Haru no Yurei V4 C4

Modo Noche

Capítulo 4: El Novio de la Profesora.

Al parecer ella no estaba tan segura porque se apresuró a salir del baño. Escuché que se metía en su cuarto, imagino que por algo de ropa, porque después salió llevando un pantalón deportivo y una sudadera. Su cabello, aun mojado, estaba amarrado rápidamente y echado a un lado.

-Es lo que uso para dormir… –

Explicó ella.

-Se te ve bien… –

Comenté, más por alegrarla que por cualquier otra cosa. Ella se enfadó.

-Ya empezaste… –

-No es eso… –

-¿Por qué mejor no me dices que tu intención es tener sexo conmigo? –

Preguntó ella. Un poco demasiado directa, diría yo.

-Mi intención… mi intención es que seas feliz, Ayasara. Cosa que al parecer no tengo forma de lograr. Es todo. Eso no me hace una mala persona. –

-Mi felicidad no te importa. Admítelo de una vez. –

Replicó ella.

-¿Qué es lo que quieres de mí? –

Pregunté, desesperándome.

-Que no te vayas. –

Respondió ella, lagrimeando, luego se limpió las lágrimas, desesperada.

-Pero eso no pasa. Nunca pasa. Siempre te vas y me dejas sola. Y no tienes una idea de cómo me siento. –

Reclamó después. Al menos ya no estaba tratando de humillarme.

-Pues no has hecho más que echarme desde que llegué a tu vida. Y no tengo forma de saber cómo te sientes. Nunca me lo dices. –

-¡Me siento sola! ¿Ya? ¿Es eso lo que quieres? Me siento sola, y desesperada, y tonta… –

Comenzó a llorar y a reclamar.

-Y termino diciendo cosas que no quiero decir, y lo arruino. Y yo tengo que perdonar siempre pero a mi ¿Quién me perdona? ¡Nadie! Solo te vas, solo te alejas de mí. ¿Por qué ibas a querer estar cerca de alguien asi? Y cada vez que pienso que no volverás apareces de la nada… diciendo “lo siento” solo para tener mi cuerpo. –

Se quejó Ayasara, alterándose.

-Yo no quería ir a ningún sitio. Quería que entraras. Quería que me dijeras que me echas de menos. Quedarnos un rato en la sala a ver la TV, que tomaras mi mano, recargar mi cabeza en tu hombro… fingir que no me doy cuenta de que tu mano se está excediendo. Que me lleves a mi recamara, y me hagas cosas, sin que te levantes y desaparezcas mientras yo todavía me estoy preguntando si lo que hago está bien. Y que nunca vuelvas a llamarme Sensei. ¡Nunca! Porque, desde que te conozco odio mi empleo. –

Se hincó en el suelo y se puso a llorar.

-Desde ese dia, nada está completo… nada… –

Se quejó.

Esta mujer quería una relación normal. Y yo ya no puedo tener más novias. Ya no caben… pero ¿De qué me estoy quejando? ¿Qué no fui yo el que le dijo todas esas cosas? Y lo admito, la encontraba encantadora.

Akane tenía razón. Les ruego cuando dicen que no, pero cuando dicen que sí, no importan más. No solo es el sexo, es que soy asi para todo.

Tan cierto es que… aquí estoy.

Si ella hubiera dicho algo lindo, ya estaría en mi casa, pero no, como está enojada y peleando, entonces aquí sigo, peleando con ella, tratando de que diga algo lindo porque yo quiero.

Me gustan los retos.

Me acerqué a ella y la abracé, ella se retiró inmediatamente.

-Déjame… dijiste que no… que no quieres. –

Se quejó ella. Lo sabía, eso le dolió. Es que no debí decirlo asi.

-¿Quién está hablando de eso? Quédate tranquila por un momento. –

Respondí.

-No me ordenes cosas. Tú eres el alumno, no yo… –

Era una pataleta hecha y derecha, pero finalmente se dejó abrazar. Puso su cabeza en mi hombro después.

-¿Por qué tienes que irte? –

Preguntó ella desanimada. No creo que fuera una pregunta literal, pero es que ella sentía que estaba abandonándola cada vez que me iba. De todos modos, respondí literalmente.

-Pues porque hay más cosas que hacer. –

Respondí.

-¿Tu esposa? –

Preguntó de nuevo.

-Esa es una razón, pero no es la única. Otras novias, el trabajo, la escuela… varias cosas. –

Ayasara volteó a verme feo, pero luego recargó todo su cuerpo sobre mí.

-Yo te lo daría todo… –

-Lo sé. –

Respondí, acariciando su cabeza.

-Pero no lo quieres. –

Insistió ella. La condición, por supuesto, es que abandonara todo lo demás. Suena bonito en su cabeza, pero no es posible. Incluso si no hubiera ninguna otra, es algo completamente inadmisible. Ella lo sabe, solo está siendo caprichosa.

-Tengo que hacerme responsable. Y no haría algo que hiciera daño a otras personas, en especial a mi profesora de álgebra. Ella es especial para mí. Y aunque parezca que no me importan las reglas, lo cierto es que en estos casos, no puedo evadirlas. –

Estaba hablándole de que… bueno. Todavía no soy mayor. Podría ponerse feo, especialmente para ella. Ayasara sin embargo, se separó de mí, sentándose en el sillón y cruzó los brazos, refunfuñando como haciendo una pataleta.

-Odio las reglas. –

Aclaró. No era verdad, pero es que ahora las reglas le impedían tener lo que quería. Me senté junto a ella.

