Haru no Yurei V4 C23

Capítulo 23: Sobre Nosotros.

Cuando salí del cuarto, me di cuenta de que estaba anocheciendo.
Allí me di cuenta de que las visitas se habían marchado. Sanae no estaba tampoco, supuse que había ido a dejar a Minase a casa.
Kurimo volteó a verme y se acercó.
–Tu esposa te está buscando. –
Fue lo que dijo.
–¿Dónde está? –
Pregunté.
–Salió mientras estaba al teléfono, creo que habla con su padre. –
Comentó. En ese momento, Nowaki apareció cubriéndose la nariz con las manos, sin decir palabra, miró a Kurimo. Kurimo sintió la mirada y volteó.
–Asi que esa era mi cara el dia en que le dije a mi madre lo que había hecho… –
Me dijo luego se acercó a Nowaki, quien haló su ropa para llamar su atención. Esperaba no haberme propasado.
–Felicidades… Eres un adulto ahora. –
Dijo Kurimo, supongo que pensando en lo que había pasado con su amiga. Nowaki me dirigió una mirada rápida sin decir nada, luego se acercó a Kurimo y le habló al oído.
Kurimo escuchó lo que le susurraron, luego reprimió una risita.
–Está bien. Se supone que sea asi… –
Nowaki se acercó de nuevo y susurró otra vez a su oído. Kurimo me miró por un momento, luego habló.
–Kano–chan quiere saber… –
Y la interrumpieron.
–No se lo digas. –
Pidió Nowaki. ¿Kano–chan? ¿Asi? ¿Ese es el apodo que no quiso decir antes? El que Kurimo le puso a ella, quiero decir. Kurimo suspiró, mirándola por un momento, luego me miró a mí.
–¿Por qué no… compramos algo para comer? Algo de fuera… ¿Podemos? –
Preguntó ella. Dirigiéndose a mí.
–Claro. Por mi está bien. –
Respondí, encogiendo de hombros.
–De acuerdo. Iré a ver a tu esposa para que nos de dinero. Ven conmigo Kano–chan. –
Dijo Kurimo poniéndole una mano en el hombro a Nowaki y empujándola levemente hacia la entrada.
–Todo está bien. Todo va a estar muy bien… –
Fue lo que le dijo. Nowaki me miró, carente de expresión, aparente, pero creo que estaba sintiéndose un poco insegura con todo.
Y por primera vez en mucho tiempo, me quedé sin nada que hacer en mi casa. No duró demasiado, pero no podía recordar cuando fue la última vez que tuve un momento sentarme. No duró demasiado, por cierto, empezando por que Akane entró.
Y lo que es más. Me reclamó.
–¿Tú le dijiste a Hatami–chan que podía comprar comida afuera? ¿Para todos? –
Se quejó Akane.
–Si… ¿Por qué? –
Pregunté. Akane me miró feo.
–Porque estaba a punto de hacer la cena. Por eso. –
Puso su mano en su cintura.
–Ah, eso es. Pues entonces no la hagas… –
Respondí, encogiendo de hombros.
–Se va a echar a perder. Toshikane. –
Volvió a quejarse Akane.
–Pues entonces ponla en el refrigerador… –
Repliqué, volví a encoger de hombros. Akane se molestó y se dio la vuelta.
–Toshikane… tú… en serio contigo. –
Dijo esos sin sentidos mientras se daba la vuelta. Entró a la cocina después y cerró la puerta con fuerza.
Me puse de pie y fui hasta la cocina.
Ella estaba recargada sobre la barra mirando las verduras que ella al parecer ya había cortado. Me sentí un poco mal por eso, lo admito.
–¿Akane? –
Pregunté. Ella me miró, y giró la mirada después, comenzó a guardar todo a regañadientes mientras evitaba mirarme.
–¿Estas bien? –
Pregunté. Eso hizo que ella perdiera los estribos… por alguna razón.
–¿Te parece que estoy bien? ¿Me veo como alguien que está bien acaso? –
Preguntó Akane, mirándome con coraje. Últimamente vería demasiado esa mirada en ella. luego puso uno de los contenedores con verduras picadas en el refrigerador.
–Has estado enfadándote conmigo por todo el dia de hoy. –
Bueno, más que solo el dia de hoy. Yo diría.
–Escucha Toshikane, no tengo tiempo para esto ¿Sabes? por favor… –
Se quejó ella.
–Pensé que tendrías más tiempo si no hacías la cena. –
No soy idiota. Y no me agrada que ponga excusas.
–Tengo que lavar ropa… –
Replicó.
–Mizore está tomando un… –
Comencé a decir. Ella se desesperó y me interrumpió.
–¡Pues tengo que limpiar! –
Repuso ella, y pasó de mí.
