Jimen no Hoshi Final

Modo nocturno

Capítulo Final: Mi pequeño corazón.

“Aquel que renuncie a lo que es, por miedo a perder lo que tiene, no es ni tiene, ha vivido bajo la sombra como quien no merece que los rayos del sol le quemen la inmundicia en la que permanece”

Esas palabras estaban escritas en el epígrafe de la tumba del abuelo de Himiko. Se refieren pues, a que no puedes vivir ocultando siempre lo que eres y lo que sientes, tarde o temprano, esas cosas te alcanzarán, justo como a mí me alcanzaba Yukihana, llevando en sus manos el pasado que yo inútilmente traté de esconder de Misaki.

Hice mal en ocultar a Misaki lo que sentía y lo que era, y estaba seguro de que ella estaría enfadada por ello. Lo primero que hizo fue mirarme con los ojos llenos de rabia.

– ¿Dónde está? La chica a la que le pertenece esto. –

Preguntó Misaki. Había algo que Yukihana todavía no le había dicho. Se lo dije yo.

–Ya no está. –

Admití, con un suspiro, Yukihana me corrigió.

–Murió. –

Sentí mi corazón encogerse ante la sola mención de esas palabras. ¿Por qué tenía que involucrar a Misaki en esto? Aunque tengo que admitir, que nadie la había involucrado más que yo, de otro modo. ¿Qué estaba haciendo aquí? Y siendo así, como lo era, había estado actuando de forma egoísta, al no permitirle entender aquello que ella deseaba saber tan fervientemente y que ahora se había vuelto una cuestión bastante seria.

Sin embargo, Misaki todavía bajó la cara con tristeza, en una reacción que no era muy lógica en este momento, enjugó una lágrima.

–Vaya… Creo que eso explica muchas cosas, supongo que tenía que ser algo así de cualquier modo. –

Dijo ella, admitiendo eso con la cabeza baja y mirando el collar, luego me lo ofreció.

–Toma, yo lamento mucho lo que ocurrió, entiendo ahora que era algo de lo que no querías hablar, lamento haber sido tan infantil. –

Eso fue lo que me dijo, yo tomé el collar, ella sonreía con una tranquilidad envidiable, como la de alguien que no puede ser lastimada por lo que estaba pasando en ese momento, como un ángel que siente pena por nosotros los mortales que estamos condenados a sufrir. Pero nuestras manos se juntaron cuando ella me lo entregó, ella no se soltó, tuve la impresión de que ese gesto tenía su significado, pero no podía preguntar en ese momento.

–Si yo fuera tú me iría… como te dije, este sujeto no piensa en otra cosa ahora, si te quedas, es seguro que te hará pedazos, tal cual lo hizo conmigo, para él todo se trata exclusivamente de esa chica, no puede amar a nadie más. –

Le dijo, bastante segura de que ahora pensaban igual, Misaki bajó la cabeza por un momento, luego sonrió y miró a Yukihana. Creo que ella no pensaba que Yukihana fuera en serio a usar su arma, ni yo la mía.

–Si tu fueras yo… Creo que me entendiste mal. No eres su novia, según veo, y por alguna razón pienso que tienes mucho rencor contra él… por otro lado, tienes razón, todo para él se trata de terceras personas, y eso no está nada bien, también tengo muchas preguntas y cada vez que me entero de algo, sólo salen más preguntas. Pero eso no significa que voy a rendirme. –

Aseguró, sonriendo con lástima. Lástima ¿Por quién?

– ¿Cómo? –

– ¿Qué? –

Preguntamos los dos, Yukihana y yo, al unísono.

–No conozco aún todas las circunstancias, y aún creo que no fue casualidad que me encontrara con él. También pienso que todo tiene que tener una explicación, quizá estoy siendo demasiado ilusa, pero no voy a rendirme sólo así. –

Le explicó, con la cabeza abajo, como si estuviera meditando todo lo que estaba diciendo con mucho detenimiento, luego levantó la vista y sonrió.

–Te ahorraré el daño… –

Respondió Yukihana entre dientes. Misaki la interrumpió alzando la mano levemente, y sonriendo.

–Ahorra tus palabras, no sé quién eres, pero si no eres su novia entonces él y yo no estamos haciendo nada malo, si nos disculpas. –

Misaki se dio la vuelta, dejando a Yukihana atónita porque no comprendía como es que ella podía actuar de esa forma, y la verdad, es que yo tampoco lo entendí. Empezaba a darme cuenta de que Misaki era obstinada. Mucho, y no le gustaba que otras personas le dijeran como tenía que sentirse con respecto a tal o cual cosa. Era algo que ella se había reservado para ella misma, y tengo que admitir, que en su situación, con todas las esperanzas en su contra y con todas las dudas que tendría que tener acerca de mí, era persistente. Me recordaba a un cierto chico que no quiso darse por vencido sin saber por qué.

