Jimen no Hoshi C30

Modo nocturno

Capítulo 30: Una mujer herida en el corazón.

Cuando el reloj derramó los últimos granos de arena, una mañana de primavera, yo preparaba lo que iba a necesitar. Costaba creer que había pasado ya un año, pero era el aniversario de su fallecimiento, era para mí un día inolvidable, el más triste de los días, y como entonces, las nubes eclipsaban el sol, como si desearan seguir repitiendo aquella siniestra ceremonia.

Evité derramar lágrimas con todas mis fuerzas, sin asimilar que el mundo siguiera funcionando después de que ella ya no estaba. La mujer más hermosa del mundo. Me ofendía pensar que su padre aún estaba respirando. Pero no por mucho.

Para entonces, había completado ya todas las pruebas y ahora pasaba la mayor parte de mi tiempo ayudando y entrenando.

Yukihana permaneció a mi lado durante todo ese tiempo, al menos cuando ella no tenía también trabajo que hacer, no había vuelto a ver a Motoraku, ni había puesto un pie fuera del reducto en todo ese tiempo, al menos no desde que regresamos de aquella extraña cacería, en la que fuimos a buscar a un par de lobos que habían atacado a las ovejas.

Esa mañana, mientras yo preparaba las cosas que pudiera llegar a necesitar (algunas de ellas requerían mucha preparación previa) Yukihana entró en silencio a las habitaciones. Como de costumbre estaba vació.

–Los otros chicos se rinden fácilmente. –

Dijo ella, tenía puesta su faceta helada en su carácter, hablaba sin tono de emoción, sin embargo, hubo algo en su expresión que me dijo que ella sería… diferente.

De todos modos ella parecía harta por alguna razón, lo cual me hizo pensar que alguien estaba presentando la prueba hasta hace un momento.

–He notado que eres más severa cuando quieres que acabe pronto. –

Le dije, ella se sentó sobre la mesita, poco a poco, su rostro comenzó a volverse más amable.

–También cuando tú la presentaste fui severa, quería que te rindieras pronto, pero nunca te rendiste… ellos no son como tú. –

– ¿Qué quieres decir con que no son como yo? –

Pregunté, volteando a verla desde donde estaba.

–No tienen agallas, el dolor los asusta… tú fuiste valiente. –

Se quejó, parecía frustrada, empezaba a creer que ella disfrutaba golpear a la gente.

–Eso no era valentía, hice lo que tenía que hacer, para eso estoy aquí. –

Respondí, cerrando mi mochila. Ella se dio cuenta de que me estaba preparando para algo, pero no dijo nada. No le gustó la idea, eso fue muy obvio.

–He hablado con la señora Mikako hace un rato. –

Comentó Yukihana, balanceando sus pies de frente y atrás.

– ¿Sobre qué? –

Pregunté, seguro que estaba relacionado con lo que ella había venido en realidad a decirme, dudo que viniera simplemente a quejarse sobre los otros chicos.

–Sobre ella, y su… primer beso. –

Su respuesta estrujó mi corazón, sobre todo por el tono en que lo dijo, parecía sentirse… estafada.

– ¿Te lo ha contado sólo así? –

Pregunté, extrañado de que ella hablara de ese tema precisamente conmigo, claro estaba que eso no era todo. Ella cambió el tema, o fingió cambiar el tema.

–Me dijiste que tenías una promesa que querías cumplir. –

Comentó ella tentativamente.

–Así es. –

Le dije, dejando la mochila en una esquina de la habitación y mirándola a los ojos.

–Dai Sensei ha dicho que estarías aquí un año… ¿Y luego qué? –

Volvió a comentar, fue entonces que tuve que aceptar mi situación, me refiero a que estaba cerrando mis salidas, daba la impresión de que ella había estado investigando mucho sobre mí. Quizá incluso había intentado cuestionar a los chicos que hacían la prueba, y como no supieron nada, se enfadó.

