Kamisei C5

Modo nocturno

Capítulo 5: Una vieja canción de amor.

– ¿Me mandó llamar? –

Una voz resonó en la sala vacía de la presidenta del consejo estudiantil. Era Itami, quien de nuevo había sido sacado de sus clases. La presidenta sonrió para sí misma antes de levantar la mirada, había ensayado toda la mañana con lo que diría. En realidad lo había ensayado desde el momento en que él se alejó de ella. Y a pesar de que intentó no pensar en ello, no pudo evitarlo.

Naomi se enfadó cuando ella dio la orden de llamar a Itami. Era la presidenta ¿Quién podía tener derecho de sacar a alguien de la clase si no era ella?

Pero eso Naomi no lo comprendía.

–Si no hay más cosas oficiales el día de hoy, me retiro. –

Fue lo que dijo Naomi, y se fue…

Najiko estuvo a punto de preguntar algo, pero preguntar hubiera hecho parecer que ella dudaba, y Asaki Najiko jamás dudaba de nada. Tenía el derecho, el derecho de hacer lo que ella quería, de llamar a quien ella quisiera a la hora que ella deseara. Todos en todos lados, tenían la obligación de complacerla. Porque ella era la presidenta, nadie más que ella.

Y la presidenta decidió que quería ver al chico que le gustaba…

Y se detuvo en esa parte de su tren de pensamiento. Quizá no era una buena idea llamarlo ahora mismo, alguien podría darse cuenta. Sacudió la cabeza para librarse de esas dudas molestas de nuevo, y esperó, hasta que Itami llegó hasta la sala de consejo estudiantil. En realidad Najiko no estaba interrumpiendo nada, le informaron que querían verlo cuando estaba guardando sus cosas para ir a casa, sus clases habían terminado.

Al entrar, Itami se dio cuenta de que había una fotografía en un marco, en el escritorio de la presidenta, de nuevo sus padres, pero no dijo nada. Seguro que ella los echaba de menos.

–Si yo… –

Respondió Najiko, y enmudeció, todo lo que había ensayado, todo lo que había pensado, se le fue de la mente, su cabeza estaba totalmente en blanco. Enrojeció.

–Aquí estoy, pensé que no querías volver a verme. –

Comentó Itami, fue evidente para Najiko que eso le había ofendido, aunque intentara aparentar lo contrario, lo malo es que ella ahora no tenía idea de que decir, lo tuvo tan claro hasta un momento antes de que apareciera…

–Si bien, pensé que si no tienes nada que hacer, tal vez no te importaría acompañarme a casa. –

–La verdad es que… bueno no estoy en detención, iba a irme ahora. –

Explicó Itami, rascándose la cabeza, eso hizo enfadar a Najiko.

–Pues ahora estás en detención. –

Respondió ella, haciendo un gesto.

– ¿Eh? ¿Por qué? –

Preguntó Itami, más que nada porque creyó que algo de lo que había dicho le había hecho enfadar.

–Porque yo lo digo, por eso, ¡Hmph! –

–Bueno, eso es un alivio, pensé que te habría dicho algo malo… ¿Haré trabajos pesados? –

Preguntó, dejando su mochila sobre el suelo.

–No, no hay nada que hacer. –

Respondió ella, guardando algunos papeles con tedio. Itami entrecerró los ojos, era tonto, pero no lo suficiente para no darse cuenta de que lo que ella pretendía es permanecer un momento con él.

Suspiró. Aunque le agradó hacer el tonto la primera vez, conforme pasaba el tiempo aquel acto perdía su gracia. Decidió que podía ser un poco audaz.

–Si es así… bueno quizá podríamos pasar el rato, juntos. –

Fue lo que le dijo.

–Si no queda de otra. –

Respondió Najiko, acomodándose los lentes. Se sentía molesta por no poder recordar lo que quería decirle, pero tenía que admitir, que ahora que él estaba aquí, no había nada de qué preocuparse ¿Estaba bien para ella sentirse así? Tal vez no. Ese pensamiento le asustaba un poco.

–Entonces esperaré afuera. –

Itami se dio la vuelta. Najiko lo miró colérica.

–Bueno, no hay razón para pasar la detención aquí ¿verdad? Podemos ir por un jugo o algo. –

– ¿Quién ha dicho que puedes irte? –

Rugió la presidenta, parándose después frente a Itami, con los brazos abiertos para evitar que se escapara.

– ¿No iremos? –

–Es decir si pero… yo soy quien… –

Asaki Najiko y la presidenta del consejo estudiantil se disputaban el control de la situación, pensaba Itami.

–Estás demasiado nerviosa, no estoy enfadado contigo, ni tengo intenciones de dejarte sola, si estás contenta con que te acompañe hoy también, por mi perfecto. –

Le dijo Itami, ella suspiró, estaba demasiado empeñada en recuperar su posición, tanto, que no se dio cuenta de que bajo toda aquella palabrería había una invitación a salir por parte de él.

–Claro que estoy contenta, es decir, te llamé ¿No es verdad? –

Le dijo ella, a modo de reclamo, Itami se acercó a ella, mirándola de cerca.

– ¿Cómo puedes mantener una piel tan perfecta si te enfadas tanto? –

Le preguntó, eso la dejó perpleja, tardó un momento en reponerse, para cuando lo hizo, Itami ya había abierto la puerta. Después de eso, y tratando de relajarse un poco, ella salió detrás de él.

–Eres un idiota. –

Le dijo ella, aun acomplejada por el cumplido tan inesperado.

