Haru no Yurei V4 C5

Modo Noche

Capítulo 5: El nombre del caballo.

Volví a casa poco antes de la media noche. De algún modo me sentí como si estuviera haciendo algo malo, pero no es como que esto fuera a ser muy seguido, o al menos eso esperaba. La luz de la sala seguía encendida, pero no había nadie allí.

Por supuesto que nadie iba a estar para recibirme a estas horas de la noche. Lo único que pensaba era en darme un baño pronto e ir a dormir después.

Cuando entré al baño, parecía que alguna de ellas acababa de tomar un baño. Sanae, por el aroma de su shampoo. Suspiré mientras me tallaba el cabello. Un momento de tranquilidad era lo que más necesitaba en ese momento, pero por supuesto que no iba a durar demasiado.

Lo primero que vi fue a Akane, con su pijama de pollos puesta, parada frente a mí… con cara de enojada.

¿Qué fue? ¿Qué de todo lo que hice? Me preguntaba mientras cerraba la puerta del baño.

–Me alegra que llegaras. –

Comentó ella al aire. No parecía la clase de cosa que ella diría nada más asi. No en ese tono al menos. Suspiré y me acerqué a ella, iba a darle un beso cuando se dio la vuelta. Si estaba enojada.

–Lamento llegar tan tarde… –

Comencé a decir, pero ella entró al cuarto y cerró la puerta detrás de ella. Por unos momentos, pensé en ignorarlo y bajar de nuevo por algo de comer. Me estaba muriendo de hambre. Pero… se enfadara más si no lo resuelvo pronto y por mucho que quiera a mi esposa, nadie, en ninguna parte, quiere llegar a casa para encontrar a su mujer enojada.

Entre después de ella. Ella se tumbó sobre la cama, con la cara sobre la almohada.

–¿Akane? –

Pregunté. Ella no volteó, pero alzó la cara.

–¿Sabes? Hablé con Habara hace un rato. –

Comentó.

Entonces no fue la hora. Al menos no del modo en que yo creí. Pero tenía algo.

–¿Qué te dijo? –

Pregunté. Y como soy estúpido, traté de actuar casual. Ella se levantó y me miró con cara de “tendrás problemas si sigues haciendo el tonto” pero negó con la cabeza.

–Nada importante. ¿Por qué? ¿Tiene algo que decirme? –

Preguntó ella. Yo suspiré.

–Akane, creo que es mejor que me digas qué es lo que ocurre. –

Respondí, suspirando. Ella sonrió maliciosamente.

–¿Quién es esa Amatsune? –

Nuevamente, tomó una dirección completamente contraria a la que esperaba. Pero… es que no quería tener que explicar a Akane quien era Amatsune, a la mitad de la noche, con hambre y con sueño.

–Oh rayos… –

Suspiré. Ella lo malinterpretó.

–Lo sabía… más asuntos… –

Comentó ella, cruzando los brazos.

–Solo para aclarar. No hay más habitaciones en la casa ¿Entiendes? Y no creo que nadie quiera compartir habitación. –

Dijo y se dio la vuelta, volviendo a acostarse.

–Akane, no es como lo estás pensando… –

Comenté. Obviamente no me creyó.

–¿Eh? Pensé que nunca escucharía algo asi viniendo de ti… –

Comentó.

–Lo sé pero… –

–Akiyama–chan piensa lo mismo que yo. –

Comentó después. Ya luego me ocuparía de Sanae.

–Lo sé, pero en verdad no es como lo estás pensando… –

–¿Si? Pues yo no sé… –

Qué raro se siente, que una de tus cuatro esposas te haga una escena de celos. Bueno, esto nunca tuvo mucho sentido desde el principio.

–Como dije, no es como tú te piensas que es. –

Respondí, sentándome en la cama. Akane no volteó.

–¿Entonces? ¿Cómo es? –

Preguntó ella de nuevo. Es que no respondí su pregunta.

–Tú de verdad quieres que me acuerde de cosas malas. –

Respondí, suspirando. Eso hizo que Akane volteara a verme, confundida.

–¿Cosas malas? –

Preguntó Akane. ¿Le llamaba la atención? Yo suspiré. Mejor se lo decía de una vez.

–Bueno. Yo también fui tonto, todavía lo soy, pero de manera diferente ¿entiendes? Amatsune era una chica que de un modo u otro se aprovechaba de ello. –

Expliqué.

–¿Y se lo permitiste a ella? –

Preguntó, un tanto ultrajada. Yo sonreí. Diablos si era Akane.

–Bueno… no tenía padres. Ni hermanos. La única fuente de atención que yo tenía era Amatsune. Pero para empezar ella nunca quiso realmente ser mi novia ni nada por el estilo. Tenía novio. –

–¿Y tú…? –

–Bueno, todavía no te conocía. Ella se graduó del colegio antes que yo, y honestamente creí que no iba a volver a verla. –

Respondí.

–Pero ¿Qué fue lo que hizo? –

Preguntó Akane, ahora parecía interesada. Pensé que estaba bien si satisfacía su curiosidad.

–Nada… ese es el problema en realidad. Amatsune era una chica que nunca se comprometía a nada. Te usaba cuando quería, y eso era todo. Al final creo que ya no tiene novio o algo asi… y honestamente no tengo idea de cómo es que termino siendo mi secretaria, pero… creo que si empecé a seguirte, es porque estaba tratando de llenar ese vacío. –

Expliqué. No debí decirlo asi. Una vena saltó en su frente.

–¿Fui su reemplazo? –

Preguntó ella, a punto del coraje.

–No, al contrario. –

Respondí apresuradamente. Ella cruzó los brazos.

–Puede que lo que me llamara tanto la atención acerca de ti, lo que hizo que me obsesionara, es que eres todo lo contrario a lo que ella era. –

Expliqué. Esa explicación bastó para que bajara los brazos. Pero luego también bajó la mirada.

–Te traté feo. –

Dijo ella. Yo la miré.

–He estado desquitándome poco a poco… –

Respondí, sonriéndole, ella me miró, enrojeciendo, y negó con la cabeza.

–Tonto… –

Dijo ella. Yo suspiré.

–Bueno, es la verdad. –

Respondí, con la intención de aligerar el ambiente un poco, pero… creo que ella había estado esperando un momento correcto.

–Ha estado dándome vueltas en la cabeza…

Dijo después.

–Akiyama dice que cuando te conoció parecías un niño asustado. –

Comentó Akane. Yo suspiré. Maldición. Recordaré castigar a Sanae por esto.

–Puede ser… –

Comenté, girando la cara. Ella recargo su cabeza sobre mi hombro.

–Yo… quería decir que lo lamento… siempre estoy pidiendo perdón por eso… pero no estoy muy segura de que valga si estoy forzándote a que digas lo que quiero escuchar… –

Explicó ella, tomó mi mano.

