Lolipoi-Kinako Pan

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Haru No Yurei V4 C32

Avatar de Mitaka Kotsuka
Mitaka Kotsuka
17 enero 2026
Haru No Yurei V4 C32

Capítulo 32: Sin Pretensiones

Fui entonces a la habitación de Mizumi.

Mizumi estaba atada de las manos a la cabecera de su cama, su blusa estaba tirada en el suelo junto con un montón de fotografías, de Akane, al parecer. Creo que eso era lo que no quería que Akane encontrara. Tenía marcas en su estómago, en sus pechos, y en los brazos, pero no tocó su rostro.

–Perdóneme… Fumishi–sama… por favor… –

Al parecer había estado llorando, pero Akane recorrió su cuerpo con una especie de vara que tenía en las manos, luego la beso en los labios.

–Shhh… Mi esposito está aquí, cerdita… tú no quieres que él crea que soy mala. ¿Cierto? –

Mizumi me miró aterrada.

–No… no, Fumishi–sama… –

–Entonces vas a cerrar el hocico, y me vas a dejar ir a ver que quiere… –

Dijo Akane, y se dio la vuelta. Yo miré el suelo…

–¿Qué es…? –

“Todo esto” iba a decir, pero Akane me dio un beso en los labios. Luego sonrió, y me guiño el ojo. Se volvió a Mizumi.

–Aparte de todo es una acosadora… que asco. –

Dijo.

–Bueno, espero que estés castigando a tu juguete muy bien. Yo volveré con Reika un rato. –

Expliqué. Akane infló las mejillas.

–Pensé que ya pensabas cumplir tu promesa. –

Respondió ella, girándose y cruzando los brazos. Yo lo pensé por un momento. Diablos, tienen que saberlo, pero no soy yo quien debe decirlo, ni me lo van a creer solo asi.

–Voy a jugar un rato con Reika en su cuarto. Castígala un rato más, y luego pueden ir, ambas. Hay algo que deben saber. –

Akane sonrió.

–Me gusta la intriga… –

Dijo, y se volvió a Mizumi.

–¿Escuchaste cerdita? Vamos a jugar un rato más… –

Yo me di la vuelta mientras Akane tomaba una de las fotografías e iba a donde Mizumi. La tomó de uno de sus pechos y se la mostró.

–A ver… explícame esta… –

Dijo.

–Es Fumishi–sama… comiendo… –

Respondió Mizumi, con una voz que delataba que esto era la causa de los golpes.

–¿Y porque la tomaste? –

Preguntó, presionando su pecho.

–Porque… es linda… cuando come… –

Respondió Mizumi, evidentemente tratando de no gritar.

–¿Cuántas veces? –

Preguntó Akane, y me miró fugazmente.

–Dos… –

–Dos ¿Qué? –

Insistió Akane.

–Dos veces… me he masturbado dos veces con esa… Auh… –

Dos golpes le dieron. Ah… por eso eran los golpes. Yo salí de la habitación en ese momento.

Si a alguien le interesa, Akane después me explicó, que el precio por no romper todas las fotos era ese. Mizumi admitiría cuantas veces se había tocado con ellas, y ella le dejaría conservar esa particular foto. Supongo que mintió en algunas, las más posibles, pero había más de cien fotografías.  Recuerdo que ella dijo que había algunas de ella en el baño o en los vestidores. Esas fueron las más costosas.

Akane le prohibió levantar las fotos hasta que terminaran.

En fin, yo entré a la alcoba de Reika. Estaba sobre su cama, y obviamente, ella tenía puestas unas orejas de gato color rosa y un collar con un cascabel. El collar también tenía una cadena a modo de correa para halarla.  Calcetas largas del mismo color que las orejas y la cola eran la única ropa que tenía ahora. Y lo más interesante y lo único que no tenía puesto, era la cola de gato. Porque había que ponerla en su trasero y al parecer, no se animaba a hacerlo.

–¿Necesitas ayuda con ese? –

Pregunté, ella me miró y enrojeció, se dio la vuelta.

–Es difícil… nunca lo use con alguien… –

Explicó.

–Es decir… la usaste sola… –

Repliqué. Ella se rio levemente.

–Bueno… no sé si sea “usarla” apropiadamente. No me la puse… solo… me toqué con ella… –

Explicó, seguía teniendo problemas para “ponérsela” asi que la quité de su mano. Ya tenía lubricante.

–Eso te hace una gatita mala ¿No es verdad? –

Pregunté.

–No seas brusco conmigo… no con eso… –

Respondió ella. Yo asentí, la acaricié de la cabeza con una mano colocando la punta en la entrada de su trasero y jugueteando un poco.

–No te preocupes, no va a dolerte. Ya tiene lubricante y seré cuidadoso. ¿Estas lista? –

Pregunté, ella me miró sonriendo, luego asintió con la cabeza. El penco no era precisamente grande, parecía pensado para una persona principiante. Asi que, fuera de un pequeño salto, no pareció haber más problema. Yo decidí que estaba bien molestarla un poco.

–Arriba no te quejaste de que fuera grande. –

Le dije. Eso la hizo reír.

–Si me quejé… –

Replicó ella.

–Bueno, aun asi, no fuiste tan melindrosa. –

Respondí. Ella pasó su mano por mi cabello, ya con la cola de gato puesta, y se acomodó en la cama.

–Tenías razón allá arriba… tú me haces sentir asi… consentida. –

Es increíble la huella que alguien puede dejar en otra persona. Lo digo porque fue evidente, que estas cosas estaban aquí para complacer a alguien, alguien que nunca llegó. Bueno, al menos hasta ahora. Tal vez mi padre fue consciente de esto, o tal vez no, pero, uno las hace decir y hacer esas cosas y no lo piensas detenidamente.

Ese es el modo en que van a ser. Si quieres que sea abierta y que diga las cosas y que haga cosas muy pervertidas, eso es lo que siempre va a pasar. Si tú te alejas, ella va a pasarla mal si alguien que tiene una idea diferente de cómo tiene que ser. No hablemos de las mías, Kamine tendrá problemas para re–descubrir todo esto si termina con Sushake. Ella se acostumbró al modo de él, cualquiera que este sea, tanto, que cuando fue diferente, ella se enojó con él, porque no es como siempre es, porque asi no es como la tienes acostumbrada.

Es el mismo problema que tiene el padre de Mizore, por ejemplo. No es que quiera sonar como un gurú en esto ni nada por el estilo. Tengo más preguntas que respuestas todavía, pero creo que hasta entonces no lo pensé adecuadamente. “Hacerse responsable” es inmensamente más de lo que suena. Tengo que haberme quedado pensando mucho tiempo porque ella interrumpió mis pensamientos.

–Dime que piensas… estas cosas… no son ridículas ¿cierto? Es decir… –

Estaba mucho más vulnerable ahora. No es que me desagradara, en absoluto.

–Pienso que Reika es una gatita muy linda… –

Respondí. Ella sonrió aliviada, e inmediatamente después comenzó el jugueteo.

–Eres el único que dice eso de Reika. –

Dijo. Cambió la forma en que se refería a sí misma de nuevo. Tenía su encanto, especialmente porque era linda, pero también había algo de bello en una mujer aparentemente tan frágil y bonita, hablando de ese modo de sí misma.

De hecho, ahora que lo pensaba con detenimiento, Reika–san no parecía del todo una mujer adulta. No digo que se viera como una chica de instituto, pero nadie hubiera podido decir que tiene una hija de mi edad. Le calcularías veinticinco años.

Ella tomó mi hombro. Lo sabía. Esto subió al siguiente nivel cuando le dije todas esas cosas allá arriba.

–Si quieres… puedes quedarte con Reika… Reika puede ser tu gatita… –

Al demonio. Lo quiero todo. Siempre me meto en problemas, siempre se pone difícil. ¿Qué más da? Siempre se pone difícil y de todos modos lo hago y de todos modos aquí sigo.