–Lo sé. –

Respondió Itami, mientras salían del edificio, los estudiantes abandonaban lentamente el plantel, Najiko tuvo sus dudas acerca de si debería ser vista con él, pero estuvo segura de que, en caso de que alguien decidiera iniciar algún rumor, ella podría simplemente hacerlo callar con sólo mover su mano. Porque en esa escuela, desde la firma del acuerdo, todo se hacía como ella quería que se hiciera. Todo.

– ¿Quieres parar en algún sitio? –

Preguntó Najiko, hartándose de esperar a que él hiciera esa pregunta.

–No te entiendo para nada, ¿Porque ibas a querer parar en algún sitio si estás tan enfadada conmigo? –

–Aún estoy enfadada contigo, pero si quieres, puedes contentarme… llevándome a algún sitio. –

Y es que bien pensando ¿Por qué estaba Najiko enfadada con él? Itami la miró por un momento. Debería ser difícil tener que decir las cosas siempre de una forma tan rebuscada, supuso que era parte de su trabajo como presidenta, asintió con la cabeza.

Lo que Itami no se puso a pensar, es que ella siempre había sido así.

–––––––––

–Naomi, ese chico ¿Quién es? –

La presidenta llevaba dos días en el cargo, y ya había hecho cambiar la silla, porque decía que la otra le resultaba incómoda. Hicieron traer una de las sillas de la sala de audiovisuales, Nagashima Ikko, un joven bastante entendido con los sistemas de computadoras, pasaba casi todo su tiempo en la sala de audiovisuales, acomodando cosas a veces, a veces instalando nuevas, pero la mayoría del tiempo, jugando Matchi Space 3. Como fue el primer sujeto que vieron al entrar en la sala, fue designado para llevar la nueva silla.

Pese a sus buenas notas y a lo bien que se entendía con las maquinas, hablando de cables y computadoras y esas cosas, Ikko era un chico que tenía problemas para comunicarse, y por ello, siempre estaba solo. Tuvo que dejar su juego para atender la petición del consejo estudiantil, y había hecho todo lo más rápido posible. Eso le dio un falso mensaje a la presidenta del consejo, quien lo juzgó diligente.

–Nagashima Ikko, clase 1 B, pasa la mayor parte del tiempo en la sala de audiovisual. ¿Quiere que pregunte a los maestros sobre él? –

–No, pregunta a los alumnos, quiero saber qué clase de persona es, y tu más que nadie, sabes que los maestros aquí están ciegos. –

Respondió Najiko, resoplando, hacía calor afuera.

–Te meterás en problemas si sigues hablando así, Najiko. –

– ¿Te pedí tu opinión? –

Por primera vez en varios días, Najiko se mostró fría.

–No. –

Respondió Naomi. Ahora que los papeles habían cambiado (Naomi había sido la delegada de su clase) Najiko era su superior, ella a veces lo olvidaba, suspiró, en cierto modo, Najiko tenía razón en enfadarse.

–Te di una orden. –

Repuso Najiko.

–Entendido, presidenta. –

Respondió Naomi, dispuesta a marcharse, Najiko la llamó de nuevo.

–Tsushima Gouko, del comité de disciplina, mándalo llamar también, creo que este sitio le resultará mucho más acogedor. –

Agregó Najiko, Naomi hizo una breve reverencia, y se fue. Luego de eso, Najiko tomó el teléfono, estaba nerviosa, era la primera vez que telefonearía a sus padres desde un teléfono que no fuera el suyo propio, aun no tenía un teléfono celular, y a pesar de lo simple que pudiera parecer, ella aun no sabía cómo explicar que, había triunfado, era la nueva presidenta del consejo estudiantil. Se había resistido a llamarlos los días anteriores a ese, pero no podía soportarlo más, quería que sus padres supieran lo agradecida que estaba con ellos.

Nunca les mencionó que todo había sido a causa de un suicidio escolar, y a pesar de que llevaba flores a la tumba de Tsugimoto Saji todas las semanas, nadie volvió a mencionar ese nombre. No les dijo tampoco que había tenido que sobornar a uno de los sujetos que contaron los votos, eso le avergonzaba un poco, no haber ganado limpiamente. Pero de alguna manera, Najiko sabía que jugar limpiamente, mientras compites con alguien que no juega limpiamente, es perseguir la derrota. Y ella no iba a ser derrotada.

Así que omitiendo todos aquellos vergonzosos y oscuros detalles, tomó el teléfono y marcó el número de su casa, su padre cogió el teléfono.

Y Najiko le contó a su padre cómo ella y nadie más, había ganado las elecciones prácticamente sin ayuda de nadie, y que ahora era la presidenta del consejo estudiantil. Como era de esperarse, el hombre al otro lado del teléfono rebosaba de felicidad, sin duda su hija debería ser una mujer y una estudiante excelente. Por algo era la presidenta del consejo estudiantil. Y como Najiko le dijo a su padre que haría todo lo posible para mejorar su escuela, el hombre no pudo creer otra cosa sino que su hija, aparte de todas esas cosas, era alguien muy preocupada y muy comprometida con su comunidad. En parte era verdad, ese pensamiento consoló a Najiko al colgar el teléfono.

–Asaki–san, presidenta. –

Se presentó un sujeto en la puerta del consejo. Najiko le dijo que pasara. Tsushima Gouko, un joven de primer grado, de gafas enormes y apariencia de nerd, entró a la sala del consejo estudiantil. Había sido compañero de los rondines de Asaki Najiko durante el tiempo en que ella militó en el comité de disciplina, era un joven recto, incorruptible, inteligente, y sobre todo, leal.

