Haru no Yurei V3 C30

Modo Noche

haru

Capítulo 30: Nada mas importa.

Mientras me servía de comer, y mientras yo comía, Sanae no hacía otra cosa que mirarme, se daba la vuelta en cuanto volteaba a verla y seguía mirándome de nuevo en cuanto empezaba a comer. Yo sabía que Sanae no había preparado nada de esto (creo que no sabe cocinar) así que halagar la comida no iba a ayudarme en nada. Tampoco podía decir ya nada sobre su pijama.

Terminé de comer, y suspiré, recargándome en la silla. Sanae, sin mirarme, tomó mis platos y los llevó a la cocina. Comenzó a lavarlos en ese momento. Creo que mi pequeño acercamiento la había dejado sin nada que decir. Fui hasta la cocina para encontrarme con que ella no estaba lavando ya nada, solo se quedó allí, en el lavabo.

-¿Qué pasa? –

Pregunté.

-Nada. Me voy a la cama. –

Respondió Sanae. ¿Ella quería seguir discutiendo? Me preguntaba.

-Pude haberte ayudado a lavarlos. –

Comenté. Sanae negó con la cabeza.

-No hace falta. Sé lavar platos. –

Respondió Sanae, pasando de mí. Algo extraño que hay que notar, es que su pantalón se bajó mientras caminaba. Aquello fue algo sorpresivo para mí, porque a pesar de que pude ver su trasero por unos instantes antes de que ella subiera su pantalón de nuevo a su lugar, también tuve otro pensamiento.

Ella estaba perdiendo peso.

La primera vez que lo noté no estaba seguro, pero creo que ella compró esa pijama cuando le quedaba bien. No hay forma de hacérselo notar, yo creo. No sin ofenderla.

Sanae volteó a verme con la cara roja.

-No me veas… –

Dijo.

-Perdón, no pude evitarlo. –

Respondí, Sanae batió la cabeza y salió de la cocina. Me ocupé de preparar mis cosas para el día siguiente después de eso. Es decir, no tenía que ir a trabajar pero, quería ponerme algo más cómodo y por qué no decirlo, necesitaba lavar la ropa del trabajo.

Sanae entró al baño cuando estaba poniendo la ropa en la lavadora.

-¿Qué haces? –

Preguntó ella.

-Quiero lavar esto… –

Respondí, mostrando mi camisa. Sanae se acercó y me la quitó.

-Yo lo hago. –

Dijo. Acto seguido, se puso a revisarla. Me miró sospechosamente, y arrojó la camisa dentro de la lavadora. El pantalón después.

-Sanae, no pasó nada, es en serio. –

No quería discutir con ella, Sanae encogió de hombros, sin mirarme.

-Yo qué sé. –

Respondió ella. Yo suspiré.

-¿De verdad estas celosa? ¿Por ella? –

-No es eso… –

Respondió Sanae, todavía sin mirarme.

-¿Qué es? –

Pregunté, encogiendo de hombros.

-Pues… dijiste que ibas a dormir y…  bueno… conmigo… –

Respondió ella.

-Si bien, es cierto pero…  –

Sanae volteó a verme, parecía algo triste, pero no diría que estaba enojada conmigo. Una duda saltó en mi cabeza. ¿Sanae se puso esa pijama para darme a notar que estaba perdiendo peso? Es decir… ella sabía que no le quedaba bien ¿O no?

-Está bien… ya voy entendiendo… ¿Quién lo necesita? –

Preguntó Sanae, haciendo un gesto. Puso la lavadora en marcha.

-Te abracé hace un momento y me pediste que parara… –

Respondí. Ella encogió de hombros.

-Seguro que a Minase le rogaste más… –

-¿Cuál es el problema? –

Pregunté, lo admito, estaba a punto de enojarme con ella. Sanae debe haberlo notado, porque me miró y retrocedió, luego bajó la cabeza.

-Yo no sé cómo decir cosas… –

Explicó.

-Cosas ¿Cómo qué? –

-Pues… quiero que vengas… no quiero que estés aquí. Estamos solos… y… dijiste que… –

Suspiré. En resumen “préstame atención a mí” ¿O no?

-Lo siento Sanae. Sigo siendo el mismo idiota de siempre ¿No es cierto? –

Pregunté, Sanae se acercó a mí, y buscó mi mirada con la suya. Lo digo porque había bajado la cabeza.

-No… no digas eso… tú me haces feliz… –

Respondió, parecía desesperada pero luego se desanimó.