–Iré a donde pueda cumplir la promesa que hice, tal como te lo había dicho. –

–Pero… ella ya no está ¿cierto? ¿Por qué tienes que cumplir esa promesa entonces? –

Preguntó finalmente, yo bajé la cabeza. Principalmente porque tenía razón. En segundo lugar porque me di cuenta de que ella estaba celosa y se sentía engañada, tanto como podía estarlo una jovencita de doce años, pero lo estaba. En tercer lugar porque me di cuenta de que Yukihana ya no era una niña.

Su inocencia se fue con el invierno cuando terminó.

Puede que hace cuatro meses hubiera podido distraerla con mis historias baratas, pero el tiempo no había dejado de pasar para ella, y era una chica en crecimiento. Me sentí halagado de haber llegado en el momento justo para ver esa parte de ella antes de desapareciera, así que decidí pagarle siendo sincero con ella, y respondiendo correctamente a sus sentimientos, que aunque pequeños y poco claros, estaban allí, y yo lo había sabido siempre.

–Eso no cambia nada, de cualquier modo tengo que hacerlo. –

–Te irás entonces. –

Reclamó, esta vez abiertamente, con lágrimas en los ojos.

–Sí. –

Respondí.

– ¿No hay nada que te haga olvidar esa promesa? ¿Por qué tienes que seguir con ello? ¿Por qué no puedes quedarte aquí…? Conmigo. –

–Porque. –

Le respondí, no estaba enfadado con ella, no tenía la culpa de sentirse así, acaricié su cabeza.

–A veces un hombre debe hacer, lo que un hombre debe hacer. –

–Pero me harás falta… te echaré de menos… –

Dijo mientras yo comenzaba a caminar, ella me siguió, yo llevaba la Nodachi en la espalda porque iba a practicar.

–Lo siento. –

Le dije, para darle a entender que eso no cambiaba nada. Fue entonces que ella se enfadó.

–Jamás volveré a llamarte Onii–chan, no eres mi hermano, eres un extraño. –

Ella solía decirme así después de lo que habíamos hablado en la última ocasión que tuvimos una conversación… seria, pero creo que ahora había perdido validez. Creo que ella sentía que había usado eso para “estafarla” porque aquel título impediría que ella se acercara a mí de forma romántica, que era lo que ella deseaba en realidad.

Yukihana se fue corriendo y llorando después de aquello. Yo seguí caminando en dirección a la colina donde siempre entrenaba.

–––––––––

A pesar de que entrené duro, no logré concentrarme, es cierto que tenía un buen dominio de la Nodachi, puedo decir que mejor que solo bueno, pero mi mente no estaba en donde debería estar.

Tenía que aprender a manejar estas cosas o no sería capaz de hacer nada al momento de realmente necesitarlo. Medité para aclarar mi mente un poco, y el meditar me puso en la cabeza la idea de ir con Yukihana y disculparme. Así que poco después de la puesta del sol, fui hasta su Dojo, las luces estaban apagadas, con excepción de las lámparas en el último piso. Así que al menos estaba allí.

Entré en silencio.

Lo siguiente que supe es que algo me había golpeado con mucha fuerza en el estómago, tuve un ligero resbalón, y puse una rodilla en el suelo, pero un año de entrenamiento no pasaba en vano, y dicho esto, yo sabía que era Yukihana, sólo ella podía ser lo suficientemente silenciosa y estar familiarizada lo suficiente con este sitio como para atacarme y ponerse fuera de mi alcance con esa rapidez.

Un golpe más, esta vez a la cabeza y por un costado, lo detuve con la Nodachi, sin desenvainar, y más golpes comenzaron a llegar, mientras mi vista poco a poco se acostumbraba a la oscuridad.

Era cierto que la primera vez que intenté atacarla ella me venció con mucha facilidad, pero ahora estaba más preparado, eso sin mencionar que era más grande que ella, y que Yukihana era una chica.

