Hero Traitor V2 C2

Modo Noche

Capítulo 2: La Santa de Marfil

Cuando el Rey Demonio desvió la magia de luz del más alto calibre, Torrente Sagrado, Santa Sanctina y sus acompañantes usaron su círculo mágico para escapar del Valle del Perro a los restos de la catedral en el Reino Boar. A pesar de su humillante derrota, la cara bonita de la Santa no mostraba signos de molestia o impaciencia.

“Nuestra Diosa nos está poniendo a prueba. Estaremos un paso más cerca de su paraíso una vez que destruyamos a ese malvado Rey Demonio.”

Este paraíso sólo estaba abierto para los fieles devotos de la Diosa Elazonia después de la muerte. Para mostrar su valía y unírsele, se les requería eliminar esas siniestras criaturas demoníacas, aún si eso significaba que ellos tuvieran una muerte honorable — para ser resucitados y enfrentarlos de nuevo.

Su determinación para unirse a la Diosa era digna de un fiel devoto, y los guerreros santos la bañaban en alabanzas.

“Está absolutamente en lo correcto, Lady Sanctina.”

“Además de usted, ¿Quién más podría tener la posibilidad de derrotar al Rey Demonio?”

“Pelearemos por usted, nuestra Santa, hasta nuestro último aliento.”

Mientras se arrodillaban fielmente frente a ella, Sanctina les sonrió serenamente. Ella estaba acostumbrada a este tipo de cosas, aún si ellos fueran mayores que ella.

“Tal vez hayamos perdido esta vez.” — Comenzó — “Pero aún tenemos otros métodos para derrotar a su regente malvado.”

Ese método era la magia de luz más fuerte conocida por el hombre: Ruina Solar. Crea un lente mágico gigantesco que se extiende por el cielo hasta el distante más allá, reuniendo energía solar para carbonizar la superficie terrestre. Era el castigo divino de la Diosa.

De acuerdo con sus enseñanzas, le dio estos poderes al primer papa, quien hizo estallar la ciudad capital hereje Mouse usando Ruina Solar. Muchos cuadros representaron este momento divino: los lentes mágicos absorbiendo los rayos del sol, el cielo del mediodía volviéndose de un negro muy oscuro, y el violento calor y luz cayendo hacia la ciudad como una cascada — más de diez mil grados Celsius.

El corazón de Sanctina se hinchó en anticipación mientras pensaba el cómo, también, sería retratada en pintura tras pintura en su momento de victoria cuando derrotara al Rey Demonio.

No hizo esfuerzo alguno en calmar su corazón.

“Con eso dicho, no podemos derrotarlo así como estamos ahora.”

Después de todo, incluso el primer papa no podía invocar Ruina Solar sin la bendición y apoyo de la Diosa. No importa cómo lo mires, Sanctina y sus míseros treinta guerreros no podían reunir el poder suficiente para utilizar tal aberración mágica.

Mientras ella caía en pensamiento con una expresión problemática, uno de sus hombres habló. — “Tal vez deberíamos consultar con el Cardenal Cronklum. Nos obsequiará algo de su sabiduría y visión general de nuestro próximo movimiento.”

“Ah sí, es una grandiosa idea.” — Expreso Sanctina, mientras aplaudía con una sonrisa en su rostro.

A través de mensaje telepático le explico toda la situación a Cronklum quien está en la Archibasílica.

(Ese es el por qué me gustaría solicitar su asistencia para destruir a su rey diabólico.) — Concluyó.

(Ya veo.) — Respondió sin darle reprimenda alguna al haber fallado su misión. Sugirió una solución — (Diríjanse al país minero del norte, Tigris. Ellos deberían tener el tú ya sabes qué.)

(¿Tú ya sabes qué?) — Preguntó, inclinando su cabeza en una confusión momentánea.

Pero cuando Cronklum explicó, ella estuvo de acuerdo de inmediato — (Sí, deberíamos ser capaces de derrotar al malvado Rey Demonio usando eso.)

(Muy bien entonces, espero buenas noticias.)

Después de ello, él cortó la conexión telepática y revisó si no había alguien alrededor — “Eso y la gente de Tigris no tienen la suficiente fe en nuestra Diosa. Qué gran oportunidad para hacerles recordar la fuerza de la iglesia.” — Cronklum susurró para sí mismo.

Con la derrota del Rey Demonio y la toma del cínico país Tigris en su bolsa, seguramente sería elegido como el siguiente papa, no había duda de ello.

“Cuento contigo, mi amada Santa.”

Mientras pensaba en el día en que su caro y fiel sabueso cazaría un ciervo para él, su cara se iluminó con una sonrisa radiante.

En la taberna y posada en el Reino Boar, su propietario de mediana edad sonrió por la sorpresa cuando el chico de cabello negro y su sirvienta le hicieron una visita.

“El chico está vivo! Cuando no regresaste de tu disputa contra el Rey Demonio, pensé que ustedes habían muerto.”

“Bueno, ya sabes, hierba mala nunca muere. No te puedes deshacer de alguien con mala personalidad tan fácilmente.” — Respondió el chico de cabello negro.

“Eso no es algo que se deba presumir.” — Mencionó el propietario mientras les ofrecía tarros de cerveza para celebrar su regreso.

En lo que Shinichi tomaba un asiento frente a la barra, aceptó agradecidamente la bebida.

“Hablando de eso.” — El propietario cambió el tema — “Asumo que la pequeña Señorita Arian está bien, ¿Cierto?”

“Seh, no pudo venir hoy, pero ella está bien.”

“Señor, me gustaría ordenar algo de jamón y pan.” — Interrumpió Celes.

“Ah bien, con que la chica está bien.” — Murmuró el propietario, viéndose aliviado mientras preparaba su orden — “Digo, no estaba preocupado por su vida, ya que es una de las heroínas inmortales, pero con todos esos panfletos circulando por la ciudad diciendo que fue acosada sexualmente por el obispo y todo, estaba un poco preocupado que se sintiera triste o algo parecido.”

“¿Hmm? ¿Es eso lo que ha estado ocurriendo?” — Shinichi fue quien había distribuido esos panfletos, pero fingió ignorancia, ordenando su propia comida y cambiando el tema — “Por cierto, ¿Es verdad que esta dama Santa o quien sea va a intentar derrotar al Rey Demonio?”

Viendo que su ataque explotó hacia ellos desde el sudeste cerca del Reino Boar, Shinichi sospechó que ella podría haberse detenido ahí. Su sospecha parecía ser cierta, ya que el propietario de la taberna asintió, viéndose un poco sorprendido.

“Eres rápido con la información. Escuché que la iglesia asumió que fallaste y despacharon a la Santa Sanctina para hacer el trabajo.”

“¿Podría darme por favor el pan y jamón para llevar? Me encantaría llevarlo a casa.” — Celes se interpuso de nuevo.

“Celes, ¿No puedes ver que estamos teniendo una conversación justo ahora? Hazlo luego.” — Advirtió Shinichi, implicando que debería prestar más atención.

“Nada es más importante que la comida de Lady Rino.” — Le recordó.

Cuando se trataba de asuntos relacionados con la comida, la sirvienta se volvía bastante inútil, incapaz de responder o trabajar apropiadamente. El propietario sonrió ante la familiar escena de ambos discutiendo, mientras envolvía el jamón y el pan en un trozo de tela.

Continuó con la conversación — “Hablando de la Santa Sanctina, escuché que es mejor usando magia que los mismos cardenales. Si flojeas demasiado, derrotará al Rey Demonio antes de que te des cuenta.”

“Bueno, como ya nos tiene enganchados, esperamos unir fuerzas con la Santa. ¿Aún sigue por aquí?”

“Mala suerte.” — Gruñó el dueño — “Escuché que ella estaba aquí hasta ayer. Parece que ya se marchó a alguna otra parte.”

“Oh, huh. No sabes a dónde fue, ¿Verdad?” — Preguntó Shinichi.

El propietario estaba desconcertado por un momento — “Hmmm, definitivamente los escuché decir que ella se fue por la puerta norte, así que probablemente se dirija al país minero, Tigris.”

“¿El país minero?”

“Ve al norte alrededor del Valle del Perro hasta el pie de las Montañas Matteral. Ahí es donde está su ciudad. Sabes, el área ha estado bastante bien con la minería de hierro y oro.”

“Hmm, Me encantaría dar con una mina repleta de oro y volverme rico rápidamente.”

“Tú y cualquier idiota allá afuera. De hecho, un montón de ellos ya fueron para probar su suerte.”

Por supuesto, el gobierno ya había adquirido las mejores áreas mineras en su territorio. El sueño de descubrir oro sólo permanecería como un sueño.

“Allá van mis esperanzas en la fiebre del oro… De cualquier modo, ¿Por qué la Santa va hacia allá?”

“¿Crees que lo sabría? Por qué no vas y le preguntas tú mismo.” — Contestó el propietario. Sin embargo, le dio una advertencia útil — “Pero no creo que seas capaz de aliarte con la Santa.”

“¿Por qué?”

“El rumor dice que ella es la prodigio favorita del Cardenal Cronklum, y por ello está rodeada por un montón de guerreros santos quienes alejan a los que consideren innecesarios.”

Esto fue lo que dijo uno de sus clientes usuales: Ella tenía una treintena de hombres a su lado cuando se dirigía al norte.

“Al contrario de la sana Señorita Arian, esta chica es una historia diferente. Estaré dispuesto a apostar a que ella nunca dejaría que alguien que no sea un héroe se le una.” — Continuó.

“Desearía poder enviar mi solicitud o algo.” — Bromeó Shinichi, ocultando su frustración.

Bueno, creo que eso sería demasiado fácil.

En situaciones de vida o muerte, la confianza era más crucial que la habilidad para unificar a un grupo. Con su grupo bien conocido de hombres y habilidades mágicas, ciertamente no tenía razón para agregar a alguien sospechoso a su grupo.

Más importante, si escuchaba que el Obispo Hube había acusado a Shinichi y Celes de conspirar con el Rey Demonio, sería incluso peligroso mostrar sus rostros.

“Oh cierto, ¿Qué le pasó al Obispo Hube?” — Preguntó.

“¿Hm? Fue llamado devuelta a la Archibasílica. Creo que estaban lidiando con ese incidente de los panfletos y estaban decidiendo si él era responsable del colapso de la catedral. Escuché un rumor de que le habían quitado su título de obispo como castigo.”

“Aw, qué mal (Hehehe, trágate esa).”

(No necesitas telepatizarme tus verdaderos sentimientos.) — Recalcó Celes, bebiendo lo último de su cerveza. Ella estaba harta de verlo sobresalir en mantener la cara seria mientras se burlaba sutilmente para sí mismo.

Shinichi tomó su bebida terminada como una señal, dejando algunas monedas en el mostrador mientras se levantaba — “Gracias por la comida. Volveremos después.”

“Sí, y la próxima vez trae a la pequeña señorita contigo. Dile que de todos modos nadie cree esos rumores horribles.” — Dijo el propietario.

Él ya tenía su mano en la puerta, listo para irse, pero en cuanto fue sorprendido por la preocupación del propietario acerca de Arian, se detuvo y miró hacia atrás.

“Hey, ¿Has escuchado hablar acerca de las papas fritas?” — Preguntó.

“¿Qué es eso?”

“Es una manera de cocinar papas. Usa mucho aceite así que es caro hacerlas, pero apuesto que irían bastante bien con cerveza…”

Después, estas papas fritas — receta de Shinichi — se volverían popular en el pueblo. Un gran éxito, tanto que el propietario lloró de felicidad ante su nueva prosperidad.

Shinichi y Celes regresaron al castillo del Rey Demonio para dejar la comida para Rino y recoger a Arian antes de irse a Tigris, el país minero.

