Haru no Yurei V2 C15

Modo Noche

Capítulo 15: Sentimientos ocultos

-Vamos… a necesitar… una mesa nueva… –

Akane estaba acostada en lo que quedaba de la mesa, acabábamos de terminar y ella estaba sonriendo. Tenía la cara roja y apenas podía respirar.

-Creo que nos excedimos un poco… –

Respondí.

Yo estaba sobre ella, también me costaba respirar, y estaba sudando. Akane negó con la cabeza.

-No, está bien así…  –

Respondió Akane. Aún estaba dentro de ella.

Recapitulando lo que pasó, luego de que su padre cerró la puerta, la ataqué con todas las fuerzas que tenía. Ella dijo que no importaba así que no me contuve. La mesa se rompío y fuimos a dar al suelo, iba a levantarme cuando ella me abrazó por el cuello.

-No te detengas… –

Pidió. Ni que hacerle, continué empujando.

Ella dijo un montón de veces que era yo el mejor, y que me amaba, ya saben, las cosas que dicen las chicas cuando están haciéndolo. Se vino varias veces, pero ni así me dejó soltarla. Aun con todo lo que estaba pasando, me fue difícil terminar porque yo ya había hecho esto varias veces por la tarde.

Tengo que admitir que ella fue especialmente ruidosa en esta ocasión. No sé, quizá no tenía ganas de reprimirse, pero imagino que aquello se escuchó en toda la calle.

Cuando por fin pude terminar, vacié mi semen dentro de ella y me acosté sobre su cuerpo.

No pensamos en su padre para nada luego de que se fue, lo cual me alegro porque creo que a ella le alteraba sobremanera la idea. Esto sirvió para deshacernos de ese pensamiento. Akane me abrazaba ahora con las fuerzas que le quedaban. Iba a levantarme, y no me lo permitió.

-Pescarás un resfriado… –

Le dije, su espalda estaba desnuda, básicamente toda ella estaba desnuda, con su falda escolar básicamente alrededor de ella en forma de cinturón.

-No… quédate así… lloraré si me sueltas, no es broma… –

-No tienes que llorar… puedo volver a abrazarte siempre que quieras… –

Le aseguré, ella me miró a los ojos, y sonrió. Entonces me permitió salir de ella, e iba a levantarme cuando escuché algo en la ventana.

Aquello hizo que me sobresaltara y cuando voltee, vi a alguien entrar por la ventana de mi casa.

Kamine.

Akane buscó con que cubrirse, pero no pudo encontrar nada, asi que se cubrió con los brazos, Kamine se sacudió las rodillas.

-Ah… me lo suponía… –

Comentó cuando vio a Akane cubrirse, ella montó en cólera.

-¿Qué se supone que está pasando aquí? –

Y me miró, como si tuviera yo la culpa de que esta chica loca hubiera decidido irrumpir en mi casa justo en ese momento.

-Eso es lo que me gustaría saber… –

Me puse de pie, y instintivamente, me cubrí también, subí mi pantalón luego.

-Tranquilo… no hay nada allí que no haya visto antes… –

Comentó Kamine, mirándose las uñas. Yo negué con la cabeza.

-Ese no es el punto. ¿Qué estás haciendo aquí? Y ¿Por qué entraste por la ventana? –

Pregunté, poniéndome serio un momento.  Akane se puso de pie también, estaba enfadada. El semen escurrió por sus muslos, Kamine volteó a verlos.

-Uff… ahora veo por qué los gritos… –

-¡Largo! –

Gritó Akane.

-Calma princesita, no vine aquí a pelear… no hoy en todo caso… –

-No sé a qué viniste, pero tienes que irte ¿Entiendes? Es mi momento ahora… –

-Tu momento terminó hace un rato… es decir, todos escuchamos cuando terminó… –

-Eso no te incumbe… –

Akane se dio la vuelta y se acomodó la falda. Buscó su sostén después.

-No puedes venir aquí a insultarla, Kamine… mucho menos entrar sin permiso… –

-Toque el timbre, pero nadie iba a abrirme ¿O sí? –

Akane encontró su sostén, estaba roto…

-Voy a ir arriba a cambiarme, espero que cuando termine, “esta mujer” haya terminado de… lo que sea que venga a hacer aquí. –

Akane se refirió a Kamine con un término algo despectivo… no es como que a Kamine le hiciera algún efecto, en absoluto. Ella solo encogió de hombros, mientras Akane subía las escaleras.

