Kamisei C4

Modo nocturno

Capítulo 4: La flor que se marchitó con la tormenta.

“Toma el trono para actuar, y el trono actuará sobre ti”

Najiko despertó escuchando estas palabras en su cabeza, eran palabras que alguien le había dicho, mucho antes de que ella pensara siquiera en ingresar en el instituto. Era muy joven para entenderlas en aquel entonces, y realmente no se culpaba por no comprenderlo. Pero era cierto que su presidencia le había dejado algunas “huellas” marcadas, en el rostro, y en el corazón.

Tomó unos momentos para incorporarse, su acompañante dormía. ¿Era su novio? No, seguramente no, aunque le gustaría, pero seguramente estaría mal. Mal para él en realidad, porque relacionarse con ella iba a meterlo en problemas que seguramente no querría tener. Le dolió ponerse la ropa interior después de eso, porque luego de esa tierna comodidad que le brindó el hombro desnudo del chico, junto con la ropa, ella volvería a colocarse su armadura, volvería a actuar como presidenta, volvería a ese mundo de cosas horribles, que ella misma había creado. Ella no quería eso, por un instante, pensó en no volver nunca.

Imágenes pasaron por su cabeza, imágenes de una vida en donde ella simplemente escapaba, refugiándose en la calidez de aquel abrazo y en esas noches de placer, imágenes donde ella tenía una vida feliz y alejada de la gente que la quería muerta aunque no lo dijera. Pero al mirar al chico que seguía dormido, una lagrima escapo de su rostro. “Ellos” no la dejarían volver así como así. Si tan sólo fuera tan egoísta como pretendía serlo.

Itami despertó en ese momento, ella estaba de espaldas y no lo notó, hasta que él extendió una mano para tocar su trasero, ella dio un salto por la sorpresa y ahogó un grito.

–Es bueno despertar de esta forma ¿Sabías? –

Preguntó. Ella hizo un gesto.

–Pervertido. –

Dijo negándose a mirarlo, pero su tono de voz no sonaba para nada enojado. Itami se incorporó después de eso y se puso de pie, ella seguía vistiéndose, evitando mirarlo.

– ¿Pasa algo? –

Preguntó Itami, tallándose los ojos, la cabeza le dolía y no podía pensar con claridad, además de que, el despertar y ver su generoso trasero apenas abrir los ojos lo hizo desearla de nuevo.

–Estoy avergonzada por mi comportamiento de ayer. –

Mintió Najiko.

–A mí me agradó. –

–Pero no soy esa clase de chica. –

Replicó Najiko, alzando la voz.

– ¿Y qué clase de chica eres? –

Preguntó Itami, ella se alejó de la cama, al mirar los ojos de Itami, pudo notar sus intenciones, pero Najiko sabía que si lo permitía, sería ella quien no podría parar después.

–Soy una chica seria. –

–Sé que eres una chica seria. –

Le respondió Itami, sin pensarlo demasiado. Para él no había ninguna necesidad de hacer ese comentario.

–No es verdad, tú piensas que soy diferente. –

Itami se rascó la cabeza, sin comprender del todo lo que ella trataba de decir, y hubiera sido imposible, porque ni siquiera ella lo comprendía. Lo que ella quería es que Itami la juzgara como una mujerzuela, así ella tendría un pretexto para no volver a verlo. Una razón para evitarlo, que Itami no le dio, y eso la hizo enfadar.

–Sólo estuvimos juntos ayer porque quería jugar contigo ¿Entiendes? Nunca dije que quería que volviera a suceder. –

Najiko tenía miedo de escuchar eso de él, por eso se lo dijo, asumiendo que él pensaba de la misma forma, pero Itami sólo la miró, era bastante obvio que no le creía.

–No le cuentas esas cosas a alguien a quien no pretendes volver a ver, Najiko. –

Después de eso, se puso los pantalones y entró al baño a lavarse la cara, Najiko tomó tiempo para suspirar. ¿Por qué estaba tan asustada? Era algo que no podía responder, pero supuso que Itami no tenía la culpa, así que no había para que descargar su coraje con él. De todos modos, ella pensaba en sí misma como una mujer razonable.

–Tengo miedo de que todos en la escuela se enteren. –

Admitió, aquella era la verdad, pero no toda la verdad.

–Sólo tenemos que seguir como siempre en la escuela, tampoco tengo intención de molestarte o empalagarte mientras estamos en clases. –

Explicó Itami, ella sonrió amargamente.

–Para ti todo es muy fácil ¿Cierto? –

Preguntó Najiko, Itami asintió alegremente.

–Son las ventajas de ser un idiota… –

Y cambió el tema.

–Oh cielos, tengo tanta hambre ¿Quieres ir a comer algo antes de la escuela? –

Preguntó, revisando su billetera, no quedaba mucho en realidad. Najiko se rio.

–No tiene que ser algo caro, está bien si no puedes pagarlo. –

Comentó, pero Itami no estaba tan seguro, cuando menos debería bastar lo que tenía para un restaurante de tipo familiar, aunque después de la clase de cena que habían tenido, estaba algo nervioso de que la chica se decepcionara de él.

Itami suspiró por dentro, y salieron de la casa. El tener que esperar a que alguien más saliera de la casa antes de cerrar, le produjo a Najiko una sensación de tranquilidad, como no la sentía desde hacía mucho tiempo.

–––––––––

–Kouji–kun. –

Llamó una voz por detrás, Yamagata, quien estaba a punto de encender un cigarrillo, se detuvo.

–Por última vez, deja de añadir ese honorífico a mi nombre, es estúpido. –

Una chica de cabellos negros y peinados en una trenza se acercó a él, tenía una apariencia despreocupada y poco refinada.

–Pero… se oye lindo cuando lo digo así. –

Se quejó ella, Yamagata empezó a creer que se burlaba.