Yukihana no pudo sufrirlo, me refiero a que no comprendió que, el juicio de Misaki no estaba para nada completo, y que actuaba de la forma en la que actuaba por lo poco que sabía del asunto. Pero a diferencia de Yukihana, Misaki no pensaba en mi como una mala persona. Se negaba a pensar eso a pesar de que todas las evidencias le sugerían lo contrario.

Lo siguiente que supe es que Yukihana se había lanzado sobre Misaki. Cuchillo en mano.

––––––––––

Arrojé a Misaki contra la pared muy a tiempo, ella se quedó recargada contra la pared completamente atónita, quizá tratando de sobreponerse a lo cerca que estuvo de ser herida letalmente.

–No te sientas tan especial, a mí también me dijo cosas bonitas… y luego… –

Quise arrebatarle el arma a Yukihana, olvidándome por un momento que Yukihana no era una chica común y corriente, actué con desesperación, y lo único que obtuve fue una herida en el rostro. Su arma pasó justo al lado de mis ojos.

Sentí la sangre en mi cara comenzar a correr por mi cuello. Pero pasara lo que pasara no podía perder de vista a Yukihana, porque sabía que si lo hacía no podría escucharla tampoco. Me llevé una mano a la cara, el corte era profundo.

–Te interpones ahora ¿Quieres jugar al héroe? Los héroes no asesinan a sangre fría a la gente, los héroes no engañan a las chicas con promesas falsas, ¿Qué es lo que estas intentando proteger? Mírala, está aterrada. –

Tuve miedo de voltear a ver a Misaki y darme cuenta de que Yukihana tenía razón, por otro lado, si me daba la vuelta, era hombre muerto y lo que era más importante, ella también. Yukihana se lanzó sobre mí de nuevo.

– ¿Cuál promesa falsa? –

Dije entre dientes, resoplando para soportar el dolor, y detuve su golpe con el brazo, teniendo cuidado de no tocar la hoja y de que esta no me alcanzara, aun en ese momento me resistí a clavar la kodachi en el corazón de Yukihana, a pesar de que tuve la oportunidad perfecta mientras forcejeaba con ella. Lo he dicho antes y lo repito, no la odiaba.

–Lo único que te dije, es que no te le acercaras. –

– ¿Por qué? Ella no importa ahora, o es que quieres tener esta pelea, si es así acepto encantada. –

Escuché a Misaki salir corriendo del lugar, era lo más sensato en realidad, seguro que se dio cuenta de que esto era cosa seria luego de la herida que me llevé en la cara. Me aseguré de interponerme en el camino entre ella y Yukihana.

–Tengamos esta pelea entonces, si herirme va a ayudar a sentirte mejor. –

Me quité la mano de la cara y suspiré. Ni que hacerle, era tiempo de pagar por todo, incluyendo lo que le había hecho a ella.

Yukihana se puso fuera de mi alcance luego de patearme la rodilla. Pensé que estaba bien si atacaba a Yukihana, Misaki tendría que haber echado a correr a estas alturas. Me despedí de ella en la mente, quizá había llegado el momento.

Si era así me alegraba de haber conocido a Misaki, no me quejo, viví una buena vida.

Maldición… tenía que terminar de ver el anime de las idol. Ya será en la otra vida.

–Una vez que hayas acabado conmigo, puedes ofrendar mi sangre junto con las de los demás, a esa chica. –

Me dijo Yukihana, mirándome con odio, yo asentí.

–Hablas del clan Kamakura sin saber lo que ocurrió, pero tengo que admitir que sí, acabé con ellos, y lo haría de nuevo, no tengo ningún remordimiento. –

Ella volvió a lanzarse sobre mí, con un resultado parecido al de la vez anterior, pero esta vez ella no se retiró, se dio cuenta de que no la atacaría y me golpeó el estómago con la mano que tenía libre (porque yo sostenía la mano en la que tenía su arma.) no lo esperaba, y el golpe fue duro en realidad, caí al suelo sin aire, y en ese momento solté la kodachi.

– ¿Qué tenía ella de especial? –

Preguntó Yukihana, ciega de celos y coraje.

–Ella era más de lo que ninguna de ustedes será jamás… –

Le dije, mirándola a los ojos para que ella estuviera segura de que estaba hablándole en serio. Recibí una patada en la mandíbula por esa respuesta, pero no me acribilló allí. Comenzó a llorar.

–¡Yo quería que me vieras a mí! –

–Lamento si te hice pensar lo contrario alguna vez, pero te lo dije, no puedo pensar en ti como mujer, eso no ha cambiado. –

Respondí, estaba tirado en el suelo, ella estaba a un par de pasos de donde yo estaba. Caminó hacia mí, sosteniendo el cuchillo en su mano y alzándolo, pensé que allí terminaba todo, la verdad.

¡ALTO! ¡POLICÍA!