-No tengo la forma de compensar eso. No puedo cambiar las cosas como yo quisiera cambiarlas. Ya lo has visto. –

-¿Qué es lo que eso quiere decir? –

Preguntó ella, mirándome.

-Yo, nunca pretendí envolverte en esta especie de estúpido “amor prohibido” y lamento mucho todo el daño que eso te hace. –

Ayasara soltó una risita.

-Sigues escupiendo mentiras. Tú estás muy cómodo en esta situación, es decir, tienes una esposa en casa… no necesitas a una solterona. –

Explicó ella. Asi que ese era el centro de todo su coraje. Ella creía que me servía de ella, que no era importante y que solo la usaba. Para mí eso no supone ningún problema, o eso es lo que ella piensa.

-Eso a mi corazón no le importa. –

Respondí. Ella volteó a verme.

-Tienes que parar… es la primera vez, desde que te conozco, en que mencionas que tienes un corazón. Si lo estás diciendo para… –

-También me siento mal de tener que ocultarme. Esa es la verdad. –

Un poco de empatía por ella. No estaba mintiéndole de todos modos.

-Solo lo dices para obtener algo. Si es lo que quieres, entonces hazlo. Deja de engañar a mi corazón. –

Se quejó ella. Estaba dispuesta a vender su cuerpo por no escuchar lo que ella sentía que eran mentiras.

-No voy a hacerte nada. Lamento si no me percaté, es culpa de mi estupidez natural. Pero si tanto te duele, no voy a hacerte más daño. Como dije, quiero que seas feliz, incluso si para ello tengo que perderte. –

Expliqué.

-Yo no voy a ser feliz asi. –

Respondió ella, abrazando sus rodillas en expresión deprimida.

-Estaba tan feliz la primera vez que eso ocurrió. Pero… admito que lo arruiné. Me porté horrible, todas las veces. Es normal que estés desencantado de mí. Es normal que quieras alejarte. –

-Yo no quiero alejarme. Eres tú la que siempre me echa. –

Respondí.

-Pues porque es contra las reglas. –

Replicó ella.

-Creí que odiabas las reglas. –

-Las odio… pero… –

-¿Es una regla que no puedas ser feliz? ¿Es una regla que tengas que estar sola? ¿Qué clase de regla es esa? –

Pregunté. Ella me miró con desagrado.

-Eso es lo que odio de ti. Eso. Hablas sin pensar. No entiendes nada de reglas y haces lo que te viene en gana. Poco te importa si está mal o no lo está. Igual lo haces. Te metiste a un bar justo hoy, a pesar de que sabes muy bien que no deberías. –

Respondió ella. Sabía que aquello era una especie de prueba. No había manera de que una mujer adulta obsesionada con las reglas no se diera cuenta de que aquello no era legal.

Bueno. Nada de lo que pasaba entre nosotros lo era, de todos modos.

-Bueno, usted recordará que soy un niño pequeño. –

Respondí. Lo decía por lo que ella había dicho eso antes. Estaba enfadado por eso. Pero… eso le trajo a la mente la otra cosa. Enrojeció.

-¡No digas esas cosas! –

Se quejó. Yo encogí de hombros.

-No fui yo. Tú lo dijiste. Tal vez tengas razón. –

Respondí, encogiendo de hombros.

-¡No! No puedes hacer todo lo que quieras. –

Se quejó ella.

-¿Por qué no? –

Pregunté, encogiendo de hombros. Eso la puso fuera de sí. Se puso de pie.

-¡Pues porque no! Porque asi son las reglas. ¿Eres tonto? –

Preguntó. Luego se quedó callada y lágrimas acudieron a sus ojos.

-No… espera… no quise decirlo asi… no te vayas… –

Ayasara Sensei y Mizuki se disputaban el control de la situación justo frente a mis ojos. Si eso lo poco que salía, la pelea dentro de su cabeza tiene que ser brutal.

Se llevó la palma a la frente.

-No sé que estoy haciendo… –

Se quejó y se dio la vuelta, caminando de un lado a otro.

-Es decir. Hace ya buen rato que dejó de llover. Ya tenía que haberte echado… pero no quiero. No quiero que te vayas. Y mi cabeza me está diciendo que mientes… pero mi corazón cree cada palabra y me dice que eres un hombre bueno… –

Se quejó ella.

-Mizuki. –

Casi nunca la llamaba asi a secas. Pero es que era necesario. Ella volteó a verme, tal vez un poco molesta por ser interrumpida en medio de su dilema existencial.

-¿Qué? –

Preguntó ella.

-¿Quieres ser mi novia? –

Esa declaración puso lágrimas en sus ojos.

-Tu… ¿novia? –

Preguntó ella.

-Si bueno. Había querido decírtelo desde hace bastante tiempo… es solo que bueno… no tenía el valor. –

Si estuviera mintiendo, no haría esto. Ese era mi punto.

-Pero… tú tienes una esposa… –

Bajó la cabeza.

-¿Y? –

Pregunté. Ella me miró de nuevo.

-Es… contra las reglas y… Yo no… –

-¿No quieres? –

Insistí, antes de que comenzara a sobre-extender sus pensamientos.

-Ya no sería solo “eso” ¿cierto? Y bueno… me harías feliz… ¿serías feliz tú? –

Ella dijo todo eso con la cara roja como una chica de colegio.

-¿No responderás? –

-Es que… no se me habían declarado asi antes… –

Respondió ella.

-¿Ni aun en el instituto? –

Pregunté. Ella sonrió cuando le dije eso.

-Claro que no. Cuando estaba en el instituto era una niña lista ¿sabías? Y tenía siempre buenas notas. Jamás me fijaría en un chico como tú. –

Respondió, con aires de chica digna, girando la cara.

