Acto primero: Los maestros que no pensaban en sus alumnos.

Modo Noche

Kaseitokinboshi

Acto primero: Los maestros que no pensaban en sus alumnos.

Para hablar de una tragedia de esas proporciones, tienes que entender el medio en el que se desarrolló. Así que comenzaré por explicar algunas cosas.

Primero, la frustración:

Una de las “peculiaridades” que tiene esa escuela es que está en medio de las montañas. Y como está en medio de las montañas, se sabe que hay animales salvajes en los alrededores. Para lidiar con ello, hay una cerca alrededor de la escuela que está electrificada.

Los estudiantes teníamos prohibido acercarnos a menos de dos metros de la cerca.

Hay una línea amarilla a todo alrededor de la escuela para saber dónde está el límite. Una vez, un estudiante la cruzó. Lo expulsaron al día siguiente.

Algunos podrían decir que es excesivo, pero la carga de la cerca es alta, según sé. Está pensada para lidiar con osos y lobos. Puede matarte si la tocas.

Una escuela como esa, no tiene mucho sentido si no asisten muchos estudiantes, y tenía sentido. Había al menos mil seiscientos estudiantes repartidos en los tres grados. Y cada uno de ellos tenía un dormitorio.

Podría decirse que vivían allí.

Imaginen la escena.

Estas en una escuela internado en la que vas a estar por al menos tres años. Las clases son difíciles y tienes problemas con alguna asignatura. Después de esos cinco días estudiando, lo único que quieres hacer, es irte a casa. Pero no puedes, porque hay una tormenta de nieve.

Durante seis meses al año puedes esperar una tormenta en cualquier momento.

Puede que la razón de que sea un internado, es para no suspender las clases por la nieve.

Poco a poco, la frustración comienza a acumularse. Imagino que quien se gradúa se va luego a vivir a las islas de Okinawa y no quiere ver nieve nunca más.

Necesitas cosas con que distraer tu atención.

Los clubes son una buena forma de hacerlo. Tu club se convierte en algo especial para ti. Todos allí entienden cómo te sientes y todos allí se esfuerzan por lo mismo. Te vuelves parte de ello.

Segundo.

La armonía.

Es importante aquí.

Más que solo importante. Armonía es todo. Armonía es la vida.

Vives aquí.

No puedes ir por allí peleando con el mundo solo porque no estás de acuerdo con alguna pequeña cosa. Tienes que seguir a los demás, aquí más que en ningún otro sitio.

Nadie quiere ser tachado de asocial aquí. Nadie quiere tener problemas.

¿Y eso no debería evitar de tajo lo que pasó? Se estarán preguntando.

Bueno. No…

Lo opuesto en realidad. Porque en un sitio como este, harás lo que hagan los demás, aunque no te guste. Aunque sea malo. Aunque tus sentidos te digan que hay otra forma de hacer las cosas, los ignoras para no desentonar con los demás.

Ellos cuentan contigo.

¿Qué opción tienes?

Como en aquella película de la escuela de magia, tu club se convierte, en algo como tu familia. Algo por lo que estás dispuesto a casi cualquier cosa. Incluso si personalmente detestas lo que está pasando, la armonía del grupo es más importante aquí.

Y finalmente, el miedo.

El miedo a ser rechazado por tus compañeros de clase.

El miedo a ser juzgado.

Miedo a perder lo que tienes, miedo a ser infeliz, miedo a que te ocurra lo que sea que le haya ocurrido a aquel pobre desgraciado que ahora se debate entre la vida y la muerte, miedo a perder.

Y tal vez más importante.

El miedo de todos los jóvenes.

Miedo a lo desconocido.

A lo que hay al otro lado del campo.

Las chicas temen a los chicos, y los chicos temen a las chicas. Sin alguien que nos diga lo que hay que hacer con ese sentimiento, sin alguien que te diga que lo que hay que hacer es acortar distancia, sin alguien que se interese por el lado opuesto… lo que tenía que haber sido bello, se transforma en tragedias

Y cuando tu experiencia personal confirma tus miedos, se transforman en odio.