Después de que mi vista se hubo acostumbrado a la oscuridad y pude verla claramente, detener sus golpes y derribarla fue sencillo.

–No pensé que me atacarías, sé que estas enfadada conmigo pero… –

Ella me interrumpió. Yo sostenía sus muñecas contra el suelo, ella parecía complacida por la posición en la que estábamos. Me puse de pie.

–Te probaba. –

Respondió, sonriendo como de costumbre. Al menos no parecía enojada. Fui un tonto por pensar eso, lo sé.

–Estás listo. –

Dijo ella, luego le permití que se pusiera de pie también, dando un paso atrás.

– ¿Estas bien? –

Pregunté, ella lo malinterpretó.

–Onii–chan no me haría daño, me derribaste, es cierto, pero estabas conteniéndote ¿No es verdad? –

Me respondió ella, visiblemente halagada, y aunque su rostro no mostraba mucho sus sentimientos, su ligera sonrisa y sus ojos bastaban para entenderlos.

–Es verdad, pero no hablaba de eso… y pensé que no volverías a decirme de esa forma. –

Ella comenzó a subir las escaleras, haciendo una seña con la mano para que le acompañara.

–Yo he comprendido todo… tú… estás enamorado de ella todavía. –

Bajé la cabeza inmediatamente, pero no quise mentir más, decir la verdad era lo mejor en este caso, sobre todo si quería que ella me comprendiera.

– ¿Has hablado con la señora? –

Pregunté, también era muy obvio que ella no llegaría a esa conclusión así de simple.

–Ella dice que el trabajo principal de una esposa es comprender a su marido, y no puedo pretender quererte sin entender cómo te sientes. –

Alguna cosa así tenía que ser, pensé que la señora y sus consejos habían estado facilitándome la vida, demasiado para ser cierto, pero mi esquema mental era demasiado pequeño, y no me pude convencer a mí mismo, de algo que tendría que haber sido más que obvio:

Que la señora Mikako y Yukihana tenían un plan.

–Has aprendido mucho en poco tiempo. –

Mustié.

–Hay un par de cosas que quiero preguntarte. –

Me dijo mientras terminábamos de subir las escaleras. Aquí, todo estaba más iluminado, sentí molestia en los ojos que ya se habían acostumbrado a la oscuridad.

–De acuerdo. –

–Tienes que prometer que serás sincero. –

Reclamó. Yo alcé una mano y dije “lo prometo” más que nada porque aún me sentía un poco mal por el modo en que lo evadí la última vez.

– ¿Te parezco bonita? –

Preguntó ella, sentándose sobre el suelo, yo la miré con detenimiento. Pude notar que su cuerpo estaba comenzando a cambiar, su cabello era más largo de lo que era la primera vez que la vi, y sus ojos brillaban con más intensidad. Sus labios se habían vuelto diferentes también.

–Sí, eres bonita. –

Yukihana sonrió, luego bajó la cabeza.

–No estaba segura de que vendrías… creo que me habrías herido si no… pero aquí estás. –

Dijo, más para sí misma que para mí, pero como todo en su Dojo era de un silencio sepulcral, sus palabras podían escucharse perfectamente. No pude darme cuenta de que ella estaba reuniendo valor para algo, algo importante.

–Sé que tienes que irte, y que tienes algo que hacer, pero dejaré que te marches con una condición. –

Me dijo, sin alzar la cabeza.

– ¿Una condición? –

–Quiero que me des un beso. –

Negué inmediatamente con la cabeza.

–No puedes pedirme eso. –

–Por favor. –

–No puedo hacer eso, ya te he dicho que pienso en ti como… –

Yukihana se puso de pie y se acercó a mí, fue entonces que noté que ella se había arreglado de una forma un tanto peculiar. No es que fuera indecente, en modo alguno, pero se notaba que la intención era verse… atractiva.

–No eres mi hermano. –

Me dijo, iba a darme la vuelta cuando ella me tomó por las manos.