Tan atónita como Misaki se había quedado cuando la empujé contra la pared, así miraba Yukihana las luces de las lámparas que nos alumbraban. Había al menos cinco policías, y ahí estaba Misaki. Yukihana salió corriendo y los policías tras ella.

Misaki corrió luego hasta donde yo estaba, mientras un policía permanecía parado a un lado, imagino que esperaba respuestas, los otros salieron corriendo tras la fugitiva Yukihana.

Yo me incorporé, sentándome en el piso, todavía aturdido por la patada.

– ¿Estás bien? –

Pregunté, ella me miró con coraje.

–¡Yo estoy bien! Tu eres el que está mal, y estás completamente loco. ¿Qué se supone que estabas pensando? ¿Por qué diablos te quedaste aquí parado? –

Me regaño. Era inútil decirle que, conociendo las capacidades de Yukihana, si hubiera echado a correr, podría haber sido peor. Más que eso, estaba seriamente apenado, porque yo sabía que un día esto iba a pasar, es decir, yo sabía que Yukihana estaba algo psicótica y que no iba a olvidar esto.

– ¿La herida es grave? ¿Debería llamar a una ambulancia? –

Preguntó el policía. Pero yo no quería eso, más que nada porque no quería que me hicieran preguntas, me puse de pie, negando con la cabeza.

–La atraparán ¿Cierto? –

Preguntó Misaki. Lo pensé por un momento ¿Qué le esperaba a Yukihana? Imposible saberlo.

–No lo sé con certeza señorita, esta clase de cosas no ocurren seguido, no sabemos de quien se trata o porque los atacó, pero en todo caso, si la herida no es grave, recomiendo que se vayan a casa cuanto antes, dejen que hagamos nuestra búsqueda. –

Posiblemente nosotros seríamos estorbos ahora para el oficial, no nos necesitaban para nada, no había necesidad de declarar porque los policías la vieron con el arma ensangrentada en la mano. Yo asentí con la cabeza. Volteé un momento a ver la kodachi.

“Mi deuda está pagada, puedo ir en paz ahora”

Si recogía el arma, la policía comenzaría a hacer preguntas. Así que decidí que la dejaría allí. Sin duda sabría encontrar su camino. Misaki jaló mi brazo para que nos fuéramos de allí, sonreí y haciendo una reverencia al policía, me di la vuelta y comencé a caminar, estar en peligro de muerte me puso al tanto de algo importante: La única forma de romper todas las promesas que había hecho, era morir.

¿Cómo podría retribuir a mi familia lo que había hecho por mí? ¿Cómo podría cuidar de Misaki? ¿Cómo iba a honrar a Himiko? Si estaba muerto no podía hacer nada de esas cosas.

Nos dimos cuenta de que Yukihana había sido atrapada porque al poco rato una de las patrullas encendió la sirena y se fue. Era seguro. Ella iba dentro de la patrulla. Quizá la policía podría encontrar alguien que pudiera ayudarle, me refiero a un doctor o algo. Seguro que se daban cuenta de que ella no estaba del todo bien de la cabeza.

Nada de esto habría pasado si ella hubiera permanecido en su casa cuando ésta se quemó. Hablo de que huyó apenas tuvo conciencia de que podía.

Pensé que el reducto ayudaba a las personas, pero la verdad es que sólo hacía más grandes los sentimientos que tú ya tenías dentro de ti. Si acudías con ganas de ayudar, ese era el sitio correcto, pues había mucho que hacer. Si acudías buscando aceptación, allí seguro que la encuentras. Pero si acudías llevando odio, lo único que pasaría, es que allí se haría más grande, como en mi caso.

En el caso de Yukihana, ella acudió allí confundida y asustada. Y miedo y confusión fue lo único que salió de ella. Como quiera que fuera, para mí al menos, se había terminado.

Así cerraba este capítulo en mi vida. Siempre supe que este día llegaría, el día de avanzar.

––––––––––––

Antes de poder darle vuelta a la página y dar todo por terminado, quería hablarlo con Misaki, pero ella parecía enojada conmigo, supongo que tenía razón, verme así tendría que haber sido preocupante, lo extraño es que a ella le importaba mucho más que a mí.

– ¿Por qué dijiste que no era grave? –

Se quejó Misaki en el camino, yo negué con la cabeza.

–No lo es…  –

Ella comenzó a jalarme con más fuerza.

–Vendrás a mi casa, yo voy a curarte. –

Me gruñó, y así fue como fuimos a parar a su casa, no me dirigió la palabra en todo el camino, llegamos a su casa, ella había mandado un mensaje que no me permitió ver. Su primo abrió la puerta de la casa sin necesidad de que tocáramos.

–Vaya, sí que es una herida profunda. –

Comentó su primo sorprendido cuando nos vio. Yo negué con la cabeza.

–No es tan grave… –

Misaki me interrumpió, furiosa.

–No le hagas caso, los golpes le reblandecieron el cerebro ¿Dónde está mi tío? –

Preguntó, parecía bastante nerviosa.

