Jimen no Hoshi C22

Modo nocturno

Capítulo 22: Sábado de Familia

Cuesta trabajo creer que, incluso con mi novia en casa, y siendo la primera vez que estábamos en casa, estuviera sólo en mi habitación, y ni siquiera había peleado con ella. Hasta donde yo estaba podían escucharse risas de ella y mi madre, quienes parecían estar disfrutando de una larga platica. Ni que hacerle, yo quería que se llevaran bien, pero esto era demasiado hasta para mí.

Después de unos momentos, mi padre bajó a callarlas, porque no lograba escuchar el televisor. No estaba enfadado, por lo que vi, pero, de todos modos, eso terminó con la plática que ellas estaban teniendo, tristemente.

Bajé después de que subió mi padre y entró de vuelta a su habitación, no sé qué estaría viendo a estas horas, posiblemente alguno de sus programas de concursos raros o algo así, pero eso no era importante. Cuando bajé, me di cuenta de que mi madre y Himiko habían estado bebiendo.

Yo no sabía si Himiko había bebido alguna vez antes, y mi madre tampoco solía hacerlo con regularidad, así que a ambas les hizo efecto muy rápido. “Esto se va a poner mal el día de mañana” pensaba mientras miraba las latas de sake sobre la mesa.

–Daitako ¿Puedes levantarlas por mí? me voy a la cama. –

Fue lo que me dijo mi madre en cuanto me vio, luego se despidió de Himiko y subió. Nos quedamos solos, de un modo muy distinto al que teníamos planeado.

Comencé a recoger las latas con la intención de subir pronto. Himiko pareció enfadarse por ello.

–Oye tú ¿Vas a ignorarme? –

Se quejó, por poco me caigo por voltear tan bruscamente y no ver en donde caminaba.

–Claro que no, pero si no recojo esto, mañana tendré problemas, y probablemente tú también. –

–No quiero eso. –

Respondió ella. Yo tiré las latas a la basura. Una parte de mi quería saber de qué hablaron durante hora y media, solas y con sake de por medio, la otra parte me decía que la respuesta sería tan vergonzosa que me arrepentiría de haber preguntado. Himiko intentó ponerse de pie, pero volvió a sentarse cuando se dio cuenta de que estaba demasiado mareada para moverse. Había un par de colillas de cigarro en el cenicero, y mi madre no fumaba. ¿Qué tan lejos había ido Himiko?

–Daitako. –

Me llamó, el alcohol tuvo un efecto fuerte en ella.

–Es tarde, vamos a dormir ahora ¿De acuerdo? –

–Si… quiero ir a dormir, pero no puedo levantarme… llévame. –

Ni aun ahora dejaba de ser la misma chica consentida de siempre. Con sinceridad tenía sueño, así que lo único que pensaba es en ayudar a Himiko cuando la ayudé a levantarse y a caminar. Comenzamos a subir las escaleras… tuve la impresión de que no estaba tan mareada como ella quería que yo pensara.

–Pervertido. –

Se quejó, en tono dulce, mirando hacia el suelo, y con la cara roja.

–No es verdad. –

Le dije, al caminar, mi hombro tocaba su pecho, porque su brazo pasaba alrededor de mi cuello, pero no es que lo estuviera haciendo apropósito.

–Si lo es… te estás aprovechando. –

–Que no. –

Respondí ruborizándome, además de que esas palabras te ponían ideas en la cabeza que eran difíciles de sacar.

– ¿Por qué no? –

Preguntó ella, haciéndose sonar confundida. Entramos a mi habitación.

–Bueno, creo que no es una buena idea si nuestra primera vez es aprovechándome de que estás un poco alcoholizada, no creo que eso sería decente, ni tampoco sería algo especial. –

Ella se tumbó sobre mi cama boca–abajo en cuanto tuvo la oportunidad.

–Pero ¿Si te gusto? –

–Claro que me gustas. –

Cerré la puerta, aún tenía que arroparla porque fue evidente que ella no lo iba a hacer.

– ¿Estás enfadado porque te dejé solo? Sé que eso fue desconsiderado de mi parte, pero quería agradarle a tu madre, era muy importante. –

Comenzó a excusarse mientras me acercaba a ella y comenzaba a extender una de las cobijas, ella no se movió.

