Haru no Yurei V3 C28

Modo Noche

haru

Capítulo 28: Los hombres son difíciles de entender de cualquier manera.

Al día siguiente de aquello, estaba en el trabajo. Fue duro, pero no como uno esperaría que fuera. Comí con mis compañeros de trabajo como normalmente lo hacía, y estaba terminando mi reporte cuando recibí un mensaje. Era de Kurimo. Su escritura normal nerviosa y corta.

“Mi madre acaba de ir al hospital. Fumishi-chan me acompaña ¿Estarás allí?”

Era todo lo que decía. Lo miré por unos momentos, tratando de entender lo que quería decir, porque no era muy lógico. Le respondí en ese momento para que no se preocupara.

“Si te parece bien si… ¿Qué está ocurriendo? No comprendo.”

Esa fue mi respuesta. En ese momento, estaba ocupado mirando mi teléfono cuando alguien se acercó a mi escritorio. Era Amatsune. Mi secretaria.

-Tengo aquí unos papeles que me dijeron que tienes que llenar. –

Dijo ella, tratando de sonar profesional.

-Si… déjalos allí. –

Me había olvidado de pensar en ella en este tiempo, sobre todo porque ahora mismo tenía varias cosas en la cabeza. Ella pareció esperar algo que yo no entendí, se marchó después de unos momentos. Llegó un segundo mensaje. Esta vez, de Akane.

“Creo que Hatami-chan no explicó bien. Al parecer, el bebé ya no tarda en nacer. La van a atender en Shibuya, porque mi padre es médico allí. Como de todos modos es mi hermano o hermana quiero estar con mi padre, y Hatami-chan con su madre. Queremos saber si vas a ir al hospital, para esperar por ti afuera. Al parecer, el hermano mayor de Hatami-chan también viene.”

Fue lo que Akane escribió.

Me había olvidado por completo de eso también.

“Entiendo. Esperen por mi entonces, ya no tardaré demasiado en salir.”

Respondí. Diablos, tenía que apresurarme… o eso fue lo que pensé. Fue entonces que miré la pila enorme de papeles que había que llenar. Esto va a tomarme una eternidad.

-Maldita sea… –

Me dije a mi mismo. No podía estar aquí, pero tampoco podía salir huyendo ahora. Aclaro que algunos de esos papeles tenían al menos cinco días de retraso. Imposible que se me hubiera juntando el trabajo justo ahora. Esa Amatsune.

Después de una hora de trabajar como loco, Amatsune volvió a acercarse a mi escritorio. Ya para ese momento, me había quedado claro que ella era la principal culpable de que estos papeles estuvieran así. Eso y que… acababa de llegar al puesto. Estaba vacío cuando yo llegué.

-¿Qué quieres? –

Pregunté, mirándola.

-Oh… nada. No pensé que estarías de mal humor… dejar que se acumule no es tan malo… incluso puede que me quede a ayudarte un poco… –

Comentó. ¿Estaba coqueteando conmigo?

No sé decir si estaba coqueteando o me odiaba, o ambas. Yo hice un gesto con la mano.

-Si tienes más papeles déjalos allí, los haré después. Tengo prisa ahora. –

Dije y seguí llenando las formas. A-002 va en la pila grande. G-025 en el cajón de abajo. Ah cielos… hay tantas que ya no sé por dónde seguir.

-Lamento eso. No pensé que tuvieras una cita… –

Dijo ella, dándose la vuelta.

-¿Quién habló de una estúpida cita? –

Le dije mientras salía. Seguí en lo mío. Llevaba la mitad y habían pasado ya cuarenta minutos. Ah, seguro que Akane y Kurimo se enojan mucho por esto. Un mensaje llegó a mi celular. No lo miré por miedo a que ya estuvieran enojadas.

Amatsune entró de nuevo.

-Si no es una cita, entonces ¿Qué es? –

Preguntó ella.