–Si la gatita no puede ser honesta, entonces no la quiero. –

El rechazo sonó un poco mal, pero yo sabía que ella captaría lo que le estaba pidiendo y sonrió. Me tumbó en la cama jalándome y se puso sobre mí. Su respiración se aceleró y esta vez no fue por la excitación. Estaba muy nerviosa.

–Como tú digas… bien… Quiero ser tu gatita… es en serio… –

Lagrimas inundaron sus ojos. Luego cambió su forma de referirse a sí misma de nuevo, por lo serio de la declaración.

–Yo nunca pensé que… me sentiría asi otra vez. Te insulté y me burlé, y ahora soy yo la que quiere más de ti. Si quieres mantenerlo en secreto yo… –

Le puse un dedo en los labios.

–Quiero esto. De verdad. Y no quiero que sea un secreto. La razón por la que haces esas cosas como lo del pasillo, es porque no quieres que sea un secreto. La mujer del elevador, espero que se haya percatado de lo que pasa. –

La razón por la que mi padre la avergonzaba en el colegio tiene que haber sido la misma.  En el fondo, quieres que pase. Que todos lo sepan, que hablen de ello. Y Reika–san sabe eso.

Ella se limpió las lágrimas con el brazo.

–El edificio tiene cámaras… todos lo van a saber… –

Se quejó.

–Genial, al menos asi sabrán a quien estoy buscando cuando entre al edificio de nuevo. –

Ahora que su principal preocupación estaba fuera, ella sonrió y comenzó a recorrer mi pecho con sus dedos.

–Pero… Todos van a saber que Reika es una gatita mala… ¿Que les voy a decir? –

Yo me incorporé, y le di un beso en los labios, que me ayudó a distraerla mientras acariciaba sus pechos. Ella tuvo un breve respingo, pero no dijo nada.

–¿Qué les vas a decir? Solo tienes que decirles la verdad. Que su dueño la castigó por ser mala. ¿No es cierto? –

Ella asintió sin dejar de besarme.

–¿Y cómo castigaron a Reika? –

Preguntó ella, irguiéndose y pasando una mano por su cuerpo. Yo me acerqué a ella, y tomé la cola de gato.

–Pues… le jalaron la cola… casi se la arrancan… –

Le respondí, halando. Por supuesto que no halé demasiado. En primer lugar porque la podía lastimar, en segundo lugar porque no quería quitársela.

–No… no por favor… lo que sea… lo que sea menos eso… –

Ella se quejó de todos modos, yo me acerqué a ella y la tomé por la parte de atrás del cuello, justo como los veterinarios sostienen a los gatos cuando los examinan. La acosté sobre la cama mirándome y ella levantó levemente las caderas. Supongo que la cola de gato haría difícil esta posición.

Acaricié su ombligo con un dedo, y luego comencé a mover mi mano por encima de su estómago, recorriéndolo lentamente hasta su vagina. Ella saltó cuando pasé mis dedos por en medio, estaba húmeda de nuevo. Pude mirar cómo se aceleró su respiración. Aun asi, no dijo nada, solo me miraba.

Escuchamos gritos y golpes al otro lado de la pared. Cielos. Espero que Akane no se esté excediendo. Reika–san me miró sobresaltada.

–¿Qué más podemos hacerle a esta gatita mala? –

Pregunté finalmente, ella separó sus rodillas, sosteniéndose con los pies en el borde de la cama, supongo que le resultaba un poco incómodo estar asi. Ahora que, esa incomodidad podía ayudarme.

–Todo…  porque… Reika es tu gatita… –

Respondió ella, yo comencé a acariciar su vagina asi como estaba. Sus rodillas temblaban, pero no podía dejar su trasero caer sobre la cama por lo de la cola de gato.

–¿Sabes? si mal no recuerdo, a las gatitas pervertidas se les castiga no haciéndoles nada… –

Respondí. Un poco irónico porque estaba acariciándola, pero no es como que un gran estímulo, y la posición y su falta de fuerzas la tenían inmovilizada. Tampoco es que usara ninguna presión. Estaba solo allí, moviendo mi dedo sobre su vagina que muy visiblemente reclamaba algo más que solo el toqueteo de la yema de mi dedo.

–No… eso no… hazle cosas a Reika… como antes… –

Se quejó, moviendo sus caderas de un lado a otro, como para aumentar un poco el tacaño estimulo que estaba recibiendo.

–No lo sé… Reika fue una gatita mala… ¿No es cierto? –

Respondí, retirando el dedo. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

–Si pero… estas tocándola… y Reika no resiste… dijiste que te gusta… –

Se quejó ella. Toqué su clítoris muy suavemente. Ella soltó un maullido.

–Nyaaaa! –

–Claro que me gusta. Reika es una gatita muy linda, pero eso no significa que tengo que hacerle cosas. –

Respondí. Ella alzó la cabeza porque había dejado de tocarla, solo mirando su vagina lubricar lentamente.

–Si… eso es lo que significa. Por favor… castiga a Reika de otro modo… “No hacer nada” es muy feo… ponle a Reika otro tipo de castigo. –

Se escucharon más golpes. Eso le dio una idea.

–Si quieres… puedes pegarle a tu gatita, como allá arriba… a tu gatita no le molesta… es tu derecho… –

Respondió ella. Haciendo un énfasis breve pero especial en eso de ser MI gatita. Incluso intentó acercar sus caderas para que mi dedo la tocara. Me alejé y me di la vuelta.

–Y entonces hago cosas a la gatita mala ¿No es cierto? –

Pregunté. Ella comenzó a desesperarse. Se puso de pie.

–Por favor… no hagas esto a Reika. Lo que sea está bien. Si quieres arrancar la cola de Reika hazlo. Lo que sea… excepto “nada” por favor. Reika te necesita… –

Me di la vuelta. Ella volteó a ver mi pene por unos segundos, luego me miró.

–Muy bien. Ya lo decidí. Primero voy a castigar a Reika como ella quiere. Pero tiene que prometer ser obediente y hacer todo lo que le digan. ¿Entendido? –

–Si. –

Respondió ella e inmediatamente se acercó a mí.

–También le daré nalgadas, pero eso es solo porque me gusta el trasero de mi gatita. Es solo normal ¿No es cierto? –

Acaricié su barbilla y debajo de ella, porque… se supone que es un gato. Ella cerró los ojos.

–Si… es normal… –

Dijo ella.

–Luego vas a llamar a tu hija aquí… –

Ella me miró, pude ver como algo se rompió dentro de ella. Incluso sus músculos se tensaron. ¿Qué no recordaba que no se puede? Me pregunté.

–Pero… ¿Por qué? –

Preguntó, casi llorando. Me lleve la mano a la frente, pensando en que es mejor si lo reparo antes de que se ponga feo. Hablé en voz baja, poniendo un dedo en sus labios.

–Shhh, aun no termino.  Le dirás la verdad. Es importante. –

–Hablas de… –

Se escucharon gritos. Esta vez se escuchó claramente a Akane diciéndole a Mizumi cerda sucia o algo asi.

–Hablo de eso. Tienes que hacerlo, y ahora mismo es muy importante que lo sepa. –

Expliqué. No quise decirle por qué. No tenía que complicarme las cosas yo solo, al  menos no ahora mismo, quiero decir.

–Pero… no es que te guste. ¿Verdad? –

Yo suspiré. Mejor le doy la vuelta a esto antes de que ella empiece a pensar mal. Mizumi es la novia de Akane, en teoría, la seguiré viendo. Y ella probablemente tenga un trauma con eso, es que su hija es linda. Lo digo en serio.

Puse mis manos sobre sus hombros. Ella tembló.