–Y yo nunca había sentido nada de lo que siento ahora… no quiero que se vaya sin saber lo que es… por favor. –

Y colocó mi mano sobre su pecho. Era una trampa.

–Mi corazón late muy fuerte… ¿Qué debería hacer con esto? Onii–chan. –

Suplicó ella, con una voz muy distinta a la que usaba normalmente. Y claro, mi cuerpo respondió al estímulo directo. Me pregunté por unos breves momentos ¿Qué tanto había subestimado su valentía y los consejos de la señora? Pero luego no pude pensar con claridad.

–Yukihana, no hagas esto. –

Le pedí, porque estaba empezando a perder el control, ya estaba masajeando su pecho, que si bien es cierto que todavía era muy pequeño, lo tenía. Quiero decir que era lo suficientemente grande para sentirlo al tocarla con mi mano.

– ¿Cómo puedes decir eso sabiendo que te irás? –

Reclamó ella, yo evadí su mirada, tenía razón. Yukihana usó su nariz para hacer que la mirara de nuevo. Sus ojos tenían lágrimas y ella parecía estar pasando una vergüenza enorme. Pero detrás de eso, también alcancé a ver que ella estaba desesperada.

–Onii–chan… enséñame por favor. –

No pude decir nada, Yukihana me derribó en ese momento y se subió sobre de mí, yo no había hecho esto más que una vez y siendo sinceros no quería pensar en eso. Pero por otro lado, mi cuerpo parecía recordar perfectamente todo, como ya no tenía control sobre él, no pude detenerme.

Yukihana puso sus labios sobre los míos luego de eso, y comencé a usar mi lengua para besarla. Después de un beso largo y obsceno, nos separamos, ella seguía estando roja de la cara, pero ahora sonreía.

–Onii–chan… hazme mujer. –

Pidió, o más bien dicho, ordenó, y se quitó la blusa, dejando ver un sostén pequeño color rosa, con encajes, su piel brillaba a la luz de las dos pequeñas lámparas que había en el cuarto. Pude escuchar como cerraron la puerta del Dojo en la parte de abajo.

¡Lo sabía! Pero por mucho que yo pensara que esto estaba mal, ya no pude detenerme. Yukihana ahogó un grito cuando metí mi mano en su entrepierna y me miró con una sonrisa de infinita satisfacción.

–Si… Onii–chan, te amo. –

Y volvió al ataque, besándome y mordiendo mi cuello con una urgencia difícil de creer, pero lo entendí. Finalmente ella tenía lo que quería.

––––––––––

A la mañana siguiente, cuando me desperté (Un domingo por cierto) Yukihana no estaba allí. Seguro que de haber sido cualquier otra situación habría estado metido en un montón de problemas, pero ahora lo único que pasaba es que yo me sentía muy mal por haber abusado de una niña de doce años.

La prueba estaba en que desperté solo.

Fue después de vestirme, mientras me dirigía a los dormitorios, que escuché que había conmoción afuera. Me acerqué a ver qué pasaba y me encontré con que había un problema en la cocina.

–Oye muchacho… necesitamos una mano aquí ¿Puedes ayudar? –

Preguntó una de las cocineras, pero la señora Mikako no estaba.

–Seguro. –

Le dije, y me metí sin más a la cocina. No tenía ningún problema con ayudar, pero empezaba a imaginar lo que había pasado. Estando allí me enteré que la señora se había desmayado por la mañana, y que Yukihana y Nagame (otra de las cocineras) estaban con ella. Ya había despertado, pero se hallaba terriblemente débil.

Seguí ayudando en la cocina, preguntándome lo que aquello iba a significar. El cielo, que se mostraba ligeramente despejado, se cubrió de nubes negras. “Así que así va a comenzar esto” pensaba mientras salía de la cocina, habiendo terminado ya el trabajo.

Kagerou se acercó a mí por la tarde, no lo había visto mucho últimamente, desde que su prueba terminó.

