Haru no Yurei V2 C23

Modo Noche

Capítulo 23: Altibajos de una cita amarga.

Pedí la cuenta luego de que Sanae se fue. Realmente no estaba muy seguro de qué hacer, excepto ir a casa. Salí del café luego, para mi sorpresa, Sanae estaba parada fuera de su auto, con la puerta abierta.

Entró a su auto en cuanto me vio y cerró la puerta. Yo me acerqué, ella tenía la cabeza baja, pero al menos bajó el vidrio.

–No me veas ahora… vete… –

Pidió. Respiraba con dificultad.

–¿Estarás bien? –

Pregunté, lo dudaba en verdad. Ella asintió como pudo, evitando a toda costa que mirara su cara.

–Ni siquiera me puedo creer que lo dije… por favor…ahora mismo… –

–Está bien, no pasa nada, deberías ir a casa. –

–¿No estas enfadado? –

Preguntó Sanae.  Yo entendí en ese momento que no debería presionar ahora. Ella había hecho un gran esfuerzo para decir esas cosas. Sería cruel de mi parte interrumpir ahora. Sé que debería forzarla a mirarme y decirle que todo va a estar bien… pero no ahora mismo.

Ahora mismo, ella necesitaba acomodar sus pensamientos. Y para ello, necesitaba estar sola.

–Claro que no. –

–Tengo miedo de despertar ahora…. –

La pellizqué, muy levemente en el hombro. Sanae ni siquiera reclamó por eso, solo dijo “duele” en voz baja.

–Si duele, es porque no estas soñando. Ve a casa ahora ¿está bien? Descansa un poco. ¿Puedes enviarme un mail cuando llegues? –

Sanae asintió, luego me aparté un poco. Ella encendió el auto y se fue.

Vaya una chica.

Luego de que entré a la casa, envié un mensaje a Mizore.

“Ten una buena noche, he pensado en ti.”

Sentí que era una buena idea, no es como que esperara respuesta, y ya que no vi televisión, me preparé para dormir.

Estaba a punto de subir al cuarto cuando llegó el mensaje que le había pedido a Sanae qué me enviara.

“Gracias por entenderme. Ya estoy en mi casa, y no sabes lo bien que me siento de saber que estas allí. Ten dulces sueños.”

Lo sabía. No era momento de decir nada. Ella necesitaba tiempo para pensar. Lo único que envié de vuelta, fue una imagen de un corazón. Luego me acosté.

Llegó un mensaje de Mizore.

“Awawawa. Eres un tonto. Me descubrieron por el sonido del mensaje. ¿Qué me va a pasar ahora? ¿Lo entiendes?”

Y varias caritas enojadas y preocupadas.

La descubrieron… ¿Qué estaba haciendo?

Ah… ya me imagino.

Momentos después ella envió un segundo mensaje.

“Oh, cielos. Oh, cielos. Otou–san ha dicho que mi castigo tendrá que esperar hasta que vengas. No sé si debo sentir miedo pero me estoy incendiando. ¿Qué me va a pasar? Oh cielos.”

Creo que fue bueno que la descubrieran entonces.

Me fui a dormir después de eso.

––––––––––

A la mañana siguiente, cuando desperté, Akane estaba por salir.

–Te he dejado el baño preparado, también hay comida en el refrigerador… –

Dijo ella, a prisa.

Yo me acerque a Akane y le di un beso en los labios.

–No puedo esperar a que salgas… –

Le dije.

–No digas esas cosas… me harás impaciente a mí. –

Respondió Akane.

–¿Qué pasara con Habara?¿Todavía dices que si quieres? –

Preguntó después, dándose la vuelta. Creo que solo trataba de desviar la atención por el momento para no caer en tentación. Yo sonreí.

–Ya he dicho que si… ¿Qué harás? –

–La invitaré… ella no trabaja el día de hoy, pero tengo entendido que irá también, supongo que con su novio o algo así. –

–De todos modos la vas a invitar… –

–Le diré que necesito que me enseñe como… con lo segura de si misma que siempre es, eso bastará. Podría venir el martes, o el lunes. Dependiendo de qué día trabajas. –

Explicó Akane.

¿Nadie consideró aquí al novio?

–¿Y mi recompensa? –

Pregunté. Akane volteó a verme, se notaba que deseaba abandonar todo y quedarse justo donde estaba. Pero batió la cabeza.

–Tendrá que esperar… –

Me dijo ella, suspirando.

–Más te vale que sea buena. Voy a hacer un gran sacrificio acostándome con “esa” cosa. –

Sabía que ella estaría más que complacida de escucharme insultarla. Akane me miró, y perdió el aliento.

–Lo prometo… serán muchas, muchas noches de cosas bonitas… todas las que quieras… –

Dijo, supongo que dentro de ella esperaba que aquello comenzara muy pronto. Me di la vuelta.

–Vete, antes de que me arrepienta y te quite toda esa linda ropa que traes puesta. –

–Sí. –

Respondió Akane, y haciendo una señal de adiós con la mano, dijo “me voy” y salió.

Yo suspiré.

Ahora bien, había que ir a ver qué era lo que pasaba con Kurimo. Me arreglé y salí de mi casa con media hora de adelanto por si acaso. Cuando llegué a casa de Kurimo toqué el timbre, pero nadie abrió.

Esperé.

Y espere.

Y esperé. Iba a volver a tocar el timbre cuando un sujeto, más o menos de mi edad, abrió la puerta.

–¿Si? –

Inmediatamente sentí hostilidad de parte de él. Que mal que me esté dando a su hermana.

