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Contenido altamente perturbador.

Antes de la caída de Tenochtitlan, en la región del valle de México, existió un pueblo llamado los Aztecas, que establecieron a base de guerras y conquistas, un imperio de estados tributarios que lo convirtieron pronto, en el poder dominante de la región.

La sociedad azteca, sin embargo, es quizá una de las culturas más sangrientas y brutales de las que el mundo ha tenido noticia. Sacrificaban tanto a cautivos de guerra como a sus propios pobladores a los dioses, y erigieron su imperio, con la única finalidad de obtener prisioneros para poder llevarlos a la gran pirámide a sacrificarlos.

Cuando los conquistadores les dijeron a los españoles que los aztecas tenían muros hechos con cráneos humanos, por la cantidad de hombres sacrificados a los dioses, la respuesta usual de los españoles que jamás habían visto nada parecido, fue la de escepticismo. En el año 2013, se hallaron los restos del gran Tzompantli, El muro hecho con cráneos humanos, entre los que se han encontrado los cráneos de los sacrificados al dios de la guerra. Huitzilopochtli, siendo usados como principal material de construcción para el enorme muro.

El Gran Tzompantli también incluía calaveras de mujeres y de niños.

Esta historia, sin embargo, se sitúa mucho tiempo antes de que los conquistadores españoles llegaran a América, y por ello, en pleno apogeo del expansionismo Azteca, porque al igual que muchos otros pueblos de la antigüedad, los aztecas se consideraban a sí mismos los enviados de un dios. El dios de la guerra.

El dios Huitzilopochtli, deidad principal de los aztecas, puede ser catalogado como el dios más sanguinario jamás adorado por un pueblo. Ni la inquisición española, ni la cacería de brujas en Estados Unidos ni ninguna otra práctica religiosa parecida, puede compararse con la brutalidad con la que los aztecas conducían sus rituales.

Por ello, algunos de los rituales relatados, pueden parecer aberrantes, sangrientos, o sencillamente desagradables.

Se recomienda discreción.