-¿Qué se supone que te pasa? –

Pregunté, Kamine encogió de hombros.

-Ella empezó… –

Se quejó.

-No me refiero a eso, entrar así por la ventana…  –

-Tenía que verte ¡ahora! –

Explicó ella. Parecía emocionada por algo. No me gustó, siempre que la veía así, ella tenía algo entre manos.

-Bien ¿Qué pasa? ¿Qué era tan importante? –

Kamine desdobló un papel que tenía guardado.

-Lo robe… –

Explicó.

-¿Lo robaste? –

Pregunté, extrañado de que lo hiciera y de que lo dijera tan comúnmente.

-Si bueno, no se supone que tenga esto… pero posiblemente la señora Akiyama consiga otro ahora mismo. –

Explicó Kamine. Luego me lo mostró. Era un ticket, o más bien, un promocional. Era un hotel en una de las zonas exclusivas de la ciudad. El sitio al que irías para relajarte y pasarla bien… por varios días.

-Mi madre y otras tres mujeres han estado planeando esto por semanas, para celebrar no sé qué cosa en un negocio del que mi madre forma parte. Según dicen, estarán allí por cinco días con sus noches. Mi madre y las otras, beberán, comerán, irán a los baños termales… a decir verdad me da un poco de envidia. –

Explicó Kamine.

-¿Y que con eso? ¿Vienes a presumir de algo a lo que ni siquiera asistirás? –

Pregunté. Creo que todas estas cosas me habían hecho olvidar una parte importante. Kamine me miró enfadada.

-Piénsalo… son cuatro mujeres, solas… en un solo cuarto… es la oportunidad perfecta. –

-¿Cuatro? –

Pregunté… por cómo me sentía en ese momento, estaba seguro de que aquello era demasiado.

-He estado esperando por esto durante un buen tiempo… hoy la señora Akiyama perdió este folleto, probablemente todavía no sabe eso, pero no importa, porque ella puede conseguir otro. Ahora está tomando el té con mi madre y sus amigas… en mi casa… y si, escucharon los gritos de tu princesa. –

Y se rio.

-Debiste ver sus caras… tenían una envidia terrible…  –

-Si bueno… –

Kamine no paraba de reír.

-En verdad, tenías que haberlas visto… todas dijeron “que indecente” pero… se notaba en sus caras que estaban celosas, se notaba que todas querían ser ella… –

Explicó.

-Aun así… no puedo ir solo a ese lugar y hacerla de fantasma… me vería muy sospechoso. –

-Lleva a alguien, no importa…  –

-¿Y qué hago con ese alguien una vez allí? ¿Me dejará ir a buscar a tu madre y a las demás? –

Pregunté.

-Piensa en algo por ti mismo, no puedo resolver todos tus problemas. –

Respondió Kamine, encogiendo de hombros.

-Lo pensaré, pero no prometo nada. –

-Trataré de estar al tanto de sus horarios, supongo que mientras estén sobrias, tendrías que cazarlas una por una… de otro modo podría ser peligroso… –

Tengo que admitirlo… me llamaba la atención. Sería la más grande operación que el fantasma de la primavera hubiera ejecutado. Aun así, no estaba seguro de que aun estuviera en condiciones de ser el fantasma. Ese era mi problema.

Con todo lo que había pasado, ya no estaba seguro de poder serlo.

Kamine volvió a reír.

-Ah… yo quería agradecerle a tu princesa por la escena… fue estupendo ver a esas creídas babear cuando escuchaban… –

-¿Cuál escena? –

Preguntó Akane, que venía bajando las escaleras, yo voltee a verla, ahora también vestido. Kamine no se reservó nada.

-La que provocaste en mi casa, con tus gritos de “eres el mejor” y demás… –

Respondió Kamine.

-Pues ya lo has hecho con él… ¿No es cierto? –

Respondió Akane, que definitivamente no estaba contenta. Pero Kamine no parecía con ganas de pelear con ella, solo suspiró.

-Bien, como quiera que sea, no quise interrumpir tu vida marital… sé un buen esposo… aunque no tengo que decirte eso ¿cierto? Seguro que lo estás haciendo muy bien… me voy. –

Me dijo ella y se dio la vuelta. Akane no supo muy bien que decir, yo suspiré.

-Nos vemos… –

Le dije, ella abrió la puerta, y volviendo a reír, salió y se fue.

Akane se llevó una mano a la cabeza.

-Qué manera de interrumpir. –

Comentó.

-Bueno, a decir verdad, ya habíamos terminado. –

Ella se acercó a mí, y pellizco mi mejilla.