-¿Es en serio? Es decir… ¿Justo ahora? ¿Es que no tienes nada de responsabilidad? Estos formatos tenían que estar llenos hace días. Y todo el tiempo que estuve aquí… –

Comencé a regañarla. Ella cerró la puerta tras de sí. Estábamos solos. Amatsune bajó la cabeza.

-Perdón… –

Dijo.

-No me pidas perdón. Solo haz tu trabajo. Solo eso. –

-Pues perdón por dejar que tu trabajo se acumule. Es decir, yo no sabía que tenías problemas llegando tarde… porque bueno… tu… –

Voltee a verla. No me gustaba que me mencionara eso. Ella quería decir que estaba solo. Que nadie me esperaba en casa. Pues… sorpresa.

-Que viva solo no quiere decir que no tengo nada que hacer. Tengo algo importante ahora mismo. Y para tu información, ya no vivo solo. Otra cosa es que eso no es ningún pretexto para lo que está pasando aquí. Tienes que hacer bien tu trabajo ¿Comprendes? ya no estamos en el colegio. –

Respondí, tratando de dar por zanjado el tema, porque, bueno… adivinen quien hacía las tareas de esta chica. Exacto… YO.

-Ah… entonces… lo recuerdas. –

Me llevé las manos a la frente.

-¡Largo! –

Le dije, hasta que recordé que… soy su jefe.

-No… espera… –

Y tomé unas hojas, que de hecho, ni siquiera me correspondían a mí. Pensé que me estaban pasando el trabajo por ser el nuevo, pero al demonio con eso. Es mi secretaria.

-Quédate. Vas a llenar estas… espero que no tengas problemas llegando tarde. –

Le dije. Ella se quedó perpleja.

-No puedes hacer eso… –

-Cállate. Si le decimos a supervisión de recursos que has estado retrasando estos reportes seguro que te echan a la calle. Así que no estoy siendo injusto. Vas a reparar tus estúpidos errores ahora. –

Respondí. Tomé mis cosas.

-Me voy. Deja el resto allí. Lo haré mañana. –

-Eso es abuso de poder. –

Se quejó ella. Me volví para mirarla a los ojos, por primera vez desde que llegué a la compañía.

-No me digas a mi lo que es el abuso de poder, Amatsune. –

Y entonces, me di la vuelta y me fui. No sé si era realmente abuso de poder o no lo era, pero que bien se sentía.

Salí más disparado que de costumbre del trabajo. Ya mis compañeros se habían ido y yo tenía como media hora de retraso. Al menos sabía en donde estaba el hospital. Miré en el tren el mensaje que había recibido antes. Era de Mizore.

“Mi prima y yo estamos celebrando. Fumishi-chan dijo que llegarías tarde. ¿Puedo llegar tarde también? Es decir, vamos a ver doramas y comer comida chatarra. Prometo pensar en ti cuando la coma.”

Exactamente ¿Qué tenía yo que ver con la comida chatarra? Me preguntaba en ese momento. Pero tenía sentido para mí. El día anterior se la pasó en las compras que hacen normalmente, y ahora que ella y Kamine estaban tan cerca, supuse que querrían pasar algún tiempo juntas. Yo no tenía prisa ahora mismo. De hecho, me venía bien. Estaba muy ocupado en realidad.

“Por mi está bien. Solo no regreses muy noche o encontraras cerrado y tendrás que dormir afuera.”

Respondí, evidentemente en broma, pero espero que le hiciera gracia.

El tren llegó a la estación y bajé de él. De aquí, deberían ser un par de calles al hospital donde Kurimo estuvo la última vez. Llegué sin aliento. Una vez en la puerta, iba a llamar a alguna cuando vi a Kurimo acercarse.

Me sonreía de una forma extraña, como enojada por la tardanza y alegre por cómo me vio llegar aprisa.

-Cuando dije que vinieras pronto, no es esto a lo que me refería… –

Dijo Kurimo.

