Haru no Yurei V3 C21

Modo Noche

haru

Capítulo 21: Un Nuevo Misterio


Autor: Mitaka Kotsuka
Editor: Randy Aguilar


Como estoy acostumbrado a levantarme temprano para ir a la escuela, no tuve ningún problema con despertarme para ir al trabajo, aunque en teoría, todavía no tenía uno.

Es decir, iban a dármelo hoy.

Akane estaba despierta, pero parecía querer fingir que no. Ahora que recordaba tenía un asunto pendiente, así que fui al baño y volví a recostarme en la cama.

Akane esperó a que estuviera tapado para pasar su brazo por encima de mí. “A mí no me engañas, te quedaste con ganas de eso que te gusta tanto” pensé, pero no dije nada.

Akane comenzó a mover los dedos sobre mi pecho, sin decir nada.

–¿Estás despierto? Sé que estás despierto… –

Dijo Akane.

–No lo estoy. –

Respondí, con voz clara. Eso la hizo reír.

–Eres un tonto… tienes que decir si estás despierto… –

Respondió ella. Subió su cuerpo arriba del mío.

–¿No te parece que estás durmiendo demasiado tarde? –

Preguntó ella, sonriéndome, yo la miré, Akane se acomodó el cabello detrás de su espalda poniendo una sonrisa traviesa. Me hice como que no entendía lo que pasaba.

–Sí, bueno, sentí que estaba bien… ¿O no lo está? –

Pregunté, ella pasó su mano por mi cara.

–Pero… ¿No hay algo que estás olvidando? Algo bonito… –

Dijo ella, me dio un beso.

–No lo sé. Me acordaré luego. –

Respondí, le di un beso en los labios rápido, y me di la vuelta. Akane no pudo sufrir eso. Es decir, la estaba ignorando y ya sabemos todos como se pone Akane con esas cosas.

–Oye… –

Se quejó, y me hizo voltearme de nuevo, la miré a los ojos.

–Estuviste con ellas todo el rato. No te he tenido para mí… –

Se quejó.

–Claro que sí, lo hicimos ayer a media tarde. –

Respondí, ella subió su cuerpo completo sobre mí, por debajo de las sábanas.

–Sí, pero… yo estaba pensando, en algo diferente… –

Respondió Akane.

–Qué extraño. Yo también estaba pensando en todo lo que le hiciste a Habara apenas se declaró… eso fue extraño. –

Respondí, girando la cara. Akane ladeó la cabeza.

–¿Quieres a Habara? Puedo dártela si quieres, pensé que no te importaba… –

Respondió ella, parecía que no le desagradaba la idea.

–¿Qué? No. No me importa tu juguete… quédatela… con lo rápido que dijiste que sí. –

Respondí, Akane no entendió de qué iba el reclamo (reclamo vacío, lo admito, porque no, ya no estaba enfadado con ella por esto) e intentó besarme.

No lo permití.

Eso nunca le había pasado a Akane, la descolocó.

–No, no tienes que besarme, está bien. No soy una chica después de todo. Así que supongo que me harás esperar un año para notarme siquiera. –

Respondí, encogiendo de hombros.

–¿De qué hablas? No comprendo qué pasa ¿Estás enfadado conmigo? –

–Solo digo que me hubiera gustado ser una chica, fue más fácil para ella… y así tal vez me hubieras dicho que sí pronto, no hubiera tenido que pasar por todo eso. –

Expliqué. Akane se enfadó de veras.

–¿Qué? ¿De qué estás hablando? Si alguien me hubiera dicho algo así en ese entonces habría ido a mi casa a llorar. No me digas que para ella fue fácil. Fue fácil porque tú estabas allí. –

Se quejó Akane. Sí, bueno, no había forma de que Akane, como era, aceptara una confesión de otra chica antes de estar casada.

–Pero le dijiste que sí, casi de inmediato. –

Repliqué.