-¿Eh? ¿Te crees la gran cosa por tus buenas notas? –

Pregunté, Mizuki se dio la vuelta.

-¿Eh? No… es decir, no ahora pero… –

Mizuki comenzó a ponerse nerviosa mientras me acercaba a ella. Tengo la impresión de que ella habría sido totalmente mi tipo cuando estuvo en el instituto.

Aún era mi tipo.

Linda, con un cuerpo bonito, una bonita sonrisa. Recatada y esquiva, pero amable y de buen corazón. Solo mientras estaba en clase usaba anteojos, pero eso le daba puntos extra.

-¿Y entonces? ¿Me vas a rechazar? –

Pregunté.

-No pero… estás… muy cerca… –

Se quejó ella, su voz se fue apagando a media de decía eso. La tomé por la cintura sin avisar y le di un beso. Ella recibió el beso primero y luego me empujó lejos.

-¡Rufián! –

-¿Eh? Pero si no estabas tan molesta… –

Respondí, ella se sacudió.

-Claro que lo estoy… es decir ¡Yo todavía no digo que sí! –

Respondió ella.

-¿Y vas a tardar mucho? –

Pregunté. Mizuki me plantó batalla.

-¿Y tú qué? ¿Eh? Vas de aquí para allá, siempre haciendo lo que te viene en gana, no respetas a tus mayores, tienes malas notas… nunca te comportas, me miras en clase y… ¿Por qué yo de todos modos? ¿Qué no había una entre las chicas malas que pudieras conseguir? –

Punto para recordar. NO menciones que es una profesora. No traigas ese tema.

-Pero ellas no me importan. –

Respondí, encogiendo de hombros.

-Van más con tu personalidad. Yo no. Seguro que no quieres estar peleando siempre. Seguro que soy demasiado molesta para ti. –

Insistió ella. Yo sé que ella hubiera querido traer el tema de su edad, pero… también se dio cuenta de que eso era una mala idea. La edad, la ocupación, sus notas. Ella estaba arrojando todos esos complejos a la basura.

Ahora mismo, éramos iguales.

-No eres tan fría como tú misma crees que eres, Mizuki. –

-Y me llamas por mi nombre… Mphf… –

La interrumpí besándola de nuevo. Ella de nuevo se dejó besar, mi mano comenzó a bajar lentamente por su espalda, pero me detuve antes de tocar su trasero, y deje de besarla también.

-¿Y bien? –

Pregunté. Mizuki tartamudeó:

-Si… si qui… quiero… –

Giró la mirada cuando me dijo que sí. Usé mi otra mano para acariciar su cabello mientras volvía a besarla. Poco a poco los ánimos se fueron calentando. Toqué su trasero y ella intentó separarse de mí, aunque siendo honestos, no parecía querer que me separara. La cosa cambió cuando metí mi mano entre sus piernas desde atrás… estaba muy mojada.

-Espera… espera… –

Me urgió Mizuki, empujándome. Me separé un poco, pero no quité mi mano de su entrepierna.

-Eso es… ¿Dónde estás tocando? Eres un… pervertido… –

Se quejó ella, estaba tan roja de la cara que cualquiera hubiera pensado que era su primera vez.

-Tú sabes en donde… –

Respondí, sonriendo, y moviendo mi mano ligeramente. Mizuki ahogó un grito y se sostuvo con fuerza de mi brazo.

-No… espera… espera… déjame… –

Me empujó con muy poca fuerza. Pero mejor me detenía, ya una vez arruiné el momento.

-Aquí no. –

Dijo ella, cruzando los brazos y girando la cara.

-Vaya. Me dejé llevar… –

Respondí. Ella asintió y me miró feo. Luego bajó la cara y juntó sus dedos.

-Puedes decir lo que quieras, pero… eso se hace en una cama. Aquí no. –

Dijo ella. Suspiré.

-Pervertida… –

Respondí.

-No lo soy. Es que esas cosas no se hacen aquí. Esta sucio y es desagradable. –

Se quejó ella. Pero si era su sala. Yo suspiré.

-Siempre con tus reglas. Eres una creída. –

Reclamé.

-¡No lo soy! –

Respondió ella, completamente roja de la cara.

-Me gustas igual… –

Respondí. Ella me miró.

-Llévame arriba… –

Pidió ella, sin moverse. Suspiré y la tomé de la mano, como si me costara demasiado detenerme.

-De acuerdo… como la señorita guste. –

Respondí, ella subió las escaleras y yo fui detrás de ella. Fue muy obvio que ella estaba luciéndose un poco, lo digo porque subió más lento de lo que normalmente lo haría. A medio camino, toqué su trasero.

Mizuki dio un salto y se giró a mí, enojada.

-¡Espera! –

Sonreí.

-Lo siento, mi mano se resbaló… –

Ella se dio la vuelta con un “Hmph” y entramos a su cuarto. Cerró la puerta cuando entré detrás de ella.

-Y bien… aquí estamos… Ayasara ha vuelto a caer. –

Dijo ella. Tenía una racha de arrepentimiento, al parecer.

-¿De qué hablas? –

Pregunté.

-Hablo de que… sigo creyéndote… tú… –

Y empezó a llorar. Suspiré. Como de costumbre, no bastan tampoco las palabras bonitas ¿cierto? Ella se quejó.

-No es cierto que eres mi novio ¿verdad? –

Preguntó llorando.

-Acabas de decirme que si… –

Respondí, haciéndome el enfadado.

-Si pero… tu no lo quieres de verdad… –

Se quejó ella. Si algo va a hacer que me crea, es que todo tiene que ser diferente de lo de antes. Por ahí podemos empezar.