-Tal vez… debería dejar de insistir. Pero… no puedo evitarlo… –

-Vamos a la cama ¿Esta bien? –

Sanae asintió con la cabeza y salimos del cuarto de baño. La lavadora se apagaría en cuanto terminara así que ya no había problema. De hecho, por eso es que el hecho de que ella me quitara la ropa de las manos no tuvo ningún sentido.

Como sea, yo había entendido que cuando Sanae comienza a actuar así de errática, es porque quiere atención. Tal vez lo de Minase le afectó más de lo que creí, o de lo que ella lo admitió. Lo digo porque en el momento en que me “reclamó” por lo de Amatsune, ella en realidad quería decir sobre minase.

Debe ser difícil no poder llamarla una zorra cuando es su hermana pequeña, aunque ella lo sienta así. La única forma de arreglar esto es poniéndole atención hasta que se sienta mejor.

Lo único que ella hizo fue abrir la puerta y se metió debajo de las sabanas. Apagué la luz.

-No… –

Gimoteó Sanae. Volví a encender la luz.

-¿No quieres apagarla? –

Pregunté. Sanae negó con la cabeza.

-Me da miedo la oscuridad… –

Respondió ella.

Me metí bajo las sabanas también. Y suspiré. Ella volteó a verme, cubierta con la sabana hasta la nariz. Yo acaricié su cabeza y pude ver como eso la hizo feliz.

-¿Te puedo abrazar? –

Preguntó ella.

-Seguro. –

Respondí yo, lentamente, ella pasó su mano sobre mi pecho. Estaba temblando un poco. La tomé de la mano y ella se sobresaltó.

-Debería dejarte dormir. Buenas noches. –

Dijo de pronto, y se dio la vuelta.

-Sanae… –

-Duerme. –

Respondió ella sin voltear.

-¿No vas a mirarme? –

Pregunté, puse un dedo en su espalda, ella reaccionó con un sobresalto.

-No puedo… –

Respondió Sanae.

-¿Por qué no? –

Pregunté. Sanae tuvo otro sobresalto porque pasé la mano por su cabello. Me lloriqueó después.

-Por que no. Porque me da vergüenza, porque no estoy acostumbrada, porque me da miedo. No puedo. Ya. No hagas eso… –

Se quejó porque estaba pasando mis dedos por su cabello.

-¿No se puede? –

Pregunté, ella se desesperó y se giró para mirarme.

-No. No lo hagas. No… –

Se quedó en silencio con la boca abierta.

-Tú quieres molestarme… estoy tratando de controlarme y tú lo arruinas. –

Se quejó Sanae.

-¿Por qué quieres controlarte? Eso es lo que no entiendo. –

-¡Por que sí! Porque no quiero que pienses mal de mí ¿Ya? ¿Es eso lo que quieres saber? Yo no tengo la culpa de ser así ¿Lo ves? Y me da miedo que no te enojes… Me das miedo… –

-¿Te doy miedo? –

-Si… me da miedo que siempre dices que está bien… y sabes cosas. Y me da miedo que un día te enteres de algo que te haga pensar que doy asco… tengo miedo…  ¡Yo apenas puedo creer que te gusto! Y tengo miedo de que eso cambie…  –

Se quejó ella. Eran un montón de disparates. Lo único que podía sacarse en limpio es que estaba asustada de que Minase hubiera dicho algo que no debía decir.

-Es por lo que dijo Minase. ¿No es cierto? Es porque eras una chica a quien le gustaba un chico menor. ¿Es eso? –

Pregunté. Sanae asintió a regañadientes.

-Todos dirían que es anormal. –

Se quejó ella, encogiendo de hombros.

-Entonces… ¿Está bien si ambos somos anormales? –

-Tu no lo eres… –

Respondió Sanae. Yo suspiré.

-Claro que sí. Me gustabas también. Si es lo que quieres saber. Otra cosa es que yo no tenía entonces ni los medios ni la confianza para confesarme. –

Por supuesto que era mentira. Esa era la época en la que estuve “saliendo” con Yagami. Creo que antes de ello incluso. Pero cuando pensé que era para que ella estuviera contenta, lo dije. Por supuesto que ella lo negó.

-¿Qué cosas dices? No había forma de que eso pasara. Seguro que incluso me encontrabas desagradable. –

-Sanae. No eres desagradable. Nunca lo has sido. Como dije antes, me habría gustado. Pero eso ya no está. Todo lo que hay ahora es lo que tenemos. Salió bien. A mí me gustas mucho ahora y espero que me correspondas. Eso es todo lo que basta. –

Tal vez Kurimo no estaba tan equivocada después de todo. Tal vez si estaba dispuesto a inventarles un cuento de hadas para tenerlas contentas.