-Estoy muy, muy contenta contigo ahora… no hagas que desaparezca. –

La tomé del brazo y la jale hacia mí.

-Puedo hacer que te contentes más… si quieres… –

Respondí, ella me evadió apenas.

-No… mañana tenemos escuela… voy a tomar un baño… –

Me dijo Akane, riéndose y se separó de mí.

Subió las escaleras luego. Guardé el folleto en mi mochila y me puse a ver algo de televisión mientras ella terminaba de bañarse. También contesté a Mizore.

“Puedes decirle que me gustaría aprender más sobre cómo hacer que te sientas bien. Seguro que tiene un par de trucos ¿No es cierto?”

Respondí, y guarde el teléfono. Akane salió del baño y me gritó desde allí que podía entrar. Subí las escaleras y me apresuré a bañarme. Escuchaba como usaba la secadora de cabello mientras me bañaba. No tardé mucho. También oí el sonido del teléfono, pero supuse que eso podía esperar.

Entré al cuarto de Akane luego. Ella estaba arropada para dormir.

-¿Qué ocurre? –

Preguntó ella.

-No lo sé… pensé que podíamos dormir juntos esta noche… –

-¿Quieres premiarme? De acuerdo… métete a la cama entonces. –

Respondió Akane, sonriendo. Apague la luz. En cuanto estuve dentro de la cama con ella, comencé a acariciar sus piernas. Ella se enojó.

-No… me mandarás a la escuela mañana oliendo mal… no puedes hacer eso… –

Se quejó.

-No hueles mal… –

Repliqué.

-No es eso… ah… te voy a ignorar… –

Dijo ella y se dio la vuelta. Aproveché para tocar su trasero y recorrerlo con mis manos. Ella no hizo nada, en un principio parecía que realmente se había dormido, pero podía escucharle suspirar cada vez que una caricia le gustaba.

No sé qué pasó, pero estaba deseándola como un loco.

Creo que fue hasta ese momento, en que me convencí que ella quería realmente quedarse aquí. Sé que suena tonto, ya que ella lo había dicho antes un montón de veces, pero… verla demostrarlo de ese modo tan serio, me puso algo en la cabeza.

Ahora la quería siempre.

-Con todo lo que lo hicimos ¿Cómo puedes seguir queriendo? –

-¿Había un límite? –

Pregunté. Ella se volvió levemente.

-No pero… es que nunca me habías tratado así… no sé cómo debo sentirme… –

-Dijiste que ibas a ignorarme… –

Respondí, Akane estaba moviendo su trasero al ritmo de mis caricias ahora.

-No puedo… me gusta… –

Y poniéndose de espaldas, pegó su cara a la almohada. Yo aproveché que ella no estaba en condiciones de resistirse para bajar su pijama hasta sus rodillas.

-¿Lo vas a hacer? –

Preguntó ella

-Pensé que no querías… –

-Ya no importa… me daré un baño mañana… –

Respondió, separando sus piernas. Mis dedos entraron en medio de sus piernas. Ella ahogó un grito.

-Nadie nos interrumpirá aquí… –

Comenté.

-Eso… eso es cierto… –

Ella repegó su trasero hacia mí, dándose cuenta de que tenía una erección.

-¿Lo vas a meter?-

Preguntó ella, su tono de voz había cambiado.

-Tal vez. –

Y me metí bajo las sabanas. Ella me llamó.

-¿Toshikane? –

No respondí, en lugar de eso, metí mi cara entre sus piernas, sosteniendo sus nalgas con las manos y separándolas, llevando mi lengua a su vagina.

-Eso es… ¿tu lengua? –

Preguntó ella. Comencé a mover mi lengua en círculos y a escarbar con la punta dentro de sus paredes, Akane comenzó a retorcerse.

-¿Esto está bien? –

Pregunté.

-Más que bien… me encanta… es… –

Estaba tan cerca que pude escuchar como sus jugos comenzaron a salir de ella, mojando la cama.

Me levanté, descubriéndola de las cobijas por completo. Estaba acostada boca abajo, con el trasero apuntando al techo y las piernas separadas débilmente. Su pijama estaba hecha girones ahora.

-Parece que te gusta demasiado… –

-No te burles… no es como que quiera que termine… yo quería más…-

Se quejó ella, a punto de las lágrimas. Yo tome sus piernas e hice que se volteara, quité su pijama y su ropa interior.

-Puedo hacerlo más entonces… –

Akane giró la cara avergonzada.