–Adentro, en su cuarto, mi madre ha salido justo hace un momento, pero puede volver ¿Qué harás? –

–Curarlo, pero si lo ven así seré deportada a Tokio mañana, distrae a mi tío con algo, y asegúrate de que no se acerquen a mi habitación. –

Tan pronto como llegamos, ella me puso un trapo en la cara y me guio hasta su habitación en silencio.

Entonces, si era tan peligroso, ¿Por qué me trajo aquí en primer lugar? No sé por qué simplemente hice lo que ella me dijo. De mala gana tuve que admitir que estaba acostumbrado a obedecer, ya saben gracias a quien, y por otro lado, no sentí que tuviera el derecho de replicar, luego de lo que había pasado.

Entramos a su alcoba.

––––––––––

–Acuéstate allí, te voy a curar ahora, no vayas a salir de aquí ¿Comprendes? –

Me dijo, sabía que de no haber tenido a su tío a dos habitaciones de distancia, me estaría gritando.

–No es más que un rasguño, no es necesario. –

Me quejé, ella giró la cara enfadada, anunciándome que no tenía derecho de replicar.

–Acuéstate allí. –

Dijo, señalando el suelo, el trapo con el que sostenía la herida para que esta dejara de sangrar estaba comenzando a escurrir. Luego salió de la habitación, yo miré hacia todos lados, era la perfecta habitación de una chica. ¿Cómo es que volví a acabar en esta situación? Me preguntaba. Aunque ahora la herida era bastante seria, comparada con aquella ocasión.

Misaki regresó momentos después, con una bandeja de algo, una venda, y una botella de alcohol.

–Mi madre es enfermera. –

Comentó mientras se sentaba a un lado de donde yo estaba acostado, sacó una aguja y la puso en un plato en el que puso alcohol después.

–Yo siempre jugaba con sus cosas. –

Añadió, limpiando sus manos con algodón. Yo miré hacia arriba, sabiendo lo que pretendía hacer, no iba a escucharme quejar. Eso nunca.

–Y bien ¿Qué tienes que decir en tu defensa? ¿Por qué te quedaste? Por lo que veo faltaba muy poco para que terminaras muerto, y me alegro mucho de que no haya sido así, pero ¿Por qué demonios te quedaste? Sabías que era peligrosa ¿no? –

Preguntó, no estaba seguro de si estaba preguntándome… o interrogándome, tortura inminente incluida. Quitó el trapo con un tirón. Sus facciones eran duras, ella no sentía pena por mí, era más como si sintiera asco, y además estuviera enfadada.

– ¿Y porque le dijiste al policía que no era nada? Eres lo bastante consiente de que tu piel está partida por la mitad ¿cierto? En realidad necesitabas una ambulancia. –

–Lo siento. –

Respondí, estaba acostado, no podía evadir su mirada, pero estaba avergonzado, ella se enfadó.

– ¿Lo sientes? Sientes ¿Qué? –

Misaki montó en cólera.

–Siento estar causándote problemas por esto. –

–No tienes que preocuparte por mí, yo no soy quien está herida, tampoco soy quien va a sufrir por esto, habría sufrido mucho si hubieras muerto, pero te aseguro, que no tienes una idea de lo que es muerte por desangramiento, aún en ese caso, el que tiene el mayor problema seguirías siendo tú. –

Reclamó, con algo intermedio entre risa por lastima y llanto por coraje.

–Tenías razón, he dejado de pensar que eres genial ¿Tienes una idea de lo patético que te ves, tratando de parecer valiente? Bien, si tanto quieres ser valiente, éste es un buen momento. –

Anunció, como de costumbre, ella nunca olvidaba mis palabras.

–Bien, ya que no quieres hablar, entonces voy a comenzar… está bien si gritas. –

Aseguró, sentí la aguja entrar por la piel, así como estaba, en carne viva, ella comenzó a coser la herida. Al principio, ella lo hizo con fuerza, intentando lastimarme para que me quejara. No me quejé, a pesar de que, les aseguro, fue increíblemente doloroso, no pronuncié ni un sólo sonido, poco a poco ella fue bajando la intensidad, hasta que las últimas puntadas apenas si se sintieron.

Una vez que el hilo empapado en alcohol cerró ambas partes de la piel, ella comenzó a limpiar la herida, ya no parecía sentir asco. Si eso le había dejado desquitarse, por mi estaba bien. Lo malo es que ahora ella parecía asustada por lo que estaba pasando, y creo que el hacerme sentir dolor no le ayudó en nada.

– ¿Por qué te atacó? Esa mujer, sabía mucho sobre ti ¿Qué sabía que le provocó odiarte de esa forma? –

Me preguntó ella, con lágrimas en los ojos, pero yo tenía miedo de decirle lo que había pasado, (si, después de que ella estaba siendo increíblemente amable conmigo, yo aún tenía miedo) evadí su mirada. En cierto modo, todavía pensaba que hubiera sido mejor que ella no volviera.

