Prólogo: Dos formas de ver el mundo.

Modo Noche

Kaseitokinboshi

“Al enfrentar la muerte son todos iguales.
No hay correcto o equivocado.
Rico o pobre.
No importa a quien servían.
Bueno o malo.
Son todos lo mismo.
Descansan lado a lado ahora.”
–Sabaton.

Kaseitokinboshi

 

Prólogo: Dos formas de ver el mundo.

Estación de policía de Sapporo. Hokkaido.

Podías ver la nueve cayendo por la ventana.

Estaba ahora en la sala de investigaciones de la central mayor de policía especial.

Es un lugar en donde normalmente acaban asesinos y Yakuza. ¿Por qué estaba yo aquí? Bueno…

Porque hubo un problema.

Los policías, en especial la fiscal Akiyama, investigaban un caso de lo que pusieron como “Histeria colectiva.”

Hubo grandes disturbios en un instituto algo alejado de la ciudad. Y cuando digo grandes, me refiero a MASIVOS.

Los dos hospitales cercanos estaban llenos. Había cuatrocientos heridos y algunos muertos.

Padres de familia se arremolinaban frente a los medios y la policía pidiendo explicaciones y, bueno, justicia.

La fiscal Akiyama sería la encargada de explicarlo, y por eso es que estábamos aquí.

En la sala estábamos dos chicos y una chica, que éramos, por el momento, los únicos que podíamos explicar algo que fuera relevante.

Como muchos, yo estuve allí desde el comienzo, y tampoco pude verlo. En cierto modo, soy culpable de ello.

–Nos refugiamos en el sótano de la escuela. –

Expliqué, el policía suspiró. Fumizuki–chan, una compañera que estaba conmigo en la sala, les explicó.

–Golpearon a Usami–chan en la cabeza con un bate. –

–¿Recuerdas quién? –

Preguntó la fiscal del departamento de investigaciones.

–Pudo haber sido cualquiera. –

Usami–chan había acabado en la ambulancia y se la llevaron para darle puntadas en la frente

–Aun así, que un grupo de delincuentes… –

Dijo otro de los oficiales, rascándose la cabeza.

–No fue un grupo de delincuentes… fueron todos. TODA LA ESCUELA. –

Me quejé, estas personas no entendían para nada que era lo que había pasado.

No los culpo. No había precedentes de algo así.

¿O si los había?

Fumizuki–chan asintió.

–Fueron todos. Fue horrible. –

Reclamó ella, con lágrimas en los ojos.

–¿Por qué? –

Peguntó el oficial desesperado.

–Ellas empezaron… –

Respondió Koboe–kun. Un compañero, de primer año. Mi Kouhai, en realidad.

Yo negué con la cabeza.

–Koboe–kun, Fumizuki–kun, Yamaki–kun. ¿Es correcto? ¿Son todos? –

Explicó la fiscal, nosotros tres asentimos.

Katsuko–chan, de primer año, y Usami–chan, de tercer año, estaban en el hospital, junto con muchos otros. Una había recibido un golpe en la cabeza, la otra, se intoxicó con el humo del fuego.

El policía hizo una pregunta.

–¿Dónde estaban los profesores? ¿Qué estaban haciendo? –

Aquella pregunta era la que tenía por fuerza que ser determinante, o lo sería si la cosa no hubiera estado tan mal. No, no tenía nada de determinante.

Koboe–kun respondió.

–Escondidos… –

Fue lo que dijo. Pero Fumizuki–chan lo corrigió:

–Presos. –

Luego explicó.

–Íbamos a sacarlos de donde los tenían… pero… también pensamos que si los sacábamos los atacarían… estaban más seguros en la dirección… Tampoco es como que pudieran detenerlos a todos. –

La Fiscal suspiró. Seguro que esto iba a llevar un buen tiempo. Suspiré y entonces la fiscal se dirigió a mí.

–Yamaki… Kotarou–kun ¿Cierto? ¿Cómo comenzó?–

Me preguntó la señorita.

–Es difícil decirlo. –

Respondí, tratando de recomponerme.

–Pero… estabas allí cuando iniciaron. ¿Cómo fue? –

Preguntó la fiscal, insistiendo. Fumizuki me puso una mano en el hombro.

–Bueno, empezó como todas las cosas, con algo pequeño. Con una ligera diferencia de opiniones. –

–Una diferencia de opiniones no acaba en algo como esto. –

Se quejó un oficial de policía.

–Claro que sí. Es así como comienzan las peleas. –

Respondió Fumizuki–chan. Estaba defendiéndome abiertamente.

–Pero estuve allí cuando comenzó. Extrañamente. –

–Entonces, lo viste todo, desde el principio. –

–¿No intentaste detenerlo? ¿Nadie lo intentó? –

Preguntó uno de los policías, mirando los reportes. Yo suspiré. ¿Cómo le explicas a la policía que eso no era posible?

–Si hubo quien lo intentó… antes de que todo se saliera de control –

Expliqué, mirándolo.

Si, salió de control. A una velocidad impresionante. Cuando quisimos detenerlo, era tarde.

–Pero tú estabas allí… ¿Cómo comenzó? ¿Quién lo inició? –

Preguntó la señorita de investigaciones.

–Quieren un culpable. No lo hay. Al menos no uno. Y las personas que son “culpables” no podrían haber predicho que esto llegaría tan lejos. –

Expliqué.

Todos actuaron con la información que tenían al alcance, todos hicieron lo que creyeron correcto… y aun así, se incendió muy rápido para que alguien pudiera darse cuenta, mucho menos detenerlo

Por si aquello fuera poco, las personas que eran  medianamente culpables de “iniciar el fuego”, es decir, las que actuaron de mala fe, fueron las primeras que murieron. El fuego se los tragó como a esos magos malvados de las novelas, a esos científicos locos que, como ellos, juegan con fuerzas que no pueden comprender.

Ellos miraron a Fumizuki–chan. Quien asintió con la cabeza, luego pareció pensarlo un momento.

–Es cierto, en retrospectiva, parece muy obvio… todas las señales eran claras, pero nadie podría haberlo dicho cuándo comenzó. No eran tan claras entonces…–

Explicó ella. Según sé, su madre estaba esperando afuera también. Tenía que irse.

–¿También lo viste? –

Preguntó la fiscal a Fumizuki. Ella asintió con la cabeza.

–Todos lo vimos, creció como el lirio que crece en un lago. Nadie sabía que mataría a los peces eventualmente, era pequeño e inofensivo al principio. –

–¿Qué pudo haber ocasionado algo así? No lo comprendo. –

Yo miré al policía. Y asentí con la cabeza.

–Pasó porque dos formas de ver las cosas no pudieron llegar a un acuerdo. Pasó porque a ninguno le importó el bienestar de los demás. Y porque todos asumieron que el otro lado era malo. –

El oficial sonrió con amargura, supongo que pensó que estaba explicándolo de una forma un tanto incoherente, pero asintió con la cabeza.

La fiscal de investigaciones, sin embargo, anotaba. Batí la cabeza para recomponerme. Esto iba a ser un poco largo.

–Todos los incendios… empiezan por algo pequeño. Incluso este, empezó como una chispa inofensiva. A la que nadie prestó la debida atención. A principios del ciclo escolar. –

Expliqué…