– ¿Sabes? Siendo franco, no estoy enfadado, se nota que hiciste buenas migas con mi madre, no sé qué fue lo que le dijiste para que te permitiera encender un cigarrillo frente a ella, pero sin duda fue eficaz. –

–No le dije nada, sólo lo hice, ella dijo que le agradaba que fuera sincera. –

Ya no entendí que pasaba. Mi madre me hubiera volteado una bofetada en seguida si me atrevía a encender un cigarrillo enfrente de ella, pensé que algo así haría que ella desaprobara a Himiko. Sin pensar demasiado en el asunto, coloqué las cobijas sobre ella para que pudiera dormir. Luego iba a irme, pero ella me tomó de la mano.

–No te vayas. –

Me pidió, nuevamente, una sorpresa porque ella nunca pedía nada.

–De acuerdo, no te enfades, pero si mi madre viene y nos ve aquí… –

–No te vayas, quédate conmigo, no estamos haciendo cosas malas. –

No le dije que no habría forma de explicarle eso a mi madre si entraba. Pero por el estado en el que estaba mi madre cuando subió las escaleras, también pensé que lo más probable es que durmiera para este momento. No es que hubieran acabado mal, podríamos decir que iban comenzando cuando mi padre bajó, pero… bueno, hablando especialmente de Himiko, seguro que no bebía con regularidad tampoco.

–De acuerdo, por mi perfecto, esperaré a que te duermas. –

–Perdón. –

Dijo ella de pronto, yo comencé a acariciar su cabello, no entendí por qué se estaba ella disculpando.

–Oye, no tienes que pedir disculpas, estar contigo es especial para mí, por supuesto que quiero hacerlo más tiempo. –

Lo dije sin mirarla, porque de otro modo no podría decírselo, pero ella dijo que no era eso.

–Yo siempre te causo problemas, soy una chica problemática, lo único que tengo a mi favor es mi belleza, y yo quería decirte, que… eres especial para mí. –

–No entiendo cómo se relacionan esas cosas entre sí, Himiko, además ya te dije que no me importa que seas una chica problemática, me gustas igual. –

–Yo te amo. –

Tragué saliva cuando escuché esas palabras, sobre todo por la diferencia de términos que usábamos, tiene que haber sido increíblemente difícil de decir, porque fue increíblemente difícil de escuchar, pero no encontré una forma de disipar el ambiente.

–Himiko yo… –

–Está bien si no te sientes igual… No hay nada en mí que merezca tal cosa de todos modos. –

–No entiendo nada ¿Por qué ibas a pensar tal cosa? –

–Porque no es lo mismo, y hablar con Haruna–chan, con la anciana, con tu madre, me hizo darme cuenta de que estás loco… nadie iba a hacer por una chica todas las tonterías que yo te obligo a hacer… tienes que ser en verdad alguien especial para hacer todas esas cosas. –

Me dijo, aunque parecía que eso le irritaba, o le deprimía. Yo suspiré y la tomé de la mano, seguramente el alcohol la estaba haciendo pensar todas esas tonterías.

–Himiko, si hago todas esas cosas, no es porque sea yo especial, eres tú quien es especial. –

–Sí, pero… –

–Pero nada, que quede claro que me siento igual que tú con respecto a nuestra relación, sólo que yo no estoy lo suficientemente alcoholizado para decirlo claramente. –

– ¿De verdad? ¿No lo dices para que me sienta mejor? –

–No es amabilidad, hablo muy en serio, por otro lado, pienso que no deberías tratar de interpretar las cosas de esa forma, me agradas más cuando estás segura de que no puedo hacer nada sin ti. –

– ¿Es porque eres masoquista? ¿O por qué? –

Preguntó ella, con esa vocecita desanimada que estaba poniendo. Volteó a verme después de unos momentos de forzoso silencio, lucía deprimida.

– ¿Por qué? Porque es agradable saber que eres consciente de lo mucho que me importas, me hace sentir que todo está bien cuando lo escucho. –

Expliqué, me ardía la cara al hablar, pero ella parecía feliz. Volteamos a vernos y nuestros ojos se encontraron, ella sonrió.

–Gracias. –

Me dijo, sosteniendo mi mano con las suyas, yo sonreí también y ella lentamente cerró los ojos.

–Te quiero. –

Le dije, mientras ella cerraba sus ojos, al menos ahora estaba sonriendo.

–Ya sé. –

Me respondió a media voz, yo sonreí.