–Quiero que sepas que realmente lo he pensado mucho. Lamento lo que pasó. Lamento lo que hice. –

Explicó, no estaba llorando, ni hablaba triste tampoco, pero si se puso seria. Otra cosa es que aunque no estaba mirándome, yo sabía exactamente la expresión que tendría. No supe que responder.

–No necesitas pensarlo más… –

Repliqué, aunque mis palabras no tenían sentido y ella lo sabía.

–Siempre eres tan indulgente. Siempre te falta… solo un poco. Lo que intento decir es que, pensé en aquella época como una especie de juego. Y no me daba cuenta de que lo que tenía que haber hecho era tomármelo en serio por un momento. –

Akane tomó mi mano y comenzó a mover mis dedos con sus manos.

–Creo que el modo en que te traté ese extraño dia en mi casa es la prueba perfecta de quien era. Puse wazabi en un plato de patatas dulces ¿Por qué hice eso? Y sin importar lo que pasara después, yo había estado haciendo esa clase de cosas desde que te conocí. No merecía un matrimonio asi de feliz. Asi que, lo diré correctamente. Lamento el modo en que me porté contigo. No solo el haberte rechazado, sino todo lo que hice para que tú te sintieras miserable. No lo pensé como debería. Te hice daño. Perdón. –

Akane insistió, yo pasé mi brazo alrededor de su hombro, y la hice mirarme.

–Te perdonaré si lo dejar ir ahora. –

Respondí. Y Akane giró la mirada a otro lado.

–No lo dejarás ir. –

Repuse. Ella se quejó:

–No puedo. Me atormenta. Me perseguirá por siempre… –

Insistió Akane. Yo suspiré, y la abracé hacia mí. Ella puso sus manos en mis hombros.

–Akane, no eres tan mala como tú misma crees. –

Respondí, pero ella se dio cuenta de que estaba tratando de animarla.

–Lo peor es que yo realmente pensaba que era una buena persona… y no lo vi… –

Me dijo ella, hablando con el corazón en sus manos.

–Nada de lo que he hecho en toda mi vida ha salido bien. Fui una mala hija, fui una mala hermana mayor. Una pésima estudiante y una persona cruel que disfrutaba de hacer daño a un chico que tenía que esforzarse el doble solo por tener una vida normal. Ser una esposa y un ama de casa es la única cosa que me ha salido bien… al menos mi esposo aun dice que soy dulce a veces. Eso me hace sentir que… lo hago bien. Que soy una buena esposa. –

–Eres una esposa excelente, Akane. Eso ya lo sabes. –

Respondí, ella se alejó un poco para mirarme. Había lágrimas en sus ojos.

–¿De verdad lo dices? ¿De verdad lo crees? –

Preguntó. Yo asentí.

– Por otro lado, me gustabas siendo cruel. –

Respondí, Akane se lanzó sobre mí, caímos en la cama y me apretó con fuerza.

–Eres un tonto… –

Dijo ella, sonriendo. Pero como su cuerpo estaba sobre el mío, pues comencé a tener un bulto en el pantalón.

–Amo esto… amo que cualquier cosa es suficiente para que quieras estar conmigo… –

Dijo Akane, se acomodó el cabello detrás de la oreja, pasé mi mano alrededor de su cintura. Akane detuvo el beso de pronto.

–Dilo… di que quieres estar conmigo… –

Pidió Akane, encaprichándose.

–Quiero comerte… –

Respondí, Akane sonrió ampliamente, y luego me besó, usando su lengua.

–Señor lobo… cómame por favor… –

Pidió Akane, desabotonándose su pijama de pollos mientras me besaba. Lo hicimos hasta muy tarde en la noche.

––––––––––

Fue difícil ponerme de pie a la mañana siguiente. No me sentía enfermo, pero si estaba un poco dolorido.

Un pequeño golpe mientras lo hacíamos, contra el borde de la cama, dejo en el brazo de Akane una marca que ella se apresuró a presumir, sobre todo con Mizore.

Lo siguiente que ocurrió es que cuando entré al baño a lavarme y peinarme, Kurimo estaba allí. Me quedé como un tonto mientras ella se lavaba los dientes, mirándola. Tenía una bata blanca larga, honestamente parecía un fantasma. Uno muy hermoso.

Como el cadáver de una chica que ha muerto justo cuando había alcanzado la perfección.

Cuando Kurimo se percató de que era observada, volteó a verme de reojo, luego soltó una risita.

–¿Qué pasa? –

Pregunté. Ella giró la mirada.

–Estas mirándome… –

Me parecía una afirmación demasiado obvia.

–Lo sé… –

Respondí. Ni siquiera me había movido de la puerta. Su voz sonaba mucho más tierna porque ella estaba hablando mientras se cepillaba los dientes.

–Y yo que pensé que con esto lo evitaría… –

Respondió Kurimo, sin mirarme, sin mirar al espejo tampoco.

–Evitar ¿Qué? –

Pregunté.

Ella volteó a verme. Como si la respuesta fuera lo más obvio del mundo.

–Tus ojos… –

Respondió, ahora mirándome. Se acercó a mí un poco.

–¿No te agrada? –

Pregunté, ella encogió de hombros.

–Ya sabes que si… –

Respondió ella, evidentemente con algunos trabajos, incluso asi, sonreía. Yo tomé su mano.

–Es la primera vez que pareces feliz por algo asi… –

Respondí, ella asintió, sin mirarme.

–Me avergüenza… pero a ti te gusta eso. Te gusta verme avergonzada… –

Respondió ella, sonriendo para sí misma, como si fuera algo que para ella tenía mucha gracia. La bata se transparentaba un poco, y ella no llevaba ropa interior de ningún tipo.

–Bueno, honestamente me agrada. No se cómo sería si fueras de otro modo, tal vez me agradaría también, pero está bien asi como es… –

Respondí, ella levantó su rostro, y cerrando los ojos, me dio un beso en sus labios, halando mi mano para “obligarme” a besarla. En el lenguaje de Kurimo, eso es una invitación hecha y derecha.

Cuando el beso terminó, ella miraba al suelo, pero no se movió.

–Levántate la bata o se ensuciará. –

Kurimo asintió, y levantó su bata a la altura de la cintura. Como he dicho, no había nada excepto la bata. Pasé mi mano por sus muslos un momento, mientras ella se concentraba en sostener la bata, su entrepierna estaba caliente y húmeda, pero yo no diría que estaba mojada.

La moleste un poco.

–¿Eh? Pero si ya estas mojada… ¿Siempre eres asi de pervertida? –

Kurimo negó con la cabeza, mientras pasaba mi mano por sus labios, sus muslos se separaron ligeramente.