–Si es por el asunto de tus padres, te diré lo mismo que dije antes, yo no puedo hacer nada. –

– ¿Eh? No, eso otra cosa, completamente diferente, Ehhhh… –

Yamagata comenzó a caminar, esta chica sí que era molesta. La muchacha se paró justo frente a él.

–He venido a decirte que iremos al karaoke, algunas amigas y yo… si quieres puedes venir. –

Le dijo la muchacha, asegurándose de que él notara lo linda que ella se veía. Yamagata negó con la cabeza.

–No me interesa… por otro lado, tengo trabajo. –

–Es una pena, pensé que podríamos quedarnos solos por un momento… –

Replicó la muchacha, levantando un poco su falda, bastante corta de por sí, y abriendo un poco su escote con la otra mano, mostrando que tenía calor, aunque eran las nueve de la mañana, y no hacía calor. Kouji entrecerró los ojos, fastidiado.

–Estarás en problemas si vas por ahí exhibiéndote. –

Le dijo, pasando de ella y encendiendo su cigarrillo. La muchacha hizo una pataleta.

–Oh vamos, nadie más va a verme… ¿Eres gay o qué? –

Preguntó ella, bastante mortificada porque él no mostraba tener ningún interés en ella.

–O es sólo que eres siscon. –

Kouji se dio la vuelta, la tomó por el uniforme y la levantó, sin mucho esfuerzo, sin mucha delicadeza tampoco, pero ella incluso ahí mostró su lengua a Yamagata, retándolo. Kouji la arrojó al suelo, Tsukiko (que así se llamaba la chica) cayó al suelo con un golpe sordo.

–No me importa lo mucho que me maltrates, te casarás conmigo ¿¡Me escuchaste!? –

Yamagata la ignoró, si algo le molestaba, es que alguien mencionara ese pequeño detalle de su vida. Que por cierto, iba en el mismo salón que la chica que lo estaba molestando. Así lo conoció.

Hacía algunos días, Kasumi había invitado a sus amigas a pasar un fin de semana en su casa, Tsukiko, quien ya conocía al hermano mayor de Kasumi, aceptó inmediatamente, pero sus padres, temiendo algún desmán, y conociendo lo… impertinente de su hija, le negaron el permiso, Tsukiko insistía en que si se trataba de Kouji quien pedía el permiso, sus padres accederían, pero a decir verdad, Kouji ni siquiera estaba de acuerdo en tener que cuidar de las amigas de su hermana (que sería como acabaría), y como también la conocía, sabía que sería difícil cuidar de ella, especialmente de ella.

Como se había dado a notar en esa pequeña escena, Tsukiko era una chica que no sabía distinguir cuando era algo poco importante, y cuando estaba en serio peligro, y estaba enamorada de Kouji. Algún tiempo después, la chica incluso entregó una carta a Kouji, quien la guardó creyendo que era una simple nota de amor. La realidad fue mucho peor de lo que él esperaba, porque lo que había dentro del sobre, era un formulario de matrimonio.

En un principio, Kouji pensó que se trataba de una de sus bromas pesadas.

– ¿Qué se supone que haré con ella? –

Le dijo a la mañana siguiente.

– ¿Por qué me preguntas eso? Es obvio que tienes que poner tu nombre y tu sello. –

Respondió Tsukiko, comía una rosquilla de chocolate.

–No tengo un sello. –

Respondió Yamagata frio.

–Pues entonces fírmalo con algo, lo importante es que la llenes, para que yo pueda ser tu esposa. –

Replicó Tsukiko, negándose a entender que estaba siendo rechazada.

– ¿Y porque iba a querer yo eso? –

– ¿Y por qué no? –

Kouji se llevó una palma a la cabeza. Lo cierto es que encontraba el asunto bastante gracioso, no es que se lo tomara en serio, eso también era cierto.

–Busca a alguien más a quien molestar. –

Dijo Kouji, y entonces se dio la vuelta.

–No me importa si no quieres, de todos modos algún día te vas a casar conmigo. –

Ella solía terminar siempre gritándole eso antes de irse.

–––––––––

–Te vas a casar conmigo. –

Insistió Tsukiko, antes de volver a echar a correr. Dio la casualidad que para ese momento, Asaki venía llegando, y vio lo que pasó.

–Tan amable como de costumbre, ya ni siquiera me sorprende, Kouji. –

Le dijo, mitad en broma, Kouji asintió con la cabeza.

–Seguramente encontrará a alguien a quien fastidiar después. –

Dijo, y continuó caminando, al lado de la presidenta, hasta que entraron en la sala del consejo estudiantil.

– ¿Tenemos algo que hacer? –

Preguntó, había estado inactivo durante mucho tiempo, casi desde el principio del curso, a veces sentía que su permanencia en el consejo era inútil, pero siempre se callaba estas cosas, la acción podía aparecer cuando uno menos lo esperaba, eso también lo sabía.

–No, al menos por ahora, mañana habrá una reunión con el consejo de clubes para decidir el presupuesto bimestral, pero eso es todo. –

Respondió Najiko, entrando a la sala, Yamagata simplemente asintió, no era algo en lo que él tuviera mucha injerencia, y su principal ocupación en esas reuniones, era asegurarse de que todo estuviera bajo control. No hace falta decir que aunque hoy en día sobraba su presencia, y él lo sabía, en algún momento, hizo mucha falta.

No es como que le pesara el detalle, en realidad, estaba contento de todo este largo periodo de paz, aunque algo dentro de él se sentía inconforme. Sentía que le faltaba algo.

Por eso es que aquel último encuentro con Asaki Najiko fue especial, porque la ocasión le cayó como venida del cielo aquella mañana. ¿La razón? Tsukiko.