–Vengo a buscar a Kurimo. –

El sujeto hizo un sonido con la lengua…. Este maldito. Apenas lo había visto y ya tenía ganas de golpearlo, aunque supongo que yo me pondría igual si tuviera una hermanita menor tan linda como Kurimo. Eso ni qué decir tiene. Suspiré y traté de calmarme.

–Kurimo… te busca un tonto en la puerta. –

Llamó el sujeto. Luego volteó a verme. Tenía toda la expresión de “Mi hermanita es la más linda del mundo.”

Tuve que forzar una sonrisa. Kurimo bajó en ese momento.

–Gracias, Onii–sama. –

Me tragué el coraje. Kurimo salió llevando una falda color café y una blusa azul cielo. Su cabello estaba arreglado elegantemente y ella llevaba un collar al cuello.

Fue evidente que se tomó su tiempo, aunque se veía mucho más recatada qué, por ejemplo, las citas anteriores.

–Ya estoy aquí. –

Le dije en cuanto la vi, ella asintió con la cabeza dos veces.

–¿Nos vamos? –

Pregunté, sin ganas de seguir viéndole la cara al tipo. Sinceramente sentí que si me quedaba allí, las cosas se saldrían de control y no importaba como lo miraras, no puedes venir hasta la casa de alguien a buscar problemas.

Salimos después de eso. Ella se despidió de su “Onii–sama” con una sonrisa.

Sonrisa que no me regaló a mí.

Batí mi cabeza para librarme de que, ya que lo pensaba, no recordaba cuando fue la última vez que ella me sonrió así. Pero si seguía pensando en esas cosas, seguro que arruinaba todo.

–Él es… tu hermano mayor… –

–Si… –

Respondió Kurimo, quizá apenada por haber sido vista diciéndole “Onii–sama.” Decidí que no iba a indagar mucho en eso.

–Se nota que te atesora mucho. –

Comenté.

“Maldición, deja de hablar de él. Estúpido”  me dije a mi mismo.

–Él tiene una novia, me llevo bien con ella. Pero siempre dice que la familia es la familia, y que eso es más importante. –

¿La familia? ¿No querrá decir “mi hermanita”? maldito siscon… ahora que lo recordaba, Minase una vez mencionó, que ella espiaba a su hermano mayor mientras se bañaba.

Oh demonios.

¿Quería decir que Kurimo también tenía complejo?…

–Kurimo… tu… eras virgen cuando me conociste ¿No es cierto? –

No me fijé en lo que estaba preguntándole. Ni tuve en cuenta el lugar ni nada. Solo, salió. Por supuesto que era una pregunta desagradable y estúpida en este momento. Kurimo me miró con asco.

–¿Cómo?–

Preguntó ella, incluso ofendida.

–Perdón… no pensé en lo que estaba diciendo. –

–Etto… si… no veo como se relaciona con lo que estábamos hablando… –

Explicó Kurimo, visiblemente perturbada y molesta.

–No se relacionan, estaba tratando de cambiar el tema, no creo que hablar de tu hermano sea correcto en una cita… –

Expliqué, como si mi pregunta hubiera sido adecuada. Kurimo lo hizo notar.

–¿Y fue el único tema que se te ocurrió? –

Preguntó, mirándome con decepción en la mirada.

–No.. –

Respondí. Nos habíamos detenido.

–¿Dudas de mí?–

Preguntó Kurimo. Es decir, era comprensible que esa pregunta le ofendiera. Ni siquiera sé en qué estaba pensando.

–No es eso… –

Respondí. Luego batí la cabeza. Esto había sido un horrible tropiezo, pero tenía que saltarlo o esta locura nunca terminaría.

–¿Continuamos? –

Pregunté, tratando de sonreír.

Kurimo asintió, pero no sonaba a que estuviera de acuerdo para nada. Encogí de hombros. Trataría de hacerla feliz en lo que seguía, y esperaba que eso pudiera arreglar las cosas.

Permanecimos en silencio por unos momentos. No estaba seguro de qué debería decir, para despejar un poco el mal ambiente. Ella caminaba a una distancia mayor de la que normalmente usaría.

Kurimo incluso pareció querer decir algo, pero guardó silencio antes de que una palabra saliera de su boca.

Finalmente cedí.

–Kurimo… –

Ella volteó a verme. Sin responderme nada. Todavía me estaba mirando feo. Traté de no prestar atención a eso mientras caminaba.

–¿Qué ocurre? –

Pregunté, ella negó con la cabeza.

–Nada. –

Dijo simplemente.

–Puedes decírmelo, prometo no enfadarme. Si algo te está molestando, quiero saberlo. –

Expliqué, ella pareció pensarlo por un momento.

–No es eso. –

Respondió ella, renuente. Yo sonreí y extendí la mano, ella se siguió, pero no tomó mi mano.

–Vamos… –

Dijo. Yo suspiré, esta cita era un desastre, quería detenerla ahora.

–Comparado con la chica que salió conmigo al cine… –

Eso hizo que ella se detuviera.

–¿Lo recuerdas? –

Preguntó.

–Claro que lo recuerdo. En realidad, ni siquiera sé porque esto se siente tan diferente ahora. –

Expliqué.

–No te estas divirtiendo. –

–No puedo divertirme, sé que algo tienes, y no quieres decirme. –

Kurimo asintió.

–El día de esa cita, Minase–chan hizo una pregunta. Ella preguntó si los chicos realmente gustaban de pasar tiempo con las chicas, y si no se trataba de una excusa para hacer cosas sucias. Tu mentiste ese día. –

Explicó Kurimo.