–Bueno. Es linda. Es la hija de mi gatita, después de todo. Algo tenía que sacar de lindura de su madre. No puede evitarse. En todo caso, Reika es mi gatita, y es la que a mí me importa. Mizumi es la cerdita de Akane. No más que eso. –

Dije, volteando a ver la pared. Eso hizo que su semblante cambiara por completo.

Omití la parte de lo que éramos en realidad Mizumi y yo, tal vez porque ella no parecía tener muy en cuenta que Mizumi era su hija justo ahora.

Si mal no recuerdo, Mizumi pasa la mayor parte del tiempo en casa de su “padre” y casi no ve a su madre. Eso y lo que ha estado pasando seguro que han hecho que Reika piense en su hija como una especie de rival.

–Tú me haces feliz… –

Dijo ella, mostrándome la mejor de sus sonrisas.

–Bien, no queremos que esta gatita mala sea demasiado feliz ahora, hay que castigarla. –

Respondí, ella se rio levemente, luego la tomé del hombro y la regresé a su cama, pero no subió, en lugar de eso, puso sus manos sobre la cama y levantó el trasero. Recordaba un poco a la actitud de Mizore.

–Castiga a tu gatita… hazle lo que quieras… –

Dijo, moviendo sus caderas de un lado a otro, luciendo la cola de gato mientras volteaba.

–¿Estas lista? –

Pregunté, dándole una nalgada, ella dio un saltito.

–Si… estoy lista… –

Sin más preámbulos, comencé a entrar en Reika. Estaba, como era de esperarse, mojada, pero eso no evitó que hubiera resistencia. Parecía que realmente sus paredes abrían a la fuerza. Pude ver como sus manos se aferraron a las sabanas mientras ella trataba de respirar.

En cierto modo, la cola de gato (O más bien, lo que la sostenía) hizo que se sintiera un poco diferente, más angosta también. Reika trató de jalar aire, poniendo su cara sobre la sabana también. Hasta aquí alcancé a notar que toda su cara estaba enrojecida.

–¿Qué sucede? ¿Estás bien? –

Pregunté. Reika no volteó.

–De… maravilla… –

Respondió. Empujé con fuerza y ella se retorció.

–Esto… no puede… estar pasando… –

Parece ser que ella notaba que la cola de gato la hizo más estrecha por dentro. Por unos momentos pensé en sacarla, pero ella comenzó derramar néctar de amor, bastante. No hizo ningún movimiento, solo estaba sosteniéndose con todas las fuerzas que le quedaron.

–No iras a decir que no soportas el castigo… –

Insistí, acariciando su trasero levemente.

–No… no es eso… es que… no puedo más… estoy llena… ya no cabe… –

Se quejó. Sus rodillas temblaban. Me sostuve de sus caderas y empujé de nuevo.

–¿Qué es lo que está llena? –

Pregunté. Ella gritó.

–La… vagina… de tu… gatita… –

Comencé a moverme lentamente, ella poco a poco se fue adaptando, jale la cola de gato.

–Estas… jalando… –

Dijo después de un momento.

–Sí, esto es un castigo. ¿Recuerdas? –

Respondí, tratando de no perder el ritmo.

–Si… es castigo… jalas la cola de Reika… mientras… la penetras… –

Respondió, los empujes se hicieron más firmes.

–Estoy en el cielo… estoy en el cielo…  –

Se quejó, con toda la claridad que la situación se lo permitió.

–Oye, no te ves muy arrepentida. –

Repliqué.

–Perdón… no puedo evitarlo… tu gatita… se arrepiente… –

Ella respondió.

–¿Por qué te arrepientes? –

Insistí, dándole una nalgada.

–Por lo que… tú quieras… –

Respondió. Esta mujer era algo en serio.

–Tal vez el castigo no está funcionando entonces ¿No crees? –

Pregunté. Ella negó con la cabeza.

–Si funciona… si funciona… –

Respondió ella. En ese momento salí de ella sin decir nada y la arrojé sobre la cama, retirándome por un momento. Reika levantó la vista, confundida.

–¿Ya no? –

Preguntó ella, un tanto confundida.

–Ahora que lo recuerdo, mi gatita tiene un novio. ¿No es cierto? –

Pregunté. Ella me miró por unos momentos.

–Si pero… –

Comenzó a decir ella. Iba a bajar de la cama, pero le hice una seña para que se quedara allí. Me quité la playera y el pantalón. Reika se quedó en silencio.

–Y Reika ha hecho estas cosas antes con él… ¿No es cierto? –

Pregunté, mirándola. Ella bajó la cara.

–Perdón. –

Pidió ella. Yo suspiré. Es que era bastante obvio. Lo que quería, es que lo superara de una buena vez. Es decir, ya estamos resolviendo todo, vamos a dejarlo en claro de una buena vez.

–Entonces es asi. –

Comenté. Me quité la ropa interior también. Casi nunca tengo el tiempo de desnudarme por completo. Es raro que lo diga, pero es la verdad.

–Si pero… nunca fue asi… él no… solo fueron unas cuantas y… –

Tomé mi teléfono y volví a donde ella estaba, puse mi teléfono frente a ella, parado a un lado de la cama. Mi pene seguía erecto y ella lo miró, luego al teléfono. En cierto modo lo hice aposta.

–Sé que sabes el número… –

Le dije. Ella me miró por unos momentos.

–Quieres que… –

–Que se lo digas. Ahora mismo. –

Respondí, pasando una mano por su espalda. Reika cerró los ojos por unos momentos.

–Si lo hago… ¿Perdonarás a Reika? –

Preguntó. Negué con la cabeza.

–No tengo nada que perdonar, pero quiero que mi gatita sea mía. No quiero que le des tu cuerpo a otro. Es sólo lo justo. ¿No es cierto? –

Pregunté, pasando mi mano por su espalda, tocando su trasero, sosteniéndolo con delicadeza, Reika lo levantó un poco, asegurándose de sentir mi mano acariciándola.

–Bien… –

Respondió ella, quitándose uno de los guantes. Pasé mi mano por todo su trasero, acabando detrás de sus muslos.

–Espera… –

Se quejó ella, estaba temblando y no podía sostener el teléfono, ni marcar. No me detuve, acaricié sus piernas todo lo que pude, acercando los dedos un poco, y luego volviéndolos a bajar.

–¿Ahora quieres que espere? –

Pregunté. Reika volteó, lo primero que tuvo a la vista fue mi pene. Tragó saliva.

–Es… tu mano… está… volviéndome loca… –

Replicó ella.

–Ah, vaya, es eso… es que quiero que te vuelvas loca… –

Respondí. Contestaron el teléfono al otro lado de la línea. Dijeron algo.

– Setsuma… escucha… soy… Reika… –

Explicó al teléfono. Yo acerqué mi nariz a su espalda sin dejar de acariciarla, pude sentir como se estremeció. No pude entender lo que el sujeto decía, pero entendí que quería colgar.

–No, espera… esto es… importante… –

Se quejó Reika, en medio de suspiros. Subí mis dedos comenzando a tocar su vagina. Sus rodillas se separaron, una de ellas por poco cae de la cama.

-¿Eh?… No… no puede esperar… –

Se quejó Reika al teléfono, con problemas para respirar o concentrarse. Sentí que era una buena idea estimularla un poco más, y sin avisar subí mi mano y metí dos dedos profundamente dentro de su vagina. Reika ahogó un grito y volteó a verme, cubriéndose la boca con una mano. Como estaba al lado de ella, puse la otra mano sobre su cabeza y la forcé a volver la vista al teléfono, para terminar con ese asunto. Todo esto mientras comenzaba a usar mis dedos dentro de ella del mismo modo que lo haría son Sanae, su vagina se inundó inmediatamente.

Al teléfono, Setsuma quería decir algo.

–¡Escucha! –

Gritó ella. Se hizo el silencio por un momento, yo continué con lo que estaba haciendo.

