Haru no Yurei V2 C28

Modo nocturno

Capítulo 28: Grave Error Afortunado

Eran las nueve de la noche, iba saliendo de casa de Mizore, cuando entró una llamada al teléfono. Era de Akane.

…Moshi–Moshi.

Sinceramente, pensé que estaba de vuelta.

…¿Toshikane? No contestabas el teléfono. ¿Está todo bien?…

Lo apague para no ser interrumpido por los mensajees de Hatami, no se me ocurrió pensar en Akane, mi error.

…Estaba sin batería…

Respondí. Una voz del otro lado del teléfono.

–Onee–chan, vamos a bañarnos juntas… –

–Miyashi, espera… estoy al teléfono. –

Se quejó Akane, luego volvió.

…Si bien, aún estoy en casa de mis padres. No es que esperase quedarme tanto tiempo pero…

…Imagino que debe ser difícil ser la Onee–chan…

Respondí, burlándome de ella. Akane se rio levemente.

…El caso es que, mi padre salió a no sé dónde casi después de que llegué. Pienso seriamente que escapó. Pero ese no es el punto, el caso es que, Miyashi y Daito tienen que bañarse y… bueno… yo…

–¡Daito! Deja eso ya… –

La voz de Akane regañando a su hermano pequeño. Volvió al teléfono.

…Adivinaré, están actuando muy malcriados porque su Onee–chan está en casa ¿No es cierto?…

Akane suspiró.

…Si, lo siento mucho, bien, lo que quiero decir es que… Otou–san no está y… nadie se molestó en llamar a la nana y…

Era bastante obvio lo que quería decir a este punto. Pero la dejé hablar. Ella volvió a gritar algo, esta vez a la niña pequeña. Luego volvió a la llamada.

…¿Te molestaría… si… paso la noche fuera? Es decir, estoy en casa de mis padres pero… no sé… yo…

…Te echaría de menos, si es lo que quieres saber, por otro lado, bueno, es que ellos también echan de menos a su hermana. No puedo pretender que no comprendo eso….

…Si, yo también te echaría de menos, pero… si no quieres… puedo volver ahora, estoy segura de que si me voy ellos se portarán bien…

No sonaba convencida de eso ultimo para nada.

…Akane, es tarde, ya oscureció. Creo que lo mejor es que te quedes en donde estás…

…Tú también estas fuera y es noche…

Se quejó ella.

…Si, pero yo soy un hombre…

Respondí. Akane suspiró. Supongo que ella entendió de que estaba yo hablándole. Uno nunca sabe.

…Eres muy permisivo conmigo… pero siendo honesta, pienso que tienes razón. Además, no quiero dejarlos ahora. Creo que… también yo los echaba de menos…

…Entonces asegúrate de recordárselos. Estaré bien, no pasa nada si no estás a cada minuto… pienso que lo que realmente hacía falta es que te viera y jugaran contigo un poco, el asunto con tu padre… puede esperar…

…No me lo menciones, huyó en cuanto me vio llegar… eso es…

…También yo querría escapar si llegas enojada un día…

Respondí. Ella se rio levemente.

…Claro que no, es decir, soy una buena mujer ¿No es cierto?…

…Como esposa, eres excelente, no sé cómo serías como hija…

…Bueno, ya hemos visto que no se puede ser ambas buenas… pero si mi esposo me da permiso, significa que puedo ser buena Onee–chan también ¿No es cierto?…

…Es cierto. ¿Ya cenaron?…

…Vamos a pedir pollo, solo tengo que meterlos a bañar ahora…

…No dejes que se acuesten tarde… y mírame, aquí dando indicaciones de como debes cuidar a tus hermanos cuando soy hijo único…

…Tu solo quieres que yo esté bien…

…Es cierto… te amo…

…También yo…

Y colgamos.

Akane necesitaba pasar tiempo con ellos, eso ni que decir tenía. Podría decirse que me lo figuraba cuando me dijo que iría.

Ah, rayos, si no estuviera tan cansado, este sería el momento perfecto para ir a buscar algo de aventura. ¿Cuánto falta para esa reunión de la que hablaba Kamine? Me preguntaba.

Ni que hacerle. Llegué a casa, había cenado un poco en casa de Mizore, así que no tenía hambre, envié un mensajee a Akane, diciéndole que la amaba, envié un mensaje a Mizore también, y me fui a dormir luego de eso.

Al día siguiente, lo primero con lo que me encontré al salir de casa, era Kamine.

–Hola. ¿Cómo te va? –

Preguntó ella casualmente.

–Bien… –

Respondí, cerrando la puerta de mi casa. Kamine comentó.

–No vi salir a tu princesa… –

–Está en casa de su padre… ha ido a jugar con sus hermanos pequeños anoche… –

–Awww. Eso están lindo… Tu estas bien con ello ¿No? Es decir, no te hizo falta. –

Comentó.

–¿Qué quieres decir? –

Pregunté, mirándola de reojo.

–Pues… digamos que anoche hablé con Mizore hasta muy tarde… ella fue un poco… expresiva con lo que dijo, así que… ¿Cuál te gusta más? ¿Mi tía o mi madre? –

–¿Te contó esas cosas? –

Pregunté, asombrado.

–Pues… nuestra comunicación ha mejorado mucho, ahora ella me cuenta, no se queda callada como antes, creo que lo que pasó con tu princesita le hizo entender mejor la situación, ya no tiene miedo. Pero estás evadiendo mi pregunta…–

–¿Cuánto sabes? –

Pregunté.

–Pues… mi madre no te dice Otagane–sama… –

Respondió Kamine, sonriendo lujuriosamente.

–Y sería un problema si lo hiciera, no sabe que soy yo… –

Me quejé.

–Eso es cierto… pero entonces… ¿Cuál es mejor? –

Solo hay una cosa que puedo responder a eso.

–Tu madre es más suave… –

–¿Ehhhh? Le diré a mi tía que has dicho eso… –

Amenazó Kamine. No había forma de salir bien parado de eso, yo creo.