Cuando alguien dice: “A eso es a lo que me refería, miren a aquel… le han hecho daño…”

El sentimiento de miedo se transforma en odio, uno de una clase especial. Un odio como solo puede sentirlo un chico adolecente, que es un odio irracional y sin sentido.

Y así, ahora que tenemos lista la receta para el desastre, vamos a contar como pasó todo desde el comienzo, como las cosas se fueron acomodando, y como el egoísmo, el miedo y la frustración, hicieron que todos perdiéramos la cabeza.

–––––––––––

Cuando anunciaron la trasferencia de Otagane–Sensei, que era nuestro profesor de educación física, todos estábamos muy tristes, especialmente los chicos. Aparte de ser un gran profesor, era el tutor del club de baloncesto.

Junto a él, la academia ganó tres años consecutivos.

Todos lo queríamos mucho.

Yo solo estuve en el último torneo. Y era nuevo en el club en aquel entonces. Aun así, me dejó participar.

–Estoy seguro de que el siguiente profesor será incluso mejor de lo que yo he sido. –

Aseguró Otagane Sensei.

–Pero no queremos otro profesor… –

Se quejó Azumo, llorando. Él siempre fue muy emocional. También era el mejor en el club.

–Vamos, vamos, son estudiantes de instituto, incluso sin un profesor, ustedes tienen todo lo que se necesita para seguir compitiendo y representando a la academia. –

Lo de su transferencia, según nos dijeron, era por cosas de salud. Esta academia está bien enterrada en las montañas, y casi nunca vamos a casa, porque de aquí a la ciudad de Sapporo son tres horas en el camión escolar.

Todos dormimos en los dormitorios regulares de la escuela.

Es genial para concentrarte en los estudios y en el club… pero no es tan buena idea, si tienes problemas del corazón… como Otagane Sensei.

–¿Una práctica más? –

Preguntó Mozuke.

El maestro sonrió amablemente.

–De acuerdo. Todos ustedes se han esforzado mucho. Haremos esto una vez más. –

Los doce miembros del equipo levantamos las manos diciendo “Hurra” y fuimos al gimnasio.

Cuando estas en una academia como esta, tiendes a poner mucho más empeño en cosas como los clubes, tienden a importarte más. Al menos así era para nosotros.

Puede que esa haya sido una gran razón para que el club continuara ganando desde su formación.

Practicamos hasta que oscureció.

Hicimos la última inclinación con lágrimas en los ojos.

Incluso me sentí un poco mal por practicar tanto, porque el maestro no sería capaz de decir que no si se lo pedíamos con tanto entusiasmo. Aun así, ninguno de nosotros se atrevió a decir “No se vaya.”

Ante todo, era un asunto de su salud.

Todavía no sabíamos la clase de profesor que sería el siguiente, pero todos estábamos seguros, de que nada sería igual.

Pusimos una sonrisa en nuestros rostros cuando dejamos el gimnasio para no incomodar a Otagane–Sensei. Pero todos bajamos la cabeza cuando salimos de allí.

–¿Qué va a ser del club? –

Preguntó Mozuke–san.

–Bueno, no podemos hacer mucho más que seguir en él… no creo que abandonarlo ahora sería justo, para Otagane Sensei. –

–¿Y es justo que él nos abandone así?–

Preguntó Azumo. Todos volteamos a verlo. Su comentario dejaba que desear. ¿Estaba culpando al Sensei por lo que estaba pasando?

–Entiendo que estés enfadado, pero no es culpa de Sensei. Estas cosas pasan. –

Respondió el jefe del club, Segaki–Sempai.

Él era el que más tiempo había estado en el club, y era también el más alto de todos. Posiblemente el más alto de toda la escuela. Por algo era el jefe del club.