–No quiero… volver a verte… –

Anunció ella mientras yo volvía a comenzar a tomar ritmo.

-Ya no… ya no… digas nada. Solo… voy a colgar… voy a colgar… adiós Setsuma-san… –

Y colgó. No creo que al sujeto le importara demasiado, pero quería que ella misma se deshiciera de ello. Reika me miró con lágrimas en los ojos, yo acaricié su cara por unos momentos, hasta que Reika sonrió. Iba a decir algo, pero la interrumpí.

-Maúlla gatita linda… –

Le dije, ella comenzó a maullar mientras yo comenzaba a acomodarme detrás de ella. en cuanto ella sintió la punta de mi pene, comenzó a respirar con dificultad. Hay que decir que ya teníamos un buen tiempo haciéndolo básicamente sin parar.

-¿Qué tal? Se siente bien poder complacer a tu dueño. ¿No es cierto? –

Pregunté, jugando con mi pene cerca de su entrada.

-Se siente… bien… –

Respondió Reika, con la respiración entrecortada.

-Muy bien gatita, sigue maullando. –

Respondí, entrando en ella de nuevo. Comencé a empujar con firmeza, no estaba haciéndolo muy rápido, pero si estaba asegurándome de que pudiera sentirlo decididamente, la tomé por la cola, acaricié su trasero, le di algunas nalgadas y continué. Todo esto mientras no dejaba de hacerle cumplidos y decirle lo mucho que me gustaba. Después de varios minutos, ella estaba llorando.

-¿Estas bien gatita? –

Pregunté, ella dio rienda suelta a su llanto, ni siquiera pude contar cuantas veces se había venido ya, pero fueron varias.

-Si… si… esto era lo que yo quería… esto era lo que yo quería… –

Respondió ella en medio del llanto.

-Te voy a dar mucho de esto… nos vamos a divertir mucho… –

Respondí, apretando su trasero.

-Gracias… gracias… –

Respondió ella, estaba un poco frenética, iba a venirse cuando tocaron la puerta.

-Oh, tenemos visitas. Diles que entren. –

Le dije a Reika, ella me miró, como tratando de negarse, pero como me había detenido, no tuvo el modo de negarse.

-Te daré más si las dejas entrar. –

Insistí, yo ya sabía que se trataba de Akane y Mizumi, seguramente ya habían acabado de jugar.

-¿Mizumi?…¿Que… que pasa? Estoy… ocupada. –

Se quejó ella. Yo suspiré.

–Ellas están aquí porque tienen que escuchar lo que tienes que decir. Ya sabes, sobre el secreto. Es importante. ¿No crees? –

Le dije. Reika estaba a punto de venirse.

–Si pero… ahora… ahora no… –

La sostuve del collar con fuerza.

–No no, debes decirlo ahora. –

Insistí. En verdad necesitaba que lo supieran ahora.

–Pero…

Se quejó ella.

–Nada de pero… tienes que decirlo… –

Le dije, sin dejar de empujar.

–¡No puedo! –

Se quejó Reika–san. Le di una nalgada con fuerza. El sonido de su trasero con el golpe hizo tragar a Mizumi, y a Akane sonreír.

–Okaa-san… se… ¿se siente bien? –

Preguntó Mizumi, sin poder parar de mirar. Reika–san hizo un esfuerzo por responder.

–Mizumi… Okaa–san esta… ocupada ahora… ve… ve a jugar… afuera… ¿Si? –

Akane cruzó los brazos.

–De eso ni hablar. Toshikane, teníamos un trato. –

Se quejó Akane, colocando una mano en la cintura.

–Si no lo dices ahora, me detendré aquí mismo. –

Su vagina se contrajo, ella volteó a verme, con lágrimas en los ojos.

–Pero… no ahora… no ahora… –

Se quejó ella. Le di una nalgada de nuevo, con fuerza. Ella gritó.

–No se van a ir. Y tú no vas a quitarte esto… –

Y tomé la cola de gato, jalándola muy levemente.

–Hasta que yo haya terminado. –

Salí de ella y me quedé fuera por un momento, ella quiso levantarse y la empuje de vuelta, colocando su cara contra la cama.

–Nyaaa… –

Ella tembló con el maullido y expuso su trasero todo lo que podía, pero no entré. Su vagina estaba palpitando y enrojecida por todo lo que ya había soportado. En cierto modo, me parecía un increíble que después de todo ella quisiera seguir. No es algo que esperas de una mujer que ya no está acostumbrada a esta intensidad. Ahora que bien puede que esta mujer realmente, realmente lo necesitaba.

–Bien… bien… lo diré. Mizumi… yo… tu verdadero padre… no es Daisuke… –

Akane arqueó una ceja, Mizumi ladeo la cabeza. No entendieron porque eso era relevante. Me acerqué a su rostro desde donde estaba. Hora de hablarle dulcemente. Acaricié su rostro, quitándole el cabello de la cara y le hablé al oído.

–Díselo completo, gatita. Tú puedes… ella entenderá. –

Le dije. Su hija salía con mi esposa. No estaba en posición de reclamar nada. Por otro lado, esta mujer había tenido dieciséis años para decírselo. Es ahora o nunca. Yo comencé a acariciar su vagina con mis dedos, pasando las yemas de mis dedos sobre su clítoris, pude sentir como eso la hacía tensar su cuerpo cada vez.

–El nombre… de tu verdadero padre… es Otagane Tokiburo. –

Anunció ella. Yo sonreí y halé de la cola de gato levemente, ella alzó el trasero y volví a entrar en ella.

–Eso es… que buena gatita eres… ¿Lo ves? –

Pregunté, ella movía su trasero de un lado a otro. Volteó a verme con una sonrisa delirante de placer. Acaricié su cara mientras saboreaba su interior, sus paredes se contrajeron.

–Si… si… –

Era lo único que podía decir.

-Ahora le vamos a dar a la gatita lo que tanto necesita. ¿No es cierto? –

Pregunté.

-Gracias… –

Voltee a verlas. Ese es el asunto. Akane fue la primera en hablar.

–Un momento Toshikane… –

Indagó, yo miré a Akane, y sin dejar de empujar dentro de Reika, quien maullaba.

–Si… es mi padre. –

Le dije. Akane batió la cabeza levemente. Mizumi se llevó la mano al pecho. Es que… bueno, ya estuvimos juntos antes. Tiene que ser difícil de procesar.

–¿Estás…Estás segura? –

Preguntó Mizumi a su madre, quien alzó la cara para responder.

–Si… estoy segura… Nyaaa… muy segura… Daisuke no podía… hacerlo dentro… Sempai me lo prohibió… –

Se quejó ella y puso su rostro en la cama de nuevo. Eso no me lo dijo a mí antes, pero ya sabía yo que lo posesivo también venía del mismo sitio.

–¿Quién es Sempai? –

Se quejó Mizumi.

–Al parecer mi padre… y el amante de tu madre… –

Respondí, aumentando la fuerza. Su trasero sonaba a la par de sus gemidos, o maullidos. Sin embargo, ella alzó la mirada para corregir.

–¡Mi dueño! ¡Sempai era mi dueño! –

Oh, ahí viene. Va a venirse. Salí en ese momento. Sus jugos de amor salieron a chorros mientras ella gritaba con fuerza. Bajé de la cama mientras ella seguía temblando con el trasero levantado. Me limpié el sudor de la frente y me acerqué a Akane.

–Esa es la situación. –

Akane me miró de pies a cabeza. Bueno, no la culpo, mis músculos estaban tensos y enrojecidos por el esfuerzo y tengo que haber apestado a testosterona en ese momento. Lo digo porque Akane estaba muy excitada.

–Eso… es demasiada información para procesar… –

Se quejó Mizumi, retrocediendo.

–¿De qué hablas? Te toca. –

Respondió Akane. Mizumi palideció y se cubrió el cuerpo con los brazos, instintivamente, yo creo.