–Por favor… no lo hagas… –

Respondí.

–A todo esto… sobre el viaje que me mencionaste antes… –

Comenté, Kamine asintió.

–Eso quería decirte… es la siguiente semana. ¿Estás listo? –

Preguntó.

–Por supuesto. –

–Más te vale no hacer el ridículo ¿comprendes? como tu manager, te prohíbo hacer cosas sucias más de cinco veces al día. –

–Todavía eres mi manager ¿eh? Espera… ni siquiera puedo llegar a esa cuenta… –

Me quejé.

–¿En verdad? Con lo… expresiva que es tu princesita, asumí que eran mínimo diez veces al día. –

Respondió Kamine sonriendo.

–¿Quieres dejar de burlarte de eso? Tu tampoco eres muy callada que digamos. –

–Sí, sí, lo que tú digas. Te di una indicación. No más de cinco al día. –

Respondió sonriendo.

–Como si necesitara esa indicación de todos modos. –

Respondí, y entramos a la escuela.

––––

Durante el almuerzo, como era de esperarse, no vi a Sushake ni a Kamine para nada. Ese sujeto de verdad que estaba prendido de ella, no podía hacerse nada. Fui a la cafetería, compre un sándwich y subí las escaleras.

Iba a dirigirme al pequeño escalón que separa el salón del pasillo, para sentarme allí a comer, cuando Ayasara Sensei se acercó a mí.

Me puse de pie inmediatamente.

–No… no te levantes… está bien. –

Me dijo ella con una sonrisa.

–¿Recibiste mi nota? –

Preguntó.

–Sí, me hizo muy feliz… –

Respondí, sonriéndole.

–Ya entiendo… yo, también te he visto más animado últimamente… –

–Usted sabe la causa de eso, Sensei. –

Respondí, ella enrojeció.

–Yo, estaba pensando que… ha pasado algo de tiempo y… –

Sin que ella se diera cuenta, una persona se paró detrás de ella. Era, más concretamente, el prefecto encargado del personal administrativo. En pocas palabras, era el hombre que contrataba (y despedía) a los profesores.

–Lo siento mucho, Sensei… –

Fue lo que dije. Ella se quedó perpleja, el hombre habló entonces.

–Ayasara Sensei, la estábamos buscando… –

Saludó. Ella volteó con la cara roja y asustada por la súbita interrupción.

–Señor prefecto… yo… etto… –

–¿Ha hecho el jovencito algo malo? –

Preguntó. Estábamos hablando solos en el pasillo. Es lo que haría un profesor si pretende regañarte. De hecho, era la única circunstancia válida para un profesor y un estudiante, hablando solos, lejos de todos los demás. Ayasara Sensei me miró como pidiendo auxilio.

–No volveré a quedarme dormido en su clase. –

Le dije.

–Ah, ya veo, es eso… no debería ser tan estricta con los estudiantes, Sensei… –

Fue lo que dijo el prefecto.

–Si… es cierto… señor prefecto… yo… –

–Bueno, no importa, si ha terminado de reprehender al joven, necesito que venga conmigo a la sala de profesores, hay unos documentos que necesito que firme… usted y Kobae Sensei. –

Otro profesor se acercó también, era calvo y algo viejo. Imagino que era Kobae Sensei, no me daba clases a mí, les daba a los terceros años.

Y se dio la vuelta, esperando a que le siguiera.

–Gracias, señor prefecto. –

Respondió ella, luego me miró unos momentos, con la cara roja por el susto y la vergüenza.

–Eso espero… –

Dijo, dirigiéndose a mí, y se dio la vuelta, poniendo su cara de profesora enfadada.

Mientras se iba, Ayasara Sensei se aseguró de que el prefecto y el otro maestro estaban delante de ella, y se detuvo unos segundos. Se dio la vuelta, y sonriéndome, me hizo adiós con la mano.

Eso estuvo cerca, quizá sea mejor si le pido su teléfono o algo.

Suspiré, terminé mi almuerzo y volví a clases. No vi más a Ayasara Sensei en todo el día. Una pena, en verdad.

Akane se quedó en casa de su padre la noche anterior. Me envió un mensaje durante las clases, diciéndome que había hablado con su padre un poco antes de irse al instituto, y que llegaría después de la hora normal porque tenía que hacer compras.

Tenía la impresión de que esa “platica” que ella había tenido con su padre más bien debería llamarse “extorsión” pero no dije nada. Le envié un mensaje de vuelta, diciéndole que no tenía problemas, siempre y cuando tuviera cuidado.

Iba terminando las clases cuando recibí una llamada.

Algo extraño… era Minase. Sinceramente pensé que algo malo había pasado.

…¿Moshi–Moshi?…

Contesté con algo de miedo a decir verdad. Esta clase de cosas me tenían algo tenso. Sin embargo, ella me habló feliz.

…Moshi. ¿Eres… Toshikane?…

Preguntó.

…Claro que sí. ¿Quién más iba a ser?…

Pregunté, algo ofendido.

…Ah, entonces lo hice bien. Le robé el número a Onee–chan para poder hablarte, pero no sabía si lo había tomado bien. ¿Te toca trabajar hoy?…

…No. Es decir… no que yo sepa. Es lunes…

Ella pareció desanimarse.

…¿Y no puedes venir a trabajar?…

…No. Si voy tu padre no sabrá que rayos está pasando. Además, no creo que vaya a pagarme…

Respondí. Ella volvió a animarse después.

…Verás, Otou–san se ha ido de la panadería porque fue a comprar el regalo de cumpleaños de Okaa–san, y dejó a Onee–chan a cargo durante el resto del día. Estoy aquí y estamos solas. Ven a hacernos compañía…

…Eso no es trabajar…

Respondí,  tal vez no del todo dispuesto a negarme.