–No es verdad… –

Comencé a decir, pero ella evadió mi mirada y siguió caminando. La seguí unos pasos, hasta que se detuvo.

–Tu pregunta de hace un rato. –

Replicó ella, con una cara mortificada. Yo suspiré, sabía que no tenía que estar pensando en esas cosas.

–No lo pregunté porque estuviera pensando en esas cosas. No del modo en que lo estás pensando. –

Expliqué, tontamente, porque ella retrocedió en ese momento, con lágrimas en los ojos.

–Entonces realmente dudas de mí. ¡Que cruel! –

Yo suspiré y bajé la cabeza, haciendo una reverencia.

–Me estoy comportando como un idiota ¿No es cierto? –

Ella no respondió, con lo que anunció su respuesta positiva, sin embargo, el hecho de que me inclinara suavizó su carácter un poco. Me refiero a que al menos ya no me miraba con asco.

–Escucha, si quieres marcharte ahora, no te detendré. Es más, lo entiendo. Pero, pienso que es mejor si lo hablamos con un helado y un trozo de pastel. ¿Estaría eso lo suficientemente bien? ¿Puedes prestarme tu tiempo hasta entonces? –

Fue lo único que se me ocurrió.

Sinceramente pensé que ayudaría solo… dejar el tema de lado un momento y concentrarme en tener la cita. Y funcionó, porque ella mostró una leve sonrisa. Pero mis prioridades estaban erradas. Porque mi prioridad tenía que haber sido reconfortarla, no llegar a la academia.

Kurimo asintió y bajó la cabeza. Creo que por fin, por fin, había dado una respuesta correcta.

Seguimos nuestro camino luego de eso.

Cuando llegamos a la academia, lo primero que hicimos fue mirar un acto que presentaban unas chicas, a Kurimo parecían gustarle estas cosas, así que la dejé, y aprovechando que estaba lleno de gente, y que ella estaba distraída, la tome de la mano. Ella se sobresaltó, me miró, sonrió y siguió viendo el acto.

Ya luego fuimos al piso de la comida, si es que se le puede llamar así al piso de los segundos años de la academia.

Al menos no me encontraría con Habara. Lo que tenía que haber sabido, es que TODAS eran parecidas.

De hecho, la razón de que fueran meseras es que, precisamente, eran las más sociables.

Llegó una chica con el cabello morado a pedirnos nuestra orden. Akane estaba llevando unos platos, voltee a verla, pero no dije nada.

Pedimos una tarta de manzana, te negro para mí, y para Kurimo, un pafrait. Lo bueno es que nadie me reconoció.

La chica venía con la tarta cuando Akane la interrumpió. Le dijo algo, le quitó la tarta y se dirigió a nuestra mesa. Se paró detrás de Kurimo y me guiño un ojo. Puso la tarta en la mesa.

–Aquí tienen. –

Comentó Akane, Kurimo volteó a verla y le sonrió.

Bueno, al menos, estaba saliendo bien.

–Lamento la estupidez que dije al principio. –

Comenté, ella me miró, y asintió. Le trajeron su pafrait y mi té después de eso.

–Fue un poco extraño… nunca creí que tú me harías esa pregunta. –

–A tu hermano, no parece que yo le agrade mucho. No quería hablar de eso, e intenté cambiar el tema, ni siquiera quería preguntar eso en realidad. –

Tome de mi té luego de decirle eso. Kurimo asintió, algo avergonzada.

–No le agradas… él dice que no eres lo suficientemente bueno. –

Explicó ella.

–¿Y tú qué piensas? –

Pregunté. Ella negó con la cabeza.

–Que es mi vida. –

Respondió ella renuente. Pero no lo negó. Yo suspiré.

–Tal vez él tiene razón… –

Kurimo me miró. Yo no solía mostrar mi lado frágil, es cierto, lo que no impidió qué sintiera que esto no es lo que ella quería. Me refiero a la relación conmigo.

–No me importa. –

Respondió ella, y tomando una de las cerezas de su pafrait con sus palillos, me la ofreció. Yo la tomé con la boca y ella sonrió.

–¿Y si hablamos de algo más feliz? –

Preguntó después, yo asentí. Pedí otro té y seguimos platicando.

Ella entonces se dedicó a contarme algunas cosas que habían pasado en su escuela, a todo eso, yo escuchaba y asentía, se trataba de que un gatito se subió al árbol de su escuela y varios compañeros querían bajarlo.

Después de una hora o algo así, el humor de ella había mejorado bastante, y al menos estaba sonriendo. Supuse que todo estaría mejor ahora. Todo lo que tenía que hacer, era evitar, a toda costa, hacer alguna insinuación sexual.

Volví a llamar a las meseras (especialmente a Akane) pero nadie respondió.

Kurimo parecía muy contenta de estar comiendo su pafrait, así que pensé que estaba bien si me ausentaba un poco e iba a ver a donde se había ido Akane.

–Espera aquí, tengo que ir al baño… –

Le comenté a Kurimo, ella me miró, y sonrió, asintiendo con la cabeza.

Entré a la cocina, donde las cosas parecían estar tranquilas. Dos meseras hablaban de algo con Akane, en cuanto se dieron cuenta de que estaba allí, se detuvieron y me miraron.

–¿Qué se le ofrece? –

Preguntó una de ellas.

–Oh… yo le atiendo, no se preocupen… –

Respondió Akane, apartándolas. Se acercó a mí, visiblemente complacida de verme. Incluso dio vuelo a sus listones para mostrarme lo linda que se veía.

–Si ya terminaste, tienes que esperar afuera. –

Me reclamó, estaba riéndose.