–Lo siento… hablé sin pensar. Creo que no estoy siendo yo mismo ¿No es cierto? –

Se disculpó Azumo.

No era como que no pudiéramos entender cómo se sentía, de todos modos.

–No pensamos nada de ello, no te preocupes. –

Respondió Mozuke–san. Y nos fuimos a los dormitorios luego.

Al día siguiente, era fin de semana.

No fui a casa de todos modos.

Casi no se iba nadie nunca. En lugar de eso, normalmente pasábamos el tiempo en los clubes.

Por eso es que decía que aquí son algo serio.

Pero ahora que el profesor no estaba, no podíamos hacer gran cosa. Habríamos querido pasar el día practicando, pero sin el profesor, ni siquiera podíamos abrir el almacén del gimnasio para sacar algún balón.

Estábamos en la sala de los dormitorios.

–Podemos correr siquiera. –

Comentó Mozuke–kun. Segaki–Sempai se negó.

–Las chicas del club de atletismo están usando el campo ahora. Si vamos, seremos una molestia para ellas ahora. –

Explicó. Azumo hizo un sonido de desaprobación con la boca.

–Ellas nunca ganan nada de cualquier modo. –

Se quejó. Le dieron un golpe en la cabeza.

–Tienes que dejar de quejarte. Encontremos otra cosa que hacer, solo será este fin de semana.–

Le dijo el Sempai.

Para molestarlo, Azumo respondió:

–Tal vez si tuviéramos novias, como Segaki–Sempai, no sería un problema tan grande. –

Dijo. Segaki–Sempai lo miró de mala manera.

–No voy a salir con mi novia de todos modos. Ella si se fue a casa. –

Replicó él. Nos reímos.

No es normal que alguien vaya a casa. Son dos horas en autobús hacia cualquier dirección, y aquí tenemos todo lo que necesitamos, tomando en cuenta que nuestros padres nos envíen algo de dinero, claro está.

Y esa es otra razón por la que no conviene irse. Pagar por ese viaje cada fin de semana es algo tonto, cuando puedes usar ese dinero para pasarlo bien aquí.

Que la chica que era la novia de Segaki–Sempai hubiera escogido precisamente este fin de semana para volver a casa, era tener mucha mala suerte. Aun así, era el más compuesto de todos.

–¿Qué hacemos entonces? –

Pregunté.

–Podemos… ¿Jugar cartas? –

Mozuke tenía una baraja en su habitación. Cuando llovía o no podíamos practicar por alguna razón (una tormenta de nieve, que aquí son comunes, por decir un ejemplo) casi siempre lo pasábamos en la sala de los dormitorios, jugando cartas.

–Ni que hacerle… vamos por esa baraja. –

Respondió Azumo.

Él y Mozuke subieron al segundo piso. Segaki–Sempai, yo, y otros más, nos quedamos en la sala.

–Bueno, ya que ellos van a traer la baraja, deberíamos ir a la cafetería… ya saben, comprar alguna botana y té. –

Comenté. Mis padres me habían enviado dinero recientemente.

–Me gusta la idea. Yo te sigo. –

Segaki–Sempai me siguió a la cafetería. En el camino, para hablar de algo, pregunté:

–¿Qué se siente tener novia? –

Yo nunca había tenido una. Nunca me atreví a acercarme a una chica antes.

Las chicas me miraban feo si me acercaba a ellas.

–No es como tú crees que es. –

Respondió Segaki–Sempai. Podía entender que las chicas se acercaran a él. Su cabello rubio y su altura le daban la apariencia necesaria para encantar a las chicas. Y tenía buenos modales además.

–Ellas casi nunca te toman en serio. –

Explicó.

–¿Qué quiere decir? –

Pregunté, no entendí por qué eso era importante, con poder hablar con ellas bastaría.

–Digamos simplemente, que el novio, es su última prioridad. –

Explicó él.

¿Entonces por qué se la pasan hablando de eso?

Me preguntaba. Puede que también sea que en esta escuela en particular, hay cosas más importantes, como los clubes.