…No… pero tienes que decirle a Onee–chan que te tocaba trabajar. Ella estaba en contra de pedirte que vengas, porque piensa que está siendo demasiado pegajosa… ¿verdad que no te molesta? Por eso tienes que decirle que ibas a venir de todas formas…

Posiblemente Minase quería redimirse porque le dijo a su hermana aquellas cosas esa vez. Eso podía ser.

…De acuerdo, iré para allá… solo…no le digas a tu padre que fui ¿vale? No quiero que pague por esto…

…No te preocupes… Onee–chan se encarga de eso… tu solo ocúpate de venir…

Y colgó. ¿Qué quería decir con eso? No lo sé. Pero al menos ahora tenía algo que hacer. Encogí de hombros y fui a mi trabajo. Cuando llegué, tal como Minase me había dicho, saludé normalmente y me puse el mandil. Sanae estaba atendiendo a los clientes.

–Ya llegue. –

Fue lo que le dije, sin atender mucho aquello. A Sanae tiene que haberle parecido natural, porque solo respondió.

–Gracias. –

Y siguió atendiendo.

Pero cuando entré al cuarto de los hornos… bueno, es que yo no tenía que trabajar hoy. De hecho, solo entré para esperar a que los clientes se fueran para poder hablar con Sanae, y con Minase, que estaba ocupada colocando etiquetas de precios en las canastas del pan.

Minase se desocupó primero.

–¿Y… que vas a hacer? –

Preguntó Minase, entrando.

–No lo sé… .

Respondí.

–¿Quieres pasar un rato a solas con Onee–chan?–

Comentó Minase en voz baja.

–Está ocupada, pero yo puedo encargarme de los clientes mientras tanto… –

Explicó luego, sonriendo. Le gustaba esto, no engañaba a nadie.

–Cuando se desocupe.. Le diré que quieres verla… se pondrá feliz. –

–Espera… –

Pero no me dio tiempo. Momentos después, ella hablaba con Sanae. Los clientes dejaron de llegar por unos momentos.

–Onee–chan… te están esperando… –

Comentó Minase, con voz cantarina, como incitando a Sanae.

–¿De que estas hablando? –

Preguntó Sanae, con su humor habitual.

–Pues alguien está allí dentro… es tu oportunidad. Estarían solos los dos… –

Explicó Minase, Sanae no parecía muy emocionada con aquello.

–Pero… Tengo que dejarlo trabajar. ¿Qué va a pensar de mí? No puedo estarlo atosigando cada que lo veo… –

Se quejó Sanae. Minase hizo como que perdía el interés.

–Ah, entonces déjalo que trabajé todo el día… –

Dijo ella. Sanae perdió la seguridad al hablar. Tartamudeó.

–No… no todo el día pero… –

–Con lo mucho que quiere verte, pobrecillo, su novia sigue haciéndose la difícil… –

Se quejó, parecía qué sintiera lastima por mí.

–¡No me hago la difícil! –

Se quejó Sanae, haciendo una pataleta.

–Está bien, está bien… encárgate de la caja entonces… ya me imagino la clase de mujer que serás cuando te cases…  “Sal temprano, regresa tarde y dame el dinero” –

Minase siguió picando el mismo agujero.

–¡Yo no soy así! No digas esas cosas… –

Sanae parecía a punto de las lágrimas.

–Pero quieres tenerlo trabajando, y trabajando… y él que vino aquí con la ilusión de verte… –

–¿Él dijo esas cosas? ¿Dijo que quería verme a mí? –

Pregunto Sanae, con cierto recelo. Ella aún no se creía esas cosas.

–¿Quién sabe? ¿Tu… que crees?  –

Preguntó Minase. Sanae hizo una pataleta.

–Ay, te odio… –

Dijo, y saliendo de la caja, entró al cuarto de los hornos. Yo estaba detrás de la puerta, escuchando, ella entró buscándome desesperada. Imagino que a preguntar si yo había dicho que quería verla.

Cerré la puerta en cuanto Sanae entró. Ella se dio la vuelta, dándose cuenta de que estaba allí.

–¿A dónde ibas niña? –

Pregunté. Ella borró su sonrisa de la cara.

–¿Qué? –

Preguntó ella, aturdida.

–Éste no es lugar para las niñas pequeñas, aquí solo hay adultos trabajando. –

Respondí.

–¿Yo? Emm… bueno… verá…señor…–

Respondió ella con timidez, cogiendo el juego inmediatamente.

–¿No te han dicho que no debes interrumpir el trabajo de los adultos? –

Pregunté, acercándome a ella.

–Si pero… no voy a estorbar… yo… Emm…. Solo quería ver…. –

–Estar aquí es peligroso… –

Respondí, acercándome a ella, Sanae retrocedió lentamente hasta quedar en una esquina. Llevaba una falda un poco arriba de las rodillas y unas calcetas blancas. En cierto modo, recordaba un poco a un uniforme, aunque era ropa casual.

–¿Peligroso? ¿Po…por qué? –

–Te puedes quemar… te puedes caer… pueden abusar de ti… –

Sanae retrajo sus manos con timidez, parecía asustada. Lo sabía, a ella le encantaba esta situación. Quería que me dijera “Sensei” un día, pero por ahora esto debería ser suficiente.

–¿Abusar? Pero… –

–Claro… una niña tan linda… sola… No pensarás que la voy a dejar ir así ¿cierto? –

Le advertí, pasando mi mano por sus rodillas, Sanae comenzó a temblar…

–Yo no he hecho nada malo… por favor… no me haga daño… –

Suplicó ella, llorando.

–No voy a hacerte daño… al contrario… puede que incluso te guste… –

Subí la mano por sus muslos desnudos, y arrinconándola contra la esquina, le di un beso en los labios, ese lo recibió ella muy bien, con mucho entusiasmo. No es que hiciera mucho, se dejó besar, pero abrió su boca para dejar mi lengua pasar.

–Muy bien, tengo que revisar primero que no tengas nada peligroso… –

Le dije.