Un segundo… ella no dijo que yo viniera pronto en ningún momento. Pensé seriamente en decirle, pero seguro que eso es secundario ahora.

-Lamento la tardanza yo… –

Excusas tontas de un hombre. Y ella lo entendió al vuelo. Puso un dedo en mis labios.

-Lo sé… –

Dijo ella sonriendo, y se dio la vuelta.

-Fumishi-chan cuida a sus hermanos pequeños. Su padre está dentro con mi madre. –

Explicó.

-Entonces… –

-Los médicos dicen que bien podría ser esta noche. Ya no puede salir del hospital. –

Explicó.

-¿Estás sola? –

Pregunté. Pregunta tonta, de hecho, Kurimo asintió.

-Onii-sama no debería tardar tampoco. Verás. Su escuela está algo lejos. –

Explicó ella. Yo asentí. Ella miró hacia arriba.

-Es casi irreal pensar que voy a tener un hermano pequeño. Imagínalo… –

Dijo Kurimo. Parecía feliz con la expectativa.

-No tengo que imaginarlo. Será verdad dentro de pronto. –

Respondí. Kurimo negó con la cabeza, luego me miró.

-¿Qué harías si yo fuera a tener el bebé? Si la que estuviera dentro… fuera yo. –

Preguntó ella. Se notaba la ilusión en sus ojos. Pero dentro de mi entendí, que así con las cosas como estaban, yo no estaba listo, y muy posiblemente, ella tampoco.

-Estaría muy asustado. –

Respondí. Por supuesto que no le gustó mi respuesta. Giró la cara con un “ya veo” y dio un paso. La detuve del hombro.

-No. No harás esto. –

Le dije.

-Siempre escapas… –

Comenzó a reclamar.

-Yo no me he movido. –

Respondí. Quien estaba escapando era ella. Y no de mí. De la realidad. Y yo estaría escapando de ella si no me atrevía a decirle lo que en realidad sentía sobre el tema.

-Si lo haces porque realmente tienes el deseo de tener un bebé, entonces no hay nada que pueda decir. Te lo he dicho antes. Para eso venimos al mundo. Existimos por ese motivo. –

Le dije. Ella no me miró. Ya estaba llorando.

-Por eso… –

Sollozó. Yo me puse delante de ella, y limpié las lágrimas de su cara.

-Pero si lo estás diciendo, porque te emociona ver a tu madre, y ver todo lo que le está ocurriendo. Tengo que decirte esto. No estamos listos. No estoy listo para ello. Y tú tampoco lo estas… –

Respondí, ella se sacudió.

No. No más berrinches sin sentido. Lo siento. Es hora de crecer.

-Claro que sí. Es decir… yo lo cuidaría y… –

-De acuerdo. Digamos ahora que estás lista. Yo no lo estoy, y eso solo es razón suficiente. No puedes estar solo pensando en ti misma ¿O sí? –

Kurimo bajó la cabeza.

-No pero…

-Ese hombre de allá, ha estado con tu madre por años, ha demostrado que estará con ella, que es importante para él. Y me imagino que tu madre le ha correspondido adecuadamente durante todo este tiempo. No tienen seis meses de conocerse. –

Expliqué. No estaba hablándole en mal modo. Estoy seguro de que ella solo había visto el lado amable de esto. Pero todos mis compañeros en el trabajo, aseguran que las mujeres lo pasan estúpidamente mal los primeros días después del embarazo, y que había que ser muy fuerte para soportarlo en realidad.

No es un juego y quería que ella lo entendiera.

-Tú también has… –

Se quejó Kurimo.

-No. No aun en todo caso. No es suficiente y no voy a fingir que sí. No sería justo para mí, ni para tu padre, ni para ti, ni para mi hijo. Y no tienes un bebé solo para demostrar que amas a alguien. Lo tienes cuando ya lo has demostrado. Kurimo. –

Kurimo temblaba, no sé si por el llanto o por el coraje, o tal vez los dos juntos. Me miró enojada.