Definitivamente, me sentía mucho mejor cuando ella actuaba así.

––––––––––

Al día siguiente me despertó el ruido de la puerta.

–Daitako, saldré a comprar algunas cosas, es hora de despertar ¿sabes? Apresúrate. –

Estando medio dormido pensé que era Himiko, poco a poco fui reconociendo la voz de mi madre. Abrí la puerta en cuanto pude, mi madre estaba allí parada con su bolsa que usaba para ir al supermercado.

–Te ves terrible, lávate la cara y los dientes por lo menos. Di a Himiko–chan que es hora de levantarse, el que sea un día libre, no les da derecho a ninguno a permanecer dormidos después de las nueve. –

– ¿Las nueve? –

Se me quitó el sueño por la sorpresa, batí la cabeza, todavía aturdido.

–Son las ocho y cincuenta, tienen que despertarse pronto, tu padre no tarda en llegar. –

– ¿No ha ido a trabajar? –

–El sábado es su día libre desde hace dos semanas, él dijo que su jefe lo había pedido así, como sea, fue a arreglar algún asunto con el auto y volverá pronto. –

Mi madre se dio la vuelta, la llamé.

–Madre. –

Ella se detuvo un momento y volteó.

–Gracias. –

No respondió, sólo sonrió penosamente y se dio la vuelta de nuevo, bajando las escaleras. Toqué la puerta de Himiko. No hubo respuesta. Toqué por una segunda vez y nada ocurrió.

– ¿Estas allí? –

Pregunté, no hubo respuesta, así que entré. Ella estaba dormida como un bebé. Abrí levemente las cortinas.

–Himiko, es hora de despertar. –

Le dije, de alguna forma me parecía algo natural, tanto que no presté demasiada atención al hecho de que su pijama estaba hecha girones y su pecho era un tanto visible, sólo me acerqué y la moví en el hombro para que despertara.

–Himiko, debes despertar ahora, hay que salir ya. –

–No… quiero… dile a la anciana que espere. –

Respondió ella a medio dormir.

–No estamos en casa ahora Himiko, ésta es la casa de mis padres, y todo lo que lograste anoche se irá si no despiertas, mi madre volverá pronto. –

Himiko se sentó sobre la cama, parecía algo molesta de ser despertada a la fuerza, se talló los ojos. Hasta su forma de despertar era elegante.

– ¿Anoche? –

Preguntó, yo arqueé una ceja, fue entonces que ella se dio cuenta de dónde estaba, se cubrió el pecho con las manos. Supongo que fue un reflejo. Los rayos de sol entraron por la ventana semi-abierta, bañando su rostro.

– ¿Qué hicimos anoche? –

Preguntó ella, mirándome con desconfianza, no estaba acostumbrado a esa mirada, retrocedí.

–No hicimos nada, te traje aquí y te quedaste dormida. –

Himiko suspiró, luego bajó los brazos y su mirada cambió por una que demostraba vergüenza.

–Ya recordé, me porté como una tonta otra vez. –

Se rio con vergüenza bajando la cara, como apenada de sí misma.

–Eso no es verdad. –

–Tal vez no hicimos nada vergonzoso, pero si dije cosas vergonzosas, soy patética. –

–No necesitas ser genial todo el tiempo, está bien si de cuando en cuando eres patosa, o incluso patética, no me molesta que digas las cosas que piensas. –

–Pero debo ser perfecta. –

Replicó, haciendo un puchero.

–Bueno, ya eres perfecta, no necesitas ensayarlo, esto no es el teatro, estas bien así… ahora vamos. –

Le extendí la mano, ella asintió, tomó mi mano y bajó de la cama.

–No lo noté mucho anoche, pero… así que esta es la habitación de un chico. –

–Si bueno, no estaba tan ordenada cuando vivía aquí. –

Había en mi habitación muchas cosas que… ya no eran mías del todo. Una colección de carros de carreras de cuando era niño, un guante y un bate de baseball de cuando era también más joven en mi época de colegio. Incluso había ropa que ni siquiera me quedaba colgada en el closet, eran recuerdos que guardaba porque no me decidía a deshacerme de ellos, pero ahora que lo pensaba, me daba mucha vergüenza que Himiko mirara estas cosas.

Ella reparó en un pequeño libro que había junto con otros varios. Este era especial, era un libro de cuentos infantiles, pero que bien infantiles. Lo tomó mirándolo por un momento, luego me miró a mí de forma sarcástica, y por primera vez en mucho tiempo, evadí su mirada.