–¿Peligroso? Yo… no traje nada… como eso… –

Respondió Sanae, mirando a todos lados.

–Se una niña buena y haz caso, pon las manos en la pared… –

Esas palabras son mágicas cuando hablamos de Sanae. Ella se dio la vuelta y puso las manos en la pared, como si de verdad fuera a revisarla. Metí mi mano debajo de su falda y comencé a acariciar su trasero. Sanae dio un respingo.

–Pero… –

Alzó la voz un poco, aquello era peligroso porque, aunque la puerta estaba cerrada, si ella alzaba demasiado la voz los clientes podrían escucharla.

–Oye, no grites, las niñas tienen que hacer caso a lo que les ordenan los mayores, quédate quieta mientras reviso…  –

Le dije, poniendo atención en lo que importaba, levanté su falda y comencé a tocar su trasero animadamente, con ambas manos. Llevaba pantis de oso. Me preguntaba si había venido pensando en algo así o si era una coincidencia.

–Pero… me está tocando… mi papi dice que eso es malo… –

Se quejó Sanae

–No estoy tocándote, estoy revisando que no tengas nada… ¿Hay algo aquí? –

Pregunté, tocando un poco en medio de sus nalgas, todavía sobre la ropa. Ella negó con la cabeza.

–No… me dijeron que… las niñas que ponen cosas dentro de sus pantis son malas… –

Sanae debe haber notado la urgencia con la que buscaba, porque levantó un poco el trasero.

–Entonces… te las voy a quitar… –

Le advertí.

–No… por favor señor… me da mucha vergüenza… –

–¿Nunca te las ha quitado alguien? –

Pregunté, halando un poco su cabello. Ella negó con la cabeza.

–Las niñas buenas no hacen eso… –

–Las niñas buenas obedecen a sus mayores… –

Respondí, ella asintió con la cabeza.

–Si… si señor… –

Bajé sus pantis hasta las rodillas, sus piernas estaban temblando y sus pantis estaban mojadas. Iba a molestarla con eso, pero luego pensé que era perder el tiempo en cosas innecesarias ahora. Pasé mi mano hacia enfrente.

–Vamos a ver… ¿Qué tenemos aquí?–

Pregunté, tocando su clítoris directamente. Sanae saltó y un gemido escapó de su boca.

–Ahh. –

Se escuchó.

–¿Qué fue esa voz? –

Pregunté, no había vello púbico. Se lo quitó antes de venir.

Ella había estado pensando en esto.

–No sé… –

Respondió ella, con la voz más infantil que tenía.

Volví a acariciar su clítoris, ella se retorció levemente, luego comencé a acariciar su vulva, pasando un dedo por en medio. Tomando en cuenta el poco tiempo desde que comenzamos, estaba muy mojada.

–Aquí si hay algo… ¿Qué es esto? –

Pregunté.

–No sé… –

Respondió Sanae de nuevo.

–¿No sabes? –

Pregunté. Ella negó con la cabeza.

–Bueno… si pero… –

Ella parecía no saber que decir…

–¿Pero? –

Amenacé, ella giró su cara para verme.

–Mi papi dice… que no debo decir esa palabra… es mala… –

–Quiero que me lo digas. –

Repetí. Sanae bajó la cabeza y susurró.

–Va… va… vagina… –

–Eso, muy bien… que niña tan buena eres… –

Le dije. Ella me miró sonriendo, con la respiración entrecortada.

–¿Qué se siente cuando te acaricio allí?–

–Raro… bonito… –

Respondió Sanae, moviendo sus caderas hacia adelante y hacia atrás.

–¿Ya te has tocado tú? –

Pregunté. Podía averiguar un poco sobre como continuar si ella respondía a esa pregunta. Respondí como me imagine, negando con la cabeza.

–No… mi papi dijo que… si me veía hacer eso… me pegaría… –

Se quejó ella.

–Qué pena… si se siente tan bonito. ¿No es cierto?–

Pregunté, ella asintió con la cabeza, continué acariciándola, y olfateando su cuello y su cabello.

–Si… señor… –

En cuanto ella me dijo eso, comencé a estimularla activamente, pasando mis dedos por en medio y haciendo parecer que iba a meterlos dentro, para luego quitarlos y volver a comenzar. Todo esto mientras seguía tocando su clítoris con la otra mano.

–¿De dónde venías? –

Pregunté… Sanae luchaba por reprimir sus gemidos.

–De… de la escuela… –

Se tapó la boca con una mano.

–¿La escuela elemental? –

Pregunté, pude sentir como eso provocó contracciones en su pelvis e hizo temblar sus piernas. Al fin, al fin ella estaba cumpliendo una de sus fantasías. Debería ser un gran momento para ella, aunque no iba a admitirlo si se lo preguntabas.

Asintió varias veces con la cabeza, sin destaparse la boca. Yo tomé la mano con la que se cubría y la puse contra la pared de nuevo. Ella dejó escapar un par de gemidos.

–Dije las manos en la pared… –

Ordené.

–Pero… –

Hice otra pregunta antes de que ella pudiera replicar.

–¿En qué año estas? –

–En… en… sexto año… –

Fue lo que respondió.

No lo sé.

Sonaba como que ella estaba yendo por la opción más segura que tenía en el momento, me refiero a que todavía estaba poniendo sus pensamientos en evitar que yo pensara mal. Ya había dicho que era la escuela elemental. Sexto año son doce años.

No se veía tan raro… y por eso mismo, me hacía sospechar.

Ella estaba haciendo parecer su fantasía mucho menos pervertida de lo que era, en una esperanza por no afectar mi opinión de ella.

–¿Me mientes? Eres muy pequeña para estar en sexto año. Las niñas que mienten son niñas malas… –

–No es verdad… estoy obedeciendo… no soy mala… –

Se quejó.

–Entonces di la verdad… –

Respondí, deteniendo todo. Ella volteó a verme, confundida, avergonzada, y además enojada porque había dejado de acariciarla de la nada.