–Creo que Dai Sensei quiere hablar contigo. –

Comentó mientras caminaba conmigo, yo supuse que se habían enterado de lo ocurrido con Yukihana, pero no tuvo nada que ver.

–De acuerdo, me cambiaré de ropa e iré rápidamente ¿Quieres esperar por mí? –

Pregunté, sonriendo, Kagerou sonrió.

–No, creo que quiere verte personalmente, es sobre algún asunto que tú y él tienen en común, según sé. –

Fue eso lo que me dijo que no tenía nada que ver con Yukihana, si no era por eso, entonces solo podía ser una cosa. Tuve que forzar una sonrisa para poder asentir, luego Kagerou me dio un golpe en el hombro.

–Escuché que la chica–demonio se te confesó ¿Qué tal fue? –

Preguntó él, sonriendo sórdidamente, yo negué con la cabeza.

–No es como tú piensas que es. –

Le dije, entrando a mi habitación para cambiarme de ropa, no sé si se lo dije a él, o me lo estaba diciendo a mí, pero después de eso, Kagerou se fue.

––––––––

Estaba sentado frente a Dai Sensei en la misma sala en la que él me había recibido cuando llegué aquí, pero a diferencia de la primera vez, sólo estábamos él y yo. Yo hice una reverencia luego de sentarme, y él la devolvió amablemente.

No dijo una palabra, en lugar de eso, me mostró una fotografía.

El estómago se me revolvió.

Podrían pasar 100 años y seguiría sintiendo un nudo en la garganta y la sangre hervir al mirar esa cara.

Inishika Ryoto.

–Puedo ver que estás sediento de sangre. –

Me dijo Dai Sensei, yo no respondí, estaba concentrado en mirar la fotografía, una serie de imágenes se me vinieron a la cabeza en ese momento.

–Y si yo puedo sentirlo, él también lo sentirá, y las gallinas huyen ante la vista del lobo. –

–Lo siento. –

Respondí, tratando de controlarme.

–Casualmente hemos dado con él, pensé que querrías saberlo cuanto antes, los chicos se dieron cuenta de que vive en una zona cercana a Atsumori, sin esposa ni hijos. Creo que sería el inicio perfecto. ¿Qué piensas tú? –

¿Casualmente? Me preguntaba, pero la mirada de Dai Sensei era inmutable, serena. Algo me decía que él también tenía motivos personales en todo esto, y que durante este tiempo él había ordenado llevar a cabo una búsqueda muy activa sobre el tema. Quizá fue por ello que me aceptó con tanta facilidad.

–Que debería comenzar por él, de otro modo no podré terminar. –

–Llegó el día, por eso estas aquí, ahora quiero entregarte algo. –

Motoraku e Ichigo (otro de los hombres que siempre iban en la furgoneta) entraron en ese momento, pero se quedaron parados en la entrada, esperando. Dai Sensei puso sobre la mesa la Nodachi que él había estado usando. Sonreí. Ahora tenía un arma.

–Entendido. –

–Supongo que sabes que no podrás volver. –

Me dijo después, y sirvió te en unos vasos que tenía.

–Debo cumplir con mi deber. –

Fue lo que respondí, pero acepté el té educadamente, esto no pagaría lo agradecido que estaba con él, pero al menos podía hacérselo saber.

–Antes que eso, sé que te involucraste con Yukihana. –

Me dijo, con una sonrisa extraña en el rostro.

–Yo no quise ofenderla, pero ella… –

Comencé a decirle, Dai Sensei alzó una mano, en señal de silencio.

–Sé quién es esa niña, no puedo decir que no lo viera venir, pero tengo que decir que fue insensato de tu parte subestimarla. –

Me reclamó, yo hice una reverencia.

–El corazón de una dama es algo complejo, no puedo saber qué es lo que ella hará al respecto de lo que ocurrió y de tu partida, pero puedo decirte, por lo poco que la conozco, que no se quedará de brazos cruzados, estás advertido. –

Me dijo, no quise pensar en eso de momento, tenía que concentrarme en lo que iba a pasar.