–Sabes que de nada sirve mentir… –

Respondí, a esto Kurimo no dijo nada. Comencé a estimularla suavemente mientras ella se sostenía de mi hombro, soltando pequeños gemidos.

–No hagas ruido… todos están abajo ahora. –

Advertí, presionando su clítoris ligeramente. Al cabo de unos momentos, ella estaba enrojecida y ahora tenía problemas para no alzar la voz. Cada vez que una caricia le gustaba, hacía un pequeño ruido con su garganta.

–Si no haces silencio me detendré. –

Amenacé, ella negó con la cabeza y me soltó para cubrir su boca, pero como estaba tocándola y ahora no estaba sosteniéndose de mí, por poco se cae. Para evitar caer, se pegó por completo a mí. Pude sentir sus pezones duros por encima de la bata. Eso le agradó.

Lo siguiente es que Kurimo respiraba pesadamente, moviéndose hacia adelante y atrás, rozando su entrepierna contra mis dedos y sus pezones contra mi pecho.

Para asegurarme de que no se cayera, pase mi otra mano alrededor de su cintura. Kurimo pasó una mano por mi espalda y pude sentir como comenzaba a apretar al tiempo que su orgasmo se acercaba. Se acercó para susurrar.

–Te… te… te amo… –

Apenas podía articular palabras, pero estaba siendo silenciosa. Supuse que eso era una buena señal.

–No digas cosas como esa. Lo único que amas es que te estén molestando. –

Estaba bien si era un poco malo con ella. Eso hizo que ella se alterara, me forzó a mirarla a los ojos y negó con la cabeza.

–No… –

Se quejó ella con un ruidito.

–Ah, es decir… si quito mi mano, lo seguirás diciendo… –

Amenacé, ella sostuvo mi brazo con fuerza. Incluso soltó mi cara para hacerlo. Yo sonreí y ella se puso a llorar.

–Tomaré eso como una negativa. –

Respondí, Kurimo bajó la cabeza. No estaba muy triste que digamos, pero si derrotada.

Me miró después como preguntándome si eso haría que me enfadara con ella. Por toda respuesta, comencé a usar mis dedos dentro de ella. Kurimo tuvo un sobresalto y recargó su cara contra mi pecho, apretándome por la espalda con fuerza.

Pude sentir como su vagina se contrajo mientras expulsaba sus jugos de amor lentamente sobre mi mano. Su cuerpo tembló durante un momento, luego me miró, respirando con dificultad y con la cara roja.

–Te amo… –

Dijo ella. Yo sonreí.

–También yo. –

Le respondí, Kurimo tragó saliva.

–Si tú quieres… –

Comenzó a decir, pero se interrumpió. Ella no era tan agresiva a no ser que estuviera enojada conmigo. Pero ahora su deseo estaba a tope y no podía enojarse.

–Nada de eso, señorita. No tenemos tanto tiempo. Continuaremos después de que regrese. ¿Entendido? –

Pregunté. Kurimo pareció desanimada un momento, pero luego sonrió y asintió varias veces con la cabeza.

–Esperaré. –

Fue lo que dijo, y se dio la vuelta. Todavía estaba excitada y su trasero se veía excepcionalmente bien por debajo de la seda blanca de la bata. Suspiré. Tenía que esperar.

Baje las escaleras luego para encontrarme con que Mizore y Akane ponían los platos en la mesa. Akane fue hasta donde estaba y me dio un beso en la mejilla. Mizore me miró y se rio.

Sanae estaba allí. Miró a ambas, y luego me miró a mí.

–¿Qué? –

Preguntó Sanae.

Akane la miró, luego hizo notar una marca que yo tenía en el hombro de la playera. Era saliva, porque la boca de Kurimo se había recargado allí mientras la tocaba. No podía evitarse.

Sanae no entendió, asi que Mizore lo aclaró para ella.

–Parece que alguien recibió un poco de atención… y falta “ese” alguien. –

Explicó Mizore, sonriendo.

Increíble que ellas lo notaran tan pronto como bajé, pero como no se tomaron la molestia de subir en aquel momento para nada, asumo que lo sabían y que estaban esperando por ello. Siendo asi, no era tan raro que lo notaran.

Sanae me miró con coraje.

–¿Tienes que comenzar a molestarla tan temprano en la mañana? –

Se quejó, Akane le puso una mano en el hombro.

–Nada de celos. Lo tendrás contigo todo el rato. –

Regañó Akane.

–Si pero vamos a estar frente a mis padres… –

Se quejó Sanae.

–Siempre puedes solo no ir… –

Respondió Mizore, con voz cantarina.

–Ya, sirvan de comer. –

Pedí, suspirando.

Kurimo bajó después, ya cambiada, y se sentó con nosotros. No pudo evitar una sonrisa emocionada frente a la mirada de las otras. Sanae tiene que haberse sentido incómoda, porque preguntó a Akane.

–¿Y qué paso luego? –

Akane se rio levemente.

–Tenían que haberlo visto. El pobre tipo fue hasta allí a preguntar el número de Habara, tiene que haber sido súper vergonzoso, todo para que ella me tomara de la mano allí, frente a él y le dijera “no te la doy”… fue muy gracioso. –

–Nunca lo hubiera creído de alguien como ella… –

Comentó Mizore. ¿La conocía?

–Lo peor fue que el pobre sujeto tuvo problemas para explicarle que lo que quería era el número DE ELLA, y no el mío. Mizumi–chan solo lo miró feo y se dio la vuelta. –

–Pobre sujeto. –

Comentó Sanae. ¿Desde cuándo Sanae es empática con esas cosas?

–Bueno, es lo que se saca por tratar de ligar a una chica sin conocerla. –

Comentó Mizore, encogiendo de hombros.

–¿Cómo tomarse algo asi en serio? Es decir… ni un poco de consideración, ni siquiera por el sitio en que estábamos. –

Explicó Akane.

–¿En dónde estaban? –

Pregunté. Porque yo no había escuchado lo anterior.

–En la tienda de zapatos… –

Respondió Akane.

Regla número uno en esto. No la interrumpas en algo que disfruta.

No intentes pedir el número de una chica que está comiendo. No intentes pedir el número en el cine, o de compras. No es momento. Mucho menos si viene acompañada.

–Si era un mal sitio. –

Respondí, bajando la cabeza. Akane me miró, como si le sorprendiera que estuviera de acuerdo.

–Pues… asumo que sería tanto como que una chica interrumpiera tu videojuego para pedir tu número. –

Comenté. Sushake estaría de acuerdo conmigo, lo digo porque las cuatro me miraron como si no entendieran de lo que hablaba.

–Amo que aun siendo tan infantil entiendes lo que estoy diciéndote. –

Comentó Akane

–No intentes arreglarlo. –

Repliqué.