–Sí, le dije que será mi juguete, mi mascota ¿Eso es lo que quieres? –

–Al menos le hiciste cosas, a mí no me hiciste nada, solo dijiste que te ibas a transferir. –

Repliqué, ella se irguió enfadada.

–Estás completamente loco. ¿Por qué ibas a querer estar en su lugar? A ti te amo. –

Reclamó Akane, como si tratara de establecer que lo que sentía por mí era más importante, y sí lo era, no necesitaba que me recordara eso. En realidad, solo estaba molestándola. Así que me acomodé y la atraje hacia mí para darle un beso.

–Eso es cierto. –

Respondí, tampoco era mi intención que se enfadara de verdad.

–En verdad que no te comprendo a veces. ¿Te gusta tener que rogar? ¿Es eso? Te he escuchado antes, les ruegas y cuando finalmente dicen “sí” les das un poco de placer y entonces al diablo… ya no importan más… ¿te gusta rogar? –

Preguntó ella, aunque ahora sabía que no estaba reclamándole seriamente, se apartó de mí y cruzó los brazos.

–Puede ser… un poco está bien a veces. –

Respondí, encogiendo de hombros, como para darle a entender que sí, estaría dispuesto a rogar por ella si fuera necesario. Eso la hizo enojar.

–¿Y entonces por qué me evitabas antes? ¿Por qué no te quedaste allí a rogar por mi atención? solo dijiste “Buu. Son casualidades” como un tonto. –

Dijo ella indignada y tomando una almohada, me la arrojó a la cara.

Akane hablaba de que, bueno, en lugar de rogar por su atención, me fui con otras mujeres. Pero es que ella no entiende que una cosa es una cosa, y la otra es la otra. Admito también que yo tenía miedo de terminar como terminé “saliendo” con Yagami.

–Bueno, puede ser que no sabía… –

Respondí, Akane hizo una pataleta de todos modos.

–¡Pues no basta con que me hubieras rogado! ¿Sabes? Igual iba a decirte que no. Porque eras tonto y frágil y malo escondiendo lo que sientes. “Casualidades” sí, claro. Podía aplastarte con un dedo y tú lo permitías. ¡No puedo amar a alguien así! –

Respondió Akane.

Como dije, ser demasiado bueno a veces es contraproducente. Tiene razón, yo sí era así entonces. Por eso me dijo que no.

Y su respuesta fue definitiva. Al menos hasta que hice lo que ella necesitaba, no lo que ella quería. Es decir, hasta que hice lo mismo que ahora hacía. Tomándola del cabello jalé de él y la acosté sobre la cama por la fuerza. Me lancé sobre ella entonces poniendo mis dos manos en sus hombros. Akane me miró.

–¿Entonces cómo? –

Pregunté, sonriendo. Akane tocó mi cara.

–Así… que sea fuerte, que tome lo que quiere, que me haga sentir especial, pero dispuesto a darme una lección si intento ser mala, que me reconozca, pero a quien no le moleste recordarme mi lugar. Que sea amable conmigo porque sabe que soy patética, alguien a quien le guste yo tanto que esté dispuesto aplastar todo lo que se interponga en su camino para tenerme, empezando por mi orgullo barato. Alguien de quien yo pueda depender cuando me siento pequeña, no que sea más pequeño que yo, y que si se va a volver loco por mí, que sea ¡cuando ya me tiene! Que se vuelva loco por mí, no por la idea de ser correspondido. –

Explicó Akane, a cada punto que explicaba ella empujaba sus caderas más hacia mí, su entrepierna llevaba un rato rosando mi rodilla a este punto y ella estaba muy mojada.

–Quítate la blusa… –

Le dije, ella negó con la cabeza.

–Quítamela… –

Más tiempo tardó en decirlo que lo que yo tardé en abrirla por la fuerza y comenzar a besar sus pechos. Hay algo con el sabor de su piel por las mañanas, lo amo.