–De nada sirve lamentarse por eso ahora, lo hecho, hecho está, saldrás mañana temprano, del mismo modo en que llegaste, y lo único que espero es que cumplas con tu deber. –

–Así será. –

Respondí, haciendo una reverencia, Dai Sensei se puso de pie y yo también.

–Es todo. –

Dijo, era una orden militar que indicaba que era hora de retirarse. Tomé la Nodachi y salí de allí, dejando atrás aquella que había usado para practicar.

–––––––––

Estaba en la habitación conjunta, mientras los otros dos sujetos, con quienes no había hablado para nada últimamente, estaban dormidos, yo no podía dormir. Fue entonces que me percaté de un ruido en el piso del pasillo. Sólo podía ser una persona, encendí un cigarrillo.

Ella apareció momentos después, vestida con su habitual vestido blanco, los ojos rojos e hinchados por el llanto, quizá había ocurrido algo con la señora, tenía las manos atrás. Si esto hubiera pasado el día que llegué habría gritado. Su cara daba algo de miedo, a pesar de que ella sonreía.

–Onii–chan. –

Saludó, entrando por la puerta que yo había dejado semi abierta para que el humo del cigarrillo no se quedara en el cuarto (Y para que ella entrara.)

–Me enteré de lo de la señora Mikako en la mañana, ayudé en la cocina por eso. –

Expliqué, para que supiera que sabía dónde había estado ella, y con ello, que estaba preocupado por ella, Yukihana asintió, sin dejar de sonreír.

–La señora no está muy bien… los médicos no le dan muchas esperanzas. –

Explicó, insisto, sin dejar de sonreír.

– ¿Va a morir? –

Pregunté, con algo de desconcierto, su sonrisa extraña se volvió amarga, mantuvo sus manos atrás mientras se acercaba un poco más a mí, siendo sinceros, me puse nervioso.

–Posiblemente, he llorado toda la tarde por ello, necesito un abrazo Onii–chan. –

Posiblemente era que me estaba sugestionando con lo que Dai Sensei me había dicho y con la forma inmensamente agresiva que ella había actuado la noche anterior. Es decir, era una niña de doce años ¿No es verdad? pero me miraba como si fuera una serpiente y yo un ratón. Ni que hacerle, la abrazaría, si quería jugar con esto, le mostraría que conmigo no se juega.

–Ven entonces. –

Le dije, sonriendo amigablemente, apagando el cigarrillo para poder abrazarla con ambos brazos, ella se acercó hacia mí, y cuando la abracé, hubo un sonido metálico. Sentí un escalofrío, pero permanecí tranquilo.

Eso no evitó que preguntara.

– ¿Por qué el arma? –

Una pregunta directa, ella estaba apoyando su cabeza contra mis hombros, me respondió así como estaba.

–Pensé que dirías que no, en cuyo caso yo… no quiero estar sola… –

Entonces si estaba en verdadero peligro. Pasé una mano por su cabello, para que se tranquilizara. Quería decirle algo para que se sintiera mejor. Pero en mi situación, no había nada que yo pudiera decirle para que ella estuviera mejor. Creo que sentí pena por ella, perder a tu madre dos veces no debe ser algo fácil de aceptar.

–Yo no quiero que te vayas… –

Confesó, permanecí en silencio, no había nada que yo pudiera decir en realidad.

–Ya sé que no puedo evitarlo pero… tengo miedo. –

–Hay mucha gente aquí que te protegería, Yukihana. –

Le aseguré, pero ella negó con la cabeza.

–Si te vas, estaré sola, no quiero eso. –

–Lo sé, pero no es algo que pueda cambiar a éstas alturas. –

Yukihana se hincó, o mejor dicho se postró frente a mí.

