Haru no Yurei V3 C19

Modo Noche

haru

Capítulo 19: Palabras con Azúcar.

No guardo muy buenos recuerdos del colegio. A pesar de que sirvieron para mucho, tiempo después, mientras estuve allí… Solo hay una palabra para describirlo: Miserable.

Para empezar, no tenía casa. Estaba en el orfanato y estuve allí hasta que casi me gradué. Más precisamente, deje el orfanato el mismo día que presenté mi examen de admisión al instituto. Eso destruyó mi confianza casi por completo.

Había una chica entonces. Su nombre era Amatsune Yagami. Una chica antes de que Akane apareciera en mi vida. Es cierto que me enseñó todo lo que sé sobre el sexo. Lo hicimos muchas veces, lo admito. Pero también me hizo creer que incluir el corazón en ello era desastroso, y por ello es que todo terminó como terminó.

Ahora ya no me molesta, en serio. Pero en aquellos días, ella incluso me llamaba “chico solitario” y yo la seguía a donde fuera porque ella era la que valía. No yo.

Mi autoestima estaba por los suelos y era nuevo en estas cosas de las chicas, es de imaginar la clase de persona que era. Es parte de un pasado oscuro que no me agrada recordar. Lo traigo ahora porque al igual que entonces, la escena pintaba a una chica creída, amarga y fácil, y a un chico que no entiende por qué no puede dejar de seguirla, si le molesta tanto de todos modos.

Era como una semblanza de aquellos días en el colegio, solo que Sushake y Kamine no estaban aquí. Tampoco Sanae o Kurimo, solo un chico torpe, confundido, miedoso, y enojado.

La chica continuó con su pataleta.

–Nunca entiendes nada de lo que quiero. ¡Me voy a casa! –

Misato se volvió a ella porque no comprendió porque ella de pronto quería irse. Yo si lo entendí, estaba distrayendo la atención para que Misato no se diera cuenta de que era una zorra que estaba coqueteando con otro justo en sus narices.

Me acerqué a él.

Ya sé. Ya sé que este sujeto le hizo un gran daño a Kurimo. Ya sé que es un idiota, ya sé que me odia y yo a él. Pero… es que no puedo sufrir esas cosas.

–Déjala que se vaya… –

Le dije, poniéndole una mano en el hombro, ella había empezado a caminar. Por supuesto que se detuvo algunos pasos adelante.

–Oye… no me toques… ¿De qué hablas? Idiota… –

Se quejó él. Si bueno, yo habría reaccionado de la misma manera. No es que me molestara demasiado, es que de hecho él ya estaba enojado, no conmigo, pero él no lo sabe.

Bueno, solo hay una forma de llamar la atención de un joven violento e impulsivo como este. (Si, se nota que son hermanos.)

–Lo hice con tu hermana antes de venir… –

Le dije, en voz baja. Eso bastó para que se enfureciera, y por el momento, dejó de prestarle atención a ella.

Lo que si pasó, es que recibí un golpe en la mandíbula. Kurimo me lo dijo, nunca le ha pegado a nadie. Lo digo porque fue un golpe muy a lo tonto. Dolió, de todos modos. Lo extraño es, que ya no sentía ganas de devolver el golpe.

Entonces la chica se acercó a ver el espectáculo, olvidándose por un momento de su coraje.

–Te habría golpeado hace un par de horas por esto… –

Le dije, volviendo a ponerme de pie. En ese momento, Kurimo salió de la casa. La oscuridad me cubrió de momento.

–¿Por qué estas afuera? ¿Y que hace Misato contigo? No estas peleando ¿Cierto? –.

Preguntó Kurimo. Yo negué con la cabeza. Él se quedó en silencio.

–Vamos adentro. Creo que mi madre tuvo uno de esos antojos extraños que nos dan cuando vamos a tener un bebé. Y bueno… su novio dejó todo y vino… –

Había un par de cosas allí que me llamaron la atención, más que solo eso. Ella dijo ¿Nos?

–¿Qué piensas de ello? –

Preguntó Kurimo, nos acercamos a la puerta de la casa. Misato permaneció en el jardín, y su novia fuera de la valla. Fue cuestión de unos momentos.

–¿Qué pienso? –

Pregunté, tratando de que no se me notara que me dolía la cara.

–Si… ¿Qué piensas de ello? –

Insistió ella, creo que con algo de miedo de que yo intentara evadir la pregunta. Respondí lo mejor que pude.

–Pues… son importantes ¿O no lo son? Es decir… –

No tenía una idea clara de esas cosas. Maldición Kurimo ¿Por qué esas preguntas ahora?

–Si yo tuviera uno de esos… tú… ¿Dejarías todo por venir? –

Preguntó ella. Ah, eso era más razonable y más fácil de responder. Ella tenía la cabeza agachada.

–Claro que si… es decir, si fueras a tener un bebé, esas cosas son importantes. No puedes abandonar a una mujer en ese momento. ¿No es cierto? –

Ella sonrió y me miró, y luego de eso su expresión cambió por completo porque ahora había luz.

– ¿Qué te ocurrió en el rostro? –

Preguntó Kurimo, poniendo su mano sobre mi cara.

–Nada…  –

Si le decía que su hermano me había golpeado, posiblemente él revelaría lo que le dije, y la idea era hacerlo enojar a él, no a Kurimo. Por unos momentos al menos, Nowaki había quedado fuera de la ecuación. Sólo estaba allí con sus brazos cruzados.