Tsukiko era una chica a la que podríamos llamar impertinente, sin mucho respeto por la autoridad o por sus mayores,  altanera y un poco tonta, y sin embargo, era dedicada en sus clases, no faltaba y ponía mucho empeño en sus exámenes para sacar buenas notas y enorgullecer a su madre, quien constantemente tenía que estarla librando de los problemas en los que ella se metía. Tsukiko Haguraka, que ese era su apellido, pensaba que la mejor forma de pagar a su madre por todos los problemas que ella le hacía pasar, era teniendo buenas notas en la escuela. Cualquiera hubiera dicho que bastaría con que ella dejase de meterse en problemas, pero aunque lo intentara, ella simplemente no podía controlarse. Era para ella como una especie de enfermedad, y fue por ello que terminó gustando de un sujeto como Kouji. Sin que nadie lo supiera, ella había visto en una ocasión, a Kouji, en una pelea. Le gustó el estilo frio y despiadado de Yamagata, y aunque le resultaba imponente y en ocasiones le daba mucho miedo, nada se comparaba a la emoción de tenerlo frente a ella. Con verlo a los ojos bastaba para que ella se pusiera a temblar.

Otra cosa es que cuando ella se sentía asustada o intimidada, reaccionaba violentamente (y quizá esta era la razón por la que ella se metía en tantos problemas) y eso hizo que Kouji terminara pensando en ella como una molestia. Se odiaba en ocasiones por ser así. Pero después de haber visto a Kouji golpear a ese sujeto, ella tenía dos problemas. Uno, le gustaba Kouji, le daba mucho miedo, y ese miedo la volvía loca, soñaba todas las noches que él le golpeaba, y despertaba todas las mañanas sudando y con las sabanas revueltas a causa de sus sueños. Y dos, cada vez que ella sentía miedo, hacía alguna estupidez.

Luego bastó con investigar un poco para darse cuenta de que era el hermano mayor de su compañera de clases, y allí fue cuando comenzó a juntarse con Kasumi. No es que la chica le desagradara, pero a través de ella, Tsukiko pudo ser presentada a Kouji, ella nunca olvidaría aquel día, porque al tenerlo frente a frente, ella sintió que el corazón se le iba a la garganta, y lo único que pudo hacer es propinar una patada a Kouji en la espinilla, y lo que más le gustó, es que éste ni siquiera se inmutó.

Le gustaba el peligro, y el hermano mayor de su nueva amiga era la cosa más peligrosa que ella hubiera visto nunca, sin embargo, y un poco para su decepción, Kouji fue amable con ella, sonrió de una forma lúgubre y le dijo “Tu eres un problema” se dio la vuelta y se fue. Desde ese día, ella se dedicó a provocarlo, pero nunca lograba más que cosas como lo que había pasado aquella mañana, sin embargo, Tsukiko no se rendía.

Kasumi no tardó mucho en preguntar por las extrañas reacciones de Tsukiko frente a su Onii–san, quien no veía en ella más que la pequeña compañera de su hermana, y ésta le dijo que le gustaba. A Kasumi no le gustó la noticia, pero como se trataba de su amiga y además, su Onii–chan no parecía darle mucha importancia, no hizo mayor problema por ese hecho. Sin embargo, gracias a Kasumi, Tsukiko se enteró de que Kouji no tenía novia, y eso le dio motivos para proseguir sus “avances” que no eran más que provocaciones.

Lo cierto, es que no era la única chica a quien el tamaño de Kouji le resultaba aterrador, pero si era la única dispuesta a enfrentarlo (aunque no hubiera necesidad de ello) y eso Kasumi tenía que reconocérselo a su amiga, era valiente.

–––––––––

Sucedió pues, que desde hacía unos días, ciertas personas se habían dado cuenta de los avances de la muchacha y de los sentimientos de Kouji, quien a pesar de lo que pudiera parecer, la encontraba graciosa, otra cosa es que él fuera demasiado serio en sí mismo para revelarlo.

Esa misma mañana, mientras todo el mundo salía a los descansos, Kouji se dirigió a las afueras de la escuela, donde al final de la calle había una máquina expendedora donde él pudiera comprar cigarrillos. Y a sabiendas de esto, Tsukiko se dirigió también allí.

Al pasar cerca de una callejuela, alguien jaló el brazo de Tsukiko, y la arrojó contra la pared del edificio, de manera que nadie pudiera ver lo que ocurría por los árboles y las paredes. Un pequeño punto ciego en la calle, cerca de uno de los muchos callejones que había en la zona.

–Oh miren, una pequeña zorra sin vigilancia… ¿A dónde ibas? –

Preguntó un sujeto, Tsukiko se levantó del suelo, sobándose la espalda por el golpe antes de responder.

–No te importa, muérete. –

Dijo, y dando un empujón, quiso irse, el sujeto la tomó del brazo y la volvió a arrojar contra la pared, otros cuatro sujetos aparecieron, estaba en problemas, pero ella no supo verlo.

–Déjenme ir, bastardos, tengo que ver a alguien. –

Los tipos se rieron.

–Pero ese alguien puede esperar su turno ¿O no muchachos? ¿Por qué mejor no te relajas? Esto va a llevar un rato. –

–Sí, sabemos a quién estas buscando, pero eso tendrá que esperar, como eres de primer grado, con una vez para cada uno bastará. –

–Si no luchas, seremos buenos contigo. –

Independientemente de lo que le dijeran, ella comenzó a forcejear, al poco rato, los cuatro tipos se encontraron con que ella forcejeaba tanto, que era imposible mantenerla quieta, uno de ellos la golpeó en el rostro, pero aquel golpe, en lugar de sentirse como ella soñaba que se sentía, la humilló, ella mordió la mano de un sujeto que intentaba taparle la boca.

Otro de ellos apretó uno de sus pechos con fuerza, recibió una patada en la entrepierna, el asunto estaba saliéndose de control, hasta que le colocaron una navaja en el cuello, ella estaba llorando de frustración y de coraje.

–Basta de juegos, chiquilla, estas exhibiéndote demasiado, es hora de que nos des lo que nos merecemos. –

–Malditos… –

Reclamó ella, quiso volver a forcejear, le apuntalaron el cuchillo en el cuello.