–¿Eh? –

Fue el sonido que salió de su boca.

Esperen. ¿Qué fue lo que Akane se perdió de esto?

–Pero… –

Akane se volvió a ella.

–¿Qué? ¿Esperabas que me arrepintiera? ¡De eso nada! Cerdita, ponte en posición. ¡Ahora! –

Ordenó Akane. Y luego se volvió a mí.

–Te vez genial Toshikane.  –

¿Soy yo o estaba más excitada que antes? No supe que responder, fue demasiado para que yo pudiera reaccionar.

–Fumishi–sama… –

Llamó Mizumi, al parecer todavía indecisa. Akane fue intransigente.

–Fuiste tú la que dijo que lo haría ¿No es cierto? ¿No te dejé besarme acaso? O si es que quieres ir a donde las fotos de nuevo… –

Amenazó Akane. Mizumi negó con la cabeza. Akane sonrió.

–Entonces cerdita, como lo practicamos. –

Mizumi se giró y se hincó, luego se dejó caer, y colocó sus manos en su espalda. Su trasero se veía rojo, al parecer Akane le había pegado, también había algunas marcas en sus muñecas de que le habían atado las manos.

Mizumi volteó a ver a su madre, quien al parecer apenas estaba recuperando la conciencia. Miró a su hija, y dijo algo que no tenía sentido para mí.

–Déjate. –

Akane apuntó a eso también.

–¿Lo ves? Te dan permiso. Ahora ¡Hazlo! –

Mizumi se resignó.

– Fumishi–sama… Toshikane–kun… por favor…–

Akane se acercó a ella y le pateó el estómago.

–Dilo como se debe, cerda sucia. –

Insistió Akane.

–Toshikane–kun… por favor… castiga la vagina de esta cerda sucia… Fumishi–sama no tocó a la cerdita en su vagina… sin importar cuanto rogué… sin importar cuanto pedí… para que estuviera reservada para su esposo el dia de hoy… Toshikane… Fumishi–sama siente mucho haberlo envuelto en esto… y espera que la vagina de la cerdita, sirva para que su esposo la perdone por todo… asi que por favor… por favor… –

Fue lo que dijo. Eso me dejó en claro lo seria que Akane estaba siendo con esto. Ellas dos no sabían nada de esto, pero Akane la torturó todo el rato, esperando por esto. Evitó que se viniera a toda costa durante horas, solo para que aceptara.

Y claro, la vagina de Mizumi estaba goteando jugos de amor como regadera, yo voltee a ver a Akane, tragué saliva. Akane solo me miraba maravillada.

–Ve… corre… sé que te gusta ella… es para ti… –

Dijo Akane. Yo batí la cabeza para tratar de ganar conciencia. Podía mirar la vagina de Mizumi palpitar, supongo que por todo lo que ella había soportado antes con Akane. Aun asi, me parecía demasiado. Quise decírselo a Akane.

–Akane, aun con todo… –

Intenté decir. Akane se me echó al pecho y me dio un beso obsceno en los labios.

–No te retractes ahora… Ya sé que esto es extraño… pero me gusta… hazlo… –

Y me hizo girarme para tener a Mizumi frente a mí. Voltee a ver a Reika, por si ella tenía algo que decir al respecto, pero estaba demasiado perdida como para objetar nada. Encogí de hombros. Muy tarde para echarse atrás supongo, puse mis manos sobre su trasero, ella tuvo un respingo, y no creo que fuera por excitación, su trasero estaba muy lastimado.

-Akane, si voy a hacer esto, tú vas a tocarte para mí. –

Respondí. (Y para ella, es lo que quería decir) Akane sonrió y asintió, se colocó frente a Mizumi y separó las piernas. Pude ver el efecto que eso tuvo en Mizumi.

-Lo que hace uno por una mujer hermosa. –

Dije, suspirando, a nadie en especial. En ese momento Mizumi me miró, y me sonrió. Los dos íbamos a interpretar este acto. No mentiré, es bonita… pero. Bueno, ya no importa… Akane parecía muy feliz de mirar, lo digo porque hasta yo podía ver que estaba interesada. Después de unos momentos la habitación se llenó de gemidos. Reika comenzó a tocarse también.

-Vamos a dar un buen espectáculo ¿De acuerdo? –

Pregunté a Mizumi en voz baja. Ella asintió. Y sin pensarlo más, que seguramente solo estaba retrasando lo que era inevitable a estas alturas, puse mi pene en su entrada, y la vagina de Mizumi me succionó. Sorprendentemente nos fue mejor que la última vez. Imagino que, dejando de lado sus preferencias, el hecho de finalmente recibir algún estimulo la aliviaba. Akane se excedió.

Maldita Akane.

Mizumi soltó un gemido de alivio mientras entraba, Akane no parece haber podido contenerse más, porque comenzó a tocarse bastante complacida.

-¿Extrañabas eso cerdita? –

Preguntó Akane, Mizumi asintió. No creo que lo extrañara, pero Akane estaba dándole el espectáculo de su vida. Habara Mizumi haría cualquier cosa por esto. Comencé a empujar lentamente, el cuerpo de Mizumi se adaptó como nunca pensé que lo haría, sus rodillas se separaron, pero incluso en ese momento, pude darme cuenta, que Mizumi quería acercar su cara a la entrepierna de Akane, usaba el efecto de mis empujes para ello.

Puse una mano en su cintura, obligándola a acercar su cara, un espasmo muy visible recorrió su espina dorsal. Reika estaba mirándonos cuando Akane se acercó a Mizumi y la sujetó del cabello.

-Has alcanzado la máxima perversión… cerdita. –

Le dio una bofetada. Mizumi soltó un suspiro, tenía los ojos hinchados por el llanto. De mi lado pude sentir como sus paredes se encogieron. Yo no había visto a Akane asi de excitada desde hacía tiempo.

-¿Gracias? ¿Es todo lo que puedes decir? ¿Estás realmente agradecida? –

Preguntó Akane, le dio otra bofetada, Mizumi dio un respingo y su trasero se contrajo.

-Si… Fumishi-sama… lo agradezco… ¡lo juro! –

-¿Te gusta mi esposo? –

Preguntó Akane.

-Si… si me gusta… si me gusta. –

Respondió ella. Yo estoy bien consiente de que ella no podía responder de otro modo. Eso no evitó que mi erección se hiciera más firme. Diablos, estaba disfrutándolo. Y aún más cuando escuché a Reika también.

-Sempai… tu hija es una perra… como tú querías… –

Fue lo que dijo, evidentemente tocándose. Akane le dio un beso a Mizumi, que comenzó a venirse en ese momento.

-Si quieres mas tienes que complacerlo. Tienes que comunicarle mi amor. Quiero que sepa que lo amo. ¡Haz que lo sepa! –

Ordenó Akane, amenazándola con pegarle. Mizumi volteó a verme.

-Toshikane-san… Fumishi-sama… está muy feliz… Y está… perdidamente enamorada de Toshikane-san… yo soy solo un juguete… Ella quiere a Toshikane-san… –

Insistió Mizumi. Tal vez Akane le había dicho exactamente lo que tenía que decir, pero el hecho de estar obedeciendo a Akane hizo que Mizumi comenzara a venirse de nuevo.

Yo estaba a punto de venirme también.

-Akane… estoy a punto de… –

Anuncié. Todavía no estaba seguro de dirigirme directamente a Mizumi. Sé que algo asi podría romper su fantasía, y ella estaba soportando esto por su fantasía. Akane me miró con una sonrisa sádica, luego volvió a Mizumi.

-Cerdita… Dile a mi dulce esposo que los quieres dentro. –

Akane le ordenó. Mizumi la miró.

-Pero… Fumishi-sama dijo… que me iba a golear si eso pasa… –

Akane sonrió.

-Que inteligente eres… –

Respondió Akane.