–No tienes que hacer nada. Akane. Y no sé qué rayos te está pasando, pero si te vas a enojar asi, al menos ten la sutileza de decirme por qué te estas enfadando. –
Repliqué. Estaba a punto de salir de la cocina, y se dio la vuelta.
–¿Sabes qué? Estoy cansada, de tener que decirte lo que es obvio. ¿No lo sabes? No es mi problema. –
Se quejó.
–Tienes razón. No quiero saberlo. Lo único que si quiero saber, es donde rayos está mi esposa porque aquí no la veo. –
Respondí. Akane me miró peligrosamente.
–No–me pro–vo–ques Toshikane. –
Luego giró la mirada.
–Es en serio. Tengo cosas que hacer… ve a molestar a otro sitio. –
Dijo, pero fue ella la que salió de la cocina, y de la casa. Me llevé las manos a la cara por un momento. Pude mirar por la ventana de la cocina como se quedó parada en la calle. Imagino que tratando de calmarse.
Estaba pensando en qué podía ser lo que la tenía asi cuando Sanae entró a la cocina.
–¿Estás haciendo tú la cena? –
Preguntó. Akane guardó los ingredientes, pero no los utensilios. Eso fue lo que vio Sanae.
–¿Qué? No… Akane iba a hacerla, pero se enfadó conmigo y salió de la cocina. –
Respondí, sin pensarlo demasiado.
–Seguro que algo malo hiciste… –
Respondió Sanae, cruzando de brazos.
–¿Qué? No, por supuesto que no… bueno, no lo sé. Al menos no antes de entrar a la cocina. –
Respondí.
–¿Lo ves? Estabas molestándola. Y ni siquiera te diste cuenta… –
Se quejó Sanae.
–No es verdad… –
Repliqué. Sanae encogió de hombros.
–Yo que sé. Solo ve allí y arréglalo. Con el corazón en la mano. –
Respondió ella, y se dio la vuelta. Salió de la cocina luego. Cuando salí de la cocina, me encontré con que Akane venía entrando, me miró al pasar, pero no dijo nada, subió las escaleras luego.
Subí las escaleras tras de ella y toqué la puerta del cuarto. Sin responder, Akane abrió la puerta con violencia.
–Ahora ya no puedes abrir la puerta siquiera, es eso… –
Dijo ella, luego entró, dejándome pasar. Quizá no valía la pena respóndele mal. Suspiré.
–Akane. ¿Por qué no me dices qué ocurre? –
Pregunté. Ella me miró feo.
–¿Tiene que ocurrir algo? –
Preguntó.
–Pues no es eso. Es que últimamente has estado enojada conmigo bastante… –
Ella se llevó la mano a la cintura.
–¿Estas reclamándome? ¿Viniste aquí a reclamar? –
Se quejó ella, montando en cólera inmediatamente.
–Akane, cálmate… –
Pedí. Ella enfureció.
–¡No me digas que me calme! ¡Yo estoy tranquila! ¡Siempre! –
Ella gritó todo eso como si en ello se le fuera la vida. Luego lagrimas pasearon por su cara.
–Siempre estoy calmada… siempre, porque siempre estas divirtiéndote… siempre estas con ellas… no tienes tiempo para mi… –
Reclamó, y ya estaba llorando. Se limpió las lágrimas pero no sirvió de nada.
–Akane, no es que no tenga… –
Akane volvió a gritar.
–¡No piensas en mi para nada! Justo ahora lo has hecho de nuevo. Ni siquiera te tomaste la molestia de preguntar si iba a hacer cena. Solo… hiciste lo que quisiste, como si yo no existiera… –
Me quedé perplejo frente a lo que me dijo, porque como de costumbre, Akane siempre tiene razón.
–No piensas en mí, ni me tomas en cuenta… –
Me quedé allí parado por un momento, pensando en la mejor manera de arreglar esto. Sin decir palabra, solo me di la vuelta y salí del cuarto.
Marqué el número de Kurimo.
…Moshi–Moshi. ¿Kurimo? ¿Puedes oírme?…
Se escuchaba un poco demasiado ruido, pero no parecían estar comprando nada. Se oían autos y era todo. Se estaban tomando su tiempo… porque lo que necesitaban era tiempo, solo eso.
…Si… ¿Qué ocurre? No suenas muy bien. ¿Paso algo?…
Preguntó ella del otro lado del teléfono.
…¿Has comprado ya la cena?…
Pregunté. Ella pareció alarmarse.
…Bien, íbamos a comprarla ahora. Debí ser más considerada. Ya no tardo nada…
…No, espera… no compres nada ¿Comprendes?…
…¿Qué? ¿Por qué? Es decir… no tardo nada…
Kurimo pensó que estaba reclamándole por tardarse.
…No. Escucha. Solo salgan, den un paseo, o lo que sea, pero no traigan de cenar o habrá un problema… Akane va a hacer la cena…
Y si no quiere, me voy a quedar sin cenar, y voy a dejar a toda mi familia sin cena, asi que más me vale que si quiera.