–Le di un buen golpe… –

Ah… me llevé una mano a la frente… Tienes que fanfarronear tonto. La vida no es como en las películas…

Kurimo lo miró con ojos asesinos. Incluso Misato retrocedió. En vano porque de todos modos ella fue hasta él, y le dio una bofetada. Él se quedó estático. Nowaki tuvo trabajos para contener la risa. Kurimo la miró a ella.

–¿Te parece gracioso? –

Preguntó Kurimo, antes de que aquella chica pudiera decir más sandeces, Misato levantó la mano. Kurimo lo miró.

–Adelante… pégame… –

Dijo. Misato dudó.

–Pégale a la mujer que te cuidó cuando enfermaste. Pégale a quien ataba tus cordones. Hazlo… –

Misato bajó la mano. En lugar de eso se quejó.

–Pero tu si me pegaste… –

Dijo, quejándose.

–Te pegué porque actúas como un idiota. Solo mira a esa perra de allá. Se está riendo como si tuviera algo de gracioso. Pero yo no tengo que meterme, porque lo único que basta es que te diga un par de cosas y te pondrá en mi contra. Estoy harta de esto. –

Puse una mano en el hombro de Kurimo. Ella suspiró.

–Si quieres seguir sirviéndola es tu problema. Solo no vuelvas a meterte con lo que es mío. –

Dijo Kurimo, y tomándome del brazo, entró a la casa.

Los escuché discutir afuera.

Miré a Kurimo por un momento, ella se volvió hacia mí.

–Fue mi culpa. –

Le dije. Creo que aquel chico tenía una vida… bastante miserable a decir verdad. No es que estuviera en un orfanato pero…

–Lo provocaste… –

Respondió Kurimo, bajando la cabeza.

–Sí. –

Respondí.

–Ese no es el problema. Ella es el problema. No pensé que estaría aquí hoy. –

Explicó Kurimo. Apretó los puños.

–Lo único que hace es ponerlo en mi contra, le dice cosas malas y… –

Parece ser que el solo recordar la hacía enfadar. Tomé su mano con cariño.

–¿Puede ser que por eso estas enfadada con Sanae? –

Pregunté, ella bajó la cabeza, pero no lo negó.

–¿Por qué les gusta que los maltraten? Eso no tiene sentido. –

Respondió Kurimo, soltándose y dándose la vuelta. Yo me puse delante de ella de nuevo y suspiré. Tenía que decirle esto.

–Sanae me ama… –

Iba a decir que esta chica no amaba a su hermano, pero ella negó con la cabeza.

–Eso es lo mismo que dirá él si se lo pregunto. Ya no quiero oír esas cosas. No maltratas a alguien que amas… –

Explicó.

Yo la miré acusadoramente, tomé su mano. Al menos podía demostrarle que estaba de su lado.

–Kurimo… yo te maltrato a ti… cada vez que lloras es mi culpa. –

Respondí, ella bajó la cabeza y junto sus manos.

–Pero tu maltrato es lindo… –

Respondió ella. Yo suspiré. No era cierto, si cualquiera me lo pregunta, pero no iba a sacarle esa idea de la cabeza, sin importar lo que hiciera, por otro lado, eso no era lo importante aquí.

–Préstame a tu hermano. –

Le pedí. Kurimo me miró sorprendida. Yo expliqué inmediatamente.

–No soy gay. –

Le dije, ella soltó una risita. Luego asintió.

–Por mi está bien… Pero no creo que quiera, te odia mucho… –

Respondió Kurimo. Yo decidí cambiar el tema.

–Yo tengo la impresión de que algo puede hacerse. –

Respondí, Kurimo me miraba como si estuviera extrañada de mí. En ese momento, Nowaki-san pasó por puerta de entrada del jardín. Hizo mucho ruido. Misato entró a la casa después de eso. Al chico debe habérsele escapado, porque lo dijo:

–Otra vez… No. –

Mencionó, a la puerta en realidad, no se percató de que estábamos escuchándolo. Yo suspiré.

–No iba a pasar en realidad. –

Le dije, él me miró furioso. Es como si hubiera lanzado sal sobre sus heridas.

–¿Qué sabes tú? –

Preguntó.

–Mucho… vamos, ni siquiera estaba en sus intenciones. Estaba coqueteando conmigo. –

Me quejé. Kurimo me miró feo.

–Le dije que no… –

Apunté inmediatamente, y entonces Kurimo hizo como si no le importara.

–A los hombres les gustan estúpidas y frías. No sé porque. –

Dijo. En ese momento, su madre entró llorando por la puerta. Detrás de ella el señor Fumishi, quien se quedó mirando como su novia subía las escaleras, llorando y sin siquiera mirarlo. Creo que se enojó con él.

–Si bueno… todos cometemos errores. Incluso él… –

Le dije a Kurimo. Me refería pues, a que antes de conocer a la señora Hatami, este sujeto se casó con una zorra. Ambos hermanos lo miraron con cara de pocos amigos. Es decir, tenían razón, su madre entró llorando.

–Mi madre no es un error. –

Se quejó Kurimo. Misato parecía a punto de golpearme.