–Los hombres son difíciles de entender. –

Comentó Kurimo, y se concentró en comer.

–Pero… dices que a ella no le gustan los chicos ¿No? –

Preguntó Mizore.

–Esa es la otra razón. Por eso es que tienes que saber a quién le estás hablando. A Mizumi no le gustan los chicos. No es cosa suya, solo no le gustan. –

–Pero… ¿Puede estar con uno? –

Preguntó Mizore.

Sanae y Kurimo miraron a Mizore con sorpresa. Es que ella era más abierta en cuanto a hablar del tema.

–Si te obligan a comer tierra puedes ¿No es cierto? –

Preguntó Akane. Me comparó con comer tierra.

Mizore encogió de hombros.

–Bueno… tengo alguna experiencia con chicas… pero… no creo que simplemente cambiaría. No es que me den asco, es que… soy una chica. Lo normal es que me gusten los chicos. –

Ahora que lo pensaba, todas aquí tenían experiencia entre ellas. Cuando menos un beso.

Sanae habló, a pesar de que estaba roja de la cara.

–Una cosa es compartir, y otra, completamente diferente, es cambiar. Yo no creo que lo haría. –

Akane intervino en defensa de su amiga.

–Es como cuando algo te da asco y solo no puedes hacerlo. No es tu culpa. Solo lo sientes y ya. –

–Me da lástima alguien asi… –

Comentó Kurimo. Todos la miramos. Ella se explicó.

–¿Y la familia? ¿Y bueno… tener hijos? –

Preguntó. Akane encogió de hombros. Es que para Kurimo es un punto importante.

–Esas personas no tienen más que buscar alternativas. No creo que exista un solo hombre en el mundo dispuesto a casarse sabiendo que su esposa no disfruta de él como el resto. –

Comentó Akane.

En eso tenía toda la razón. Puede parecer muy obvio, pero hasta que no lo mencionó Akane no me di cuenta. Uno espera que la mujer se sienta bien. Al menos en mi caso, las reacciones de ella siempre juegan un papel muy importante.

–Tampoco pienso que una mujer estaría dispuesta a casarse si no lo disfruta. Es decir, tiene que pasar. –

Comentó Sanae.

–No va a embarazarse solo haciéndolo una vez ¿cierto? –

Preguntó Mizore. Kurimo negó con la cabeza.

–Mi madre decía que tuvo que esperar 2 años para tenerme… imagino que eso quiere decir que lo intentó durante mucho tiempo ¿O no? –

Preguntó ella. Akane asintió.

–Por lo menos unos tres meses… –

Explicó.

–Vaya. Es mucho más complicado de lo que lo hacen parecer. Mi madre solo tiene dos hijos. Y hay varios años de diferencia entre Itto y yo. –

Explicó Mizore. Kurimo me miró un tanto… asustada de que eso fuera verdad.

–Tal vez tu madre solo se cuidó… –

Comenté. Mizore negó con la cabeza.

–A ella no le gustan esas cosas. Dice que los hijos tienen que ser los que tienen que ser. –

Explicó Mizore.

–Mi madre también dice lo mismo. –

Agregó Kurimo.  Luego ambas miraron a Sanae. Akane también volteó a verla.

–Yo no le pregunto a mi madre esas cosas. –

Se quejó ella.

–Pero tienes hermanos ¿O no? –

Preguntó Mizore. Sanae negó con la cabeza muchas veces, cubriéndose con las manos.

–Si tengo pero… no quiero pensar en esas cosas. Mi madre nunca ha sido de las que hablan de esas cosas solo asi. –

Explicó Sanae. Tenía sentido para mí.

–Tal vez deberías preguntarle, solo para saber. –

Comentó Akane. Sanae negó con la cabeza, luego me miró significativamente.

–¿Y bien? –

Respondí, porque sabía perfectamente que ella no quería hacer esto, me refiero a ver a sus padres. O más bien, quería un pretexto para no tener que hacerlo. Sanae es un adulto. Puede hacer lo que ella quiera. Pero… es que ella no lo ve asi.

Tal vez sería para ella más cómodo pensar que no le dejaron ir.

Sanae me miró por un momento sin decir nada.

–Tal vez necesita un poco de… convencimiento. –

Comentó Akane sonriendo. Sanae la miró, roja de la cara.

–Creo que eso es lo que necesita. –

Insistió Kurimo. Tuve la impresión de que ellas querían que me hiciera cargo de Sanae. No lo sé, tal vez Akane o Mizore podían ver en Sanae algo que a mí se me escapaba. Tal vez solo se trataba de apoyarla de algún modo. No lo sé.

Miré a Sanae, quien bajó la cara, aunque hasta aquí podía ver lo roja que estaba.

–¿Eso quieres? –

Pregunté. Sanae no respondió. No volteó a verme. Como había terminado de comer, me puse de pie y la tomé de la mano. Kurimo y Mizore me miraron raro mientras la llevaba de vuelta por las escaleras.

Entramos a la habitación y cerré la puerta detrás de mí. Sanae tenía la cabeza baja.

–Muy bien. Sé que no quieres decirme qué es lo que ocurre. –

Le dije a Sanae. Ella me miró y volvió a bajar la cabeza.

–¿Qué pasa? –

Insistí.

–No quiero ir. –

Respondió Sanae.

–Ya hemos ocasionado problemas a todos. –

Me desperté más temprano. Y por ende, todos en la casa. Suspiré.

–Sanae. Dime ¿Hay alguna razón para que no quieras ir? –

Comenté. Ella negó con la cabeza.

–No hay ninguna… –

Respondió ella, mirando al suelo y balanceándose. Sanae solía hacer eso cuando no quería decir la verdad. Permanecí en silencio. Esperando a que hablara.

–¿Que si escuchas cosas de mis padres? –

Preguntó ella.

–Bueno. A decir verdad me da algo de curiosidad. –

Respondí, molestándola un poco. Sanae hizo como que se enfadaba, pero por lo que podía ver, estaba sintiéndose muy insegura.

–No pero… ¿Me vas a seguir queriendo? ¿Incluso si lo que dicen son cosas malas? –

Preguntó Sanae de nuevo.

–Sanae, ya no queda nada que temer. Ya estás aquí. Esta hecho ahora. –

Respondí.

–Si pero te vas a olvidar de mí. –

Respondió ella con lágrimas en los ojos. Se volteó luego, como para evitar que me diera cuenta de que estaba sollozando.

Me acerqué a ella y le abracé lentamente por la espalda.

–Yo jamás podría olvidarme de ti, Sanae. –

Le di un beso en la espalda. Sanae se estremeció.

–No… no hagas eso… –

Se quejó con una vocecita.

–¿Por qué? –

Pregunté, acercándome a ella. Tomé su oreja con los labios. Las rodillas de Sanae se tambalearon al tiempo que ella dejaba escapar un chillido.