–Un lobo… un lobo salvaje… –

Comenzó a decir, acariciando mi cabello, comencé a bajar por su estómago, besándolo y lamiéndolo. Ella se contorneo sobre la cama, complacida.

Quité el pantalón de su pijama más lento de lo que ella quisiera, lo digo porque movió sus piernas y sus caderas para que, según ella, lo hiciera más rápido, pero yo me tomé mi tiempo. Tampoco tenía puestas sus pantis. A ella no le gustaba usar ropa interior con su pijama, yo creo.

Dejé su pantalón en las rodillas mientras lamía su ombligo y bajaba lentamente hacia su pelvis, comencé a olfatearla, haciendo ruidos con mi nariz. Con Akane, eso tiene un efecto difícil de creer.

–Cómeme… cómeme… –

Comenzó a decir a media voz. Como no tenía ganas de molestarla y además teníamos el tiempo contado, simplemente bajé hasta su vagina y olfateé allí. Ella separó sus piernas un poco, porque el pantalón de su pijama no le permitió más, y levantó sus caderas.

Comencé a lamerla girando un poco mi cara para alcanzar su clítoris.

–Sí… sí… eso es lo que yo… quería… Toshikane… –

Me dijo, acariciando mi cabello y empujando toda su cadera hacia mí lo más que podía, pude ver cómo sus pies temblaban y ella comenzaba a tener espasmos.

–No eres una esposa… eres una mujer malcriada… mira que esperar cosas temprano en la mañana… –

Le dije. Ella comenzó a moverse hacia un lado y hacia el otro.

–Perdón… No es mi intención ser así… lo juro… es que me gusta mucho… –

Respondió ella. Sostuve su trasero con fuerza para levantar sus caderas, acercando su vagina a mi boca, haciendo círculos con mi lengua dentro de ella. Akane se había vuelto muy sensible debido a la experiencia que teníamos, y tengo que admitir que me he vuelto mejor haciendo esto con ella.

Por ejemplo, sé que si hago que mi lengua entre y salga de ella con rapidez, ella terminará… justo como ahora hacía.

–Toshikane… eso es demasiado… no puedo detenerlo… –

Ella trató de cubrirse inútilmente con las manos. Luego se dejó caer sobre la cama, respirando pesadamente.

–Gracias por la comida… –

Le dije, le di un beso en el trasero, que era lo que más cerca tenía de ella y me fui al baño a lavarme la cara.

–Vuelva… pronto… –

Dijo ella, tratando de recuperar el aliento. Cerré la puerta detrás de mí.

––––––––––

Cuando salí, Sanae estaba parada afuera de su habitación. Me miró, enrojeció y entró a su habitación de nuevo. Yo suspiré. Esperaba que no se le hubiera metido nada malo en la cabeza esta vez.

Cuando salí del baño, esta vez estaban paradas Kurimo y Sanae en las escaleras, se miraban la una a la otra, me miraron, enrojecieron y bajaron presurosas las escaleras. Yo bajé también.

¿Qué se traían estas dos ahora?

Me preguntaba.

Entré a la cocina, donde Akane parecía estar preparando el desayuno.

–¿Pasa algo? –

Le pregunté a Akane, quizá ella sabía qué se traían esas dos ahora.

–Pues… sí, y no… –

Respondió Akane.

–¿Qué quieres decir? –

Pregunté. Akane decidió ignorar mi pregunta con una sonrisa, luego hizo un ademan con la mano.

–Nada que deba preocuparte. ¿Por qué no llevas estos platos a la mesa? ¿Eh? Haz algo que sirva, anda. –

Dijo ella, echándome de la cocina.

Cuando salí, Sanae, Minase y Kurimo estaban sentadas en la mesa. Ninguna levantó la mirada.

Yo solo puse el plato en la mesa. Kurimo me miró y bajó la mirada inmediatamente. Estaba a punto de preguntar cuando Minase habló:

–Hatami-chan… era la que ayer… –

–Sí, era yo… –

Respondió Kurimo rápidamente. Sanae volteó a mirarme por unos segundos, la miré y ella bajó la cabeza.