–¿Y antes de eso? –

Pregunté. Kurimo se detuvo, luego asintió con un “Ahhh”

–Quizá deberías ver a tu madre. En caso de que quiera decir algo… yo me quedaré aquí. ¿Está bien? –

Pregunté. Kurimo asintió. Misato me miró.

–Puedes venir con nosotros. –

Le dije. Él se encogió de hombros y me siguió. Fui a saludar al señor Fumishi, que se había quedado en la entrada. Misato lo miraba de mala manera. Este no era momento para eso, idiota.

Queremos que se lleven bien.

Al menos eso pienso. Kurimo dice que su madre ama mucho a este hombre.

Él bajó la cabeza y la batió con pena.

–Buenas noches… es un extraño encuentro ¿No es cierto? –

Pregunté. Misato me miró, todavía enojado.

–¿Lo conoces? –

Preguntó él.

–Sí, lo conozco. Bastante, diría yo. –

Respondí. El señor Fumishi me miró de mala manera, pero luego batió la cabeza.

–Qué situación tan deplorable. –

Comentó él, hablando de que, bueno, la señora estaba enojada con él.

–¿Por qué lloraba mi madre? –

Preguntó Misato, todavía enojado, yo lo miré y le puse una mano en el hombro. Sé lo suficiente de estas cosas para saber que pudo haber sido una tontería.

–Tu eres… Hatami Misato ¿No es cierto? Un placer. –

Se presentó el señor, e iba a comenzar a explicar cuando él le interrumpió.

–Lo soy, es un placer… le encargo a mi madre. –

Al menos era educado, pero las palabras “le encargo a mi madre” pusieron una nube negra en la cabeza del señor. Se volvió hacia mí.

–¿Cómo estás? –

Preguntó. Creo que se refería a que, bueno, Akane le pidió dinero por la mañana.

–Bien ahora. He estado mejor, pero estos últimos reveses con lo del empleo me tienen con la cabeza ocupada, como usted sin duda sabe, y lo voy a estar hasta que me paguen en mi nuevo empleo. Gracias por lo de esta mañana. –

Expliqué, él asintió con la cabeza.

–Todos pasamos por momentos difíciles a veces. Akane no me mencionó nada sobre tu nuevo empleo, de todos modos. Pero no importa, las mujeres tienen su manera de hacer las cosas. –

Dijo, mirando a las escaleras. Empiezo a pensar que este hombre realmente está enamorado de la señora Hatami, lo cual es muy bueno, pero siendo sinceros, bueno, es que ella no parecía fácil de tratar.

–¿Quiere decir que fue lo que paso? Es decir, ya que imagino que no va a irse ahora. –

Comenté. Misato lo miró también. El señor Fumishi suspiró.

–Pues… estaba diciéndole que debería permanecer en reposo. De alguna forma ella lo interpretó como que estaba echándola de mi auto. No es nada de qué preocuparse, me han pasado varias cosas así antes. Pero bueno, es que ya estábamos cerca de aquí y ella me ordenó que parara el auto y la dejara salir. Ni siquiera me escuchó. –

Explicó. Con eso Misato exhaló. Al parecer conocía a su madre lo suficiente para saber que estaba diciendo la verdad. Verdad que Kurimo bajó después a confirmar.

–Creo que lo que ocurre es que mi madre ha peleado con él. –

Dijo, ella, haciendo una reverencia al señor. No estaba enojada con él tampoco.

–O más bien, ella cree que peleó. El hecho de que usted siga aquí  me dice que mi madre miente, pero no creo que ella lo sepa. Mi madre es así a veces. –

Explicó, dirigiéndose al señor.

–¿Así? –

Pregunté. Kurimo asintió.

–Puede parecer muy dura a veces, pero en cosas sentimentales es muy débil. Malinterpreta las cosas con facilidad, y cuando empieza a llorar y a gritar no escucha realmente a nadie. También es muy impulsiva y… ¿Qué? –

Preguntó, al darse cuenta de que no había dejado de mirarla.

–No, no es nada… –

Respondí. No había forma de decir que estaba describiéndose a sí misma ahora ¿Cierto?

–¿Entonces dices que este hombre es de fiar? –

Preguntó Misato a su hermana. No lo decía en mala manera, es que él apenas lo conocía. Yo asentí. Pero Kurimo miró a su hermano de mala manera.

–Más que tú, al menos. –

Eso hizo que Misato bajara la cabeza. El señor también lo miró con gravedad.

–Me he enterado de lo que pasó. Si algo puedo decirle al respecto, jovencito, es que, toda esa idea de que no está en sus manos es una completa mentira. Siempre puede hacerse algo. Hágase responsable de sus propios errores. Culpar a otros no va a solucionar nada. –

Le dijo. Misato tuvo que bajar la cabeza.

En ese momento, la señora bajó las escaleras muy lentamente. No nos notó para nada. Bajaba sosteniendo su vientre con una mano, con los ojos hinchados y espasmos por el llanto. Lo miró entre molesta y arrepentida. Era tierno de ver a decir verdad, quiero decir, no era para nada como la señora se portó conmigo.

– Miyafuji–chan. –

Dijo el hombre. Kurimo y yo nos miramos. Ni siquiera yo llamaba a Kurimo de una forma tan… dulce. Ella se limpió las lágrimas con un pañuelo.

–No quise decir esas cosas… –

Explicó el hombre. Al menos la señora no ignoró sus disculpas.