-Entonces es tu culpa… –

Dijo ella.

-Sí. Lo sé… –

Respondí. No estaba siendo cínico. Es que es la verdad.

-Mal hombre… –

Se quejó ella, me golpeó el pecho levemente.

-Lo siento… –

Respondí, bajando la cabeza. Y Kurimo hizo lo único que le quedaba por hacer. Me refiero a que me sostuvo de la camisa, y recargó su cabeza en mi pecho.

Algunas personas se nos quedaron viendo, pero no me importó.

-Pero ¿no te opones? –

Preguntó ella sollozando.

-Quieres saber si me haría feliz… –

Respondí. Ella asintió con un lloriqueo.

-Lo estaría, si estuviera seguro de que seré un buen esposo, y un buen padre. Ahora mismo, soy un fracaso como hombre. No puedo ser ninguna de esas dos cosas. Y el que te tu conformes con poca cosa no ayuda. –

-Deja de decir que mi amor está mal. –

Se quejó ella.

-Pues lo está. Y te agradezco enormemente el beneficio de la duda, pero antes de llegar a algo más, me gustaría primero corresponder a tu amor adecuadamente, y eso es algo que todavía estoy tratando de alcanzar. –

Kurimo asintió después con la cabeza. Y ya no dijo más. Estoy seguro de que la idea no va a desaparecer con facilidad, pero al menos esperaba que hubiera entendido mi punto. De algún modo, estaba seguro de que como todo con ella, los detalles reaparecerían después, pero tiene razón en algo: siempre estoy escapando.

Tengo que dejar de hacerlo.

Alguien más llegó en ese momento, era Misato.

-Oye. Deberías tener en cuenta donde están… –

Se quejó. Luego vio que Kurimo tenía lágrimas en los ojos.

-Ya tan pronto vuelves a llorar… –

Se quejó.

-Cállate. –

Respondió Kurimo, y me empujó lejos de ella.

-Tranquila… al menos dime que ocurrió. –

Respondió Misato. Kurimo suspiró y le explicó a su hermano lo que me había explicado a mi antes. Luego entramos al hospital. Adentro, estaba Akane, quien estaba afanada en hacer que sus hermanos dejaran de hacer travesuras.

Cosa difícil, yo diría.

-Hola. Lamento no haber salido también, es que… –

Y los miró. Creo que los estaba regañando justo antes de que llegáramos. Yo asentí.

-No te preocupes. Ser Onee-chan es duro a veces. –

Le dije. Misato asintió.

-Y q            ue lo digas. –

Recibió una mala mirada de parte de Kurimo. Akane se puso de pie. Tengo la impresión de que ella estaba dando un ejemplo a sus hermanos.

-¿Cómo te fue en el trabajo? –

Preguntó. Miró de reojo a Miyashi. Hice una seña con la mano.

-No quiero hablar de eso. –

Respondí. Más que nada porque no quería acordarme de lo que pasó con los papeles y con Amatsune. Akane asintió.

-Y aun así estás aquí… –

Dijo. Tengo la impresión de que Miyashi había preguntado algo a Akane sobre su matrimonio, pero no supe que era eso. Imagino que la clase de pregunta que haría una niña de cuatro o cinco años. En ese momento, el padre de Akane salió a la sala de espera, que era donde estábamos.

-Akane… ¿puedes llevarlos a comer? –

Fue lo que preguntó el señor, sin reparar todavía en que estábamos allí.

-¿Cómo está? –

Preguntó Kurimo.

-Con algunas contracciones, pero todavía no es tiempo. Tal vez en unas horas. –

No parecía muy contento. Hay que decir que se veía más nervioso de lo que un médico estaría.

-Pero está bien… –

Sugirió Misato. El señor asintió, y tomó una servilleta para limpiarse la frente. Tuve la impresión, de que no era buena idea que tanta gente estuviera aquí, aunque en teoría todos quisiéramos saber. Miyashi se adelantó hacia su padre en ese momento.