“¿Has estado ahí antes, Arian?” — Preguntó.

“Sí, solía pasar por ahí cuando era una cazadora de monstruos. Puedes obtener ollas de hierro, herramientas y cosas muy baratas. Oh, y la calidad también es buena. Sabes, mi vieja espada fue hecha en Tigris!” — Dijo Arian.

“¿Tu vieja espada? Era más bien un garrote.”

“Bueno, no tenía mucho dinero entonces…”

En ese entonces, ella había ordenado una espada lo suficientemente fuerte y gruesa para que esta no se doblara bajo su fuerza como mitad dragón. Con ello, no tenía el dinero suficiente para decorar o afilar la espada. Recordó con nostalgia mientras acariciaba la espada mágica hecha por enanos que estaba atada a su cadera.

“No creo que vendan espadas mágicas, pero sus bienes son tan baratos y de buena calidad que incluso los venden en el Reino Boar.” — Explicó.

“Así que se benefician de comprar barato en Tigris y vender caro en el Reino Boar,”

Shinichi teorizó emocionadamente, chocando su puño contra su otra palma.

Esta era una valiosa información. Se volvió contra la sirvienta — “Celes, tengo una propuesta de negocios para ti.”

“Me rehúso a teletransportarte.”

“Tsk, ya te disté cuenta, ¿Huh?”

Piénsalo: Tomaba diez días viajar entre el Reino Boar y Tigris. Con teletransportación, podían reducir los gastos de viaje y el riesgo de asaltos en el camino. Queriendo decir que venderían a un precio más bajo que otros mercaderes, monopolizando el mercado, y obteniendo grandes ganancias.

“Déjame explicarte. Entre más grande sea el objeto, mayor poder mágico se requiere para usar teletransportación. La distancia también es un factor, significando que sería capaz de teletransportar, digamos, una carreta llena de bienes, sólo seis veces al día.”

“Sí, eso es más que suficiente.”

Cualquier usuario humano promedio de magia estaría sorprendido ante su indiferencia, palideciendo mientras se preguntaría quién demonios era esta persona.

Pero Shinichi sabía que sería un desperdicio hacerla usar su magia para tal esfuerzo, porque necesitaba encantar hechizos para atacar, encontrar a sus enemigos y ocultarlos a ella y a Shinichi.

Por encima de ello, ella no tenía intención de volverse enemiga de los mercaderes que haría caer en la bancarrota. Lo que significaba que su servicio de entrega de teletransportación express no daría resultado alguno.

“Con eso dicho, eventualmente necesitaremos hacer dinero de algún modo.” — Murmuró Shinichi.

Sí, había montañas de oro en el castillo del Rey Demonio. No era como si estuvieran escasos de fondos o algo. Pero él necesitaba recordar que no era infinito. Porque aún estaban en las primeras etapas del cultivo y tenían un largo camino hacia la autosuficiencia, necesitaban gastar un monto considerable por alimentos de las aldeas vecinas. Significando que había un montón de gastos y nada de ingresos, y él necesitaba asegurar algo de ingresos para proveerse a futuro.

“Si tan sólo tuviéramos algunos especiales exclusivos de los demonios o algo parecido, estoy seguro de que estaríamos rodeados por mercaderes ansiosos de obtener una rebanada del pastel.”

Si pudieran negociar y vender sus almas por dinero constante, los mercaderes serían los primeros en la línea para vender, vender, vender. Si los bienes son lo suficientemente tentadores, pensó, algunos de los mercaderes definitivamente encontrarían un vacío legal a las enseñanzas de la Diosa y comenzarían a comerciar con los demonios.

“Y a partir de ahí, podemos establecer un mercado con los humanos, con lo cual reducirá eventualmente el prejuicio contra los demonios…” — Balbuceó.

“Wow, Shinichi, piensas en muchas cosas diferentes.” — Se maravilló Arian, mirando su cara seria en admiración.

“Ese es el trabajo de un consejero.” — Respondió Celes sin tanto embellecimiento, pero incluso ella le dio algo de pan para el almuerzo como agradecimiento.

Pasaron el tiempo hasta que eventualmente llegaron a Tigris.

Contra el espléndido paisaje de las Montañas Matteral alargándose a la distancia en ambas direcciones, ellos estaban de pie frente a las murallas de la ciudad. Estas estaban hechas de piedra de la cadena montañosa, apiladas en alto y gruesas ante la ciudad. Era formidable, era más apropiado para una fortaleza impenetrable que una ciudad minera.

“Bueno, apuesto a que al Rey Demonio le bastaría un solo golpe para destruirla.” — Alardeó Shinichi.

“Él es como una excepción a la regla, ¿Cierto?” — Agrego Arian, sonriendo secamente.

Pensar que estas murallas no son más que papel para el Rey Demonio y en comparación a los héroes, y ni mencionar a los humanos, quienes batallarían y vacilarían frente a esta fortaleza.

Había ríos de gente y vagones entrando y saliendo de las puertas de la ciudad: mineros yendo a trabajar, gente transportando minerales a la ciudad, mercaderes almacenando bienes de metal.

Los tres se movieron entre las multitudes y no fueron detenidos por los guardias de la puerta, ya que entraron sin complicaciones.

“No sé si sea por su industria principal, pero hay un montón gente con aspecto rudo alrededor,” — Observó Shinichi.

“Creo que eso tiene sentido. Tienes que ser realmente fuerte para trabajar como herrero y todo eso.”

Todos los hombres caminando por la calle parecían fuertes, pero no había muchos que lucían como esos machos levantadores de pesas. Eran más que nada delgados, como corredores de maratón.

No creo que sea ese el modo en que ellos quieran verse — más bien no comen lo suficiente para tonificar los músculos.

Por un lado, el uso de magia en este mundo estaba limitado a unos cuantos seleccionados, aún si fuera un poder que superaba por mucho a la ciencia. Estos pocos agraciados se convertían en magos de la corte o sacerdotes, cazadores de monstruos o incluso héroes — no acabarían arando el campo en alguna granja.

Debido a la magia y su conveniencia, no había muchos avances científicos en este mundo — sin cosechadoras, tractores, o cualquier otra máquina, y ciertamente, nada de pesticidas o fertilizante químico. Todo esto significaba que sus cultivos eran relativamente pequeños, y no podían obtener el alimento necesario para ponerse al peso como el japonés moderno.

Pero no parecen estar muriendo de hambre, así que eso es bueno.

Al menos, tenían papas, lo cual era lo más cercano a hacer trampa en el juego de nutrición. Y tal vez este mundo esté bien acomodado después de todo.

Shinichi estaba perdido pensando cuando de repente notó el delicioso aroma de comida flotando hacia a él. Cuando buscó el origen, vio a un chico vendiendo brochetas de carne desde su carrito.

“¿Qué es esto?” — Preguntó Celes.

“Brochetas de cabra!” — Explicó Arian — “Como un pequeño extra, derretirá un poco de queso de cabra para ti!”

Voló hacia el puesto en un parpadeo — “Me llevaré todo lo que tenga,” — Ordenó.

“Celes!” — Shinichi la regañaba mientras la seguía — “Para!”

“Margh blamag glomarm.”  — Masticó y tragó.

Incluso con sus cachetes llenos de carne asada, ella no olvidaba recibir su usual golpe de parte de él.

“Come o habla. No hagas ambos al mismo tiempo.” — Shinichi tomó un pañuelo de su bolsillo e intentó limpiar el queso de su cara — “Cielos. La primera vez que te vi, pensé que eras una chica genial. Oh, ¿Por qué cambiaste a esto…?”

“Si no hubiera conocido tales deseos irresistibles, no habría cambiado. Tú eres quien le enseñó a este cuerpo inocente tales cochinadas.”

“¿Podrías por favor dejar de hablar?” — Rogó Shinichi.

No podía negar que él era la razón por su pasión por la carne (De forma no sexual), pero nunca anticipó que se volvería una chica tan melosa y torpe. No podía hacerse responsable de ello.

Mientras pensaba y dejaba escapar un suspiro, alguien tocó su hombro.

“¿Qué sucede, Arian?”

“Bueno, pensé que las brochetas eran en verdad deliciosas,” — Dijo, mostrando sugestivamente el queso pegado a su mejilla mientras mordía su brocheta.

“…Tienes algo aquí.” — Shinichi rio secamente en lo que limpiaba su mejilla con su pañuelo.

Su sonrisa estaba llena de felicidad — “Hehehe, gracias!”

“No es nada,” — Shinichi respondió avergonzado, tomando su propia brocheta en un intento de ocultar su vergüenza.

Mientras el chico del puesto de brochetas tomaba las monedas de Shinichi, lucía como si estuviera listo para llorar sangre, haciendo gestos al área alrededor de ellos — “Señor, ¿Podría irse ya?”

Cuando Shinichi finalmente observó alrededor, se dio cuenta que una multitud de hombres se había detenido, hipnotizados por Celes y Arian. Oh, y también estaban hirviendo de celos y envidia.

“…Lo lamento mucho,” — Dijo Shinichi, inclinando profundamente su cabeza.

Tomó las manos de las chicas y huyó, dejando atrás la ira homicida de cada soltero del lugar.

“Fuuu. Saben que ustedes son bonitas, ¿Verdad? ¿Podrían al menos intentar no hacer algo que pueda atraer innecesariamente la atención?”

“Aw, piensas que soy bonita, tehehe.”

“Adúlame todo lo que quieras, pero no te daré mis majestuosas carnes.”

“…Tal vez debí haber venido solo,” — Shinichi gimió con arrepentimiento mientras miraba a Arian sonrojarse y a Celes masticar.

Pero también, eso sería pedir demasiado.

Mientras continuaba pensando, comenzaron a caminar por un camino amplio hacia el castillo.

“¿Vamos a ir al castillo?” — Preguntó Arian.

“No, pensé que estaría cerca del castillo — Ah, sí, ahí está.”

Ahí, a doscientas yardas de las puertas del castillo, estaba el edificio que tenía en mente. Era un poco más pequeño que el que estaba en el Reino Boar, pero sus incandescentes muros blancos brillaban en santo orgullo mientras se bañaban con la luz del sol.

Era la Catedral de Tigris de la Diosa Elazonia.

“Si la Santa está en Tigris, aquí es donde estaría.”

“Muy bien, averigüémoslo!” — Gritó Arian.

“No, espera un segundo,” — Gritó Shinichi, agarrándola mientras giraba para dirigirse directamente a la catedral — “La gente va a reconocerte. Puede que me reconozcan también.”

“Oh cierto…” — La cara de Arian se nubló mientras lo pensaba mejor.

Esto era porque podrían ser capturados en el momento en que pusieran un pie en la catedral, si el Obispo Hube había esparcido la noticia de que cierto chico de cabello negro influenció a una heroína pelirroja para traicionar a la iglesia. Con Celes a su lado, probablemente no perderían si llegaran a pelear. Pero si su oponente era una heroína inmortal. Tampoco tendrían la oportunidad de ganar.

Sería lo mejor ocultar sus apariencias hasta que reunieran la suficiente información para elaborar un plan que la rompería psicológicamente.

Bueno, la verdad, no necesitaban tomar tal precaución. De seguro, el Obispo Hube testificó algo cercano a la verdad, pero omitió algunas partes para hacerse ver mejor: sin mencionar su amor por Arian, su comportamiento abusivo, o como fue humillado por Shinichi.

Eso hizo que toda su historia apestara a mentiras.

Desde la perspectiva de los cardenales, quienes querían eliminar esta amenaza inminente de obispo, les servía mejor explicar su acción como el castigo divino de su Diosa por su falta sexual contra una niña. Este era el mensaje que ellos habían esparcido al resto de la iglesia. Al final, favorecieron las mentiras sobre las verdades y determinaron las verdades como mentiras.