…¿En verdad? Es decir… estaba algo cansada…
Se quejó Kurimo. Siempre tan considerada.
…No estaba cansada. Estaba enfadada porque te di permiso de comprar cosas sin preguntarle. Y quiero arreglarlo con ella, pero necesito que haga la cena, después de todo…
Expliqué.
…Entiendo. Te buscamos problemas otra vez…
…No son ustedes. Soy yo. Pero no tarden tampoco ¿Esta bien? Está haciéndose tarde…
Pedí.
…De acuerdo…
Respondió Kurimo, un poco más animada.
Luego de eso, volví al cuarto con Akane. Ella estaba doblando la ropa.
–Akane… –
Llamé, ella volteó a verme, sin decir nada. Aún tenía lágrimas en la cara. Me hinqué y puse mi cabeza en el suelo. Ella se quedó callada.
–Lo siento. Me excedí. Tienes razón, tenía que haberte preguntado. Tú eres la que tiene que decidir esas cosas. Y honestamente. No pensé en ti como debería. –
–¿Me ves como tu esposa siquiera? –
Preguntó Akane, sollozando. Me puse de pie y me acerqué.
–Lo eres. El problema soy yo, todavía tengo mi mentalidad salvaje y a veces no pienso las cosas como debería. ¿Puedes perdonarme por eso? –
Ella no pudo evitar una leve sonrisa en su rostro, más que nada por la implicación de lo que estaba diciéndole. De todos modos permaneció esquiva.
–Eres un manipulador. ¿Sabes? –
Se quejó.
–Si manipulándote voy a lograr que sonrías, Akane, lo haré. Sabes que haría cualquier cosa para que sonrías. –
Y sonrió.
–Bien… te perdono… aunque si me hace enojar mucho. –
Me dijo ella, yo la tomé de la mano. Ya no estaba enfadada. Lo digo porque, se dejó tomar de la mano, e incluso apretó mi mano con la suya. La miré a los ojos.
–Vas a enojarte aún más… verás… creo que… vas a tener que hacer la cena de todos modos. –
Le dije. Ella miró acusadoramente.
–¿Qué vamos a hacer con doble cena? Toshikane… –
Suspiré.
–Acabo de hablar con Kurimo… ellas, necesitaban salir. No importa… el caso es que, les he pedido que no compraran nada… ¿Puedes hacer la cena? –
Pregunté. Akane permaneció en silencio por unos momentos. Luego sonrió.
–Amo esa mirada ¿sabías? Siempre que me miras asi… me has sentir que te hago falta… no puedo decir que no a eso… –
Explicó Akane.
–Es solo la verdad, Akane. –
Respondí. Akane me dio un beso en los labios, empujándome levemente, caí sobre la cama, y ella sobre mí.
–Puedo ir a hacer la cena si quieres… –
Dijo Akane.
–O puedes cambiar de opinión… y decirles que compren algo de fuera… –
Volvió a besarme.
–¿Quieres que vaya a la cocina? –
Preguntó Akane. Ya todos saben la respuesta.
–No… –
Respondí, Akane fingió inocencia.
–¿Eh? ¿Y qué haré si mi esposo se enoja conmigo? Va a decir que soy una esposa horrible… –
Se quejó ella.
Envié un mensaje a Kurimo.
“Hay un cambio de planes. Tendrán que comprar algo para cenar. ”
Lo hice con Akane hasta muy tarde en la noche. Ni siquiera salimos a cenar. Akane había terminado su… inconveniente, y lo demostró todo lo que pudo. Una vez que terminó, estábamos metidos en la cama, y yo estaba deleitándome con el olor de su cabello.
–Toshikane… –
Llamó ella.
– ¿Eh? –
– ¿Te parece que soy irracional? –
Preguntó ella.
–Pues… –
No quería decirle que sí, porque no quería empezar a pelear con ella ahora. Pero siendo honestos, si lo pensaba. Es decir, ha estado discutiendo conmigo a diario desde hace días.
–Es cierto. No quiero pelear más contigo. No es asi como quiero vivir. –
Me dijo ella.
–Has tenido muchas preocupaciones… –
Respondí. Akane me abrazó.
–No hagas eso. Nunca seré capaz de mejorar si sigues haciendo eso conmigo… –
–No veo como algo podría ser mejor, Akane. –
Repliqué, ella me obligó a mirarla.
–Lo que teníamos hasta hace unos días. Teníamos un matrimonio feliz… y siento que se está deshaciendo… yo lo estoy deshaciendo… –
Se quejó ella, sollozando. Explicó luego.
–He estado teniendo pesadillas. Sueño que no estás. Que te has ido, que nunca nos casamos… sueño que estoy en casa de mis padres. Y no hay nada más horrible para la “Yo” que soy ahora que volver a eso… –
Explicó.