–Bueno, no podía decirlo allá afuera, pero te ves linda con el uniforme. –

Le dije, ella se sonrojó un poco y se volteó.

–¿Te parece? A mí me gusta mucho, todas trabajamos mucho en el diseño, pero pienso que valió la pena… ¿No lo cree, señor cliente? –

Preguntó ella, haciendo alarde de que ahora mismo, era una mesera.

–Si lo pienso… la falda es un poco corta, sin embargo. –

Comenté, mirando sus piernas.

–Eso no es algo que un cliente debería decir cuando su novia está afuera esperando ¿No es verdad? –

¿Akane estaba celosa? Me preguntaba, avancé un paso hacia ella.

–¿De qué hablas? –

Pregunté. Akane se rio, estaba nerviosa.

–No finjas demencia. La chica con la que vienes, es tu novia ¿No es cierto? Es decir… es muy linda. Siendo así, no entiendo porque tienes que venir a hacerle cumplidos a una simple mesera. “Señor cliente.”–

Estaba burlándose de mí. La única vez que ella había hecho esto, terminé casándome con ella, y Akane estaba bien consciente de eso. Avance hacia ella, ella me miró y retrocedió, acalorada.

El problema ahora es que me había quedado con las ganas anoche, y me había quedado con las ganas hoy mismo por la mañana, y no había forma de que Hatami accediera por cómo estaban las cosas. No pude resistirme. La tenía allí… sola…

–Si no va a ordenar, entonces tiene que marcharse… –

Me dijo, colocando sus manos frente a ella.

–Pero vengo a ordenar… –

Respondí. Akane parecía estar indecisa entre reír o gritar.

–¿Ah sí? Y… como… ¿Qué quiere? ¿Qué va a pedir? –

Preguntó, retrocediendo, yo seguí avanzando, hasta que la acorralé junto a la puerta de la cocina, que estaba abierta. Pero como he dicho, no había nadie en este momento.

–Quiero un plato de Akane, por favor… –

Respondí. Ella se sonrojó y rio levemente, poniendo sus manos enfrente y negando con la cabeza.

–Eso no hay… –

Respondió.

–Qué raro… –

Y cerré la puerta para evitar que saliera.

–Yo veo uno justo aquí… y está recién servido, y caliente… –

Akane tuvo que bajar la mirada cuando le dije eso. Estaba roja de la cara, aun así, siguió apartándome con sus manos.

–No se puede… tiene que salir ahora… –

Respondió ella, nerviosa. Decidí que estaba bien si la molestaba un poco y le dije:

–“Señor cliente” mesera ¿Qué no tienen respeto por los clientes en este lugar? –

Pregunté, ella asintió.

–Señor cliente… tiene que salir de aquí… –

Respondió.

–¿Eh? Pero si todavía no me dan lo que pedí… –

–No se puede… señor cliente… soy casada. –

Se quejó ella. Bueno, eso yo ya lo sabía.

–Pues… que mal por el marido, pero el cliente siempre tiene la razón. –

La tome del brazo. Ella trató de soltarse, sin muchas ganas de que la soltara. Comenzó a reírse nerviosamente, mientras negaba con la cabeza.

–No… No, No… en verdad… ¿Vas a hacerme esto aquí? ¿En serio? Nos van a descubrir… tu novia está afuera y…–

Se interrumpió cuando metí la mano bajo su falda, acariciando su ropa interior. Lo sabía, ella estaba mojada.

Haciendo uso de la poca razón que le quedaba, Akane suplicó.

–Escucha… por favor, puedes tenerme en casa, puedes tenerme en casa, por favor… aquí no… –

Comenzó a doblarse y a perder la voz mientras las caricias bajo su falda comenzaron a hacerse más intensas. Finalmente, admitió que era inútil y separó liegamente sus piernas. Levantó la cabeza para darme un beso en los labios. Estaba llorando.

–Eres el mejor… –

Me dijo, a medio beso, siguió comiéndose mis labios luego.

–¿Disculpe, mesera? No escuché bien… –

–Su plato está servido señor… –

Dijo ella, sonriendo y con la respiración entrecortada.

–Tómese su tiempo… –

Me dijo. La tomé del brazo para colocarla de espaldas y poner sus manos sobre la puerta. Una vez que estuvo así, bajé sus pantis a la altura de las rodillas. Todo esto sin dejar de besarle el cuello y los hombros descubiertos. Sus piernas temblaban cuando subí la falda.

–Itadakimasu… –

Empujé hacia arriba y mi pene entró en ella como si fuera de mantequilla.  Sostuve sus manos contra la puerta, olfateando su cuello.

–Ah…No puedo creer que me estés haciendo esto aquí… –

Akane ahogó un grito al decir eso, comencé a empujar con un poco de fuerza hacia arriba, lentamente, sus caderas temblaron. Ella hizo todo lo que podía para permanecer silenciosa.

–A ti te gusta… –

Respondí, hablándole al oído. Ella volteó la cara ligeramente para poder besarme.

–Tú me has vuelto así… No sé porque me gusta tanto… ¿Qué va a decir tu novia? ¿Eh?… Se enojará contigo por esto…  –

Continúe empujando mientras ella me decía todo eso. Ahora sudaba.

–Diga lo que diga… No es mi culpa ¿Qué puedo hacer yo? Tendrá que perdonarme. –

Le susurré.

–¿Cómo que… qué puedes hacer? Eres… un cínico… estás haciendo estas cosas a una mesera… casada además de todo… –

Se quejó a media voz y con la respiración entrecortada. Pude sentir como sus jugos comenzaron a salir y a escurrir por sus piernas.