–¿Qué ocurre? –

Pregunté desesperándome.

Silencio.

Nadie habló, yo suspiré y en ese momento Akane trajo otro plato, sonrió, me miró, y subió las escaleras. Sanae aprovechó ese momento para hablar.

–Debió sentirse bien… –

Dijo Sanae. Minase miró a su hermana, quien estaba roja de la cara.

–Me desmayé… –

Respondió Kurimo. Akane se acercó sonriendo, muy satisfecha de sí misma.

–¿Y bien? –

Preguntó ella, yo solo la miraba ir de un lado al otro.

–Fue mucho… –

Respondió Kurimo. Me miró fugazmente y volvió a apartar la mirada. Akane se llevó un dedo a su mejilla, como dubitativa.

–Sí, lo sé, es un hombre… No puede detenerse… –

Explicó Akane, me miró con una sonrisa en el rostro.

–No es eso… –

Comencé a decir, entendiendo por donde iba la plática. Kurimo era normalmente tan callada que apenas si podía creer el mucho ruido que hizo anoche.

Las demás no sabían cómo mirarla ahora. Sanae me miró feo.

–No es culpa de Hatami-chan que seas tan insaciable… –

Dijo Sanae. Era un reclamo, pero no era como los que solía hacer.

–Te ayudaremos… –

Asintió Minase. Kurimo batió la cabeza.

–Soy un fracaso. Ni siquiera pude detenerlo dentro de mí lo suficiente para que me diera su semilla. –

Se quejó Kurimo. Así que eso era, le avergonzaba pensar que terminé fuera de ella. Hay que ver que a las mujeres le preocupan cosas diferentes que a los hombres, por lo que veo.

–No eres un fracaso… solo has de practicar y ya está. –

Respondió Akane, acariciando su cabeza. Kurimo negó con la cabeza luego me miró y sonrió.

–Seré mejor la próxima vez… lo prometo. –

Dijo ella y se acercó a mi casi corriendo.

–Seré una mujer digna de llevar a tus hijos… –

Dijo ella, mirándome con una luz en sus ojos que era difícil de describir. Akane y Sanae la miraron como si hubieran visto un fantasma.

–Sobre eso… –

Comencé a decir, pero Akane interrumpió.

–El desayuno se enfría. –

Dijo. Yo suspiré. En serio tenía que hablar de esto con Kurimo. Akane me miró de mala manera mientras desayunaba, pero no dijo nada.

Minase trató de aliviar el ambiente un poco.

–¿Qué tal si te ayudo con algo después de desayunar? Digo… ya sabes, por si quieres algo diferente. –

Dijo. Sanae le pegó en la cabeza.

–¿Qué estás diciendo Minase? –

Preguntó ella.

–Onee-chan, no lo he tenido para mí. –

Se quejó Minase. Volteó a ver a Kurimo, quien se quedó con el miso en la boca por lo que le estaban proponiendo. Negó con la cabeza. Kurimo no quería que pasara nada entre nosotros justo ahora, ni siquiera por hacerle el favor a Minase.

–Ah, cielos… ¿no se puede entonces? –

Se quejó Minase. Akane suspiró.

–Creo que… por ahora está bien así. –

Dijo, me pellizcó la pierna.

Yo suspiré. Esta era una mañana en familia, sin duda alguna.

––––––––––

Después del desayuno, Akane me pidió que me cambiara y fui hasta su recámara. Minase y Kurimo se quedaron viendo algo en el teléfono. Sanae dijo que tomaría un baño y se iría a dormir.

–¿Qué quiso decir con eso? –

Preguntó Akane en cuanto me tuvo a solas.

–No es nada. –

Pésima respuesta por parte de un marido, si cualquiera me lo pregunta.

