Jimen no Hoshi C21

Modo nocturno

Capítulo 21: Ganar es Ganar

–Wiiiiii… –

¿Alguna vez pensaron que verían a una princesa decir algo así? Bueno. Yo no.

Estábamos a punto de abordar el autobús porque era el fin de semana, y yo le había comentado a mis padres que quería pasarlo en casa. Así que al salir de la escuela el viernes, fuimos a la estación para poder tomar el autobús. La razón por la que ella estaba tan feliz en realidad, es porque hacía mucho viento y sus listones de su sombrero volaban con él.

Ella llevaba un pequeño sombrero con un moño, de esos que se usan en verano. Mientras yo miraba las líneas de los autobuses, preguntándome si tendríamos tiempo de pasar por algo de comer, el viento sopló y yo voltee a verla cuando la escuché decir eso. Pero ella no me prestó atención en absoluto.

Estaba de un especial buen humor. Me apena un poco decir que había una razón para que así fuera, por indecente que ésta pueda parecer.

–No pensé que estarías feliz de conocer a mis padres. –

Comenté, más que nada para hacerle notar que estaba mirándola, ella recuperó la compostura instantáneamente, luego me miró con confusión.

– ¿No debería? –

–Bueno, la verdad es que estoy algo nervioso, mi madre puede llegar a ser algo… especial, no sé qué pueda pasar si se queda con alguien que no conoce todo un fin de semana. –

Expliqué, pero la mirada de “Tendrás problemas si continúas con eso” apareció en su rostro.

–Puedo llevarme bien con la gente ¿Eh? –

–Lo sé pero… –

–Te presentaría a mi padre si no lo hubieras conocido ya. –

Un escalofrío recorrió mi espalda. Aunque para ella no representara una amenaza, a mí me seguía dando escalofríos al recordar cómo me miraba.

– ¿Estás tú bien con esto? –

Pregunté. No tenía que ser tan apresurado, podíamos encontrar otro momento para hacer cosas, y evitar a mis padres…

–Creo que no estás entendiendo… estoy segura, de que tus padres estarán agradecidos de que una chica como yo salga contigo. –

Ahh, de allí su seguridad. Yo sonreí sin poder evitarlo, eso era más como era Himiko de lo que se había comportado esta última semana.

–Y en caso de que no, tú me protegerás a mí ¿cierto? –

Preguntó. Me puse serio por un momento, no creo que la presentación fuera nada parecida a la que yo tuve con el señor Kamakura, de eso estaba seguro. Pero no tuve el valor de decirle eso a Himiko.

–Claro que sí. –

–Bueno, no es como que tus padres se parezcan en nada al mío, estoy segura de ello. –

Ella si lo dijo, no dije nada, sólo asentí con la cabeza y seguí mirando los horarios. Ni hablar, habría que esperar hasta estar en casa para comer. De otro modo quizá terminaríamos llegando pasada la media noche, eso no me lo podía permitir, mi madre seguro que se enfadaba por ello.

–Parece que tenemos que abordar el de las cuatro de la tarde. –

Expliqué, Himiko se acercó a donde yo estaba, pensativa.

– ¿No puede ser antes? –

Preguntó, faltaban como quince minutos, yo negué con la cabeza.

–No hay ninguno antes que ese, el anterior pasó hace más de una hora. –

–Podemos pedir un auto que nos lleve. –

Se quejó. Negué con la cabeza, un taxi nos cobraría demasiado por un viaje tan largo.

–Sería demasiado caro, además, me gusta el autobús, ya entenderás por qué. –

Le aseguré, ella asintió con la cabeza.

–Bien, si no puede hacerse nada… –

Y caminamos al andén donde esperaríamos el siguiente autobús para salir. La casera estaba advertida por supuesto, aunque no estuvo para nada de acuerdo. Espero que ella no esté muy enfadada, quizá debería traerle un presente por guardar silencio.

Así fue como terminé en un autobús con una chica hermosa, pensando en cómo sobornar a mi casera.