-Entonces por qué… –

Y se interrumpió. Bajó la cabeza y comenzó a llorar.

-Ya no sé qué estoy diciendo. Solo estoy arrojando mis problemas sobre ti. Tengo tanto miedo. De que sea un sueño. Tengo miedo de despertar en aquella cama, y encontrarme con que tengo que ir al instituto. Tengo miedo de que no estés… –

Confesó a la mitad de su llanto. Creo que ella nunca había dicho algo como eso. No en este estado al menos. Quizá el hecho de saber que nadie escucharía era la razón por la que ella estaba diciendo esto.

-Pero aquí estoy… –

Respondí. Sanae se limpió las lágrimas.

-No vas a ir a ningún sitio. ¿Cierto? No me vas a abandonar. –

Insistió ella, por toda respuesta negué con la cabeza. Sanae solo dejó caer su mejilla sobre mi hombro, y se acomodó.

-No vas a ningún lado. Quédate aquí… –

Dijo ella, restregando su cara contra la mía, olfateándome un poco.

-No voy a irme. Ya te lo dije. E incluso si tuviera que irme, te llevaría conmigo. Como antes. –

Le dije. Sanae soltó una risita.

-Siempre eres tan genial. Pensé que me ibas a dejar cuando me enojé contigo. Pero no quisiste. También cuando te pegué por decir que todo el mundo tenía que quererme. –

¿Por eso me pegó? ¿Por eso me llamó mentiroso el día que nos hicimos novios?

-Y cuando Hatami-chan se enojó por mi culpa. Y cuando te despidieron. Pero tú siempre me cuidas. Ya no sé ni cuantas cosas he hecho mal. Seguro que hay muchas más. Pero tú siempre me perdonas. Yo quiero agradecer, pero nunca salen las palabras. –

Eso y que siempre hay muchas personas aquí. El hecho de que ella estuviera hablando en voz alta corroboraba mi teoría.

-En realidad yo siempre he pensado que la que iba a dejarme eras tú. Ya sabes. Siempre estoy molestándote. –

Respondí. Era chantaje, lo admito, que ella se tomó literal.

-Eres un tonto… no tienes una idea de cómo me siento ¿verdad? no sabes cómo me hace sentir el solo escuchar tu voz. Nunca puedo decirlo, sin embargo. –

Respondió ella.

-Solo haz de aprender a ser un poco más honesta. –

Respondí, acariciando su cabeza. No quiero que piense que eso es un problema.

-Si fuera tan honesta como tú quieres que sea, nunca saldríamos de aquí. –

Respondió Sanae. Me dio un beso en la mejilla por sorpresa.

-Viviría desnuda, esperando por el momento en que entraras por esa puerta para hacerme cosas otra vez. Seguro que te haría hartarte de mí. Creo… que agradezco que haya otras personas en la casa. Al menos eso me mantiene bajo control… –

-Tal vez debería vivir solo de nuevo… si hubiera sabido esto… –

Puse una mano en su espalda, atrayéndola hacia mí, pero Sanae negó con la cabeza.

-No… así está bien. Que sea porque quieres… no porque yo quiero… me gusta que me acorrales. Me hace sentir excitada… mi corazón late con mucha fuerza cuando me doy cuenta de que no tengo escapatoria… –

Le gusta esa sensación. Siempre lo he sabido. Que lo dijera es otra cosa, supongo que Sanae se dio cuenta también, porque puso una mano en mi hombro.

-Ya sé que estoy hablando como una cualquiera. Pero estamos solos. Nadie me escuchará si digo cosas… –

Explicó, su respiración comenzó a hacerse pesada. El sentirla respirar así me provocó a mí una erección.

-¿Cosas como que? –

Pregunté, bajando una mano a su trasero. Sanae soltó un ligero gemido cuando hice eso, pero continuó insistiendo.

-Como… que he sido buena… o que he sido mala. No sé… tu ¿Qué piensas? Los dos me gustan… –

Por toda respuesta, busqué sus labios y le di un beso. Comenzamos a besarnos mientras estábamos acostados. El beso pronto se convirtió en algo bastante indecente mientras ella usaba su lengua para mantener la mía dentro de su boca.

Mientras estábamos en eso, la tomé por las muñecas y le di la vuelta. Ahora estaba sobre ella, sosteniendo sus manos para apartarlas del camino. Sanae dejó de besarme con la respiración acelerada.