Compramos algunas cosas y volvimos. Cuando regresamos, ya estaban repartiendo las manos. Puse algunas botellas de té en la mesa y bolsas de Pocky y comida chatarra. Segaki–Sempai y yo, esperamos a que hubiera un sitio disponible para jugar.

––––––––

Todos los fines de semana, los maestros que eran tutores de los clubes, se quedaban con los alumnos. Tal era el caso de la maestra de física, que era tutora del club de ciencia. O de la maestra de gramática que era la tutora del club de cocina.

Pero si no tenían tutorías que impartir, casi siempre se iban.

Hay que ver que ellos tienen autos propios.

Si no fuera por el prestigio de la escuela, tal vez no hubiera entrado aquí. Estaría en una escuela normal, donde puedes ir a casa todos los días.

El dormitorio de los chicos tenía una mascota. Una ardilla llamada Kaampi. La trajeron cuando yo estaba en primer año y estaba herida.

Como las chicas tenían un zorro de la misma forma, que había llegado en la misma situación según sé, los maestros nos dieron permiso de tenerla si estaba siempre en su jaula y la cuidamos y la alimentamos.

Con el tiempo, se convirtió en una ardilla enorme y parecía saludable y feliz.

Cuando el curso comenzó, Otagane–Sensei compró una bolsa enorme de comida para la ardilla. Otra razón para estar agradecidos con él. Pero nuestra ardilla estaba bien cuidada. Eso ni que decir tenía.

Aquel día, mientras todos jugaban a las cartas Azumo estaba dándole de comer.

–Ya está, ella está jugando con su rueda… parece más divertida que nosotros. –

Comentó él.

–Muy bien, venga esa mano… no voy a dejar que una ardilla se divierta más que yo. –

Pasamos aquella tarde jugando a las cartas. Y cuando menos pensamos se hizo de noche. Simplemente nos fuimos a dormir.

–––––––––

Y como el domingo era el día siguiente, y además, hacía calor, decidimos que estaba bien si íbamos a la piscina de la escuela a divertirnos.

Aquí casi nunca hace calor. Así que no podíamos desperdiciar la oportunidad. El único problema fue, que nosotros no fuimos los únicos que pensamos así. Había un grupo de chicas que nos miraron a mí y a mis compañeros feo cuando nos acercamos.

No habíamos venido a verlas a ellas. Venimos a jugar en la piscina.

Las chicas salieron del agua y se fueron. Decidimos que no les prestaríamos atención.

–La piscina es de la escuela. –

Comentó Azumo–kun. Encogimos de hombros.

Esa es la clase de relación que, al menos los chicos como yo, tenemos con las chicas.

Aun así. Segaki–Sempai decía que no era tan afortunado.

Quizá solo estaba siendo humilde.

No tenemos muchas oportunidades de ver a las chicas en traje de baño, eso es cierto, pero eso no quiere decir que viniéramos pensando en ello.

Segaki–Sempai estaba estudiando y no estaba con nosotros. Ahora que estaba en tercer año, decía, tenía que tomarse las cosas más en serio.

Quizá si él estuviera aquí, podríamos haber jugado en la piscina sin que las chicas salieran del agua.

–––––––––––

Así fue como llegó el día lunes.

Y con ello, el nuevo maestro de educación física.

La nueva maestra, por mejor decir.

Todos aplaudimos cuando la presentaron.

Pero nosotros sabíamos que aquello no eran buenas noticias.

Que fuera mujer, quiero decir.

La nueva maestra, Mirakata Sayumi, parecía una mujer estricta. Era joven y algo linda, pero no daba muchas oportunidades de hablar con ella.

Su rostro era siempre el de una mujer estresada por tener que lidiar con problemas que no le corresponden.

Y su primera acción como profesora de educación física, fue declarar el club de baloncesto cerrado.

Incluso fuimos a hablar con ella.

En vano.

