Acto Cuarto: Los líderes que prometieron paz.

Modo Noche

Kaseitokinboshi

Acto Cuarto: Los líderes que prometieron paz.

“Ese que entrega su libertad, a cambio de tranquilidad, se encontrará al final con que no tiene ninguno de los dos”

Es un viejo dicho de no sé dónde.

Pero tiene mucho sentido. Si tomas en cuenta como pasaron las cosas.

Habíamos llegado a este punto porque todos habíamos evadido responsabilidades cuando fue prudente, y como todavía no aprendíamos nada, aquello siguió escalando.

Con la tensión por los cielos, fue que nos dimos cuenta de que, en realidad, no sabíamos que era lo que podíamos esperar. Karahara Sempai se postuló para algo, pero no entendíamos para que, nunca había sucedido algo así.

“Usaremos la violencia si es este el único lenguaje que esos animales entienden”

Esas fueron sus palabras exactas. Como las chicas estaban hartas y atemorizadas, y enojadas y todo eso, la escogieron. Por supuesto que esas palabras nos llenaron a nosotros de miedo. Es decir, ya habían herido a dos.

Y no se andaban con juegos, realmente te enviaban al hospital.

Es cierto modo, estaba ocurriendo lo mismo con ellas que lo que había ocurrido cuando dijeron que íbamos a molestar a las chicas. Todo esto empezaba a parecerse a un juego de ping pong, donde la pelota es cada vez más grande.

–––––––––

El reporte de que las chicas hicieron una votación corrió como el fuego, pero no es como que alguien hubiera podido hacer nada. Cuando los profesores preguntaron, las chicas respondieron casi unánimemente que eran cosas de ellas, que no era asunto de los profesores.

Supimos, sin embargo, que ellos llamaron a Karahara a su oficina.

Uno de los chicos trajo ese reporte a los Sempais.

Estábamos todos en la reunión en el sitio del entierro de Kaampi.

–Le dijeron que parara, o que la expulsarían. –

Explicó él.

–¿Y la expulsaron? –

Preguntó Segaki–Sempai.

–Bueno… no. Ella respondió que si la expulsaban los acusaría a “ellos” de acoso sexual. Ellos… bajaron la cabeza. –

–¿Cómo?–

Preguntaron los otros Sempais. Los profesores bajando la cabeza. ¿Quién lo hubiera creído? Azumo, enfadado, golpeó la mesa con el puño.

–Lo único que les importa a esos cabrones es salvar sus malditos traseros. –

Lo sabía, todos lo sabíamos, no se podía contar con ellos. Se hicieron a un lado en el momento en que más los necesitábamos.

Y con necesitarlos me refiero a todos los estudiantes, no solo los chicos. Alguien tenía que haber ido hasta allí y decirnos a todos que estamos portándonos como estúpidos.

Pero nadie acudió.

Nosotros los sacamos en primer lugar. Nosotros los apartamos…

¿Era tarde ahora para reconocer que necesitábamos su ayuda?

Supongo que sí.

–¿Qué vamos a hacer? –

Preguntó otro estudiante.

–No podemos hacer nada. –

Respondió Segaki–Sempai, suspirando. Otro Sempai que estaba con nosotros, lo miró feo.

Segaki–Sempai siempre fue muy pacifico, siempre sonreía y asentía a casi todo lo que le decían. De hecho, si había algún culpable de que el club de baloncesto hubiera cerrado, era él. Él podía haber insistido para que no lo cerraran, pero no lo hizo.

Sé que no importaba al principio, cuando parecía todo normal, pero… en estas épocas de crisis, esa clase de defectos tendían a agudizarse, a notarse de más.

Y poco a poco, la orden en general, también comenzaba a pensar, que necesitaban… a un líder.

Azumo se dio la vuelta y se fue. Batiendo la cabeza. Segaki–Sempai suspiró.

–Es que, son ellas, no podemos ir y decirles qué hacer. Habrá problemas. –

Explicó. Algunos asintieron, tenía mucho sentido.

–Ya hirieron a dos. Nadie está haciendo nada. ¿Hasta cuándo vamos seguir esperando? –

Fue lo que algunos preguntaron.

–Estoy seguro de que se calmarán en algún momento… –

Fue la respuesta de Segaki–Sempai. La mayoría de nosotros no creía que eso realmente fuera a pasar, pero como era un Sempai, nos quedamos callados.