-¿Quieres que… me baje… mi pijama? –

Preguntó, mirándome con una mirada que yo no veía a menudo en ella. Asentí con la cabeza y solté sus muñecas. Sanae solo bajó el pantalón de su pijama mientras yo comenzaba a besar su cuello.

-Hace cosquillas… –

Dijo ella, colocando sus manos en mis hombros, y lentamente haciendo bajar mi cabeza. Hundí mi cara en medio de sus pechos.

-Sen… Sensei… –

Llamó Sanae a media voz. Puse mis manos sobre sus pechos, acariciándolos suavemente mientras les daba vueltas. Sanae comenzó a restregarse al ritmo de mis manos, suspirando pesadamente.

-¿Que pasa Sanae? –

Pregunté, deteniéndome.

-No es nada… no es nada… me gustan sus manos… –

Respondió ella, continué acariciándola por unos momentos, hasta que fue muy obvio que ella no pudo contenerse, lo digo porque cada vez que se movía, ella acercaba su entrada hacia mí. Las últimas veces fue muy obvia.

-Si quieres que haga algo tienes que decirlo. –

Anuncié. Sanae se incorporó de su sueño para responder.

-Si… Sensei… por favor… abuse de mi… por favor… –

Dijo, separando sus piernas todo lo que podía, sosteniendo sus rodillas con las manos. Me erguí frente a ella, y bajé mi mano lentamente, acercándola a su entrepierna. Me detuve antes de tocarla. Sanae soltó un gemido.

-Eso… eso quiero… por favor… –

-¿Te has portado bien? –

Pregunté. Sanae asintió con la cabeza varias veces.

-Si… he sido buena… he sido buena… –

Respondió ella, incitándome y empujando su cadera hacia mi de nuevo. Pasé mi dedo pulgar sobre su clítoris. Sanae chilló y sus muslos se cerraron sobre mi mano, aparentemente era un reflejo, porque ella los separó ampliamente de nuevo.

-Otra vez… –

Dijo ella con la voz más dulce que tenía.

­-¿Te gusta esto? –

Pregunté, pasando mi mano de nuevo por el mismo sitio. Sanae gimió de nuevo, y tuvo un sobresalto, pero esta vez sus piernas permanecieron abiertas.

-Si me gusta… si me gusta… –

Respondió Sanae con desesperación. Pasé mi dedo otra vez, y una vez más, solo acariciando su clítoris al pasar, Sanae colocó sus manos a los lados, sin cerrar las piernas que ahora estaban exponiéndome toda su entrepierna. Volví a acariciarla, esta vez un poco más detenidamente.

-¿Qué sientes? –

Pregunté. Ella se retorció en la cama, haciendo uso de toda la voluntad que tenía para no cerrar sus piernas y dejarme continuar.

-Bonito… –

Respondió Sanae, con una mezcla extraña entre un suspiro y una risita.

-Estas muy mojada, Sanae. –

Le dije, poniéndome un poco más serio, acariciándola firmemente mientras ella empujaba sus caderas hacia adelante.

-Perdón… –

Se quejó ella, en medio de sus gemidos, que ya no eran silenciosos. De todos modos me dejó hacer. Unos ínfimos momentos después, ella no era capaz de detenerse.

-No… espera… me voy a mojar… –

Chilló entre gemidos, y como si eso fuera lo último que pudo decir, comenzó a venirse en ese momento. Se llevó las manos a la cara mientras sus jugos de amor salían de ella, mojándome en el proceso. Se cubrió la cara con las manos, tratando de recomponerse.

-Lo siento… yo… no quería… –

Me dijo ella.

-Está bien. Esto es lo que quiero… me gusta que te mojes.-

Respondí, Sanae negó con la cabeza.

-Pero… yo quiero que te sientas bien… –

Replicó Sanae.

-Eso tiene arreglo. –

Respondí, pasando de sus piernas. Acomodándome justo frente a su cara, con las rodillas a los lados de sus pechos.

-Quita las manos de tu cara… –

Le dije, ella hizo un esfuerzo. La cara que puso por poco me hace reír. Es que mi pene estaba justo frente a su nariz ahora. Me miró a la cara, luego a mi pene de nuevo. Sin que yo dijera nada, abrió la boca.

Me acerqué un poco más para meter mi pene en su boca, Sanae lo lamió como si en ello se le fuera la vida.

-Esto te agrada también ¿eh? –

Pregunté, ella parecía ocupada, pero aun así, asintió con la cabeza. Después de unos momentos, se acomodó y lo sacó de su boca para responder.

