Jaakuna Kami V1 Epilogo

Modo nocturno

Epilogo

Poder misterioso… ¿Qué quería decir con eso?

Estaba en la cima de la colina. Comenzaba a oler mal por los cadáveres que había.

Resultó que los guerreros ganaron esta batalla con relativa facilidad. Casi hizo parecer extraño el hecho de que hubieran sido frenados nada más llegar. Tal vez lo contrarios se retiraron por alguna otra razón.

A media tarde, los guerreros contrarios rompieron filas y comenzaron a escapar.

No hubo un presagio. Ni una explosión como en las películas. Fue muy anticlimático, a decir verdad.

A diferencia de la última vez, con decenas de hombres en camillas, entre nuestros heridos se contaron doce. Cuatro murieron.

Etzatlán y yo estábamos buscando algún superviviente, pero no encontramos nada. No me gusta la idea de tocar cadáveres a pesar de que los guerreros e incluso los estudiantes, tomaban cosas de los muertos contrarios. No pude cumplir mi promesa con Citlatzín de capturar a alguien y me alegro.

Parecía que ya no haría falta, de todas formas.

No vi más a los sacerdotes en ese momento. El padre de Citlatzín seguía herido, por lo que se, era llevado en una cama por el momento.

Icihuatl Sempai se acercó a mí por la espalda.

-¿Terminó? –

Pregunté.

-No lo creo. –

Respondió Icihuatl Sempai.

Había al menos cien cadáveres en aquella colina. Nada espectacular como en las películas. Puede ser que no fue una batalla de miles de hombres.

Fue más bien pequeña.

En cierto modo, se sintió como un tutorial.

Y hasta a mí me desagradaba la comparación.

-¿Quiénes eran estas personas? –

Pregunté. Sus colores y trajes, lucían diferentes a los nuestros, de alguna forma.

-Xomitecas… tienen una aldea fortificada al norte de aquí… vamos a ir allá ahora. –

Respondió Icihuatl Sempai, señalando hacia un camino que estaba al lado de la colina, perdiéndose en el horizonte.

-No van a apilar los cadáveres y a poner sus cabezas en estacas ¿cierto? –

Pregunté, con cierto recelo.

-No ¿Por qué? ¿Así se usa en tu país? –

Preguntó Icihuatl, sonaba divertido.

-Más o menos… –

Así se usa en LAS NOVELAS de mi país. Pero eso no se los iba a decir.

-Vamos… los generales quieren a los estudiantes frente a toda la marcha. –

Eso era nuevo.

Luego entendí, era simple.

-Adivinaré… me quieren A MI frente a toda la marcha. –

Comenté, algo abochornado, Icihuatl Sempai rio levemente.

-Es posible. –

Icihuatl Sempai se rascó la cabeza.

-Perdón por ocasionarles problemas. –

Respondí, bajando la cabeza.

Antes de bajar la colina Icihuatl Sempai me tomó por el hombro.

-¿Que te dijo? –

Preguntó. Era muy obvio a quien se estaba refiriendo, pero sinceramente, yo todavía no acababa de creer que eso había pasado en realidad. De modo que negué con la cabeza.

-Nada importante. –

Repliqué.

No era como que me hubiera asignado alguna misión ni nada por el estilo. Más bien solo se burló de mí.

-Pero… era él… –

Insistió Icihuatl Sempai. Creo que no podía ocultarlo después de lo que pasó.

-Es cierto… –

Respondí, y seguí la pendiente que me llevó de nuevo con mis compañeros, quienes estaban alistando todo para continuar con la caminata.

Las historias de mi país te hablan de las aventuras, del combate, incluso de la muerte.

Pero nadie te explica que, en la guerra, pasas más tiempo marchando, que cualquier otra cosa. Mis pies me lo reclamaban a estas alturas.

Si tan solo pudiera tener un descanso.

Allí, frente a toda la columna, esta vez íbamos los estudiantes. Por ridículo que eso pudiera parecer. Y mientras caminábamos, vi a un enorme pájaro negro, como un buitre, que alzó el vuelo por encima de la colina, volando hacia el norte, como nosotros, siguiendo el camino que nos llevaría a nuestra nueva aventura.

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