Él había resuelto el asunto de Nokuro, después de todo.

Eso fue lo último que habló la orden de Kaampi ese día.

El primer acto de Karahara como presidenta, fue tomar posesión de la cafetería escolar. Aquello fue extraño y nadie creyó que de verdad lo haría, pero lo hizo.

Por la noche, llegó hasta la puerta del dormitorio, un “comunicado” como le llamaron ellas. Estaba sellado por la presidenta del comité de disciplina, por la “presidenta” Karahara y varias otras compañeras escolares en algo que ellas colocaron como “Comité de auto–defensa femenina.”

No entendimos a que se refería en ese momento.

Decía que los chicos estaban prohibidos en la cafetería.

Los Sempais se rieron. Era ridículo, no había forma de que los profesores aprobaran eso.

Pero… es que no les preguntaron. Solo lo hicieron y ya.

Al día siguiente, cuando, ignorando aquel papel, tres chicos quisieron desayunar en la cafetería, no les dejaron entrar. Había allí dos chicas con gas pimienta en las manos, que les apuntaron inmediatamente.

Ellos tuvieron la reacción más lógica y dijeron que irían a por un profesor.

“Desayunen en otro lado”

Dijeron los profesores.

Esos hijos de…

Lo que los profesores pensaban, es que los chicos habían molestado a las chicas y por ello les habían apuntado con gas pimienta, y como habían escuchado reportes de acoso durante meses y no hicieron en realidad nada para impedirlo, ahora no querían tener nada que ver con el tema.

Pero se negaron a investigar.

Otros chicos trataron de entrar, con el mismo resultado.

La bomba estalló cuando uno de ellos quiso entrar a la cafetería. Otra chica que estaba allí le arrojó algo y le golpeó en la cabeza. No diré que fue tan grave como los anteriores, pero cuando quiso quejarse con los profesores, había ahora decenas chicas que dijeron que aquello era falso.

Una probada de nuestra propia medicina, sin duda.

La mayoría de los chicos se miraron los unos a los otros, sin estar seguros de que hacer.

Escuchar la celebración de las chicas y las burlas por la retirada de los chicos fue algo que no pocos recibieron con ardor en el pecho.

¿La orden no pensaba intervenir?

Era lo que todos se preguntaban. Era el cuchicheo más grande que se escuchaba en ese momento. Todos confiábamos en la orden, no podía defraudarnos ahora.

Y no lo hizo.

Durante la tarde, después de clases, decenas de quejas llovieron a los Sempais que eran los que estaban “al mando de la orden” pero estos no se ponían de acuerdo en lo que querían hacer.

Cinco o seis días después de aquella expulsión de la cafetería, Segaki Sempai dijo que deberíamos dejar que las chicas tuvieran la cafetería para ellas.

Y ese fue el final de Segaki Sempai. Políticamente hablando.

Acababa de decir eso cuando Azumo, acompañado de dos Sempais, golpeó a Segaki–Sempai en el rostro.

Antes de que cualquiera pudiera hacer cualquier cosa, Azumo dijo a los Sempais que se llevaran a Segaki de allí, y eso hicieron ellos.

Era golpe de estado.

Azumo tomó el control de la orden.

Y todos aplaudieron, porque dijo que, bajo ninguna circunstancia, iba a permitir que siguieran lastimando a los chicos por nada.

Es que ahora no habíamos hecho nada. La cafetería era de todos. No es que hubiera sido una lesión grave, insisto, pero… es que las anteriores si fueron graves.

Ahora que… puede que las chicas no quisieran compartir la cafetería con un montón de acosadores. Con bestias.

Los otros dirigentes, o bien, se retiraron del estrado, o bien, estaban de acuerdo con Azumo.

Azumo no dijo en ningún momento que el plan era lastimarlas a ellas. No dijo en ningún momento que se usaría la violencia, solo dijo que se aseguraría de que los chicos no fuéramos lastimados.

¿Quién quería salir lastimado de todos modos?

Jamás volví a ver a Segaki–Sempai. Creo que lo encerraron en alguna parte. Estaba encerrado incluso cuando todo estalló. Como dije, era la clase de persona que permanecía callado cuando había problemas. Eso no es bueno.