Por supuesto, no había manera de que Shinichi supiera esto, así que apilaba una precaución tras otra.

“Podríamos cambiar nuestras apariencias con la magia de Ilusión de Celes, pero los usuarios de magia lo notarían, ¿Cierto?”

“Sí, es bastante difícil ocultar el flujo de poder mágico,” — Respondió Arian.

Era posible engañar a alguien si un usuario mágico tenía mucho más poder mágico que el otro, pero Arian era capaz de ver a través de ello, y antes de eso, incluso el Obispo Hube había notado sus esfuerzos. Lo que significaba que deberían asumir que la Santa debería también ser capaz de percibir el cambio.

“¿Crees que los clérigos usen el hechizo Dispel en un devoto promedio en el momento que pise la catedral?”

“Um, ¿Me pregunto ello?” — El rostro de Arian se retorció — “Sería bastante grosero ir por ahí disipando hechizos Ilusión que otros tengan…”

“¿Y eso por qué?” — Preguntó Celes en voz alta, teniendo algo de dificultades en entender los más pequeños detalles de la cultura humana.

Shinichi respondió en lugar de Arian — “Hey, recuerdas cómo cambiaste mi apariencia de mercader con la cara quemada, ¿Verdad? Es lo mismo. Algunas veces, la gente tiene cosas que preferiría ocultar. Sería grosero hacer que esté a la vista del público.”

“Ya veo. Es cierto.”

“Bien. Incluso si Arian agranda su pecho, sólo la dejas en paz, ¿Entendiste?”

“Entendido.”

“No he hecho nada como eso!” — Grito Arian, cubriendo su pecho plano, con lágrimas en los ojos ante tal acusación infundada.

“Ese es el porqué es grosero disipar una Ilusión al azar, pero dudo que los miembros de la iglesia dudarían…” — Argumentó Shinichi.

“Ustedes dos aparte, sería malo si expusieran mi verdadera forma,” — Añadió Celes.

Una mirada a sus orejas largas, y ellos sabrían instantáneamente que era un demonio, llevándolos inmediatamente a una situación hostil.

“Es por ello que no podemos usar magia. Necesitamos encontrar otra manera de cambiar nuestras apariencias, como un sombrero, un tinte de cabello o—”

Mientras continuaban discutiendo los disfraces posibles, miró a un hombre salir de lo que parecía ser la puerta trasera de la catedral. Algo acerca de él hizo que Shinichi se sintiera bastante incómodo.

“¿No les parece ese tipo particularmente débil?”

Seguro, tenía una complexión corpulenta como un minero, pero sus piernas temblaban tanto que aparentaba que apenas tenía la fuerza para caminar.

“¿Huh? Espera!” — Shinichi exclamó con una explosión repentina de inspiración.

“Estás equivocado,” — Contestó Celes.

“Aún no he dicho nada.”

“Déjame adivinar: Estás pensando, ¿La sagrada Santa deja que los hombres jóvenes jueguen con su santísimo cuerpo por la noche? ¿Cierto?”

“……” — Shinichi no respondió, desvió la mirada.

“Tu mente cochina te metió en problemas de nuevo.”

“……”

Arian sospechó que la mente de Celes era igual de cochina por leer sus pensamientos, pero ella no dijo nada.

“Me pregunto qué es lo que lo cansó tanto,” — Dijo él.

Siguiendo al hombre demacrado, la puerta se abrió de nuevo para dejar pasar a una anciana y un niño. Jadeaban mucho y sus pasos también eran lentos.

“Quiero saber qué es lo que ocurre ahí adentro, pero no tenemos tiempo para buscar un disfraz…”

“Parece que no hay AntiMagia en el edificio. Podría mirar y escuchar usando Clarividencia y Escucha, luego compartirlo con ustedes usando un hechizo Enlace.” — Propuso Celes.

En las sombras de un edificio cercano, ella tomó las manos de ambos y realizó el encantamiento, evocando las imágenes y sonidos de dentro de la catedral. Mientras ella lo veía en su ojo mental, ella lo pasaba a los dos humanos.

“La arquitectura dentro no es del todo diferente a la Catedral del Reino Boar, tampoco… Ah, ahí.”

Justo al final de la catedral había una sala de oración, conteniendo una opulenta estatua de la Diosa y en el centro de todo, una sola chica, rodeada por sus guerreros santos.

Ella tenía tez blanca, cabello plateado y túnicas blancas del color de las perlas.

Con un delicado rubor en su rostro, recordaba a un hada de las nieves, amenazando con desaparecer en cualquier momento. En contraste, su cuerpo era femenino y suave, formidable y tenso en los lugares correctos. Tenía un encanto y una sensualidad que no encajaban con su edad. Esta era la enemiga más reciente del Rey Demonio: la Santa Sanctina.

“Lo sabía! Buen estuche*!” — Gritó Shinichi. (NT: Por ‘Estuche’ se refiere a su apariencia exterior.)

“Bien por ti.”

“Espera, ¿Es de la misma edad que yo…?” – Cuestiono Arian.

Los tres tenían reacciones diferentes ante sus melones gemelos, hasta que su atención giró a un objeto al lado de ella.

“¿Qué rayos es eso?”

Era un cristal de diez pies de alto, traslúcido y que sobresalía por encima de ellos.

No había sido cortado: su superficie era áspera, dejada como si hubiera sido sacado de la tierra. Pero era tan cautivador que atraía la atención de aquellos alrededor — la gema más hermosa de todas.

“Ustedes no recuerdan haber visto algo como eso en el Reino Boar, ¿Cierto?”

“No, ni siquiera en la catedral,” — Respondió Arian.

Eso significaba que esta cosa no podía ser algún tipo de herramienta para un ritual de la iglesia de la Diosa. Ambos ladearon sus cabezas al unísono.

Junto a ellos, Celes ofreció una posible explicación con incertidumbre — “¿Podría ser un conductor mágico?”

“¿Sabes lo qué es?”

“Sí. Pero este es el más grande que he visto,” — Murmuró ella — “Es por eso que no puedo estar segur—”

Pero antes de que Celes pudiera terminar su explicación, la Santa hizo un movimiento.

“Siguiente. Por favor entra,” — Llamó ella.

“S-Sí.”

Un joven con una herida profunda en su brazo entró a la sala de oración. Al principio estaba sorprendido por el cristal gigante, luego por la belleza de la Santa, olvidando completamente el dolor punzante en su brazo y su cara se volvió roja como un tomate.

La Santa no parecía notarlo, ya que sonreía gentilmente y tendió su mano sobre su brazo derecho — “Curar.”

Una explosión de luz surgió de su mano curando su brazo al momento en que lo tocó.

“Muchísimas gracias. Aquí está mi ofrenda.”

Tendió un número de monedas de plata, esperando tocar su mano al momento en que ella las tomara. Pero uno de sus corpulentos guerreros se metió para tomar el dinero.

Abatido, se giró para irse, pero se detuvo en seco cuando ella lo llamó.

“Por favor espera. Antes de que te vayas, ¿Podrías ofrecer tu devoción a las Lágrimas de Matteral?”

“Estoy seguro que estás consciente del grupo demoníaco en el Valle del Perro. Este es un ritual necesario para derrotarlos,” — Explicó uno de los santos guerreros.

“¿Ah…?”

No parecía que estuviera entendiendo, pero un guerrero santo empujó su espalda hasta que estuvo justo delante del cristal gigante. Empezaron a presionarlo para que se diera prisa poniendo la palma de su mano en el cristal.

Tan pronto como hizo contacto, una luz tenue salió de su mano — y fue absorbida rápidamente hacia el cristal.

“Ah!” — Gritó sorprendido. Nunca había experimentado tal frío mordaz o fatiga extrema en toda su vida, y su trasero golpeó contra el suelo cuando perdió la fuerza para mantenerse en pie.

La Santa siguió sonriéndole serenamente — “Estoy muy agradecida con tu cooperación. Con tu fe y devoción, definitivamente venceremos al clan demoníaco.”

“Tu cuerpo se sentirá mejor luego de una buena noche de descanso,” — Aconsejó otro de sus hombres — “Por favor, vuelve pronto para ofrecer tu devoción a la Diosa.”

“No sólo tú,” — Añadió otro — “Dile a tus amigos y familiares que vengan y se ofrezcan.”

Sus miradas decían todo lo que no habían dicho: Si ignoras nuestra demanda, nunca serás curado en esta catedral de nuevo. Tiraron de sus hombros, forzándolo a levantarse y dándole un fuerte empujón hacia la puerta trasera.

Mientras la Santa observaba la escena, su sonrisa de plástico no vacilaba ni se movía en absoluto.

Llamó a otro paciente incrédulo de afuera — “Siguiente,” — Dijo ella — “Por favor entra.”

Ocurrió eso por un rato. Hombres y mujeres, jóvenes y ancianos. Todos fueron despojados de su fuerza, sacados a la fuerza a las calles en cuanto la Santa acabara con ellos.

Arian tembló de furia — “¿Por qué? ¿Por qué harían una cosa tan horrible…?”

“Para derrotar al Rey Demonio, por supuesto,” — Respondió Shinichi, soltando la mano de Celes, satisfecho con lo que habían visto — “¿Creo que esa cosa acumula poder mágico?”

“Sí, estos conductores mágicos son piedras raras que almacenan poder mágico.” — Celes asintió mientras explicaba.

Examinó por última vez el conductor mágico — Las Lágrimas de Matteral — y deshizo el hechizo de Clarividencia — “Pueden reunir magia para usar en hechizos o hacer artículos mágicos. Bueno, tómalo como algo incierto; no conozco los detalles, e imagino que sería mucho más rápido preguntarle a los expertos, los enanos.”

“Muy bien, preguntaré en cuanto regresemos al castillo.” — Él asintió en respuesta.

Pero en cuanto vio que otra madre e hijo debilitados fueron sacados fuera de la catedral, su rostro se torció en desagrado — “Así que piensan reunir la magia de la gente y lanzar un gran hechizo ofensivo… No puedes estar diciéndome que es como una Spi—Bomba.”

No había manera justa en que los héroes de la justicia derrotaran a sus enemigos. Pero colgar la fe sobre las cabezas de estas personas y obligarlas a rendirse… Bueno, esta escena diabólica era lo suficiente para hacerlo querer vomitar.

“¿Cuántas personas normales necesitarían reunir para derrotar al Rey Demonio?”

“…No sabría la cantidad. Pero tampoco puedo decir que es imposible,” — Respondió Celes, agitando su cabeza adelante y atrás.

Si la Santa y sus treinta hombres pudieran reunir sus poderes y quemar ligeramente al Rey, imagina lo que harían con el poder de cientos de miles de personas. Podría ser lo suficientemente poderoso para blandir su espada al Rey Demonio Azul.

“¿Debería destruir el conductor mágico?” — Celes estaba lista para eliminar completamente esta amenaza contra su maestro.

“No, esa es nuestra última opción,” — La rechazó, levantando su mano para detenerla — “No tenemos pruebas de que es su único conductor mágico. Y si lo destruimos, sólo suscitará a más violencia y los incitará a atacarnos con una fuerza mucho mayor.”

Unos agentes de los demonios destruyeron Las Lágrimas de Matteral. Se infiltraron en la ciudad — un enemigo de temer! Pero esto es prueba de que temen a los humanos. Ahora denle su poder a la Diosa de nuevo, y así habremos expulsado esta maldad de una vez por todas!

Así es como forzarían a la gente a tomar acción, y la situación se volvería mucho peor.