-Por favor… dentro… dentro… –

Yo suspiré, no puedo hacerlo dentro, es ridículo, y Akane estaba muy ensimismada en sus pensamientos para notar lo que me estaba pidiendo. Asi que suspiré, y saliendo de Mizumi, solo tuve que apuntar y arroje mi semen sobre Akane, que por cierto, aún estaba tocándose y comenzó a venirse.

-Ya te he dicho que no me gusta que me digas lo que puedo y no puedo hacerle a mi esposa. –

Le recordé. En esencia era eso. Me miró fijamente por unos momentos.

-Te amo… –

Me dijo.

-Lo sé, ahora ven, quiero hacer algo contigo. –

Le dije a Akane, quien dio un leve empujón y se acercó. La hice suavemente que se hincara.

-Toshikane… es decir… yo no sé… –

Se quejó ella.

-¿No sabes? Solo tienes que limpiarlo . –

Respondí. Akane asintió y comenzó a lamerlo, tomándolo con una mano.

-¿Sabe bien? –

Pregunté, Akane asintió.

-Claro que sabe bien, es de mi dulce esposo… –

Respondió ella, y siguió lamiendo.

-Ya veo… estaba dentro de tu juguete hace un segundo… –

Le comenté, Akane solo asintió, pero Mizumi me miró, y luego miró a Akane, ella si estaba impresionada. Bueno, algo tenía que darle, ¿No es cierto? Después de todo, si me dio placer, no lo voy a negar.

-Eso es como un beso indirecto. ¿No es verdad? Es decir… me bañó completo. –

Respondí, acariciando su cabello.

-Si… ¿estás enojado conmigo? –

Preguntó Akane.

-No, pero me enfadaré si no lo dejas muy limpio. ¿Está bien? –

-Si… si, señor lobo… –

Respondió Akane, más que una felación estaba lamiéndolo y besándolo. Señalé a Mizumi.

-Siéntate sobre ella. –

Akane obedeció a eso también, haciendo que ella se acomodara para poder sentarse en su espalda, una vez allí, cruzó las piernas.

-¿Lo ves? es mejor si estas cómoda. –

Respondí, la imagen era algo que ver, lo admito, podía ver la cara de Mizumi roja como un tomate mientras sus brazos temblaban. Ella sabía perfectamente que no importaba lo que pasara, dejarse caer no era una opción.

-Tu siempre pensando en mi… te amo tanto. –

Respondió Akane. Yo estaba en mi límite, y honestamente me dolía todo, asi que solo la deje continuar hasta que terminé. Akane tragó todo, y sonrió.

No pude hacer más que dejarme caer en el suelo luego de eso, Akane sonreía y simplemente se dejó caer sobre mí, como atrapándome.

-Eres el mejor esposo del mundo. –

Akane me dijo, y nos quedamos en silencio, los cuatro. No sé cuánto tiempo fue.

——–

Reika–san detuvo el auto a media calle. Prendió las intermitentes y se estacionó por un momento. La luz dentro del auto se encendió. El sonido de las intermitentes fue el único sonido durante un rato, hasta que supongo que no pudo más.

–Entonces… ¿Vamos a fingir que nada extraño paso? –

Preguntó. Se hizo el silencio por un largo rato, hasta que Mizumi fue la primera en hablar.

–Entonces… Toshikane es… ¿Mi hermano? –

Preguntó ella. La señora suspiró y alzó la vista, como recordando.

–Pues… yo era recién casada. Y pasó… otra vez. Me casé con Daisuke porque parecía un buen partido, pero entre nosotros nunca hubo nada en realidad. La noche de bodas cada quien durmió por separado… yo no le gustaba… y Otagane seguía viniendo, seguía… insistiendo, apareciendo de la nada cuando menos lo esperaba, mirándome con los mismos ojos… No me importó que fuera casado. Lo amaba. –

Confesó la señora, puso la frente en el volante. Mizumi estaba al lado mío, porque Akane venía en el asiento de enfrente, por eso es que la vi cuando sonrió.

–Los hijos de las palomas son palomas. –

Dijo ella. Akane volteó a verla, una vena saltó en su frente, ella se excusó.

–No es por eso. Es que… a mí tampoco me importó mucho que Fumishi–chan tuviera un esposo… creo que a veces una solo puede hacer lo que el corazón le manda. Eso no está mal. –

Explicó ella. Su madre asintió. Pienso que, incluso si no estaba de acuerdo con la orientación de su hija, ahora mismo había cosas mucho más problemáticas en la vida de todos como para prestar demasiada atención a eso. Que su hija le gustaran las chicas perdió importancia en comparación.

–Daisuke es un buen hombre, pero estaba demasiado ocupado pensando en negocios como para darse cuenta de lo que estaba pasando. Supongo que nunca le gusté yo realmente, solo la idea de tener una esposa. –

Explicó Reika–san

–¿Es por lo de tus pechos? –

Preguntó Mizumi. Reika asintió.

–Tu eres muy bonita, Okaa–san. No dejes que algo asi te haga sentir mal. Si le gustas a alguien, no importa como sea, le gustas y ya. –

Insistió Mizumi. Akane volteó a verme, sonriendo amargamente.

–Tus padres… murieron en un accidente. ¿Cierto? Y tu padre… estaba con esta mujer también… ¿Lo entendí todo? –

Preguntó. Yo asentí con la cabeza.

–Perdón por tomar a tu esposo… –

Dijo Reika a Akane. Akane puso una mano en el hombro de ella, estirándose levemente para alcanzarla.

–No importa… yo fui la que dijo que podía, y que dejaría que lo hiciera con Mizumi si lo lograba… Y por eso es que ellos dos terminaron… bueno… –

Dijo Akane, aún bastante perturbada. Inmediatamente miró a Mizumi.

–Mizumi–chan… por favor perdóname por lo que te hice hacer… no sé qué me pasó… –

Dijo Akane.

–Fumishi–chan… –

Llamó ella. Akane continuó.

–Te juro que no estaba pensando con claridad y… –

–¡Fumishi–sama! –

Llamó Mizumi de nuevo. El que usara ese honorífico hizo a Akane saltar, pero también detuvo su tren de pensamiento.

–A mi… bueno… no me molestó… –

Dijo ella.

–Pero… fui horrible. Te hice hacer algo horrible… –

Se quejó Akane, a punto de llorar. Por primera vez, fue Habara quien puso una mano en la mejilla de Akane, Incluso Reika-san se quedó mirando extrañada.

–A mí me gusta cuando Fumishi–sama me hace hacer cosas horribles. No siento asco… Me hace feliz que tú seas feliz… y estabas muy feliz… –

Dijo, y soltó una risita. Akane se pasó la mano por la cara, desesperada.

–¿Toshikane? –

Preguntó ella.

–Bueno… admito que cruzamos la línea, pero si te soy honesto Akane, no creo que quiera dar vuelta. Ella tiene razón, estabas muy excitada… –

Le dije.

–Claro que estaba excitada inútil. Eso no tiene nada que ver. No puedes solo decirme que no hay un límite, no puedes hacer eso… –

Reika–san intervino.

–Todos cruzamos el límite. Todos proyectamos nuestros deseos más sucios entre nosotros. Yo no fui diferente. Verte haciéndolo con mi hija, sabiendo lo que son… me volvió loca. Es la verdad…–

Dijo ella.

–Okaa–san… soy homosexual… no quiero un novio. No me siento atraída por ningún chico. Quiero a Fumishi–chan, lo siento… –

Confesó Mizumi. Reika asintió en silencio. Supongo que incluso si ella hubiera estado en contra antes, cosa de la que no estaba seguro, se vería como poca cosa al lado de… lo que pasó. Luego ella me miró a mí.

