Jimen no Hoshi C25

Modo nocturno

Capítulo 25: Las nubes ocultan el sol.

–Déjala sola chico, ella necesita pensarlo un poco. –

Fue lo que me dijo la anciana. Himiko estaba en el patio de afuera, tomando jugo. Fumaba sin preocuparse de nada de lo que pudiera pasar alrededor. Ni de la casera, ni de la gente que doblaba en la esquina y podía verla. Yo la miraba sentada sobre el césped del pequeño jardín. Suspiré, no sabía lo que podía decirle, así que no estaba seguro de si acercarme era una buena o una mala idea.

Recapitulando lo que paso, Himiko y yo llegamos bastante tarde de nuestro extraño viaje, fue entonces que encontramos a la casera afuera de la casa. Himiko estaba temblando cuando ella nos hizo pasar a la casa, lo sé porque estaba tomándola de la mano. Al menos hasta que ella me soltó.

Cuando nos dieron la noticia, ella dejó caer su pequeña maleta y me soltó de la mano. Eso fue todo. Se quedó estática durante un largo rato, yo volteé a verla.

–Vaya, es bueno saberlo. –

Fue lo único que dijo su boca, luego pareció quedarse pensándolo por un momento. Y se dio la vuelta y subió a su alcoba. Fue evidente que la casera esperaba una reacción completamente distinta. Y en retrospectiva yo también la esperaría de haber dado una noticia como esa.

Tanto así que lo primero que hice fue ir a su alcoba y tocar la puerta.

Ella abrió como si nada pasara, pero me miró con desagrado.

–Agradecería si hoy dormimos separados. –

Dijo ella, aunque me dejó pasar.

–Todavía tengo que recuperarme de lo que pasó anoche. –

Añadió, yo negué con la cabeza.

–No estoy aquí buscando acostarme contigo. –

Entonces Himiko me mostró una sonrisa, bastante extraña si cualquiera me lo preguntaba, no me refiero a que fuera falsa, sino que le faltaba algo a su rostro. Supuse que después de todo, algún efecto tenía que tener la noticia.

– ¿No quieres saber que sucedió? –

Le pregunté finalmente, ella negó con la cabeza, con una tranquilidad que daba algo de miedo.

–No ¿Por qué debería? –

No estaba triste, tampoco conmocionada o asustada, actuó como si fuera lo más normal que pudiera pasar, como si quien hubiera muerto fuera un vecino, uno que no ha visto hacía mucho tiempo.

–Bueno, pensé que estarías conmocionada. –

Repliqué, comenzaba a asustarme, y me asustó más. Ella puso cara seria.

–Estoy bien. –

Dijo ella. No sonaba para nada a que estuviera mintiendo. Quería decir algo como “No deberías” pero la cara de paz interior que tenía no me lo permitió, algo se revolvió dentro de mí. Esto no era para nada normal. ¿Ella odiaba a su madre? ¿Tanto que le alegraba que estuviera muerta? A mí nunca me mencionó nada acerca de ello, es cierto que casi nunca hablábamos de esos temas, pero su reacción simplemente me dejó helado.

–Ahora si no te importa, quisiera dormir. –

Insistió, era más que obvio, quería estar sola, pero por otro lado, cuando ella se deprimía… bueno. Tenía miedo de dejarla sola ¿Ya?

Otra cosa es que ella no parecía deprimida para nada. Parecía feliz.

–Si bueno, estoy algo preocupado de dejarte sola. –

Ella hizo un gesto de tedio, alzando sus manos, las mangas de su suéter bajaron, dejando ver las marcas en sus muñecas, pero ninguna era nueva. Las mostró casi con cinismo.

–Estarán igual mañana… promesa. –

Me dijo con una voz genérica, ladeando su cabeza varias veces.

–De acuerdo. –

Le dije con un suspiro. Su lengua se volvió más hiriente de lo normal en ese momento.

–A veces me siento prisionera de tus atenciones. –

Ese comentario realmente me golpeó, duro y por debajo. No lo vi venir, pero apreté el estómago, sabiendo que era un mal momento para hacerla enfadar. Por otro lado, creo que yo estaba más triste que ella por lo que había pasado, quizá estaba tomándolo de forma demasiado sensible.

–No volverá a pasar. –

Aseguré, no del todo seguro yo mismo.

Ahora que lo pensaba, yo también estaba cansado, quería dormir. Después de que ella me había prometido que no se haría daño (Aún no estaba seguro de creerlo, pero tampoco sabía que pensar con respecto a su reacción) simplemente asentí y me di la vuelta. Hubo un siseo en su voz cuando ella dijo:

–Gracias. –

Y cerré la puerta tras de mí.