–No quieres decirme, como tampoco me dirás por qué estas marcado en todo el cuerpo con golpes, como tampoco me dijiste por qué cada vez que me miras no hay en tus ojos otra cosa que dolor… Está bien si quieres guardártelo para ti, de todos modos… pero ¿Por qué tiene que doler? –

Hizo una rabieta mientras exprimía el trapo con el que me limpiaba, ahora todo olía a alcohol desinfectante.

–Pensé que gritarías, pensé que te quejarías, pero por lo que puedo ver en las marcas de tus brazos y piernas, estás acostumbrado al dolor, ¿Te hace pensar que eres genial? Eso no es genial en absoluto, actúas como un prisionero, que está acostumbrado a la tortura. –

Se quejó, luego bajó la cabeza.

–No pienso que seas genial por esto, ni siquiera pienso que sea normal… es patético y yo, ahora mismo siento lástima por ti, y ni siquiera sé por qué. –

Y diciendo esto, comenzó a llorar.

– ¿Por qué lo haces? ¿Por qué veneras el dolor? ¿Te agrada salir lastimado? Dime la verdad ¿Esperabas que esos sujetos de los que me defendiste te lastimaran? –

Me preguntó, llorando con desesperación, que pienso que era por no poder comprender del todo lo que ocurría.

–No soy masoquista, si es lo que te preguntas. –

Respondí, volteando a verla.

– ¿Entonces qué pasa? –

Me chilló, estaba comenzando a alterarse, moví mi mano para acariciar su cabeza, pero ella la quitó moviendo su cabeza a un lado.

–¡Deja de tratarme así! Deja de pretender que me quede callada, que no me entere de nada, Es tan evidente que solamente estando ciega o siendo estúpida no me daría cuenta ¿Por qué tiene que ser un tormento? ¿Por qué parece que sigues haciéndote daño? Y pretendiendo luego que nadie lo note… ¿De verdad crees que no se ve? ¿Qué se supone que ganes con esto? No tiene ningún sentido. –

Preguntó ella, llorando, miré al techo de nuevo.

–Es porque fallé. –

Le dije, fue lo primero que salió de mi boca.

– ¿Es a la chica del collar? –

Preguntó con un chillido, alzando las manos con desesperación, y sonreí amargamente, tenía razón, pero yo estaba malinterpretando su coraje.

–Por eso es que nunca digo nada. –

–¡Pues no lo digas! No importa ya ¿Sabes? Porque no sé quién era, pero sí sé que ninguna mujer en sus cabales podría mirar al chico que ama hacerse daño de esta forma y pensar “se lo merece” ¡Ninguna! Y no me puedo creer, que después de todo ese dolor, y de todo ese… suplicio, ella te guarde algún rencor, por grande que fuera tu falta. –

Dijo después, llorando, yo no me atreví a moverme, lo cierto es que, según lo que yo recordaba, ella tenía razón.

–Probablemente te enojes por lo que voy a decirte, pero si yo fuera ella te habría perdonado hace mucho tiempo, lo que sea que haya pasado, no puedes seguirte castigando así… ¡Perdónate tú maldición! –

Me chilló, al ver que no respondía, yo sólo me quedé mirándola, sin poder creer que una chica escolar estuviera hablándome de esa forma, quizá había pasado tanto tiempo encerrado con mis propios problemas, tanto tiempo sintiéndome de esta forma, que ahora ya no era visible para mí, aunque para otros resultaba muy obvio.

Misaki poco a poco dejó de llorar, limpió sus lágrimas con las mangas de su blusa.

– ¿Sabes? Siempre he creído que todos tenemos derecho a una segunda oportunidad, yo sé que estoy hablando por mí, y que no puedo comprender tus sentimientos, nunca he pasado por algo así, pero no creo que a ninguna chica le gustaría ver al hombre que ama sufrir, incluyendo a la chica que te dio ese collar, puede que no sepa nada de ella, pero si te quería, entonces es seguro de que le resultará tan doloroso como a mí. –

Y suspiró. Se había confesado entre el coraje. Se tranquilizó un poco para poder continuar.

–Y supongo que ya lo sabías pero… Bueno, yo te amo, y pienso que… tu y yo podríamos, ya sabes, ser novios, yo sé que no soy nadie, soy una chica escolar cualquiera, no soy una belleza ni tampoco muy inteligente, no entiendo de cosas complicadas como las que dices a veces, pero si tú estás bien con alguien como yo, entonces yo daré todo de mi por ser digna de tu compañía. –

Las lágrimas acudieron a mi rostro, sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo.

– ¿Por qué? –

Fue lo único que pregunté, ni siquiera sé por qué lo pregunté, era una pregunta estúpida, pero sólo se me salió, ella se sobresaltó por un momento, como insegura de continuar siendo “así” de sincera.