-No quiero tener otro Onii-chan… me va a pegar… –

Se quejó ella. El señor la miró con gravedad, pero Akane acarició su cabeza.

-No es Onii-chan, es menor que tú, Miyashi. –

Eso hizo que su percepción cambiara.

-Entonces… ¿voy a ser Onee-chan? –

Preguntó. Pude ver como sus ojos se iluminaron con ello. Yo creo que todos pudimos verlo. El señor asintió, luego miró a Akane.

– Daito, Miyashi. Vengan conmigo. –

Los llamó. Su hermano menor, que había estado jugando con un carro que tenía todo el rato, se puso de pie y se acercó a Akane.

-Es hora de comer. Vamos por algo delicioso ¿de acuerdo? –

-¿Le vamos a dar a nuestro hermano pequeño? –

Preguntó Daito. Akane y Kurimo se rieron.

-No creo. Todavía no nace, y aunque así fuera, los primeros días los bebés solo pueden tomar leche… –

Les explicó mientras se los llevaba. Kurimo parecía decidida a no moverse de allí por cierto.

-Ustedes también deberían ir por algo de comer. –

Se dirigió a Kurimo aquí. Quien negó con la cabeza.

-Quiero esperar… –

Respondió. El señor suspiró.

-No lo entiende. Hatami-kun. Su madre me dio esa indicación. Tengo que insistir. –

El señor todavía no sabía cómo hablar con Kurimo. Ella bajó la cabeza.

-De acuerdo. –

Dijo y se dio la vuelta.

-También dijo que no se separe de él. –

Explicó, mirándome a mí. Yo asentí. Nos dimos la vuelta después de eso. El único que se quedó dentro, fue Misato. Antes de ir por algo de comer, pasamos por la máquina de sodas. Compre un par de jugos. Kurimo bebió sin decir palabra, luego suspiró.

-Está bien… –

Comenté, ella me miró, y bajó la cabeza.

-Acabo de ser echada de la sala de espera. Mi madre está enfadada conmigo. –

Respondió Kurimo desanimándose.

-Está preocupada, que es diferente. –

Repliqué.

-Claro que no. Ella no diría esas cosas si no estuviera enfadada conmigo. –

Dijo. Salimos del hospital luego de eso.

-Sinceramente no creo que ella tenga el tiempo, ni las fuerzas, para estar enfadada contigo ahora mismo. ni siquiera tiene una razón para ello. –

Respondí, Kurimo estaba a punto del llanto.

-He sido una pésima hija… –

Respondió, una nube negra se paró sobre su cabeza.

-No puedo hacer nada bien… –

Dijo, enjugando las lágrimas. En ese momento, llegó un mensaje a mi celular.

-Contesta tu mensaje. –

Dijo Kurimo, con desanimo, pasó de mi luego.

-No voy a contestar ahora. –

Respondí adelantándome, ella giró la cabeza para no mirarme.

-¿Por qué no? Ya me dejaste en claro lo tonta que soy. No tienes por qué seguir poniéndome atención. –

Explicó ella. Yo negué con la cabeza. Esto no tiene final, al parecer.

-Nunca dije que lo fueras. –

Respondí, Kurimo encogió de hombros. Es que esto no se trataba de mí.

-Mi madre lo piensa también. –

-Estas siendo demasiado dura contigo misma. –

Repliqué. Ella me miró finalmente. Estaba enojada.

-Tu no entiendes. No te hice venir para que cargaras conmigo y con mis problemas… –

Replicó ella. Me enfadé un poco.

-Pero para eso es para lo que vine. Tu madre está dentro, y hay cientos de médicos en ese hospital. Ella no me necesita. No nos necesita a ninguno. Eres tú la que importa aquí. –

Alcé la voz un poco. Kurimo retrocedió.

-Pues no tienes que hacerlo… –

Respondió ella. Yo suspiré. ¿Es que no ha cambiado nada?