-Bésame. –

Respondí. Ella se resignó y se acercó a mí, me dio un beso en los labios, que terminó casi enseguida.

-Más… –

Pedí.

Mizuki volvió a besarme, esta vez duró un poco más.

-Más… –

Insistí, ella se enfadó y se dio la vuelta, cruzando los brazos.

-No quiero. –

La obligué a darse la vuelta y la miré a los ojos, ella me besó de nuevo. Comenzamos a besarnos un momento, pero como no estaba tocándola ni haciendo nada, ella se desesperó y el beso se detuvo.

-Ya. No entiendo. –

-Bueno, acabas de decir que no era verdad cuando dijiste que querías ser mi novia. Pensé que si me besabas tal vez me convencería de que es en serio… –

Respondí.

-Eso no fue lo que dije. Dije que tú no quieres, no que fuera mentira. –

Respondió ella, enojándose.

-No llevamos ni cinco minutos y ¿Ya me estas llamando mentiroso? –

Pregunté.

-No llevamos… pero si no somos… –

Se dio la vuelta, haciendo un coraje.

-¡Me rindo! –

Gritó. Yo permanecí allí de pie.

-Ya no me importa. ¿Sabes? Ya… estoy loca por ti. Me da igual si es contra las reglas, me da igual si esto es lo único que buscas… Sólo sé honesto por una vez en tu vida… solo eso… ya no me confundas… –

-Yo estaba siendo honesto. –

Repliqué. Ella se llevó las manos a la cintura.

-Entonces… ¿Eres mi novio? Es decir… ¿De verdad? –

-Bueno… si no te molesta… –

Respondí. Ella montó en cólera.

-Claro que me molesta. Es decir… ya no soy una chiquilla… es eso… –

Su coraje bajó al mismo tiempo que se deprimía y se hacía el silencio.

-Quieres saber si voy en serio contigo. –

Ayasara Mizuki asintió dos veces, limpiando sus lágrimas.

-No sé. –

Respondí, encogiendo de hombros. Ayasara se enfadó.

-Entonces para qué me dices que… –

La interrumpí.

-No sé lo que va a traer el mañana. No soy alguien que planee las cosas o que actué bajo un modo de vivir apegado a alguna regla de algo. Resuelvo las cosas conforme se presentan. Digo lo que quiero decir, hago lo que quiero hacer, y trato de hacer felices a las personas que están cerca de mí. No sé qué tan en serio quieres que esto sea, pero ya sea aquí, o en cualquier otro sitio, doy todo lo que puedo dar. Y normalmente espero que eso baste para hacer felices a las personas. Si eso no basta, probablemente no tenía la forma de lograrlo en primer lugar… –

Respondí. Mizuki se puso a llorar.

-Tú me haces feliz… –

Dijo ella, y por fin, se acercó por sus propios pies.

-Tú siempre me haces feliz. Es que, yo pensé que era feliz hasta que te conocí, y cuando nada de mi vida volvió a sentirse igual sin ti, te odié. Y no me da miedo que busques mi cuerpo, pero estoy aterrada del dia en que mi cuerpo ya no te sirva. No quiero que se arruine. No quiero que me dejes. Solo tengo miedo. Es eso. Tengo miedo de creer que estarás allí siempre. –

Básicamente, tenía miedo de ilusionarse por una aventura de un estudiante. Ese es el problema. Ella se cubrió la cara con las manos, llorando.

-Mizuki. –

Y cuando ella se quitó las manos de la cara, volví a besarla.

Ella se dejó besar, y cuando comencé a usar mi lengua, lo permitió, su respiración comenzó a acelerarse. Comencé después a besar su cuello, y la acerqué hacia mí, a esto tampoco se resistió.

Mi mano por el elástico del pantalón deportivo, tocando su trasero. Mizuki se sobresaltó y comenzó a susurrar.

-No… ¿Qué haces? Espera… no… –

Se quejó, pero no me empujó ni me detuvo para nada.

-¿No te gusta? –

Pregunté, sin despegar mis labios de su cuello, que ella movía de un lado a otro conforme le besaba.

-Si pero… yo… –

Se quejó.

-Es solo natural hacer estas cosas con mi novia ¿No es verdad? –

Insistí. El secreto estaba, en no despegar, bajo ninguna circunstancia, la boca de su piel.

-Si pero… con un chico como tu… –

Se quejó ella. Lamí su cuello y luego fui a tomar su oreja con mis labios.

-¿Todavía soy un maleante? que cruel eres conmigo… –

Me quejé, apretando su trasero y usando mi otra mano para rodearla de la cintura. Mizuki se sintió sin escapatoria.

-No… no soy cruel… es que… nadie se fija en mi… –

Se quejó ella. Lamí su oreja. Eso hizo que se estremeciera.

-Eso es bueno, ahora te tendré toda para mí… –

Respondí, volviendo a su cuello luego de eso. Ella trató de empujarme para que me detuviera.

-No… eso es contra… las reglas… –

Se quejó.

-No me importan las reglas. Me importas tú… –

Respondí. Mizuki comenzó a llorar.

-Mentiroso… yo no te importo… solo estás jugando conmigo… –

Se quejó, pero ya no parecía un reclamo serio. Es decir, ella no me empujó ni nada por el estilo. Parecía emocionada con lo que estaba pasando. Comencé a bajar mis besos, buscando el resto de su cuerpo, sus hombros, y su pecho, quitando el cierre de la sudadera.

-Claro que no… estoy enamorado de ti… eso es en serio… –

Respondí.