––––––––––

El día siguiente fue de escuela, me levanté temprano y comencé a prepararme, y como todos los días, bajé a desayunar a la misma hora, pero a pesar de que el desayuno estaba servido, no había nadie. No había dormido nada bien a causa de lo que pasó, y me despertaba constantemente, escuchando el llanto de Himiko en sueños y volviendo a dormir cuando me daba cuenta de que ella estaba tranquila en su recámara. No estoy seguro de porqué eso me violentaba tanto.

Escuché el teléfono sonar, pero nadie salió a contestarlo, así que hice como si nada pasara, iba a salir de la casa cuando vi a Himiko bajar las escaleras, aun en pijama. Se quedó parada antes de bajar, mirándome a los ojos inexpresivamente.

–Tengo que irme. –

Fue lo único que pude decir, ella asintió.

–Ten un buen viaje. –

Respondió ella y yo cerré la puerta tras de mí. Tenía que suponer que ella no estaba en condiciones de ir a la escuela, sobre todo emocionalmente hablando, pero la verdad es que yo creí que no le había importado. Después de todo, su reacción no se parecía a nada que yo hubiera visto antes.

Creo que el llegar a creer que no le había importado me hizo pensar mal de ella, fue la primera cosa que me hizo pensar realmente mal de ella, pero era su madre, no la mía, no es como que tuviera derecho a decir nada, y siendo sinceros, yo nunca había lidiado con algo así, no tenía idea de cómo abordarlo.

Durante el descanso, tuve una conversación con Harusaki.

– ¿Cómo te sentirías si un día te dicen que tu madre murió? –

Pregunté, ella se enfadó. Pero tenía la cabeza llena de cosas en ese momento para pensar en lo increíblemente estúpido e insultante que era lo que le había preguntado.

–Vuelves a decir algo como eso y dejaré de hablarte en mi vida ¿Oíste? –

Me gritó.

–No, espera, no es eso, no lo estoy diciendo por ti, no te enfades. –

– ¿Cómo esperas que no me enfade si estás diciendo esas cosas sólo así? Eres lo peor. –

La seguí a través del pasillo.

–Escucha, maldición, escucha, no lo digo por ti, es una suposición. –

–No supongas… –

Iba a darme una bofetada, no me cubrí, Yamaki se quedó en silencio, con lágrimas en los ojos.

–Yo quería invitarte un jugo hoy, y lo primero que me dices es algo como eso… ¿Qué tienes contra mí? –

Se quejó Harusaki.

–Escúchame, no hablaba sobre ti, es sólo que… tengo un conflicto, sé que tu madre está bien y que es una persona maravillosa, no es contigo… en serio. –

Ella cruzó los brazos, y me miró a los ojos, todavía había coraje en su rostro, pero al menos me escuchó.

– ¿Qué pasa entonces? –

–Bueno… la madre de mi novia falleció. –

Expliqué, en voz baja, y acercándome a ella, Yamaki se quedó en silencio, abriendo los ojos todo lo que pudo.

––––––––

Una vez que nos sentamos, conté a Yamaki lo que había sucedido mientras volvíamos de mi casa, a cada cosa que yo le decía ella asentía interesada, hasta que llegué a la parte que acabo de relatar al principio del capítulo.

–Vaya… creo que yo me habría desmayado. –

Me dijo ella, suspirando, quizá porque entendió que en ningún momento pretendí insultarla.

–Exactamente ese es mi problema, ella sólo no hizo nada, simplemente se fue a dormir… y estoy algo asustado. –

– ¿Estas asustado de que tu novia odie a su madre? –

Preguntó Yamaki.

– ¿Que tanto se puede realmente odiar a tu madre? Incluso aunque te abandone como ella hizo, algo hay que sentir en esas circunstancias ¿No? –

Me llevé las manos a la cabeza, Yamaki puso una mano en mi hombro.

–Si tú no sabes lo que sucede, menos yo, pero… estoy contigo, si es que vale de algo, no sé nada de cómo reaccionaría en una situación así, y tampoco sé por qué alguien podría reaccionar de la forma en que ella lo hizo. –

Yo me puse las manos en la cara. No había puesto nada de atención a las clases, y siendo sinceros no me importaban, Yamaki se puso de pie.

–Daitako. –

Ella me llamó por mi nombre, yo volteé a verla, confundido.

–Sé que es un pésimo momento para decir esto, y que quizá estoy viéndome como una egoísta por lo que voy a decirte pero… ¿No quieres una novia más normal? –

–Eso no… –

Me dejó desarmado en el momento en que ella me llamó por mi nombre, ella estaba parada frente a mí, de espaldas para no mirarme y poder decir lo que estaba diciendo.

–Es que… desde que sales con ella, cada que te veo tienes problemas, eso parece más un empleo que una relación amorosa. –

–No tienes idea… –

Suspiré, ella tenía su parte de razón.