–Deja de moverte como una loca, o esto podría ponerse mal para ti ¿Comprendes? –

Tsukiko comprendió que si seguía luchando, los sujetos realmente le harían un corte en el cuello, estaba en peligro de muerte. Entonces hizo lo que nunca antes había hecho: Gritar.

Y como era de esperarse, apareció Kouji en la escena. Los cuatro sujetos voltearon a verlo, la sonrisa maliciosa en el rostro de Kouji bastaba para entender que él había estado esperando esta oportunidad.

–Vaya, creo que no fui lo bastante claro la última vez… ¡Este es mi territorio ahora! –

–Silencio traidor, un paso más, y le corto el cuello a esta perra ¿Comprendes? –

Los antiguos miembros de los lobos rojos atacaron a Tsukiko deliberadamente, quizá pensando que humillándola a ella podrían quitarse la humillación que habían sufrido a manos del antiguo líder, Kouji sonrió, extrañaba esa sensación. Uno de los sujetos no pudo soportarlo más y se lanzó contra Kouji. La paliza que le propinó fue brutal, tanto, que los demás no pudieron hacer otra cosa que mirar, incluso en el suelo, Kouji siguió golpeándolo. No eran golpeas a tontas y secas, Kouji se daba su tiempo poniendo en sus puños todo el peso de su cuerpo antes de descargarlo contra el sujeto que ya no podía moverse a causa de las lesiones en las piernas y los brazos. Y sólo una vez que el sujeto quedó desfigurado, con la mandíbula hecha pedazos y completamente inmóvil, Yamagata se puso de pie.

– ¿Y bien? ¿Quién sigue? –

Un sujeto sacó una vara de acero de algún sitio, otro de ellos un cuchillo, se lanzaron contra Yamagata, obteniendo el mismo resultado que el anterior, incluso le dieron un arma. Sosteniendo la vara de acero, Kouji golpeó en el pecho al que le había atacado con ella, destrozándole las costillas. El sujeto con el cuchillo alcanzó a clavarlo en el hombro de Kouji, éste ni siquiera prestó atención a la herida. Sólo tomó al segundo sujeto por el cuello, y lanzando al aire con una mano, lo alcanzó con la vara de acero que tenía en la otra, rompiéndole el brazo que fue donde el golpe cayó. Y una vez que cayó contra la pared, lo remató con una patada en el pecho, que lo dejó inconsciente.

–La mataré, juro que mataré a esta perra. –

Amenazó el último sujeto, que aún sostenía a Tsukiko por el cuello. Yamagata sonrió.

–No me importa. –

En ese momento, y a pesar de lo impactante de las escenas que había visto, Tsukiko pudo reaccionar y forcejear para soltarse del sujeto, quien retrocedió hasta la pared, mojando sus pantalones antes de desmayarse. Sin hacer ni decir nada más, Yamagata Kouji se dio la vuelta. La herida que le habían ocasionado no dejaba de sangrar.

–Oye… Te hicieron daño ¿No es verdad? ¡Hey! –

Kouji ignoró las llamadas de Tsukiko hasta que ésta le alcanzó y lo abrazó por la espalda.

–Te dije que te meterías en problemas si estabas vestida así. –

Le respondió Kouji, levantando su camisa para poder observar la herida, la correa de la mochila había detenido el cuchillo evitando que el musculo se dañara, en teoría, no era más que un rasguño, que por lo blanco de la camisa se notaba demasiado. Soltó después de eso la vara de acero, y siguió caminando, tomando su teléfono.

–Gouko, tenemos un incidente tras la escuela. –

Dijo al teléfono, le respondieron algo, quizá algunas preguntas.

–Son cuatro, los cuatro están vivos, pero van a necesitar atención médica urgente ¿comprendes? Me estoy marchando ahora. –

Y colgó el teléfono sin detenerse, saliendo de la callejuela y caminando rápidamente hacia la escuela. Tsukiko iba básicamente colgada de su cintura, hasta que se hartó y corrió, parándose frente a él, estaba llorando, no sabía si por el miedo, la humillación, o la emoción por lo que había visto hacer a Kouji.

– ¡Ya deja de ignorarme! –

Aquella era la primera vez que él la miraba llorar, lo encontró desagradable, y desesperante.

–Ve a tus clases, y deja de vestirte así. –

Respondió él, intentando pasar de ella.

–Oh, eres un pésimo salvador, deberías abrazarme y decirme que todo va a estar bien, no ignorarme, aparte de todo te hiciste daño, y ni siquiera me dejas agradecer apropiadamente. –

Ella le dijo todo eso golpeándolo en el estómago, Kouji no se movió, quizá no era tan molesta después de todo, acarició su cabeza suavemente.

–Me alegra que estés bien, aunque no sé qué estabas haciendo aquí. –

Le dijo, dando la vuelta al enorme edificio, había unas bancas en donde Kouji se sentó para quitarse la mochila y limpiar su sangre, Tsukiko lo siguió hasta allí y sacando un pañuelo de su bolsa comenzó a limpiarlo.

–Si de verdad no te importaba, pudiste dejar que me hicieran lo que quisieran, no tenías que defenderme si ibas a ser tan frio conmigo después. –

–Esos imbéciles te metieron en un problema que no es tuyo, no me enfadé porque te atacaron, me enfadé porque su razón era que no pueden vencerme a mí, y por eso fueron a por ti, y si continuas cerca de mí, vendrán más sujetos como ellos, a por ti. –

–Entonces sólo tienes que seguir protegiéndome. –

Se quejó ella, limpiando la sangre de su hombro, sangre que él había derramado por protegerla.

–Sólo debes dejar de meterte en problemas. –

Después de eso, ella guardó su pañuelo y se sentó al lado de él, acomodando su falda, había estado a punto de tener el mismo accidente que el sujeto que se desmayó, de puro terror, y como se ha dicho, amaba esa sensación, pero también entendió que aquello no era algo de lo que Kouji se enorgulleciese.