–¿No es nada? Habla de hijos, Toshikane. ¿Qué fue lo que pasó? –

Reclamó Akane, enfadada.

–Me le propuse… es todo. –

Respondí, Akane alzó los brazos.

–Una cosa es eso y otra es esto. Dejando de lado lo… mujeriego que siempre eres, esa chica es aún demasiado joven ¿No lo crees? No sé gran cosa del tema, pero seguro que un embarazo a los catorce años puede ser un poco… complicado. –

Explicó ella. Me encantó como lo hizo parecer. Ella fingió estar preocupada por la salud de Kurimo. A veces mi esposa es demasiado linda.

–Todo es culpa de tu padre. –

Repliqué.

–¿Qué tiene que ver en esto? –

Preguntó Akane, enfadada. Me dio una camisa y un pantalón. Estaba vistiéndome elegante.

–Pues si tu padre no cumpliera cada pequeño capricho de esa mujer, Kurimo no tendría la idea de que es conveniente embarazarse. –

Repliqué. Ella me miró a los ojos.

–Mi padre es un buen hombre. Responsable y trabajador. Y su mujer es una señora, que por cierto ya ha sido madre, dos veces por lo que sé. Tú eres un desastre, apenas conseguiste un empleo, y ella es una jovencita. –

Me dijo Akane.

–Pues perdón por ser un desastre… –

Repliqué, bajando la cabeza. Eso cambió un poco el semblante de Akane.

–Dime que no fuiste tú quien se lo dijo. Dime que no es idea tuya… –

Me pidió Akane. Aquí estaba la parte interesante. Ella quería su lugar.

–No fue idea mía. ¿Cómo voy a decirle eso a ella solo así? Como dices tú… soy un desastre… –

Como le dije que no fue idea mía, Akane se retractó.

–Puede que… “un desastre” no sea lo que realmente quise decir… –

Respondió Akane, girándose. Soy un manipulador, ya lo sé. Me acerqué a Akane por detrás y la abracé. Todavía no me ponía la ropa, pero ya me había quitado la que tenía. Así que, con excepción de los calzoncillos, estaba desnudo.

Akane estaba llorando.

–Soy tu esposa… –

Dijo. He aquí la verdadera razón.

–Lo sé… –

Respondí, olfateando su cuello. Ella enjugó las lágrimas.

–Y no vas a poner un bebé en ella antes que en mí… promételo… –

–Envidiosa… –

Respondí, ella encogió de hombros, como diciéndome “Da igual”.

–Promételo… –

Insistió Akane.

–Lo prometo. –

Respondí, mi erección se hizo un poco dolorosa cuando Akane comenzó a restregar su trasero contra mí. La empujé levemente y ella puso sus manos en un mueble. Llevaba un short que me apresuré a bajar.

–No sirve ahora… tomo pastillas… –

Se quejó ella.

–Hay que practicar. –

Respondí, ni siquiera vi qué pantis tenía, solo separé su trasero para meter mi pene tan rápido como fuera posible. Akane ahogó un grito mientras su interior parecía derretirse para mí.

Yo esperaba no romper el mueble mientras Akane ahogaba un grito.

–Esa niña… ni siquiera pudo hacerlo bien… no merece un hijo… –

Se quejó Akane, a medida que empujaba.

–Es cuestión de educarla un poco… –

Respondí, haciendo alarde de que, bueno, ella tampoco sabía gran cosa cuando llegó aquí, pero Akane lo tomó por otro lado.

–Sí… así es como se porta… una esposa bien educada… yo lo soy… –

Dijo ella. Puse una mano sobre su hombro para jalar de ella, Akane volteó y me besó. Así, de la nada, estábamos haciéndolo. Akane parecía contenta de que yo no hubiera perdido interés en ella.

–Edúcala por mí… –

Respondí.

–¿De qué hablas? Yo no… puedo hacer eso… –

Se quejó Akane.