–––––––––

Sucedió que el camino fue demasiado largo para Himiko, quien al parecer nunca había viajado tanto de un solo tirón. No sé si haya ido en avión a alguna parte, pero el viaje duró cuatro horas, y ella se quedó dormida después de la primera. “¿De qué sirvió que quisieras sentarte junto a la ventana entonces?” pensaba mientras la miraba dormir, acomodé su cabeza para que pudiera recargarse bien, los asientos eran bastante cómodos en realidad.

Por supuesto que en automóvil hubiera sido menos tardado, el autobús daba una vuelta enorme para poder salir, y por la hora en la que lo tomamos, había algo de tráfico en la ciudad. El automóvil hubiera podido tomar la carretera transversal casi desde el primer momento. Pero ese no era el punto, de todas formas seguían siendo tres horas de carretera, es decir, por algo había buscado una casa en donde quedarme.

Mi madre me llamó mientras aún estaba en camino. Era el atardecer y el autobús había tomado buena velocidad al salir a la carretera.

… ¿Dónde estás? ¿Has abordado ya el autobús? ¿A qué hora llegarás?

Mi madre preguntó todo en cuanto respondí el teléfono.

…Ya hemos abordado, no debería faltar mucho de todos modos, ¿Irá mi padre a la estación?

…Si, está aquí, preguntándome cada diez minutos si debería salir ya, es por eso que te pregunto ¿Falta mucho tiempo?

…Como una hora, según el horario deberíamos estar allá a las ocho y diez de la noche.

Mi madre suspiró, creo que ella hubiera esperado que abordara el autobús anterior. Otra cosa que me llamó la atención es que mi madre parecía estar evitando el tema de que venía acompañado, puede que estuviera siendo un poco paranoico, pero en mi situación, lo único que quería es que mi familia la aceptara, y que confiara en ella, era importante, más de lo que lo sería normalmente.

…Entonces le diré a tu padre que espere, Daitako…

Y enmudeció al teléfono. Aquí viene:

…¿Viene ella contigo?

Sus sentimientos acerca del tema eran completamente audibles en su tono de voz, estaba angustiada, aunque no sabría decir por qué exactamente.

…Está dormida, parece que el autobús resultó somnífero para ella.

Le dije, era más que nada para dar el tema por sentado. Es decir, habíamos hablado de esto con anterioridad, no era una sorpresa, en modo alguno.

…¿Qué dijeron sus padres?

…No lo saben.

Dije la verdad, no quería que mis padres le preguntaran algo así a Himiko y que descubrieran que les habíamos mentido, en estos casos, lo mejor era hacer las cosas lo más rectas y transparentes posibles. Sé que mi madre sospechaba de Himiko, de que fuera una chica mala, o una mujerzuela, o una aprovechada, o cualquiera de las cosas que ella tenía la idea de la gente que había en las ciudades.

…¿Has tomado a la niña sin decir nada?

Mi madre parecía asombrada por mi proceder.

…Su padre sabía que estaría conmigo.

No estaba mintiendo, el señor lo sabía, sabía que su hija salía conmigo. No le dijimos que iríamos a mi casa, pero eso es otra historia.

…¿Y sus padres te aceptan?

…Creo que no mucho.

…Eso no está nada bien. ¿Qué fue lo que hiciste?

…Sólo presentarme.

Mi madre suspiró, por supuesto que no entendía nada de lo que estaba diciéndole, porque sólo yo sabía que, esa no era toda la verdad.

…Aun así sus padres deberían saber que ella está aquí.

…No creo que pudiéramos decirlo aunque quisiéramos madre, la razón por la que no lo saben es porque estaban demasiado ocupados para saberlo. Es algo irremediable.

Dije eso para salir al paso.

…Bien, no diré nada por ahora, como sea, les esperamos para cenar ¿Comprendes? No coman dulces en el camino.

Me reí levemente.

…Descuida madre, no lo haremos.

Eso fue lo que le dije.