–Sé que soy una chica mala, pero el que sea mala no evita que me gustes. –

Aquella era la primera vez que ella lo decía seriamente, y como sólo ella lo sabía, enrojeció sin que Yamagata entendiera por qué. De todos modos Kouji negó con la cabeza, quizá esta chica no sabía de qué estaba hablando.

–Estoy constantemente en peligro, tú estarías en peligro también. –

–Eres un cobarde, de que te sirve ser tan lindo conmigo si te niegas a aceptar mis sentimientos. –

Respondió Tsukiko, mostrando su lengua de nuevo. Lo que Tsukiko no entendía es que él había sido un sujeto igual que ellos alguna vez, siendo sinceros, todavía no sentía que fuera diferente.

“¿Qué tiene de lindo moler a los demás a golpes?”

Se preguntaba Kouji. En ese momento, Tsukiko decidió que era momento de jugarse el todo por el todo.

–Oye… No será que tienes miedo de una chica ¿O sí? –

Preguntó, por primera vez desde que lo conocía, Kouji soltó una carcajada, aquello era demasiado.

– ¿Y de que iba a tener miedo? –

Tsukiko comenzó a bailar alrededor de él, llamándolo idiota, cobarde, miedoso, y cosas por el estilo, Kouji, más por seguir el juego que porque realmente estuviera molesto, se puso de pie y la tomó por el brazo, Tsukiko se paralizó.

–Basta, estas llevando esto demasiado lejos, debes saber cuándo una broma deja de ser graciosa. –

Tsukiko dio un pisotón a Kouji, con el mismo resultado que todos los golpes anteriores.

–Detente o si no… –

–O si no ¿qué? –

Yamagata guardó silencio, era persistente. Ella lo miraba como una pequeña bestia mostrando sus pequeños y brillantes colmillos intentado parecer amenazante. La imagen de aquella chica lo hizo sentir extraño por dentro.

–Te golpearé tan fuerte, que terminarás gritando llamando a tu madre. –

Le dijo Kouji, ella se relamió los labios, y se soltó.

–Para que lo sepas, si fueras tú quien me ataca, lo único que me escucharías gritar, sería “más” –

Aseguró Tsukiko, mostró su lengua, luego se dio la vuelta, y se fue. Kouji se quedó mirándola irse, ésta chica no tenía limites, sería… peligroso si ella estuviera sola, si, era una mala idea dejarla sola, alguien tenía que cuidarla.

––––––––––

Durante el siguiente descanso, Yamagata se vio obligado a reportar lo que había pasado, a Najiko no le agradó la noticia, por más que el problema hubiere sido inevitable, aquello significó un cambio drástico en el humor de la presidenta. La larga temporada de paz era mucho más frágil de lo que cualquiera podría imaginar.

–Gouko puede encargarse del resto ahora. –

Respondió la presidenta, suspirando, Yamagata hizo una reverencia, y se dispuso a salir de la sala.

–Lo que yo no me explico, es qué estaba haciendo la chica allí. –

–No lo sé. –

Respondió Yamagata con brusquedad. Naomi y Kouji nunca se habían llevado muy bien, a ésta, Kouji parecía un monstruo salido de alguna película mala. Para él, Naomi era demasiado pacífica. Dichas diferencias les habían traído problemas en el pasado, problemas que terminaron de súbito con los acontecimientos de la semana negra, en todo caso. A nadie le gustaba acordarse de aquellos días.

–Esa chica… Está enamorada de ti, Kouji–san. –

Insistió Naomi, molesta de que Kouji evadiera el tema.

–No puedes culparla ¿cierto? –

Preguntó con sarcasmo Yamagata, Naomi se enfadó.

–Todo se está repitiendo. –

Le dijo con frialdad, Najiko puso una mano en su escritorio, para imponer orden, Naomi guardó silencio.

–Aquí nadie culpa a nadie por eso, son cosas que pasan, es todo. –

Fue la sentencia de Najiko, ambos se quedaron callados después de eso.

Kouji salió de la sala del consejo estudiantil bastante molesto, había un amplio significado en las palabras de Naomi, uno que no era fácil de ignorar. Las palabras de la vicepresidenta le devolvieron a Kouji a la memoria muchas cosas, la principal de ellas, a Hideyoshi Suzune y la semana negra.

–––––––––

Cuando comenzó la lucha clandestina del consejo estudiantil y los directivos de la escuela, las cosas se pusieron muy mal para todos, Najiko ya había demostrado que no iba a dar un paso atrás, y el rector se encargó de demostrarlo poco después.

Como no había forma de expulsar a los miembros del consejo estudiantil, y Asaki se aseguraba de que no pudieran encontrar nada que los inculpara, el rector y los directivos, comenzaron a devolver los golpes de la misma forma que Asaki los estaba dando. Esto sólo llevó a una situación de escalada de la que pronto nadie tuvo el control.

Transcurría la primera semana se mayo y el final de curso se acercaba. Asaki había sido amenazada, sin éxito, de ser expulsada, y el rector estaba loco de furia por su imposibilidad de asestar un solo golpe a la presidenta del consejo estudiantil. La última reunión había sido poco fructífera para el consejo y para la docencia y poco a poco el sistema se desmoronaba. Los alumnos habían reportado algunas cosas extrañas que sucedían en el colegio al atardecer, y los maestros sabían que Najiko permanecía en el plantel hasta muy entrada la noche. En aquellos días, como de costumbre, Kouji no se despegaba de la puerta. Najiko planeaba, Naomi hablaba por teléfono con las diferentes dependencias de los clubes, como de costumbre, y el novio en aquel tiempo de Najiko, llamado Nagashima Ikko, se ocupaba de hackear los servidores de la escuela en búsqueda de información.