–Ya te lo dije, eres alguien especial para mí, y bueno… te amo y quiero hacerte feliz, estoy siendo seria con esto y ya sé que la intención no es suficiente pero… –

Y enmudeció, como recapacitando sobre lo que quería decir. Yo lo completé.

–Pero te ofende. –

Misaki guardó silencio por unos momentos, mirándome con los ojos ya hinchados.

–Entonces si me entiendes. –

Reclamó ella, tomándome de la mano.

–De acuerdo, que así sea entonces, acepto tus sentimientos, Misaki. –

Ella asintió, limpiando sus lágrimas, luego una risita nerviosa salió de su boca.

–Dijiste mi nombre, como antes. –

Yo suspiré.

–Sí, bueno, ya que vamos a ser novios, pensé que era una buena idea si nos llamábamos por el nombre. ¿Te gustaría intentarlo? –

Misaki asintió, y luego de un gran esfuerzo y con la cara toda roja, pronunció:

–Daitako. –

–Misaki. –

–No creo que pueda hacerlo en público de todos modos. –

Se quejó ella, sin atreverse a levantar la cara, pero no soltó mi mano, supuse que esa era una buena señal.

––––––––––

Después de lo que había pasado, mi cara dejó de sangrar un poco, Misaki enjuagó el trapo de nuevo y tomando la bandeja se puso de pie.

–Creo que lo he hecho bien, de todos modos no te muevas, iré a dejar esto y regreso. –

Me dijo, sin mirarme, creo que estaba avergonzada por lo que había dicho en medio de todo el coraje. Pero no es como que pudiéramos olvidar algo así. Después de unos momentos volvió a entrar a su cuarto, yo había permanecido acostado.

–A ver… –

Dijo, sentándose al lado de donde estaba, luego sostuvo mi cabeza y la colocó sobre sus piernas. Tuve que moverme un poco para que ella hiciera eso, pero no me resistí. Sus muslos eran suaves, ella fingía revisar mi herida.

–Adivinaré… dirás algo como “No te hagas la idea equivocada” ¿No es cierto? –

Me burlé, al verla roja de la cara, ella me pellizcó la mejilla que aún tenía sana.

–No es cierto, sé lo que hago y porque lo hago. ¿No te agrada? –

Preguntó, su respiración aún tenía espasmos por el llanto de hacía un momento, y estaba seguro ahora de que su tío estaba al tanto de mi estancia y del estado en que me encontraba, pero no dijimos nada, yo comencé a acariciar su cara y ella se ruborizó, pero lo permitió. Otra cosa es que no toqué nada que no fuera su cara.

–Bueno, sí, la verdad. –

Admití, sonriendo al mirarla sonreír.

–Entonces calla. –

Dijo ella y después de ello puso una mano sobre mis ojos, yo los cerré y ella comenzó a cantar algo que yo sabía que era una canción de amor.

“Mein kleines Herz….Kommt nicht zur Ruh”

Yo cerré los ojos y escuché su canción, poco a poco mi mente fue cayendo sobre una cama de nubes, donde su voz era como el sonido del viento que las movía con tranquilidad.

–Eso es… –

Comenté cuando ella terminó.

–Alemán, me gusta el alemán, por otro lado, al menos no entiendes lo que dice, si lo comprendieras estaría demasiado avergonzada para cantarlo. –

Explicó ella, yo sonreí. Lo cierto es que ambos nos habíamos entendido desde que la conocí, mucho más de lo que deberíamos, quizá por eso es que acabamos así.

–Yo sé que lo que pueda decir no ayuda mucho, porque todavía no sé nada de lo que pasó en realidad, pero lo que sea que haya pasado, está bien ahora, Irren Ist Menschlich. –

Me dijo, ella, eso sí lo entendí, y siendo sinceros su canción también, la conocía, era “Mi pequeño corazón.”

–Errar es Humano. –

Le dije, ella abrió los ojos todo lo que pudo y comenzó a golpearme en el estómago.

–Eres horrible, has comprendido todo este tiempo, sólo fingiste demencia para que me descubriera, ya no quiero ser tu novia, no quiero mirarte a la cara. –

Me dijo, cubriéndose la cara con una mano y golpeándome con la otra.

– ¿Romperás conmigo porque compartimos gustos? –

Pregunté, cubriéndome a medias el estómago.

–Demasiada compatibilidad. –

Se quejó ella, inflando sus mejillas.

–Eres muy dulce cuando no estás enfadada. –

Le dije, suspirando, podía sentir mi corazón latir con fuerza, pero si le ponía demasiada atención, probablemente no me atrevería a decir nada.

– ¿Qué se supone que significa eso? Tenía razón de estar enfadada. –

Se quejó Misaki.

–Bueno, ahora eres mi novia, no me digas que no te lo advertí. –

Lo decía mitad en broma, y ella lo sabía y respondió igual.

–Sé que te portarás bien, y en caso de que no, aún tengo más agujas y alcohol esperando. –

Me aseguró. Luego se hincó sobre mi rostro, así como estábamos, y me besó.