-¿Me lo prometes? ¿No te vas a olvidar de mi? –

Preguntó ella con un chillido. Acaricié su espalda mientras regresaba a su boca para besarla. Dejé de besarla para responder.

-Lo prometo. –

Aseguré, y volví a besarla. Mis manos fueron mucho mas atrevidas despues. Toqué sus pechos, y su trasero con firmeza esta vez. Ella solo se dejó hacer.

-Está bien… está bien… te lo daré… pero en la cama… en la cama ¿si? –

Pidió ella, su voz era dulce y ella parecía muy complacida. Solo espero que no se arruine como las otras veces.

-Darme ¿Qué? –

Pregunté. ella se giró.

-¿Amor? –

Preguntó, evidentemente no quiso decir nada indecente. Es que asi fue como lo llamé la primera vez que ella me trajo aquí. Yo la tomé por los hombros, y la empuje lentamente, ella subió a su cama.

-Yo no haría… estas cosas… con cualquiera. Lo sabes ¿Cierto? –

Preguntó ella, le di un beso en los labios.

-Lo sé. Es porque eres mi novia. –

Respondí despues.

-No lo digas… todavía me siento rara cuando lo dices… –

Replicó Mizuki, acostandose y cubriendose la cara con las manos. Volví a besarla.

-Pero es la verdad… –

Respondí, bajando su pantalón deportivo, ocupandome de besar la piel que iba quedando al descubierto, aprovechando que ella tenía la cara cubierta.

-Si pero… todavía me da miedo… –

-¿Quieres que me detenga? –

Pregunté, comenzando a besar sus piernas.

-No eso… me da miedo que te vayas… –

Mizuki estaba aterrada. Me preguntaba ahora si era cosa de su anterior trauma. Supongo que le tomó mucho tiempo superarlo un poco. Era lógico que no quisiera pasar por ello otra vez. ¿Lo hizo con él? Porque… pues no era virgen cuando la conocí.

Creo que aquello fue mas allá de simplemente ser “ilusión” de una chica escolar.

Mizuki realmente amo a ese sujeto.

Rayos. Eso me puso un poco celoso, tampoco es como que pudiera preguntarle eso ahora. Lo mejor es ser simple con estas cosas.

-No me voy a ir… –

Respondí, besando el interior de sus muslos, podía notar que su ropa interior estaba muy mojada, algo recatada, diría yo, pero al parecer ella no esperaba realmente que esto terminara asi. Puede ser que planeara auto-sabotearse, como de costumbre.

-No… espera… ¿Qué haces?… –

Preguntó cuando comencé a acercar mi cara a su entrepierna, quiso cerrar las piernas, pero bastó con separar sus rodillas un poco.

-Voy a lamerte aquí abajo… –

Respondí, ahora quitando su ropa interior del camino.

-No… eso es… contra las reglas… –

Respondió ella.

-Aquí no hay reglas Mizuki. Eres mi novia… –

Respondí, ella se movió de un lado a otro mientras me acercaba, besando cada centímetro de su piel.

-Si hay… si las hay… eso es… muy sucio… –

Explicó ella, cubriendose con sus manos. Ella no era asi de tímida normalmente.

-Si las hay, estoy aquí para romperlas. –

Repliqué, y comencé a lamer directamente su vagina, haciendo a un lado su ropa interior. Mizuki se retoció y quiso retirarme, pero creo que no lo intentó mucho.

-Tu… no puedes… hacer eso… decir esas cosas… –

Comencé a lamer lentamente, introduciendo tambien un dedo en ella para tocarla por dentro. Ayasara comenzó a gemir mientras su cuerpo se estremecía. Tambien estaba lubricando mucho.

-Mi ropa… quitamela… se va a ensuciar… –

Parecía una chica de instituto. Probablemente dentro de su cabeza lo era todavía.

-Lo unico que importa es que te guste. Eso es todo. sin reglas. –

Repliqué, luego continué usando mi lengua sobre ella, lamiendo cada rincon mientras la estimulaba con los dedos. Sus paredes comenzaron a contraerse mientras sus gemidos se hacían mas altos.

-Espera… espera… ¡Otagane-kun!

Se quejó ella. Me detuve para darme cuenta de que el telefono de ella estaba sonando. Se puso de pie de un salto.

Tomó el telefono y contestó.

…Moshi-moshi…

Por lo silencioso, pude escuchar lo que la otra persona estaba diciendo.

…¿Es que te has olividado de mi? No tienes corazon. Estoy esperando hace horas por tu llamada…

…Perdón, Okaa-sama. Es que, pasaron algunas cosas y…

Todavía tenía la respiración acelerada. Se puso de pie. Yo solo la miré caminar a medio vestir por su cuarto.

Ayasara trató de recomponerse mientras hablaba con su madre.

…¿Algunas cosas? ¿Cómo estuvo tu entrevista? Que es lo importante…

…Bueno, no me dieron el empleo pero… eso no importa y…

…Una pena. Pero entonces ¿Qué harás?…

Ayasara volteó a verme. Parecía apresurada de cortar la llamada, pero no quería cortar el teléfono a su madre. Era muy obvio por la cara que puso.

…Lo pensaré después. Ahora mismo…

…¿Ya cenaste? No puedes estar comiendo esa basura siempre y…

Comenzó a decir su madre, Ayasara la interrumpió.

…No es eso… es que… ahora mismo, verás… estoy… pues con un chico…

…¿Tu?…

…Si… ¿es… raro?…

…Con lo irritable y rígida que siempre eres, me sorprende que haya alguno que te guste lo suficiente, ahora trata de no ahuyentarlo…

Ella volteó a mirarme, tenía lágrimas en los ojos. A quien quiera que fuera su madre al otro lado del teléfono, no pareció importarle que ella se refiriera a mí como “un chico.”