En ese momento, Naomi recibió una llamada que estaba dirigida a la presidenta del consejo estudiantil. Ella se puso al teléfono inmediatamente. Al teléfono estaba Hideyoshi Suzune, presidenta del club de cocina, y amiga personal de Najiko.

…¿Sabes algo?

…Sé lo que me estas pidiendo, pero no va a gustarte, Najiko.

…De cualquier modo, es información valiosa, pero no me la des por teléfono, tienes que venir hasta aquí ¿Puedes hacerlo?

…La verdad… me siento un poco asustada, no sé si deba salir a esta hora de mi casa, las cosas no están muy seguras por allí.

…Enviaré a Ikko, o mejor aún, a Yamagata, estará allí en media hora ¿De acuerdo?

…De acuerdo, esperaré entonces.

Yagamata sonrió para sí mismo. Estaba enamorado de Suzune. Ella había sido amable con él, aunque no había llegado al punto en que pudiera confesarse. Suzune era todo lo contrario de Yamagata, bajita, de tez pálida, delgada y bastante frágil, incluso su salud era delicada constantemente, sin embargo, ella sabía alegrar el día de quienes estaban cerca de ella, tenía un don especial para enseñar, excelentes modales y trato con los Kouhai, además de que su cocina era muy apreciada por todo el mundo. Najiko le había ayudado en una ocasión a conseguir fondos para un congelador nuevo, y algunos cuchillos de buena calidad, y por ello, ella cada semana enviaba un magnifico pastel a Najiko, para que pudiera comerlo junto con el consejo. A Najiko le encantaba el pastel, y en los últimos seis meses, Najiko había ganado dos kilos sólo por este detalle.

–Confío en que la protegerás. –

Le dijo Najiko a Kouji. Éste asintió, se sentía bastante seguro de sí mismo, y la tarea que le asignaron en ese momento parecía particularmente fácil. Salió de la sala del consejo momentos después.

Pasaron cuando menos treinta minutos después de eso, cuando Ikko cerró su computador, todavía no tenía nada. Suspiró. De nada iba a servir forzar más los candados en ese momento, necesitaba pensar. Para hablar de otra cosa, se dirigió al escritorio donde su novia firmaba papeles.

– ¿Por qué lo enviaste a él? Sabes que pueden estar esperándole a afuera, o esperando a que salgas, Najiko–chan. –

Reclamó Ikko, pues él sabía perfectamente que, en caso de un desmán, él, Ikko, no podría oponer la misma resistencia que Yamagata, pero Najiko sonrió.

–Tiene que divertirse de cuando en cuando. –

Dijo simplemente, luego se acercó a Ikko.

–Y nosotros también tenemos que hacerlo ¿Cierto? –

Le preguntó. Habían estado haciéndose el amor durante la tarde, hasta que Naomi llegó a la sala, Ikko bajó la cabeza, ruborizado.

–Ellos no están en la misma relación que nosotros. –

Replicó Ikko, Asaki sonrió.

–Pero lo estarán, una vez que esa chica tonta se dé cuenta de lo que Kouji–kun siente por ella. –

Aseguró, era bastante optimista en cuanto al tema. La verdad es que Suzune era algo despistada en cuanto al tema, y Yamagata no era muy bueno demostrando lo que sentía. Así que por el momento sólo era de un lado.

–Ejem, si ya terminaron con su conversación de enamorados, me gustaría que prosiguiéramos con lo que estamos haciendo. –

Ikko se sonrojó tanto que tuvo que salir de la sala, o eso era lo que parecía, Naomi se quedó a solas con Najiko.

– ¿Hasta cuándo vas a dejar que ese chico haga lo que quiere? –

Preguntó Naomi, algo celosa del trato que Ikko recibía sólo por ser el novio de la presidenta de consejo estudiantil.

– ¿Celos? –

Preguntó Najiko, sonriendo. Parecía muy enamorada de su novio, y él de ella, eran una bella pareja, y una vez que ambos se graduaran, se casarían, en ocasiones, ella, Najiko, incluso le enviaba fotografías y videos, de condición privada, con la promesa de que él no los mostraría a nadie. No habían tenido problemas con eso. Naomi tenía un novio, por supuesto, pero éste no estaba en la ciudad. El novio de Naomi también estaba dentro del consejo estudiantil, pero por problemas que atañían precisamente al consejo, el novio de Naomi había sido enviado de vacaciones (pagando la escuela, claro). Naomi no podía permitirse salir en aquellos momentos, así que se quedó.

–Ya verás cuando regrese Watanabe–kun, haremos montones de cosas frente a tu cara, y me asegurare de que Ikko no esté para que sientas lo que yo ahora. –

–Eres vengativa, Naomi–chan. –

Se rio la presidenta.

En ese momento sonó el teléfono. Era Kouji.

–La misión fracasó… –

Colgaron.

––––––––––

Segundos después, Najiko trataba por todos los medios de comunicarse a la casa de Suzune, pero no hubo respuesta, Yamagata tampoco respondió al teléfono.

–Presidenta, vámonos de aquí. –

Comentó Naomi, tratando de mantener la calma, aunque era evidente que estaba asustada y muy nerviosa, Ikko regresó a la sala de la conmoción, Najiko tenía la cabeza sobre el escritorio.

–Algo pasó con Suzune. –

Confesó Najiko. Ikko miró a Naomi en busca de más explicaciones, pero ésta parecía estar empeñada en mirar la ventana, por si alguien se acercaba, era más de media noche.

–Najiko, por favor, tenemos que irnos, si Kouji ha sido dejado fuera de combate, eso quiere decir que estamos en peligro. –

Aseguró Naomi, Ikko asintió.

–Tenemos que salir de aquí, encenderé el automóvil. –

–Sólo espero que Kouji no nos haya traicionado, eso me daría terror, pobre Suzune. –

–Trataré de hablar con Mikako a ver si puede localizar a Kouji, mientras tanto, prepara todo para salir de aquí. –

Respondió la presidenta, (Mikako era otro miembro del consejo estudiantil, practicaba artes marciales, y por ello, era el compañero de Kouji durante sus tareas) pero por más que marcó, tampoco la comunicó, e intentó otros números sin éxito.