–Porque… porque… no sé… –

Se quejó ella.

–¿Recordaste ponerte ropa interior? –

Pregunté, metiendo mí mano por en medio de sus piernas, Sanae soltó un gemido cuando alcancé su vagina.

–Si… –

Respondió Sanae temblando. Puse mi mano sobre uno de sus pechos, presionándolo ligeramente. Sanae gimió.

–Muy bien. Eres una niña buena, Sanae… –

Le dije.

–Mis pechos… mis pechos… –

–¿Te agrada? –

Pregunté, tratando de mantenerla dentro de lo posible, cuerda. Sanae asintió con la cabeza. Yo atacaba su vagina y sus pechos al mismo tiempo, suavemente.

–Si… se siente bien… cuando me tocas… –

–Eres una niña tan buena Sanae… vas a ser obediente ¿cierto? –

Pregunté, Sanae no pudo decir que no.

–Si… si soy… –

Pregunté. Eso hizo que ella se detuviera por un momento, como tratando de negarse, pero su excitación no la dejó pensar con claridad.

–Pero… –

Replicó. Yo metí mi mano dentro de su blusa y de su sostén.

–¿Cómo se dice? –

Pregunté. Sanae asintió con la cabeza.

–Si… Sensei… lo que usted diga… –

Dejé de acariciarla de pronto.

–Bien. Entonces andando… –

Le dije. Sanae me miró por un momento perpleja, como si no entendiera lo que estaba pasando. Luego se enfadó.

–¿Eh? Espera… ¿Justo ahora? ¿No puede esperar? –

Preguntó ella.

–No, no puede. –

Respondí. Ella cruzó los brazos, y enfureció.

–¡Entonces no quiero! –

Me acerqué a Sanae y la tomé de la mano.

–Vamos, no tienes que enojarte tanto. –

Respondí, ella quitó su mano de entre las mías con violencia.

–No. Eres horrible. Estaba… pasándolo bien… –

Lagrimas acudieron a sus ojos. Tenía mucho que Sanae no hacía un berrinche.

–No tienes que llorar. –

Ofrecí. Eso hizo que ella bajara la cabeza, sollozando.

–Lo sabía, estás harto de mí… –

Se quejó ella con un lloriqueo.

–Claro que no, eso en verdad no tiene sentido, yo no voy a hartarme de ti… –

Respondí, ella me miró por un momento, enjugando sus lágrimas.

–¿Sewuro? –

–Si estuviera harto de ti, como tú dices ¿Crees que te habría traído aquí? Solita… –

Sanae negó con la cabeza, mirándome fijamente.

Creo que siempre tengo mis temporadas. Hablo de que hay veces en que una es mi preferida sobre las demás. Estos últimos días había estado sobre Sanae todo el tiempo.

No sé. Soy un poco… aprehensivo con ello.

–De acuerdo, pero iremos otro dia, y sin quejas ¿Está bien? –

Pregunté, acercándome a Sanae de nuevo. Sanae sonrió. De algún modo ella siempre consigue que todo se haga como ella quiere. Sanae asintió con la cabeza.

Pasé mi mano por sus rodillas y sus muslos, jugueteando con ella un poco, Sanae tembló y su respiración se aceleró.

–Como tenemos algo de prisa, vamos a apresurarnos un poco. ¿Entendido? –

Le dije, pasando mi mano por su entrepierna, pude sentir como sus rodillas temblaron.

–S–Si… –

–¿Cómo se dice? –

Pregunté.

–Si Sensei, como… usted… diga… ah… –

Sanae interrumpió su voz cuando toqué su vagina, presionando hacia arriba con firmeza, haciendo círculos con mis dedos que pronto formaron una mancha en su ropa interior.

La erección que tenía en el pantalón comenzó a molestarme, asi que me separé de ella un momento y bajé mi cierre. Sanae me miró mientras liberaba mi pene de su prisión. Hacía un poco de tiempo que ella no usaba su boca para esto. Supuse que estaba bien.

–Muy bien, vas a lamerlo un poco. Apresúrate. –

Sanae se quedó perpleja un momento.

–Vamos. No tendré tiempo de consentirte si no te apresuras. –

Insistí. Sanae se acercó a mí y se hincó en el suelo. Sacó su lengua tímidamente y puso mi pene en su boca.

–Tienes que dejarlo bien limpio. ¿Entiendes? –

Pregunté, acaricié su cara y ella me miró sonriendo.

A mi agrada el sabor que tiene su vagina. No es que sepa deliciosa, al menos no en el sentido de comida, pero me agrada el sabor. Y me agrada aún más por el hecho de que ella me permita hacer eso. Creo que tiene que ver con lo privada que es esa parte en realidad y con el hecho de que sabes que confía en ti lo suficiente para dejar que te acerques.

Me preguntaba ahora si a ella le producía esa misma sensación.

Siendo asi, me preguntaba si estaba bien si abusaba un poco de esa confianza.

–Vamos, más rápido… –

Insistí. Ella me miró perpleja, pero aumentó la velocidad. Creo que nunca he sido “exigente” con esta clase de cosas. No es como que Sanae tuviera muchos lados de donde conseguir experiencia antes, por lo que se, nunca fue muy activa. Y por lo que hablamos antes, creo que su madre tampoco estaba muy dispuesta a hablar del tema. Al menos no en el mismo modo que la madre de Mizore, o incluso la madre de Kurimo.

Quiero decir, no esperaba que Sanae fuera buena en esto y ella lo sabía.

–Tienes que hacerlo mejor… –

Insistí. Sanae empezó a mirarme de mala manera, pero no se detuvo. La tomé de la cabeza, y empujé mi pene dentro de su boca, Sanae abrió los ojos todo lo que pudo, y se retiró tosiendo.

Tuve que tratar un poco para no reírme.

–No puedo… ¡No puedo más! –

Se quejó ella.

–¿Qué quieres decir con que no puedes? –

Pregunté, parándome frente a Sanae, quien miró hacia arriba.

–¡Pues no cabe! No es como que pueda hacer mi boca más grande… –

Se quejó Sanae.

–Nada de quejas… –

Respondí, tomándola del pelo. Sanae quiso replicar, pero no pudo hacerlo porque metí mi pene dentro de su boca.

–Ahora bien, usa la lengua, lámelo en cada parte. –

Di instrucciones a Sanae, quien se sostuvo de mis rodillas para continuar, visiblemente haciendo un esfuerzo por no toser. Comencé a mover su cabeza hacia adelante y hacia atrás. Sanae cerró los ojos.

Lo estaba intentando, eso ni que decir tenía.