-No. Tú tienes que dejarme hacerlo. –

Pregunté. Ella comenzó a llorar.

-Porque yo no lo valgo… –

Respondió Kurimo, bajando la cabeza

-¿Qué? –

Sí. ¿Qué?

-No sirvo como esposa. Ni como hija o como hermana. Tú dices que es tu culpa, pero no es cierto. Yo no lo merezco. No tienes que cargar con mis problemas, no tienes que cargar conmigo. Mírate ahora, estás cansado. Seguro que tuviste un mal día, y todo lo que hago es molestar… –

Explicó a medias mientras sollozaba. Un par de señoras que pasaban por allí se quedaron mirando la escena por un momento.

-¿Quién te ha dicho todas esas cosas?  –

Pregunté, me enfadé un poco, a decir verdad.

-Nadie tiene que decirme lo que es obvio. No soy yo quien hace el aseo, ni quien prepara tu desayuno, ni nada. Te forcé a aceptar a una niña estúpida que solo quería jugar a ser grande. Ni siquiera “esos” deberes puedo cumplir apropiadamente. Ya… admite que soy una carga. –

Es una chica de colegio… maldita sea.

-Lo único que es una carga aquí, Kurimo, es esa idea tonta que tienes de que eres menos, de que eres una carga, de que nada de lo que diga basta para expresar lo contrario. –

Respondí.

-Es que no tienes que decir nada. Tu siempre dices cosas lindas sobre mí. Siempre me consuelas y me ayudas. Pero por más que lo pienso… –

Se quejó. La interrumpí poniéndole un dedo en los labios.

-Pues entonces no lo pienses. –

Repliqué. Ella se limpió las lágrimas.

-Viniste corriendo. Seguro que no querías hacer eso. Hice que te apresuraras … –

Tal vez las vacaciones estaban afectándole. Tenía demasiado tiempo libre. Eso no era bueno con una chica que se pone ansiosa por cualquier pequeña cosa.

-Me alegro de haberlo hecho… quería verte… –

Eso la hizo que dejara de llorar, pero no levantó la mirada. Tomé su mano después de eso.

-¿No estas desilusionado de mí? Aunque sea rara… –

Preguntó Kurimo. No sé qué cosa le había metido ese pensamiento en la cabeza.

-No veo que es lo raro… –

Respondí, encogiendo de hombros.

-¿No me vas a abandonar? –

Preguntó ella de nuevo.

-¿Por qué iba a hacer eso? Claro que no. –

Respondí, apenas contendiendo una risa. Ella me miró seriamente, de todos modos.

-Pues… ahora que el bebé de mi madre nacerá… pensé que tal vez… tú te desharías de mi… –

Pregunta. ¿Algo le había metido en la cabeza que embarazándose evitaría ese destino? Lo digo porque, extrañamente ambas cosas coincidían en el punto en que… ella no quería irse. ¿Eso era lo que la hacía una mala hija? Ahora entendía su angustia. No es tan extraño de pensarse, si tomamos en cuenta que ella llegó a mi casa por dos razones, y ahora mismo, ninguna de las dos era válida.

Otra cosa es que angustiarse y sacar conclusiones son cosas que Kurimo hace normalmente.

-Tienes que dejar de pensar en ti misma por un momento. –

Respondí, pero no estaba enfadado con ella. Pero Kurimo si lo tomó como un insulto.

-Pero si pensar en ti es lo que hago… –

Se quejó, quiso separarse, pero no lo permití. Acariciaba su cabeza.

-¿De verdad? ¿Y porque es que no estoy de acuerdo en nada de lo que tú dices que eres? –

Pregunté. Ella bajó la cabeza.

-Esperas que me crea que realmente quieres esto. Que realmente me quieres allí, contigo, aunque no sirvo para nada. si no es lastima… ¿Qué es? –

-Hey dijiste que no dudarías de mi… –

Repliqué, ella negó con la cabeza.