–Me echaste… –

Se quejó ella, puso ambas manos en su vientre. Allí había un mensaje muy claro. “echaste a la madre de tu bebé” es lo que ella estaba diciendo.

Chantaje puro y duro, si cualquiera me lo pregunta, pero en estos momentos no puedes ser quisquilloso con eso.

–Necesitas reposar, es todo. –

–No quiero estar en cama… en el auto… –

Gimoteó la señora. Eso hizo que el señor se volviera a nosotros.

–Otagane–san, Hatami–kun, si nos disculpan. –

Dijo, y tomó el brazo de su novia. Yo suspiré. La señora se dejó llevar afuera de la casa. Ni siquiera nos miró. Kurimo suspiró.

–Madre. Vas a querer morir de vergüenza mañana. –

Dijo ella, sonriendo para sí misma. Bueno, supongo que la visita de Kurimo a su madre tendría que esperar. No creo que hayan hablado de mucho en este estado, pero es que, así son estas cosas. Kurimo no parecía molestarse por ello, de todos modos.

Por encima de todo, me agradaba que el señor fuera así. Porque eso le estaba dando a Kurimo la idea de que es así como se trata a una mujer cuando está encinta. Tal vez su padre era mejor que esto, pero él ya no estaba aquí. Un hombre amable y responsable como el señor Fumishi era lo mejor que ella podía pedir.

–Le dijiste… –

Dijo Misato una vez que se fueron. Tenía la cabeza baja.

–La única razón por la que no hay una orden de restricción es porque no quiero que esto se haga un escándalo. –

Dijo Kurimo. Ah… esta chica, obstinada como solo ella.

–Perdón… –

Respondió Misato, inclinando la cabeza y a punto de las lágrimas. Tengo la impresión de que él había pedido perdón varias veces.

–No seas tan dura con él. –

Le dije a Kurimo, poniendo una mano en su hombro.

–¿Estas de su lado? –

Preguntó ella, molestándose inmediatamente. Yo la tomé de la mano, ella iba a soltarse y la acerqué a mí. Me miró a los ojos.

–Kurimo, si algo me ha enseñado estar contigo en este tiempo, es que es mejor ponerle azúcar a mis palabras, porque seguro que algún día me las tengo que tragar. –

Hablo de que, yo también le he hablado sin pensar, y la he lastimado mucho. Y Kurimo no odiaba a su hermano, es decir, lo defendió antes. Pero estaba enojada con él. En eso tenía razón.

–¡Yo no necesito la piedad de nadie! –

Dijo él. Kurimo estaba a punto de enfadarse. ¿Les recuerda a alguien?

–Ustedes no saben diferenciar la lastima de la empatía. –

Usé el sinónimo a propósito. Solo para recordarle a Kurimo una cosa. Es su hermano mayor. Es parte de ella. Puede que yo nunca llegue a entenderlos del todo, no tengo hermanos al fin y al cabo pero… no son diferentes, se parecen hasta un punto que da miedo. Lamento decir que Kurimo sucumbió a sus impulsos al igual que su hermano mayor.

No eran diferentes. Lo único que cambiaba era su situación, eso sin duda.

No iba a decirle eso a Kurimo, mucho menos enfrente de su hermano, pero había que tenerlo en cuenta.

–Si como sea… –

Respondió él.

–¿Por qué no vienes con nosotros? –

Pregunté. Kurimo me miró, alarmada.

–¿Vas a dejarlo entrar en nuestra casa? –

Pregunté.

–Bueno, es que no vamos a casa.  –

Respondí. Él parecía interesado, pero giró la cara cuando lo miré.

–Puedes hacer eso, o quedarte aquí, esperando a una mujer que evidentemente no está interesada, y que solo seguirá pidiendo, sin dar nada a cambio. –

Respondí.

–No hables como si la conocieras… –

Respondió Misato, pero no sonaba convencido para nada. Es que era un chico de colegio. Entraría al instituto este año apenas.

(Más o menos la edad que yo tenía cuando conocí a Akane.)

–La conozco. A muchas como ella, en realidad. –

Respondí. Kurimo se separó de mí y fue hasta su hermano.

–Puedes quedarte a perseguir a esa mujerzuela si quieres. Me decepcionas. –

Le dijo Kurimo, todavía con desprecio.

–¿Qué es lo que quieres que haga? –

Preguntó él, desesperado.

–Sé cómo él… –

Respondió Kurimo, señalándome. Yo comencé a reírme. El chico apretó los puños,

–No… así no es como funciona, Kurimo. Misato siempre será él, eso no va a cambiar. –

Expliqué. Kurimo me miró.

–Pero puede ser mejor. Si es lo que quiere. –

Expliqué. Kurimo se volvió a su hermano.

–¿Quieres? –

Preguntó ella, todavía molesta.

–¿Volverás a llamarme Onii–sama? –

Preguntó él, con lágrimas en los ojos. Imagino que la pérdida del título tiene que haber sido uno de los golpes más duros que él sufrió. De “Onii-sama” a “Misato”… la caída tiene que doler.

A mí nunca me han hablado con tanto respeto, pero sé que si lo hicieran, realmente me dolería si un día hago que dejen de hacerlo.

–No sé… ¿Volverás a ser Onii–sama? –

Preguntó Kurimo. Él asintió con la cabeza.