–Muy bien, ahora vamos a hacerlo más rápido. Sigue tal y como estas. –

Ordené. Sanae continuó. La última vez, arrojé mi semen en su boca abierta, pero no me vine dentro de su garganta, pensé que estaba bien si lo hacía esta vez. Ella era mejor que antes, y las instrucciones le daban una idea clara de lo que tenía que hacer.

–Eres una niña muy linda. –

Le dije, eso la hizo feliz, y hubiera sonreído de no haber sido porque tenía la boca ocupada. En lugar de eso me miró, visiblemente complacida.

–Muy bien… voy a venirme ahora… ¿Estás lista? –

Pregunté, Sanae asintió con la cabeza, sin sacar mi pene. Empuje algunas veces más dentro de su boca y comencé a venirme. Sanae tuvo problemas para tragar y comenzó a toser.

Saqué mi pene después de venirme, ella se llevó las manos a la boca, tratando de no toser.

–¿Estas bien? –

Pregunté. Ella negó con la cabeza pero no dijo nada.

–Siempre… es difícil… de tragar… –

Explicó ella.

–Lo hiciste bien. Estas aprendiendo muy rápido… –

Respondí, Sanae me miró con los ojos muy abiertos.

–¿Fui buena? –

Preguntó ella. La parte que a ella le importaba de todo esto, porque si le concedo eso, significa que haremos lo que ella quiera.

–Lo fuiste. –

Respondí, Sanae se puso de pie emocionada.

–Entonces… emm… ¿me vas a premiar? –

Preguntó ella. Quise molestarla un poco.

–¿Cómo quieres que te premie? –

Pregunté. Sanae enrojeció hasta las orejas y se dio la vuelta. Hay cosas que nunca cambian. Aun asi, lo dijo.

–Pues… sexo… –

Esa fue la primera vez que ella no usó el “abuso” como excusa. ¿Estaba dejándolo de lado? Me preguntaba. Me acerqué a Sanae por la espalda y puse una mano en su trasero, subiendo su falda lentamente. Ella comenzó a temblar.

–¿Solo sexo? –

Pregunté, tocando su trasero con toda la palma de mi mano. Sanae asintió con la cabeza.

–Es decir… ya sabes que me gusta… todo lo que haces… –

Respondió ella, negándose a mirarme.

–¿Cómo qué? –

Pregunté, acercándome a ella, Sanae se dejó abrazar por la espalda mientras besaba su cuello. Metí mi mano dentro de sus pantis, por detrás, sintiendo su trasero desnudo.

–Como… como… eso…. –

Respondió Sanae, con un suspiro y desvaneciéndose lentamente. Eso hizo que dejara de tocarla, Sanae se llevó un dedo a la boca y lo mordió.

–Si te dejas caer no puedo seguir. –

Respondí, Sanae me miró y sin decir nada, puso sus brazos en su cama y levantó el trasero.

–¿Asi está bien? –

Preguntó ella. Se había vuelto bastante pervertida, pero sentí que sería una mala idea hacérselo notar. Imagino que era un gran esfuerzo solo “hacer esto” sin reprimir nada. Habíamos avanzado mucho, eso ni que decir tiene.

–Baja tus pantis… –

Obedeció mientras se notaba mucho que evitaba todo contacto visual.

–Has estado soportándolo desde hace rato ¿cierto? –

Pregunté, estaba muy mojada y cuando bajó sus pantis hasta las rodillas, un hilo transparente se conectó por un momento con su vagina, que estaba escurriendo. Sanae puso sus manos en la cama, en su posición favorita.

–¿Eso me hace mala? –

Preguntó Sanae.

–Está bien. No te hace mala para nada… –

Respondí, comenzando a pasar mis dedos por su vagina, pude sentir el calor salir de ella mientras la tocaba.

–Me gusta cuando Sensei me toca… cuando… me revuelve… –

Respondió ella, ligeramente empujando su cuerpo hacia mí, comencé usando solo un dedo dentro de su vagina, que lo succionó como si estuviera esperando por ello. Dentro de ella, pude sentir como sus paredes se contraían una y otra vez. Sanae estaba muy excitada.

–¿Te gusta esto? –

Pregunté. Sanae miraba al frente, me respondió con voz temblorosa.

–Si… –

Dijo, comenzando a moverse hacia adelante y hacia atrás, al ritmo de mis caricias, usé la yema de mi dedo para acariciar su interior en todo lo posible, eso hizo que Sanae apretara las sabanas y comenzara a gemir.

–No te detengas… –

Gimoteó ella. Le di una nalgada, eso la sorprendió.

–Asi no es como se pide. –

Recordé, Sanae batió la cabeza, pero ya no se quejó por lo de la nalgada.

–Perdón… Sensei… no se detenga… –

Se corrigió mientras comenzaba a aumentar el ritmo, todavía no iba muy rápido asi que Sanae podía seguir el ritmo y adaptarse mejor. Eso no la hizo más silenciosa, de todos modos. Después de unos momentos, comencé a usar dos dedos en lugar de uno.

Su cuerpo se adaptó como pudo mientras Sanae comenzaba a perder el aliento.

–¿No detener qué? Ya sabes que tienes que decirlo completo. –

Pregunté, Sanae volteó.

–Sus dedos… por favor… me voy a mojar… –

Respondió Sanae con un lloriqueo.

En ese momento, y antes de que ella pudiera terminar, sonó el teléfono. Sanae parecía con ganas de ignorarlo, pero me detuve de todos modos.

–Contesta el teléfono… –

Le dije.

–Pero… –

Comenzó a decir Sanae, saqué mis dedos de ella. Sanae hizo una pataleta y buscó su teléfono en la bolsa con las manos temblorosas. Tenía que haberme detenido, para dejarla atender, pero simplemente no podía evitarlo. –Ho… ¿Hola? –

Preguntó Sanae, tenía el teléfono en las manos, pero no se movió de la posición en la que estaba.

Tampoco se acomodó la ropa ni nada parecido, y era muy evidente que estaba molesta de ser interrumpida.

…¿Sanae? ¿Estas ocupada? Verás…

Por la voz en el teléfono reconocí a su madre.

…Yo, verás…

Comenzó a decir Sanae, supongo que para explicar que si estaba ocupada, pero… a mí se me ocurrió una mejor idea. Iba a disfrutar esta situación.

Me acerqué a Sanae por un lado y acaricié su cara. Ella volteó a verme y le hice una señal de silencio. Sanae me miró con cara de no entender mientras mis dedos volvían a entrar en ella. Sanae se tapó la boca para reprimir su gemido.

–Habla con tu madre. –

Le ordené a Sanae en voz baja, mientras la tocaba, esta vez mucho más firme y agresivo que antes, Sanae separó sus rodillas y me miró acusadoramente, pero no me detuve.

…No, no es que esté ocupada… pero…

Comenzó a explicar Sanae, conteniendo sus gemidos.

–No le digas lo que está pasando… –

Le dije a Sanae.