–Yo no sé nada sobre baloncesto, y el curso ha comenzado ya. No podemos conseguir otro tutor. –

Explicó Mirakata Sensei.

–No necesita saber mucho, solo tiene que aceptar. Hemos ganado varios torneos seguidos. –

Se quejó Segaki–Sempai, incluso así. Ella negó con la cabeza.

– Tú, en particular, estás en tercer año ¿No es cierto? Deberías poner más atención en tus estudios, es una oportunidad la que estoy dando. Lo mismo para todos ustedes, en realidad. –

Respondió ella.

¿La maestra odiaba el baloncesto?

Nos enteramos de la verdadera razón a la semana siguiente. Lo que Mirakata Sensei quería era un club de Voleibol. Es decir… quizá le gustaba más. Necesitaba el gimnasio para ello.

Y por eso, disolvió el club de basquetbol.

Desinterés, es el primer síntoma de que algo no va bien. ¿Por qué ibas a tomar en cuenta los problemas de los demás? ¿Por qué molestarte con sus necesidades? Y cuando llega el momento de hablarlo, nadie escucha realmente a nadie. ¿Qué era lo peor que podía pasar?… es lo que tiene que haber estado en la cabeza de la profesora.

–––––––––

Una chispa tan pequeña como aquella, nunca habría sido suficiente para que sucediera nada. Clubes cierran en todos lados y nada malo pasa.

Pero, como dice aquel viejo dicho: Por un clavo, no se le puso la herradura al caballo.

Ya teníamos nuestro clavo. Para que un incendio se vuelva grande, necesita tiempo, espacio, y algo que quemar.

Los chicos del club de baloncesto estábamos tristes. Pero en la escuela había más estudiantes que solo doce chicos de un club que ahora ya no existía. Por el momento, era demasiado pequeño para que alguien le pusiera atención.

Mozuke se unió al consejo estudiantil a la semana siguiente. Azumo había dicho que terminaría el curso y se iba a transferir. Y yo… después de un fin de semana en casa, que tal vez me hacía mucha falta, volví a la escuela con la firme intención de encontrar algo que hacer.

Hay que notar, que solamente chicas se unieron al club de voleibol, que al parecer, era parte de la intención de Mirakata Sensei. Tal vez no se sentía cómoda con los chicos y esa fue la verdadera razón de cerrar el club.

Decidido a no pensarlo más, me dediqué, toda la siguiente semana, a buscar un nuevo club.

Aquí no hay nadie en “El club de ir a casa” porque casi nadie va a casa. Así que, si me quedaba sin un club, podrían empezar a sospechar de mi… justo como todos sospechan de Nokuro–kun.

Nokuro–kun era un chico de mi clase. No tenía club y casi nadie lo veía si no estábamos en clase. Nadie estábamos seguros de que era lo que hacía, y por eso mismo era sospechoso.

Siempre que alguien iba a casa, todo el mundo se enteraba, esa fue la verdadera razón de que decidiera ir a casa ese fin de semana. Todo el mundo sabría dónde estaba y por ello, estaría libre de sospechas.

Algo delicado, si, como yo, acabas de quedarte sin club.

Me presenté en el club de debate una tarde de un martes. La presidenta de ese club, Sazanagi Mikazuki, del salón 2A era una chica brillante que sabía cómo encantar a los demás con sus palabras.

Era linda, hay que admitirlo. Y por eso mismo, fuera de mi alcance.

No soy de los que van por allí diciendo “quiero una novia” pero hasta yo sé cuándo una chica es demasiado linda para mí.

Era muy admirada por todo el mundo, y tenía buena reputación entre los docentes. Que yo sepa, al menos tres estudiantes se confesaron a ella, aunque ella los había rechazado a todos.

–Muy bien… seré la moderadora, escojan un tema. –

Era lo que estaba diciendo la presidenta cuando entré, yo solo quería ver cómo era.

Para mi decepción, demasiado rudo.