–Najiko, tenemos que irnos, están en la entrada. –

Urgió Naomi, quien había visto dos automóviles detenerse, de los cuales bajaron hasta diez personas.

–Vamos por las escaleras de atrás. –

Sugirió Naomi, Asaki negó con la cabeza.

–Imposible, nos verán. –

Salieron a toda prisa de la sala de consejo estudiantil, las luces estaban apagadas, no corrieron para evitar hacer ruido, pero tenían que apresurarse porque sabían que si no arrancaba pronto, Ikko sería encontrado también. El automóvil de Ikko estaba aparcado en la entrada lateral de la escuela. Hasta allí tenían que llegar. Divisaron tres siluetas en las sombras que venían iluminando el camino con linternas. Seguro que no eran veladores.

Por venir mirando hacia los lados, los tres sujetos se olvidaron de mirar hacia atrás, y ese fue su error, porque mientras buscaban, una cuarta silueta se divisó en la pared a oscuras, se escucharon ruidos de golpes, que las chicas aprovecharon para escapar.

–Es Kouji, ha venido a salvarnos. –

Comentó Najiko, mitad aliviada, mitad preocupada. No entendió nada de lo que estaba ocurriendo, pero sabía que la comprensión tendría que esperar. Salieron de la escuela mientras escuchaban ruido, sin quedarse a mirar lo que estaba pasando.

––––––––––

Ikko condujo hasta la casa de Najiko para poner a las chicas a salvo, había visto el automóvil de Kouji llegar a toda velocidad, pero de este automóvil, solamente bajó un sujeto, que supuso que era Kouji, faltaba saber dónde estaba Mikako. Después de llegar a la casa y de que los tres pudieron respirar, Najiko siguió intentando en vano, comunicarse con los tres, pero ni Kouji ni Mikako ni Suzune, respondieron nunca el teléfono.

–Estoy seguro de que era Yamagata quien bajó del automóvil, podría eso significar que está bien, pero no vi a nadie más allí. –

–En tal caso, ¿Qué quiso decir con que la misión fracasó? –

Preguntó Naomi, no muy convencida del bienestar (o de la lealtad) de Kouji. Sin embargo, pronto, un segundo automóvil llegó hasta la casa de Najiko, estaba hecho un desastre.

Una vez en la casa de Najiko, Kouji se explicó: Les habían cerrado el paso mientras iban en el automóvil. Y se estrellaron contra otro auto, Mikako iba al volante, y Kouji no se puso el cinturón de seguridad, se estrelló contra el tablero del auto con lo duro del golpe, después de eso, abrieron el auto y se llevaron a Suzune, Mikako, que aún estaba en posición de defenderse, trató de impedirlo y lo cosieron a balazos, pero a él, Kouji, lo dieron por muerto porque el impacto lo dejó semiconsciente, e incapaz de reaccionar, en cuanto pudo recuperar la conciencia, hizo la llamada y se dirigió a la escuela, aunque tuvo que dar unos rodeos para perder a la policía. El automóvil estaba desfigurado del frente, pero aun funcionaba, así que pudo llegar a la escuela y encargarse de los sujetos que estaban siguiéndolas.

Los trozos de plástico pegados con sangre en el cabello de Kouji bastaron para que ambas chicas junto con Ikko confirmaran la veracidad de la declaración.

–Hay que averiguar a donde se llevaron a Suzune. –

Dijo finalmente Najiko.

– ¿Ehhhh? ¿Quieres continuar? –

Preguntó Naomi, Ikko tampoco parecía muy convencido, esto se había convertido en algo muy serio, pero Najiko no podía abandonar a su amiga, y sabía que Kouji tampoco iba a perdonarla si lo hacía, conociéndolo, Kouji podría incluso matarla si ella no actuaba.

–Tenemos que seguir, ahora tienen a Suzu, seguramente a ellos no podríamos sacarles nada, son matones pagados por alguno de los docentes. –

–Pero ¿Qué podemos hacer nosotros? Somos estudiantes, no Yakuza. –

Se quejó Naomi, en parte tenía razón, y Najiko lo sabía, pero en todo momento, esto era por la escuela, por el dinero que se movía en la escuela, los medios no iban a salir de allí.

–La intención era sacarnos de la jugada a todos el día de hoy, por eso fueron a por Suzu, sabían bien que Kouji iría personalmente a recogerla, los tipos en la escuela deberían encargarse de nosotros, una vez que Kouji estuviera fuera del camino, ellos temen a Yamagata. –

–Y ¿Quién no? –

Preguntó Ikko, poniéndole una mano en el hombro a Kouji, quien suspiró. No le agradaba nada el concepto en que el enemigo lo tenía. Lo sobreestimaban, que le hubieran tomado por sorpresa y se llevaran a Suzune lo confirmaba.

–Sólo hay una persona en toda la escuela que podía tener la información completa aparte de nosotros, y si es así, esa persona sabe dónde está Suzu. –

Naomi asintió. El presidente del club de periodismo, y medio–hermano de su novio, Takase Yuuta.

–Naomi, quiero que hables con él, que le digas que quiero verlo, pero no lo alarmes, no sabemos hasta qué punto él está enterado de lo que hicieron con la información que proporcionó. –

– ¿Estas segura? –

Preguntó Naomi, Kouji la miró fríamente. ¿Es que no comprendía que la vida de Suzune estaba en juego? Naomi, después de ver la mirada de Yamagata, volteó a ver a la presidenta, quien asintió.

Mientras Naomi se comunicaba con Takase, Najiko recibió una llamada telefónica.