–¿Puedes ser honesto conmigo? Lo que hicimos… ¿Te gustó? ¿Aun con… lo que somos? –

Preguntó ella. Yo trague saliva, recordando lo incitante de sus partes expuestas hacia mí, Akane masturbándose de un lado y Reika haciendo lo mismo del otro lado.

–Sí, yo ya sabía lo que éramos, y admito que no me importó mucho cuando… –

Y me detuve. Mizumi completó, mirando a Akane.

–Cuando penetraste la vagina de tu hermana. –

Esas palabras zumbaron en los oídos de todos en el auto. Akane saltó, Reika–san se aferró al volante, Mizumi se echó hacia atrás y yo tuve una erección.

–Puedo ver esto pasando en un dorama. –

Comentó después, suspirando.

–La vida no es un dorama, Mizumi. –

Respondió Reika. Supongo que era algo que ella había escuchado hasta el cansancio, porque no parecía que lo creyera.

Akane intervino.

– ¿Y qué si no lo es? ¿Vas a renunciar a mi esposo acaso? O ¿Vas a fingir que ver a mi esposo con tu hija no fue excitante? Esto es un desastre, pero no tiene ningún sentido fingir que no ocurrió. Ya cruzamos esa línea. –

Y suspiró, me miró con lágrimas en los ojos. Reika se quedó callada unos momentos, luego me miró con lágrimas en los ojos.

–¿Y qué esperas que haga? ¿Tengo solo que admitirlo y ya? ¿Nada más va a pasar? –

Preguntó Reika. Akane suspiró, batió la cabeza ligeramente, y dijo lo que todos necesitábamos escuchar.

-Creo que… dejar de engañarnos. Dejar de pretender que la línea existió en primer lugar. Todos tenemos que ser honestos aquí. Y si… Mizumi. Si continuamos con nuestra relación, te voy a volver a forzar a hacerlo. Lo siento. Es demasiado como para olvidar que está allí. Soy una depravada. Lo siento. –

Y me miró a mí.

–Y Toshikane. Gracias… de verdad. Gracias. El solo hecho de que no estés pidiéndome el divorcio luego de eso significa mucho para mí. No me importa si tienes un millón de mujeres, sólo… quédate conmigo. Es todo. Nunca pensé que un hombre pudiera complacerme de ese modo, y no sentir asco. Eres el mejor. En verdad lo digo. –

Dijo Akane, y se volvió a Reika.

–Y tu… Reika. Apenas nos conocemos. Y creo que estás encantada con mi esposo. ¿Qué puedo decir? Te comprendo perfectamente. ¿Te doy un consejo? No lo pierdas. No lo pierdas porque ningún hombre va a decir “es normal” después de lo que nos vio hacer a ti y a mí el dia de hoy. Ahora tiene todo el sentido del mundo el que Mizumi sea como es supongo. –

Y se recargó en el respaldo, lanzando un largo suspiro, como si se hubiera liberado de una carga pesada. Mizumi hizo lo mismo, pero se dirigió a su madre primero.

–Okaa–san… Ehhh… me dio un poco de risa que me vieras. Pero admito que lo hizo más emocionante. No pensé que me dirías “déjate” cuando Toshikane comenzó a hacérmelo. Menos aun con lo que acababas de decirme. De algún modo yo ya sabía que Otou… bueno, Daisuke no era mi padre real. Realmente no nos parecemos en nada. Pero creí que te avergonzaba admitirlo. –

Dijo, y se volvió a Akane.

–Fumishi–sama. Tú ya sabes lo que siento por ti, no es un secreto. Eres la primera persona en la que pienso al despertar y lo último en mi mente al dormir. Y bueno… no soy perfecta. Soy mentirosa, sé muy bien que soy manipuladora, y la envidia me hace hacer muchas locuras. Use todo lo que tenía para convencerte de venir y pasar tiempo conmigo… realmente no me importaba nada más.  Sé que estuvo un poco mal y si estas enfadada conmigo por ello lo entiendo. Pero estas olvidando que es porque eres tú… Yo no podría manipular a Fumishi–chan si ella no me lo permite, no serías mala conmigo si yo no aceptara esas cosas. Lo que quiero decir es que, no es toda tu culpa. Yo disfruto cuando me dices que haga cosas. Y no me importa lo que me pidas que haga. Lo que sea que sea, lo que Fumishi–sama me ordene, la cerdita obedecerá siempre. –

Lo he dicho antes, Mizumi tiene la forma de hacer que todo suene dulce cuando habla con Akane. Eso hace el contraste aún más notorio cuando habla con alguien más.

–Y tú. Te odio, y me agradas al mismo tiempo. Te odio porque tú tienes lo que yo más desearía en el mundo, y al mismo tiempo, tiene sentido para mí, que ella quiera estar con alguien como tú. Creo que me di cuenta cuando me ayudaste a acercarme a ella. Tú realmente te sentías mal pensando en lo que paso, y ni siquiera sabías lo que ahora sabes. Resulta gracioso pensar que solamente alguien como mi propio hermano podría adorar a Fumishi–chan tanto como yo. Asi que te diré honestamente esto. Se siente bien. Siento que estoy compartiendo algo que es especial para Fumishi–chan y ese pensamiento es más fuerte que el asco que yo pueda sentir por los chicos en general. No te sientas mal… soy feliz asi. –

Explicó ella. Y se recargó también, se cubrió la cara con las manos. Pensé que podía decir algo, pero Reika–san habló primero.

–Perdón por ocultar lo de tu padre. No creo tener que decir por qué lo hice, pero fue una mala idea desde el principio. Es solo que yo estaba tan ensimismada con el dolor de perderlo que no pensé en tus sentimientos, y luego los años comenzaron a pasar, me divorcié de Daisuke, y todo se pasó en un abrir y cerrar de ojos. Y míranos ahora. Eres una mujer adulta, haces lo que haces basándote en tus propios sentimientos, y eso me hace feliz. Siempre supe que no te gustaban los chicos, pero puedes estar segura de que siempre te apoyaré. –

Comentó Reika-san, luego me miró a mí, y bajó la cabeza, puso sus manos sobre sus rodillas y suspiró.

-Algo saltó en mi desde el momento en que entré a casa el dia de hoy. No sé. Era diferente, yo…–

Y se interrumpió, moviendo la cabeza a ambos lados.

-Admito que usé a mi hija como cebo para atraer a Setsuma. Soy una pésima madre, lo sé, pero… –

Mizumi soltó una carcajada. Reika volteó a verla, contrariada.

-¿Qué es tan gracioso? –

Preguntó Reika.

-Que son iguales… –

Respondió Akane, suspirando y girando los ojos. Reika miró a Mizumi, quien parecía bastante complacida con enterarse de ese detalle. Cualquier chica hubiera estado horrorizada, pero creo que… estábamos mas allá del horror ahora. No sonaba tan mal, viniendo de Reika, quiero decir.

-Use a mi madre para que Fumishi-sama viniera… le dije que Otagane tenía que fingir que era mi novio o mi madre se enojaría… –

Explicó ella, con una sonrisa triunfal en el rostro. Reika sonrió también, llevándose una mano a la frente.

-Ahora entiendo a Okaa-san. –

Comentó, a nadie en especial. Eso detuvo la risa de Mizumi, sus ojos brillaron por unos segundos.

-¿Qué tiene que ver la abuela en esto? –

Pregunté. Reika me miró por unos segundos. Yo encogí de hombros, si ella quería compartir la historia familiar, por mi perfecto.

-Pues… Un dia Sempai estaba en casa. Okaa-san quería conocerlo, asi que lo invitamos a cenar. Y pues… estaba tocándome las piernas bajo la mesa. Yo estaba en llamas, y ni siquiera podía comer bien. –

Tanto Akane como Mizumi parecían muy atentas a la historia. Yo solo me quedé callado, suspiré.