–Bienvenido. –

Le dijo ella, sonriendo ampliamente, era una sonrisa de gratitud, en realidad ella apreciaba a este chico.

– ¿En qué puedo serle de ayuda? Extrañamos mucho su servicio en el comité de disciplina, Asaki–san. –

–Bien verás, yo he estado pensando, necesito algo de gente ¿Entiendes? El consejo está ahora vacío, y pensé que quizá, a ti te gustaría venir aquí a echarme una mano. –

–Pero yo… –

–Por supuesto que tendríamos que arreglarlo con el jefe de comité de disciplina, pero sin duda entenderás que es mucho trabajo para dos chicas solas, y que… ya que aún soy amiga del jefe del comité, puede que a él no le moleste, si tú quieres. –

Por supuesto que quería. Un cargo en el consejo estudiantil era algo que no se podía menospreciar, los puestos eran limitados, y los miembros del consejo recibían muchos beneficios, entre ellos, notas mucho más altas en las clases extracurriculares, y una hoja mucho más presentable en su carrera a la universidad.

–Si puede hacer que el jefe acepte, entonces podrá contar conmigo, presidenta, estoy a su más entera disposición. –

–Maravilloso. –

La presidenta sonrió. Había que ser muy cuidadoso con la gente que uno ponía en el consejo, sobre todo porque podían delatarla acerca de lo que planeaba, por supuesto, tenía que ser gente leal, y comprometida, y ¿Por qué no decirlo también? Importante, Tsushima Gouko era hijo de un importante empresario dueño de una cadena de hospitales, pero debido a eso, es que se esperaba que la hoja escolar de Gouko fuera ejemplar.

Era un asunto de ganar–ganar. Ella obtenía cierta… influencia, a cambio de embellecer la carrera universitaria del joven.

Varias horas pasaron después de aquello, la presidenta organizaba algunas cosas referentes al presupuesto, el cual no cuadraba con los números proporcionados por el comité estatal de educación preparatoria, Najiko lo imaginaba, el agua no era del todo clara allí.

–Hice una investigación rápida con algunas personas de su clase, durante la hora del descanso, al parecer, casi nunca está allí, de hecho algunos de los chicos no recuerdan haberlo visto nunca. –

– ¿Entonces es un maleante? –

–Lo dudo, su historial de conducta está intacto, ni siquiera una detención. –

Respondió Naomi, aún más perpleja, y entregando el reporte de conducta anual a Najiko, quien lo miró por un momento.

–Siempre hay una primera vez, mándalo traer, está detenido. –

Respondió Najiko, ante todo, era una chica curiosa.

–Como ordene. –

Respondió Naomi. Ella pensaba que si Najiko comenzaba a detener a la gente sin razón, de su cargo, pronto no quedaría nada, pero también pensaba que el asunto tenía sus toques de extraño ¿Qué hacía este chico en realidad? Si faltaba a las clases, era seguro que reprobaba, pero sus notas estaban intactas.

Resultó que, efectivamente, Najiko tenía razón, el chico se negó a ser detenido argumentando que no estaba haciendo nada malo, y cuando Naomi se enfadó, lo llevó, casi a rastras, a la sala del consejo estudiantil.

Ikko entró allí con coraje y desconcierto, pero la mirada de la presidenta era tranquila, quizá la cosa no estaba tan mal como él mismo pensaba en un principio. Naomi entró resoplando por el coraje de haberlo tenido que traer por la fuerza, estaba claro que necesitaban más gente, pero en consejo y el comité de disciplina aún no comenzaban a actuar en conjunto, (o más bien, bajo la dirección de la presidenta, como se vería después) además de que la detención era completamente arbitraria.

–Bien, aquí estas, la presidenta quiere saber ¿Qué rayos haces en el salón de audiovisuales todo el día? –

Preguntó Naomi, con algo de coraje, Najiko lo miró escrutadoramente.

–Juego. –

La simplicidad de la respuesta puso furiosa a Naomi, pero Najiko dejó caer una risa cristalina. Ambos, Ikko y Naomi, miraron a Najiko con consternación.

– ¿Por eso vienes a la escuela? –

Preguntó Najiko, bastante divertida a decir verdad, la rígida seriedad del cargo y su propio carácter no le permitían cosas como estas a menudo.

–Ya he presentado todos los exámenes, he pasado todas las materias, no tienen por qué detenerme. –

Najiko hizo un gesto aristocrático con la mano, moviéndola orgullosamente mientras se balanceaba en su silla.

–No necesito una razón, sólo lo hago y es todo, por otro lado, has estado viniendo a la escuela todo este tiempo con la única intención de holgazanear ¿Te parece eso correcto? –

Najiko cruzó las piernas por puro instinto, aquello atrajo la atención de Ikko. Ante todo, la nueva presidenta era una mujer muy linda.

–Claro que me parece correcto, es decir, he terminado mis deberes. –

Respondió Ikko, acomodándose el saco del uniforme.

–Estas en detención, tus deberes terminan cuando la presidenta diga que terminaron. –

–Que pesada. –

Replicó Ikko, entre dientes, la presidenta entrelazó los dedos, le gustaba la escena que se desarrollaba frente a ella, siempre había pensado que era increíblemente fácil hacer enojar a Naomi, y que ella se veía muy graciosa enfadada. Todavía no estaba del todo consciente de la gravedad del cargo, así que se olvidó de eso.