-Ni siquiera sé por qué lo haces… –

Se quejó.

-Es divertido… –

Respondí, Akane no quería mirarme, creo que estaba avergonzada de disfrutar algo como eso.

-Entonces está bien… no es como que pueda negarme de todas formas… –

Respondió ella, separando ahora sus piernas, y exponiéndose. Se llevó un dedo a la boca para soportar la vergüenza.

-Hazlo de nuevo… –

Pidió.

-Di por favor… –

-Por favor… –

Gimió, llorando.

Yo simplemente tome su trasero en mis manos, y me llevé su vagina a la boca como si fuera una fruta jugosa. Akane se rio levemente.

-¿Te gusta su sabor? –

Preguntó, creo que aun insegura.

-Sabe bien… –

Respondí, sin dejar de lamer, haciendo círculos con mi lengua sobre ella.

-Me gusta tu lengua… ahí… es lo mejor… –

Podía sentir el calor de su entrepierna salir de ella a cada contracción que sus paredes tenían. Akane sostuvo mi cabeza por un momento, antes de llevar su mano a las sabanas de nuevo. No tardó mucho antes de que ella volviera a tener un orgasmo.

-Te voy a mojar… –

Avisó de pronto.

A diferencia de cuando teníamos sexo, sus orgasmos eran mucho más tranquilos así. No sé si se sentía mejor que el sexo, o si no era la sensación completa, pero sus jugos tampoco salían con la misma fuerza ni cantidad. Puede ser que lo habíamos estado haciendo bastante tiempo ya.

Comenzó a venirse con pequeños gemidos que parecían más suspiros que nada. Bastante diferente a lo de esta tarde.

Muy estético, hay que decirlo.

Akane no pensaba lo mismo. Se llevó ambos brazos a la cara y cerró sus piernas.

-Mojé a mi marido… –

Se quejó.

-Bueno, esa era la intención… –

Expliqué.

-¿De verdad?-

Preguntó Akane. Yo sonreí y asentí.

-Entonces… más… –

Pidió. Parecía una niña pequeña pidiendo dulces. Ella separó sus piernas y expuso su vagina, también se llevó las manos a los muslos.

No lo pensé ni un momento. Me lancé sobre ella con la misma avidez que en la tarde. Y comencé a meter mi lengua y a succionar su clítoris. Después de unos momentos, sus gemidos pronto se hicieron más altos…

-Mas… mas… soy feliz… eres el mejor… –

Y volvió a venirse, nuevamente, unas cuantas gotas, no más que eso. Creo que estaba seca. Esta vez no me detuve, continué y ella volvió a venirse después de un rato. Comenzó a quejarse y a pedir paz luego de ese último orgasmo, mientras yo seguía lamiéndola.

-Toshikane… Toshikane por favor… me volveré loca… ya no tengo fuerzas… detente… –

-¿No se siente bien? –

Pregunté.

-No, es decir… si pero… yo… ya ni siquiera sé… cuándo termina y cuándo empieza… –

Colmo yo también me había cansado un poco, me detuve. Akane trataba de jalar aire, se quitó la almohada de la cara.

-Toshikane… tu… no eres así conmigo normalmente… ¿Qué ocurre? –

Me acosté al lado de ella luego de eso.

-Bueno… no lo sé… –

En verdad no lo sabía.

-¿Hice algo mal? ¿Hice algo bien? ¿Qué pasa? Estas como loco… y me gusta pero… ¿Que si lo estoy malinterpretando? –

Explicó Akane. A punto de la risa, y a punto del llanto también.

-Bueno, es que es la primera vez que eres honesta con lo que quieres… –

Expliqué.

-Es decir… ¿Estás loco por mí? ¿Soy yo quien te pone así? –

Preguntó. Aquello era lo que Akane siempre había querido, desde que llegó aquí, quiero decir. Ella siempre sintió que estaba interrumpiendo, que no debería estar aquí, que no estaba a la altura de las circunstancias, etc…

-No, claro que no… –

Respondió Akane alarmada.

-Es decir, está bien… yo no me había sentido así antes… se siente bien… –

Explicó, se recargó sobre mí, y cerró los ojos.

-Yo estoy feliz de que te hayas casado conmigo, te lo he dicho antes, pero es la primera vez, que pareces realmente feliz de haberte casado también. –

Explicó. Parecía querer dormir, así que simplemente acaricié su cabello, su respiración se había normalizado.