–Por favor, haré lo que tú quieras, no tienes que casarte conmigo, puedo ser tu hermana pequeña si quieres, o tu amiga, o tu esclava… pero por favor. –

–Yukihana, no hagas esto. –

Ella se puso de pie inmediatamente y volvió a pegar su cuerpo al mío.

–No llevo nada debajo del vestido, sentí mucho dolor anoche, quería gritar pero… fui feliz, y ya no me importa si quieres hacer de mí un desastre, yo lo aceptaré pero… –

Estaba diciendo todo eso al tiempo que levantaba su vestido para mostrarme que no llevaba nada puesto. La separé, sin mucha fuerza pero firme, había sido su carta de triunfo, no la culpaba por intentarlo de nuevo.

–No puedo. –

Le dije, entonces ella retrocedió, intentó tomar el cuchillo del piso, pero fui más rápido y lo tomé primero. Al verse desarmada y en desventaja, Yukihana finalmente se rindió.

–No terminará aquí… no te dejaré escapar. –

Dijo cuándo se fue corriendo. No podía haber previsto lo problemática que sería aquella situación en ese momento, así que la dejé ir.

–––––––––

Antes de que el sol saliera, yo estaba parado cerca de la furgoneta que habría de llevarme de vuelta allá abajo, que ahora parecía en cierto modo un sitio extraño para mí. A pesar de que todos los recuerdos estaban presentes en ese momento, fue como si hubieran pasado muchos años desde todo aquello. Me sentía un extraño. Pude ver los débiles rayos de sol asomarse en el horizonte, pero el cielo seguía nublado, parecía que llovería.

– ¿Estás listo? –

Preguntó Motoraku, llegando y poniendo una mano en mi hombro. Yo toque mi collar, sosteniéndolo por un momento, y temblando al recordar lo que sentí, cuando, un día como hoy, desperté sintiendo que algo malo había ocurrido, y como no pudo ser peor cuando bajé las escaleras. Hubiera preferido no despertar.

Pero aquí estaba. Listo.

–Lo estoy. –

–Nos han dicho que debemos acompañarte hasta la entrada de Atsumori, una vez allí, tendremos que dar la vuelta. –

Me dijo, otros dos sujetos, entre quienes se encontraba Kagerou, subieron a la furgoneta, escuchaba el himno nacional en el fondo, todos estaban levantándose.

–Es hora. –

Dijo Kagerou desde dentro, yo asentí, y estaba a punto de subir a la furgoneta cuando alguien haló ligeramente desde detrás de mí. Me di la vuelta para notar que Yukihana me miraba, imagino que con un montón de sentimientos encontrados. Parecía haber llorado mucho, y estaba temblando, no sé si de frio, de coraje, o de tristeza.

Pensé que querría despedirse, así que me acerqué a ella.

–Hoy me dejas aquí, me has hecho enormemente feliz, para luego arrebatarme esa felicidad y llevártela contigo, te la doy, me quedaré aquí y rezaré por tu bienestar, hasta que llegue el momento en que como antes, mis sentimientos encuentren el camino que me lleve hasta ti… hasta entonces, Daitako, no me olvides, que yo no lo haré. –

Esa fue la despedida más dura que yo haya tenido que soportar en mi vida, también tengo que decir que su mirada y el modo en el que repetía el movimiento son sus dedos fue algo aterrador. Subí a la furgoneta cuando ella se marchó.

–Su tiempo aquí también está llegando a su final entonces. –

Comentó Motoraku.

–No me gustó para nada lo que dijo. –

Agregó Kagerou, mirándome gravemente. Ambos parecían saber algo, así que pregunté.

– ¿Tiene algún significado? –

Pregunté, Motoraku fue quien respondió, luego de encender la furgoneta.

–Nadie aquí olvida el pasado nunca, ella no olvidará tampoco. –

Explicó, luego agregó:

–No existe nada más peligroso, que una mujer herida en el corazón, en especial una que no sabe cómo manejarlo.