Cerrar los ojos no va a desaparecer los problemas, y tanto los profesores como Segaki habían estado cerrando los ojos, este era el resultado.

Azumo dijo, que para recuperar la cafetería hacían falta dos cosas, primero, que todos estuviéramos listos, y segundo, quitar a los que estorbaran del camino.

No entendimos a que se refería pero, ya que no iba a dejar las cosas así, era mejor que estuviera alguien como él y no como Segaki. Al menos iba a hacer algo ¿O no?

Y fue hasta entonces, hasta ese momento, que los profesores se dieron cuenta de que había un problema muy grave en el alumnado. Fue hasta que se hicieron amenazas creíbles, de violencia, de ambos lados, que estuvieron dispuestos a intervenir.

Dijeron que los clubes eran el problema (Estas cosas sucedían siempre en las horas de las actividades de los clubes, por supuesto) y los cerraron todos.

Todos los alumnos, tenían ahora que volver a sus dormitorios en cuanto las clases terminaran.

Así, como se escucha.

Es decir… NO

No

NO

IDIOTAS

Eso solo empeoró las cosas. Lo que tenían que hacer era obligarlos a compartir, obligarlos a disculparse los unos con los otros por la enorme cantidad de agravios que nos habíamos hecho los unos a los otros. A los chicos por sus vulgaridades y a las chicas por las lesiones. Colocarlos en situaciones donde cooperar fuera importante. Un viaje de campo, un festival deportivo, una prueba de coraje. Cualquier cosa.

Pero esas cosas toman tiempo y trabajo. ¿No? Por supuesto que ellos no querían trabajar más. ¿Les iban a pagar más acaso? No. Por supuesto que no.

Entonces, idearon el único remedio que era peor que la enfermedad, pero que no les costaría trabajo.

Los aislaron.

Ahora tenías a mil seiscientos jóvenes, enojados, aislados los unos de los otros, convencidos por supuesto, de que tenían la razón y que su actual situación era, en realidad, culpa del otro lado, cualquiera que fuera este.

Y la cruel ironía, por supuesto, es que, en ese momento de crisis, necesitábamos comunicación con el bando contrario. ¿Quién iba a decirlo? Necesitábamos la comunicación no para resolver nuestros problemas, sino para hacerlos más grandes. Era necesario enviar un mensaje.

O eso fue lo que dijeron los Sempais. Ellas enviaron el suyo también.

La noche siguiente, algunos afirmaron que había chicas afuera del dormitorio de ellas, con palos. Uno de ellos afirmó que los palos estaban afilados. Y la siguiente después de esa, algunos chicos se ejercitaban frente al dormitorio de los chicos.

Azumo aseguraba, que la razón por la que ellas se atrevieron a algo así, era porque la orden no había tomado medidas lo suficientemente drásticas para acabar con el problema de una buena vez. Que solamente estando unidos podríamos salir de esta.

Era cierto.

Hasta cierto punto.

También dijo que los profesores no querían atender el problema, no querían reconocer que había un problema, porque si alguien afuera se enteraba de lo que estaba pasando aquí dentro, perderían su empleo. Puede que, incluso hubiera quien iría a prisión.

Sería un escándalo.

Eso era más que cierto.

Y dijo también, que Karahara estaba envenenando la mente de las chicas para actuar en nuestra contra. Y que las usaría como escudo si era necesario, para mantener su posición y su postura. Que el objetivo de Karahara, era hacernos daño a todos nosotros.

Que habían enloquecido y que no se podía razonar con ellas.

Eso no era verdad.

Pero… todos lo creyeron.

Posiblemente Karahara usara la misma retórica.

Esas palabras se han escuchado antes en otra parte.

Todos sabemos cómo acaba eso.

Los profesores cerraron los clubes, pero no destituyeron a la presidenta, ni disolvieron la orden de Kaampi, porque… no eran oficiales. Para este punto, la orden de Kaampi era exactamente lo mismo que “Comité de auto–defensa femenina.” Y esa era nuestra única actividad extracurricular.

Y así, las fichas de dominó fueron cayendo la una detrás de la otra, sin que nadie pudiera detenerlas. Mientras estábamos en clases, todo parecía de lo más normal, los chicos y las chicas no se hablaban, pero es que nunca se habían hablado mucho en primer lugar.