–Bueno. Eso no es verdad. Estamos casados. Tu misma dijiste que si… –
Respondí, acariciando su cara.
–Y luego… esto… no quiero más sexo de reconciliación. –
Se quejó.
–¿Eh? –
Eso me tomó por sorpresa.
–Es que… se siente como si estuviera peleando contigo solo por esto… no quiero eso. No quiero ser una esclava de las discusiones solo para poder decirle a mi esposo que lo necesito. –
Se quejó ella, lloriqueando.
–Y me siento mal inmediatamente, pero no sé qué hacer. “No quiero hablar contigo” normalmente quiere decir “Sé que me excedí pero no sé cómo pedir perdón” –
Abracé a Akane con delicadeza, ella pegó su cuerpo al mío, y dejó de llorar.
–Pierdo los estribos inmediatamente. Digo cosas que no quiero decir. Me enamoré de un hombre que hace lo que le viene en gana. No entiendo por qué ahora me molesta tanto… –
–Tal vez porque cuando estás solo, hacer lo que te viene en gana es solo lo normal. Ahora es solo grosero de mi parte no considerar tus sentimientos. Tenías razón. Tengo que aprender a estar al tanto… –
Respondí. No. No voy a dejar que se disculpe por algo que yo hice. Eso no está bien.
–Pero se suponía que tú me ibas a educar… –
Se quejó.
–No podía vivir esa vida por siempre, Akane. Ni siquiera los lobos más grandes y fuertes viven una vida salvaje toda la vida. Eso no tiene sentido. Tarde o temprano llega el momento de crecer… es solo el proceso natural de las cosas … –
Expliqué. Ella se volvió hacia mí con los ojos llenos de lágrimas.
–¿Eso es lo que realmente quieres? ¿No te arrepentirás un dia y dirás… quiero mi vida de vuelta? –
Preguntó ella. Creo que… Akane ha estado conteniéndose con sus expectativas solo porque yo no me sienta atrapado. No es como que tenga sentido y tampoco es como que su ligereza me quite responsabilidad… pero eso ha comenzado a pasar factura en su estabilidad emocional.
–Si lo que me estas preguntando es si quiero tener un matrimonio contigo. Si quiero. Voy a cometer muchos errores, porque mi “Instinto” todavía me traiciona en ocasiones. Estás cansada de ello, eso es lo que ocurre. –
–No estoy cansada de ti… –
–Yo no dije eso. Pero algo de lo que soñabas cuando joven sobre el matrimonio es realmente necesario. Hace falta un buen empleo, para vivir bien. Hace falta llevarse bien con tu familia, para no tener preocupaciones, hace falta que te preste atención, no solo para las cosas pervertidas. Esas cosas están comenzando a ser necesarias. No podíamos ser salvajes por siempre. Tengo que aprender a tomarte en cuenta, a vivir en pareja. A dejar de actuar como si nada en este mundo fuera importante. También tengo que dejar de pensar tanto en el sexo… –
–Pero a ti te encanta… –
–Sí, pero te lo dije cuando nos casamos. Estoy completamente fuera de control. Y eso ya no puede seguir asi. –
Por algo Akane me pidió, o más bien, me suplicó, que Nowaki debería ser la última.
–¿Qué hacemos entonces? –
Preguntó ella.
–Te lo pediré de nuevo, solo por si piensas que no es lo que realmente quiero. Akane, he estado enamorado de ti desde el dia en que te conocí. ¿Quieres ser mi esposa? –
–Si quiero. Pero no sé qué hacer. Amo tu lado salvaje… –
Lo ama, pero no puede evitar que la agote mentalmente.
–Dejemos lo salvaje para la intimidad ¿Si? –
Akane soltó una risita.
–Toshikane… tú eres… –
Me gusta más cuando lo dice en ese tono. Luego se puso sería un momento.
–Dime la verdad. ¿Quién te gusta más? –
Pidió.
–Akane. –
Respondí. Ella negó con la cabeza.
–Hablo en serio. Toshikane. No me voy a enojar… lo prometo… –
Insistió ella. Yo repetí su nombre. Ella infló sus mejillas.
–No tienes que mentir. –
Insistió.
–Tú no estás entendiendo. En verdad me gustas más que ninguna. Pensé que lo sabías. –
Respondí. Ella hizo una pataleta.
–Me refiero a la intimidad. ¿Quién te hace sentir mejor? –
Se quejó.
–Tú… –
Repliqué.
–¿Por qué? Es decir… Yo sé que soy tu esposa y todo pero… –
En algún momento dejé de hacerle cumplido a Akane. No sé, nos concentramos demasiado en otras cosas.
–Tu cuerpo sabe mejor. Tus pechos son más bonitos. –
Repliqué. Akane me empujó.