–Pero…

Sanae intentó replicar, pero la interrumpió su llamada.

…¿Sanae? ¿Estas allí?….

…Si… estoy aquí… yo…

Iba a colgar, la detuve con la otra mano, presionandola con firmeza, y le susurré de nuevo.

–Quedate calladita para que tu mami no se entere. –

Ordené, Sanae me miró con lagrimas en los ojos, pero asintió.

…¿Sanae?…

Preguntó su madre al telefono.

…¡¿Qué?!…

Preguntó Sanae desesperandose. Yo me concentré en ese momento en tocarla. Acaricié a conciencia sus paredes con las yemas de mis dedos. Sanae comenzó a mojarse mientras intentaba no gemir, y mantener una conversación por telefono.

…Pues tu padre ha preguntado si realmente planeas venir…

Se quejó su madre al telefono, algo molesta por la respuesta desesperada de Sanae. Yo creo que la señora no iba a tardar en darse cuenta de que ella no estaba en condiciones de salir por el momento.

…Si pero… no… no puedo…

Respondió Sanae, tapandose la boca a medias.

–Tu mami se va a enterar. No quieres eso ¿cierto? –

Pregunté, presionando a Sanae, literal y metaforicamente. Sanae negó con la cabeza mientras sus piernas temblaban.

…Una pena. Pero no es que nada malo esté pasando ¿cierto?…

Preguntó la señora.

…No… nada malo… lo pro–prometo…

Respondió Sanae, luego volteo a verme, como si estuviera pidiendome que le permitiera colgar.

…Vaya, por alguna razon pensé que habian peleado o algo asi…

Respondió su madre al telefono. Sanae estaba temblando y con trabajos estaba poniendo atención. Jalé una de sus rodillas para darle la vuelta. Eso la tomó desprevenida y cayó en la cama, soltó el teléfono.

Le hice una señal de silencio con la mano mientras colocaba mi pene en su entrada, Sanae asintió con la cabeza.

…Sanae…

…Vo–Voy a colgar…

Y antes de que pudiera colgar, empujé dentro de ella con fuerza. Sanae se apresuró a encontrar el telefono que había soltado cuando la jalé, apenas pudiendo contener sus ruidos mientras comenzaba a empujar dentro de ella.

…Creo que ya entendí…

Dijo la voz al otro lado del telefono, y colgaron. Sanae trató de voltear y me miró feo por unos segundos.

–Se enteró… –

Se quejó Sanae, separó las rodillas todo lo que pudo. Creo que esto la ecitó bastante. Me alegraba que le hubiera gustado. A veces hay que aprovechar la situacion en la que estamos.

A Sanae le gusta el peligro, de un modo un tanto diferente a lo usual.

–¿De verdad? –

Pregunté. Resultaba tan tierna y graciosa que no pude contenerme y me acerqué a ella.

–Mi mamá se enteró… me va a pegar… –

Se quejó Sanae, abrazandose a mi con fuerza, yo sólo me concentré en empujar, pase una de mis manos por encima para tomar uno de sus pechos y apreté.

Pude sentir como su vagina comenzó a contraerse, expulsando mas y mas jugos de amor.

–Nadie va a pegarte Sanae… –

Respondí, Sanae se aferró a mi, usó sus uñas, por cierto. Y tambien usó sus piernas para envolver mi cintura.

–¿Lo prometes? –

Preguntó. Vaya un momento para pensar en esas cosas, pero… tengo la impresión de que esto era mas importante para ella de lo que parecía.

–Lo prometo… –

Respondí, empujando dentro de ella con fuerza. Sanae tuvo un respingo, y arqueó su espalda.

–¿Tu me vas a cuidar? –

Insistió ella. ¿Desde cuando hacía esa clase de preguntas? Se suponía que yo era el malo aquí. Algo hizo click dentro de mi mente en ese momento, en varias maneras: ¿Tenía miedo Sanae de que sus padres la juzgaran?

Posiblemente.

Es que, dentro de su mente, ella seguía siendo la misma niña vulnerable de siempre.

–Claro que si… –

Respondí.

–Soy… tu niña mimada… dilo… di eso… –

Pidió ella. Pasaron dos cosas en ese momento.

Una, esa fue primera vez en mucho tiempo, comenzamos a venirnos al mismo tiempo. Sanae no parecía querer contenerse y sus jugos de amor escurrieron por sus muslos mojando la cama.

Por mi lado solo arrojé mi semen dentro de ella, sin que Sanae pareciera prestar atención a eso.

–Eres mi niña mimada. –

Admití, una vanidosa sonrisa se dibujó en su rostro al tiempo que volteaba a verme, satisfecha de sí misma, y del efecto que ella sabía que provocaba.

–Te amo… –

Sanae había vivido todos estos años aterrada del juicio de sus padres, que me imagino que se habrían escandalizado si Sanae fuera sincera con ellos cuando era más pequeña.

Esa fue la primera vez que la vi reír después del sexo. También la primera vez que a ella no pareció importarle nada más luego de ello.

Lo digo porque lo único que Sanae hizo cuando me levanté, fue moverse un poco, y acomodarse en la cama, con especial cuidado en mostrarme su vagina y como mi semen comenzaba a salir de ella.

–¿No vas a vestirte? –

Pregunté, ella volteó a verme, todavía adormecida, y negó con la cabeza.

–No… –

Respondió Sanae.

–¿Por qué no? –

Pregunté.

–Porque… a Sensei le gusto desnuda… –

Respondió ella, riendo levemente. Me puse de pie y me acerqué a Sanae, poniendo una mano sobre su trasero. Ella tuvo un respingo, pero volvió a reír.

–¿Tan segura estas de ello? –

Pregunte.

Ella uso su voz de niña malcriada para responder.

–Shi. –

Yo me acerqué a ella y puse una mano en su espalda, Sanae no se movió.

–¿No te parece que te estás creyendo mucho? –

Pregunté. Sanae me miró por un momento, respirando con dificultad.

–No sé… ¿Sensei me va a dar una lección? –

Preguntó Sanae, alzando su trasero y moviéndolo de un lado a otro con orgullo.

–No lo sé. Tal vez… –

Respondí, acercándome a ella, atraído por el movimiento, y por lo provocativa que me resultaba su actitud. Ella ya me había provocado igual una vez. Sabía que daba buenos resultados.

Le di una nalgada.

Sanae había acabado por gustar de esto. Lo digo porque esta vez ya no se quejó. Tampoco es que le haya pegado muy fuerte, Sanae no es Mizore, pero tengo que admitir que ella hacía pataletas para cubrir su deseo, y como eso siempre le dio buenos resultados, ahora las hacía para incitarme.

Una nalgada era la respuesta lógica de su actitud.