–Pues yo solo voy a educar a una mujer. Y ya lo hice… es tu turno… hazlo por mí… –

Le dije.

–¿Yo soy esa? ¿Soy la única que merece eso? La única que tendrá tus dulces… dulces lecciones… –

Preguntó Akane, en medio de sus gemidos. Empujé dentro de ella con fuerza.

–Te recompensaré por ello… del modo que ya sabes… –

Respondí, llevando mis dedos hasta su clítoris. La expectativa de eso, y el estímulo, hicieron que ella comenzara a venirse.

–Sí… eso quiero… eso… –

Respondió ella.

–Lo que quiera mi dulce esposa. –

Respondí, mientras me venía, dentro de ella. Lo saqué después. Ni una gota de semen salió de ella.

Akane se quedó recargada en el mueble, tratando de recuperar el aliento. Escuché que tocaron el timbre abajo, pero creo que Minase y Kurimo podían atender.

–Nada de bebés por ahora. –

Le dije a Akane. En cierto modo ella tenía razón, era una completa locura, no por otra cosa sino por mi situación sentimental y financiera. Curiosamente en ese momento tocaron la puerta. Era Kurimo. Akane se subió las pantis mientras abría. Kurimo miró a Akane mojar sus pantis con el semen que acababa de poner dentro de ella.

–Te buscan abajo… es tu… es… –

Se quedó mirando el trasero de Akane, luego me miró a mí por unos momentos, y bajó la cabeza.

–Es Habara… –

Dijo Akane, acomodándose la ropa.

–¿Por qué? –

Pregunté, contrariado. Akane me miró como si no tuviera que explicarme.

–Pues porque vas a tener tu empleo. ¿No es cierto? –

Preguntó ella, encogiendo de hombros. Kurimo me miró de nuevo por unos segundos.

–Tenemos que dejarlo que vaya ahora. Mientras tanto, creo que necesitas un par de consejos ¿O no? No te preocupes, te convertiré en la mujer que él necesita. –

Le dijo Akane, acariciando su cabeza. Kurimo la miró con los ojos brillantes. Akane salió de la habitación. Kurimo se quedó allí parada.

–Te ves bien… –

Dijo con la cabeza baja. Yo estaba a punto de salir. Toqué su trasero con la mano extendida y lo acaricié un poco. Kurimo tuvo un sobresalto.

–Tú también te ves linda… –

–Ahora mismo es… –

Se quejó ella.

–Lo sé… pero estaré esperando por ello… –

Respondí, y salí de la habitación. Minase estaba allí. Me miraba de forma extraña, como con envidia. ¿Ahora estaba celosa de mí? me preguntaba. No dije más y bajé las escaleras.

———-

Abajo me esperaba Habara, con los brazos cruzados.

–Pensé que tardarías todo el día… –

Dijo ella.

–Sí, bueno, la verdad es que… –

Y me quedé callado. Habara tragó saliva.

–Yo estoy aquí, ¿cierto? Dime, ¿Crees que ella está feliz con eso? –

Preguntó, mirándome con cara de expectación. Preguntaba si Akane sería mejor con ella por el hecho de que hiciera esto por mí, era fácil darse cuenta.

–Está feliz. –

Le dije, suspirando, pero ella notó mi confianza y se dio cuenta de que no me estaba refiriendo a que Akane estuviera feliz por esto.

–Estabas con ella… –

Dijo, mirándome como si hubiera alguna infidelidad en esto. Tiene que acostumbrarse, es lo que digo, pude ver el pequeño “crack” en su corazón al admitir eso.

–¿Por qué no esperamos un poco? Habla con ella. –

Pregunté, tratando de ser amable.

–¡No! Además, vamos tarde. ¿Qué te ocurre? ¿Es que no puedes pensar en otra cosa? –

Preguntó ella, dándose la vuelta. Ah… esta niña es aún peor que Sanae. Akane bajó a la sala en ese momento. Habara sonrió como una tonta cuando la vio.