“Aún si asumimos que ese es su único conductor mágico, pueden lograr la misma cosa al liderar a todos al castillo del Rey Demonio,” — Continuó Shinichi.

Digamos, todos vienen al castillo, combinando el poder mágico de cientos de miles de personas. La Santa podría invocar un hechizo poderoso para destruir al Rey Demonio por siempre.

Para ser honesto, ese sería un final teatral y cliché. Shinichi se rio irónicamente, sabiendo que no había manera que ese día llegaría.

“¿Y qué si no son ciudadanos comunes? Si ellos reunieran unos cuantos miles de héroes, probablemente obtendrían el mismo efecto.”

“¿Por qué no han hecho eso?” — Preguntó Celes.

En lugar de responder eso de inmediato, Shinichi le hizo a Arian una pregunta — “¿Cuántos héroes hay por ahí?”

“Lo lamento. Sólo sé de mí, Ruzal y su grupo,” — Respondió tímidamente.

“…Oh perdón, olvidé que no tenías amigos.” — El rostro de Shinichi era serio.

“Eso no tiene nada que ver con esto!” — Balbuceó Arian con lágrimas en los ojos mientras él abría viejas heridas.

“Hey, no te preocupes por eso. Rino tampoco tiene amigos—”

“Puede que Lady Rino no tenga amigos de su edad,” — Interrumpió Celes — “Pero ella es amada por los residentes del castillo así como también decenas de miles de sus súbditos en el mundo de los demonios.”

“Déjala en paz. No creo que Arian pueda soportarlo! Su MP es casi cero!”

“…Está bien. Te tengo a ti, Shinichi.”

Celes no tenía ninguna intención en su ataque, pero Arian alzó la nariz al aire, abrazando sus rodillas contra su pecho. Shinichi trató de consolarla por un rato antes de regresar al tema.

“Estoy seguro que hay muchas razones por las que los héroes no se reúnen y realizan un ataque combinado hacia ellos: Tal vez no hay suficientes héroes o no están disponibles debido a que luchan contra otros monstruos o sus agendas simplemente no coinciden.”

Encima de ello, estaba la guerra política entre los cardenales por el nombramiento papal. Pero Shinichi no tenía conocimiento acerca de los dentros y las afueras de las disputas internas de la iglesia. No había manera que él supiera que este fuera el caso.

“En pocas palabras, no ven al Rey Demonio como una amenaza inminente que necesiten usar todo su poder colectivo para atacarlo,” — Sospechó él.

“¿Así que nos subestiman?” — La frente de Celes se arrugó por la molestia.

Pero ellos necesitaban ser agradecidos. Esa era la única razón por la que los demonios aún no habían sido aniquilados.

“Será nuestro fin si deciden librar una guerra todo o nada y apuestan las vidas de toda la humanidad. Odio decirlo, pero tengo la sensación de que el Rey Demonio aún podría ganarles… De todos modos, si llegamos a eso, Rino propondría una retirada hacia el mundo de los demonios.”

“Cierto.”

Al menos, esta batalla no era una lucha hasta la muerte con un sólo victorioso. Justo ahora, su única meta es crear un ambiente para que una Rino amante de la paz pudiera comer tanto como ella desee.

Mientras que el motivo oculto de Shinichi, bueno, es crear un país donde todos pudieran vivir felizmente, sin importar el lugar de nacimiento o raza, o si eran humanos, demonios o mitad dragón.

“Destruir el conductor mágico es nuestra última opción, ya que de seguro será la causa de la guerra. Y de cualquier manera…” — Shinichi contuvo el aliento por un momento, deteniéndose para dejar que su sonrisa más malvada rezumara en su rostro — “¿No sería más interesante robar ese conductor mágico y usarlo para nuestras acciones malvadas?”

“Estás enfermo,” — Escupió Celes, mientras que la imaginación de Shinichi corría junto a ella, pensando alegremente en convertirlo en un almacén mágico y hacer robots mágicos — “¿Cuál es nuestro próximo movimiento si no es destruir el conductor mágico?”

“Hmm, sí, eso…” — Cayó en pensamiento por un momento — “Verás, el conductor mágico podría ser reemplazado aún si lo tomamos. Llevémonos a la Santa. Eso es irremplazable.”

“¿Vas a volver a jugar con el corazón de una joven doncella?” — Comentó ella con un tono molesto.

“¿Huh?” — Se interpuso Arian, disparada desde el suelo olvidando su acto necio. Su rostro cambió repentinamente para mostrar una expresión de corazón roto, mientras se colgaba de su pecho — “¿Vas a hacerle lo mismo que me hiciste a mí a la Santa?”

“No, eso—”

“¿Vas a ser amable con ella también? ¿Hacerle panqueques? ¿Verla desnuda? ¿Lamer su cuello?”

“Cálmate Arian. Estás diciendo cosas algo locas!”

“Ah…” — Arian cubrió su boca y observó a Celes.

Pero la sirvienta no parecía sorprendida — “Si te refieres a lo que pasó en la posada, observé todo con Clarividencia.  No necesitan ocultarlo.” — Aseguró.

“Por qué le dijiste!” — Amordazó Shinichi, pero fue demasiado lento para detenerla.

“¿T-Tú viste… todo, todo eso…?” — Tartamudeó Arian.

Su cara se tornó blanca del miedo, luego roja de la vergüenza cuando se dio cuenta de lo que todo esto significaba.

“NOOOOooooo—!” — Se lamentó en desesperación mientras avanzaba hacia el horizonte, con un paso hacia el mañana.

Pero por supuesto, con lo considerada que era, desplegó su habilidad de salto para huir por los tejados, evitando lastimar a las personas en la calle mientras corría lejos.

“No tienes que huir así…,” — Él la llamó.

“Como amigos, pensé que no tendríamos secretos entre nosotros. Esto no es lo que pretendía…” — Celes se movió torpemente.

“Espera, ¿Esto es considerado de tu parte?” — Preguntó Shinichi, harto de toda esta situación.

“En todo caso, ¿Qué deberíamos hacer después?” — Preguntó ella, regresando al tema después de que salieran de entre la multitud que se reunía para observar la escena.

Los dos caminaron lejos hacia las sombras de los edificios.

“Pongamos toda esta charla de seducción a un lado. Lo mejor que se puede hacer es construir una amistad con ella y hacerla entender la situación de los demonios, pero…”

“¿No sería eso difícil?”

“Sí…” — Suspiró, en completa derrota — “Así como dijo el viejo en la taberna, hay un montón de esos guerreros santos a su lado. No hay manera de acercarse a ella.”

Bueno, probablemente descubriría un momento en que ella estuviera sola al monitorear su agenda y rutina diaria. Podría ser capaz de hacer contacto con ella más fácilmente si estuviera sola. Pero aún si pudiera, los guerreros santos lo interrumpirían y reprenderían, y con ello tomaría muchísimo tiempo construir una relación fuerte.

“Si perdemos el tiempo, ellos ya habrán cargado completamente el conductor mágico.”

“Encontrarnos con Arian por primera vez fue mucho más fácil que esto,” — Recordó Celes.

No tenían un límite de tiempo, era una solitaria, y era tan directa hasta el punto de la credulidad.

“Comparado con eso… No, no podemos rendirnos antes de intentarlo,” — Shinichi se interrumpió a sí mismo, sacudiéndose los malos sentimientos y mirando hacia adelante — “De cualquier modo, quiero encontrar una manera de acercarme y crear contacto con ella! Por esa razón—”

“¿Sí?”

“Busquemos a Arian.”

“…Mis más sinceras disculpas.”

Con Celes y su disculpa inusualmente sincera, Shinichi se dirigió hacia el horizonte, hacia el mañana, donde su niña sana había desaparecido.

El castillo del Reino Tigris no estaba decorado, ya que los constructores tomaron en cuenta su funcionalidad. Pero las paredes y suelos rústicos estaban decorados abundantemente con pinturas y alfombras, símbolos de las ganancias del país como el mayor exportador de metales.

Santa Sanctina se sentó en la sala de espera, ignorando el té y galletas mirando fijamente al ministro frente a ella.

“¿Me estás diciendo otra vez que no puedo ver a Su Majestad?”

“Mis más sinceras disculpas. Su Majestad ha sufrido de una enfermedad desde su niñez, y su condición no es lo suficientemente buena para verla…”

Sanctina suspiró a través de su sonrisa mientras el ministro seguía y seguía. Claramente él ya estaba en sus sesenta años, pero su cabello era extrañamente grueso para su edad.

“Me pone en un predicamento,” — Dijo ella — “Esperaba pedirle a Su Majestad que emitiera un decreto a su gente…”

…Para reunir su poder mágico en el conductor mágico gigantesco, las Lágrimas de Matteral, y borrar al impío líder de los demonios.

Habían llevado a cabo el plan como se los instruyó el Cardenal Cronklum, pero no habían progresado tanto como esperaban. Tomaron los poderes mágicos de los heridos y de algunos verdaderos fieles, pero el rumor se esparció por el pueblo, ninguno de los ciudadanos se atrevió a acercarse a la catedral. Aún si los pobladores no podían usar magia, este proceso los dejaba tan exhaustos que no podían trabajar por un día entero. Dado esto, no era de sorprenderse que no se aproximaran a la catedral.

Pero Sanctina no podía simpatizar con estos plebeyos. Después de todo, ella había estado aislada toda su vida, mantenida al lado del cardenal desde su nacimiento. Ni una vez en su protegida vida había sentido frío o hambruna.

Sin que ella lo supiera, los guerreros santos forzaban en secreto a las personas a presentarse ante ella, reuniendo unas cien personas al día. Pero aun así no era suficiente.

Esa es la razón por la que querían que el rey de Tigris emitiera un decreto para la gente, solicitando su cooperación, pero hasta ahora se han visto rechazo tras rechazo en base a su salud.

“Ministro, ¿Acaso no podría usted emitir el decreto en su lugar?”

“El Reino de Tigris está bajo su mandato. Aún si Su Majestad ha estado enfermo desde que era niño, que un súbdito emita un decreto es un acto que jamás será perdonado.”

“Bueno entonces, ¿Cuándo seríamos capaces de encontrarnos con Su Majestad?”

“Estamos haciendo lo que podemos, pero no estoy seguro de cuándo…”

El ministro se tomó su tiempo para contestar cortésmente las preguntas de la Santa. Pero como un verdadero político, evadió imponer una fecha exacta.

Si toda su población colapsaba por la falta de poder mágico, su economía se detendría por completo por dos — incluso tres — días. No sólo sus arcas recibirían un golpe serio, la gente también estallaría con un descontento iracundo. Esto significaba que ellos no tenían el deseo de realizar un decreto para imbuir su poder mágico en las Lágrimas de Matteral.

Mientras que el ministro evadía y evitaba sus peticiones, uno de sus hombres estalló de ira en su lugar — “Esto otra vez! Se burla de nosotros con estas mentiras descaradas acerca de esta falsa enfermedad!”

Su previo rey había muerto hace dos años de una enfermedad, con ello, el regente actual heredó el trono muy joven. Si en verdad estuviera enfermo, el reino entero estaría al borde del colapso.

Pero su reinado ha estado en calma desde el principio, y no había indicios de inquietud entre la gente.

En otras palabras, esta enfermedad fue pensada como una manera de negar su petición de ver al rey.

Aunque el guerrero santo vio a través de este engaño, el ministro no mostraba sus verdaderos pensamientos, sacudiendo su cabeza con una mirada de disculpa.

“Imposible. Nunca nos burlaríamos de los devotos seguidores de la Diosa Elazonia, especialmente enviados desde la Ciudad Sagrada por la mismísima Sede Santa.”

“Entonces trae al rey!”