Eso no debería decirse de un club de debate, pero los ponientes eran demasiado buenos para mí, que ni siquiera puedo colocar mis ideas en orden.

Discutieron acerca del clima. Cualquiera diría que las cosas se acaloraban a veces.

Un chico, del que no sabía su nombre, incluso estaba rojo de la cara.

Demasiado duro.

Otro club tendrá que ser.

––––––––––

Pasaron varios días más de ese. Cada vez que tenía tiempo, iba a visitar a los clubes a ver si había alguno que me agradara.

Aquí los clubes están muy divididos, o por mejor decir, separados.

El club de baloncesto por ejemplo… éramos puros chicos. En el club de cocina eran puras chicas, sería raro que yo me inmiscuyera allí.

Puede notarse que aquí los chicos y las chicas casi no se hablan.

Nuevamente, desinterés.

Quizá lo digo porque estoy en esta posición pero… ellas tampoco hacen un esfuerzo. Se limitan a atender sus asuntos y nosotros a los nuestros.

Fue por eso que cuando me encontré a una chica llorando sentada en una de las bancas en los jardines, no supe exactamente como debería responder.

Era casi de noche y no había nadie en las cercanías. Yo estaba por volver a los dormitorios, pero quería algo de la máquina expendedora antes de irme. Allá me dirigía cuando la encontré.

¿Debería hacer como que no vi nada?

Pero ¿Y si tiene un problema?

¿Debería acercarme?

¿Y si se asusta o se ofende?

Me quedé allí parado por un largo rato, aquel llanto realmente era algo, pero mi inseguridad y mi poco trato con las chicas no me dejaron decidirme pronto.

Después de eso, ella se dio cuenta de que estaba allí.

–¿Qué haces allí?–

Preguntó, secándose las lágrimas rápidamente.

–Descuida… yo… ya me iba… –

–¿No has visto un zorro? –

Preguntó ella.

–¿Eh? –

Aquella pregunta me dejó perplejo.

–¡Olvídalo! –

Se quejó ella, levantándose.

–No, no, espera… ¿Qué ocurre? –

Pregunté. El zorro era la mascota del dormitorio de las chicas… según sé.

–Tenía que pasearlo… pero su correa… se soltó…lo he buscado todo el rato… ¿Qué si se acercó a la valla? –

Explicó ella, volviendo a llorar.

–No lo he visto, pero puedo ayudarte a buscarlo… –

Expliqué.

–¿De verdad? –

El rostro se le iluminó. Luego bajó la cara, avergonzada.

–No le digas a nadie… si se enteran de que lo he perdido, jamás volverán a dejarme sacarlo… –

Bueno, nuestra ardilla no salía nunca. No teníamos ese problema.

Comenzamos a caminar, y ella comenzó a llamar al zorro por un nombre. “Gi–chan”.  Yo iba detrás de ella porque ella era la que estaba buscando. Y mientras buscábamos al dichoso Gi–chan, pasamos cerca de la línea. Solo en caso de…

Usé mi celular para alumbrarme, aquí no sirve de mucho tener celular porque la señal no llega si no estás en el dormitorio (que es el único sitio donde la hay, no sé porque.)

También lo usé para alumbrarla a ella y que pudiera ver por donde caminaba. Eso no le gustó.

–Oye tu… no estás pensando nada pervertido ¿verdad? –

–¿Eh? No, claro que no… –

Repliqué. Ella se apartó dos pasos.

–Por eso es que no hablo a los chicos. –

Se quejó. Nos habíamos detenido.

–No estoy pensando en nada malo… si no quieres mi compañía puedes decirlo claramente. –

Respondí. Después de que estaba ayudándole.

–Lo único que faltaba, ahora es chantaje. –

Ni siquiera sabía su maldito nombre y estaba peleando con ella.

–No intento chantajearte, estoy tratando de ayudarte. Si no quieres mi ayuda, entonces me largo. Y ya está. No tengo porque ser insultado de esta forma. –

Respondí, dándome la vuelta. Ella hizo un berrinche.