–Hola… –

Dijo, saludándola como una niña boba.

–Habara… te encargo a mi marido ¿entiendes? Es un mujeriego, así que no te separes de él. –

Le dijo. Le hablaba como una persona normal, no había demasiada familiaridad en ella, pero tampoco estaba insultándola ni mucho menos intentó nada. Mizumi me miró con coraje.

–No te preocupes, Fumishi-chan, lo mantendré vigilado. –

Le aseguró. Al parecer, ellas tenían sus propios planes acerca de lo que querían que pasara conmigo.

Salimos de la casa luego de aquello, y caminamos por un momento en silencio. Habara venía vestida como una celebridad, y mucha gente volteaba a mirarla al pasar. Después de unos momentos, eso comenzó a molestarla.

–¿Podemos ir por otro sitio? –

Preguntó ella.

–Bueno… es que es el camino más corto… –

–Sí, pero… ¿Qué no tienen otra cosa que mirar? ¿Nunca han visto una chica antes? –

Preguntó ella, enfadándose. Sin pagar no, es lo que quería decirle, pero me guardé mi pensamiento.

–Las vemos todos los días, pero no son así como tú. –

Expliqué. Su modo de vestir resultaba un poco llamativo. No diré que era sexy, sino todo lo contrario. Parecía una Idol.

Estábamos en un área donde nunca se ve una en la calle y, por cierto, tampoco se ven muchas personas haciendo cosplay ni nada por el estilo.

–¿Qué quieres decir con eso? –

Preguntó ella, molesta.

–Bueno… es que tu modo de vestir resulta llamativo. Es lindo… demasiado. –

Expliqué. Habara suspiró.

–Es culpa de mis primas que tenga que verme así. Yo no me visto así todos los días. –

Se quejó ella. Luego de eso seguimos caminando. Ella lanzó un suspiro grande cuando llegamos al edificio de la compañía. Hay que ver que, para ella, este sitio era como su castillo.

–Creo que he perdido años de mi vida. –

Dijo ella, quejándose.

–Pues… prepárate para perder más, porque ahora ese es el camino que tienes que hacer para ver a Akane. Es decir, no hay clases. –

Le dije. Habara me miró con odio.

–Ya lo sé… –

Dijo ella, enojándose de que le recordara que ahora, por lo menos, tendría que ir y venir todas las veces que la viera. Creo que esta niña rica no está acostumbrada a andar por las calles.

Luego de eso llegamos al elevador.

A diferencia de la última vez, nadie me hizo preguntas o intentó detenerme. Hay que ver que aquí sí la conocían.

–Muy bien. Normalmente las entrevistas las hace mi prima. Pero cuando es alguien para un puesto como el tuyo, es mejor que sea mi tío quien hable contigo. Tú solo ocúpate de decirle que sí a todo. –

Dijo ella. Presionó el número 16 en el elevador.

–¿Por qué tu tío? –

Pregunté, eso me daba más nervios de los que debería. ¿Íbamos a ver al dueño? ¿Solo así?

–Porque cuando es alguien que viene a un puesto importante, es mejor que hable con él. –

–Pero yo no vengo a buscar un puesto importante. –

Creo que tenía el estómago revuelto.

–Sí, sí vienes… –

Respondió ella, como si fuera lo más natural.

–Creo que quiero vomitar. –

Respondí. Es que… yo solo sé hacer pan…

–Oh, no seas cobarde. Todo lo que hay que hacer es obedecer y estarás bien. –

Respondió ella. Para ella es fácil decirlo. Tengo la impresión de que nunca ha trabajado en su vida, es más, esta niña ni siquiera sabe qué cosa es eso.

Al parecer, para Habara Mizumi, todo lo que hay que hacer para tener un conglomerado inmenso es tener un montón de personas que “obedecen”. No creo que entienda siquiera el esfuerzo que su padre y su tío tienen que haber puesto en esto.