–Está bien… Voy en cuarto año… No diré mentiras… promesa. –

–Cuarto año… ahora entiendo por qué te ves tan linda… –

Le dije, levantando su falda de nuevo, ahora que ella estaba enfrente de mí, Sanae se cubrió la entrepierna con las manos.

–No hay nada que cubrir allí, todavía no tienes nada ¿o sí? –

Pregunté, refiriéndome pues, a que ella había quitado el vello que había.

–No pero… –

–Anda, se buena niña y muéstrame… –

Le ordené, ella puso sus manos atrás.

Comencé a acariciarla de nuevo, esta vez por enfrente, sosteniendo su falda con una mano y mirándola como se mojaba mientras la tocaba con la otra. Sanae comenzó a gemir en voz baja.

–Ah, esa es una buena voz… ¿tanto te gusta que te toquen aquí? –

Pregunté. Ella negó con la cabeza.

–No sé… no sé qué pasa… se siente raro…. Quiero ir al baño…. –

Se quejó.

–Si esperas aquí, puedo darte una recompensa por soportarlo…  –

Respondí.

–¿Recompensa? –

Preguntó ella, soltando levemente sus gemidos, estaba moviendo sus caderas hacia adelante y hacia atrás, siguiendo el ritmo de mis caricias.

–Híncate…. –

Ella obedeció esta vez sin necesidad de una segunda orden. Se hincó, separando sus piernas, saqué mi pene y lo acerque a su cara. Ella lo miró con los ojos muy abiertos.

–¿Qué… que es eso?  –

Preguntó ella, con vergüenza, pero interesada.

–Te va a gustar, abre la boca… –

Respondí. Ella abrió la boca como le ordené y lo metí en ella, todo completo, hasta el fondo. Lo detuve allí dentro un momento, y luego lo saqué. Sanae tosió.

–¿Qué tal? –

Pregunté. Ella me miró a los ojos, tenía lágrimas en ellos.

–No sé… –

Lo hice de nuevo, metí mi pene, lo moví dentro de su boca y lo saqué, ella tosió de nuevo.

–Está muy grande… me pica… –

–Tienes que acostumbrarte…. –

Respondí, encogiendo de hombros.

–En verdad tengo que ir al baño… –

Se quejó, pero no la escuché. Metí mi pene de nuevo, la sostuve del cabello y comencé a usar su cabello para dirigir su cabeza. Esta vez no lo saqué, Sanae tomó torpemente el ritmo mientras intentaba saborearlo.

–Muy bien, así es como se hace, que buena niña eres, Sanae–chan. –

Ella arreció el ritmo cuando escuchó eso, ahora lamiéndolo activamente. Los saqué luego, ella me miró con una sonrisa.

.–Esta rico… –

Dijo finalmente.

–¿Quieres más? –

Pregunté, todavía estaba sosteniéndola de la cabeza.

–Si… –

Respondió ella inmediatamente, tratando de meterlo en su boca de nuevo.

–No, así no, las niñas buenas tienen que pedir las cosas adecuadamente. –

–Perdón… señor… ¿puedo seguir chupando esto?–

Ella usó “chupar” como si mi pene fuera una paleta.

–Eso es… que buena niña… lámelo muy bien ¿de acuerdo? –

–Si… si señor… –

Respondió, y lo metí en su boca de nuevo. Ella sonrió y comenzó a lamerlo con muchos ánimos. Yo la acaricié de la cara, hasta que tuve que venirme.

–Muy bien… quiero que cierres los ojos y abras la boca… –

Le dije, ella hizo como le había pedido y yo solté mi semen sobre su cara. un poco de eso cayó en su boca, ella se apresuró a beberlo y abrió la boca por más.

–Sabe rico… ¿qué es? –

Puse un poco más directamente en su lengua.

–Se llama semen… es lo que sale cuando las niñas buenas hacen un buen trabajo… –

Respondí. Sanae tragó este también. Abrió los ojos luego.

–Oh… rayos, has manchado tu blusa… quítatela… –

Le dije.

–Pero… –

–Quítatela, pronto… vas a hacer del baño ahora… –

Expliqué, ella se apresuró por mi urgencia y se quitó la blusa. Las pecas de sus pechos hicieron que mi pene volviera a levantarse, ella fingió que no se daba cuenta. Se puso de pie luego. Iba a caminar cuando la tome del brazo, y la puse sobre la mesa, con su trasero levantado y sus genitales expuestos hacia mí.

–¿A dónde vas? Vas a hacerlo aquí… –

–¿Eh? Pero… eso… es… –

Comenzó a quejarse, yo me hinqué ahora y llevé mi lengua a su vagina, así como estaba, sus piernas temblaron cuando ella sintió como la lamía con fuerza. Succionando el néctar que estaba a todo alrededor y dentro de ella.

Tuvo un segundo espasmo.

–No… por favor… eso es… está sucio… –

Se quejó.

–¿Dices que mi lengua es sucia? –

Pregunté.

–No su lengua… señor… mi parte especial… –

–Tu ¿Qué? –

Pregunté. Ella lo había dicho bien antes.

–Mi… vagina… es sucia… por favor… –

–No es sucia… es deliciosa, no hay nada más delicioso que la vagina de una niña de escuela elemental. –

Lo digo por la fantasía. Lo juro. Esperaba que no tuviera que explicárselo a Sanae después. Pero eso podía esperar. La respiración de Sanae se aceleró.

–No… no diga e… esas cosas… me voy a orinar… señor… por favor… –

Su néctar de amor comenzó a salir en pequeños espasmos que Sanae tenía a medida que comenzaba su orgasmo. Pude ver muy de cerca como su vagina se contraía y se expandía, expulsando gotas en todas direcciones. Sanae gimió un poco más mientras sucedía. Luego quedó en silencio. Me puse de pie, detrás de ella, la sostuve de sus piernas y las subí por entero a la mesa.

–¿Se sintió bien? –

Pregunté. Ella asintió con la cabeza.