-Me gusta como sabe… y me gusta… sentirlo palpitar en mi lengua… –

Me dijo apresurada, luego se acomodó el cabello y continuó. No pude contenerme por mucho tiempo y comencé a venirme, Sanae no pudo contenerlo y tosió levemente. Se incorporó y luego tragó mi semen.

Volteó a verme y sacó la lengua para dejarme comprobar que no quedaba nada.

Creo que alguien había estado viendo películas. O alguien le aconsejó. No lo sé.

Es cierto que era más honesta, eso también podía ser. Sanae soltó una risita.

-Lo comí todo… –

Dijo ella con una sonrisa de satisfacción. Acaricié su cara un momento, sin dejar de mirarla.

– ¿No te molesta? Que sea sucia… –

Preguntó ella.

-No. Todo lo contrario en realidad… –

Sanae no me dejó terminar. Asintió con la cabeza.

-A mí me gusta ser sucia contigo… –

Comentó ella, acercándose un poco a mí, sus pechos rozaron mi pene.

-Te has vuelto bastante atrevida. ¿No crees? –

Pregunté, creo que me sobrepasé, porque Sanae bajó la cabeza.

-Perdón… –

Antes de que se acomplejara, decidí tomarlo por otro lado.

-¿Eh? ¿De verdad crees que basta con que pidas perdón? –

Pregunté, eso hizo que su enfoque volviera a cambiar. Me miró sonriendo por unos momentos.

-Es que… yo no sé qué más hacer… ¿Qué debería hacer?… Sensei… –

Dijo ella, infantilizando su voz todavía más.

-Date la vuelta. –

Sanae asintió y se dio la vuelta. Según recuerdo, a ella le gusta así. Es porque nuestra primera vez fue así, aunque más bien pienso, que su vergüenza es la principal razón. Tomé sus caderas con ambas manos. Antes pensaba que era mi imaginación, pero creo que Sanae de verdad había perdido un poco de peso.

Ya casi no comía pan y el ejercicio había aumentado estos últimos días. Era solo natural que su cintura fuera más delgada.

-Dices que no sabes que hacer, pero tu cuerpo se ha vuelto muy lascivo… –

Le dije, Sanae volteó a verme.

-A Sensei… ¿Le gusta?… es mi cuerpo… ¿bonito? –

Preguntó ella. Yo puse una mano en su entrepierna, pude sentir su vulva palpitar mientras Sanae soltaba un gemido. Estaba mojada y muy caliente.

-¿Qué hay aquí? –

Pregunté. Sanae tomó aire para responder mientras la acariciaba.

-Mi… mi parte especial… –

Iba a hacerla que dijera el nombre, pero se me ocurrió una mejor idea. Es que… yo no soy lo suficientemente posesivo con Sanae. Puede que eso sea lo que falte.

-¿Y de quién es? –

Pude sentir como sus muslos temblaron cuando escuchó esas palabras. También es cierto que eso hizo que ella gimiera más alto.

-¿eh? Yo… pues… yo… –

-Dilo… –

-¡De Sensei! Es de Sensei… es de Sensei… –

Respondió ella desesperada.

-Muy bien… Eso te hace una niña buena… y quiero que estés feliz… ¿Qué debería hacer ahora?-

Respondí, Sanae me miró, sabía lo que ella quería decirme, pero decidí dejarla que hablara. Introduje un dedo en su vagina y comencé moverlo hacia adentro y hacia afuera, el ruido que eso produjo hizo que mi pene volviera a levantarse.

Ella comenzó a gemir dulcemente mientras movía sus caderas hacia adelante y hacia atrás, al ritmo de mis dedos.

-Sensei… Sensei… –

-¿Si? –

Pregunté, ella miró al frente.

-Por favor… por favor… use… su… pene… ahí… –

Deje de mover mi dedo dentro de ella. Pude sentir como sus paredes se comprimieron, como incitándome a continuar.

-¿Tanto lo necesitas? –

Pregunté, sacando mi dedo lentamente. Mas néctar de amor siguió escurriendo de ella, goteando sobre la cama. Sanae arqueó la espalda.

-Si… si lo necesito… me hace falta… he sido buena… me porto bien… –

Puse mi pene en su entrada, Sanae comenzó a moverse antes de que yo comenzara a entrar en ella, y su vagina comenzó a buscar que entrara en ella de una manera muy erótica, parecía levantarse con el contacto que mi pene hacía con sus paredes. Puse ambas manos en su trasero. Sanae hizo lo que pudo para mirarme, esperé a que estuviera mirándome a los ojos y comencé a empujar.

Ella no pudo evitar la sonrisa de satisfacción cuando entré en ella, lentamente, sentí por medio de mis manos como Sanae se estremeció.