Y no lo entendió, me di cuenta cuando bajamos del elevador. Había una persona ahí hablando con el señor. Habara cruzó los brazos esperando a que se fuera. La persona se dio cuenta y se fue.

Yo batí la cabeza.

–Hola… –

Saludó Habara, el señor se llevó los dedos a la nariz. Creo que hablaron de esto con anterioridad y lo que era peor, el señor no estuvo de acuerdo.

–Mizumi. Ya te dije que no puedes saltarte el protocolo solo porque tú quieres… –

Le comentó el señor, a mí ni siquiera me miraron.

–¿Eh? No entiendo a qué te refieres, querido tío. –

Le dijo. Hablaba exactamente como me habló a mí cuando me echó de aquí.

–Habara-san, esto no es… –

Comencé a decir, Habara me miró, y me hizo una seña con el dedo en los labios para que me callara.

–Y supongo que él tampoco tiene nada que decir en todo esto que estás haciendo. No puedes hacer eso, Mizumi. –

Me dijo el señor.

–Espera, entonces… –

Dijo ella y tomó el teléfono.

…Moshi-Moshi. Hola. Sí, aquí estoy con tu esposo en su oficina. Mi tío es un hombre tan trabajador ¿verdad? Creo que me va a comprar algo importante hoy. Oye… tengo una noticia espectacular… recuerdas aquella chica fea que vimos con él, esa que pensabas que era su amante…

La cara del hombre palideció horriblemente. Lo compadezco, no sé con qué lo estaban amenazando, pero si amante no era suficiente entonces esto era un asunto muy serio.

…No… no. No es que esté con él ahora… lo que pasa es que conseguí lo que creo que es su número. ¿No es genial? Es decir… podemos hablarle por teléfono y averiguar TODO…

Y lo miró con esos ojos diabólicos que ella sabía poner.

…Sí, sí, lo llevaré luego, todavía no lo he probado, pero espero que funcione… espera… tengo otra llamada.

Y colgó

Volteó a ver al señor, quien tenía las manos firmemente aferradas al escritorio.

–¿Le digo? –

Preguntó ella.

–No lo hagas… –

Respondió él, evidentemente. Estaba incluso sudando.

–Le puedo decir… –

Insistió ella.

–Mizumi. –

Se quejó el señor. Y yo como no entendía nada, me quedé callado. Luego ella se volvió a mí y me puso la mano en el hombro, miró al señor luego.

–Entonces contrátalo… –

Yo no quería ser contratado así. Este hombre no me conocía y ya me odiaba.

–Seguirás chantajeándome incluso si lo hago. –

Se quejó el señor.

–¿Entonces? ¿Le decimos a mi tía que tienes otra hija? ¿Que te encontramos en el centro comercial no con una amante sino con tu hija? Y que le has sido infiel desde siempre… –

El hombre se llevó las manos a la frente.

–No solo eso, espera… tienes toda una doble vida… otra esposa, otra familia, una hija horrible… ¿Cómo crees que eso la hará sentir?… –

Preguntó Mizumi, adelantándose.

–¡Ya basta! –

Mizumi juntó las manos con una amplia sonrisa.

–O, ya sé… podemos decirle a esa niña, que su padre tiene otra familia… imagina la cara que pondrá… –

Dijo, parecía emocionada. El señor salió del escritorio y se acercó a nosotros, o más bien dicho, a Habara.

–No metas a Nowaki en esto… ¿Estás dispuesta a llegar tan lejos? –

Se quejó. Habara se adelantó un paso hacia él. Estaba tan ocupado deseando desaparecer que no me puse a pensar para nada en lo que estaba diciendo.

–No lo sé… tú dime… ¿Qué tan lejos tengo que ir? –

Me llevé una palma a la cara.

Al parecer, este es el único modo de hacer las cosas que ella conoce.

No sé por qué, pero tenía el presentimiento de que este nuevo enredo no terminaba solo aquí.