“Como ya lo expliqué, la condición de Su Majestad es algo pobre… Sin mencionar que ya hemos cumplido al permitirles usar nuestro tesoro nacional, las Lágrimas de Matteral, sin costo, ¿Recuerdan?”

Las Lágrimas de Matteral — el mayor tesoro del Reino Tigris — fue minado de las montañas en el lejano pasado.

Venir y demandar que les permitan usarlo gratis ya era lo suficientemente arrogante, ¿Pero demandar emitir un decreto que descarrile su economía? Ni soñarlo.

“Puede que sea incapaz de mantener mi silencio si exigen demasiado,” — Advirtió el ministro. Su actitud despreocupada dejó salir una mirada penetrante.

“Urgh…” — El guerrero santo fue sorprendido.

El Reino Tigris mantenía un completo control de las Montañas Matteral que eran ricas en minerales. Gracias a sus recursos, el reino tenía un gran poder económico y militar, reuniendo capital de sus exportaciones y sostenido por fuertes mineros. De hecho, su población ha sido siempre de voluntad fuerte — debido a las dificultades que aguantaban día con día como mineros. Era un grandísimo error pensar que el Reino Tigris daría su brazo a torcer sólo porque se encontraban frente a la iglesia de la Diosa — aún si salvaban a las almas perdidas, aún si resucitaban a sus verdaderos seguidores, aún si tenían la fuerza de los héroes inmortales, aún si controlaban otros países desde las sombras.

“Si mal no recuerdo, Santa Sanctina, fue enviada por el Cardenal Cronklum, ¿Cierto…? ¿Sería mucha molestia si contacto con el Cardenal Snobe para confirmar si los cardenales están de acuerdo con esta solicitud?”

“…Tsk.” — El guerrero santo no intentó ocultar su molestia ante la mención de ese nombre.

El Cardenal Snobe era un hombre gordo de mediana edad con un amor por el oro y las mujeres. Ninguno de los cardenales era tan vulgar como él. También tenía el papado como objetivo, y si escuchaba su plan acerca de usar el conductor mágico gigante en la lucha contra el Rey Demonio, él estaría más que feliz de aliarse con el Reino Tigris. Como guerreros santos del Cardenal Cronklum, ese era un resultado que tenían que evitar a toda costa.

“Deben haber pasado más de treinta años, pero el Cardenal Snobe una vez trabajó en Tigris cuando él aún cazaba monstruos como héroe. Desde entonces, el país lo recuerda con tanto cariño que regularmente le enviamos regalos de gratitud,” — Dijo el ministro.

“Con que sobornos, ¿Huh? No me sorprende,” — Escupió el guerrero santo.

Tanto él como el ministro estaban sonriendo, pero había chispas volando entre ellos.

Sanctina interrumpió con su característica sonrisa, como si relajara la situación tan tensa — “Si Su Majestad está sufriendo de una enfermedad, es nuestro deber como miembros de la iglesia curarlo.”

Se estaba pateando a sí misma por no habérsele ocurrido antes.

Mientras ella se levantaba de manera grácil, el ministro chilló de una manera avergonzada para detenerla — “Por favor espere. La enfermedad de Su Majestad ha estado con él desde su nacimiento y no puede ser curada con magia.”

Cierto. La magia cura heridas, enfermedades, y otras anormalidades al estado natural de la persona. Queriendo decir que una enfermedad desde el nacimiento de una persona sería el estado natural de ese cuerpo. En este caso, la magia no sería capaz de ubicar una anormalidad para curar. De la misma manera en que la magia no podría curar el envejecimiento u otros fenómenos naturales.

Cuando el consejero del Rey Demonio escuchó esta explicación, asumió — “Usa la composición genética del paciente para reconstruir el cuerpo, pero no puede cambiar los genes.” — No es como si el ministro entendiera esa aclaración — mucho menos alguien más.

“Hemos empleado usuarios de magia en el castillo también, pero incluso ellos fueron incapaces de curar a Su Majestad…”

“Pff, esos infieles son usuarios mágicos a medias.” — Se burló uno de sus hombres.

Sus guerreros eran lo mejor de lo mejor, buscados por la iglesia cuando eran niños por su potencial mágico. Desde temprana edad, recibieron entrenamiento tras entrenamiento en invocar magia de curación. Pero no era sólo sus talentos mágicos lo que los separaba del resto.

Habían experimentado la disección de cadáveres de aquellos que murieron por causas naturales para ayudarlos a refinar sus habilidades.

Esa era la razón por la que un mago real promedio o una bruja vagabunda no serían capaces de igualar en ataque mágico al clero de la Diosa, ni siquiera acercarse a sus habilidades de curación.

“¿No sería mejor para ustedes despedir esos estafadores?” — Dijo otro, burlándose abiertamente del ministro.

“Digan todo lo que quieran,” — Respondió el ministro, alzando su voz ligeramente por la molestia,

“¿Pero me equivoco al asumir que no pueden curar todas las enfermedades conocidas por el hombre?”

Estaba en lo correcto: La magia no podía curar una gran selección de enfermedades, especialmente si eran hereditarias o genéticas. De hecho, el rey previo había muerto por una de ellas.

El guerrero santo sabía que no debía mencionar eso y añadir sal a la herida, pero continuó provocándolo sin ningún indicio de culpa — “Eso es lo que quiso la Diosa — predestinado a morir joven. Sabes, apuesto que era un pecador en su vida pasada. No merecía vivir. Esa es la razón por la que enfermó a tan temprana edad.”

Incluso con los insultos volando a su previo rey y confiado amigo, el ministro se las arregló para mantenerse con la cabeza fría. Sin embargo, por dentro, les escupió y los maldijo. Puede que actúen como hombres santos, pero no son más que bastardos incompetentes y asesinos!

Con un fuerte entendimiento de curas mágicas y tratamientos, la iglesia de la Diosa controlaba otros países al amenazar a sus monarcas con no curar ni resucitar si se oponían a la iglesia. Esto lo sabía todo mundo. Las noticias del Reino Boar aún seguía fresca en las mentes de la corte real del Reino Tigris: Su obispo era el titiritero, obligando a su rey a desplegar sus tropas contra los demonios en el Valle del Perro. Su eventual derrota tuvo un peso considerable en su conciencia colectiva.

Con la constante paranoia de que el reino sería sujeto del mismo destino, el previo rey del Reino Tigris concentró sus esfuerzos en entrenar a sus magos reales — lo cual a cambio creó más enemigos dentro de la iglesia.

El ministro había sospechado desde entonces de que la iglesia había dejado morir al rey anterior por sus acciones. Esta conversación sólo reforzaba su escepticismo, pero la Santa interrumpió sus pensamientos sonriendo dulcemente.

“¿Qué clase de enfermedad tiene su majestad?”

“¿Hm? Uh, b-bueno…,” — Balbuceó, con la pregunta tomándolo por sorpresa.

Observando su incomodidad, colocó su sonrisa más pura — “¿Acaso puede que su cabeza sea tan fría como la suya?”

“Bahaha!” — Sus seguidores estallaron en estruendosas carcajadas.

Era obvio que el ministro había hecho que un mago de la corte usara un hechizo Ilusión para crear la imagen de un cabello suave y esponjoso. No necesitaban Dispel para saber que él era tan calvo como un huevo.

“Hahaha, ya veo por qué el joven rey duda en tener una audiencia si sufre de la misma enfermedad incurable que tú,” — Provocó uno de sus guerreros.

“S-Sí, él tiene una enfermedad incurable como yo,” — Tartamudeó el ministro, temblando de la ira.

Pero se las arregló para sonreír a los guerreros santos mientras ellos intentaban contener su risa. Sanctina se les unió con su propia sonrisa antes de levantarse del sofá una vez más.

“Tomaremos nuestra partida. Por favor háganos saber tan pronto como Su Majestad desee una audiencia.”

“También tenga cuidado,” — Graznó otro de sus hombres mientras bajaba la mirada para pretender pesar y siguió a la Santa fuera de la habitación.

El ministro los despidió con una sonrisa plastificada, esperando a que se retiraran a una distancia considerable antes de patear con toda su fuerza el sofá en que la Santa estaba sentada.

Mientras tanto, Shinichi invitaba bebidas a algunos fornidos mineros en una de las tabernas de la ciudad.

“Aquí tienes. Bebe.”

“Gracias, compa.”

“No tengo idea de qué tipo de tienda vas a abrir, pero me aseguraré de pasar cuando la inaugures.”

Shinichi les había dicho que estaba haciendo un estudio de mercado para una nueva tienda, invitándoles unas cuantas bebidas para saber acerca de lo popular en la ciudad. Los mineros no tenían razones para no creerle y animadamente aceptaron la cerveza.

“Y con eso, nuestro supervisor es jodidamente estricto con nosotros—”

“Sabes, hace unos días estaba jugando cartas con ese gordo, pero viejo, es demasiado débil — ni siquiera lo creerías!”

“Sabes, si quieres una buena bebida vienes aquí. Pero si quieres algo para tragar, deberías checar La Cola de la Cabra por allá.”

“Oh seh, genial, ya veo.” — Shinichi insertó uno o dos comentarios ocasionales mientras los mineros comían, bebían y conversaban.

Una vez que estuvieron lo suficientemente ebrios, Shinichi hizo sus verdaderas preguntas:

“Oigan, ¿Ustedes hicieron el ritual en la catedral? ¿Ya saben al que me refiero: vencer a los demonios, tocar esa piedra gigante, unas tonterías muy extrañas?”

Tan pronto como abordó este tema, sus rostros se fruncieron, como si hubieran dado una gran mordida a un limón agrio.

“Ah en serio, danos un respiro…”

“Una anciana en mi vecindario me fastidia diciendo, ‘Será mejor que vayas y le des tu devoción a la Diosa también!’ o algo así.”

“Bien, pero escucha esto: Tuve un resfrío, pero no podía descansar del trabajo así que fui a curarme, sabes, como tú lo harías. Pero en cuanto toqué esa estúpida cosa — y de todos modos no podía trabajar. Mi mamá me golpeó en la parte de arriba de mi cabeza. ¿Puedes creerlo?”

“Ni me importa si es por los demonios o lo que sea. No tiene ni una mierda que ver con nosotros.”

Entre más ebrios estaban los mineros, más extremas se volvían sus quejas.

Bien, esto significa que la persona promedio no es del todo cooperativa.

Shinichi se rio para sí mismo, sabiendo que la Santa no sería capaz de reunir la suficiente magia rápidamente, mientras los mineros continuaban soltando sus lamentos.

“Me molesta qué tan grandes y poderosos actúan esos sacerdotes—”

“Sabes, enloquecieron llamándome ‘Demonio! Hereje!’ lo que haya sido — sólo por pedirle al dios de la montaña un viaje seguro!”

“Pero cuando ocurre algo bueno, todos ellos dicen, ‘Es gracias a nuestra Diosa.’ Que no digan tanta mierda!”

“Si su Diosa es tan grande, ¿Por qué no detiene un derrumbe antes de que ocurra? Pero no, prefieren sacarnos cada maldito centavo que tenemos para revivirnos en su lugar!”

“Tienen huevos para ser gente que le robó el trabajo a mi tatarabuela.”

“Aguanta, quiero escuchar sobre eso!” — Se detuvo Shinichi, inclinándose más. Esas palabras llamaron su atención.

El minero estaba espasmado, pero usó todo lo que le quedaba de razón para bajar su voz.

“Bueno, esto sucedió antes de que naciera. Antes de que la iglesia de la Diosa se esparciera a este país.”