-¿Recuerdas… el día en que nos encontramos en la plaza? El día en que te dije que era el único a quien no amaba… yo… fui allí a buscarte para pelear contigo… –

Explicó ella.

-¿Por qué? –

Pregunté. Es decir, nuestra relación no era buena en aquellos días, pero no comprendí muy bien, por qué no era buena.

-Ese día… Yo tuve un sueño… contigo… y tú me dijiste que me encontrabas fea. –

Explicó, casi avergonzada de tener que decirlo.

-Eso no es verdad… –

Repliqué. Es decir, era obvio porque era un sueño.

-Ya sé… pero, ese sueño, ha estado molestándome desde entonces… porque cuando me levanté aquel día, por la mañana, lo pensé mucho y bueno, tu… nunca has dicho, ni una sola vez, que soy bonita. –

Diablos.

Tenía razón.

-Por eso estaba enojada. Por eso fue que hice esas cosas. –

Explicó.

-¿Por lo que dije en un sueño? –

Pregunté.

-Bueno, es que… yo creí que lo pensabas de verdad… –

-Si lo pensara de verdad, no me habría declarado en primer lugar. –

Repliqué. Era ridículo. Lo cierto es que, tenía razón, nunca hice un cumplido como ese. Supuse que era muy obvio.

-Ni aun entonces… no lo dijiste… –

Explicó.

-Bueno yo… –

-Está bien ahora… sé que no es algo fácil de decir, y que si te gustaba desde entonces… pero también entiendo ahora que hay una diferencia entre pedirte que me abraces y mostrarme interesada, y que me tomes sin previo aviso, sin preguntar, solo porque tú quieres mi cuerpo, la primera es linda, la segunda se siente mejor. Tal vez estoy siendo egoísta, pero… creo que la única razón por la que pude volver a dormir bien por las noches, es porque, el día en que me atacaste la primera vez, yo no pude pensar más que “Evidentemente no puede resistirse…” y me gustó. Eso siento ahora mismo… ¿Está mal? –

-No tiene nada de malo, Akane. –

Respondí. Podía sentirla respirar sobre mí.

-Es que… pienso en ello… como “Lo hace porque soy hermosa” pero luego me siento mal por pensar así. ¿Qué clase de chica se llama a si misma hermosa? Y eso… –

Explicó. Sus problemas eran mucho más complejos de lo que podía parecer.

-Pudiste haber comenzado por ahí, quizá todo habría salido mejor desde el principio. –

-Tenía miedo de decirte… Desperté llorando ese día… –

Reclamó Akane, como si fuera algo que yo debiera comprender. Acaricié su cara.

-Akane, lo que estás diciendo, se puede interpretar como un permiso ¿comprendes? si eso es lo que quieres, tienes que prometer que no te enfadaras conmigo después… –

Pedí.

-Bueno, soy tu esposa… se supone que esté disponible para ti ¿no es cierto? –

Preguntó Akane, luego suspiró.

-Supongo entonces, que ya no tengo que contenerme… –

-Si… cariño… –

Ronroneó.

Se quedó dormida después de eso.

A la mañana siguiente, me despertó la voz de Akane y su dedo en mi cara.

-Oye… despierta… el desayuno está listo… –

-¿Qué hora es?-

Pregunté, todavía a medio dormir.

-Es tarde… tengo que llegar a la escuela pronto… quiero desayunar contigo… –

-De acuerdo, de acuerdo… ya voy. Solo deja lavarme la cara ¿Está bien? –

Me puse de pie luego de eso y fui a lavarme la cara. Ella bajó apresurada a colocar los platos en la mesa. Mientras comíamos, ella comentó.

-No tuve tiempo de darme un baño… será tu culpa si alguien en mi escuela se da cuenta…-

Se quejó.

-¿Por qué? ¿No les dijiste ya que eras casada? –

Ella dudó en responder, y enrojeció.

-Si pero… no les dije que mi matrimonio era tan feliz… –

-Bueno, eso es algo de lo que todo el mundo terminará dándose cuenta… –

Respondí, recordando las palabras de Kamine del día de ayer.

-Hay algo que quiero decirte. –

Comentó Akane.

-Después de mañana comenzará el festival escolar de la primavera. Nuestra clase ha hecho un restaurante de golosinas y esas cosas. ¿Quieres ir? –

Preguntó ella.

-¿Qué días son? –

Pregunté. Ella asintió.

-el Jueves, el viernes, y el sábado. –

El jueves tengo trabajo. No podía ser ese día.