-No dudo de ti. Pero ni siquiera mi madre parece pensar que soy útil. ¿Por qué tu pensarías lo contrario? –

Preguntó ella, su rostro se endureció. Acababa de pisar una mina. Porque todo aquello de “solo te importa mi cuerpo” estaba precisamente volviendo a nosotros. Una palabra de más y ese reclamo volvería a aplastarme.

-Es el modo en que me tienes acostumbrado a ser el que hace que sea así contigo. –

Yo no me entendí siquiera. Ella tampoco.

-¿Qué es lo que eso quiere decir? –

Me senté en una de las bancas de madera que estaban en los jardines junto a la calle y la miré.

-No sé explicarlo, es el modo en que siempre eres conmigo. Es el modo en que te das a entender sin decir una palabra. Es que siempre que estoy contigo siento que todo está bien. Es eso. No sé explicarme. –

Ella se sentó, pero igual se dio la vuelta y cruzó los brazos.

-Te lo estas inventando todo. Es eso. Me inventarías un cuento de hadas si con eso puedes mantenerme atada a ti. Pero te perdono… y te amo por ello… –

Respondió Kurimo. Yo suspiré.

-Es que… yo simplemente no quiero que te vayas. Es simple. –

-¿Y si me fuera? ¿Y si mi madre realmente me quisiera de vuelta?  –

Preguntó Kurimo.

-Seguiría sin dejarte ir. Seguiría tratando de que te quedaras incluso aunque dijeras que no quieres hacerlo. Lo siento, pero es que soy así. –

Respondí. Kurimo no volteó.

-Se sinceró conmigo. Si tuvieras la certeza… –

Miró al cielo. Yo sabía de qué estaba hablando.

-Volvemos a hablar de ese tema. –

Repliqué. Por supuesto que no iba a quedar dicho en piedra con una sola conversación, Kurimo asintió.

-Aparte de miedo. ¿Habría algo más? Sin mentir esta vez…–

Sonreí amargamente.

-Me atrapaste… –

-Te conozco. –

Replicó Kurimo. Su rostro era serio, pero no parecía enojada. Bajé la cabeza.

-Sería feliz. –

Admití finalmente. Por supuesto que ella no me creyó.

-Sé que no debo decirte esto. Sé que estaría mal de la cabeza por pensar así. Sé que me enojaría y que tendría mucho miedo. Sé que decir estas cosas lo único que hace es alimentar una idea que todavía no debe estar allí. Pero lo cierto es que nada de eso importaría en un momento así. Sé que es irresponsable, e inmaduro, e infantil y estúpido también. Y creo que me odiaría a mí mismo por ponerme feliz por algo así. Pero esa es la verdad, es toda la verdad esta vez. –

Kurimo tenía la cabeza baja.

-Los hombres son difíciles de entender de cualquier manera. –

Dijo Kurimo, y sin decir nada más, puso su mano sobre la mía. Creo que eso quería decir que ella podía aceptar esas palabras.

-¿Somos difíciles? –

Pregunté. Porque en realidad, yo siempre pensé que las difíciles eran ellas. Kurimo asintió.

-Mi madre me lo dijo. Cuando no entiendas por qué lo que están diciendo no tiene sentido, es porque lo están diciendo con el corazón. –

En eso tiene toda la razón. Bueno, es que siempre que uno habla de sentimientos sale una discurso que ni los dioses entienden.

-Te amo… –

Confesó ella después, limpiándose las lágrimas. En ese momento sonó el teléfono, pero no el mío, el de Kurimo. Ella se sobresaltó y tuvo trabajos para sacarlo de su bolso. Cuando miró el teléfono, volteó a verme.

-Es Onii-san. –

Dijo ella, contrariada.

-Pues contesta. –

Urgí a Kurimo, quien asintió y respondió la llamada. Después de todo, él se había quedado a esperar. No escuché lo que le dijeron, pero ella se volvió a mí con una sonrisa en la cara.

-Tengo una hermanita nueva. –

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—- Guto Yobu. —-

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