–No soy pesada, tú eres un desobligado, que aparte de todo no tiene idea de lo que es el respeto por la autoridad, ni los modales. –

–Me hablas de modales después de haberme traído a rastras a este lugar. –

–Me ordenaron hacerlo ¿No comprendes? Es por eso que detesto a la gente desobligada y sin sentido como tú. –

–Y yo detesto a la gente cuadrada y pesada como tú. –

Naomi volteó a ver a Najiko, quien sonreía sin siquiera percatarse de ello.

–Presidenta, por favor, no lo soporto, ¿Puedo irme ya? –

Preguntó ella, Ikko hizo un gesto de alivio, luego continuó, antes de que Najiko pudiera responder.

–Sí, seguro que es más agradable lo que sea que ella me ponga a hacer que seguir hablando contigo. –

– ¿Quién te manda a ti a juzgar si soy o no soy agradable? Y hablando de desagradable, te estoy observando, has estado mirando a la presidenta lascivamente desde que llegaste. –

Reclamó Naomi, aquello, por ser cierto, hizo a Ikko enrojecer, y esto hizo que también Najiko se ruborizara. De los dos, quien primero recobró la compostura, fue Najiko, y se enfadó con Naomi, por haberlo hecho notar. Ésta fue enviada fuera con un chasquido.

–Lo siento yo… no pretendía ofenderla. –

Ikko se disculpó, sin entender por qué se estaba disculpando.

–No pasa nada, Naomi ha sido así desde que la conozco, simplemente la gente como tú, no le agrada mucho. –

– ¿Cómo yo? –

–Despreocupada. –

Añadió Najiko, después de eso, Nagashima Ikko se sentó en una de las sillas, frente a la presidenta.

–Aún no me dice por qué estoy en detención. –

–Bueno, había pensado en hacerte muchas preguntas, pero… creo que es mejor si voy al grano. Nos falta mucha gente en el consejo estudiantil, y pensé que podrías entrar en él, y hacer algo, para variar. Si estás tan desocupado podrías… –

Ikko echó la cabeza para atrás, temía por este momento, el momento en que tuviera que trabajar, no le gustaba la idea. Lo dijo abiertamente.

–No puedo. –

Esto dejó perpleja a Najiko, quien no comprendió como es que alguien, que aparentemente no tenía ninguna ocupación, podía rechazar una propuesta como aquella.

–Puedo preguntar… ¿Por qué? –

Ikko puso la primer excusa que se le vino a la mente, al mirar a la presidenta a los ojos.

–Tengo una novia, que espera por mí. –

Dijo. Najiko bajó la cabeza un momento, pensativa, luego endulzó su voz.

–Si bueno, ella puede incluso ser parte del consejo… –

–No estudia aquí… disculpe… yo… tengo que irme. –

Dijo y se puso de pie. Esta vez, Najiko le dirigió una mirada helada, estaba muy molesta, tanto, que a Ikko le dio escalofríos.

–Aún estas en detención. –

Replicó. No estaba para nada contenta.

Salió después de eso a toda prisa de la sala del consejo estudiantil, buscando a Naomi. Ésta se burló cuando la vio llegar.

–Bueno, tengo que admitir que pensé que tu paciencia podría más que sólo esto. ¿Qué ha pasado? –

–Naomi, quiero que investigues a ese chico, ahora mismo, quiero saber todo lo que se pueda saber sobre él ¿Entiendes? –

Ordenó la presidenta.

–Entiendo, pero no tiene por qué alterarse, presidenta. –

–Si me enfado es por su culpa, de nadie más. –

– ¿Le dijo algo obsceno? –

– ¿A mí? ¿Por qué? Claro que no… escucha, sólo haz lo que te pido ¿De acuerdo? Aquí, hay algo de dinero para que compres algo de cenar, lo demás no importa ahora. –

Lo que Najiko no iba a admitirse, es que lo que realmente la ofendió, fue que Ikko dijera que tenía novia. No era normal, y no tenía razón de ser, pero… ¿La había rechazado? Incluso se justificó a sí misma, pensando que estaba ofendida porque Ikko había rechazado su generosa oferta, por una chica. Lo que no quiso admitirse, es que el chico le llamaba la atención. Se sintió rechazada, como mujer, y eso no le gustó, nada.

Resultó que, revisando algunos archivos de asistencias, las horas de salida y varias cosas más, entre ellas su continua asistencia a los clubes, para dejar material de la sala audiovisual, no revelaron más que una cosa, el chico era un buen estudiante, no necesitaba realmente la medalla del consejo estudiantil. Esto desanimó a Najiko.

–No hay nada. –

Dijo Najiko después de revisar los papeles por sexta vez, era ya muy entrada la noche. Naomi y ella estaban solas en el cuarto.

–Búscalo y dile que se largue, no quiero volver a verlo. –

Ordenó ella, con desanimo.

–De acuerdo. –

Respondió Naomi, poniéndose de pie.

–No espera… yo lo buscaré, es muy tarde ya y es hora de que te vayas, no quiero que te quedes aquí más tiempo, es muy tarde. –

Corrigió Najiko, Naomi hizo una breve reverencia y se marchó. Todo quedó en silencio. Najiko bajó las escaleras hacia el piso dos para buscar a Ikko, a quien se le había ordenado limpiar las paredes. La cubeta de agua estaba allí, también había un par de esponjas, pero no había rastro de Ikko.

“El maldito se ha largado”

Gimoteó ella cuando volteó a todos lados, no estaba allí, se acercó a la cubeta y la tomó, por poco se resbala con un charco de agua que Ikko había dejado. Esto era el colmo, ni siquiera un simple trabajo podría hacer bien. Se dispuso a llevar la cubeta al cuarto de servicio del piso, pero notó que algo se movió al final del pasillo. Se detuvo.