-Bueno, yo solo tendría libre el viernes y el sábado. Cualquiera de esos días estaría bien. –

-Sí, bien, yo… pensaba que podías ir los dos días. –

Respondió Akane, sonriendo, luego explicó.

-El caso es… que tengo que estar trabajando allí dos de los tres días… y quería que me dijeras si mi uniforme es lindo. Todas trabajamos mucho en ellos, pero no puedo traerlo hasta aquí. Podríamos pasear uno de esos días, y el otro, apoyaría a la clase y tu serías un cliente. –

Explicó.

-Eso estaría bien… –

Respondí. La idea me hacía algo de ilusión.

-Podrías ir con Mizore el otro día… a mí no me molestaría. No vas a coquetear con mis compañeras ¿cierto? –

-Mizore… no estoy seguro. –

Respondí. Akane suspiró, es que yo no entendía sus indirectas.

-Escucha, mis compañeras darán lo que fuera por tener tu atención, solamente porque se trata de ti y eres mi esposo. Si vas solo, es seguro que intentan algo. No quiero eso. No me las quitaría de encima después. –

Así que de eso se trataba, no me quería cerca de sus “amigas” porque ellas lo verían como una competencia.

-Hay alguien a quien quiero que conozcas. –

Respondí.

-¿De quién se trata esta vez? –

Preguntó Akane, mordiendo una croqueta. Yo voltee a verla. Estaba pensando en Kurimo, ya que le había prometido que saldría con ella. Todavía tenía que invitarla, de todas formas. Akane batió la cabeza.

-De acuerdo, de acuerdo. Lo que sea es mejor a que estés solo ese día. Si me prometes que pasearemos por el festival el sábado, puedes llevar a quien tú quieras, no me molesta. Solo… no vayas solo. –

-De acuerdo. –

Respondí.

-Es en serio… ya hay comentarios acerca de esto Toshikane… –

Se quejó ella. Poniéndose bastante seria por un momento. ¿Alguna de sus compañeras le había dicho algo? Me preguntaba. Ahora que lo recordaba, esa chica que vino a pedir el libro a Akane… yo la conocía.

-¿Te molestan? –

Pregunté.

-Bueno… algo así… –

-Descuida, ahora mismo no me interesa ninguna de ellas. Puedes estar segura de eso. –

Últimamente ella había estado un tanto… insegura, sentía yo. Pero ya no dijimos más del tema. Desayunamos y ella se fue a la escuela. Le di un largo beso de despedida. Akane finalmente sonrió y se fue.

Yo me fui a la escuela después de eso.

—–

Estábamos en clase de aritmética. La profesora entró luego de hablar de algo con el rector fuera del salón. Al parecer algo había hecho muy bien, porque entró con una amplia sonrisa.

Ni siquiera me miró, pero… bueno, todos nos dimos cuenta de que la profesora estaba de un humor completamente diferente al usual. Su rostro brillaba y dio su clase con mucha más dedicación de la normal. Comenzó a llamar a los alumnos uno por uno para entregarse sus exámenes.

Incluso sonrió allí donde normalmente ella pondría una mala cara, es decir, cuando alguien había sacado una nota baja o algo.

-Tienes que hacerlo mejor, estaré esperando resultados ¿De acuerdo? –

Preguntó la maestra, a la alumna que estaba frente a mí. Ella asintió con la cabeza. Finalmente me tocó mi turno. Ella me dio un examen en blanco, pero estaba calificado. Tenía una A.

-Sucede que perdí tu examen, pero recuerdo perfectamente tus respuestas. –

Explicó Ayasara Sensei, sin mirarme.

-Pero… –

-Es todo, ve a sentarte ahora, y esfuérzate ¿comprendes? –

Respondió, antes de que yo pudiera replicar.

Siguió entregando exámenes, hasta que sonó la alarma. Se puso de pie. Su asistente salió llevando una tabla con, evidentemente, los exámenes de otros grupos. Imagino que los llevaría al salón donde le tocaba dar clases ahora.

-Lo dejamos hasta aquí por ahora. Esfuércense más. –

Esa era la primera vez en clase, que ella nos animaba a esforzarnos. Los cuchicheos estallaron después de aquello. Infinidad de cosas, la mayoría de ellas, erróneas.

Que si le habían dado un ascenso, que si le habían propuesto matrimonio, todos haciendo suposiciones acerca de lo que fuera que tuviera a la maestra más estricta de la escuela de aquel humor tan brillante.

La miré salir balanceado su trasero ligeramente más de lo normal, por supuesto que nadie más que yo, notó que ella estaba usando un espejo para mirarme al salir.