–––––––––––

Había pasado al menos una semana desde que Misaki y yo comenzamos a salir, cuando les comenté a mis padres lo que había pasado, mi madre dijo que estaba bien.

En realidad, tanto tiempo había estado esperando mi madre a que estas cosas ocurrieran que no podía ser más feliz. Eso me alegró. Les dije que la llevaría a casa en cuanto nuestros horarios lo permitieran, ellos dijeron que lo esperarían con ansias.

Ahora estaba escribiendo una nueva novela cuando mi madre entró en la habitación.

– ¿Qué haces ahora? –

Preguntó ella, al mirarme afanarme con un nuevo proyecto.

–Escribo otra novela. –

–Vaya, no puedo creerlo, no dejas esa máquina ni un momento… ¿Qué es esta vez? –

Preguntó mi madre, sacando la bolsa de basura de un pequeño contenedor que yo tenía allí.

–Estrellas en el suelo, se llama. –

–Tus títulos nunca tienen mucho sentido ¿cierto? –

–Son metáforas, madre. –

Le dije, ella suspiró.

– ¿Y sobre qué es esta vez? Alguna de tus cosas de encerrado. –

–Es mi historia. –

Le dije, mi madre me miró extrañada.

– ¿Tu historia? ¿Hablas de ti mismo? –

–Sí, hablo de mí, mi historia, la historia de mí. –

Expliqué, estaba a punto de cerrar el documento, tenía que irme.

– ¿Y cómo es que va a ser eso una novela? –

–Bueno, hay historias que no son fantasía, algunas son crónicas, esta sólo está “basada” en lo que ocurrió. –

–Has llegado al colmo del ego, si piensas que alguien va a leer una historia que tú has hecho sobre ti mismo, Daitako. –

Me dijo mi madre.

–La leerán, sé que llegará a las personas indicadas. –

Le dije, con algo de confianza a decir verdad, es decir, muchas cosas estaban cambiadas, se trataba de que pareciera una novela.

–Pues no imagino a alguien más que tu novia interesada en las tonterías que sueles hacer a diario. –

Dijo mi madre, aunque aún no le mostraba nada de esta a Misaki.

–Te sorprendería. –

Le dije, ella se fue, yo apagué el computador y me metí a bañar.

Después de que terminé, y mientras me arreglaba, miré la foto de Himiko que aún estaba en mi escritorio. No había vuelto a sentirme melancólico, aunque es cierto que el dolor no había pasado del todo, yo aún soñaba con ella de cuando en cuando.

No sé qué me dio en ese momento por abrir el marco de nuevo y volver a leer su mensaje.

No había cambiado nada, yo seguía viviendo de acuerdo a su voluntad, lo supe en el momento en que volví a leer su mensaje, especialmente la parte final.

“Así que no importa lo que suceda, sigo haciendo las cosas que tú quieres, en el momento en que tú lo deseas ¿No es cierto?”

Otra cosa es que ¿Qué necesidad tendría ella ahora de sentir celos? Eso no era racional en absoluto.

“No voy a decir que lo entiendo, porque sabes que soy muy lento para entenderte, pero te prometo que pagaré por todo el amor y felicidad que me diste, en la misma moneda.”

Lo dije pensando ahora en Misaki, era posible que Himiko fuera quien actuaba detrás de todo ello, no era que quisiera pensar así, pero en retrospectiva, las casualidades eran muchas. Era como estar volviendo en el tiempo. Y después de eso, volví a poner la foto en el marco y suspiré.

Salí de mi casa y me detuve en la entrada un momento. Era la primera vez en mucho tiempo, que sentía deseos de ver a alguien en realidad.

––––––––––

–Iré a casa durante las vacaciones de invierno, mi madre ha dicho que quiere verme, no he estado en casa desde que entré al instituto acá… ¿Te parece que soy mala hija? –

Comentó Misaki, caminábamos rumbo a casa de sus tíos, había ido hasta su escuela a por ella y ahora veníamos regresando, yo llevaba su mochila, aunque ella insistió en que no era necesario, supe que era por pena porque ella venía feliz de todos modos.

–Bueno, estas esforzándote, no creo que eso les moleste. –

Como apenas habíamos comenzado a salir, todavía no estábamos acostumbrados a ser una pareja. Yo sabía que ella tenía expectativas para la relación, pero dejaría que las cosas se fueran dando poco a poco.

–Me alegra que las cosas con tu madre hayan mejorado. –

Le dije después, mirándola sonreír.

–Se puso muy tensa cuando le dije que existías, pero le he convencido de que eres un gran hombre. –

Explicó Misaki, se veía radiante. Me preguntaba ahora ¿Qué le había dicho ella para que le creyera? Seguramente mentiras. Pero Misaki se detuvo.