Es cierto que Najiko no era supersticiosa, pero todos aquellos que dicen no creer en fantasmas, deberían poner a prueba esa racionalidad cuando están en una escuela donde no debería haber nadie, de noche, y con la débil luz de las lámparas alumbrando el largo y solitario pasillo. Definitivamente algo te entra en la cabeza, pensaba Najiko mientras intentaba caminar, pero no pudo avanzar tres pasos.

– ¿Nagashima–san? –

Preguntó, pero no hubo respuesta. Comenzó a temblar sin saber exactamente de qué tenía miedo.

–¡Esto no es gracioso! –

Gritó de nuevo, con la esperanza de que hubiera una respuesta, sus manos comenzaron a sudar y la cubeta con agua cayó al suelo, mojando sus zapatos. Pero no hubo respuesta alguna. Nuevamente, algo se movió a la vuelta del pasillo, pero Najiko no quiso quedarse a averiguar lo que era. Era una tontería, pero echó a correr. Pensativa como estaba cuando bajó, no se percató de lo oscuras que eran las escaleras, ahora que estaba frente a ellas, aterrorizada y sola, no pudo subir un solo escalón. Estaba sudando y a pesar de que quería gritar, nada salió de su garganta.

– ¿Presidenta? –

El grito salió cuando escuchó a alguien hablarle desde atrás, y resonó en las paredes del largo y silencioso pasillo del edificio. Najiko se echó al suelo, sin saber por qué, estaba llorando.

– ¿Qué se supone que te pasa? ¿Dónde estabas? –

–He ido al cuarto de servicio, a conseguir un trapeador, para limpiar el agua. –

La voz de Ikko la hizo incorporarse, ¿Qué había sido todo eso?

–Por cierto, es muy tarde ¿Puedo irme ya? –

Najiko se puso de pie con un salto, es cierto que estaba enfadada, y avergonzada por haber sido encontrada en aquel estado que ahora mismo parecía tan patético, pero, en cierto modo, y aunque tratara de evitarlo u ocultarlo, estaba agradecida de que Nagashima estuviera allí. Ella nunca había permanecido hasta estas horas de la noche en ningún sitio, y tuvo que admitirse a sí misma algo que ella ya sabía: Tenía miedo de estar sola.

También temía a la oscuridad. Dormía todos los días con la luz encendida. Y hablaba por teléfono con sus padres antes de dormir, para no sentirse tan mal. En un principio pensó que sería temporal, sólo mientras se acostumbraba, pero esa seguridad que nacía de la costumbre jamás llegó.

–Mis zapatos están mojados. –

Comentó Najiko, a nadie en especial, Ikko no prestó atención a esto, se retiró un momento, secando el agua que Najiko había derramado al dejar caer el cubo con agua. Ésta lo miró enfadada.

– ¿No querías irte ya? –

Preguntó ella, molesta.

–Luego de limpiar este desorden. –

Respondió Ikko, en su rostro se dibujó una mueca de tedio. Najiko sabía que estaba enfadado con ella, así que se puso de pie.

–Lárgate de una vez. –

– ¿Disculpe? –

Preguntó Ikko, sorprendido por el repentino tono de la presidenta, sonaba a que quisiera golpearlo.

–Lárgate de una vez, y no quiero volver a verte. –

Más que una orden, sonaba a una amenaza, Ikko retrocedió, creyendo que estaba en verdadero peligro, el rostro de Asaki no reflejaba emoción alguna, pero Ikko se dio cuenta, mirándola a los ojos, que ella tenía miedo, no entendía del todo porque, pero podía verlo. Quizá su miedo era la razón de que ella actuara tan violenta, el pensar eso suavizó las emociones del chico, sonrió para sí mismo, ella le recordaba a un gato asustado.

–De acuerdo, esperaré afuera entonces. –

Le dijo, esto fue algo inesperado para Najiko, quien volteó a verlo, aun mas enfadada que antes.

– ¿No me escuchaste? –

Ikko solía ser tonto, o actuar como tal, la verdad es que lo hacía aposta, si uno actuaba como un tonto la gente normalmente se alejaba de él y lo dejaba en paz. Pero no era tonto, sabía perfectamente lo que debía decir si no quería ofenderla, y aunque resultara ridículo, era lo mejor.

–La verdad es que este lugar es muy solitario, no me siento cómodo caminando sólo por los pasillos. –

Najiko arqueó una ceja, es decir ¿Tenía miedo? ¿Él? ¿Por qué? Fueron las preguntas que se hizo, pero suspirando pudo pensarlo mejor, tal vez si ambos se hacían compañía ella no tendría problemas para salir de aquí. Lo mejor del caso es que, ella no tenía que admitir nada, sólo dejarse llevar, sólo tenía que dejar que este chico le acompañara hasta la salida, era muy cómodo para ella. Incluso, podía insultarle un poco.

– ¿Tienes miedo? –

Preguntó en tono burlesco, se arrepintió momentos después, pero estaba hecho. Él podía abandonarla y ella habría perdido su oportunidad de salir de allí.

–Esa es una forma de decirlo. –

Respondió Ikko, para sorpresa (y fortuna) de Najiko, quien suspiró.

–Está bien, si no tiene remedio, entonces vamos, soy yo quien te ha hecho quedarte en primer lugar. –

Ikko no dijo nada. Ni en ese momento, ni después, ni durante todo el camino. Se limitó a acompañarla hasta que salieron de la escuela, ella suspiró cuando estuvieron fuera. Nunca, y en realidad, nunca, volvería a quedarse sola hasta esas horas de la noche. Al menos eso era lo que ella pensaba en ese momento. Había otro casillero con zapatos aparte de los de ella, se dio cuenta al salir. Ikko volteó a verla una vez que salieron.