–¡Que sucio eres! –
Se quejó, pero inmediatamente después me atrajo hacia y colocó mi cara en sus pechos desnudos.
–Pero te amo. –
Dijo. Yo solo metí mi cara en sus pechos y tome aire. Ella se rio. Acarició mi cabello.
–¿Te gustan? –
Preguntó Akane. Yo asentí.
–Son mágicos… –
Respondí. Akane soltó una risita. Algún tiempo tenía que yo no decía cosas como esa asi nada más.
–¿Mágicos? Y… ¿Qué clase de poderes tienen? Según tú… –
Preguntó ella, acariciando mi cabello.
–Para empezar, me hacen feliz. –
Respondí, aspirando. Akane me dio una bofetada muy leve.
–Pervertido… –
Se quejó, riendo.
–Y… bueno, pueden alimentar a un bebé o dos… –
Eso detuvo su risa en seco. Pude sentir como su ritmo cardiaco se aceleró. Me miró a los ojos, completamente muda. Alzó su cara para mirarme mejor, como insegura de si realmente yo había escogido traer ese tema a la conversación.
Es que…
–Has estado ansiosa desde que preguntaste. –
Puede que… Akane haya estado peleando conmigo para evitar traer este tema. Para evitar una respuesta negativa. Normalmente ella no es tan insegura, pero su táctica de molestarme para no escuchar un rechazo, es la misma que uso cuando la conocí.
Akane permaneció en silencio por un largo rato. Había lágrimas en sus ojos.
–Bueno, yo había pensado que, no te respondí apropiadamente, y… pues esta yéndome bien en el trabajo, asi que… –
Akane me interrumpió.
–¿Tú quieres que tenga un hijo? –
Preguntó Akane.
–Bueno… no justo ahora pero… –
–Pero quieres que sea yo. Quieres que yo te dé un bebé… –
Insistió.
–Sí. –
Fue mi respuesta. Akane trató de recomponerse, en vano.
–Bueno… admito que había soñado con este momento… y… yo… tenía mucho miedo. –
Comenzó a llorar a medida que decía esas cosas, pero luego batió la cara.
–Pero no tenía sentido ¿cierto? Es decir… yo soy tu esposa… tú me amas a mí… –
Se puso a llorar luego de eso. Yo solo me acerque a ella y le di un beso. Akane se tranquilizó un poco luego de eso. Sonrió.
–Entonces es oficial. Mi esposo quiere que yo tenga un hijo… –
No entiendo muy bien cómo es que esto funcionaba para ella, pero seguro que una buena parte de ello es obviamente su cuerpo pidiéndole que dé el siguiente paso. Aun asi, el hecho de que fuera yo quien lo pidiera la hizo feliz.
–Bueno, primero que nada me gustaría saber cómo se hace… –
Comenté. Ella me miró acusadoramente.
–Oh, créeme. Sabes muy bien cómo se hace. –
Se quejó ella.
–Me refiero a, bueno, intentarlo en serio. –
Respondí.
–Ah, es decir, no lo estabas intentando en serio. A mí me pareció que te estabas esforzando. –
Era Akane siendo vanidosa, nada más.
Yo estaba hablando, a que necesitamos ir con un médico. Que le hagan exámenes, que le den una dieta. Necesitamos saber qué días, con qué frecuencia. Etc…
No planeo un accidente, quiero que esto salga bien.
–No es eso a lo que me refiero. –
Respondí. Akane se rio levemente.
–Lo sé. Pero déjame pensar que es asi. Aunque sea solo por hoy. –
Respondió Akane. No comprendí exactamente a qué se estaba refiriendo con esas palabras, ella me abrazó, y después de unos momentos, pude escuchar que dormía. Me quedé dormido sintiéndome el sujeto con más suerte del mundo.
––––––––
Mi suerte se acabó justo a la mañana siguiente. Como no tenía que trabajar, pensé en desayunar con todo el mundo. Lo malo es que, cuando bajé, Sanae estaba arreglada con su falda y su saco formal.
–Es una reunión de trabajo. Espero no tardar demasiado. –
Explicó ella mientras Kurimo y Nowaki ayudaban a poner su desayuno en una caja.
–Esperaré por ti. ¿De acuerdo? –
Le dije, Sanae sonrió y salió apresurada por la puerta. Escuché que se fue en el auto después. Akane me llamó.
–El desayuno está listo. –
Yo voltee a ver. Había panqueques. Kurimo me miró significativamente, pero no dije nada. Tengo la impresión, de que a ella no le gustan los panqueques. Mizore también bajó. Aun en pijama. Akane la miró feo.
–No creo que sea bueno que sigas en pijamas. –
Anunció Akane. Me miró, como esperando mi aprobación. Mizore se excusó.
– ¿Qué más da? Todavía son vacaciones. –
Se quejó Mizore, y me miró también.