–Tu cuerpo ha sido usado mucho últimamente y aun asi quieres más… eres bastante pervertida… –

Pregunté, ella me miró, visiblemente halagada, y sonrió.

–¿Y que con eso?… a ti no te importa… tú no me odias… –

Respondió Sanae, mitad retándome, mitad retractándose, porque dijo esa última frase con un dejo de desconfianza, volteó para mirar mi reacción y cerciorarse de que no pensaba que ella era desagradable.

Yo decidí cambiar el enfoque.

–Cuando comencé a trabajar, quería un caballo ¿sabías? –

Le pregunté, acariciando su trasero, Sanae no dejó de moverlo, pero el cambio de tema la descolocó.

–¿Qué? ¿Cómo?… No entiendo… –

Se quejó ella, metí mi mano entre sus piernas, palpando su vagina con un poco de fuerza, eso la hizo gemir.

–Siempre me imaginaba a ese caballo… siempre que lo veía, solo podía pensar en lo bien que se sentiría cabalgarlo todo el tiempo… –

Expliqué, Sanae hizo un esfuerzo por recomponerse, porque yo no estaba siendo muy suave con mi mano. Presioné su clítoris con las yemas de mis dedos, Sanae tembló.

–¿De qué… hablas?… Eso… no tiene sentido… –

Se quejó ella.

–Siempre miraba ese caballo, deseando que fuera solo para mí… –

La sostuve de la cintura y halé de ella para acercarla a mí, como tenía de nuevo una erección bastante fuerte (en gran parte gracias a su forma de invitarme.)

–No entiendo… ¿Mirarlo? Do… ¿Dónde? –

Preguntó, con atención a medias. Estaba un tanto… ocupada para pensar con claridad.

–A veces… en mi trabajo… –

Sanae volteó a verme.

–Pero eso… ah–

No tiene sentido, es lo que ella iba a decir, hasta que entré en Sanae de un solo golpe, sin nada de delicadeza, solo asi, por la fuerza. Sanae apretó las sabanas con fuerza.

Comencé a empujar con todo lo que tenía. Tanto, que mi entusiasmo tomó por sorpresa a Sanae, quien comenzó a gemir y a lloriquear como si no hubiera un mañana.

–Que corra más rápido, más rápido… –

Insistí, dándole nalgadas mientras aumentaba el ritmo, solo entonces Sanae entendió la metáfora, porque lo que yo trataba de decirle, es que quería hacer cosas sucias con ella, desde el dia en que la conocí.

–Soñando… con jalar sus riendas… con fuerza. –

E igual, sin delicadeza, la tomé por el cabello. Sanae comenzó a venirse y a temblar, sin poder hacer otra cosa que gemir, pero no me detuve, y cuando ella dio muestras de bajar el ritmo, le di más nalgadas y aumenté el ritmo.

–Espera… por favor… –

–Más rápido. –

Insistí. Sanae se aferró a la cama y me chilló.

–No puedo… me voy a mojar… me voy a mojar… espera… –

Simplemente no hice caso, y como yo acababa de terminar dentro de ella, realmente no estaba cerca de venirme, asi que solo seguí.

El sonido de su trasero siendo golpeado fue acallado por sus gritos y suplicas.

–Ya entendí… por favor… para… –

–Más rápido… –

–No puedo respirar… espera… ¡Me voy a morir! –

Gimoteó ella, me detuve y ella se desvaneció, aún estaba jalándole el cabello, por cierto.

–¿Sabes cómo se llama el caballo? –

Sanae no respondió por un momento, tratando de recuperar el aliento. Había terminado dos veces en menos de tres minutos, jalé su cabello hacia arriba para llamar su atención, aún tenía espasmos, pero respondió:

–Sanae… el caballo… se llama Sanae. –

Con eso, solté su cabello y ella solo se quedó allí sobre la cama, tendida y tratando de respirar.

–Muy bien… eres una niña muy lista. –

Respondí, acariciando su rodilla, Sanae me miró sonriendo.

–Gracias… –

Y fue todo lo que dijo, porque se quedó dormida después de eso.

Después de eso, y como ya no había tiempo para hacer nada más que ir a trabajar, y como además Sanae tampoco parecía en condiciones de ver a nadie, simplemente decidí que lo mejor, es que me alistara pronto o llegaría tarde.

Salí de la habitación de Sanae mientras ella permaneció dormida. Sentí que estaba bien si la dejaba dormir por ahora.

Cuando salí, a quien primero vi, fue a Mizore.

Se rio cuando me vio.

–Estás loco… –

Dijo ella.

–Nada de burlarse de los demás. –

Respondí, solo… previniendo. Solo en caso de que pudiera pasar.

–No me burlaba… ella fue muy feliz. –

Comentó Mizore.

–Espero que tengas razón. Ahora tengo que irme. –

Respondí.

–¿No tenías que haber salido antes? –

Mizore parecía querer insistir en el tema.

–Si… pero pasaron algunas cosas… –

Respondí, tomando mi obento que, al parecer, habían dejado allí para mí. Lo digo porque Kurimo y Akane no estaban en ese momento.

–Si alguien te preguntara ¿Quién de nosotras te gusta más? ¿Cuál sería tu respuesta? –

Preguntó Mizore, siguiéndome y poniendo las manos atrás.

–Esa respuesta depende mucho de quien me lo pregunte. –

Respondí. Mizore me miró feo.

–No puedes evadir esa pregunta por siempre. –

Respondió ella.

¿Estaba esperando que escogiera a alguna? Me preguntaba en ese momento, pero decidí que no era tiempo ni forma de responder, asi que solo encogí e hombros. Antes de irme, Mizore me tomó de la mano.

–Te voy a extrañar. –

Comentó ella.

Asi que eso es lo que quiere. Puedo dárselo.

Quiero decir que la acerqué a mí y le di un beso.

–Te veo después. –

Le dije. Mizore sonrió mientras cerraba la puerta tras de mí.

No debí cansarme tanto antes del trabajo. Las piernas y la cintura me dolían, pero no había nada que hacerle, asi que no me quejé.

La primera persona que notó que no caminaba normal, fue mi secretaria.

–¿Qué fue lo que te ocurrió? ¿Te arrollaron? –

Preguntó. Había allí una especie de burla, decidí que se la devolvería también.

–No exactamente… me entretuve antes de venir… ya sabes… –

Respondí.

Eso no le gustó para nada. Es que se dio cuenta de exactamente a qué me estaba refiriendo.

–Ehhhh… y… ¿Con quién? –

Preguntó ella, llevándose un dedo a la barbilla, como si no me creyera.

–Ve a trabajar, Amatsune–san. –

Respondí, sentándome en mi escritorio, aunque ambos sabíamos que ella no iba a dejarlo pasar. Sentí que estaba bien si me daba un momento de paz.

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