–Eso espero… porque espero mucho… de verdad mucho. –

Dijo ella, luego se volvió hacia mí. Supongo que el problema que tenían ellos dos no fue la única razón por el cambio de nombre.

–Estoy comprometida. –

Le anunció Kurimo, él asintió.

–Lo sé… felicidades. –

Respondió él. Al menos estaba aceptando las cosas. Kurimo lo miró por un momento, Misato debe de haber comprendido algo que yo no, porque tomó el teléfono.

Eran las diez y media de la noche.

Marcó un número que sonó por unos momentos . No sé si puso altavoz para que Kurimo escuchara, o simplemente fue que el sitio estaba silencioso, pero la voz de Nowaki–san sonó del otro lado, molesta, según parecía.

…Moshi–Moshi ¿Ahora qué quieres?…

Preguntó la voz del otro lado.

…Yo solo llamaba para saber si estabas en casa ahora…

Explicó él.

…Sí, estoy en mi casa. Hablamos luego ¿Sí? Estoy un poco ocupada ahora…

…Sobre eso…

Volvió a llamar Misato.

…¿Qué?…

Preguntó la voz con tedio del otro lado del teléfono.

…Terminamos…

Fue lo que dijo Misato. No tuvo nada de tacto. Se escuchó un golpe del otro lado del auricular.

…Espera eso no…

Dijeron, pero antes de no escuchar nada más, Misato colgó. Kurimo lo miró con extrañeza.

–No lo hagas por mí. –

Dijo ella, Misato negó con la cabeza.

–No es por ti. Yo… sabía que esto no funcionaría con ella. Pensé que cambiaría con el tiempo. ¿Para qué me pidió salir si iba a ser así de todos modos? –

Preguntó él, encogiéndose de hombros.

Kurimo confirmó allí las palabras que una vez me dijo Kamine. No iba a ser capaz de admitirlo en lo que respectaba a nuestra relación, pero me confirmó su certeza cuando le respondió.

–Ella quería salir con Onii–sama, no con un perro faldero. –

Esa es la primera mala señal de que no va a salir bien. A veces, ser amable no te lleva a ningún sitio.

–Pues ahora no tendrá a ninguno de los dos. –

Respondí, Misato me miró, sin hostilidad. Era la primera vez que eso pasaba. Creo que había hecho un amigo.

–Déjenme hacer una llamada. –

Dije, y tomé ahora yo mi teléfono. Marqué el número.

…Moshi–Moshi…

…Toshikane. ¿Vas a venir?…

La voz de Kamine del otro lado.

…Ya voy para allá. ¿Ya despidieron al payaso?…

Pregunté, haciendo alarde pues, de que una fiesta me parecía un poco infantil. Del otro lado sonaban las voces de mucha gente. ¿Cómo es que no los vi al pasar?

…Tonto… no hay payasos. A no ser que quieras contar a dos novios que pelearon hace un rato. ¿Lo ves? Pero, hay un juego inflable muy bueno, en mi cuarto. Yo me acabo de bajar…

Maldita niña calenturienta.

…¿Y es divertido?…

…Oh, sí, nos divertimos mucho, es para subirse en parejas, o más… ¿Te vas a subir? Aquí hay algunas que quieren subirse, pero no hay muchos candidatos…

Lo sabía, sabía que en alguna parte su “fiesta” iba a tomar ese sentido. De hecho tengo la impresión de que ella ya me había vendido.

…Verás, sobre eso, necesito algo en particular…

…Oh, entonces si te vas a subir. Dime ¿Qué quieres? Hay varias personitas aquí que estarían contentas…

…No para mí, quiero decir, es para un amigo…

Expliqué. Misato miró a Kurimo y ella se encogió de hombros.

…Sushake esta apartado, y de hecho se acaba de bajar, él no lo necesita…

Respondió Kamine del otro lado, como si fuera una plática casual.

…No es para Sushake, es para otro amigo…

Respondí.

…No tienes más amigos…

Se quejó Kamine. Me aparté un poco para que ninguno de ellos pudiera escucharme, Kurimo estaba poniéndose los zapatos.

…Vamos, como un favor personal, necesito que sea especial, no quiero que sea algo de una sola noche…

…Oh, creo que entiendo… veamos… ah, sí, tengo una…

Hablábamos como si Kamine fuera la dueña de un cabaret o algo así.

…Una de ellas vino casi específicamente buscando novio, si es lo que estas pidiendo. No es precisamente una belleza, pero creo que servirá ¿Debería prepararla? Hey, incluso puede que me deba un favor…

Comentó Kamine, al menos parecía alegre ante la perspectiva. Eso era bueno, muy bueno en realidad.

…Si, eso estaría bien, eso es lo que me falta. Vamos para allá…

Escuché del otro ruido del auricular sonidos de chicas emocionadas.

Colgué después de eso, diciéndole que ya iba para allá. Misato aun parecía indeciso.

–Bien, puedes quedarte ahora, o puedes venir. Estas formalmente invitado, así que no creo que haya problemas. –

Le dije. El teléfono de Misato comenzó a sonar, él lo miró, colgó. Y sonrió.

–Voy… –

Dijo. Y salimos de la casa.

–––––––––

Los tres miramos el auto por un momento. Es que… estaba moviéndose.

Reposar las pelotas.

Misato giró la mirada, yo batí la cabeza y Kurimo sonrió para sí misma.