¿Esperan que yo resuelva esto? Tienen que estar bromeando. Metí, aposta, un trozo de panqueque en mi boca para no tener que responder ahora mismo. Kurimo se sentó a mi lado. Era la última silla. Asi que cuando Nowaki salió, no había sitio para ella.
Mizore iba a ponerse de pie, pero en ese momento, Nowaki se sentó sobre mí.
–Yo voy aquí. –
Declaró. Akane, Mizore y Kurimo, la miraron de mala manera. Luego las tres voltearon a verme a mí. Yo metí otro trozo de panqueques en mi boca.
–Están muy buenos. –
Fue lo que dije, ignorando su malestar. Kurimo intervino.
–Nowa–chan. No puedes hacer eso. Tienes que dejar que Toshikane coma. –
La trataba como a una niña. Y como una niña fue que se comportó. Más o menos…
–¿Eh? pero no soy pesada… ¿Lo soy? –
Su trasero comenzó a rozar mi entrepierna, y no pude evitar la reacción.
–Además, creo que le agrada… –
Dijo ella, volteando a verme, con una sonrisa en el rostro.
–Toshikane… –
Se quejó Akane. Yo me rendí. No quiero seguir peleando con Akane. No más.
–Tienes que bajar, Nowaki. Estas incomodando a las demás. –
Expliqué. Kurimo asintió. Mizore miraba sin decir nada, pero no estaba contenta.
–¿Ehhhh? Pero… –
Akane puso su mano sobre la mesa.
–Nada de “Pero” –
Dijo ella. Nowaki bajó la cabeza.
–Bien… –
Nowaki se levantó con desanimo, y fue a sentarse lejos, en uno de los sofás de la sala. Pude ver la cara de arrepentimiento de Akane. Nos quedamos en silencio unos momentos. Akane me miró, sin decir nada.
–Necesitamos una mesa más grande. –
Comentó Kurimo. Yo asentí. Akane me miraba nerviosamente. No creo que sea la primera vez que chocan de este modo, pero con Nowaki… bueno, ella en especial es difícil.
–Si vas a ir, ve… –
Le dije a Akane. Ella se puso de pie y fue hasta donde Nowaki.
–¿Quieres más? –
Preguntó, Nowaki volteó a verla.
–¿Puedo ver televisión? –
Nunca nadie aquí come viendo televisión. Pero eso le dejó en claro a Akane que no era la gran cosa. Akane suspiró y la abrazó.
–Sí. –
Yo suspiré aliviado mientras Nowaki hacia una fiesta porque Akane le dio el control del televisor. Luego vino a sentarse conmigo.
–Es un conejo salvaje… –
Comentó Kurimo, mirando a Nowaki. Quien puso dibujos animados en el televisor y comenzó a comer felizmente. Akane se sentó a mi lado visiblemente contrariada. Mizore no estaba contenta.
–Ahora yo quiero pasearme en pijama todo el dia. –
Se quejó, celosa. Akane la miró. Esta clase de cosas no le gustan a Akane, y Mizore estaba aprovechándose de la debilidad de Akane para hacer lo que le viene en gana. Si lo permito, esto se va a convertí en la casa de los locos.
Ni que hacerle. Intervine.
–De eso ni hablar. Quiero que te vistas, vas a acompañarme. –
Le dije a Mizore.
–¿Eh? ¿A dónde? ¿Por qué? –
Preguntó Mizore, supongo que eso la tomó por sorpresa.
–Vamos a ir a hacer compras. Faltan muchas cosas. –
Expliqué. Mizore suspiró.
–Pudiste haberlo dicho desde el principio. –
Se quejó Mizore.
–No. Acabo de decidir. Quiero ir contigo. –
Respondí.
–¿Y porque? –
–Porque eres linda. –
Repuse. Mizore enrojeció completa. Miró a Kurimo, luego a Akane, quienes fingieron no haber escuchado. Y luego se puso a comer en silencio.
––––––––––
Mientras Mizore subía a cambiarse y arreglarse, Akane me hizo una lista de todas las cosas que hacían falta en la alacena, y algunas otras cosas que eran importantes.
–No tenemos servilletas de cocina. No tenemos papel aluminio tampoco… –
Dijo ella, agachándose y abriendo uno de los cajones. Luego se levantó y me miró.
–Gracias por eso. –
Dijo.
–Vas a tener que practicarlo… educar, quiero decir. –
Lagrimas se pusieron en sus ojos, y ella me abrazó, suspirando.
–Y yo que creí que había sido un sueño… te amo. –
Luego de eso me soltó, se limpió la cara apresuradamente.
–¿Estás seguro de que no quieres que vaya yo? –
Preguntó Akane.
–Déjame esto a mí. Quiero hablar con Mizore. He estado bastante lejos de ella por todo lo que ha pasado. Es normal que ella reclame. –
Respondí.