–¿Tú eres el insultado? Has estado mirándome lascivamente desde el principio, no creas que no me di cuenta de que estabas mirándome feo. –

Se quejó. Ya no la escuché. Me di la vuelta y me fui de allí. Ella gritó algo más que no pude comprender.

Eso me pasa por tratar de ayudar.

Ni siquiera fui a la cafetería. Solo volví a los dormitorios. Había tenido un día pesado y se acercaban los exámenes.

Lo que sea que hubiera pasado con su estúpida mascota, no era mi problema ¿O lo era? Definitivamente no.

–––––––––––

Cuando volví al dormitorio de los chicos, me envolvió un aire lúgubre. Había varios alumnos en la sala.

El dichoso zorro estaba allí, y dos chicos lo tenían sosteniéndolo del collar. El zorro tenía sangre en el hocico.

–¿Qué ocurre? Estaba buscando a esa cosa desde hace un rato. –

Dije, con algo de desdén.

–Tenías que haberlo encontrado antes. –

Se quejó Azumo, llevándose ambas manos a la cabeza, con desesperación.

La jaula de Kaampi estaba en el suelo.

–¿Dónde está Kaampi? –

Pregunté.

Segaki–Sempai me puso una mano en el hombro.

–Detrás del sofá, pero no quieres verla así… No te acerques.  –

–¿Esta herida? –

Pregunté, mirando a los demás. Ninguno quiso mirarme. Más y más chicos comenzaron a bajar de los dormitorios.

Azumo quiso patear al zorro.

–Maldito hijo de…. –

–Para, Azumo… para… no es su culpa… es la culpa de quien lo dejó ir,  es un animal… por favor, sólo contrólate. –

Ya he dicho que Azumo era emocional.

Como era de esperarse, un profesor llegó hasta donde estábamos. Más específicamente, el profesor de literatura.

–¿Qué ocurrió? –

Preguntó el profesor. Al menos tenía la cara seria.

–El zorro se le escapó a una de las chicas que estaban paseándolo. –

Expliqué. Tuve que explicar también que yo había acompañado a la chica a buscarlo.

–¿Eh? Así que estabas coqueteando con una chica… –

Se quejó un compañero. No sabía su nombre.

–Claro que no. Incluso peleé con ella. No sabía que el estúpido animal estaría aquí. –

–Si hubieras estado aquí antes… –

–Si hubieras bajado antes. –

Respondí. No era justo que me cargaran la responsabilidad.

–Basta. Aquí no estamos para culpar a nadie. Es culpa de todos. –

Se quejó Segaki–Sempai. Tratando de poner orden. El profesor me miró con gravedad.

–No es culpa de nadie. Estas cosas pasan a veces. No hay nada que podamos hacer ya por la pequeña ardilla, si no es darle un entierro decente. Habrá que ver qué hacemos con el zorro, de todos modos. –

–Hay que matarlo. –

Sugirió uno. Otro negó con la cabeza.

–Escúchate, el pobre animal no tiene idea de lo que hizo. Todos queríamos a Kaampi, pero matarlo es simplemente desagradable. –

Respondió éste.

–¿Y qué? ¿Vamos simplemente a su dormitorio y se los devolvemos? –

Hablo el primero.

–Encárguense de la ardilla, dejen al zorro aquí por ahora. Yo iré a decirle a las chicas que su mascota está aquí. –

Ordenó el profesor.

Creo que tenía razón. Nada de lo que le hiciéramos al zorro iba a arreglar las cosas de todos modos. Lo importante ahora era enterrar a Kaampi. Lo que pasara ahora con su estúpido zorro, no era importante en absoluto.

––––––––––

Pusimos a Kaampi en su jaula de nuevo. Y entre cuatro de los chicos, levantaron la jaula en hombros y la sacamos del dormitorio. Una caravana con casi todos los chicos de la escuela siguió a la jaula de Kaampi.