–Me oriné… enfrente de un señor grande… soy una niña mala… –

–No es verdad, eres una niña muy buena, Sanae–chan… me alegra tanto qué estés aquí… –

–Yo… yo… no sé qué me pasó… se lo juro… fue un accidente… –

–Muy bien, haremos esto… tú me dejarás hacerte algo especial, y yo olvidaré que eso pasó ¿está bien? –

Pregunté. Ella volteó a verme, sonriendo.

–¿Algo especial? –

–Es algo que los adultos hacen ¿estas lista? –

Ella asintió con la cabeza. Yo puse mi pene en su entrada.

–¿Qué?… ¿Qué está tocándome? –

Preguntó ella, sorprendida, o mas bien haciéndose la sorprendida, yo comencé a meterlo con calma.

–Es lo mismo que has chupado antes, es mi pene. Los adultos hacen esto para conectar sus partes privadas. Estamos conectados ahora. –

Respondí. Ella ahogó un grito conforme fue entrando.

–¿Y bien? –

Pregunté, ella tuvo un espasmo nervioso.

–Siento… algo raro… de alguna forma… soy feliz… –

Respondió ella.

–Yo también estoy feliz… tu cuerpo es muy lindo y muy suave, Sanae–chan. Eres una niña buena…  –

–Se siente bonito… se siente bonito… mi cabeza está dando vueltas…  yo… yo… no sé qué está pasando… –

Se quejó ella.

–Es un ejercicio especial… es para que lo hagas con alguien especial también… ¿tienes a alguien así? Algún chico… –

Pregunté. Ella asintió.

–Un niño… de mi salón… –

Explicó. Era sorprendente que aun tuviera uso de conciencia para recordar eso. Eso fue lo que pensé.

–¿Cómo se llama? –

–Otagane…. –

Respondí.

Maldición, yo quería enterarme de si le gustaba alguien en primaria, pero creo que sobre–estimé su prescencia de mente. Ya bastante era con que ella pudiera mantener la fantasía.

–¿Qué hay con él? –

Pregunté.

–Es el chico más genial del mundo… a mí me gusta… yo… quiero qué me hable…  –

–¿No te habla? ¿Por qué? –

Pregunté. Todavía podía mantener una conversación con ella, aunque no fueran peleas, pero no podíamos hablar de otros temas.

Interesante.

-Siempre está… con otras niñas… todas le hablan… y le toman la mano… –

-¿Y eso quieres?… ¿eh?… ¿Tomarle la mano? –

Pregunté.

-Si… eso… y que me vea y me diga cosas lindas… y… que me abrace… pero él no me mira… debe ser porque soy fea… –

Ella comenzó a gemir levemente mientras mi pene comenzaba a hacer ruidos obscenos al entrar y salir de su vagina.

-Solo tienes que ir y hablarle. –

Respondí, poniendo mi mano en uno de sus pechos. Ella movió su brazo para permitirme tomar su seno.

–No tengo el valor… de hablarle… me da mucho miedo… ¿Qué si no le agrado? –

Sanae trataba de responder a toda costa. Supongo que eran cosas que ella quería decirme, ahora mezcladas con algunos traumas de su niñez.

El corazón de una dama es complicado.

–Claro que le vas a gustar… eres una niña muy linda. Seguro que quiere hacer montones de cosas especiales contigo también… solo tienes que ser buena y… dejarlo… –

Respondí. No había dejado de empujar, por supuesto, pero no podía ser demasiado intenso si se suponía que estaba con una niña de diez años. Eso rompería la inmersión y el juego se terminaría.

–Pero no me habla… ¿Cómo hago… para que… me hable? Yo haría… cualquier cosa… –

Preguntó Sanae. Yo sonreí.

–Puedes ir y darle un beso… eso funcionaría. –

Aseguré.

GRAVE ERROR.

–¿De verdad? –

Preguntó Sanae.

–Claro que si… –

Respondí, pronto comenzaron las contracciones en las paredes de Sanae, y como siempre que eso pasaba, yo sabía que estaba a punto de venirse. Ella terminó de perder su autocontrol para ese momento.

–Algo está pasando…  –

Y luego su fantasía se quebró.

La habíamos llegado tan lejos… bueno. No puedo decir que no fuera bueno. Me gustaría volver a intentarlo y llegar hasta el final. Quizá podía hacer que me llamara Sensei, como he dicho antes.

–Me vengo… Toshikane… bésame… por favor… –

La besé y ella comenzó a venirse, y ya que había ganado algo de experiencia sincronizándome con Sanae. Cuyo anuncio siempre sabía algo de tiempo para esto, me vine también. Dentro de ella.

Acabamos los dos juntos, y yo me recargué un poco sobre su cuerpo para recuperar el aliento.

–¿Por qué dijiste esas cosas? –

Preguntó Sanae, recuperando el aliento.

–¿Cuáles? –

Pregunté.

–Todo… –

Respondió ella, y se sentó en la mesa, suspiró.

–Estás loco… –

Dijo. Luego comenzaron las quejas de nuevo.

–Y me arrastraste a la locura contigo… eso fue cruel de tu parte… –

Se quejó. ¿Estaba avergonzada? Lo más probable, ya había tenido una conversación parecida con Akane.

–Es una fantasía, pensé que te agradaría… –

Respondí. Sanae quería llorar, pero se contuvo.

–Claro que me agradó… me volvió loca… –

–Entonces está bien. –

Respondí, poniéndome de pie. Había que recordar que estábamos en la panadería. Tome sus pantis y se las di.

–¿De verdad está bien? –

Preguntó Sanae, pienso yo que asombrada de que yo simplemente lo aceptara como lo más normal del mundo.

–Claro qué sí. ¿Se sintió bien?–

–Más que bien… creo que siempre quise algo así… pero ahora tengo miedo. –

Explicó, y tomando sus pantis, se puso de pie ahora y comenzó a vestirse. Yo me quedé callado, más que nada porque era magnifico verla vistiéndose.