–––––––––

Llegamos a la estación, la gente comenzó a bajar del autobús mientras este hacía sonar el auto–mensaje para los pasajeros “Gracias por viajar con nosotros, esperamos que hayan disfrutado del viaje” y blah, blah, blah. Yo puse un dedo sobre la mejilla de Himiko, ésta se movió como si fuera un flan muy firme.

–Llegamos. –

Le susurré, no estaba seguro de si quería que despertara o no quería. Pero tenía que despertar porque teníamos que bajar del autobús.

–No quiero. –

Dijo. Todavía dormida, yo entrecerré los ojos. ¿No quiero qué? Me preguntaba mientras volvía a presionar su mejilla con el dedo.

–Himiko… debemos bajar del autobús. –

Comenzó a moverse pesadamente, entonces se me ocurrió una idea, una estúpida idea en realidad.

–Himiko… una araña quiere subirse a tu cabello. –

Ella gritó despertando inmediatamente y saltó sobre mí, abrazándome, yo no pude contener la risa, y entonces ella se dio cuenta de que era una broma. Se puso de pie, infló sus mejillas y salió del autobús. Sin hablarme.

Salimos a los andenes, ella llevaba una pequeña maleta consigo, con cambios de ropa y esas cosas, amenazó con golpearme con la maleta si continuaba “siguiéndola”

– ¿A dónde se supone que vas? El camino es por allá. –

Le dije, señalando la salida de la estación, ella no dijo nada, sólo continuó caminando y se sentó en una banca, en el otro extremo de la sala de espera. Cruzó los brazos y me negó su mirada. Miré el reloj, posiblemente mi padre estaba allí afuera, no podía seguir enojada conmigo.

–Himiko. –

Llamé una vez que me acerqué. Ella giró su mirada.

–Vamos, lo lamento, no quise asustarte de esa forma. –

Insistí, ella permaneció renuente sin mirarme.

–Siempre estás disculpándote, ya no te perdonaré. –

–Por favor, tenemos que irnos, están esperándonos afuera. –

–Puedes irte solo. –

Yo volteé a todos lados, había poca gente, y el hecho de que vistiera de esa forma siempre llamaba la atención… No, definitivamente no era una buena idea.

–He hablado con mi madre, parecía interesada en conocerte, no puedes faltar. –

–Pues qué lástima que su hijo sea un idiota que no puede callarse con cosas de las que no se habla. –

–No sabía que las arañas eran un tema tabú. –

– ¡Lo son! –

Me gritó. Un señor que estaba vendiendo algo tras una ventanilla volteó a vernos. Otras personas que pasaban por allí también.

– ¡Me dan mucho miedo!

Ella enjugó lágrimas y se limpió con la manga de su suéter.

–Oh vamos, no llores, te compraré algo de camino a casa ¿De acuerdo? –

– ¡Quiero pastel! –

–Que sea pastel entonces, no quise hacerte llorar. –

Por fin se levantó y me extendió la mano, aun girando su mirada para que no pudiera verla, pero la tomé de la mano y salimos de la estación. Hacía algo de frío, aun así, fuimos a la combini que estaba enfrente y compramos un trozo de pastel. Ella volvió a sonreír.

Desobedecí a mi madre.

¿Ya había dicho que fue una estúpida idea?

––––––––––

Sucedió que mi padre llegó después de que salimos de la combini. Lo supe porque vi el auto aparcarse cerca de la estación. Mi teléfono comenzó a sonar después de eso.

– ¿Ha llegado ya? –

Preguntó Himiko inmediatamente, parecía tener algo de frio, supongo que el haberse quedado dormida en el autobús le produjo esa sensación.

–Es ese auto de allá. –

Respondí, señalando un Tsuru verde oscuro que estaba aparcado en la calle dando vuelta a la estación. Quedaba justo frente a nosotros.

–Ahora que me lo dices, si siento un poco de nervios, dame la mano. –

–Estamos a media calle. –

–Pero no dijiste nada en la estación ¿Cierto? –

Se quejó ella.