–Ha sido menos aterrador con usted allí, espero no haberla incomodado. –

Dijo él, casi casualmente. Najiko lo miró un momento.

Pero si podía ser educado, pensaba ella, tal vez el chico no era tan malo después de todo, tal vez sólo tenía otros intereses. Ella volteó al frente para que él no notara que ella estaba sonrojada. ¿Por qué se sentía halagada en primer lugar? Najiko no pudo descubrirlo. El panorama era mucho más alentador ahora. Las luces nocturnas hacían todo más visible. Sin decir nada, Ikko se dio la vuelta. Ella iba a despedirse cuando lo vio desaparecer en un callejón sin iluminar, en cierto modo, mucho más aterrador que los pasillos. ¿No había dicho que tenía miedo? Pensó mientras Nagashima Ikko desaparecía entre las sombras. Ella se encogió de hombros, y volvió a su casa.

Al día siguiente, Asaki Najiko se presentó en su oficina como de costumbre, y una vez allí, espero pacientemente a que llegara Naomi. Ésta llegó con un reporte acerca de los nuevos presupuestos del plantel escolar, lo cual no agradó nada a Najiko. Por otro lado, los reportes acerca de lo inseguros que eran los jardines y los alrededores de la escuela, donde los maestros no vigilaban (o fingían no vigilar) comenzaban a acumularse. Los presidentes de los clubes estaban extralimitados, no iban a aceptar un recorte de presupuesto sin replicar, y tendrían razón si lo hicieran. Naomi suspiró después de leer todo aquello.

– ¿Hay algo en este sitio que se haga bien? –

Preguntó, Naomi acomodaba papeles, pensó que la pregunta era para ella.

–Bueno, estoy acomodando los reportes por fecha, quedarán bien, se lo aseguro. –

Respondió con una sonrisa, Najiko batió la cabeza con pena, luego le sonrió a Naomi.

–No hablaba por ti. –

Le dijo, con voz serena. Después de eso se puso de pie.

–No quiero este presupuesto, dile a los docentes que queda rechazado.

– ¿Cómo? –

Preguntó Naomi. Aunque en teoría era su trabajo como presidenta, el aprobar o no el presupuesto, la realidad es que éste nunca se había sometido a una segunda discusión. Naomi sabía que eso haría enfadar a los directivos del plantel, pero Najiko fue intransigente.

–He dicho, que quiero que lo hagan de nuevo. –

Dijo y salió del salón. Naomi tuvo que llevar la respuesta de la presidenta a la sala de los directivos, con lo cual fue mal mirada por todos los profesores del plantel. ¿Es que acaso la presidenta tenía el derecho de cuestionar su forma de hacer las cosas? ¿Si ella era tan buena manejándolo entonces porque simplemente no se encargaba de eso? Pero en eso Naomi no tenía ninguna injerencia realmente, ella fue sólo la mensajera, y soportar aquello fue duro, muy duro para ella. A diferencia de Najiko, Naomi estaba en teoría agradecida con el personal escolar. Como todos los estudiantes.

El rector tomó el memorándum de nuevo de las manos de Naomi, y asintió con la cabeza. Ni que hacerle, si era lo que la presidenta quería, tenía que hacerse, nunca sucedía, pero seguro que podía contentarla con una pequeña parte del pastel. No pudo.

Najiko fue a la sala de audiovisuales después de aquello, donde por supuesto encontró a Ikko. Lo encontró haciendo algo en una de las computadoras de la sala.

–Sólo pasaba a saludar. –

Dijo, con algo de pena mientras entraba, poniendo sus manos atrás.

–Yo… –

Respondió Ikko, quien no estaba seguro de que esperar.

–Bien, espero que puedas acompañarnos esta tarde también, espero que no sea necesario ponerte en detención para eso. –

Le dijo, fue directo al grano, Ikko se atragantó con el jugo que estaba bebiendo.

– ¿En detención de nuevo? –

Najiko miró hacia todos lados. Estar sola con un chico la ponía nerviosa, pero el trabajo era el trabajo.

–Te diré lo que pasa, escucha, el consejo tiene información de todos los estudiantes y sé qué haces algo más que jugar en este sitio, a decir verdad, necesito que me ayudes con la recolección de datos ¿Puedes hacer eso por mí? –

En aquellos días, Najiko no se percataba de lo cautivadora que resultaba su mirada. No hubo forma de que Ikko dijera que no, eso hizo que ella también enrojeciera.

–No es que quiera que lo hagas porque si, ¿Lo notas? Pienso pagarte. –

Agregó ella, más que nada por romper esa tensión que se estaba generando alrededor de ella. En ese momento, ella hubiera dado cualquier cosa por que alguien más entrara en la sala, pero aquello no ocurrió.

–De acuerdo, estaré allí, es una promesa. –

Respondió Ikko. Tendría que pasar su tarde recolectando datos, pero si eso le haría pasar una tarde cerca de una chica linda, quizá no estaba tan mal… la otra chica por el contrario, esa sería un problema.

Las consecuencias acerca de lo que había hecho no tardaron en presentarse, para Naomi en todo caso, quien acudió después de finalizar las clases a la sala de la presidenta, Najiko no había salido de allí en todo el día.

