Kore Kawaii V1 Prologo

Modo Noche

“Juventud, bendita seas.

La edad del amor tonto

Y la avaricia desinteresada

Edad de sueños y esperanza

El tiempo de descubrir

a qué sabe la vida A qué la belleza, a qué la desgracia

Juventud, bendita seas

Pues te has ido y se extraña

Ese sabor agridulce,

De los viejos que reímos

 recordando lo que era”

Mitaka Kotsuka

“El amor es la eterna historia del juguete que los hombres creen recibir y del tesoro que las mujeres creen que dan.”

-Balzac.

Prólogo: En el país de las fresas.

Volvía del trabajo un martes por la mañana, cuando me percaté que cerca de la estación del tren habían abierto una tienda de discos nueva.

No iba a detenerme, la realidad es que esas cosas no me llaman la atención y de no haber sido porque había un gran alboroto por la reciente apertura, me habría pasado desapercibido.

Como pensé que no tenía nada que perder, me acerqué a la multitud, con algo de timidez, a decir verdad. No era normal que un sujeto asalariado se acercara a estas cosas sólo así. Eso era lo que pensaba.

Los grupos que había en el aparador ni siquiera eran conocidos. Algunos de ellos incluso me disgustaban. Quizá dentro tendrían algo más… para mí. Pensé en mirar algo rápido antes de ir a casa a cenar.

Fue entonces que mi vista reparó en uno de esos cristales que tenían para mostrar los discos. Un disco que parecía olvidado me llamó la atención, porque creí que luego de graduarme de la preparatoria, no volvería a ver a estos artistas.

La vendedora se acercó a mí.

–¿Quiere que lo ponga en el reproductor, señor? –

Preguntó, voltee a verla, cabello corto, traje muy lindo aunque formal, y sonrisa impecable. Sonreí también. Tuve la impresión de que le había visto en alguna parte, pero como además estaba impresionado por lo que había encontrado, no lo tomé en cuenta.

Negué con la cabeza, sonriendo.

–No… me lo llevo. –

No estoy familiarizado con aquellas compañías que permiten a uno escuchar música por internet. No existían cuando crecí.

Llámenme anticuado si quieren. Ni siquiera uso teléfono.

Tengo un viejo IPod enorme que tiene 20 años conmigo, y no planeo dejarlo atrás ahora. Cuido mucho mis cosas.

La señorita volvió después de unos momentos, con el disco en una bolsa de papel y una nota, así que me dirigí a la caja. Miré la bolsa de papel mientras esperaba para pagar.

Nunca fueron muy famosos, no creo que los conozcan fuera del país, y no más que unas cuantas personas. Pero bueno, eran importantes para mí.

“X–Meer” se llaman. O se llamaban antes de separarse.

Fui al Starbucks después de eso, pedí un café malísimo y conecté mi laptop para pedirle a ITunes que enviara mi nuevo disco a iPod para que éste pudiera tocarlo para mí.

Escuchar de nuevo aquella cancioncilla de “En el país de las fresas…” hizo que pensara que valía la pena pedir otro café, aunque no me gusta el Starbucks.

Eso me hizo regresar momentáneamente a la época del instituto, a la época en que los exámenes finales eran la mayor preocupación y salir con los amigos era lo mejor que nos podía pasar.

Tanto tiempo me quedé allí, que olvide que tenía que irme a casa pronto. Y como además aproveché para organizar algunas notas referentes al trabajo, oscureció sin que me diera cuenta.

“En el país de las fresas…” era su canción favorita. No la había escuchado desde hacía mucho tiempo.


Este proyecto ha sido posible gracias a la invaluable ayuda de mis patreon:

Guto Yobu.

~~Caliiche

Agradecimiento especial:

A mi hermana, Hayato.

Por su valentía que me inspiró a lograr todo lo que tengo. Por su sinceridad y su paciencia. Por la admiración que me tenía y que yo nunca merecí. Por ser la creadora de estas alas con las que ahora puedo volar, y por todas las cosas que quisiera agradecer ahora que ya no está.

 

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