–Veremos a mi padre ahora. –

Insistí, no quería que mi padre pensara que era una chica desvergonzada. Como se ha notado, nunca he sido muy cuidadoso con esa clase de cosas, tampoco era de los que pensaban mal de las personas o del contacto físico en público, pero, bueno, mi padre era un hombre adulto.

–Yo te tomé de la mano. –

–Pero en ese momento era diferente, no quiero que mi padre piense que soy un imbécil que avergüenza a su linda novia en público. –

Le dije, era mejor así. Ella asintió.

–De acuerdo. –

Nos acercamos caminando al auto, mi padre salió de la cabina del conductor cuando notó que estábamos allí, yo abrí la puerta del carro antes de cualquier otra cosa, lo he dicho antes, ella tenía algo de frio, Himiko entró al auto sin decir palabra, luego saludé a mi padre.

–Lamento la tardanza, hemos pasado a la combini, no sabíamos que ya estabas aquí. –

Expliqué, mi padre tenía una sonrisa extraña en el rostro, pero me puso una mano en el hombro.

–Hay que irnos pronto, tu madre nos está esperando, no le gustará que ella tenga el pastel en las manos. –

Comentó, supongo que mi madre habló con mi padre acerca de lo que había hablado con ella por teléfono apenas colgamos.

–Lo sé, pero en verdad lo quería, no pude hacer nada. –

Le dije, subiéndome también en la parte de atrás, mi padre volvió al asiento del conductor, cuando volteé a ver a Himiko, ella estaba petrificada. ¿Por eso no dijo nada?

–Padre, ella es Kamakura Himiko, vive en la habitación de al lado, y… estamos saliendo. –

–Mucho gusto señor. –

Respondió Himiko con una vocecita que no era para nada como ella era normalmente. Entonces si estaba nerviosa, de haberlo sabido lo hubiera planificado mejor. Mi padre usó el espejo retrovisor para que Himiko pudiera ver su rostro al presentarse.

–Me llamo Tento Soichiro, soy el padre de Daitako, estoy muy feliz de que hayas podido venir. –

Le dijo mi padre, ella giró la cara avergonzada.

–Muchas gracias, no saben cuán agradecida que estoy, lamento mucho las molestias que estoy ocasionando, a partir de ahora estaré a su cuidado. –

Mi padre sonrió, luego siguió manejando. Al cabo de un momento, Himiko comía su pastel en silencio, no estaba muy seguro de qué le había llevado a actuar de esa forma, pero la cosa se complicó cuando mi padre la alabó, allí, frente a ella.

–Es una niña muy linda, Kamakura–kun ¿En qué curso estas? –

Himiko se sonrojó cuando escuchó eso de golpe, tuvo un sobresalto. Luego miró hacia el espejo y respondió con timidez.

–Estudio el tercer año de instituto. –

– ¿Y tienes buenas notas? –

Me llevé una palma a la cabeza, por supuesto que ella no tenía buenas notas, ya no al menos. Creo que comenzaba a darme cuenta de que, a estas alturas, la escuela le importaba poco menos que nada.

–Las asignaturas son difíciles. –

Respondió ella, bajando la cabeza, mi padre rió alegremente.

–Ya has escuchado Daitako, tendrás que esforzarte mucho cuando llegues hasta allí. –

Comentó mi padre, dando la vuelta para entrar en la calle donde vivía. Comencé por tomar la maleta pequeña de Himiko.

– ¿Hemos llegado ya? –

Preguntó Himiko en voz baja, casi con un susurro.

–No falta mucho, solía vivir en esta calle. –

Respondí, aun con la voz más baja. Decir eso en voz alta podría hacer enfadar a mi madre, seguro que ella diría ¡Aún vives aquí! Pero sabía que a Himiko le gustaba más que lo dijera así, porque entonces yo vivía allá… con ella.