…Ya sé que soy un desastre…

Ayasara se desanimó al escuchar las críticas de su madre.

…Nada. Tráelo la siguiente vez que vengas, tal vez podamos convencerlo de no salir huyendo cuando hagas un coraje como acostumbras…

Respondió la mujer al otro lado del teléfono. Bastante dura, diría yo.

Ya sé de donde salió su carácter.

…No, Okaa-sama. Me esforzaré…

Y colgó.

Se quedó mirándome por unos momentos y suspiró.

-Lo siento…  –

Dijo ella.

-No me molesta. –

Respondí, encogiendo de hombros.

-Prometí llamarle cuando recién entré a la entrevista, luego me olvidé de ello, por todo lo que pasó… –

Respondió Ayasara. Sonreí. Yo sé lo que es eso.

-¿Puedo continuar? –

Pregunté, mirando sus pechos. Ella se sonrojó y se dio la vuelta.

-No… –

Dijo ella, encogió de hombros.

-¿No te estas creyendo mucho? –

Pregunté, poniéndome de pie. Ahora tenía una erección de los mil diablos, Ayasara no pudo evitar mirar hacia abajo por unos instantes.

-Yo no sé. –

Respondió ella, se giró y cruzó los brazos. La abracé por la espalda y comencé a besar su cuello por detrás. Mizuki echó su cabeza hacia atrás mientras suspiraba.

-Si quieres, puedo detenerme. –

Respondí, bajando por sus hombros y si espalda. Ayasara se estremeció varias veces, sin saber dónde poner sus manos o como responder.

-No es cierto… no puedes… di que no puedes… –

Se quejó ella, y como a eso no respondí nada, ella comenzó a reclamar.

-¡Dilo! Di que soy especial… que no es solo una aventura… –

Se quejó, puse mi mano alrededor de su cintura y la jalé hacia mí. Le hablé al oído:

-Te necesito, Mizuki… –

Eso hizo que toda ella se relajara, volteó a verme como pudo y la recibí con un beso. Tiene que haberse visto como una película romántica. Casi me rio por pensarlo asi, pero no dije nada al respecto.

Por otro lado, eso la puso de muy buen humor. Lo digo porque ella pegó su trasero a mí, con la intención de dejarse sentir por completo.

-Ta-también yo… –

Respondió en medio del beso, lentamente, la devolví a la cama, mientras continuaba besándole el cuello, los hombros, y la espalda. Ayasara hizo lo que pudo para desabrochar mi pantalón mientras yo bajaba su ropa interior, y ya en la cama, me acosté sobre ella para no perder el contacto con su piel.

Mizuki separó las piernas mientras levantaba su trasero. Acaricié la parte de atrás de sus muslos con suavidad, mientras el calor que salía de su vagina guiaba mi pene hacia ella.

-Dime lo que quieres… dímelo… –

Pidió ella, yo revolvía su cabello mientras me acomodaba lentamente sobre ella. Subí mi cara para tomarla de la oreja. Ayasara chilló mientras continuaba susurrándole:

-Quiero tu amor, solo para mí… –

Recordando pues, que esa era la forma en que nos referíamos al sexo.

-Tómalo… es todo para ti… es para ti… –

Respondió Mizuki, separando sus piernas todo lo que la posición lo permitía. Puse mi pene en su entrada y empujé muy lentamente. Ella ahogó un grito.

-Creo que me lo voy a quedar. –

Respondí, besando su cuello, tomando su cabello ligeramente y apartándolo, mientras empujaba lentamente dentro de ella. Ayasara se estremeció debajo de mí, levantando sus caderas un poco para permitirme entrar. Alcancé su mano, y entrelacé mis dedos con los suyos.

Mizuki comenzó a gemir con fuerza.

-Quédatelo… es para ti… yo daría lo que fuera… haría lo que sea por ti… lo que sea… –

Ayasara había dicho eso varias veces antes, pero no lo entendí.

Era yo el que pensaba en esto como una aventura. Era yo el que estaba aparte… con el pretexto de no ocasionarle problemas (Bueno, más que solo el pretexto) no permití que ella se acercara a mí. Incluso recibí una nota de amor de ella una vez.

Aun para la situación en la que nos encontrábamos, Mizuki siempre encontró el modo de ser audaz. Yo escapé.

Eso estuvo mal.

-¿Lo que sea? –

Pregunté, pasando mi mano por debajo de ella, tomando uno de sus pechos. Ella alzó la cara y entonces la besé en los labios.

-Si… lo que sea… –

Respondió ella, cuando dejé de besarla, claro. Entonces apreté su pecho con delicadeza. Sus gemidos eran ahora perfectamente audibles, y su entrepierna estaba haciendo sonidos muy obscenos mientras empujaba.

-Entonces… lo vamos a hacer afuera… –

Respondí. Eso no le gustó, pero no tenía forma de sentir desagrado en ese momento.

-Bueno… si tú quieres… –

Respondió Mizuki, ya casi convencida. Continué besando su espalda, que ahora sudaba, mientras usaba mi mano libre para acariciar sus pezones, que estaban tan duros como mi pene al entrar y salir de ella.

Esto no es acerca de lo que ella quiere de mí. Esto es acerca, de lo que yo debo pedir a ella. De lo que ella tiene que darme.

Esto es acerca de exigir que sea mi novia.

-Vendré más veces, comeremos juntos… saldremos a pasear… me comeré a mi novia luego… una y otra vez… –

Pude sentir como a cada comentario sus paredes interiores se hacían más y más estrechas. Incluso con el tema del sexo. A ella no le desagrada la idea en absoluto. Es que yo debí ser más atento.