–Esto es lo que nos sacamos por afrentarlos, me han bajado la nota simplemente porque si, Najiko, es por lo de esta mañana. –

–Creo que te pedí que me llamaras “Presidenta” –

Respondió Najiko con un tonto que rayaba en lo hostil. Luego arrebató la hoja de la nota de las manos de Naomi, era un examen, estaba mal calificado y la maestra de literatura había puesto una “C+” allí donde debería haber una “A” Najiko lo comprendió todo sin la necesidad de escuchar las quejas de Naomi, quien no estaba para nada de acuerdo con el cariz que estaba tomando la situación.

–Naomi, quiero pedirte un favor, quiero que te vayas a tu casa, que tomes un baño y que te relajes, déjame el asunto a mí. –

– ¿A ti? Eres la presidenta, pero dudo que puedas hacer algo para que la maestra cambie la nota. –

– Hinatsura–Sensei, es una buena persona, y es una profesora muy amable también, seguro que cuando le haga ver que está mal calificada, ella lo entenderá. –

– ¿Qué estás tramando? –

Naomi no estaba del todo convencida, y con lo violenta que había sido en los días anteriores, no estaba tampoco segura de que fuera una buena idea, pero entonces ella vio esa cara extraña en su amiga, era una expresión que Najiko solía usar para ser persuasiva.

–Hablaré con ella, seguro que la maestra lo entenderá. –

La profesora Hinatsura Kako, de la subdivisión de Artes, de la materia de literatura, era una mujer de treinta y un años, sin marido ni hijos, y a pesar de su belleza, no parecía que fuera a contraer matrimonio pronto. Nunca nadie la había visto salir con alguien, o que algún hombre la llevara al trabajo. Y claro, esto había generado la idea (entre los docentes, más que nada) de que la maestra era incluso homosexual. Lo que en realidad pasaba es que, en cierto modo, no había ningún maestro que le gustara. A pesar de que al menos tres maestros habían mostrado intenciones románticas para con ella, ella los había rechazado. A los treinta y un años es una edad muy avanzada para no haber contraído matrimonio, y la idea general que tenían los hombres que la conocían, es que algo había de malo con ella, que le impedía conseguir marido.

Pese a todo ello, la profesora Kako era bonita, dedicada a su trabajo, y con un cuerpo decentemente bien proporcionado, que ella ocultaba bastante entre esos enormes pullover holgados que solía usar. Se peinaba y caminaba con modestia casi siempre. No hizo falta para Najiko pensar demasiado para darse cuenta de que algo no encajaba allí.

El trabajo de la profesora sin embargo, era muy apreciado por los docentes. El lugar en donde escogió para citar a la profesora, fue el mismo sitio donde los alumnos solían confesarse. Esto a la profesora le pareció algo muy extraño, pero en vista de que, de todos modos, se trataba de una alumna, acudió a la cita.

–Antes que nada, Najiko–chan, déjame decirte que no soy homosexual. –

Dijo la profesora cuando se encontraron, incluso usó el honorífico “Chan” para parecer más cercana, casi como una amiga. No sin vergüenza de tener que decirle eso a una alumna, pero alguna posibilidad cabía de que fuera la intención, por el lugar que Najiko escogió.

Había muchos alumnos mirando la escena, pero como se trataba de una profesora y la presidenta, la mayoría de ellos intuyó que se trataba simplemente de una reunión formal, al aire libre. Además, el lugar estaba lo suficientemente apartado de los pasillos para que nadie pudiera escucharles sin acercarse (quizá una de las razones por las que ese sitio se usaba para confesarse) así que Najiko pudo hablar claramente a la profesora.

–No sé si debo sentirme halagada porque me halla malinterpretado, Hinatsura–Sensei, lo único que puedo decirle es que lo sé, y que no hay nada de qué preocuparse, me gusta un chico en realidad. –

Admitió Asaki con una sonrisa tranquila, que hizo que los hombros (y las sospechas) de la profesora bajaran un poco.

–Oh vaya, sin embargo entonces, has escogido mal a quien pedirle consejos, como puedes ver, soy una mujer sola ¿Qué tan valiosa podría resultar mi opinión? –

La conversación hasta este punto, había estado transcurriendo sin rumbo y sin hostilidad, era justo lo que Najiko pretendía, pero ya era hora de ir aclarando la situación. Sonrió sórdidamente para volver a negar las sospechas de la profesora.

–Tampoco quiero pedirle consejos, y sé bien, que a pesar de que parece que está sola, Hinatsura–Sensei, no lo está. –

– ¿Qué quieres decir? –

Preguntó la profesora con nervios, sin entender, o sin desear entender, lo que Najiko estaba diciéndole.

–No es gran cosa, ¿Sabe? Anoche tuve la desgracia de quedarme hasta muy tarde, el trabajo en el consejo estudiantil se acumula con facilidad, y pude darme cuenta de que uno de los casilleros de guardar zapatos, aparte de los míos, aún estaba ocupado. –

Hinatsura–Sensei ya no replicó, permaneció seria y tratando de no perder la calma, a pesar de que su corazón comenzaba a acelerarse.

–Me alegro entonces de que no te haya ocurrido nada camino a casa, hay callejones muy oscuros por allí. –

Respondió la profesora, tratando de sonar preocupada y tratando también de desviar el tema, sin embargo, Najiko alcanzó a notar un leve dejo de amenaza en esas palabras, no le hizo ningún caso, de todos modos.

–También pude ver que su auto seguía aquí. –

Hinatsura asintió, sin decir nada, un espasmo cruzó por su rostro, pero se recuperó enseguida.