– ¿No han pasado demasiados años como para que esto esté aquí? –

Preguntó ella.

–Si bueno, todo lo que puedo decir es que no me preocupo demasiado por esas cosas. –

–Siempre me pregunté cómo es que vivías antes de venir allá… –

Comentó, mirando las otras cosas que había en el cuarto.

– ¿Te parece si vamos afuera? –

Ella se rio cuando le pregunté eso, me ardía la cara de vergüenza, de una forma diferente de lo habitual, ella tomó su pequeña maleta y sacó de allí un cepillo y su ropa.

–De acuerdo, no hay de qué avergonzarse, eso dijiste, espera afuera, estaré lista en un segundo. –

– ¿Es venganza? –

Pregunté, algo enfadado, o jugando a estar enfadado, ella se llevó una mano a la cara, sarcástica.

–La mitad, ahora sal o gritaré que hay un acosador en mi habitación. –

–Es mi habitación. –

Respondí saliendo.

–Y aunque gritaras, nadie iba a escucharte, estamos solos. –

Le dije, luego de que cerré la puerta tras de mí, suspirando. Sea como fuere, me alegraba que ella hubiera recuperado su humor habitual. Mi madre no debería tardar en volver del supermercado, que no estaba del todo lejos de la casa, y siendo así, pienso que, si coincidía con la llegada de mi padre, podíamos ir a comer a algún sitio, la idea me hacía ilusión.

–––––––

Me di cuenta en ese momento, de que para Himiko, decir que no tardaría era una enorme mentira. Para pasar el rato encendí el televisor. Las noticias reportaban a una persona que había sido encontrada muerta en las calles de la prefectura. Aquello si era algo raro. Los asesinatos no eran comunes, menos en las comunidades aisladas donde nunca pasaba nada.

Luego pasaron las imágenes de la cámara de seguridad de una tienda. Parecía un suicidio, y allí se extendieron con la nota. Fui por un poco de jugo y dos vasos y los puse en la mesa de la sala, para cuando Himiko bajara, mientras el televisor continuaba dando el reportaje, entrevistando a la gente, cosas por el estilo.

Después de esperar al menos por treinta minutos, bajó Himiko. Tenía puesto un vestido con mangas de color verde oliva, sus zapatos eran negros y su cabello estaba peinado acomodado hacia un lado.

– ¿Qué estás viendo? –

Preguntó ella, sentándose junto a mí, yo señalé el televisor. Himiko hizo un gesto de disgusto.

–Oh, no quiero ver eso. –

Fue lo que dijo, el noticiero estaba mostrando la filmación de como el sujeto se arrojaba al camino de un camión a toda velocidad, ella hizo un gesto y se puso de pie.

–No pensé que serías sensible frente a estas cosas, Himiko–chan. –

Le dije, ella me miró extrañada.

–No lo soy. –

Pensé que estaba mintiéndome, que trataba de parecer fuerte, pero ella sólo estaba siendo sincera, después explicó:

–No me gusta que lucren con el morbo de la gente ¿Tú te crees que a quien grabó el video le importa esa persona? ¿Su familia? Lo ponen allí porque así consiguen que más gente vea sus tonterías, ellos ganan dinero cuando los ves ¿lo sabias? Si no ganaran dinero, nunca te hubieras enterado de eso. –

Explicó, yo volteé a mirar el reportaje, donde los reporteros cuestionaban a la madre del suicida acerca de lo que había ocurrido, de alguna forma, sentí que las preguntas que le hacían a la madre no eran normales.

–Ellos explotan el dolor de esas personas con sus preguntas, te hacen pensar que investigan ¿Qué hay que investigar en un momento así? piénsalo un poco, si tu tuvieras a un conocido a quien le ocurriera una desgracia ¿Querrías hablar? –

Me preguntó insistiendo. Luego agitó la mano.

–Creo que no. –

–Pero ¿Sabes lo que te harán si no hablas? Destruirán tu reputación, diciendo que fuiste un inconsiderado porque no has querido que el mundo entero se entere de lo mal que te sientes ¿No es eso chantaje? –

–Pero alguien tiene que decir lo que pasa. –

No sé por qué los defendí, es decir, ella no estaba mintiendo para nada. Supongo que yo todavía no tenía ganas de perder por completo la fe en la humanidad. Ella sonrió diabólicamente.