-Esta grande… –

Dijo ella.

-¿Te parece? –

Pregunté, acariciando su trasero.

-Que no me duela… por favor… –

Pidió ella. Finalmente metí mi pene por completo en ella con un último empujón, al que Sanae respondió con un “mphf” al levantar la cabeza.

-Está dentro… está dentro… –

-¿Cómo se siente? –

Pregunté, empujando un poco más. Sanae apretó las sabanas con fuerza.

-Duro… y… caliente… –

Respondió ella. Acomodé mis rodillas para poder empujar con menos trabajo. Ella sintió eso y levantó su trasero también.

-Voy a moverme ahora. –

Anuncié, Sanae me respondió con la voz entrecortada.

-Si por favor… –

Me dijo. Comencé a moverme lentamente primero. Sanae dejó escapar algunos gemidos, pero se notaba que estaba tratando de controlarse. Mientras empujaba, pasé una mano por encima de su espalda para sostenerme de su hombro. Sanae volteó y acercando su cara me dio un beso rápido en la mano.

-¿Te gusta? –

Pregunté, Sanae asintió varias veces con la cabeza.

-No te escuché… –

Respondí.

-Me gusta… me gusta mucho…-

Respondió a media voz. Comencé a usar la mano que tenía en su hombro para impulsarme.

-¿Qué es lo que te gusta? –

-Las cosas sucias… –

Respondió Sanae. Comencé a empujar ligeramente más fuerte, aquello bastó para que ella arquera su espalda y comenzara a gemir en voz alta.

-¡Sensei!… ¡Sensei!….

Me llamó. Yo acerqué mi cara a la suya un poco, al menos lo que la posición me lo permitía.

-¿Qué pasa Sanae? –

Pregunté.

-¿Pu… puedo… puedo mojarme? –

Aquello era nuevo. Es decir, siempre le decía así, pero nunca había pedido permiso. Iba a decir que sí, pero si eso fuera lo que quisiera, no habría dicho eso ¿O sí? Cuál es la idea de pedir permiso si no esperan que te niegues, cuando menos una vez.

-No, aun no… –

Respondí, Sanae hizo una pataleta.

-¡Por favor! Sensei… por favor… –

Comenzó a suplicar, estaba llorando y pataleó en la cama, eso hizo que sus músculos se tensaran y creo que eso evitó que se contuviera. Esta vez, sus jugos de amor salieron con fuerza en mi dirección. Sanae gritó.

-Sensei dijo que no… Sensei dijo que no y… –

Apenas podía recuperar el aliento. Creo que estaba hablando sola. Al menos esta vez la fantasía no se había roto con el orgasmo, que al parecer fue muy intenso.

-¿Cómo se dice? –

Pregunté. Ella volteó a verme.

-Perdón Sensei… no me odie… por favor… –

No dije nada, Salí de ella para cambiar de posición, pero ella lo malinterpretó.

-No… no… por favor… –

-Por favor ¿Qué? –

Pregunté, le di una nalgada, con algo de fuerza.

-¡Duele! –

-Di las cosas completas, Sanae. –

Respondí, haciéndome el duro por un momento.

-Sí, perdón… yo… quiero más… quiero más de Sensei… por favor no se enoje… –

Arquee una ceja. Ella no había dicho algo así desde que empezamos a salir. De hecho, creo que la única vez que ella se atrevió a decir abiertamente eso, fue la primera vez que lo hicimos.

-¿No te parece que te estas excediendo? –

Pregunté, y tomándola del hombro la hice darse la vuelta, ahora estaba acostada en la cama mirándome. Su vergüenza pudo más en ese momento y se cubrió la cara con las manos, yo me acerqué a Sanae y quité sus manos con fuerza, sosteniéndola de las muñecas.

-Perdón… no quise decir eso… no quise… –

Ahogó un grito cuando mi pene entró en ella de nuevo, esta vez con más fuerza.

-Eres una niña consentida. –

Le dije. Sanae, por toda respuesta, se soltó de las muñecas y me abrazó, acercándome a ella todo lo que pudo, hasta que estuvo tan cerca que podía susurrarme.

-Soy la consentida de Sensei…  me gusta hacer cosas sucias… me gusta lo que haces… me gusta todo… –

Comencé a empujar asi como estaba, en vez de soltarse, Sanae solo se aferró a mi, el aroma de su cuerpo sudando empezó a entrar por mi nariz, volviéndome loco en el proceso. Fue entonces que realmente no pude contenerme.