Supongo que lo que la señora quería, es que el doctor revisara, de primera mano, si el bebé estaba bien.

–No puedo creerlo… –

Comentó Misato, con algo de vergüenza. Kurimo me miró.

–Entonces, aun cuando vas a tener un bebé, se puede… –

Dijo.

–Claro que si… –

Respondí.

–¿Te parece romántico? –

Preguntó Kurimo, Esto empezaba a sonar… extraño. Lo digo porque, por lo que veía, a ella le parecía romántico. Esa fue la primera vez que ella tuvo que tragarse sus palabras.

Ella dijo una vez que no quería tener bebés, ahora parecía que la idea no le desagradaba del todo. Tengo que andarme con cuidado con esta chica. Misato cortó el ambiente, y no sé si eso era bueno o malo.

–¿Hablan de esas cosas? –

Preguntó él, mientras caminábamos.

–Bueno… si, a veces… –

Comenté. Kurimo bajó la cabeza.

–Perdón por sonar como una cualquiera. –

Respondió Kurimo, Misato la miró, se enfadó.

–¿Quién te dijo esas cosas? eso no es cierto. –

Dijo, defendiendo por supuesto, a su hermana pequeña.

–Tú lo piensas. –

Respondió Kurimo.

–No es verdad, no pienso ninguna de esas cosas. Tu eres simplemente linda. –

Explicó él. Esa era la primera vez que yo escuchaba a Misato decirle algo bueno a su hermana.

–Solo que, siempre he pensado que me gustaría tener a alguien, así como tú lo tienes. –

Explicó, hablándole a Kurimo, ella lo miró y sonrió.

–La tendrás. –

Dijo ella. Misato me miró a mí.

–¿En verdad esto es todo lo que hace falta? –

Preguntó él. Yo negué con la cabeza.

–Podemos presentarlos, que funcione depende de ustedes. Por eso es que hacemos esto. Toma en cuenta que ni siquiera sabemos quién es ahora. Llegaremos allí, y el resto dependerá de ti. Incluso si esta vez no funciona, puede que lo haga la próxima. –

Expliqué.

-Solo tienes que ser genial. –

Dijo Kurimo, tratando de sonreír, a pesar de que hacía mucho que no parecía hacerlo frente a él. Seguro que el también extraño su sonrisa de alguna forma.

-No sé si recuerdo como serlo. –

Respondió Misato, desanimado. Kurimo se detuvo, y dejó caer su bolsa al suelo. Iba a recogerla, pero Misato estaba más cerca, y esa era su intención. Él la tomó mecánicamente, como si nada pasara. Como si fuera algo que siempre hubiera hecho. Kurimo sonrió.

-¿Lo ves? Era fácil. –

Dijo ella, y siguió caminando.

———-

Llegamos y encontramos a Kamine parada en la puerta. Misato se quedó atrás.

–Llegaste… –

Dijo Kamine, y miró a Misato, se llevó una mano a la boca.

–No me digas que es él… –

Dijo Kamine, incrédula. Es que… así como Kurimo era bonita y tierna, el chico, también era lindo. Se oye mal, pero es la verdad. La clase de chico que gusta a las chicas en las escuelas. Solo que tenía pésimas habilidades sociales.

O más bien creo que se encandiló con aquella otra, a la que yo estaba seguro que volveríamos a ver.

–Oye, Fuyumi… ven a verlo… –

Llamó Kamine a alguien en la puerta. En lugar de solo “Fuyumi” salieron cuatro chicas, todas del salón de Kamine.

–Oh cielos, oh cielos… es una lindura… –

Exclamó una de ellas. Kamine me tomó del cuello, muy para coraje de Kurimo.

–¿Por qué no me dijiste que era tan lindo? –

Se quejó Kamine.

–Bueno, es que yo no iba a saber eso… –

Me quejé, en ese momento, Kamine se percató de que Kurimo estaba allí, mirándola de mala manera.

–Y aquí hay otra ternurita… Ya la había visto pero no sé cómo se llama. –

Dijo, y sin preguntar ni nada, la abrazó, yo tuve que hacer un esfuerzo para detenerla. Kurimo se paró detrás de mí. Misato se dio cuenta de que estaban mirándolo y se dio la vuelta.

–¿Lo ves? Ya lo pusiste nervioso, tu no sirves para esto… –

Se quejó una de las chicas a sus compañeras. Kamine no prestó atención a eso.

Yo las presenté. Era algo que tenía que hacerse.

–Ella es Hatami Kurimo. –

Le dije, las otras chicas voltearon a vernos.

–Y ese es mi Onii–sama. –

Les dijo Kurimo a las demás. Al menos Misato recuperó su apodo. Las tres chicas que estaban con Kamine parecían encantadas con él. Yo suspiré.

Kurimo me tomó de la mano. Yo miré a Kamine, quien pareció recordar algo.

–Espera… entonces estás diciendo que esta es la chica que te botó aquel día que llegaste a casa llorando con la cola entre las patas… –

Eso hizo que Kurimo bajara la cabeza.

–Kamine, no le digas esas cosas… –

Respondí alarmado.

–Fue un error… –

Respondió Kurimo, temblando.

–Claro que fue un error. Pero… ya lo solucionaste ¿Verdad?  –

Preguntó Kamine, hablando como si fuera la Onee–san aquí.

Kurimo asintió con la cabeza.