–Pues no se resistió mucho… ¿Eso no prueba que también quería? –

Pregunté, acariciando su trasero, apretándolo un poco.

–Eso no es cierto… cualquiera cedería ante un cliente… así de demandante… –

Replicó Akane, comenzó a mover sus caderas al ritmo que yo empujaba. Nos adaptábamos bien, eso ni que decir tiene.

–Me alegro entonces de haber escogido a la más linda… creo que incluso me la quedaré para mí. –

Respondí, pude sentir como sus paredes se contrajeron, aunque ella negara con la cabeza.

–La… ¿la más… linda? Pero… señor cliente… yo no puedo dejar a mi marido… –

Se quejó.

–De acuerdo, entonces sólo me comeré esto yo solo… –

Respondí, apoyándome en sus caderas con una mano. Ella apretó mi otra mano con la suya. Yo empujé con fuerza, dejando que sus caderas me regresaran a mi posición antes de volver a empujar. En minutos, nos habíamos acoplado perfectamente.

–Si… si… no me sueltes… no me sueltes…. –

En ese momento tocaron la puerta.

–¿Akane? ¿Estás bien? –

Preguntaron desde fuera. Akane me miró con ojos enojados. Yo recordaba esa mirada, comencé a empujar su interior con más fuerza.

–Etto… yo… estoy bien… estoy bien… no pasa nada… –

Por desgracia, sus compañeras no eran tontas.

–Podría ser que… estás… –

Preguntó la voz de afuera.

–Si… si… eso está pasando… por favor… no abras la puerta… –

Akane admitió eso mientras trataba de controlar sus gritos.

–¿Eh? Pero no es justo… estamos trabajando… –

Se quejó la voz del otro lado.

–Lo repondré luego… lo repondré luego… pero por favor… vete ahora… –

Gimió Akane, ya con algo muy parecido a chillidos en lugar de peticiones.

–Bueno, parece que la estás pasando bien allí dentro… si puedes guárdanos algo… –

Dijo, y se escucharon risas. Akane decidió que no prestaría atención a eso cuando se volvió hacia mí.

–¿Le está gustando su comida señor? ¿Hay algo más que pueda ofrecerle? –

–Tomaré estos… –

Comenté, bajando mis manos y sacando sus pechos del vestido. Akane se irguió y recargó su cara en la puerta.

–Entendido… señor cliente…. –

Comencé a acelerar el ritmo a medida que la presionaba con todas las fuerzas que tenía, entre mi cuerpo y la puerta. Akane levantó su trasero hacia mí para acomodarse mejor.

–Eres el mejor…. Eres el mejor… –

Akane parecía incapaz de mantener su juego de mesera a medida que sus paredes comenzaban a succionarme. Yo no le dije nada, apreté sus pechos con fuerza y la besé en el cuello. Ella se quitó el cabello del cuello para que pudiera besarla.

–¿Lo estás disfrutando? –

Pregunté. Lo decía porque ella en un principio se negó. En cierto modo, quería que se retractara de su negativa.

Akane, imagino que aun con algo de vergüenza, acercó su cara a mi oído como pudo y me susurró.

–¿Quieres que lo diga? Si… disfruto esto… me encanta… y me gusta esta posición también… no puedo vivir sin sexo ahora… soy una adicta …–

Para una chica que nunca decía nada pervertido de esa forma, aquello siempre resultaba excitante. Así que eso hice, quiero decir que lo aceleré. Akane separó sus piernas todo lo que la ropa interior en sus rodillas se lo permitió.

–¿Y tú? Dime que piensas… ¿Soy deliciosa? ¿Tanto que no pudiste esperar a que estuviéramos en casa? –

Preguntó, al parecer, tratando de ponerme en el mismo problema que yo la puse antes a ella. Pero yo no tenía problemas en responder.

–Tu cuerpo es lo mejor… –

Respondí.

–Eres un sucio… mira que decir esas cosas… ¿No tienes nada de vergüenza? –

Se quejó ella, llorando.

–Lo dice la mesera que se me insinuó en cuanto me vio…  –

Respondí, ella tomó mi mano, y la pasó alrededor de ella.

–No pude evitarlo… lo… siento… –

–Me voy a venir. –

Respondí, no iba a aguantar mucho.

.–Hazlo adentro… adentro… no manches mi uniforme. –

–¿Eh? Pero quiero mancharlo… –

Respondí. Eso no le gustó.

–No… hazlo adentro… –

–Hacer ¿Qué?–

Pregunté, Akane entendió que tenía que decirlo, o mancharía su uniforme. Se giró para mirarme, era difícil decir si su cara estaba roja de la excitación o de la vergüenza.

–Tu… semen…. Adentro de mí… por favor… –

Más tiempo tardó en pedirlo por favor que el tiempo que yo tardé en venirme. Ella suspiró mientras apretaba su piernas para mantener mi pene (y el semen) dentro de ella.

–Así… así está bien… está caliente… –

Me recargué sobre ella, quien pegó su cuerpo a la puerta, respirando con dificultad. Me quedé dentro de ella un momento. Cuando lo saqué, ella se sentó en el suelo. Yo me acomodé el pantalón.

–Gracias por la comida. –

Dije, ella me miró y asintió.

–Vuelva pronto… señor… –

Me dijo Akane a media voz, yo abrí la puerta y salí de allí. Las chicas que estaban con Akane antes me miraron, luego se miraron entre ellas y rieron. Yo salí del sitio y volví a la mesa.

––––––––––

Kurimo no había terminado su pafrait. Ella lo comía lentamente, mirándome.