-Si pero… tienes que esperar… –

Se quejó ella.

-¿eh? ¿Por qué? No quiero esperar… –

Respondí, aumentando el ritmo. Ella intentó detenerme. Bueno, más o menos, puso sus manos en su trasero, como deteniéndome. Fue todo lo que hizo.

-Porque… esto se hace… en la cama… tienes que esperar… a estar aquí… –

Respondió ella. Parecía más una excusa que nada, pero se la di. Aumenté el ritmo un poco, quitando sus manos y apartándolas. Ahora estaba tomándola de ambas manos, las llevé a la cabecera de la cama para mantenerlas lejos de mi camino. Ayasara levantó su trasero un poco y comenzó a venirse.

-Toshikane… Toshikane… yo…espera… espera…. –

Me detuve, Ayasara comenzó a mover sus caderas hacia arriba y hacia abajo, pude sentir como sus piernas temblaban mientras ella se venía. Sus manos trataron de liberarse también, pero no lo permití. Su orgasmo duró un momento. Pude sentir como todo su cuerpo se relajó debajo de mi cuando lentamente recuperó el control de su misma.

Aún estaba restringida de las manos, pero en lugar de soltarse, ella me tomó de ambas manos también. Le di un beso en el cuello.

-Estoy sudada… no hagas eso… –

Se quejó ella.

-Pero me gustas… –

Repliqué, tratando de que pareciera una petición.

-Bueno… entonces hazlo… –

Respondió ella. Besé su cuello de nuevo, y como aún estaba dentro de ella y como aun no terminaba, le anuncié.

-Voy a continuar ¿de acuerdo? –

Pregunté. Ella asintió varias veces con la cabeza. Y comencé a empujar dentro de su vagina de nuevo. Un sonido obsceno anunció el reinicio de actividad.

-Despacio… despacio… –

Parecía una chica emberrinchada.

-Claro que si… –

Respondí, bajando el ritmo un poco. Ella siguió regañandome.

-Estas cosas son especiales… no puedes solo… tratarlas como si no fueran nada… –

Se quejó ella. comencé a moverme lentamente, hacia arriba y hacia abajo, su trasero parecía querer tallarse contra mi, a pesar de lo que estaba diciendo. Y aunque la luz estaba apagada, yo todavía podía mirar su piel brillando por el sudor.

-¿Quién hubiera dicho que eras tan dulce? Te veías tan seria en clase… –

Respondí. Eso la hizo enfadar.

-¡Pues si soy seria es porque nadie quiere estar conmigo! –

Se quejó ella. Empujé profundamente mientras apretaba sus manos. Mizuki ahogó un grito y pegó su cabeza a la almohada.

-Yo quiero estar contigo… –

Repliqué. Ayasara separó sus piernas todo lo que pudo.

-No lo digas… –

Se quejó, pero ya no parecía enojada.

-Pero quiero tu amor… –

Repliqué.

-Ya lo estas tomando… –

Insitió Ayasara, a punto del orgasmo de nuevo.

-Más… –

Ella se enojó.

-¡No puedo dar mas! ¿Qué no lo ves? Eres un… desconsiderado… –

Respondió, con la respiración entrecortada. Se corrigió inmediatamente.

-No… no quiero decir eso… no te enfades… no te vayas… –

Respondió ella, tomandome de los brazos. Continue empujando lentamente, su cara estaba enrojecida y la besé en el oido para susurrarle despues:

-No me importa si te enfadas conmigo. Puedo hacer que te contentes luego. –

-Si… si… me contentaré… lo prometo… –

La interrumpi con un beso. Su cuerpo comenzó a tener espasmos por el ejercicio y la falta de respiracion.

-Quiero ser dulce… ya no quiero ser seria contigo… no quiero… –

-Mizuki está bien justo como es. –

Respondí. Sus piernas se separaron aun mas, haciendo mi trabajo mas facil.

-Toshikane… ya viene… es grande… –

Anunció. La tomé de las manos y sus rodillas me aprisionaron por la cintura. Lo siguiente fue un monton de nectar de amor saliendo mientras ella temblaba.

La besé mientras se venía.

Una vez que terminó, estaba acostado sobre ella, sosteniendola de ambas manos arriba de la cabeza, y ella tenía sus piernas alrededor de mi cintura. Tardó un poco en tener aliento para hablar.

Podía ver ahora su ombligo mientras ella respiraba pesadamente. Se veía bien. Luego la miré a los ojos.

-¿Qué van a decir los vecinos? –

Preguntó ella, girando la mirada. Es que si fue un poco ruidosa.

-¿Que tienes novio? –

Respondí. Ella se apartó de mí, levantándose y sentándose en la cama.

-Un maleante escolar, no menos. –

Respondió ella, sin mirarme. ¿Tan mala imagen tenía de mí?

-¿Aun soy un maleante? –

Pregunté, acercándome a ella.

-A mí me gusta. –

Respondió Ayasara, volteando a verme, y me sonrió.

Suspiró y se puso sería un momento.

-Yo no sigo las reglas porque me gusten o porque intente ser mejor que los demás, las sigo porque me da miedo lo que puede pasar si no lo hago. Soy una mujer con miedo de todo. Tengo miedo de tener algo contigo, y tengo miedo de no tenerlo. Tengo miedo de que te vayas, y tengo miedo de que te quedes a mi lado. –

Explicó.

-Es muy tarde para actuar madura. –

Respondí. Eso la hizo enfadar. Se puso de pie.

-¿De qué hablas? Yo soy… –

La jalé de nuevo a la cama. Cayó sentándose.

