme las piernas desde que entró, así que no, no quiero llevarme bien contigo. –

Me dijo.

“Al demonio” pensé, mientras le daba la vuelta como podía y salía de allí. Entré a mi cuarto pensando en que aquella era una chica problemática. No sabía cómo ser considerada con los demás, ni parecía importarle mucho. Sí, salí pensando que definitivamente, ella no me agradaba.

Pero lo cierto, es que, a partir de ese día, sin importar lo que hiciera o donde estuviera, no pude pensar en nada que no fuera ella.