Cuando las clases terminaron, y fui a los casilleros de los zapatos, había allí una nota.

“Noté que me mirabas al salir. Yo siempre esperaré por ti.

Mizuki.”

Supongo que fue extremadamente precavida para ponerla, y como además había usado su nombre para firmarla, incluso en caso de que alguien más la encontrara, jamás les pasaría por la cabeza que se trataba de mi profesora.

La guardé y salí de la escuela.

———-

A la salida de la escuela, llamé a Kurimo por teléfono, quería proponerle lo del festival escolar, pero primero necesitaba saber en qué situación estaba ella. al parecer, la tomé en un mal momento. Lo digo porque ella parecía nerviosa.

…¿Ho…Hola? Es… vaya… yo…

…¿Es un mal momento?…

Pregunté. Kurimo pareció alarmarse.

…No, no, por supuesto que no, es decir, estoy feliz de que me hayas llamado… estaba con mis amigas… es eso, es todo…

Ella parecía tener problemas para explicarse.

…Puedo hablar después, si quieres…

…No, está bien… está bien… yo ya me iba de todos modos, no me dejan quedarme fuera de la escuela mucho tiempo… tengo que llegar a casa temprano… mi madre… ya sabes…

…Sobre eso quería hablar. Verás, tengo una idea para una cita, como te he estado diciendo, pero si dices que tengo que pedir permiso por ti, pensaba que podía hacerlo hoy, si tienes tiempo, claro…

Ofrecí. Hatami-chan se apresuró a responder.

…Por supuesto que si… es decir… me encantaría…

…Bien… entonces… iré allá. ¿Está bien?…

Kurimo tuvo un colapso emocional en ese momento.

…Si… quiero decir, no, no… espera… espera… yo… ¿Podemos vernos ahora? Yo… quisiera llegar a casa contigo, quiero decir… Se vería más serio de ese modo y, bueno… ¿No se puede?

Ella dijo todo ese montón de disparates mientras parecía estar apresurada por algo.

…Si eso es mejor, por mi está bien. Te encontraré fuera de tu casa ¿está bien? No necesitas tener prisa…

A decir verdad, con todo lo que sabía sobre Akane, posiblemente ella llegaría tarde el día de hoy. Tenía tiempo.

…No tardaré… no tardaré nada… oh, cielos…

Y colgó. De acuerdo, yo no tenía problemas con eso. Puede que ella quisiera que su madre me viera llegar con ella. Ahora que lo pensaba, puede que no hubiera dejado una muy buena impresión la última vez que estuve allí.

Quizá su madre desconfiaba abiertamente de mí.

Eran aproximadamente las cuatro de la tarde cuando llegué a la casa de Kurimo. De allí, tuve que esperar cerca de ella a que Kurimo también apareciera. Ella parecía apresurada, había algo de sudor en su frente, y parecía haber estado corriendo.

-Ya estoy aquí… lamento mucho haberme tardado. –

Me acerqué a Kurimo con un pañuelo en la mano y lo puse en su frente. Ella se quedó perpleja.

-Límpiate… estas toda agitada, te dije que no necesitabas tener prisa. –

Expliqué, secando su frente.

-Otagane-kun…. –

Fue lo único que dijo. Enrojeció luego de eso y se dio la vuelta. Sacó un pañuelo de su mochila luego.

-Bien yo… quería preguntarte unas cosas… antes de pasar… ¿Está bien? –

Preguntó ella, sin mirarme. Estaba muy nerviosa.

-Por mi está bien… pero… ¿No tendrás problemas si te tardas? –

-No, es decir, si, pero… yo… –

Y enmudeció. Se secó las lágrimas luego. ¿Estaba llorando?

-¿Kurimo?-

Pregunté, un tanto alarmado. ¿Por qué estaba llorando? Eso no tenía sentido para mí.

-Estoy bien… estoy bien… yo… –

Y volvió a quedarse en silencio. Le puse una mano en el hombro.

-¿Es demasiado repentino?-

Kurimo saltó cuando hice eso, retiré mi mano inmediatamente, estaba actuando como si fuera yo un desconocido. ¿Estaba enfadada conmigo? Kurimo se recompuso después.

-He pensado mucho en ti… –

Dijo. No parecía un halago, todo lo contrario, a decir verdad.

-Mucho, en verdad… mucho. Había decidido que ya no iba a buscarte más… –

Creo que la había liado. Lo que le sigue de liarla en realidad.