–Pero tuvieron una cita hace apenas… –
–No salió demasiado bien. –
Respondí. Akane suspiró.
–¿Puedes encargarte de Nowaki mientras tanto? –
Pregunté. Akane asintió.
–Déjamelo a mí. –
Sin más, seguimos haciendo la lista hasta que Mizore bajó y entró a la cocina.
–Listo. Me apresuré. ¿Se ve bien? –
Preguntó Mizore. Yo sonreí.
–De maravilla. –
Respondí, y Mizore sonrió, como hacía mucho que no la veía sonreír.
–Entonces vamos. –
Insistió. Guardé la lista en mi teléfono y salí de la cocina. Kurimo no parecía estar abajo.
–Ya nos vamos. –
Comenté. Nowaki (Quien no había terminado de comer, por estar viendo televisión) habló desde la sala.
–Sí, sí, si… no tarden… –
Dijo. Escuché como le dijo a Akane que quería más jalea para sus panqueques mientras cerraba la puerta detrás de mí.
–––––––
Una vez fuera, Mizore me preguntó.
–Y… ¿Por qué ahora?… –
Preguntó, jugando con un mechón de su cabello.
–Bueno, no es como que lo pensara demasiado. –
Respondí. Mizore iba a decir algo, cuando nos encontramos con Kamine y Sushake, que parecían estarla pasando bien, en el sentido normal. Kamine estaba jalando a Sushake del hombro.
Fue entonces que él me vio. Y Kamine vio a Mizore también. Nos encontramos en la valla que divide los dos pequeños jardines.
–Me alegra ver que la están pasando bien. –
Comentó Kamine. Mizore soltó una risita.
–Si bueno… a veces… ya sabes. –
Estaba presumiendo algo allí.
–Creo que, puedo decir lo mismo. ¿No es cierto? –
Pregunté, mirando a Sushake. Él asintió. desde donde estabamos, vi a Akane salir a recoger la ropa de los tendederos en los jardines de atrás. Sushake y Kamine se dieron cuenta tambien
–Me gustaría saber cómo haces para tener contentas a tantas… –
Comentó, diciendo lo que realmente pensaba. A Kamine no le gustó el comentario.
–Te está bien con hacerme feliz a mí. –
Advirtió Kamine.
Kamine siendo celosa, ¿Quién lo hubiera dicho? Sushake mudó el tema.
– ¿A dónde iban? –
Preguntó.
–Tenemos que ir por algunas cosas, despensa y provisiones, más que nada. –
Comenté. Mizore asintió, luego se llevó la mano a la frente.
–No tengo el dinero… –
Dijo de pronto.
–¿Y cómo es que vamos a comprar las cosas? Akane tiene el dinero. Solo ve con ella y pídelo. Yo esperaré aquí. –
Le dije. Mizore entró a la casa de nuevo. Kamine miró a Sushake.
–¿Por qué no… vas a preparar todo? Tenemos comida chatarra, prepara la consola… –
Creo que estos dos iban a pasar la tarde siendo completos inútiles.
–Pero… –
Iba a protestar, pero Kamine lo acalló.
–Anda, anda. No pierdas el tiempo… no tenemos todo el dia. –
Se quejó.
–Si tenemos… –
Dijo, pero Kamine fue implacable.
–Pues es eso… ve ahora. –
Insistió. Esta vez, fue Kamine quien envió a Sushake fuera. Este encogió de hombros y se despidió de mí, luego se fue. Kamine volteó a verme. Sonrió.
Nos quedamos en silencio por unos momentos. Hasta que saqué el tema que realmente necesitábamos hablar, ella y yo.
–Entonces… ¿Lo matamos? –
Le pregunté. Kamine asintió con la cabeza.
–Sí. –
Respondió. Era oficial entonces. Bastante a tiempo, diría yo. Ya le he dicho a Akane que quiero tener hijos con ella.
Quiero crecer.
Asi fue como murió el fantasma de primavera. Ya estaba muerto, nosotros solo escribimos en su lapida.
Kamine se llevó ambas manos detrás de la cabeza, confiada.
–Fue divertido… –
Comentó. No parecía arrepentida, ni de lo que pasó, ni de terminarlo.
–Hay que afrontar la verdad. Ni tú ni yo tenemos tiempo ahora. –
Respondí. Kamine asintió.
–Ambos tenemos lo que queríamos. –
Comentó ella.
¿Qué fue lo que obtuvo Kamine? Me preguntaba en ese momento.
–Tampoco te he visto… emmm… –
Hacer sus cosas. Quiero decir, lo que ella solía hacer. Ahora, por alguna razón, sonaba muy mal. Ella lo entendió al vuelo.
–Ya no. –
Dijo ella simplemente.
–Entiendo… –
Era más que lógico. Lo que no me esperé fue lo que dijo después.
–Estamos hablando de matrimonio… –
Anunció ella.