–Entiendo, tu padre es amable. –

Comentó ella, relajándose un poco. Supongo que mi propio miedo le había infundido en ella algo de nervios, pero aun con todo tengo que admitir, que mi padre juzgaba a Himiko una mujer hermosa, y que eso ayudó mucho a su juicio sobre ella en general. Mi madre no sería tan fácil de complacer.

––––––––––

Por consejo de mi padre, le dije a Himiko que lo mejor, es que dejara lo que quedaba del pastel en el auto y no que fuera a mencionar que lo habíamos comprado. Esto es porque mi madre se había esforzado mucho en preparar la cena y podía ofenderse si Himiko llevaba el pastel en las manos, o si rehusaba comer.

–Entiendo. –

Respondió ella, no muy contenta de dejar su pastel allí.

El hecho de que fuera relativamente fácil agradar a mi padre, especialmente porque era bonita, le había infundido un poco de confianza, confianza que ella usó a su favor. Mi madre esperaba ya en la puerta de entrada, bajé del auto junto con mi padre y abrí la puerta a Himiko, ella suspiró antes de salir. Espero que no fuera por tener que dejar su pastel en el auto.

Esperó a que yo hubiera tomado sus cosas para poder bajar del auto. Antes de que yo cerrara la puerta ella me sonrió, al parecer se sentía mejor, y al menos ya no estaba enfadada conmigo. Volteamos a ver a mi madre quien esperaba pacientemente en la entrada de la casa. El estómago se me revolvió cuando noté que ella no estaba contenta.

–Vamos, no deberíamos hacerla esperar. –

Asentí con la cabeza y la seguí. Mi madre saludó a mi padre educadamente, luego puso una sonrisa en su rostro al mirar a Himiko, detrás de ella venía yo. Himiko se detuvo, esperando a ser presentada, la mirada escrutadora de mi madre se clavó en mi por unos momentos.

–Madre, ella es Kamakura Himiko… mi novia. –

Tuve que tragarme la pena y el miedo para poder decir eso, mi madre volteó a verla a ella, quien hizo una educada reverencia, luego sonrió también.

–Es un verdadero placer, señora, estoy muy feliz de que haya aceptado recibirme, por supuesto que entiendo que estoy siendo una molestia, trataré de que mi presencia sea poca carga para usted. –

Ese había sido uno de los momentos más rígidos de mi vida, la mirada de mi madre analizando a Himiko para saber con qué palabras debería responder, pensé por un momento que mi madre sería… grosera con Himiko, ya lo hemos dicho antes, mi madre desconfiaba de ella.

–Para nada, espero que podamos llevarnos bien. –

Respondió mi madre finalmente, sonriendo cortésmente y dándose la vuelta para entrar a la casa. Eso había sido un buen comienzo, pensaba, mientras la seguía, pero Himiko no pensaba para nada de la misma forma.

–Escuché que había preparado la cena. –

Mi madre volteó, insegura de si aquello se trataba de un comentario, una disculpa, una afrenta o simplemente una insensatez. Apuesto a que incluso mi padre sintió tensión en el ambiente en ese momento.

Himiko puso una sonrisa cálida en el rostro, una de esas sonrisas brillantes.

–Hace mucho que no puedo comer comida casera, perdón si estoy siendo impaciente, estoy esperando por ello. –

– ¿Tu madre no cocina? –

Preguntó mi madre, quizá lo había tomado del modo equivocado.

–Madre. –

La llamé, ella volteó a verme con ojos fríos.

–Tu cállate. –

Me silenció con esas palabras, fue un poco ruda, iba a replicar (a pesar de que yo nunca replicaba a mi madre) cuando Himiko habló.

–Mi madre ya no vive en casa, hace mucho que nos abandonó, así que, aunque la casera cocina para mí, entenderá que no puede compararse a la comida que prepara una madre. –

Admito que esa fue una buena jugada por parte de Himiko, la tensión bajó un poco cuando la mirada de mi madre se hizo menos fría.