–Entonces… está bien. No vuelvas a cometer esos errores. –

Dijo Kamine, y se encogió de hombros. La pequeña tensión que Kurimo sufrió fue bajando gradualmente.

–Pasen… y Fuyumi, llegó tu paquete… –

Dijo ella. Pude distinguir a Fuyumi porque bajó la cabeza, ruborizada.

–Onii–sama no es un paquete… –

Se quejó Kurimo.

–Ups, Fuyumi, creo que estas en problemas ahora. –

Dijo Kamine riéndose. Pero si la que lo llamó “paquete” fue ella. Yo solo me llevé la palma a la frente.

–Puedes tener a Onii–sama… –

Dijo Kurimo, tratando de retractarse, porque las otras chicas parecían un poco asustadas de ellas. Fuyumi–san asintió.

–Pero no lo trates mal… –

Dijo Kurimo después. Yo le puse una mano en el hombro. Kamine reía.

Estaba claro que Kurimo no consideraba a su hermano capaz de manejar su propia situación, pero es que tenía que intentarlo. Y tenía que dejarlo que pasara.

–Kurimo, vamos adentro… –

Le dije. La tal Fuyumi salió del jardín y fue a saludar a Misato, quien tampoco parecía desagradarle lo que se paró frente a él, tocándose el cabello con nervios, y de buenas a primeras, mayor que él. No parecía muy experimentada, pero si más seria y quizá lo más importante, contenta con la expectativa.

Cuando entramos, me encontré con Sushake, estaba allí, tirado en el piso.

Había más personas en el jardín trasero de la casa, así como mesa con pastel, globos, etc. Era una fiesta, solo que algo… pasada de tono.

–¿Qué te pasó? –

Pregunté.

–Kamine está loca. –

Respondió él, tratando de ponerse de pie, no lo consiguió. Luego recordé lo que me había dicho Kamine al teléfono.

–¿Te subiste al inflable? –

Pregunté. Kurimo lo miró con asco.

–Me subieron. Y no solo eso. Kamine, yo, y otras dos… no sé cómo sobreviví. –

Explicó él. Vaya, eso tiene que haber sido duro para él.

–¿Dónde está la madre de Kamine? –

Pregunté, a mí me parecía algo raro que todo esto estuviera pasando, a no ser que, claro, no estuviera.

–Se fue con su hermana, creo…

Kamine vino hasta donde estábamos.

–Déjenlo que descanse. Fue un héroe. Lo digo en serio. –

Dijo.

–¿Pasó algo? –

Pregunté, Kurimo parecía aferrada a mi brazo.

–Oh, nada grave, Sakura–chan terminó con su novio, su novio le dijo que no valía para nada y esas cosas. Y mi hombre accedió a contentarla y a complacerme a mí y a Fubuki–chan. ¡Ha! Hubieras visto. Sushake se llevó el premio al mejor. Y Sakura gimió y gritó como si la vida se le fuera en ello. Y ahora está feliz. Mira. –

Y señaló a una de las chicas. Fue entonces, al entrar al patio trasero, que me di cuenta de cuál era el problema del que me hablaba Kamine, había catorce chicas, quince con Kurimo. Y siete chicos. Si estaba desproporcionado. Parecía la típica fiesta de las películas americanas. Creo que de allí sacó Kamine la idea.

–Ahí está el pastel. Allí hay bebidas. El baño está de ese lado. Allí está el armario de besos. Y el inflable está allá pero lo están usando. –

Kurimo abrió los ojos todo lo que pudo cuando vio a Kamine hablar de esas cosas como si nada. Yo estaba acostumbrado pero para quien no la conocía, su nivel de libido debería ser impresionante. Casi tanto como su desnuda sinceridad.

–Con inflable se refiere… –

Comentó Kurimo.

–A su cama… –

Le dije a Kurimo en voz baja. Poco después, Misato entró a la casa. Esa Fuyumi lo llevaba de la mano. Comieron pastel, y fueron directamente al armario de besos. Kamine se acercó a mí.

–Yay. Creo que si salió algo bueno de allí.  –

Dijo Kamine, Kurimo la miró.

–¿Cómo sabes? –

Preguntó Kurimo, mirando a Kamine interesada.

–No llevas a un chico al armario de besos si lo que quieres es pasar un rato y ya. Es para parejas. Si no es tu novio, pues simplemente esperas el inflable. –

Explicó Kamine, encogiendo de hombros.

Kurimo asintió con la cabeza. al parecer tenía sentido para ella. yo hice una pregunta a Kamine.

-¿Dónde está tu madre? –

Pregunté.

-¿Querías verla? –

Preguntó Kamine, sonriendo.

-Es una pena porque no está, se fue a Kanto con mis otras tías. Parece que hubo algo importante con algunas cosas familiares. Y como es una reunión seria, no me dejó ir. –

Explicó Kamine. Kurimo haló mi manga. Yo la miré.

-Hablamos de la señora que nos dio el pudin. –

Expliqué. Kamine volteó a ver a Kurimo.

-¿Estaba rico? –

Preguntó. Kurimo infló su pecho con orgullo.

-No lo sé… se lo di a él. –

Explicó.

Kamine se llevó la mano a la cara.

-Esta niña es una ternurita. ¿Tu Onii-sama es así también? Creo que Fuyumi va a ser especialmente feliz… bien, le cobraré mucho por esto… –

Dijo Kamine, frotándose las manos como si fuera una villana de película.