-No eres madura. –

Le dije. Luego le di un beso. Ella lo permitió por un momento, luego me empujó ligeramente.

-Si soy yo… Mphf. –

La interrumpí con otro beso y eso la hizo enfadar.

-¡Déjame terminar! –

Se quejó.

-Está bien. No eres madura, y no tienes que serlo conmigo. –

Ella cruzó los brazos.

-Tú me haces sentir como una chiquilla consentida. –

Se quejó ella, negándose a mirarme.

-Y si, si te lo preguntas, también me da miedo. ¿Qué tal si esto era lo que yo quería? ¿Qué tal si toda mi vida es un error? –

Preguntó ella.

-Bueno. No es verdad. De todos modos, tenía que conocerte de algún modo ¿No es cierto? –

-¿Tu estas bien con eso? ¿No te molesta? ¿Ni un poco? –

Ella me estaba preguntando si me sentía bien saliendo con ella. ¿Qué era? ¿La edad? ¿Qué era mi profesora? ¿Qué?

Como no estaba seguro de que debería responder, la jalé hacia mí desde atrás y comencé a besar su espalda.

-Espera… espera… –

Se quejó, pero no me detuve. Finalmente, Mizuki se rindió.

-Oh… no tienes remedio. –

Se quejó ella, mientras lamia su cuello desde atrás. Pasé mis manos por enfrente de ella para tocar sus pezones que estaban duros como pequeñas piedras preciosas. Ayasara gritó.

-Por favor… basta… –

Se quejó ella.

-Esto pasa porque no eres honesta. –

Respondí. Ella trató de voltear a verme y apreté sus pezones. Eso la hizo caer de lado sobre la cama.

-De acuerdo. Seré honesta. Lo prometo… –

Se quejó. Y la solté.

A Ayasara no le gusta sentirse forzada. Está bien si la molesto un poco pero no puedo hacerlo demasiado.

-No quiero que te vayas. –

Fue la primera cosa honesta que dijo ella. No volteó, solo permaneció acostada de lado, dándome la espalda. Acaricié su cintura y sus piernas.

-Ya sé que es una tontería… pero no quiero. –

Explicó.

-No puedo cumplir ese deseo por ahora. Eso no quiere decir que te vaya a abandonar. Podemos compensarlo después, si quieres. –

Ofrecí.  Al parecer, eso atrajo su atención, se dio la vuelta.

-Entonces llévame al karaoke. Nunca antes he ido allí. –

Explicó. Fue extraño que ella mencionara algo tan simple en ese momento, pero muy probablemente ella tenía sus razones. Asentí con la cabeza y eso hizo que ella sonriera. Por un momento pensé en lo que podría pasar en el karaoke con ella. Sonreí.

-¿Estás pensando cosas pervertidas? –

Preguntó ella, mirándome de mala manera.

-¿Lo sabías? –

Pregunté, arqueando una ceja.

-Contigo siempre es lo mismo. Claro que lo sabía. Se nota mucho cuando me miras de esa manera. –

Se quejó. Volteando hacia otro lado.

-No puedes culparme, soy hombre y tú eres muy linda. –

Respondí, acariciando sus hombros.

-No me importan tus excusas. Además de eso ¿Acaso todos los hombres piensan en esas cosas siempre? –

-Pues… si… a veces. –

Respondí, encogiendo de hombros.

-Pues que desagradables. –

Replicó ella.

-Te llevaré al karaoke si me dejas hacerlo contigo allí. –

Respondí, eso hizo que Miyuki me mirara alarmada. Se quedó en silencio por unos momentos, puse una mano en sus muslos.

-Bueno… solo un poco… –

-¿De verdad? –

Pregunté. Ella bajó la cabeza.

-Pues… eres mi novio ¿No es cierto? Se supone que vayamos a lugares… y… bueno… si tú quieres… –

Su voz se apagó a medida que decía esas cosas. Solo le di un beso. Nos besamos un momento y después de eso ella me sonrió.

Le dije algo que debí decir desde hace mucho tiempo.

-Mizuki, no me dejes. –

Confesé, acariciando su cara levemente, ella me miró en silencio y después de unos momentos, lágrimas acudieron a sus ojos.

-Yo… no iba a dejarte. –

Respondió ella, mirándome con evidentes ganas de llorar. Como no dije nada, Ayasara Mizuki comenzó a explicarse.

-Ya sé que dije que no quería verte más y muchas cosas malas… pero… no puedo dejarte, eres especial para mí y… –

Se limpió las lágrimas.

-Ni siquiera me dejaste pedir perdón apropiadamente, por todas las cosas malas que dije. –

-No es importante. No creo tener realmente nada que perdonar. Es decir, tenías razón… todas las veces. –

Respondí.

-Si pero ahora me siento mal. Yo no quería tratarte asi. –

Se quejó ella, pasé una mano por su cabello.

-No lo pienses demasiado. Tengo que irme ahora. –

Expliqué. Ayasara se desanimó por un momento pero lo superó en seguida, o más bien, lo cambió con una pregunta.

-Puedo… llamarte después ¿No es verdad? –

Preguntó.

-Por supuesto. Si no estoy en el trabajo te responderé. Lo prometo. –

-Incluso si estás en tu casa. –

Insistió ella. Yo asentí con una sonrisa y eso hizo que Ayasara se relajara.

Me acabo de meter en más líos. Ya lo sé.

¿Qué quieren que haga?

Me gusta mi profesora de álgebra.

Me niego a creer que eso está mal

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Dedicado a la larga lista de docentes que han ido a prisión por sostener relaciones sentimentales con alumnos.