–Tenemos a tu amiga y lo sabes, queremos que desistas mañana a primera hora de tu cargo como presidenta, entonces la liberaremos, tienes treinta minutos para darnos tu respuesta, sabes lo que pasará si es negativa, de todos modos. –

Y colgaron, Najiko apretó los puños. Al parecer, ellos aun pensaban que Kouji estaba muerto, eso quiere decir que no pudieron comunicarse con su contacto en la escuela para saber lo que había pasado con los hombres que entraron a buscarla allí. ¿Cómo sabían que ella estaba bien entonces? Imposible saberlo, había algo en todo esto que no cuadraba para nada.

De todos modos, Takase Yuuta aceptó venir. En cuanto llegó a la casa de la presidenta, le tendieron una trampa y lo encerraron en la cocina, allí, lo interrogaron.

–Esto es muy simple, Tú nos dices donde se han llevado a Suzune, y nosotros te dejamos ir, sabemos que lo sabes, así que deberías simplemente decirlo. –

Naomi fue la encargada de decirle eso al prisionero, pero éste dijo que no sabía nada, y el tiempo se les estaba acabando.

–No les voy a decir nada, déjenme ir. –

Ordenó Takase, quizá creyendo que se trataba de algún juego o de alguna situación de poca monta. No lo era.

Najiko recibió otra llamada telefónica a la hora acordada, su respuesta fue negativa, y añadió:

–Tenemos a su informante. Así que más vale que suelten a Suzune antes de que le saquemos todo lo que sabe. Y vayamos a por ustedes, malditos. –

Y colgó. Sobreestimó la importancia del informante.

–Tenemos que dejarlo ir, él dice que no sabe nada, Najiko. –

Comentó Naomi, después de la última negativa de Takase, Ikko miraba la escena, al parecer, indeciso de si intervenir o no en favor del preso. Finalmente, Najiko perdió la paciencia.

–Kouji, quiero que le saques la información a como dé lugar ¿Entiendes? No me importa lo que le pase a este malnacido, ¡Quiero saber dónde está Suzune! –

–Najiko–chan, te estas excediendo, Yamagata está loco. –

Finalmente, Ikko decidió que era una buena idea detener a Najiko, por desgracia, no comprendió que no podía hacerlo, nadie podía.

–Es lo que debe hacerse. –

Respondió. Ni Naomi ni Ikko pudieron decir nada más, Najiko salió después de eso de la habitación, Frente a las miradas impotentes de Naomi y de Ikko, Takase fue cruelmente torturado hasta que reveló el lugar donde se habían llevado a Suzune.

–Nunca vuelvas a decirme qué hacer. –

Le dijo Najiko a su novio.

Resulta que uno de los contactos de los directivos en la escuela, era el presidente del club de periodismo. A él se le encargó informar el momento en que Kouji saliera de la sala del consejo estudiantil. Al haber informado correctamente (cosa por la que el rector le había pagado setenta mil yenes) se dirigió a su hogar, iba camino allá cuando fue telefoneado por Naomi. Ante la tentativa oferta de cuánto podría pagarle el rector por saber en dónde se habían escondido (Naomi le dijo que la cacería de éstos había fallado) Takase Yuuta acudió a la cita, y al verificar que allí estaban iba a informarlo por teléfono, pero fue capturado antes de poder hacerlo.

Después de una tortura que duró más de tres horas, Kouji obtuvo la información que estaba buscando, tomó el automóvil de Ikko y fue a buscar a Suzune, por desgracia, era tarde, luego de la negativa de la presidenta del consejo estudiantil y ante la posibilidad de perder sus vidas también, el cuerpo de Suzune yacía sin vida en un depósito de autos abandonado.

En consecuencia, Najiko dio la orden final. Esa misma tarde, Yuuta fue también asesinado.

Ese fue el principio de lo que después se conoció como semana negra.

––––––––––

Asaki Najiko, presidenta del consejo estudiantil, ordenó en el transcurso de su mandato la muerte de dieciséis personas, la tortura de nueve, y la mutilación de uno. ¿Por qué? Los motivos siempre fueron varios, pero quizá la principal razón, es porque podía.

Llegados a este punto, cabe destacar que la mayoría de todas esas cosas, se hicieron en aquella segunda–tercera semana de mayo, del segundo curso de su año de instituto. Y como una buena presidenta, dejó de preguntarse acerca de si lo que hizo estuvo bien o mal una vez que se hubo terminado.

Eso no impidió, sin embargo, que echara de menos a toda esa gente que se había marchado cuando hubo comenzado su tercer y último curso. A juzgar por su belleza y seriedad, nadie hubiera podido decir lo sanguinario que había sido su ascenso al poder. Belleza que para mediados de su tercer curso cautivo a un estudiante de primer año.

Cabe agregar también, que ella siempre detestó tener que dar esa clase de órdenes, para ella hubiera sido mejor que las cosas terminaran pacíficamente, pero en vista de lo lejos que estaban dispuesto a llevarlos los directivos, Najiko comprendió que no había una forma pacífica de solucionar el problema.

Al día siguiente de eso, cuando se hizo público el anuncio de la muerte de Mikako y de Suzune (la muerte de Yuuta tardó mucho más tiempo en darse a conocer) Najiko habló frente a la asamblea de los clubes.

“Estoy al tanto de que hay mucha gente que no teme usar la violencia para resolver este conflicto en que nos hemos visto envueltos todos, incluyéndome, y llegando a extremos tan horribles como el intento de esta noche de acabar con la vida de varios de los aquí presentes, en la que mi querida amiga Hideyoshi Suzune perdió la vida, no voy a nombrar aquí a los culpables porque ya todos sabemos de quien se trata, no me doblegaré, ni aun ahora. Saben ustedes, amigos míos, que siempre he sido una mujer pacífica y razonable, pero si vienen a mí con violencia, entonces pueden apostar, pueden estar seguros, de que estoy lista para demostrar que puedo ser tan violenta como ellos lo son conmigo.”

Esa misma tarde, mientras los alumnos salían, el vigilante de la escuela fue encontrado muerto en su cabina en la entrada.