– ¿Es en serio? –
Pregunté, Kamine me mostró su mano. Había un anillo en ella.
–Es lindo… –
Le dije. Ella asintió.
–Sushake dice que es para apartar el lugar. Me dará el real una vez que tenga un empleo. De todos modos lo llevo todos los días. –
Explicó. Yo me reí.
–No te burles. –
Se quejó Kamine.
–No me burlo. Es solo que… lo esperaba. De alguna forma. –
Kamine asintió.
–No sé, la idea de las aventuras no es igual. Se trata de que sea él… ya sé que sueno como tu princesita tonta, pero tal vez ella tiene razón… y yo simplemente… –
Le costaba admitirlo, eso sin duda.0
–Simplemente te lo tomas en serio ahora. –
Respondí, tratando de facilitarlo un poco. Tiene que ser duro darse cuenta de algo asi.
–Exacto… –
–Igual yo. –
Repuse. Luego la miré. Ella sabía cosas.
–Tienes la máscara… –
Comenté. Kamine asintió.
–Mizore me la consiguió… –
Me dijo, en voz baja, solo por si alguien estaba escuchando. Akane encontró esa mascara, y lo mejor para todos, es que no recordara que alguna vez la vio. Recordaría decirle eso a Mizore.
Nadie debe volver a hablar de eso.
–Deshazte de ella. –
Le pedí. Kamine asintió. Como si fuera algo que no tuviera que pedirle.
–No la volverás a ver. –
Aseguró.
–Bien… asumo que… Mizore sabe lo que pasaba… –
Si ella consiguió la máscara, sabe para qué era.
–Todo… y más… ¿sabes? Cuando recién planeábamos todo esto, Mizore llegó un dia y me pidió que los presentara… dijo que tenías que ser tú…–
Explicó ella. Arquee una ceja. Estaba al tanto de eso. Pero hasta que no lo pensé con detenimiento, me di cuenta de que había algo allí.
–Lo que quiero decir, es que no fue de la nada… se supone que tengo que callarme, pero tú pregúntale. La amarás aún más si te enteras… –
Lo sabía. No tenía sentido en realidad. Es decir ¿De un dia para otro ella quiere que seas tú? ¿De la nada? No es sólo porque te vio pasar. Algo hay allí.
–Es decir, tú la sabes. ¿Qué es lo que tengo que preguntar? –
–Ella parecía emocionada cuando se enteró de que éramos vecinos… tu haz las cuentas… –
En ese momento, Mizore se acercó corriendo.
–Listo, lo tengo ahora… eres un tonto… –
Se quejó Mizore.
–Perdón, estaba demasiado ocupado con la lista, olvidé lo mas importante. –
Expliqué. Mizore resopló.
–Si claro… estabas ocupado. Que es diferente. –
Voltee a ver a Kamine.
–Tenemos que irnos. –
Anuncié.
–También yo… nos vemos luego. Hasta pronto, Mizore… –
–Hasta pronto… –
Mizore se despidió de Kamine agitando la mano, e inmediatamente se volvió hacia mi. Luego de aquello, Mizore parecía querer volver a la conversación de antes, pero ahora había algo que me intrigaba.
–Y bueno… ¿Esto es una cita? –
Preguntó Mizore.
–Más bien, creo que es un novio, buscando un momento para poder invitarte a una cita. Mizore. –
Le respondí, Mizore enrojeció. Hacia un poco de tiempo que no prestaba demasiada atención, pero era linda. Siempre lo ha sido.
–Si bien… es difícil decir algo si lo dices asi… –
Mizore estaba halagada. Tal vez lo que me dijo Kamine me hizo mirarla de manera diferente, pero en realidad agradecía que estuviera pasando el rato conmigo. De todos modos, tenía que preguntar, pero ¿Cómo?
–No te preocupes, tienes todo el camino para aceptar… –
Respondí.
– ¿Es todo el tiempo que me das? Una vuelta al supermercado para decidir… –
Se quejó Mizore.
–Bueno, si aún no has decidido para cuando volvamos, tendré que persuadirte de algun otro modo… –
Respondí, mirando directamente a sus pechos. Mizore me miró, comprendió lo que estaba diciéndole, y se cubrió el pecho con los brazos.
– ¿Estas amenazándome? Es decir… ¿Estás dispuesto a obligarme? –
Preguntó ella.
–Si… –
Respondí, y la tomé de la mano, sonriendo para mí mismo. Mizore tuvo un ligero escalofrío.
– ¡Tú eres…! Ah, no voy a fingir que no quiero… –
Suspiré. Luego me puse serio.
–Antes de eso… hay algo que quiero saber… –
Le dije, apretando su mano levemente mientras caminábamos.
– ¿Algo? ¿Sobre qué? –
Preguntó Mizore.
–Sobre ti… sobre mi… sobre nosotros…