Comencé a empujar todo lo rápido y con toda la fuerza que tenía. Y por supuesto que eso hizo que Sanae empezara a gritar. Esperaba no estar siendo demasiado duro, a pesar de lo que ella dijera.

-Sensei… no tan fuerte… no tan fuerte… –

No pude bajar el ritmo, Sanae me soltó después de unos momentos, y se aferró a las sabanas como si tuviera miedo de caerse. Sus gritos empezaron a mezclase con el sonido de su vagina mientras ella se venía. Esta vez ni siquiera pudo avisar, ni yo di tiempo de nada.

-Me volveré loca… –

-Dijiste más –

Respondí. Bastante tonto de mi parte, lo admito, pero estaba demasiado concentrado en no venirme como para pensar en cualquier otra cosa.

-Sí pero… mi cabeza… va a estallar. –

Se quejó ella.

-¿Cómo se dice? –

Pregunté, Sanae negó con la cabeza.

-No sé… –

Gritó. Separé sus piernas todo lo que pude, levantándome, Sanae alzó sus manos, como tratando de alcanzarme.

-Dilo o me detendré… –

Respondí. Sanae cerró los ojos.

-Me estoy mojando… no sé cómo se dice… por favor… por favor… –

Se hizo difícil mantener mi pene dentro de ella por lo mojada que estaba, su cara y su cuerpo estaban enrojecidos y ella evidentemente tenía muchos trabajos solo para respirar.

Mientras empujaba, mi pene salió de ella. Aquello bastó para que ella tuviera un orgasmo entre gritos y llanto. Fue una buena vista, tengo que decirlo, Sanae completamente expuesta, con las manos aferradas a las sabanas y sus piernas y su cadera con espasmos nerviosos uno tras otro, mientras su vagina expulsaba jugos de amor como yo nunca la había visto.

-Eres muy ruidosa… –

Le dije, tratando también de recuperar el aliento, Sanae me miró con toda la conciencia que su estado pudo permitirlo.

-Eso… es… ¿malo? –

Preguntó ella, con lágrimas en los ojos, parecía que se hubiera puesto a llorar si le decía que sí.

Me acerqué a ella y acaricié su cabeza.

-No es tu culpa…  –

Sanae me miró con una sonrisa avergonzada en el rostro, y como estaba tan cerca de ella, me dio un beso rápido en los labios. Luego se acomodó, y sin decir nada, separó sus muslos con sus manos y me miró.

-Dilo… –

Repetí, Sanae hizo un esfuerzo

-Mas… –

Admitió Sanae, yo hice como ella me pidió y volví a meterlo. Sanae se rio levemente.

-Ahora eres tú la insaciable. –

Le dije, acariciando su cabeza.

-Sí pero… no puedo evitarlo…me gusta… –

Respondió ella. Hasta yo me di cuenta de que su honestidad era extraordinaria. También tendría algo que ver el hecho de que no hay nadie en casa.

Comencé a moverme lentamente. Sanae me recibió mucho más dulce que antes, siguió usando sus manos para separar sus muslos, mientras me miraba y sonreía. No aumente el ritmo, más que nada porque no quería venirme, y quería que ella recuperara el aliento. Todavía no regularizábamos nuestra respiración.

-Estas en esa edad, después de todo… –

Respondí. Sanae sonrió.

Sanae tenía veintidós años, según mis cuentas.

A esa edad, según yo tengo entendido, las chicas se vuelven… especialmente receptivas. Es que se trata de tener bebés y hay algo en su sistema que las obliga a pensar en sexo más de lo que normalmente lo harían. A eso me refería. Por supuesto que también estaba aquí su fantasía y el hecho de que, en su mente, ella estaba en la pubertad, que debería ser otra edad de estas extrañas donde las hormonas están como locas.

Sanae giró la cara.

-Si pero… mi amor por Sensei es real… –

Respondió.

-Lo sé… eres una niña muy buena y honesta Sanae. Te quiero. –

Pude sentir como sus paredes se contrajeron cuando le dije eso. Ella soltó sus muslos y me abrazó, también envolvió sus piernas alrededor de mi cintura.

-Sensei no me va a odiar… Sensei no piensa que soy desagradable… tu… eres el único que dice eso… el único que me quiere… –

Comenzó a llorar de una forma completamente diferente a antes.

-Estoy gorda… mis muslos son feos… soy una ramera… –

Creo que algunos de sus traumas salieron a flote allí. Acaricié su cara para traerla de vuelta de donde quiera que estuviera.