–Entonces instálate pronto, la cena está lista. –

–Gracias. –

Himiko hizo una reverencia, y entró a la casa, y una vez allí, la llevé a mi cuarto, estaba claro que no dormiríamos juntos, pero podía dejar sus cosas aquí, por otro lado, quería decirle a Himiko que no debió hablar de más, pero ella se quejó primero.

–Tu madre me odia. –

Dijo ella, sentándose en mi cama por unos momentos, suspirando.

–No es verdad. –

Respondí, sabiendo que tenía razón.

– ¿Me mientes? –

Preguntó ella amargamente, yo negué con la cabeza.

–No debiste decir eso. –

Repliqué, sin ganas de hacer de esto una discusión. Tal y como ella dijo, mi madre desconfiaba mucho de Himiko, podríamos decir que la odiaba.

– ¿Aún piensas que venir aquí fue una buena idea? –

Preguntó ella, sonriendo de una forma rara.

–Tarde o temprano iban a conocerte, tienen que aceptarlo, y mientras más pronto comencemos, mejor. –

Eso fue lo que le dije, Himiko sonrió.

–Bien entonces, me esforzaré, sólo para que entiendas lo mucho que me agrada salir contigo ¿Comprendes? –

Respondió, con algo de rubor en sus mejillas.

– ¿Qué harás? –

–Bueno, en la escuela donde voy aprendes muchos trucos en cuanto a relacionarte, uno de ellos es el que usé hace un momento. –

– ¿La sonrisa de sol? –

Pregunté, ella se ruborizó y me miró con cara de pocos amigos, pero en verdad fue la mejor descripción que encontré, luego suspiró y asintió sonriendo. ¿Estaba usando esa sonrisa a propósito? Se veía demasiado natural para mí, no pensé que lo estuviera haciendo aposta.

–Las mujeres sabemos cómo hacer para resultar encantadoras, está en nuestra naturaleza. –

Me dijo ella, satisfecha de sí misma, yo no quería aceptar lo que ella me había dicho, o más bien tenía algo de miedo.

– ¿Lo has usado conmigo? –

–Siempre, cada vez que quiero que me prestes atención, pensé que lo sabías. –

Respondió, como si aquello fuese la cosa más natural del mundo, yo estaba acomplejado.

–Pero… –

Himiko me tomó por los hombros sorpresivamente, luego me atrajo hacia ella y me dio un beso en los labios.

–Eso es real, si es lo que te estás preguntando… –

Dijo, sonrojándose después de que nos separamos, no quedaba más que creerle. La puerta estaba cerrada, pero no habíamos puesto seguro.

–Eres una chica tramposa. –

Le dije, ella asintió, sonriendo satisfecha de nuevo.

–Ganar es ganar. –

Respondió, abriendo la puerta, creo que el momento a solas nos sirvió bastante.

––––––––––

Mi madre se lució con la comida, no estoy seguro de si ella estaba intentando impresionar a Himiko, o si estaba retándola, intentando decir algo como “Tu no podrías hacer todo esto” cuando sirvió los platos a la mesa. Luego se sentó al lado de mi padre, quien inteligentemente se concentró en comer.

–La comida es deliciosa, es una verdadera alegría poder comer así. –

Las palabras de Himiko estaban siendo perfectamente calculadas, ella debería parecer impresionada, pero sin sonar demasiado sumisa ni demasiado conmovida, justo como una chica decente y de buena familia cuando está en una casa ajena. Mi madre notó el collar de oro en mi cuello, pero no dijo nada, prefirió evitar el tema.

–Acerca de lo de tus padres… ¿es cierto que se separaron? –

¿Por qué picar más en ese agujero? Me preguntaba yo, pero al igual que mi padre me concentré en comer.

–No entiendo las razones, pero sí, mi madre sólo tomó sus cosas un día y se fue. –

– ¿Qué piensas de ello? –

Preguntó mi madre, después de mirarla un poco, hasta yo había adivinado la verdadera pregunta.