–Me estaba preguntando…. Si podrías venir conmigo… a casa de mis padres… –

Me explicó después, juntando sus dedos de forma “Kawaii.” No parecía una petición normal de cualquier modo. Arqueé una ceja ¿Qué no era demasiado pronto?

–Si bueno, yo… –

Comenté, no muy seguro de que aquello fuera normal, pero yo tenía que entender que su situación tampoco era normal del todo.

–No tienes que venir si no quieres, pero… –

Comenzó a decir, yo negué con la cabeza.

–Tendrás problemas si no voy ¿Cierto? –

Respondí, mirándola sospechosamente. Ella bajó la cabeza avergonzada.

–Puede que yo… les haya hablado demasiado sobre ti. Mi padre todavía está un poco asustado, creo que aun desconfían de ti un poco, no son malas personas, te lo aseguro pero… –

Confesó a media voz, creo que ella sabía que lo que estaba pidiéndome era en realidad poco racional.

–Están preocupados, es normal que tu familia quiera cuidar de ti, eres una chica bonita, y el mundo, como sin duda habrás notado, es peligroso. –

Expliqué, para darle a entender que entendía la postura de sus padres, ella sonrió ante el halago.

–Empiezo a pensar que tú eres más peligroso. –

Me dijo ella obstinadamente.

–Puede que tengas razón. –

Le dije y sonreí para mis adentros, estaba hablando en sentido indecente, mirando su cuerpo con más detenimiento del normal, ella hizo como que se enfadaba.

–Pervertido. –

Dijo, comenzó a caminar más rápido, yo la alcancé.

–Es broma, es broma. –

Le dije, riéndome, ella me miró sospechosamente. Luego acercó su cara un poco.

–Tú y yo sabemos, que no es broma, Daitako, y si no quieres ir, te juro que no te lo perdonaré. –

Me dijo, luego se sonrojó y siguió caminando rápido. Esa situación me hizo pensar un poco en lo que ella podía estar pensando, pero decidí que eso no era algo que pudiera hablar con ella a la mitad del día. Yo me apresuré a alcanzarla, para poder caminar a su lado.

–De acuerdo, iré. –

Respondí, ella me miró por un momento. En serio ¿Qué había en esa invitación? Imposible saberlo, y no creo que ella me lo fuera a decir claramente si se lo preguntaba, y como todas las cosas de las que no estaba seguro, acepté primero, y me decidí a averiguar después.

– ¿En verdad? Sería bueno que mi familia pudiera conocerte, estoy segura de que te aceptarán una vez que hayan hablado contigo, por otro lado, también quiero presentarte a mis amigas… es decir, todas están allí. –

Preguntó Misaki entusiasmada.

–Es algo que tarde o temprano debe ocurrir, quizá una vez regresando pueda llevarte a conocer a mis padres también, por otro lado, me agradaría conocer a tus amigas. –

Comenté, me preguntaba ahora, que clase de personas podían ser amigas de Misaki, el asunto me intrigaba, bastante, en el buen sentido.

–Nada de ser valiente. –

Me dijo, mirándome de forma sospechosa.

–No te preocupes. –

Respondí. La cicatriz ni siquiera había sanado del todo, me preguntaba si no me haría ver extraño, pero a ella no parecía importarle.

–Eres el mejor. –

Respondió ella, mirándome con devoción, yo suspiré y miré al cielo.

Vi a Himiko, ella me sonrió. “Lo haré bien esta vez, promesa” dije para mí mismo, mientras trataba de bajar la mirada y volver al mundo real.

Misaki debe haberse dado cuenta de lo que yo estaba pensando porque se acercó a mí y así, caminando, recargó su cabeza en mi hombro por un momento, sin decir nada.

–Bueno… porque no me dices ahora ¿Quién era ella? –

Me dijo Misaki después de unos momentos, alcancé a notar un leve rastro de celos en su voz, pero estos desaparecieron rápidamente a medida que volteaba a verla y sonreía.

– ¿De verdad quieres saberlo? –

–Ahora ella es parte de ti, por supuesto que quiero saberlo. –

Había conocido a un montón de chicas en mi vida, cualquiera de ellas hubiera intentado enterrar su recuerdo antes que conocerlo, pero Misaki era diferente, fue esa parte de ella la que me hizo saber que ella era especial.

–Es una larga historia, ni siquiera sé por dónde comenzar. –

Le dije, todavía dudaba, pero ahora sabía que, Misaki tenía razón, y un cierto derecho a saberlo.

–Bueno, tenemos tiempo para una historia larga, ya que has prometido quedarte a cenar… así que puedes empezar por el principio. –

Me dijo, mirándome expectante mientras subíamos al autobús. Nos sentamos juntos y aproveché la media privacidad del autobús para poner mi mano sobre la suya, Misaki oprimió mi mano con ternura, quizá comprendiendo que no era algo fácil de decir.

–Por el principio…. Verás…. –

Ella sonrió.

–Yo…

Caminaba por la calle…