–Ahora aquí viene, la publicidad más hija de puta que existe, ahora que tienen tu atención, compra. Eso es lo mismo que poner en un letrero gigante la palabra “SEXO” y luego venderte algo. –

La forma en que ella lo explicaba lo hacía ver incluso gracioso. Por supuesto que cualquiera voltearía si viera algo tan escandaloso como esa palabra… o como el suicidio de un desconocido. Dicha publicidad no tardó 15 segundos en aparecer, lo juro. Luego de algunos comerciales de cosas que nadie puede realmente necesitar, volvieron a lo mismo.

–Seguirán con eso hasta que encuentren otro caso a lo cual sacarle jugo, ya lo verás. –

– ¿Por qué lo hacen? –

Pregunté, ella acarició mi rostro con cariño, como disculpándome por decirme esas cosas, fue como cuando una madre se disculpa con su pequeño por haber llevado a que le vacunen.

–Porque para esas personas todo es un espectáculo, y como todos los espectáculos, hay quienes pagan esas entradas… No tienen ningún respeto por la vida de nadie, las celebridades son como granjas para ellos, y las personas comunes son olvidadas, a menos que pase esto… –

–Eso es desconsiderado. –

Ella hizo una seña con la mano, la seña que hacemos cuando queremos decir “Dinero”

–Es todo lo que les importa. –

Me dijo, luego me dio un beso en la mejilla y poniéndose de pie salió de la sala, parecía que iba al baño. Yo apagué el televisor. No quería tener nada que ver con un negocio que obtiene dinero por filmar las lágrimas de un ama de casa.

¿Por qué permitían esas cosas de todas formas? Si lo único que buscaban era dinero, porque el gobierno no les tapaba la boca de una buena vez. Para nada servían estas gentes en tal caso. Japón podía prescindir de sus estupideces y gastar el dinero en cosas mejores.

––––––––––

Fue en ese momento que llegó mi madre, Himiko venía bajando las escaleras cuando se dio cuenta de que yo me ponía de pie para ayudar a mi madre con las bolsas. Mi madre me miró por un momento, y luego sonrió. Himiko se acercó a ella también.

–Puedo ayudar con esto. –

Dijo ella, yo voltee a verla, ella no era para nada como normalmente era.

–Tu padre quiere que tengamos un almuerzo en el jardín, quiero que saques… –

Un teléfono sonó en la parte de arriba. Himiko saltó cuando lo escuchó.

– ¿Es tu teléfono? –

Pregunté, ella asintió y subió de nuevo, mientras mi madre terminaba de darme indicaciones. Yo comencé a sacar algunas cosas para que pudiéramos almorzar en el jardín como mi madre había dicho.

Cuando volví a entrar a la casa por tercera vez, Himiko bajaba las escaleras, tenía lágrimas en los ojos. ¿Es que no podían dejarla en paz un momento?

– ¿Era tu padre, Himiko–chan? –

Preguntó mi madre con naturalidad, Himiko asintió con la cabeza.

–Has peleado con él por lo que veo, eso no está bien. –

–Sé que no está bien. –

Respondió ella, bajando aún más la cabeza.

–Debes ser más considerada con él, es la única familia que tienes. –

–Usted no sabe cómo es eso. –

Reclamó Himiko, aunque por el tono de voz, parecía más una queja que un reclamo, mi madre sonrió y se acercó a ella, yo me quedé mirando la escena, sin poder decirle a mi madre que no debería decir esas cosas.

–No te estoy diciendo que obedezcas a todo lo que diga, sé que tienes tus propios problemas, pero al menos trata de no enfadarte cuando hables con él. –

Le explicó mi madre, acariciando su cabeza como si fuera una niña pequeña. Himiko se sintió consentida y lo permitió.

––––––––

Mi padre trajo un pastel enorme. No sé por qué lo trajo o para qué, pero lo colocó en la mesa que teníamos en el jardín mientras yo lo saludaba y colocaba la sombrilla para hacer sombra, porque parecía que el día sería caluroso. Luego comenzamos a desayunar.

–Kamakura–kun, espero que te guste el pastel, no sabía que sabor preferías así que tomé el mejor que vi, espero que no te moleste. –

Comentó, Himiko veía el pastel ilusionada. Respondió con una amplia sonrisa mientras nos sentábamos a comer. Yo no hablé durante la cena, mis padres parecían estar acaparando a Himiko para cubrirla de atenciones, en realidad parecía más como que su hijo no era yo, sino ella.