-No eres ninguna de esas cosas. Eres una niña muy hermosa, Sanae. –

Le dije. No había dejado de empujar, por cierto. Sanae me miró a los ojos.

-¿Te gusto? –

Preguntó ella.

-Si… –

-¿Aunque sea mala? –

-No eres mala, pero si, aun si lo fueras, me gustarías igual… –

Respondí, Sanae estrechó su abrazo y acercó su cara a mí.

-Me gusta cuando Sensei me consiente… me gusta cuando me hace cosas… quiero otra vez… y otra vez… y otra vez… –

Respondió Sanae, empujando su cara hacia mí para que no pudiera verla. La tomé de ambas manos y me separé un poco de ella. Le di un beso después, usando mi lengua para jugar con la suya. Sanae ya estaba acostumbrada a eso, así que me dejó hacer.

-Me agrada que seas honesta. Al menos así puedo consentirte mejor… –

Respondí, empujando con fuerza dentro de ella, y moviéndome hacia arriba y hacia abajo. Eso mejoró su humor y la hizo olvidarse de aquellas cosas, que supongo que tenían que ser muy duras si ella podía pensar en algo así en este momento.

-Si… si… soy consentida… me encanta… estoy loca por ti… te amo… –

-¿Te gusta así? –

Pregunté, ella asintió con la cabeza.

-Si… me gusta… me gusta mucho… se siente bien… se siente bien… –

Puse una mano en uno de sus pechos para sostenerme, mientras llevaba la otra a su entrepierna. Sanae sostuvo esa mano con la suya por un momento, luego la soltó.

-¿No quieres? –

Pregunté, Sanae asintió con la cabeza.

-Si… pero… me voy a mojar… otra vez… Sensei vería… mi cara sucia… –

-Quiero verla… –

Respondí, usando un poco más de fuerza para tocar su clítoris. Eso hizo que ella perdiera el control y comenzara a gritar.

-Sensei… Sensei… tengo miedo… me estoy mojando… –

Ese fue el orgasmo más intenso que Sanae hubiera tenido hasta entonces. Se aferró a mi con fuerza mientras sus caderas temblaban, expulsando su néctar de amor prácticamente en todas direcciones mientras todo su cuerpo temblaba. Se quedó sin aliento y no era capaz de contener sus temblores. Ni siquiera cuando me soltó.

-¿Qué me pasa? ¿Qué me pasa? Esto… es… –

Saqué mi pene de ella y me separé por un momento, para que ella pudiera respirar. Su pecho luchaba por jalar aire mientras ella todavía estaba viniéndose. Sus pezones erectos y su vulva palpitando eran un maravilloso espectáculo.

Sanae extendió sus brazos como pudo.

-Ayúdame… Toshikane… ayúdame… –

Me acerqué a ella y le di un beso en los labios. Sanae no tuvo la voluntad ni la prescencia de conciencia para evitarlo o responderlo, solo la tomé de la mano mientras se tranquilizaba.

Después de unos momentos, Sanae comenzó a calmarse.

-Eso… eso fue… maravilloso… –

-No quise excederme… –

Respondí, es decir, estaba asustada.

-Nunca antes fue así… nunca… –

Respondió ella con un quejido. Yo acaricié su cara.

-Estas cosas normalmente mejoran con el tiempo. –

Respondí, Sanae me miró con los ojos apenas abiertos.

-¿Es porque te gusto más? –

Preguntó ella. Yo negué con la cabeza.

-Es porque confías en mí. –

Respondí. Todas las otras veces, todas las trabas y juicios y traumas que ella ponía en medio detenían estas cosas. Creo que esta fue la primera vez que ella se liberó.

-No me dejes. Yo te amo. Amo todo de ti… seré buena. Diré la verdad… siempre te amaré… no me dejes. –

-No voy a dejarte… eres mía. Eres mi niña consentida… –

Respondí, acariciando su cara. Sanae comenzó a lanzarme besos a diestra y siniestra sobre la cara y las manos.

-Suena tan bonito… eres el chico más genial del mundo… siempre lo has sido… yo… pensé que nunca me ibas a poner atención… tú piensas que soy linda ¿Cierto? –

Preguntó ella

-Lo pienso. –

Respondí, Sanae envolvió sus brazos alrededor de mí y metió su cara en mi hombro.

-Entonces… nada más importa. –

Se quedó dormida después de eso. La arropé para que no fuera a pescar un resfriado, y aunque la cama estaba manchada, no tuve las fuerzas ni el corazón para levantarme en ese momento.

Nada más importa ¿eh? ¿Cómo era eso diferente de lo que Akane me dijo una vez? No lo sé.


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