Hubo un par de estudiantes, que se dieron cuenta de lo que estaba pasando. Que de algún modo, que yo no alcanzo a comprender, entendieron a donde iría a parar toda esta situación.

Bueno, supongo que Segaki–Sempai también lo sabía, pero a diferencia de este, ellos todavía podían hacer algo. Eran Amizura–Sempai, del club de debate, y Pontaru–Sempai, antiguo miembro del comité de disciplina.

Ellos dos se reunieron el fin de semana que siguió, en el mismo sitio donde habían herido a los dos chicos cuyo nombre nadie recordaba, pero a los que todos decían defender. Tobe y Kimetsuo.

Pontaru–Sempai no era precisamente un miembro fundador de la orden. Al menos no en el grado en que lo era Segaki–Sempai, pero estaba convencido de que si, efectivamente, esto había ido demasiado lejos por parte de las chicas. A diferencia de Azumo, él no parecía creer que usar violencia en contra de las chicas fuera buena idea, pero a diferencia de los anteriores dirigentes, tampoco creía que hacer “nada” fuera la solución.

Cuando lo escogieron como el “emisario” de la orden, sus indicaciones fueron muy precisas:

Hazlas entrar en razón,

Imagino yo que Amizura acudió allí con la misma indicación por parte de las chicas.

De todos modos, que muy obvio para todos, que Pontaru encontraba a Amizura especialmente linda.

Tenía que ser así, no había estado ( al igual que todos nosotros) tan cerca de una chica en semanas. Incluso la propia Amizura se dio cuenta de ello, imagino que se sintió halagada de que al menos un chico, decente, se fijara en ella de esa forma.

La conversación fue bien, no había nieve, los guardias de ambos lados (porque los llevaron) se mantuvieron quietos, y todo fue de maravilla.

Todo por un simple cumplido que Pontaru hizo nada más llegar. Creo que fue algo así como “ese prendedor queda con tu personalidad” o una cosa de esas.

Amizura–Sempai no prometió nada en realidad, ella dijo que las chicas estaban muy enfadadas por todo lo que había pasado. Pontaru admitió que el comportamiento de los chicos había sido despreciable, e incluso pudo expresar simpatía por la causa de las chicas. A su vez, Amizura–Sempai explicó que la intención de las chicas nunca había sido lastimar a Tobe ni a Kimetsuo, que actuaron sin pensar y como tal, deberían ser castigadas, pero que no le parecía justo enviarlas a la policía por algo que, en realidad, tendría que haberse detenido mucho antes.

Por fin, algo de empatía y cordura en este desastre de coraje y rencores sin sentido.

Como dije, ninguno de los dos podía prometer nada en el estado en que estaban las cosas, no hasta que hubieran comunicado a sus respectivos líderes las palabras del contrario, pero al menos estaban hablando.

De no haber sido por las tres chicas que llevaban palos y gas pimienta, y los chicos, que ahora también llevaban palos y una cadena salida de no sé dónde, habría incluso pasado por una conversación de pareja. Por una cita.

Hablaron, bebieron té caliente, porque hacía frio, incluso rieron un poco y se despidieron amigablemente. Pontaru extendió la mano a Amizura, quien lo miró extrañada e incluso enrojeció. Una de las chicas se acercó con el palo, amenazante, pero no hizo más. Pontaru se rascó la cabeza.

–Lo siento, es lo que hacemos entre los chicos para despedirnos. –

No es cierto, eso solo se ve en las películas. Pero… tal vez él buscaba algún contacto físico, y no estoy hablando del sentido sexual. Todo este tiempo, habíamos ido con la idea de que las chicas eran alguna especie de monstruo, tal vez, Pontaru sintió que si se daban la mano, ambos se darían cuenta de que… eran seres humanos.

–Solo quieres tocarme la mano… pero… está bien. –

Amizura respondió orgullosa y extendió su mano a Pontaru. Se dieron la mano.

Todavía no se había acordado nada, pero se habían dado la mano.

Se acordó que se reunirían a la semana siguiente con las demandas de cada uno. Entonces, firmaríamos la paz.

Firmaríamos la paz… que raro suena.

A eso habíamos llegado.

Quizá, pensábamos, sería conveniente que la semana siguiente estuvieran presentes los propios líderes también.

Puede que… eso no era lo que Karahara o Azumo tenían planeado.

O puede ser que simplemente tuvimos mala suerte.