–No sabía que serías tan bueno… iniciando a una niña de cuarto grado. –

Se quejó Sanae. Yo suspiré.

–Una niña de cuarto grado de verdad no reaccionaría así, Sanae. Estaría aterrada. Ni siquiera creo que se sentiría bien con tanto miedo. –

–No es verdad… bueno… yo… me tocaba ya, en cuarto grado. –

Explicó Sanae. Quizá escogió esa edad porque sintió que era la edad en la que ella descubrió lo que era el placer. Otra cosa era que, como todos, ella comenzó experimentándolo sola.

Se lo dije.

–Sí, y se sentía bien, me imagino, pero otra cosa hubiera sido si un adulto te hubiera hecho esas cosas. –

Expliqué. Sanae suspiró.

–¿No te da asco saberlo? Que siempre… he sido así… sucia. –

–Por supuesto que no, muchas personas empiezan en esas cosas antes de saber qué es. Son sensaciones, es normal. –

Expliqué.

–Normal… para ti y para mí eso tiene significados diferentes. –

Se quejó ella.

–No lo volveré a hacer, si es lo que quieres… pero… pienso que uno debe dejar salir esos impulsos de cuando en cuando. Todos tenemos… deseos extraños. Todos. Es que somos personas. Es normal que te exciten algunas actitudes más que otras… –

Expliqué.

–Como tu cuando piensas en que lo haces con la hija de tu jefe… –

Se quejó ella.

Lo estaba haciendo sonar como si la única razón por la que estaba con ella, es que era la hija de mi jefe y que ella perdería todo el atractivo si no lo fuera.

–Seguiría haciéndolo incluso aunque no fueras la hija de mi jefe, Sanae. –

Respondí. Segundo error.

GRAVE ERROR.

Sanae suspiró, y me miró. Creo que quería decir algo, pero se contuvo y se dio la vuelta.

–Iré por una blusa. Ya ni siquiera recuerdo la última vez que me sentí así de feliz y así de aterrada al mismo tiempo. –

Dijo y se dio la vuelta. Salió del cuarto y escuché que subía las escaleras.

Cuando yo salí, Minase me miraba sonriendo.

–¿Qué tal ha ido? –

Pregunté.

–Creo que se enfadó al final… –

Respondí.

–No se enfadó… creo que está un poco asustada de ser demasiado feliz. A mí me daría miedo. –

–Si es feliz yo me doy por bien pagado, solo me gustaría que ella aceptara esa felicidad. Igual te agradezco que te hayas quedado aquí. –

Expliqué. No quería que Sanae tuviera más emociones ahora mismo. Estaba claro que apenas podía manejar las que tenía.

–No tienes nada que agradecerme, aprendí algo sobre esto de las relaciones y las cosas pervertidas. –

Explicó Minase. Otra mirona no, por favor.

–¿Estas espiando? –

–Bueno no… pero podía escuchar. –

Explicó Minase. Luego suspiró.

–“Eres una niña mala” es algo que mi padre le decía a Onee–chan cuando algo alcanzaba su máxima desaprobación. Es como lo peor que él le ha dicho a ella. Dejó de decir eso cuando ella entró al instituto pero… creo que ella todavía haría cualquier cosa por no escuchar esas palabras. También me lo decían a mí pero… era mucho más seguido porque era muy traviesa. Yo era la clase de niña que escalaba arboles… Onee–chan se esforzaba mucho solo porque mi padre acariciara su cabeza y dijera “buena niña” y… creo que esas cosas quedan marcadas en tu corazón. –

–Vaya, no lo sabía… –

Comenté.

–No pienses mal. Me alegra mucho que sea algo que usas para hacerla feliz, porque… si fueras alguien malo, creo que podrías hacerle mucho daño con esas cosas. –

Explicó Minase. Luego suspiró.

–Me estaba preguntando, si tal vez, había algo que pudieran decir, que me hiciera sentir lo mismo que ella siente cuando le dices “buena niña” y hacerme enloquecer como ella… pero, supongo que tendré que descubrirlo con el tiempo. –

–Con el tiempo. –

Respondí. No estaba seguro, pero tenía la impresión de que ella había pasado de estar celosa de su hermana a estar celosa de mí.

–¿Por qué la quieres? –

Preguntó Minase de pronto.

–¿Por qué? –

Pregunté, era algo que ella no preguntaba, que nadie preguntaba muy a menudo.

–Bueno… ahora que sé estas cosas, estaba pensando, que tal vez algo de lo que ella hace te hace enloquecer por ella del mismo modo que ella enloquece por ti. Yo la quiero porque es mi hermana. Mi padre y mi madre, la adoran, pero es que es su hija. ¿Y Tú? –

Pude observar por uno de los espejos que reflejan el pan en las canastas de arriba (para que los clientes vean bien) que Sanae llegó en ese momento.

Minase, me hizo también una seña, pero la ignoré. Decidí que era bueno que ella lo supiera, incluso si esto le daba vergüenza.

–Sanae… es muy perfeccionista, incluso con estas cosas. Es como si… quisieras regalar algo, algo importante, y cuando vas a dar ese regalo, te das cuenta de que… no está perfectamente limpio. Y lo limpias, y lo limpias… una y otra, vez, pero nunca está lo suficientemente brillante, y entonces Sanae comienza a desesperarse y a enojarse, porque ella piensa que no es lo suficientemente bello. Esa es la razón real detrás de todos sus corajes, detrás de cada mala palabra, siempre está la idea de que… eso que ella intenta dar, o decir, o sentir, no es lo suficientemente bueno, no como ella quisiera que fuera… no como ella piensa que tú te mereces. Y no importa como lo veas, ver a una mujer dedicarle tanta obstinación y tanto trabajo a cada pequeña cosa que dice o hace, pone algo cálido en mi pecho, porque… no importa lo que le digas, no la haces entender, que… –

Me di la vuelta, yo sabía que Sanae estaba escuchando todo esto. La miré a los ojos, ella comenzó a llorar, sin dejar de mirarme.