En ese momento, la profesora Hinatsura supo que estaba a su merced. ¿Qué quería Asaki? ¿Chantajearle? Pero si las notas de Najiko eran las más altas… ¿Advertirle? ¿Enjuiciarla moralmente? Puso sus manos atrás para ocultar que temblaba. Iba a terminar la conversación con violencia, pero eso podría hacer que todo se pusiera peor.

–Por lo cual puedo asumir que usted y alguno de los alumnos estaban teniendo una sesión de clases extra, no estoy al tanto de lo mucho que se está esforzando ese chico… Tamui, según su casillero, pero estoy segura, de que él hace un muy buen trabajo. –

Najiko juntó sus manos, como las juntan las chicas cuando algo les resulta encantador, intentando mostrar empatía a la profesora.

–Sí, un gran… trabajo en realidad. –

Respondió la profesora, sabiendo que era inútil contradecirla, es decir ¿Clases extra? Nadie en esta escuela daba esas clases… sólo ella, sólo a Tamui. Estaba bastante claro para ambas sin la necesidad de decirlo con palabras.

–Estoy segura de que es un gran chico, que se esfuerza mucho todos los días por… cumplir con las expectativas de una maestra asombrosamente exigente… ¿Está de acuerdo conmigo Hinatsura–Sensei? –

La maestra asintió, sin entender del todo, ¿Por qué es que Najiko estaba hablándole tan amablemente de estas cosas? Lo entendió pronto, sin embargo.

–Lo que he venido a decirle, Hinatsura–Sensei, es más que lógico, y es que, como usted, yo también tengo alumnos a quienes aprecio mucho, y pensaba que usted podía hacerme un favor… favoreciéndola y yo podría encontrar la forma de pagárselo, favoreciendo a su… alumno estrella, es un asunto de ganar–ganar, ¿Comprende? podría por ejemplo, asegurarme de que nadie encuentre sospechoso que el jovencito permanezca hasta muy tarde, usted sabe cómo son las malas lenguas y lo peligrosas que pueden llegar a ser. –

Hinatsura sabía que le estaba hablando del asunto de Saji y de Tamura Sensei. No dijo nada en ese momento, pero ella sabía perfectamente lo que había pasado, y quizá pudo vislumbrar ese odio que Najiko sentía por los profesores, al mirarla. Era peligrosa.

–Las malas lenguas… nadie quiere esas falacias rondando por allí, en eso tienes razón. –

Najiko se dio cuenta de que la maestra hablaba por hablar, no estaba escuchándola realmente, estaba demasiado nerviosa para poner atención. Quizá convendría hacerle saber que podría escapar de todo lo que se podría acusar con relativa facilidad, esto es, accediendo a lo que sea que Najiko dijera.

–Si yo nombrara a Tamui–san “miembro” del comité de disciplina, nadie pensaría que es extraño que él permanezca hasta muy tarde en el plantel, ¿No cree? Por otro lado, él incluso podría dispensar algunas clases, para dedicar tiempo extra al arduo estudio de su materia. –

Le dijo Najiko, amable, pero yendo directo al grano. Lo principal en su forma de negociar, es que siempre mostraba primero que era lo que la otra persona podía ganar. Yamagata había sido la excepción, por circunstancias especiales.

–Aún no me dices ¿Qué es lo que quieres que haga para pagarte por esos favores? –

Preguntó la maestra, decidida a cerrar el trato lo antes posible, antes de que el asunto saliera de su control.

–Bueno, no pude evitar notar que usted cometió un error al calificar este examen, supongo que el estrés debe ser algo muy grande, y sin nadie por allí que le ayude a liberarlo como es debido, puede ser algo que evite nuestro buen desempeño, ante todo, debo decirle que como una dama, entiendo perfectamente lo que usted puede estar sintiendo cuando se estresa de esa manera tan especial y tan problemática. –

Najiko extendió el examen a la profesora, quien lo tomó con la mano temblorosa.

–Déjame verlo. –

Le dijo, Najiko asintió y la profesora revisó el examen, era más que obvio que ella sabía que la nota que había puesto no se correspondía con el resultado, pero entendió perfectamente todo lo que Najiko le había dicho, por lo que asintió.

–Quizá estaba demasiado distraída cuando coloqué la nota, ha sido un grave error de mi parte. –

Explicó la profesora. Najiko sonrió, era fácil entenderse con las personas si sabías de qué había que hablarles. Y aunque Najiko encontraba el asunto desagradable, ella pensaba que si el chico no se quejaba, entonces estaba bien. A ella en lo personal, no le afectaba en nada.

–No se preocupe, no tengo ninguna intención de ir corriendo a esparcir el rumor de que usted comete esa clase de errores, bueno, en realidad no quiero ni ese ni ningún otro rumor falso acerca de usted, sé que es una maestra dedicada y respetable y deseo, tanto como usted, que su reputación permanezca intachable. –

Hinatsura Kako sonrió, había sido descubierta, pero de alguna forma, y sin que ella hiciera nada, el secreto estaba a salvo con la presidenta del consejo estudiantil. Era toda una suerte. Después de eso, ambas se despidieron, y Hinatsura Kako pudo seguir dando clases particulares a su alumno preferido. En realidad Hinatsura ni siquiera recordaba cómo había comenzado esa extraña y problemática relación con su alumno, lo cierto es que aunque aquello podía hacer que perdiera su empleo, no pudo evitarlo, aquella relación que tenía más de locura que de amor era todo lo que ella necesitaba, no necesitaba a nadie más si podía seguir teniéndolo sólo para ella.

Najiko regresó a la sala de consejo estudiantil después de aquello. Se arregló el cabello y se dispuso a esperar a su invitado de honor.