–No voy a dejar de ser tu amiga, no importa si me rechazas de nuevo, y otra vez, y otra vez, eso no me alejará de ti, pero… por tu propio bien… ¿No preferirías algo más estable? ¿No sería mejor que tu problema fuese que tu chica está celosa porque alguien te miraba en la calle? Los problemas complicados acaban con el espíritu. –

Era una maldita. Era una maldita por decirme esas cosas cuando sabía que mi ánimo se derrumbaba y mi firmeza flaqueaba frente a problemas de los que yo no tenía la respuesta. Admito que por un momento me pasó por la cabeza, un montón de imágenes rápidas pasaron frente a mis ojos mientras los cubría con mis manos.

Y a pesar de que se veía bien, yo sabía que era una fantasía.

Porque yo jamás podría olvidarme de alguien como Himiko.

Suspiré. Era una tontería, yo estaba pensando tonterías, tenía que haber algo bueno dentro de todo esto, no digo que una solución, porque nada iba a traer a la señora de vuelta a la vida, por otro lado, ni siquiera sabía de lo que estaba hablando realmente, no entendía a Himiko.

Pero aún recordaba una cosa importante.

Yo estaba de su lado.

–Dicen que el pasto siempre es más verde al otro lado de la cerca. –

Le dije, con una sonrisa, luego me fui de allí, era una pena que ella no supiera que hacer, pero era una chica de quince años igual que yo. ¿Qué tanto podía saber realmente?

Luego tendría que disculparme por seguir arrojando mis problemas sobre ella.

––––––––––

Durante el segundo descanso, telefonee a mi madre, era la única que podía tener una respuesta a lo que estaba pasando, o cuando menos una pista. Lo único que quería, es que alguien me dijera que la reacción de Himiko era una reacción normal en esos casos.

…Una noticia horrible. ¿Me estás llamando por teléfono para decirme eso?

Me preguntó, un tanto ofendida, y bastante alterada.

…Llamé para decirte que te echo de menos, madre, y que necesito tu consejo.

Le expliqué, y entonces le conté lo que había pasado y sobre la reacción fría y calculadora de Himiko. Mi madre escuchó atentamente, luego me dijo.

…Una vez, cuando aún eras un niño pequeño, ibas en tu bicicleta y caíste. Te golpeaste la cabeza contra un árbol y comenzaste a sangrar. Yo corrí hasta donde estabas para ayudarte a ponerte de pie, y tú estabas allí, sentado sin decir nada, sin hacer ningún ruido, sólo mirando la sangre gotear de tu cabeza. Y no fue sino hasta que te puse de pie y te pregunté ¿Te has herido? Que me miraste y comenzaste a llorar.

Yo no recordaba eso para nada, pero no creo que mi madre tuviera la necesidad de inventar eso. Por otro lado, esa explicación me hizo suspirar. Si aceptaba lo que mi madre estaba diciéndome entonces no tenía que sentir desagrado hacia Himiko (cosa que ahora mismo me hacía sentir miserable) y entonces todo estaría bien.

Yo había vuelto a emitir un juicio sobre su comportamiento. Me alegraba sobremanera no habérselo dicho.

…Por cómo me cuentas lo que pasó, pienso que ella simplemente no estaba segura de cómo expresar lo que sentía, y en esas ocasiones, una cierra su corazón hasta que se siente segura de que puede sacarlo de alguna forma. Creo que hiciste bien en ese momento, pero también pienso que es hora de que le recuerdes que estás allí para ella, y que puede contar con tu apoyo.

Explicó mi madre, incluso su tono de voz era relajante, como de costumbre.

…Creo que entiendo.

…La vida no es como en las novelas de televisión, las cosas son mucho más complejas de lo que parecen, y ella necesitaba tiempo para ordenar lo que está sintiendo. No creo que haya sido una mala idea que la hayas dejado sola un momento.

Añadió, quizá creyendo que me alteraría como la última vez que tenía que haberla dejado un momento a solas.

…En tal caso, creo que iré a buscarla cuando salga de la escuela, te debo una.

…No me debas nada, ten buenas notas.

Mi madre volvió a su humor habitual luego de eso, y colgamos. Ya no hablé más con Yamaki del tema, incluso le invité un helado a la salida de la escuela, diciéndole luego que tenía que irme, la dejé feliz comiendo su helado en una banca y me fui.

––––––––

Fue entonces que llegué a la casa y encontré a Himiko fumando afuera como había dicho. La casera entró después de eso, pero yo me quedé allí parado. Lo cierto es que todavía no sabía que podía decirle. Era una estupidez preguntar ¿Cómo estás? Cuando era obvio que ella estaría de todo, menos bien.