–Que es perfecto así como es. –

Sanae me miró absorta por un largo rato. Derramando lagrimas sin poder apartar su mirada, ni quitar esa expresión de sorpresa, aunque era muy obvio que estaba conmovida.

–Te descubrieron, Onee–chan. –

Dijo Minase.

Sanae no dijo nada, se llevó las manos a la cara y comenzó a llorar a lagrima viva. Cuando di un paso al frente, ella salió corriendo, subiendo las escaleras de nuevo hasta la oficia de su padre.

–Ah… eso fue tan hermoso… –

Comentó Minase.

–No lo dije porque quería ser poeta. Es la verdad. –

Respondí, Minase se paró al lado de mí, mirando las escaleras.

–Espero que sepas lo que haces… ahora mismo está llorando por la vergüenza, pero… esas palabras, te juro que se clavaron en lo más profundo de su corazón. No las olvidará nunca.  –

Me dijo.

–Tomaré responsabilidad, pasee lo que pase. –

Le respondí a Minase.

Y ese fue el tercero.

GRAVE ERROR.

Me puse a limpiar el cuarto del horno después. No quería que mi jefe llegara y encontrara el desastre que hice con su hija. Ni que hacerle, tenía que dejar todo limpio.

Y qué bueno que lo hice, porque estaba por terminar, cuando llegó mi jefe. Sanae todavía no bajaba, sentí que era bueno que no bajara, aunque, Minase estaba ahora en problemas.

–Ya volví… Minase. ¿Dónde está Sanae? –

Preguntó el señor. Todavía no se había dado cuenta de que yo estaba aquí. Incluso pensaba en irme sin que se diera cuenta. La madre de Minase estaba allí también. Parecía muy contenta, supongo que le habían comprado algo bonito.

Creo que era el collar porque ella lo estaba mirando una y otra vez.

–Subió… ya casi no hay clientes. –

Respondió ella.

–Pero… tiene que estar abajo. ¿Cómo vas a encargarte de cerrar tu sola? –

Preguntó el señor, molestándose un poco.

–Toshikane–kun puede ayudarme si yo no puedo. –

Respondió Minase, encogiendo de hombros. Creo que quería que regañaran a su hermana. Quizá sintió que era la paga justa por haber orquestado todo este asunto. ¿A Minase le gustaba que su padre regañara a su Onee–chan? Supongo que sí, siempre y cuando fuera de poca monta.

–¿To… Toshikane–kun? ¿Por qué esta aquí? No me digas que… –

El señor parecía no poder asimilar eso.

–Le dijimos que viniera…estábamos dos chicas solas… eso no está bien, Otou–san. –

Explicó Minase. Con especial cuidado en parecer que ella era la parte razonable aquí. Su padre no podía negar eso sin parecer irracional, a eso me refiero.

–Si pero… le causaron problemas. Él no trabajaba hoy. –

Y entró al cuarto del horno. Me miró con gracia.

–¿Por qué estás aquí? Tenías que haber dicho que no… no puedes acceder a cada cosa que estas niñas te piden solo porque sí.. –

Se quejó el señor.

Hablaba por experiencia, supongo, aunque bueno, es que no fue porque sí, pero eso no se lo podía decir. Encogí de hombros.

–Está bien, no tenía nada qué hacer, de todos modos. –

–Si pero… –

El señor estaba pensando en que tendría que pagarme por el día de todos modos. Eso no era bueno para él.

Salió luego de cuarto del horno y fue hasta donde Minase.

–Dile a Sanae que baje. Esto no está nada bien y… –

–Vamos, cariño, no te enfades… –

Respondió su esposa. El señor suspiró.

–Tienes razón, me estoy exaltando por algo que ya no tiene remedio. –

Minase subió las escaleras en ese momento y volvió a bajar.

–Dice que tenemos que esperar… –

Respondió.

–Nada de esperar… vamos a ir a cenar ahora. –

Se quejó la señora. Y subió las escaleras también. Minase comenzó a preparar para cerrar, yo le ayudaba.

–¿Estaba llorando? –

Pregunté en voz baja.

–Ya casi se controla… –

Respondió Minase con un susurró.

La madre de ellas bajó después de eso. Suspirando.

–Dice que algo pasó, que estará bien en unos momentos. Me pidió que esperara solo un momento, Minase, haz el favor de decir el mensaje completo. –

Se quejó la señora. Cuando terminamos de preparar el pan, para guardarlo, quiero decir, la señora estaba cerca de la caja con el señor que hacía las cuentas. Yo estaba quitándome el mandil ahora.

Fue en ese momento que escuchamos a Sanae caminar bajando las escaleras. Ella estaba temblando y tenía los ojos hinchados. Sus padres se quedaron perplejos cuando la vieron en ese estado.

–¿Sanae? ¿Qué paso? –

Preguntó su madre, algo… asustada. Minase se llevó la palma a la frente, ella no se había cuidado para nada. Una excusa… a ver… soy bueno con estas cosas. Iba a decir algo cuando su padre preguntó:

–¿Quién te hizo qué? –

Preguntó el señor y ya estaba enfadado. Sanae lo miró, y le dijo:

–Fuiste tú. –

Dijo. Su padre quedó aturdido.

Minase quiso decir algo, pero no pudo comprender, nadie pudo. Luego todo pasó muy rápido.

Sanae fue directamente hacia donde yo estaba, con temblor en las manos y los ojos llenos de lágrimas dijo algo que jamás pensé que escucharía en aquella situación.

–Te amo. –

Y sin dar tiempo a nada, y mientras todos estábamos aturdidos por lo que acabábamos de escuchar, ella explicó todo sin necesidad de decir nada.

Explicó porque estaba yo aquí, porque ella estaba llorando y porque había culpado a su padre en un solo instante. Me echó los brazos alrededor del cuello y me dio un beso en los labios.

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