-No hables de él como si fuera mercancía. –

Respondió Kurimo, medio molesta. Kamine encogió de hombros.

-Así soy con todo el mundo. Trafico influencias. No tienes una idea de todo lo que sé hacer. –

Respondió Kamine, yo le di un golpe en la cabeza.

-Ahora hablas como si fueras un Yakuza, ya basta. Estas asustándola. –

Le dije a Kamine, quien sonrió tontamente. Miramos a la gente después de eso. Hasta cierto punto, parecía una fiesta normal. Vamos, no había alcohol (que es lo que uno esperaría de una fiesta sin supervisión) y lo único extraño aquí, es que era demasiado sexualizada.

Hablando de eso.

-Entonces… no hay hotel. –

Comenté, rascándome la mejilla. Kurimo me miró de forma rara.

Es que yo no estaba en condiciones de algo así ahora mismo, y me refiero más que nada a que no tengo un céntimo.

-Sobre eso… –

Kamine miraba a los demás.

-Mi madre se enojó mucho porque haberse visto envuelta con lo de la mujer en tu casa. ¿Lo ves? Sus amigas han llamado a casa dos veces el día de hoy. Ella no contesta el teléfono celular. Por preocupación le marque a mi madre y ella dijo que no les respondiera más el teléfono. –

Explicó Kamine.

-Lo siento, quizá debí haber sido más amable. –

Expliqué, fuimos hasta una pequeña mesa donde nos servimos jugo. Kamine sirvió jugo para Kurimo también.

-No es eso. Mi madre se había quejado antes de Akiyama-san… –

Explicó.

-¿Akiyama? –

Preguntó Kurimo.

-La madre de Sanae y Minase. –

Expliqué. Kamine asintió.

-Mi madre me dijo que esa mujer es difícil de tratar, se comporta como una niña mimada y si no haces todo exactamente como ella quiere grita y hace pataletas. No es muy buena candidata para hacer negocios. –

Explicó Kamine. Kurimo le miró con los ojos muertos de vergüenza y recelo.

Entendía la desconfianza de su madre. Eso ni que decir tiene.

-Que ella mezclara a sus compañeras de negocios en un asunto que es familiar lo confirma. –

Explicó Kamine después.

En ese momento, una pareja de invitados entró al jardín.

-¿Vas a usar el inflable? –

Preguntó Kamine, cambiando el tema inmediatamente. Creo que esos dos estaban brincando hasta ahora. Espero que la hayan pasado bien. Miré a Kurimo, ella negó con la cabeza, asustada.

-No, ya tenemos que irnos. Es tarde y mañana me espera un día duro. –

Expliqué.

-Le diré a mi madre que preguntaste por ella. Seguro que se alegra después de esto. Si quieres algo a cambio de lo de Fuyumi, solo dilo y veré que puedo hacer. –

Dijo. Yo me di la vuelta, Kurimo estaba empezando a jalarme del brazo. Luego fue hasta la puerta del armario de besos (que en realidad era una pequeña bodega bajo la escalera) y tocó la puerta.

–Onii–sama. Me voy a casa. –

Dijo ella. Se escucharon ruidos dentro. Kurimo encogió de hombros y se dio la vuelta.

–Estoy cansada… –

Me dijo, aunque más bien parecía ofuscada por la “fiesta” tan extraña que Kamine estaba llevando.

–Vamos a casa. –

Respondí. Terminamos el pastel y salimos de allí.

––––––––––

–Tus amigos son extraños. –

Comentó Kurimo, tratando de no parecer demasiado escandalizada con lo que había visto.

–Si bueno… es que están acostumbrados. –

Respondí. Se hizo el silencio por un momento, Kurimo parecía luchar por decir algo, así que la dejé.

Eran aproximadamente las doce de la noche.

–¿Por qué lo ayudaste? –

Preguntó Kurimo, antes de que entráramos a la casa, la mayoría de las luces estaban apagadas.

–Bueno, no puedo decir que lo pensé demasiado. –

Respondí, como tratando de que ella no indagara más de lo que yo quería responder. No quería acordarme de cosas malas ahora.

–¿Fue por mí? –

Preguntó ella, bajando la cara. Entramos y dejamos los zapatos. Todo esto en el más completo de los silencios.

–Una parte. –

Respondí.

–Pensé que lo odiabas. –

Replicó ella.

–¿Cómo voy a odiarlo si es gracias a él que te tengo aquí? Ya sé que suena horrible, pero a decir verdad, me alegra que estés aquí. Sé que he cometido errores antes. Eso no evita que te quiera. Y no quiero que pierdas a las personas que con importantes para ti. Él es tu familia, tu misma lo dijiste. –

Expliqué, era mejor así.

–Me diste la oportunidad de recuperar lo que tenía con él. Pensé que no querías que eso pasara. Te pusiste muy celoso la primera vez. –

Respondió Kurimo.

–Lo siento. No fue mi intención. –

Respondí.

–Lo sé ahora. ¿Crees que le vaya bien con esa… Fuyumi? –

Preguntó ella.

–Mejor de lo que le iba, seguro. Habrá que esperar para ver. –

Respondí, subimos las escaleras.

-Yo pienso que él se merece que lo quieran… –

Dijo Kurimo. Yo asentí. La luz del cuarto de Sanae estaba encendida.