“Entonces, los sacerdotes invadieron todo y acabó así, pero había un montón de problemas en ese entonces. Incluso antes de que la iglesia viniera, teníamos pocas personas que podían usar un poco de magia o que conocieran de hierbas medicinales, y se juntaron y abrieron un — ¿Cómo lo llamaron, clínica? Un tipo de tienda que curaba a la gente. Luego un grupo de la iglesia de la Diosa viajó para destruirlas. También usaron métodos bastante sucios. Aún hay unos cuantos por ahí y allá, como el curandero del rey y un par de chicos ocultos en las montañas. Si una tienda abre en la ciudad, al siguiente día solo… desaparece, ¿Sabes?”

“Seh, lo entiendo.” — Shinichi sonrió, una sonrisa siniestra cubría su rostro.

Me preguntaba por qué no había visto ninguna empresa médica fuera de la iglesia, Tendría sentido si hubiera algunas, pero parece que han usado unos trucos muy sucios.

Destruir la competencia y monopolizar el mercado. El Japón del siglo veintiuno tenía leyes antimonopolio para evitarlo, pero no había nada parecido en este mundo.

Parece que aún hay odio y hostilidad encendidos dentro de ellos.

Si fue en la época de su tatarabuela, eso significaba que fue hace más de cien años.

Significando que no había nadie que guardara un rencor directo, pero él estaba seguro de que había relatos o historias escritas que resaltan sus acciones barbáricas, pasadas de generación en generación. Era como una mina terrestre, lista para explotar en la iglesia de la Diosa algún día.

Es una religión más joven de lo que pensé.

Bueno, se esparció en el Reino Tigris muy lentamente, lo que significaba que la iglesia se estableció mucho antes que eso. Tal vez hace más de doscientos años. No podía imaginársela existiendo por cien o doscientos años.

Lo que significa que no tiene la historia o influencia que ciertas religiones tienen en la Tierra. Especialmente aquellas con más de dos billones de seguidores.

Shinichi sabía que él mismo no podía entender la magnitud de la influencia de la iglesia, así que no podía bajar su guardia, pero se sintió un poco mejor saber que era menos de lo que él pensaba.

Continuaron conversando hasta que los mineros se durmieron por su estado de ebriedad, y él pagó al dueño en la barra antes de retirarse a su habitación subiendo las escaleras.

Les sonrió a las dos chicas esperándolo — “Bueno, supe casi todo lo que quería saber.”

“Así parece,” — Respondió Celes.

Ella había escuchado la conversación usando Escuchar, ahorrándole el trabajo de explicarle todo.

Mientras que la heroína pelirroja, Arian estaba sentada en la cama con sus brazos alrededor de sus rodillas. Esta vez no fue por enojo o vergüenza — Ella y Celes ya habían hecho las paces.

“No puedo relacionarme con las personas debido a las escamas en mi cuello, pero pude haber ido contigo y haber escuchado la conversación,” — Se quejó.

“¿Estás triste por eso?” — Shinichi dejó salir una risa seca mientras se lanzaba a su lado. “Vamos. Sólo te dije: Necesitas ser cuidadosa porque eres bonita. No quisieras que algún borracho tocara tu trasero, ¿Cierto? Y tendríamos un gran problema si alguien te reconociera e hiciera una escena.”

“Pero quiero ayudarte…”

Al contrario de Celes, ella no podía ayudarlo con magia. Al contrario de Shinichi, ella no era buena con las palabras. ¿Qué era lo que la hacía útil? Ella creía que podía blandir su espada, pero eso no era de utilidad por ahora.

“No sólo eso, causé más problemas al perderme…,” — Murmuró Arian, hundiendo su cara en sus rodillas, enojada consigo misma al ser tan inútil.

“Nah, fue la culpa de Celes,” — La consoló Shinichi, y revolvió su cabello — “Tú fuiste quien nos dijo que sus productos de hierro eran baratos y que esas brochetas de cabra sabían bien, ¿Cierto? Y contigo aquí, no me atemoriza ser emboscado por la gente de la iglesia. Haces que me sienta seguro.”

“¿…En serio?”

“Sí, lo que quiero decir es que, mírame. Soy un patético debilucho, así que cuento contigo.”

“Hahaha, eso no es algo que deberías decirle a una chica.” — Se rio Arian. Pero estaba feliz de que él confiara en ella, y se presionó contra su hombro tímidamente.

“¿Debería irme?” — Preguntó Celes.

“¿Ah?”

Arian recordó repentinamente que Celes estaba en la habitación, en silencio hasta ahora.

Completamente sonrojada, se alejó de Shinichi.

Pero Celes actuó como si no hubiera visto nada, temerosa de que Arian escapara de nuevo si la molestaba demasiado — “Así que, ¿Cuál es nuestro siguiente movimiento?” — Preguntó.

“Cierto,” — Respondió Shinichi — “He escuchado un montón de historias interesantes, pero sigo creyendo que es mejor hacer contacto con la Santa.”

Sin la cooperación activa de los ciudadanos, tomaría un largo tiempo cargar el conductor mágico a toda su capacidad. Bueno sin tomar en cuenta eso, no cambiaba el hecho que esto podría derrotar al Rey Demonio. Necesitaban evitar una guerra mundial, por supuesto, y había unas cuantas limitaciones que les prevenían de atacar el cristal. Lo que significaba que no tenían más opción que lidiar con otro de esos héroes inmortales, la Santa.

“Bueno, acerca de hacer contacto con ella…” — Empezó.

“Déjame adivinar: ¿No tienes ideas?”

“No, tengo una. Es un poco cliché, sabes, un poco vieja, carece de creatividad… Pero hay una razón por la que se quedó,” — Se quejó. Estaba claro que tenía un conflicto por algo mientras miraba a Arian.

“¿Qué?”

“…Arian, ¿Podrías ayudarme?”

“¿Huh? Como si necesitaras preguntar! Por supuesto que lo hare!”

Shinichi tomó sus hombros para verla directamente, observando a sus ojos — “¿Incluso si es algo malo?”

“Sí. Sé que en verdad no harías nada malo. Confío en ti.”

“Así que, ¿Confiarás en mí y pretenderás ser la villana, mi secuaz?”

Asintió — “Sí, seré una chica mala por ti, Shinichi…” — Sus mejillas se tornaron rojas por su mirada penetrante.

“……” — Celes pensaba en cómo la chica sencilla había sido engatusada de nuevo, pero no dijo nada.

Era temprano por la mañana cuando Sanctina y sus guerreros salieron del castillo. Su solicitud de una audiencia con el rey había sido denegada de nuevo.

“Esos pecadores! Huyendo con una falsa enfermedad!”

“No vamos a ninguna parte con esto. Deberíamos consultar con el Cardenal Cronklum.”

“Sí,” — Aceptó Sanctina, asintiendo lindamente ante sus guerreros enardecidos.

Giraron para dirigirse a la catedral, por un camino de doscientas yardas desde la puerta principal del castillo. Pero se detuvieron en seco a medio camino: Una figura oscura había descendido de los tejados y se puso de pie frente al grupo, bloqueando su camino.

“¿Quién eres?” — Por instinto, cuatro guerreros santos se pusieron frente a la Santa y apuntaron sus alabardas a la silueta.

La figura era pequeña, cubierta en una túnica negra y un velo cubriendo su rostro hasta sus ojos. Era imposible adivinar su edad o género. Con una espada en la mano, gritaba con una voz amortiguada a través de las prendas.

“Somos el Frente de Liberación de Tigris! Seguidores de la Diosa entrometida, sientan nuestra ira! Porque ustedes sacaron a nuestros ancestros de estas tierras!” — Gritó.

Su discurso era un poco raro, definitivamente ensayado, e intentaba lo mejor de sí para recordar sus diálogos. Pero la figura misteriosa avanzó rápidamente al grupo con una velocidad inimaginable.

“Maldi—!”

El guerrero santo que lideraba blandió su alabarda, pero la figura corto la asta a la mitad con un movimiento de su espada, mandando a volar la hoja. Con la otra mano, le dio un poderoso puñetazo a su barbilla.

“Gaack…!”

“Imbécil!”

Una vez que fueran provocados, los otros dos guerreros desenfundaron sus espadas contra su oponente al mismo tiempo, pero la figura esquivó ágilmente estos ataques, contorsionándose en el aire y rompiendo sus quijadas con una patada veloz. El guerrero restante preparó su arma, apuntando a la figura mientras descendía, pero este expertamente repelió el ataque con su espada y plantó su rodilla en su panza.

Los cuatro guerreros santos poderosos fueron destruidos y derrotados, incapaces de resistir mientras colapsaban. Todo sucedió tan rápida y maravillosamente que los transeúntes olvidaron gritar del horror.

En medio de la callada calle y sin sus hombres santos, Sanctina finalmente invocó un hechizo, un poco tarde — “Fireball.”

“¿—?”

Los ojos del combatiente estaban abiertos por la sorpresa, al descubierto de la flama de tres pies de alto. Este hechizo debió haber invocado un fuego del tamaño de una sandía. Pero esa no era la razón por la que miraba con boca abierta.

Estamos en medio de la ciudad! ¿Por qué pondrías a la gente a nuestro alrededor en peligro?

¿Qué haría la Santa si su objetivo lo esquiva y la esfera explota en el vecindario?

Después de ese momento de indecisión, la figura alzó su espada sobre su cabeza. Mientras que su magia surgía y recorría su cuerpo, puso toda su fuerza en golpear la bola de fuego que se aproximaba.

“Hyaah!” — La espada fue blandida, más rápido que la velocidad del sonido, y partió en dos a la bola.

El golpe envió una onda de pulso al área alrededor, esparciendo los restos en millones de pequeñas chispas y flamas.

Con un muro invisible cubriendo a la multitud, las chispas que volaban fueron bloqueadas de chamuscar a algún espectador.

“Blanco brillante y rayo sagrado—” — Sanctina comenzó a invocar un hechizo aún más poderoso.

Pero su atacante avanzó hacia ella, con la espada brillante elevándose a punto de cortar su cuerpo.

“Cuidado!”

Desde el costado, una nueva silueta apareció, deteniendo el ataque con su espada — “Mi querida dama. ¿Se encuentra herida?”

Era un chico rubio apuesto, con una sonrisa desplegándose en su rostro — un caballero con armadura brillante.

Sanctina le mostró una dulce sonrisa y respondió: “—Atraviesa a mis enemigos, Invocar Rayos.”

No le importaba en absoluto.

“¿…Qué?”

Detrás del chico, quien se quedó estupefacto, el cielo se oscureció y desató rayos a su atacante.

“Aaah!”

Con una barrera mágica invocada apresuradamente, el rayo pareció disminuir en tamaño mientras se abría paso a la fuerza.

Pero, aun así, el rayo era fuerte, electrificando a la figura y haciendo que gritara del dolor, mientras que partes de su túnica se quemaban por el calor. No parecía haber daño serio en la persona.

“¿Qué sucede ahí?” — Gritaron algunos de los soldados que cuidaban el castillo.

Cuando el atacante los vio aproximarse, saltó hacia los tejados de los edificios cercanos e hizo su escape apresuradamente.

“…Mi dama. ¿Se encuentra herida?” — El chico rubio intentó de nuevo, luego de volver a ganar sentido ahora que esta escena caótica ya había acabado.

Sanctina asintió mientras le mostraba una sonrisa perlada — “Estoy bien. Gracias por salvarme.”

“Oh, no es nada. Pero no creo que estos tipos se hayan rendido. Si lo desea, podría proteger—”

“Discúlpeme. Debo irme ya.” — Hizo una reverencia y giró sobre sus talones antes de que él pudiera terminar su oración.

“Hey, espera un segundo!” — La llamó mientras ella caminó para curar los cuatro guerreros caídos e irse juntos a la catedral — “…”

“¿Puedo preguntarle acerca de lo que ocurrió?” — Uno de los guardias reales dio palmaditas en su hombro como para levantarle los ánimos.