–Te tardaste un poco… –

Comentó ella. Su pafrait iba a la mitad.

–Perdón, no estoy acostumbrado, mi instituto es algo más pequeño que esto. –

Expliqué, rascándome la cabeza.

–¿No es tu instituto? –

Preguntó ella, sorprendida.

–Bueno… es una academia de chicas. –

Repliqué.

–¿Y porque venimos? –

Preguntó ella, contrariada.

–Porque, alguien me dijo que tendrían este festival. Y ya que nunca he estado en uno así, pensé que era una buena idea. –

Respondí, encogiendo de hombros. Kurimo infló sus mejillas.

–¿Viniste a ver a alguien?–

Preguntó ella, enfadada. Uno no viene al festival de otra escuela si no hay alguien que te de las entradas.

–¿Cómo voy a ver a alguien si estoy aquí contigo? –

Pregunté. Ella giró la mirada.

–Tardaste mucho… –

Maldición, creo que se había dado cuenta. Al menos se dio cuenta de que “algo” había pasado.

Moví los dedos nerviosamente mientras ella se terminaba su pafrait. Pedí la cuenta luego, lo mejor para mí, era salir de allí antes de que se enterara de lo que realmente había pasado.

Aquello sirvió para darme cuenta de que no era una buena idea presentar a Akane como lo que realmente era, al menos, no todavía.

Quienes no pudieron leer el ambiente, fueron las dos meseras que estaban con Akane. Llegaron riéndose a la mesa.

–Nos dijeron que teníamos que traerte esto…  –

Comentó una de ellas, riéndose tontamente.

Y puso un papel en la mesa. Eran sus números de teléfono, y sus nombres. Lo sé porque ninguno de los dos era el número de Akane.

Kurimo se puso de pie. Estaba muy MUY enfadada. Hizo una cara que yo no pensé que pudiera hacer, pero tenía sentido, lo admito.

Yo había visto esa mirada antes, era la forma en que su madre me miraba a mi cuando se enfadó conmigo.

–Traigan la cuenta. –

Fue lo único que dijo. Las otras chicas la miraron, resultaba un poco confuso que una chica aparentemente tan dulce pudiera comportarse así.

–Kurimo… –

Puse una mano sobre la suya, ella me miró y se soltó, sin hacer ningún movimiento brusco, solo se soltó. Akane se acercó en ese momento. Una de sus compañeras habló con ella.

–Deberíamos cobrarle cargo extra ¿No es cierto? –

Preguntó. Akane las miró enfadada.

–Están molestando a los clientes. –

Se quejó.

–Pues atiéndelo tú, a ti te gusta “Atender” a este cliente ¿No es cierto?–

Preguntaron, y se fueron riéndose.

Akane se disculpó con Kurimo. Hay que recordar que se supone que éramos clientes.

–Siento mucho el comportamiento de mis compañeras. –

Se disculpó. Kurimo no fue grosera con ella, solo se puso seria.

–No importa, Pedí la cuenta. –

Dijo, y volvió a sentarse. Ni siquiera terminó su pafrait.

Algo se dijeron en la caja, luego Akane desapareció de la vista. Una de las chicas, con cabellos de taladro, se acercó a nosotros con un papel.

–Su cuenta… –

Dijo, con una sonrisa tonta. Kurimo sacó su monedero antes de que yo pudiera pagar, y tomando un billete de dos mil yenes, lo arrojó al suelo.

–Quédate con el cambio. –

Si… era toda la actitud de su madre.

La chica me miró e hizo una seña “acalorada” mientras sonreía. El papel con sus números se quedó allí. Kurimo se puso de pie y salió de aquel salón, y se dirigió a la entrada de la academia. Allí la alcancé, ella iba caminando muy rápido.

–Kurimo… perdón… –

Le dije, cuando la alcancé.

–¿Con quién hablabas cuando te ausentaste? –

Preguntó ella, todavía con voz de hielo. Decidí ser honesto con ella, porque de nada iba a servir decir mentiras a estas alturas. La estúpida actitud de las meseras comprobó sus sospechas.

–Akane… la chica que se disculpó… –

–Entiendo… se sintió culpable… por eso se disculpó. –

Respondió ella, asintiendo con la cabeza, sin mirarme.

–No quiero permanecer un segundo más en este sitio… –

Respondió. Pero no se fue.

No pude entenderlo del todo. ¿Estaba molesta por la burla? Eso podía explicar por qué no se había marchado. No parecía precisamente enojada conmigo, tampoco le dije lo que hice con Akane. No estuve con ella más de diez minutos.

Eso no evitó que me disculpara.

–Kurimo, lamento lo que pasó, debí saber que no era una buena idea. –

Ella cruzó los brazos y se dio la vuelta.

–Quiero que me digas… ¿Viniste aquí por ella? –

Preguntó Kurimo.

–No es así… quería venir contigo, es decir, ella… quería conocerte pero…  –

Esa no era la razón real, iba a decir, pero Hatami–chan negó con la cabeza.

–Me trajiste a una cita pensando en ella. –

Respondió Kurimo, ofendida y comenzando a caminar.

–No es así, estas malinterpretando todo. –

Repliqué. No es que estuviera pendiente de Akane para traer a Kurimo. Ella me dijo que estaría en el festival y yo quería salir a divertirme con Hatami el día de hoy.

–Claro que es cierto, ni siquiera has dicho nada lindo en todo el día. ¿Es por eso? Estabas pensando en otra chica… –

–Si me entretuve un poco, pero no es como que haya pasado todo este tiempo planeando algo así por ella. –

Expliqué.