Finalmente ella volteó a verme, con la misma mirada inexpresiva que tenía cuando me fui a la escuela, hizo un gesto de tedio y volvió a mirar a la nada.

–Es incómodo que estés allí parado, si tienes algo que decir, entonces dilo. –

Aproveché eso para acercarme a ella. Himiko me miró como me sentaba a un lado de ella, sin decir nada.

– ¿Qué haces Himiko? –

Pregunté.

–Fumo, pienso, pierdo el tiempo… lo que sea. –

Había coraje en su voz, yo no me molesté, había que ser paciente y esperar, quizá me había adelantado mucho, en cuyo caso, ella no tendría la culpa si respondía agresivamente como la noche anterior.

–Sabes que me gustaría saber lo que estás pensando. –

Insistí, ella dio una bocanada a su cigarrillo, luego me miró con melancolía.

– ¿Por qué? Soy una horrible persona ¿Cierto? Hubiera jurado que eso es lo que querías decir anoche, puedes decirlo ahora, ya lo sé de todos modos. –

Ella si podía leerme la mente, y en este caso eso no era nada bueno, pero bien pensado, puede que me haya enojado por lo que dijo, no que lo pensara de verdad, quería que Himiko entendiera eso.

–Bueno, puede que eso sea mentira ¿No lo has pensado entre tanto? –

Pregunté, tampoco quería contradecirla, sabía que en este caso, mi opinión era bastante menos importante de lo que lo fue en otros momentos, no la culpaba de cualquier forma.

–Claro que no… es decir, mi madre murió… yo quería llorar, pero no pude, quería gritar, pero tampoco salió nada de mi garganta, ni siquiera ahora. –

Explicó, un tanto desesperada, yo asentí, y comencé a acariciar su cabello.

–Quería que me mimaras, pero dije cosas que no debí decir, de nuevo, y te hice daño con ello. –

–Bueno no fue… –

Himiko no me detuvo, dejó que me acercara a ella y acariciara su cabello, yo lo interpreté como que ella deseaba que la escuchara.

–Claro que sí, vi tu cara, pude ver perfectamente cómo algo se rompió. –

Reclamó, molesta porque sabía que estaba mintiéndole.

– ¿Tan obvio fui? –

Pregunté, con una sonrisa melancólica.

–Te dije que estaba bien para que no te preocuparas, y en realidad quería que me abrazaras, pero tenía ganas de golpearte… –

–Esas son demasiadas emociones. –

Aseguré, quizá para reclamarle por permitir que tantas emociones se acumularan en su corazón, de modo que no pudiera manejarlas, era un sentimiento parecido a cuando miras que su cuarto está desordenado.

–Lo sé, pero no pude hacer nada, nunca puedo hacer nada cuando es importante. –

Explicó ella, girando la mirada, yo la tomé de la mano.

–Eso no tiene nada de verdadero, Himiko. –

–Claro que lo tiene, es decir, tu y yo estábamos divirtiéndonos mientras mi madre se debatía entre la vida y la muerte, debería sentirme culpable por algo así, llegamos y me informaron que ella falleció, y yo lo único que dije fue “Quiero dormir” y tú te preocupaste, fuiste hasta mi alcoba, y yo tenía ganas de golpearte. Todavía pienso que hice lo correcto, a pesar de que mi mente me dice lo contrario, me dice que debí haber llorado o algo, a pesar de que quería un abrazo, mi corazón no lo acepta, todavía está diciendo: Está bien, y eso no está para nada bien. –

Himiko dijo esas cosas mientras batía la cabeza con desesperación, yo puse una mano en su hombro por un momento.

–Si tu corazón lo dice, entonces es así, no tienes que sentir cosas que no puedes sentir, siempre has actuado como tú crees correcto. –

La solté, ella se quedó estática y suspiró.

–Pero… –

Se quejó, yo volví a tomarla de la mano.

–Mi madre era importante para mí… –

Explicó ella, mirándome a los ojos. Y como el anuncio de algo, en su pecho comenzaron los relámpagos y truenos en forma de sollozos.

–Yo… –

Y fue todo lo que pudo decir, porque después de eso, Himiko estaba llorando, con un llanto mucho más triste e hiriente que el que yo le había escuchado nunca. Y se sostuvo de mi para no caerse, la rodeé con mis brazos después, acariciando su cabeza, dejándola que llorara.

Ella pidió perdón unas cien veces mientras lloraba, imagino que estaba disculpándose con su madre por haber actuado de esa forma tan fría el día de ayer.

Lo único que yo pude hacer fue decir: “Todo va a estar bien.”

Aunque fuera mentira, aunque algo en el fondo de mí, me decía que no, que después de este día, nada volvería a estar bien.