“…Seguro.”

Con un montón de testigos en la escena del ataque, el chico rubio no era su primer sospechoso, y lo dejaron ir luego de unas preguntas básicas.

Se puso en marcha, intentando poner distancia entre él y la catedral. Una vez que estuvo satisfecho, caminó hacia las sombras de algunos edificios y se quitó la peluca rubia.

“Bueno esa estrategia fue un fracaso,” — Shinichi remarcó mientras suspiraba y metía la peluca en su bolsa. Le había costado tres monedas completas.

Dos chicas se le acercaron.

“Ni siquiera te reconoció,” — Comentó Celes, inexpresiva.

“Ah bueno. No hay nada que podamos hacer!” — Añadió Arian alegremente, feliz de que no necesitaba competir con otras chicas por Shinichi. Fiu. Sin nuevas rivales esta vez…

Evidentemente Celes dirigió toda la cosa detrás de escenas y Arian hizo la parte del atacante de ropas negras.

“Arian, ¿Estás herida?” — Preguntó Shinichi.

“Nah, estoy bien porque Celes estaba protegiéndome!”

“Eres fuerte,” — Suspiró Celes, escéptica y sorprendida por la habilidad de Arian al recuperarse de esos ataques.

Ese tipo de rayo habría frito su cuerpo si fuera una humana común.

“Así parece,” — Lamentó ella, abandonado este plan para siempre.

“Así parece,” — Dijo Celes, no haciendo esfuerzo en reprimir a Shinichi.

Con Arian haciendo el papel de una terrorista, el plan era que Shinichi interviniera, salvara a la Santa y se acercara a ella: la estrategia: ‘Pum-pum!  Mi Caballero de Armadura Brillante’. Un clásico.

Pero todo se arruinó cuando ella lo dejó a un lado abruptamente. Aunque no estaban frustrados porque su plan falló. Estaban atónitos por cuan extraña era la Santa.

“¿Alguien salva tu vida y tú sigues invocando tu magia? ¿Ni un gracias? ¿Es un robot o algo?”

“No sé lo que sea un robot, pero fue extraño.”

“Sí, y ella lanzó magia de ataque sin tomar en cuenta el peligro a la gente alrededor…,” — Susurró Arian.

Si Arian hubiera esquivado el ataque en lugar de partir la bola de fuego — y si Celes no hubiera invocado una barrera en el momento exacto — los espectadores pudieron haber sido heridos seriamente — o incluso asesinados. Por supuesto, estas heridas podrían ser curadas y los muertos resucitados, así que tal vez la Santa sentía que estaba bien lanzar esos hechizos sin dudar. Pero los humanos eran criaturas emocionales, ¿Cierto? No juzgaban solo con la lógica.

“Digo, no sólo puso en peligro a las personas comunes, tampoco estaba muy grata con un chico que salvó su vida… ¿No tiene emociones?” — Sacudió su cabeza en negación consigo mismo.

“No, no es eso. No es que no tenga emociones. Es que ella no ve a otras personas.”

“¿No ve otras personas?” — Preguntó Arian.

“Sus ojos perciben a otras personas, obviamente. Y ella puede responder cuando alguien le habla. Pero ella no tiene un interés real o consideración. Ella mira a los humanos de la misma manera en que mira a los guijarros bajo sus pies… Al menos, eso es lo que siento,” — Explicó Shinichi.

Tembló ligeramente en lo que recordaba la mirada de la Santa cuando lo observó: claro y preciso, apropiado de una Santa, y completamente vacío, como orbes de vidrio. Pensándolo mejor, ella había sonreído gentilmente a los seguidores cuando dieron su poder al conductor mágico, pero no parecía haber ni un gramo de gratitud en su corazón.

“Conozco a algunas personas que aman tanto a todos que los hace indiferentes a cada individuo. Pero para mí, su indiferencia hace que parezca que ama a todas las personas, aun cuando ella claramente no lo hace.”

Sin nepotismo o tratamiento especial. Ella trataba a todos igual. A primera vista, esto la hacía Santa. A segunda vista, esto significaba que no amaba a nadie.

“¿En verdad es indiferente o sólo lo actúa…? De cualquier modo, ¿Qué le llamaría la atención? ¿O quién?”

Todo lo que él tenía eran preguntas. Sin palabras, sólo no podía entender a la Santa.

Después de todo, él sólo era un estudiante de preparatoria, sin importar qué tan inteligente era para su edad. En sus diecisiete años de existencia, nunca conoció a una bestia como ella, una que había sido llevada a la iglesia desde niña y martillada día y noche con las enseñanzas de la Diosa — el mejor tipo de peón.

“…Es inútil. Simplemente no la entiendo.” — Shinichi se desplomó, viendo a Celes con un gran suspiro — “¿No hay un tipo de magia para ver los pensamientos o emociones de alguien?”

“Si te refieres a Lectura de Mentes, sí, pero no lo recomendaría.”

“¿Por qué?”

“Porque necesitas tocar a la otra persona para leer su mente. E inmediatamente se vuelven conscientes de que observas sus pensamientos en el momento en que las tocas. Además, sólo puedes leer los pensamientos superficiales, los que están muy en la superficie.”

Ella explicó que, si avanzabas muy profundo en su mente, te arriesgabas a una destrucción psicológica mientras tus pensamientos y sus pensamientos se mezclaban y borraban líneas.

“Entonces no sirve…”

“¿Qué deberíamos hacer?”

“Bueno, por ahora, ignoraremos las estrategias tipo ‘acercarse a la Santa’.”

No había manera en que él pudiera forjar una relación romántica, amistosa o de cualquier otro tipo con un monstruo cuyo proceso de pensamiento no podía entender del todo.

Después de llegar a esa conclusión, pensó endurecidamente por unos minutos antes de anunciar su decisión.

“Muy bien, a toda velocidad al castillo del Rey Demonio!”

“Wuu!” — Exclamó Arian.

“Sólo huiremos, ¿Cierto?” — Aclaró Celes.

Los tres eligieron atacar al alejarse de su oponente — en otras palabras, una retirada táctica — y dejar el Reino Tigris por el momento.

Mientras Celes los teletransportaba hacia el castillo, Rino y el Rey Demonio los esperaban después de que recibieran la noticia de su regreso a través de Telepatía.

“Bienvenido a casa, Shinichi!” — Exclamó Rino, trotando hacia él alegremente.

“Estoy en casa,” — Contestó, tomando sus costados y alzándola en el aire.

“¿Regresaste para jugar?” — Bromeó Celes en su típico tono sarcástico, mientras sacaba las brochetas de carne que había pedido para llevar.

“Oh, Rino, que bien por ti…” — Susurró Arian, luciendo un poco celosa de que Shinichi alzara a Rino en el aire.

“¿Y? ¿Algún progreso?” — Preguntó el Rey Demonio.

“No mucho,” — Informó Shinichi. Con una expresión amarga en su rostro, le informó al Rey acerca de la Santa y el conductor mágico.

“¿Un conductor mágico más grande que yo, huh? Eso podría hacerme algo!”

“Eso no es algo por lo que debería estar feliz, ¿Recuerdas? De todos modos, no puedo idear un buen plan, así que pensé en preguntar a los enanos por un poco de información.”

“Por supuesto, no hay nadie con más conocimientos acerca de metal y piedra que los enanos.”

El Rey asintió, luego los dirigió hacia el sótano.

Bajo, más bajo y mucho más bajo que su sala de entrenamiento, había un taller tan profundo que los rayos del sol nunca penetrarían su profunda oscuridad. En esa húmeda habitación había una criatura que cuya altura llegaba hasta la cintura de Shinichi, con músculos definidos, con piel azul oscura, una barba blanca, y una barriga tan redonda como un barril de cerveza. Este era el herrero de los demonios, un enano.

“De nuevo inútil!” — Grito, sin notar que ellos habían entrado a su taller. En cambio, arrojó la espada que había forjado al suelo con un estampido.

“Veo que trabajas duro, Ivan,” — El Rey Demonio lo llamó.

“¿Majestad?” — Dijo en sorpresa. Ivan el enano estaba sonrojado mientras se arrodillaba ante el Rey — “Mis más sinceras disculpas! Aún no he sido capaz de forjar una hoja capaz de superar sus puños!”

“Haha, no hay porqué apresurarse. Sólo continúa.” — El Rey rio animándolo, mientras que lágrimas de vergüenza fluían por la cara del enano.

“Me extraña que no me parezca rara una hoja capaz de superar puños,” — Remarcó Shinichi.

“Ya es muy tarde para eso,” — Celes remarcó sarcásticamente.

Señalo con la cabeza la montaña de espadas rotas en la esquina del taller. Cada una estaba doblada de una forma extraña. Rotas en batalla contra el gran Rey Demonio. Una pila de cadáveres gastados.

“Esto es — ¿Todas son espadas mágicas?” — Arian grito mientras miraba de puntitas a la pila por curiosidad, sacando una espada rota.

Para probarla, blandió el fragmento a la pared de piedra sólida. Y por supuesto, cortó la piedra como si fuera arcilla.

“Pero aun así no es lo suficientemente buena…”

“Hm, niña, la pelirroja,” — Ivan la llamó — “¿No eres esa heroína que hirió a Su Majestad?”

“Sí, pero…” — Arian dudó, asintiendo con miedo de que él la resintiera.

Pero el enano caminó hacia ella con una expresión emocionada — “¿Qué tipo de espada usaste? ¿Era de hierro? ¿O acero? ¿Cuántas veces fue doblada?”

“Umm, era hierro, fuerte y resistente. Nada elegante…”

“Hmm, ¿No se rompería fácilmente si se usa contra Su Majestad?”

“Sí, es por eso que puse magia en eso a través del mango para hacerla más resistente.”

Arian usó la espada rota para demostrar. La luz que fluyó desde su mano hacia la espada tenía un efecto similar que el hechizo Arma Encantada, fortaleciendo y mejorando significativamente el filo de la espada.

Cuando blandió la espada hacia la pared por segunda vez, la partió fluidamente como si fuera agua.

“Oh, huh. Tiene sentido porque no se te ocurriera comprar un arma más cara,” — Dijo Shinichi, dándose cuenta finalmente por qué usaba una espada de hierro barato por tanto tiempo.

Junto a él, sin embargo, el enano se encogió de hombros en decepción — “Así que la portadora era la excepcional. Bueno, esto no me ayuda del todo.”

“Pero puedes hacer espadas mágicas muy bonitas. Por favor no se ponga triste…,” — Rogó Arian, intentando consolarlo mientras él sacudía su cabeza con desánimo.

Shinichi observó a los dos mientras tomaba la espada rechazada del suelo, la que el enano había arrojado por frustración — “¿Por qué no puedo sentir poder mágico o hechizos en esto? Digo, ¿No se le llama espada mágica por eso?”

“Hijo, dices lo obvio,” — Contestó el enano, como si fuera sentido común — “Usas magia en estas espadas para hacerlas más duras, más filosas, mientras las forjas para hacer la espada que será superior a todas. No significa que tengan poder mágico o hechizos en ellas.”

“¿Qué? En serio!” — Gritó Shinichi, atónito porque era completamente diferente de las ‘espadas mágicas’ en sus RPG de fantasía favoritos — “Ustedes decían ‘espada mágica esto’ y ‘espada mágica lo otro,’ y por eso asumí que tenían cosas geniales como La Espada Inquebrantable o La Espada del Fuego Infinito, o cosas así…”

“No estaría trabajando tan duro si ese fuera el caso!” — Contestó indignado.

“En serio… Huh, bueno, si lo pienso lógicamente, creo que eso sería imposible.”