Nos dejaron salir de la escuela ese día. No era común que pasara, pero en vista de que había una mascota muerta y que además, el profesor entendió que no podíamos simplemente cavar en los jardines de la escuela, a las diez y veinte de la noche, se abrió la puerta de la escuela.

Fuimos a un sitio un poco apartado, en el bosque, cerca de donde corría un pequeño riachuelo medio congelado, dos alumnos de la banda escolar tocaron la trompeta que resonó en todos los alrededores.

Muchos dirán que fue exagerado.

Pero más que solo una ardilla, era nuestra mascota, y en cierto modo, todos estábamos orgullosos de tenerla allí. Era la clase de cosa que cuentas primero a tus padres cuando te preguntan cómo va todo en la escuela.

Pusimos algunas flores en el lugar donde la habíamos enterrado, y volvimos todos cabizbajos al dormitorio.

Nos encontramos con que ahora había varias chicas allí. De tercer año todas.

Nos miraron de mala manera.

Nosotros a ellas, igual.

–Tuvieron que habernos dicho que estaba aquí… no sabíamos que la jaula era tan insegura. –

Se quejó una de ellas. Estaba culpándonos a nosotros por la muerte de Kaampi

Azumo se adelantó un paso.

–Es pura casualidad que no hayamos matado a tu animal a palos. Toma a tu zorro y lárgate. –

–Oye Azumo. Tranquilízate. –

Se escuchó en el fondo. Él volteó.

–No me digas que me tranquilice. –

Las Sempai se quedaron perplejas. El profesor de literatura no dijo nada. Tenía que haberlo regañado por hablarle así a una Sempai, pero creo que entendió que no estábamos de humor para formalidades. O quizá estaba secretamente de nuestro lado.

En nuestro interior, todos apoyábamos a Azumo, por más que su forma de actuar fuera un poco violenta.

Él, en realidad, solo dijo lo que todos queríamos decir. Mozuke les entregó a su animal, quien todavía tenía la sangre de Kaampi en el hocico. Las Sempai se miraron entre ellas, supongo que sin saber que decir.

El profesor habló.

–Le deben una disculpa a los chicos. –

Dijo. Supongo que esperaba que se inclinaran. Pero ellas habían pasado por su propia angustia, buscando al zorro, supongo que lo querían tanto como nosotros a nuestra ardilla. No estaban de humor para disculparse.

–Tal vez si nos hablaran con más respeto. –

Dijo una de ellas.

–Al demonio. –

Respondió, pero no Azumo, quien ya no estaba. Fue uno de los chicos de primer grado, tenía lágrimas en los ojos.

Uno de nuestros Sempais intervino ahora, tratando de calmar las cosas.

–Escuchen… solo tomen al animal y váyanse, todos estamos muy tristes y no hay lugar para formalismos. No se disculpen si no quieren, solo… váyanse por favor. –

Pidió el Sempai.

–Lamentamos lo que sucedió con su mascota. Les aseguro que la culpable será castigada. Pero no creo que nosotras merezcamos esta clase de trato. –

Una Sempai de cabellos negros y mirada amable dijo eso. Las otras la miraron, incluso enojadas. ¿Estaba ella del lado de los chicos en esto? Sus caras demostraban que eso era lo que estaban pensando.

Y eso fue lo que más importó de todo; Porque ahora HABÍA un lado.

–Lo sé… pero… eso no cambia nada. Si la castigan o no, eso no es problema nuestro. Nosotros solo queremos estar solos, y este es el dormitorio de los chicos. –

Respondió nuestro Sempai. Nosotros nos dimos la vuelta. Ellas también, y se fueron luego. Nosotros subimos, cabizbajos, a nuestros dormitorios.

Hubo quien si lloró, especialmente los de tercer año. Ellos estaban aquí desde que la trajeron.

Esa ardilla fue la primera víctima.

Una que no olvidaríamos con facilidad.

Y que sirvió de ejemplo, para todo lo que sucedió después.