De todos modos, el sentirse de esa forma ayudó a que Himiko se sintiera más cómoda. Ya no hablamos del asunto que hubiera hablado con su padre por teléfono. Después del desayuno, mis padres entraron a la casa un momento. Fue entonces cuando Himiko me preguntó.

– ¿Tus padres siempre son así? –

Preguntó en voz baja, a pesar de que estábamos solos.

–Bueno, no me consienten así, si es lo que preguntas, son severos conmigo a veces. –

Le dije, sonriendo porque en realidad, sabía que lo hacían para que yo fuera una buena persona.

–No eso, quiero decir, si siempre hacen desayunos así. –

–Bueno, es una ocasión especial, por eso es que estamos afuera. –

Himiko me miró fastidiada, p0rque yo no tenía idea de cuál era el sentido de la pregunta.

–Pero… juntos… los tres. –

Explicó finalmente.

–Normalmente esto es a la hora de la cena, porque mi padre trabaja, durante el desayuno sólo estamos mi madre y yo, a veces las amigas de mi madre, pero es todo, es durante la cena cuando estamos los tres. –

Le expliqué, Himiko miraba al vacío.

–Debe ser lindo. –

Respondió pensativa y con una lagrima asomándose en sus ojos.

–Desayuno contigo siempre que es posible, Himiko. –

Le dije. Sabía a qué se debía su melancolía. Ella asintió.

–Lo sé… pero estaba pensando, en cómo era mi vida antes de que llegaras a ella. –

Respondió Himiko, luego giró la cara con un ¡Hmph!

–No me molestaba de todos modos, no pienses cosas raras de ello. –

–Digo lo mismo que dije cuando te conocí. –

Repliqué, ella me miró extrañada.

–Si estás bien conmigo… –

Comenté, ella giró la cara de nuevo.

–Ahora eres engreído. –

Me dijo, yo tomé su mano, ella, a pesar de su cara de enojada, no se soltó.

–Mejor muéstrame cómo es este lugar, deja de pensar cosas que no son. –

Demandó ella con su voz y su tacto habituales, aunque en realidad, yo no había pensado nada acerca del tema, únicamente que no quería que estuviera triste.

–Aunque en realidad no hay gran cosa que ver. –

Respondí, asintiendo para mostrarle que pensaba que era una buena idea.

Entré a decirles a mis padres que íbamos a salir a pasear, ellos dijeron que estaba bien, y volví con Himiko.

–Podemos irnos ahora, no esperes gran cosa, este sitio no es muy visitado. –

Ella se rio levemente.

–Sólo quiero conocerlo. –

Dijo, poniéndose de pie, y a pesar de que ella comenzó a caminar, yo me quedé allí parado, mirándola. ¿Cómo es que una chica tan hermosa podía estar saliendo conmigo? Me preguntaba en ese momento, no tengo ningún complejo de inferioridad, pero la verdad es que no lo entendía, podía traer babeando al jefe corporativo de Sony, y aquí estaba, saliendo con un chico más joven, estudiante aún, y poco confiable.

De mala gana tuve que admitirme, que su carácter no era precisamente el más fácil, pero le añadía un toque de fantasía a la relación. Era una princesa, atrapada en un castillo enorme, resguardada por un horrible dragón. Sé que esa idea es peligrosa, al menos ahora lo entiendo, pero creo que nunca ha sido más realista que en ese momento.

Ella volteó por un momento, se ruborizó, sabiendo lo que yo estaba callándome y sonrió.

–Dilo. –

Ordenó.

–Eres hermosa. –

Yo obedecí, más que nada cautivado por la sonrisa que ella me estaba regalando.

–Ya sé… ahora vamos. –

Me dijo, volviendo a reír, y extendiéndome su mano. Yo la tomé. Salimos de mi casa y comenzamos a caminar por las calles, vacías.

Mi comunidad tiene tres cosas en abundancia: Ancianos, perritos, y arboles enormes. Mi padre había comprado esta casa para mi madre porque, según él mismo me dijo, fue lo más cercano a su trabajo que mi madre le permitió vivir. Mi padre intentó complacerla y por eso fue que acabamos viviendo aquí.