Siendo honestos, Shinichi estaba un poco decepcionado por esta revelación, pero comprendió porque este era el caso. Para descomponer algo, necesitarías aplicar algún tipo de energía a su superficie, ya sea golpeándolo o quemándolo para romper los enlaces entre las moléculas.

Para hacer algo completamente indestructible, tendrías que hacerlo de una manera que evitara que la energía llegue desde el exterior. Eso significaba sacarla del tiempo y del espacio: Necesitarías congelar el tiempo o ponerla en otra dimensión.

Sería posible para el Rey Demonio usar esta magia por un momento, pero sería imposible sostenerla por toda la eternidad.

Para la Espada del Fuego Infinito, bueno, tendría que ser capaz de sacar un bulto infinito de energía, lo cual iba totalmente en contra de las leyes de la termodinámica.

Por supuesto, sería una historia diferente si la herramienta mágica contuviera un universo de recursos infinitos o un agujero de gusano a otra dimensión de donde pudiera robar esa energía.

“Habría sido divertido hacer una planta de energía térmica usando la Espada de Fuego Infinito y obtener la energía más limpia conocida por el hombre…”

“Me confundiste,” — Se quejó Rino, incapaz de entender sus grandes ideas. Después de todo, asociaban la electricidad con relámpagos en este mundo.

“Para resumir: Puedes hacer espadas súper fuertes y súper afiladas al aplicarles magia, ¿Cierto? ¿Aunque no almacenan poder mágico o hechizos?”

“Exactamente,” — Confirmó el enano.

“Lo que significa… ¿Estás cambiando la estructura o la organización de los átomos?”

¿Era similar a su hechizo Conversión de Elemento?

Los ojos del enano brillaron con interés — “¿Qué quieres decir?”

“Cierto, bueno… Para empezar, toda la materia está hecha de una colección de átomos, partículas muy pequeñitas.”

“Con que así se llaman. Átomos. No sabía el nombre, pero sé a qué te refieres: Cuando destruyes una roca, se vuelve arena.”

“Y sabes lo que son el carbón y los diamantes, ¿Cierto? Bueno, ambas cosas están hechas del mismo tipo de átomo, carbono.”

“¿QUÉ?”

“Si tienen el mismo origen, ¿Cómo es que sus apariencias son tan diferentes? ¿Y sus durezas? Todo eso se reduce a cómo están conectados los átomos,” — Explicó Shinichi mientras tomaba una pieza de carbón de una mesa cercana y dibujó un diagrama en el suelo.

“Verás, los átomos en el carbón están organizados al azar. Es por eso que es fácil de romperlo con la más ligera presión. Por otra parte, los diamantes tienen átomos organizados en un patrón en forma de malla, haciéndolo en la sustancia más dura en el mundo.”

“Hmmm…”

“De la misma manera, el hierro y otros metales están organizados casi al azar. Pero he escuchado que, si haces la organización más rígida, como los diamantes, teóricamente podrías crear un súper metal.”

“¿Es cierto eso?”

“Bueno, teóricamente, sí. Pero mi mundo no ha encontrado aún una manera de hacerlo. Si estuviéramos en gravedad cero—” — Shinichi comenzó a decir, pero el resto de sus palabras nunca alcanzaron los oídos del enano.

“Partículas pequeñas, alinear átomos, organización ordenada… Esto! Esta es la magia que necesitaba!”

La magia es ‘una manera de alterar la realidad para hacerla encajar con tu imaginación’. Eso es lo que dijo Celes-sensei. Entre más clara tu imaginación, más efectiva es la magia.

Había una inmensa diferencia en desear vagamente por una ‘espada muy dura’ y visualizar específicamente una ‘espada con una organización atómica en forma de malla.’ Este conocimiento de otro mundo atravesó las brumosas limitaciones de la mente del enano como un rayo de luz.

Soltó un rugido victorioso mientras tomaba su martillo — “Esta vez! Esta vez superaré los puños de Su Majestad—!”

Seguía riendo mientras encendía el fuego, preparándose para hacer una nueva espada.

Shinichi retrocedió un poco, extrañado, mientras Celes susurraba en su oído — “¿Así que vinimos para emocionar a Sir Ivan?”

“Ah, casi lo olvido!”

Como cualquier chico normal, se había vuelto tan delirante con emoción al aprender todo este proceso que olvidó hacer su pregunta original.

“Perdón, Ivan, antes de que trabajes, esperaba que pudieras contarnos un poco acerca de conductores mágicos.”

“Hmph, justo cuando me estaba emocionando… pero sería malo si no le muestro mi gratitud a mi musa.”

Después de todo, él estaba en deuda con Shinichi, y sería deshonroso ignorar su pregunta.

Shinichi le explicó su situación hasta ahora.

“¿Un conductor mágico gigante?” — Preguntó Ivan — “También quiero uno.”

“¿Verdad? Podría usarse como bomba mágica, seguro, Pero qué tal si generara la energía suficiente para—”

“Te estás saliendo del tema de nuevo,” — Le recordó Celes, interrumpiendo la emocionante charla del herrero y al friki de la ciencia, ambos con ojos brillando de la emoción.

“Bueno, ¿Estoy en lo cierto al pensar en conductores mágicos como algún tipo de tanque de almacenaje mágico?”

“Es correcto,” — Confirmó el enano con un asentimiento. Se fue para traer un pequeño cristal desde el rincón de atrás. Apenas era del tamaño de una canica. Y a pesar de que su tamaño obviamente lo dejaba atrás comparado con el que estaba en el Reino Tigris, brillaba y se iluminaba de la misma manera.

“Es este. También es conocido como ‘piedra sanguijuela.’ Si te sirve una de este tamaño, puedes encontrar esta porquería en donde sea si te tomas un tiempo minando en el mundo de los demonios.”

“Hmm, no son raros, ¿Huh?”

“Podrían ser raros en el mundo humano. No sé,” — Respondió.

Shinichi se tomó un momento para observarla. En ese momento, el enano presionó el conductor mágico en la palma de Shinichi con su mano enguantada.

En el momento en que él tocó la piedra, se tornó frío como hielo, como si robara todo su calor.

Al mismo tiempo, su poder mágico pulsaba dentro del cristal.

“Ah! Con que así se siente que te robe la magia.”

“No es un problema serio con una piedra de ese tamaño,” — Confirmó el enano.

“Apuesto que seguiría estando bien con veinte más.”

Con eso dicho, no era una sensación para reírse, era como si te chuparan la sangre a la fuerza.

El cristal brillaba con una luz pálida que era hermosa y desconcertante, extraño.

“Ahora que está cargada, intenta sacar la magia e invoca un hechizo,” — Instruyó Ivan.

“Sacar la magia… Luz.”

Shinichi se concentró mucho, formando la imagen en su mente. Esta vez, sintió la energía surgir de la dirección opuesta — había calor fluyendo en él. El momento en el que el hechizo fue completado e iluminó sus alrededores, el pequeño cristal estalló en mil pedazos.

“Perdón, creo que la rompí.”

“No te preocupes. De todos modos, era impuro. Una mierda.” — El enano se rio mientras sostenía un bote de basura — “Así de simple. Puedes almacenar magia y usarla después.”

“Parece conveniente.”

Pero entonces, ¿Por qué Arian no había visto uno antes? ¿Por qué Celes no sabía más acerca de ellos?

Ivan respondió a sus preguntas internas, moviendo su cabeza en negación — “No lo son. Incluso si pones tu magia en una, lo almacena alrededor de un día antes de que desaparezca.”

“Espera, ¿No la almacena para siempre?”

“Si esta pieza de roca fuera así de útil, no recibiría el nombre ‘piedra sanguijuela’.” — El enano chasqueó su lengua como si recordara algo malo — “Ha habido veces en las que estaba minando por hierro o plata y me encontraba con estas en su lugar. Drenaban mi energía y de ese modo detenía mi trabajo. Frustrante, por decir lo menos.”

“Pero te quedaste con algunas.”

“Mientras que no las toques con tus manos desnudas, estarás bien. Puedes usarlas como reemplazo de cuarzo para hacer ciertos objetos. Y si invocas el mismo hechizo en un conductor mágico que en verdad sea puro, puede activar el mismo hechizo al drenar un poco de poder mágico. Es un proceso llamado impresión.”

Usando este proceso, hicieron lámparas que contenían el hechizo Luz alrededor del castillo.

“Muchas de las lámparas fueron hechas por Sir Ivan,” — Añadió Celes.

“Explotarían si las tocara, así que Celestia provee poder mágico para iluminarlas.”

“También ayudo a veces!” — Exclamó Rino.

“Oh, buena niña,” — Apreció Shinichi, acariciando su cabello mientras ella, adorablemente inflaba su pecho con orgullo.

Les dio otra mirada a los fragmentos del conductor mágico en el basurero — “¿Cuánto tiempo la retiene hasta que la magia desaparezca?”

“Depende del tamaño,” — Respondió Ivan — “Esa piedra de mierda de ahí podría retenerla por medio día, máximo. ¿Pero ese conductor mágico gigante? Tal vez dos meses.”

“¿Dos meses, huh? Nada mal.” — Las comisuras de su boca se levantaron formando una sonrisa malvada.

Si pudiera almacenar magia indefinidamente, entonces sería imposible para una sola Santa derrotar al Rey Demonio, dado el tiempo. ¿Pero con una fecha de caducidad de dos meses?

Shinichi podía pensar en muchas maneras de interferir con su progreso.

“¿Es todo? Si es así, necesito concentrarme. Por favor márchense,” — Ordeno Ivan.

“Seh, gracias por tu ayuda.”

Dándoles la espalda a la concentración silenciosa de Ivan, ellos salieron del taller luego de expresar su gratitud.

“¿Fuiste capaz de idear una nueva estrategia?” — Preguntó Celes.

“La estoy ideando.” — Shinichi asentía mientras organizaba sus ideas.

No podían destruir el conductor mágico gigante por temor de incitar una guerra con los humanos. Sería casi imposible persuadir a la Santa de volverse aliados, considerando que ella no tenía ni el mínimo interés en ellos. Un sin número de problemas pasaban por su cabeza mientras miraba a Arian, luego a Celes, y finalmente se detuvo mirando a Rino.

“¿Qué pasa, Shinichi?” — La hija del Rey Demonio preguntó.

“Majestad, tengo una pregunta,” — Dijo él, ignorando su pregunta por ahora. Dijo su preocupación final — “¿Cómo se distingue a los demonios y a los humanos?”

“¿Cómo dices? Mira y podrás ver.”

¿Por qué me estás preguntando esto ahora?  Su rostro irritado parecía decir eso.

Pero la sonrisa de Shinichi sólo se amplió — “Así que aparte de apariencias, ¿No hay modo de distinguirlos? ¿No hay magia de Búsqueda o algo que sólo se active en demonios?”

“Si hay algo como eso, no me es familiar, al menos.”

“¿Celes?”

“Nunca tuve necesidad de tal magia, así que nunca intenté aprenderla.”

“¿Arian?”

“Umm, bueno, hasta ahora, sólo pensé que existían en cuentos de hadas, así que nunca escuché algo como eso.”

Su sonrisa se ampliaba y ampliaba mientras escuchaba sus tres respuestas, hasta que finalmente, puso su mano en el hombro de Rino. Sí, Rino, una belleza demoníaca — tez aperlada y ojos rubí. Sin cuernos, ni cola, sin ninguna característica que la delatara como demonio.

“Rino, Te convertiré en una idol! Serás una estrella!”

“¿Una idol?” — Preguntó Rino — “¿Qué es eso?”

Como una verdadera estrella en proceso, entregó su última línea — “¿Puedes comerlo?” — tomando sus primeros pasos en el largo y traicionero camino de una idol.

 

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