-Y bueno, Okaa-san llevaba sola mucho tiempo. Mi padre nos abandono cuando yo era muy niña. Creo que tenía otra familia, en fin, Okaa-san se puso de pie y dijo que iba de compras, sospecho que ella solo quería escapar de la situación. En cuando Okaa-san salió, Sempai se me fue encima. Yo era solo una chica delgada y Sempai era muy bueno. Metió su mano en mis pantis, y yo comencé a maullar… –

Explicó.

-Justo como antes… –

Comentó Mizumi, Reika asintió, y se rio levemente.

-Okaa-san volvió y me escuchó. Me preguntó ¿Qué estaba pasando? Y yo respondí nada. Y Okaa-san dijo lo que ella realmente quería decir. Recuerdo muy bien. “si eso es nada, estás castigada hasta que yo sepa lo que es todo” fue lo que dijo. –

-¿Y lo supo? –

Preguntó Mizumi, llevándose una mano a la boca.

-Si. –

Respondió Reika, ladina.

-¿La abuela? –

Preguntó Mizumi.

-¡Tu abuela era una pervertida de lo peor! Se ve muy normal ahora, pero créeme, le gustaba muuuucho el sexo. Mucho. –

Ver a Mizumi abrir los ojos ante una declaración como aquella fue algo que me produjo una sensación rara en el corazón. Por lo poco o mucho que conocía a Mizumi, estaba seguro de que ella lo adaptaría a sus propias ideas.

-¿Cómo fue? –

Preguntó Akane, mirándome por el espejo.

-Pues… Como dije, Okaa-sama estaba sola… Y tenía una mejor figura de la que yo tengo. Yo siempre fui más bien esbelta. Suena genial pero… bueno. El caso es que Okaa-san realmente quería que algo pasara, y es difícil resistirse cuando un joven te dice cosas bonitas. –

Y me miró.

-Levantó su vestido, bajó su ropa interior. Okaa-san se quejó porque yo estaba mirando, pero a Sempai no le molestaba, y pronto, a Okaa-san tampoco. –

Explicó.

-¡Dinos que hizo! –

Se quejó Mizumi, apretando los puños.

-La subió a la mesa, separó sus piernas, acariciándola en medio de sus protestas que no eran mas que la fachada, y lamió su vagina. Okaa-san chilló de placer, arriba de la mesa, se hizo miel para Sempai. A mí nunca me habían hecho eso, ni siquiera sabía que era posible. Me impresionó bastante. Supongo que Sempai estaba siendo considerado conmigo en ese aspecto. Luego de que hizo que Okaa-san se orinara allí en la mesa, la sostuvo de los tobillos y se lo hizo despacio. Okaa-san dice que fueron tres veces. Yo conté cinco. En cuanto terminó, Okaa-san se levantó, tomo su ropa y se fue corriendo a su cuarto. Supongo que recuperó la vergüenza. –

Comentó Reika.

-¿Qué ocurrió después? ¿Lo volvió a ver? –

Preguntó Mizumi, sonriendo, creo que ella tenía una razón muy personal para preguntar, aunque los roles fueran completamente distintos.

-Que si volvió. Tu abuela era una manipuladora. ¿Sabes? Y abusaba de su poder todo lo que podía. Supongo que… es normal. –

Respondió Reika, luego se rio.

-Asi comenzó la silla. Después de eso, Tu abuela encontraba cualquier cosa para castigarme. ¿Por qué? Porque si no podía salir, Sempai tenía que venir. Al principio fingió que era una coincidencia, pero cuando Sempai llegaba, yo me sentaba en una silla al lado del futon, mirándolos, y esperaba a que terminaran. Ni yo ni ella podíamos hablar claramente del tema, asi que solo lo aceptamos en silencio. –

-¿No estabas celosa, Okaa-san? –

Preguntó Mizumi, confundida.

-No había mucho de qué ponerme celosa a ese punto. Tu padre era… bueno, le gustaban las mujeres. –

-Como a él… –

Mizumi me señaló acusadoramente, yo bajé la cabeza.

-Exactamente. Y cuando lo conocí, tan solo en el mismo colegio él tenía otras dos chicas, y no era secreto. El que fuera mi madre y me obligar a mirar fue más una ventaja que un problema. Yo pude ver qué era lo que hacía, después de eso, lo que yo hacía no parecía tan extraño. Me ayudó a aceptar cómo me sentía. También sospecho que a él le gustaba mi madre de todos modos. –

Explicó después.

-¿Por qué es que las madres siempre son un punto de interés? ¿Te gusta mi madre? –

Akane me preguntó, un tanto ofendida. Mizumi me miró con ojos asesinos. Yo suspiré.

-Cuando comencé que todo esto… quiero decir cuando dejé de perseguir a Akane… –

Akane giró la mirada, ofendida.

-Ejem… la primera mujer con la que me acosté fue la madre de Kamine. Admito que una parte de su atractivo era que ya era madre. No lo sé, hay algo allí que te dice que es una buena opción. No digo que sea igual con todos o que siempre sea lo mejor, pero está allí. –

Expliqué, Akane no volteó.

-Fertilidad. –

Comentó Mizumi. Akane y Reika voltearon a verla. Ella encogió de hombros.

-Tiene sentido, la mujer ya ha probado que es fértil. Incluso si los hombres lo disfrazan de otra cosa, es su instinto diciéndoles que esa mujer es capaz de tener niños. –

Explicó, sin ocultar su desprecio al decir “los hombres” mientras giraba la mirada.

-También pienso que tiene que ver el hecho de que… –

Comenzó Akane, pero se interrumpió. Bajó la cabeza después.

-¿Soy huérfano? –

Pregunté. Akane asintió con pena. Ese es el punto débil de Akane, siempre lo ha sido. Yo suspiré, ella tiene que dejarlo ir. No me gusta la idea de que eso le atormente. Sin embargo, Reika-san intervino también.

-Supongo que tiene sentido. Cuando… pasó. Bueno, yo sabía que había un niño de por medio, pero nunca tuve el valor de acercarme. La familia de ella estaba devastada, y ellos no tenían idea de la clase de relación que su hija llevaba con Sempai. Él nunca permitió que eso pasara, supongo que tenía razón. –

Explicó ella.

-¿Te llevabas bien con las demás? –

Preguntó Mizumi.

-Llevarme bien… No lo sé. Puede decirse que sí, ellas nunca me mal miraron, ni me hicieron sentir menos, fue como… si todas estuvieran dispuestas a ignorar el hecho de que no eran la única. Sempai no parecía especialmente molesto con la situación tampoco, nunca me faltó aprecio o dedicación, él estaba siempre en control de la situación… creo que eso es lo más atractivo de los hombres  como él. Para él, las mujeres eran una especie de acertijo que él disfrutaba resolver, y entre más me enloquecía, más disfrutaba él conmigo. Supongo que el saber que mi madre se sentía sola, provocó una sensación parecida a la que te hizo ir a buscarme esta tarde. –

Explicó Reika y me miró, sonriendo.

-La idea de que, de algún modo, es su deber arreglar los problemas de las mujeres. Sí, eso suena como Toshikane. –

Comentó Akane, llevándose la palma a la frente. Mizumi volteó a verme, con un dedo en la mejilla.

-Cuando… me dijiste que me confesara a Fumishi-chan… tú estabas tratando de hacer eso. ¿No es cierto? –

Preguntó Mizumi.

-Sí. –

Respondí.

-Honestamente pensé que eres un pervertido. Luego pasaron cosas con Fumishi-chan y pensé que te excitaba verme con ella o algo asi. Pero… tú querías resolver mi problema, tú querías que ella me quisiera, eso te hace feliz. –

-Bueno, una vez alguien me dijo que una vida abrazados es una vida feliz. Pienso que es verdad para todas las personas. –

Respondí, mirando a Akane, quien enrojeció.

-Solo vamos a casa. –

Dijo Akane, y el auto arrancó.

 

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