– ¿Qué debería pensar? No estoy contenta con que me haya abandonado, faltó a una promesa sagrada y a un compromiso en su vida, eso no cambia el hecho de que es mi madre. –

Esa fue la respuesta de Himiko, serena, tranquila, y sin culpar a nadie. La verdadera pregunta era ¿Qué piensas de una mujer (Himiko) que abandona a su marido (yo) en cualquiera de los casos? Himiko se dio cuenta y fue por ello que lo que le dijo a mi madre fue totalmente diferente a lo que me había dicho a mí. Mi madre suspiró, su respuesta era perfecta, no había abertura en ella.

–He oído que has faltado a clases con anterioridad, y que debido a ello Daitako ha faltado también. –

“Madre, por favor, ¿podrías cenar en paz?” me pregunté, bajando la cara, Himiko giró la cabeza haciendo ¡Hmph!

–Yo le dije que no lo hiciera, pero es bastante necio. –

Bueno, no podíamos decir que estaba mintiendo. El hecho de que ella faltara a clases era poca cosa para mi madre, el hecho de que yo faltara por su causa era otra historia.

– ¿Necio? –

Preguntó mi madre, haciéndose la sorprendida, o la ofendida, no lo sé.

–Lo es, como todos los hombres, hace siempre lo que quiere, el otro día se enredó en una pelea callejera… –

La mirada de mi madre se dirigió lentamente hacia mí, esa era la clase de cosas que ella tenía que mantener en secreto. Ahora sería regañado. En otras palabras, fui arrojado a los leones para que Himiko pudiera salvar su pellejo. Un par de tazones de arroz, pescado frito, atún, sopa miso con patatas y nabos con col salteada. Una cena. Fui vendido por una cena.

Mi madre me miró con esa cara de “hablamos después” que tiene cuando se enfada, luego volteó a ver a Himiko.

– ¿Y porque sales con él si es un hombre tan necio? –

Preguntó, pero ya no había hostilidad en su mirada, al menos no como hasta hace unos momentos, sólo curiosidad, poco a poco Himiko se había ido ganando la confianza de mi madre.

–Porque es especial, eso usted lo sabe mejor que yo. –

–Bueno yo… –

Mi madre no supo cómo responder a eso, si hay algo que le puede, son esa clase de cosas. Mi madre es débil frente a los halagos.

–Se suponía que no me relacionara para nada con él, pero… bueno, no pude evitar sentirme, ligeramente interesada, y cuando me di cuenta, ya estaba saliendo con él. –

Himiko dijo eso con una timidez que rayaba en lo absurdo, pero eso le terminó de comprar la confianza de mi madre. Al menos me alegraba saber que mi sacrificio no hubiera sido en vano. Mi madre sonrió.

–Si no les importa, no quiero formar parte en su conversación de mujeres, disculpen. –

Les dije, poniéndome de pie y dejando mi último plato en la mesa. Me fui tranquilo de allí, pude escuchar que mi madre y Himiko continuaron conversando, pero las cosas transcurrieron mucho mejor después de esas vergonzosas declaraciones. Al menos mi madre comenzaba a confiar en ella.

Después de todos los reveses, y de ese ambiente tan tenso, había salido mejor de lo que esperaba. Fue entonces que comencé a preparar el futón y lo llevé al cuarto que estaba desocupado. (Himiko podía dormir en mi cama) y comencé a arreglar todo.

Pero yo había terminado y cuando volví a bajar, mi padre ya no estaba allí, mi madre y Himiko habían terminado su cena, pero seguían hablando animadamente como si de dos amigas se tratara.

Eso fue algo extraño para mí. Quizá en todo esto de la conversación se habían dado cuenta de que tenían muchos puntos en común (demasiados, para mi gusto) y se llevaron bien, dicen que cuando dos personas tan parecidas se juntan solo puede pasar que se lleven muy bien, o que se odien, creo que esa era otra de las razones por las que tenía miedo de hacer esto. Pero Himiko había resultado ser bastante inteligente y mi madre no tan severa como creí que sería. De todos modos, pasaban de las doce de la noche, era tarde.