–Tal vez lo nuestro simplemente no funciona. –

Se quejó ella, ahora estaba llorando, en pleno parque. Yo me detuve, y ella se dio cuenta y se detuvo también. Nos miramos por un momento.

–Si quieres irte está bien… –

No estaba enojado, entendía que ella tuviera coraje por lo que había pasado. Lo que no entendía era, qué parte de lo que ocurrió fue lo que le molestó.

Y si no entendía qué era lo que le molestaba, no podía disculparme apropiadamente.

–Para ti es siempre tan fácil… –

Dijo ella, y se limpió las lágrimas.

–Me voy a casa… si no quieres verme llorar, será mejor que no me sigas. –

Dijo y se dio la vuelta. Creo yo que, se fue antes de decir algo de lo que pudiera arrepentirse.

Se alejó caminando mientras yo me quedaba allí parado, sin saber exactamente qué era lo que debería hacer.

––––––––––

Pasados unos momentos, llegó una de las meseras hasta donde yo estaba. Hay que ver que me encontró pensativo y no me fijé que ella estaba allí.

–Tu cambio… –

Dijo ella, y me guiñó el ojo, extendiéndome un sobre blanco, evidentemente con dinero dentro.

–No es mío… y creo que te dijeron que te lo quedaras. –

Repliqué. Estaba enojado con ella. Ella sin embargo, sonrió.

–Pero… no debería quedarme con él… no es mío… ¿Por qué no… se lo devuelves? –

–Ella se ha enfadado conmigo por su estúpida actitud… –

Repliqué, poniéndome de pie.

–Por eso… Tonto… –

–Ya se fue, de todos modos. –

Repliqué, sin tomar el sobre. Ella se acercó a mí y puso el sobre en mi mano por la fuerza.

–La vi donde los patos. –

En el parque había dos patos de piedra grandes en una fuente. Supuse que a esos se refería.

–Anda… ve… –

Dijo, y se dio la vuelta.

–Si no quiere perdonarte, siempre puedes volver al café… te atenderemos muy bien. –

Y volviendo a guiñar el ojo, se dio la vuelta y se fue corriendo.

Efectivamente, allí estaba Kurimo balanceado sus pies con tedio mientras miraba a la nada.

Yo me acerqué a ella lentamente.

–¿Qué quieres? –

Preguntó ella. Yo encogí de hombros. Iba a darle el sobre, pero si ella estaba enojada conmigo, podría tomar el sobre y marcharse, y yo me habría quedado sin una razón para seguirla.

–Bueno, te estaba buscando… –

–Me habría bastado con que dijeras “No te vayas” –

Se quejó ella, limpiándose las lágrimas.

–Por eso estoy aquí. –

–Pues es tarde. –

–Akane se disculpó y lo aceptaste. –

–Eso no tiene nada que ver… son… cosas diferentes. –

–¿Qué hice mal esta vez? –

Pregunté. Ella me miró con coraje.

–¿De verdad no lo sabes? –

–Pensé que estabas enojada porque desparecí mientras estábamos allá. Pero si así fuera, no estarías enojada solo conmigo ¿No es cierto? –

–Me debía esas disculpas por tomar tu tiempo de más. Eso y esto son dos cosas diferentes. –

Explicó ella.

–Ahí es donde me confundo. ¿En qué son diferentes? ¿Cómo es que puedes estar bien con ella y no conmigo? Si ambos somos culpables de lo mismo. –

Pregunté.

Por eso es que mencionaba que ella no parecía molesta por la infidelidad. Lo más probable es que ella no creyera realmente que habíamos ido tan lejos. Kurimo bajó la cara.

Ahora parecía seriamente deprimida. Incluso su coraje se fue.

–Ella no tiene la culpa… –

Respondió.

–No puede resistirse… lo sé porque yo tampoco podría… ella no tiene la culpa. Es como con Minase–chan, pero tú no has pensado en mí para nada, desde que comenzamos la cita, no has pensado en mí. Ni un cumplido, ni una mirada, ni una sonrisa… nada. –

–Eso no es verdad. Pero si has estado extraña todo el día. –

Me senté junto a ella al decirle eso, ella se separó de mí, pero al menos no se marchó.

–“No te vayas” habría estado bien para variar… “Te ves linda” habría bastado “Te eché de menos” cualquier cosa, menos esa estúpida pregunta…–

Respondió Kurimo. Se lo dije.

–No te vayas… –

Ella negó con la cabeza.

–Ya no vale… –

Reclamó. Yo intenté decirlo de otra forma.

–Estoy feliz de que hayas salido conmigo… –

–No tiene sentido si… –

Kurimo reclamó de todos modos.

–Te quiero… –

Eso hizo que ella guardara silencio, me miró por unos momentos mientras enrojecía y luego puso sus manos sobre sus rodillas y bajó la cara, derrotada.

–¿Lo ves? No puedo resistirlo… –

Se quejó, tratando de no llorar.

–No tienes que hacerlo…  –

–Claro que si… dolerá menos la próxima vez que me dejes. –

Explicó ella. Aquí era donde comenzaba el problema.

–No quiero dejarte. –

Repliqué. Kurimo me miró por unos momentos. Luego bajó la cabeza, deprimida.

–Soy una chica problemática… y estúpida. –

Ah…. Tenía que ser algo así.

Aquellas palabras llegaron a mi como el sonido de un espejo roto, reverberando en mis recuerdos. Yo le grité eso una vez.

Lo dije porque estaba enfadado con ella, pero no imaginé que ella lo creería en realidad. El problema es que Kurimo me había perdonado por decirlo. Pero no dejó de dolerle por ello.