-Siempre eres tan distante, siempre actúas tan molesto conmigo… Le dije a mi madre “es mi novio” y una voz dentro de mi cabeza, me llamó; mentirosa. Eso no es verdad, no es tu novio. ¿A quién estas engañando? Y yo… no tenía nada que contestar… intenté… buscarte… y respondiste, igual de distante que siempre… –

Explicó ella, y volteó, aunque no levantó la mirada. Yo sabía que en algún momento iba a tener problemas por el modo en que me había comportado con ella. Es decir, si fui bastante frio.

-Lo hablé con la orientadora de mi clase luego de ello. No iba a hacerlo, pero mis notas están tan mal que los maestros querían una explicación… tuve que decir, que se trataba de un chico. –

Explicó después. Vaya. Eso era una buena explicación a porque ella había tomado esa actitud tan repentinamente. Bastante diferente de la chica que dijo que haría lo que fuera.

-Ella dijo, que a veces lo único que les importa, es hacer esas cosas… y que forzar algo en otras personas no es correcto. Yo no quería pensar que tú eras esa clase de persona… pero lo cierto es que, solamente “en privado”… podemos entendernos. –

Y me miró a los ojos.

-Luego dijiste eso al teléfono… y yo sentí que mi corazón estallaría… Y no lo entiendo. Si lo único que realmente querías era eso. Ya está. Yo también fui allí buscando lo mismo, no lo voy a negar. Tal vez fui solo yo la que quiso que aquello fuera especial, y si es así, entonces lamento causar más problemas. Ahora lo vez, entraré a mi casa, lloraré, mi madre me preguntará que ocurre, y le diré que he roto contigo. Es todo. –

Explicó. Me quedé sin palabras. Parecía que estaba hablando con una persona completamente diferente. Luego me explicó la razón.

-Te dije que no me arrepentía de haberte dado mi corazón, y no me arrepiento. Pero seguir creyendo que tengo un novio, cuando no es real… es demasiado doloroso para mí. Me di cuenta del error de mi forma de hacer las cosas. Yo todavía quiero que funcione, todavía sueño con ello, pero a veces, transformas ese sueño en pesadilla, y yo me siento tan mal que quisiera morir. –

-No lo sabía… –

Comencé a decir. Ella me miró con coraje.

-Estaba llorando…y tú me llamaste problemática y me insultaste en plena calle… me trajiste hasta aquí a rastras… te enfadaste conmigo ¿Por llorar?… ¡Eso me dolió! Estabas dejándome ¿Qué querías que dijera? Y si no hubiéramos… hecho eso… habrías desaparecido de mi vida. ¿Cómo crees que eso me hace sentir? –

Se quejó, conteniendo las lágrimas. Luego negó con la cabeza y se limpió la cara. Volvió a bajar la cabeza. Luego se dio la vuelta.

-Pero… tampoco voy a ignorar que, ahora mismo, pareces alguien completamente diferente. –

Dijo Kurimo.

Esa era mi línea.

-El tú de siempre, el que es frio conmigo, nunca hubiera pensando en algo como limpiar mi frente. Ni hubiera dicho algo tan encantador al teléfono. Creo que ese es el chico que me gusta, el que entiende cómo me siento sin necesidad de que llore para decirlo… Si piensas que lo nuestro puede funcionar, que quieres algo especial, entonces ve y toca el timbre. Yo estaré allí, esperando… si crees que es mejor no seguir, entonces puedes irte ahora. Yo estaré dentro, y de ese modo, no tendrás que enojarte porque estoy llorando, no tendrás que molestarte porque soy así, no seré insultada y humillada solo porque me gustas y me duele que me dejes. No lidiarás con más problemas. –

Aquella fue la primera vez que Kurimo realmente alzó la voz. Estaba tan aturdido que no pude responder, mientras ella se daba la vuelta y entraba a su casa. Estaba afuera de su casa, no porque dudara en tocar el timbre, sino porque, no sabía cómo disculparme, por haberle tratado de esa forma.

Tenía razón.

Aquello abrió una interrogante que no iba a ser fácil cerrar.

Aquel día, tuvimos relaciones luego de nuestro problema. Pensé que ella se había contentado conmigo, pero ahora que lo pensaba, ella había estado dispuesta ese día a dejar que un extraño abusara de ella. Dejando de lado lo mal que estuvo ese comportamiento de ella, el mío no fue apropiado tampoco. ¿Fui un extraño ese día?

¿Me acosté con ella?

¿O la violé?