No puedo decir que fuera un mal sitio para crecer. Y en realidad el trabajo de mi padre no estaba tan lejos como para que fuera un problema. No pensaron en el momento en que su hijo tuviera que ir al instituto y me alegro mucho de ello, de otro modo no hubiese conocido a Himiko.

Pero a causa de eso, aquí no había grandes centros comerciales, ni gran cantidad de negocios, y los que había eran más del tipo tradicional, aquí eran tiendas, no combini, panaderías, carnicerías, y demás. Y un templo al final del camino, al que íbamos cada año nuevo.

A cambio de eso, de cuando en cuando uno veía un campo de arroz, o un árbol enorme, o una huerta familiar. Era un sitio tranquilo y había pocos vecinos, la mayoría de ellos ancianos, cuyas hijas gustaban de platicar con mi madre de cuando en cuando.

Nos detuvimos cerca de un gigantesco manzano que estaba en medio de un campo donde no había nadie. Las raíces del enorme árbol servían de asiento y podían haberse sentado unas diez personas con facilidad alrededor del árbol, Aunque en ese momento sólo estábamos Himiko y yo.

Nos detuvimos allí porque Himiko vio las flores del manzano y quiso ir allí. Una vez que estuvimos en el árbol ella dijo.

–Me gusta este árbol, vamos a quedarnos aquí. –

Yo no tenía nada que objetar, ella guardó el envase vacío de su jugo en su bolsa de camino y luego hizo una seña para que me sentara. Guardamos silencio por un momento.

–Me alegra que te hayas llevado bien con mis padres. –

Le dije, ella asintió, poniendo sus manos a los lados. Yo entendí el mensaje y la tomé de la mano, ella se recargó en mi hombro sin avisar y eso hizo que me sonrojara. Estábamos en medio de la nada en realidad, y en cierto modo, podían haberla visto, pero nadie pasaba por el lugar a estas horas del día, así que no había problema.

–Tenía miedo de que no me aceptaran. –

Comentó ella, con su cabeza recargada en mi hombro.

–Aun en tal caso, te habría defendido, aunque no hizo falta. –

–No tienes que hacerlo, tu madre es agradable, me trató muy bien luego de que le dije la verdad. –

– ¿La verdad? –

–Es un secreto. –

Respondió ella, sonriendo porque sabía que yo era curioso.

–Oh vamos. –

Insistí, pero ella negó levemente con la cabeza.

–Es vergonzoso. –

–Aun así, se lo dijiste. –

–Sólo fui sincera. –

Replicó, sin ganas de hablar del tema, evidentemente. Las dudas continuaron acumulándose en mi cabeza. Ahora tenía una nueva ¿Qué fue lo que le dijo a mi madre?

–Tu padre es amable también, es atento con tu madre, casi como lo eres tú conmigo. –

–Si bueno, creo que es de familia ser mandilones. –

Le dije, batiendo levemente la cabeza. Ella soltó una carcajada, como nunca había sucedido.

–No tienes que burlarte. –

Le reclamé, confundido y algo enfadado.

–No me burlo, es sólo que… quizá es de familia… ser fría. –

Himiko bajó la cabeza, con una expresión intermedia entre pensativa y melancólica.

–Tú no eres fría, eres orgullosa, que es diferente. –

Repuse. Ella se separó de mí y volteó a verme, yo la miré también.

– ¿Cómo sabes que no los soy? ¿Eh? ¿Eh? –

Preguntó, picando mi mejilla con su dedo. Yo la tomé con ambas manos y le di un beso en los labios. Fue tomada por sorpresa y no se resistió, pero bajó la cara cuando terminó, ruborizada.

–Así es como lo sé, si fueras una mujer “fría” eso no sería tan importante como para que bajaras la cara avergonzada por ello, estas avergonzada porque se sintió bien. –

Ella lo pensó por un momento, como validando la congruencia de mi respuesta, puede que lo que hubiera dicho no fuera exactamente lo que trataba de decirle.

–Entonces, según tu… ¿Cómo soy? –

Preguntó.

–Ardiente. –

Ella se ruborizó enseguida, tomó su bolsa y poniéndose de pie comenzó a golpearme con ella, yo me cubrí como pude.

–Si eres un engreído, y un indecente además ¿Cómo le dices esas cosas a una chica? ¡Degenerado! –

No pude contener la risa esta vez, al poco rato ella se detuvo y se sentó, inflaba sus mejillas con coraje