–Kurimo… yo no pienso que seas problemática, ni estúpida. –

–No digas esas cosas. Lo dices para hacerme sentir bien. Deja de hacerlo. Es muy obvio que solo sientes pena por mí. –

Me puse de pie, parándome frente a ella. A ella nunca le han gustado esas cosas, desde el día en que la conocí, lo primero que me dijo fue “No sientas lastima por mí.”

–No salgo contigo porque sienta lastima. No te pedí una cita por lastima. Realmente quiero salir contigo. –

Ella negó con la cabeza.

–Se nota demasiado que te cuidas siempre de lo que dices. Se siente tan distante. No es para nada como la primera vez que salimos. Ahora mismo estas tratando por todos los medios, de no decir alguna cosa que me hiera. Agradezco tu consideración, pero no me gusta. –

Bajé la cabeza, haciendo una inclinación. Casi la puse sobre sus rodillas a este punto.

–De acuerdo. Mi cerebro se está quemando en este momento. Estoy frito. Tienes razón, estoy asustado de herirte.  Estas equivocada en los motivos, pero no sé cómo explicarlo. Dije cosas idiotas antes y ahora no sé qué hacer para que las olvides, o para que entiendas que eran mentiras, Me asusta un poco tu manera de querer, por lo pesados y puros que son tus sentimientos. Me asusta no poder corresponder adecuadamente, y puede que no te quiera tanto como tú a mí. Lo admito. Pero aun así, quiero que estés feliz, pero empiezo a pensar que no sé cómo hacerte feliz, y nunca me había sentido así. –

Tuve qué confesar eso, porque realmente me quedé sin alternativa. No sabía que debería decir, no tenía idea de lo que ella estaba pensando o sintiendo, y eso puso en mi cabeza muchas dudas.

Ella comenzó a acariciar mi cabello, a pesar de que no estaba sobre su regazo, no literalmente al menos.

Quizá tanto llorar había terminado por mojarle las plumas. Eso explicaría por qué ya no volaba.

–No vayas a levantar la cabeza por nada del mundo. –

Dijo. Creo que se avergonzaría si la miraba ahora.

–Lamento ser difícil. –

Me dijo ella, en voz baja.

–Seré honesta contigo. Las cosas que dijiste aquel día, realmente, realmente me dolieron. Todavía las recuerdo cuando te veo o hablo contigo. –

Explicó. Iba a replicar, cuando Kurimo tomó mi cara y me hizo mirarla.

Tenía lágrimas en los ojos. Finalmente, Hatami Kurimo confesó lo que realmente sentía.

–Todavía pienso en que me vas a dejar. Echo de menos las cosas que hacíamos… pero también pienso que no debería quedarme contigo a solas, por nada del mundo. Te habrás dado cuenta por mi atuendo. –

Era bastante más discreto de lo que normalmente lo sería. Kurimo se puso de pie. Yo permanecí allí sentado. Todavía sin entender lo que ella estaba a punto de hacer.

–Y trato de no pensar en ello, trato de decirme a mí misma que eso está en el pasado y que debería intentarlo otra vez…Pero no puedo hacerlo. Si esto te hace enfadar, lo siento mucho, en verdad. Pero mi corazón nunca ha hecho lo que le mando. No tienes que hacer nada para hacerme feliz, ya lo soy, siempre que estas aquí. Me gusta escuchar palabras bonitas de ti, pero la verdad es que no te creo. Mi corazón sólo recuerda el dolor. Y tengo miedo. No puedo seguir saliendo contigo así. –

Explicó Kurimo, con serenidad.

Sonreí.

Sonreí porque ella finalmente estaba hablando con claridad. Sonreí porque siempre pensé que eso era lo que ella tenía que haber hecho desde el principio. Sonreí porque entendí, que las cosas no iban a arreglarse con un par de palabras bonitas, y eso no hacía más que demostrar la pureza de sus sentimientos. Sonreí también, porque estaba feliz de que ella confiara en mi lo suficiente para decirlo completo, y no hacer lo que todas hacían, decir adiós sin un por qué.

Pero la verdad es que, dolió. Dolió más que el rechazo primero de Akane. Dolió más que la graduación de aquella Sempai con la que asistí al colegio.

Resonó dentro. En lo profundo.

Era la primera vez que una chica me terminaba. No diré que pude comprender como se sentía ella, porque, yo no estaba cayendo en la desesperación. Y aparte, sabía que en realidad, esto era lo que me merecía. Esto es lo único que mereces cuando le gritas “estúpida” a una chica que tiene el corazón abierto.

–No quiero pedirte que lo entiendas, porque bueno… yo no quise entenderlo. Pero ya no quiero pelear contigo, daría cualquier cosa por dejar de sentirme así, no es sobre las otras chicas, no es sobre otro chico. Te lo prometo. Es sobre nosotros. Todavía no me arrepiento de lo que ocurrió, te lo diré antes de que sea tarde, Te quiero… pero ahora mismo, no puedo creer que tu sientas lo mismo por mí. Todavía siento dentro… que es mentira. Yo… necesito tiempo para mí. Todavía tengo ganas de llorar. –

¿Qué hacía? ¿Suplicar?

No es mi estilo. Ya no, al menos.

Y ella también suplicó y no quise escuchar, de hecho, fue ese día en que le grite todos esos insultos.

Kurimo retrocedió dos pasos con lágrimas en los ojos. Hizo una reverencia, y se dio la vuelta.

No supe que hacer si no esperar a que se fuera, y volver a casa, arrastrando mi lo que me quedaba de ánimo detrás de mí.